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La inflación en los Estados Unidos es la mayor en 40 años y se espera que continúe en alza

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El Índice de Precios al Consumidor (IPC) en los Estados Unidos registró una tasa interanual del 7,9% en febrero, la mayor cifra en cuarenta años, anunció hoy la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS según su sigla en inglés) dependiente del Departamento del Trabajo.

La cifra interanual, sin precedentes desde enero de 1982 y con un alza de cuatro décimas respecto a la del mes anterior, alimenta el temor a que se produzca un fenómeno de “estanflación” en los Estados Unidos, es decir, de alta inflación y un crecimiento económico estancado.

En tanto, la comparación mensual presentó un alza de 0,8% en febrero, frente al 0,6% registrado en enero.

Las subas se concentraron en los valores de la gasolina, los alimentos y el alojamiento; y se situaron en línea con las expectativas de los economistas, según la agencia Bloomberg.

Si se tiene en cuenta únicamente la inflación subyacente, sin los valores más volátiles de la energía y los alimentos, la misma marca un 6,4% anual (una aceleración de 0,4% frente al mes anterior) y 0,5% mensual.

Luego de una década donde los precios se situaron con un promedio de suba del 2% anual (acorde a las metas de las Reserva Federal), la inflación en los Estados Unidos comenzó su repunte a principios del año pasado, con la liberación de la restricciones impuestas por la pandemia de coronavirus.

Mientras que la demanda se vio beneficiada con beneficios y estímulos otorgados por el Gobierno que impulsaron al consumo; la oferta se enfrentó con múltiples problemas en las cadenas de suministro globales, un mayor costo del transporte y, en algunos casos, la escasez de fuerza laboral para sus establecimientos.

Pese a la expectativas iniciales de que febrero marcaría un pico en el dato inflacionario, se espera que la inflación continúe acelerándose, ya que los datos aún no reflejan las consecuencias del alza de las commodities por la guerra entre Rusia y Ucrania.

La gasolina, por ejemplo, registró en los últimos días un récord histórico al alcanzar un valor de US$ 4,173 el galón (3,7 litros), una suba de 72 centavos de dólar a comparación de hace un mes atrás.

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La agroindustria liquidó en 2021 la cifra récord de US$ 32.800 millones por sus exportaciones

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El sector agroindustrial liquidó en 2021 un total de US$ 32.800 millones por sus exportaciones, informaron hoy la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC).

En diciembre, las empresas del sector liquidaron la suma de US$ 2.678.296.709, marca histórica en este siglo para el último mes del año; y el ingreso de divisas acumulado de la agroexportación a lo largo del año alcanzó los US$ 32.807.933.377.

La suma mensual refleja un incremento de 31,11% con respecto a noviembre; asimismo, el ingreso de divisas de todo el año (US$ 32.800 millones) es récord absoluto desde comienzos de este siglo, destacaron las entidades.

La reconstitución de stocks en los países centrales mantiene elevados los precios internacionales de los commodities, en tanto se inició la campaña de trigo en la Argentina.

Sin embargo, en el país se debió afrontar la persistente bajante del río Paraná, junto con una menor cosecha.

El complejo oleaginoso-cerealero, incluyendo al biodiésel y sus derivados, aportó el año pasado el 48% del total de las exportaciones de la Argentina, según datos del Indec, recordaron desde el sector.

El principal producto de exportación del país es la harina de soja (14,2% del total), que es un subproducto industrializado generado por este complejo agroindustrial.

El segundo producto más exportado el año pasado, de acuerdo con el INDEC, fue el maíz (11%) y el tercero, el aceite de soja (6,9%).

Según datos publicados por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), se prevé que la Argentina mantenga el primer puesto en exportaciones 2020/21 de aceite y harina de soja.

Sólo el complejo soja, que representó 27% de las exportaciones totales de la Argentina del año pasado, constituye 16% (344.865 puestos) del empleo generado en 2017 por todas las cadenas agroindustriales, según un informe del Ministerio de Trabajo de la Nación, destacó Ciara-CEC.

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Remedios distintos

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Amputar la mano para frenar una hemorragia. Medida extrema que un cirujano experto seguramente preferiría evitar. Las últimas medidas del Gobierno parecen más las de un torpe aspirante a médico que a las de ese especialista que se requiere para momentos de emergencia. 

La debilidad de la economía argentina es profunda, qué duda cabe. Herencia macrista de una deuda monstruosa y parsimonia en medio de una pandemia que ahogó cualquier expectativa. La falta de dólares es uno de los síntomas de la enfermedad. Pero el Gobierno de Alberto Fernández no parece encontrar el remedio ni entender la urgencia del caso. Ahora, para agravar el cuadro, elige que la pastilla la pague la clase media, mientras que la fuga masiva financiada por el endeudamiento del gobierno anterior solo tiene sanción retórica y no hay tapón similar para la evasión de la soja o para los grandes especuladores con el billete verde. No. El Gobierno elige usar una curita para frenar la sangría de dólares: prohibir la financiación con tarjetas de crédito de los viajes al exterior, poniendo en un mismo plano al especulador con el que vacaciona en Miami y la clase media que viaja a Camboriú con el esfuerzo de todo un año. 

Los más ricos, a los que casi se les pide disculpas por cobrarle un impuesto a las grandes fortunas en medio de la pandemia, no tendrán restricciones porque pueden costear cash sus pasajes y gastos. Solo la clase media. Y las agencias de turismo emisivas que apenas comenzaban a recuperarse de la parálisis de la pandemia. 

Incomprensible medida anunciada entre gallos y medianoche y sin explicaciones. Falta de timming político, a una semana de la Feria Internacional de Turismo y sin dar explicaciones. No se sabe siquiera por cuánto tiempo durará la prohibición que parece ser más una moneda de cambio para conseguir un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que una efectiva decisión para cuidar la economía. Tanta improvisación que ahora el Gobierno pide una “contrapropuesta” que no sea tan dañina. 

Al mismo tiempo que se ponía el cepo al turismo, la Argentina flexibilizó el acceso al mercado de cambios a importadores de bienes de capital y a bancos, con la idea de darle más fluidez a los pedidos de dólares para la motorizar producción y no afectar el balance de las entidades financieras. El Banco Central redujo las condiciones de acceso automático al mercado cambiario para las importaciones de bienes de capital con pagos anticipados de hasta 270 días, para todos los bienes con valores de hasta 1 millón de dólares. 

Ninguna de las dos medidas fue explicada debidamente y la oposición se floreó en las críticas. Más de 24 horas tardó el Gobierno en reaccionar con balbuceos de resignación y una insólita defensa: acusar de opositores a quienes se quejan de no poder vacacionar donde quieren después de casi dos años de encierro.  

Al desmenuzar el nuevo cepo, queda claro que hay argumentos para defender la medida. La escasez de dólares y la urgencia de un acuerdo para empezar a pagar los casi 50 mil millones de dólares de deuda tomados por Macri son elementos a la vista. 

El esquema de pago en cuotas fijas en pesos de bienes que se comercializan en dólares, significaba un subsidio a las personas que viajan al exterior. Pero asumir que “viajar al exterior” significa la misma capacidad de ahorro o la posibilidad de acceder a líneas de financiamiento es pensar en un país uniforme cuando no lo es. El federalismo nuevamente ausente. 

El que va a Miami o Europa no es el mismo que ahorra todo el año para unas vacaciones en la costa del sur de Brasil, como hacen miles de misioneros. No es un esquema nuevo. Los recargos a la compra de moneda extranjera son otro ejemplo. Para la contabilidad, todo gasto en exterior es en dólares. La realidad es un poco menos fría. 

Requiere mucho menos esfuerzo la uniformidad que pensar en los relieves. Pero el fracaso de la ley de alquileres dejó en evidencia que los relieves son tan importantes como las buenas intenciones. “En una Argentina tan heterogénea tiene que haber leyes más particulares y leyes provinciales, una ley así no se puede aplicar igual en la zona más rica del país que en la más pobre”, admitió -tarde- el ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi. 

Ese, en esencia, es uno de los problemas centrales de la Argentina y que afecta con crudeza a las provincias alejadas del poder central, como Misiones. No se puede pensar la Argentina desde una oficina de Capital Federal y diseñar un país sin tener en cuenta las particularidades de cada región.

Por eso el énfasis de Misiones en la construcción de una nueva mirada federal, que compense ese déficit histórico, que influye en la construcción de la realidad local. La pulseada por el Presupuesto es clave. Misiones está anteúltima en el reparto de recursos si se mide por cantidad de población, pese a que está entre las principales diez economías del país. Santa Cruz recibirá 104.715 pesos por habitante. Misiones 8.352. Solo Tucumán recibe menos. 

La necesaria mirada federal, oculta desde la época colonial, obliga a rediscutir condiciones y modos. Misiones mantiene esa postura desde la asamblea de los pueblos libres en Entre Ríos. A veces con más énfasis, a veces olvidada, pero esa semilla está en la raíz de la historia provincial. Hacerla germinar en el nuevo escenario no sólo es necesario, sino urgente. La idea cobra fuerza. El bloque “neorevisionista” que propuso el conductor de la Renovación, Carlos Rovira, para el Congreso, empieza a ganar consistencia y seguramente tendrá protagonismo en la nueva conformación del parlamento. 

El gobernador Oscar Herrera Ahuad llevó primero la idea a una cumbre de gobernadores en San Juan, donde con el anfitrión Sergio Uñac coincidió en la necesidad de un modelo político que “contenga a todos”. Ahora fue el mandatario misionero el anfitrión de una reunión con el senador Alberto Weretilneck para darle forma a un bloque federal que ya tiene solidez en Diputados pero que también se repetirá en el Senado.

Weretilneck fue recibido en la Residencia Oficial por el Gobernador, Rovira y los diputados Diego Sartori y Ricardo Wellbach, además de Carlos Fernández, quien el 7 de diciembre jurará como legislador nacional. 

Weretilneck lidera un espacio similar a la Renovación en su provincia, denominado Juntos Somos Río Negro, que en las elecciones legislativas se rebautizó “Juntos Acá”. Ese espacio le ganó al Frente de Todos y a Cambiemos, y sumó un nuevo diputado nacional. 

El senador rionegrino llegó acompañado por Luis Di Giacomo, el diputado nacional que preside el bloque federal en la Cámara baja. Los partidos provinciales que tienen representación parlamentaria pertenecen a Río Negro, Misiones y Neuquén.

Los dos de Juntos Somos Río Negro, junto a los otros dos misioneros, sumarán desde diciembre al bloque unipersonal del MPN y así es que juntos armarán un interbloque de al menos cinco. Por lo pronto estarán entonces en el interbloque que aún no tiene denominación Luis Di Giácomo, Agustín Domingo (Juntos Somos Río Negro), Diego Sartori, Carlos Alberto Fernández (Frente de la Concordia Misionero) y Rolando Figueroa (Movimiento Popular Neuquino).

El obereño Carlos Fernández se sumará al bloque federal -lo mismo que Maggie Solari en el Senado- y por eso comienza a empaparse de las iniciativas que impulsará Misiones en tándem con las otras provincias. En paralelo se inició el proceso de transición en Oberá, donde asumirá como intendente el joven Pablo Hassan. El abogado comenzó a diagramar junto al Gobernador una serie de obras para poner en marcha en lo que resta de mandato, que complementarán lo que dejó Fernández y buscarán la modernización de la segunda ciudad de Misiones. La idea es darle una nueva cara a Oberá, como se hizo en Posadas de la mano de Leonardo Stelatto y como está sucediendo en Iguazú, donde Herrera Ahuad anunció un fuerte paquete de obras para modernizar la capital del turismo. 

La fortaleza que tenga el bloque federal resultará clave para conseguir reparaciones y recursos para Misiones. La debilidad del Gobierno nacional lo obligará a buscar consensos y las asimetrías internas potencian las demandas de las provincias que están decididas a hacerse oír. Hoy impera el centralismo en la toma de decisiones, un centralismo que bloquea incluso la toma de decisiones en defensa de la economía local, como el caso de la yerba mate o la potestad de los recursos naturales. 

Ahora un juez correntino bloqueó la resolución del Instituto Nacional de la Yerba Mate, tomada a instancia de los pequeños productores. La medida del INYM le ponía límite de cinco hectáreas por productor a las nuevas plantaciones desde el 1 de enero, con el objetivo de evitar una sobreproducción que tire abajo los precios. 

La indignación de los productores yerbateros, cuando en la campaña electoral los candidatos misioneros de la alianza Cambiemos recibieron la bendición del gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés, estaba más que justificada. El mandatario correntino impulsa un modelo productivo diametralmente opuesto al de Misiones y había amenazado con ir hasta la Justicia para frenar la limitación de plantaciones..

A pedido de La Cachuera, una de las empresas que tenía en marcha un plan de expansión de la producción propia, el juez de Paso de los Libres (donde no se planta yerba mate), Gustavo del Corazón Fresneda, designado por Mauricio Macri en febrero de 2019, decidió suspender la medida del INYM.

Fresneda -cercano al ex gobernador y referente del radicalismo Ricardo Colombi- atendió la demanda de la yerbatera misionera asesorada por el constitucionalista radical Daniel Sabsay y falló en consonancia con lo que planteó Valdés apenas conocida la medida del INYM. 

El conflicto está abierto, ya que la demanda plantea la inconstitucionalidad de la norma del INYM y si escala en litigiosidad, los antecedentes no son favorables a Misiones. La Corte Suprema ya frenó la ley de Envasado en Origen ante una demanda interpuesta por Corrientes.

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El mapa de los votos

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Pasado el fervor de las elecciones legislativas, una realidad ineludible queda a la vista cuando se limpia la hojarasca: nada se ha modificado demasiado y nuevamente, cada cual atiende su juego en una política que se mira permanentemente el ombligo. El gobierno de Alberto Fernández celebró que la derrota no haya sido tan abultada y la alianza Cambiemos que Cristina haya perdido el control del Senado. Victorias pírricas. Los caídos en batalla son los argentinos. 

Ninguna de las dos fuerzas parece haber entendido en forma cabal el mensaje de las urnas. Hubo lecturas apresuradas con lo que se esperaba pero poco adecuadas a lo que resultó. Ni fue una apabullante derrota ni fue un amplio triunfo. La sociedad intenta poner límites a una grieta que obstaculiza cualquier avance. 

Las lecturas, sesgadas, tanto del Presidente como de las principales figuras de la oposición, redujeron el domingo a sus propias conveniencias. 

Para Fernández, alcanzó con haber remontado en Buenos Aires y algunas otras provincias. Lo cierto es que ganó en sólo nueve distritos. Y en muchas terminó tercero, como en Misiones, con un retroceso desde las primarias y una fuga de votos del 59 por ciento desde 2019. La comparación es abrumadora: perdió 138.963 adhesiones desde entonces, cuando había ganado en la tierra colorada. 

Juntos por el Cambio se impuso en trece distritos, pero fue mínima la diferencia en Buenos Aires y perdió bancas en Capital Federal y otras provincias. Ninguno de sus dirigentes quedó automáticamente habilitado a probarse el traje de candidato en 2023. 

En Misiones Cambiemos ganó por cuatro puntos sobre el Frente Renovador. La diferencia en las PASO había sido de ocho puntos. Incluso en Posadas, supuesto bastión amarillo, Cambiemos retrocedió desde las PASO, mientras que la Renovación sumó casi 10 mil votos. 

De hecho, la alianza Cambiemos mejoró poco desde las primarias, menos de cinco puntos, mientras que la Renovación desde septiembre creció casi 16 puntos porcentuales. 

En el escenario actual, ni el Frente de Todos ni Cambiemos tienen mucho que festejar. La gestión presidencial ha sido rechazada a lo largo y ancho del país, por las escasas mejoras económicas, los desvaríos de fiestas en Olivos y el vacunatorio VIP. Es una advertencia que, sin embargo, parece no haber sido entendida en toda su magnitud por el Presidente que celebra no darse por vencido.  

El problema central es la economía. La falta de reflejos para resolver el problema acuciante de miles de argentinos que no encuentran cómo hacer frente al día a día. La ineficacia para resolver la suba de precios llegó al paroxismo con el congelamiento del precio de la carne… por el fin de semana largo. Es una mueca que proyecta la fractura del contrato simbólico del Frente de Todos. 

Del otro lado, apenas terminaron los eslóganes de campaña, Cambiemos mostró nuevamente el rostro que no pueden disimular los Durán Barba. Horacio Rodríguez Larreta, que había prometido no subir impuestos, anunció una fuerte suba del Alumbrado, Barrido y Limpieza (ABL) y las patentes en el Presupuesto para 2022. Una semana antes de las elecciones María Eugenia Vidal, Martín Tetaz y Ricardo López Murphy rubricaron en vivo y directo un documento en el que se comprometían a no subir impuestos. ¿Votarán los socios libertarios los aumentos de impuestos? Larreta no fue el único intendente del PRO en aumentar impuestos. 

Larreta tampoco pudo hacer demasiado para tapar la crisis desatada por el asesinato de Lucas González a manos de la policia de “la Ciudad”. Los agentes acostumbran recorrer los barrios de civil y en autos sin identificación cual escuadrones de la muerte cazando morochos. Tanto celebrar la mano dura y la doctrina del queso gruyere de José Luis Espert, a la que adhiere entusiasta la presidenta del PRO, al final cualquier policía se cree avalado para hacer justicia por mano propia. Esta vez fue un pibe que salía de jugar al fútbol, pudo ser cualquiera. 

Los contrastes están demasiado alejados de la realidad de Misiones. Y eso también se expresa en las urnas. La gestión tuvo un respaldo contundente en las elecciones de junio y ahora, en el debate por el Congreso, el concepto misionerista se instaló con fuerza, tanto que interpela a la oposición y expone su compromiso. 

Misiones reclama más. Los temas que se imponen en la agenda son la creación de una Zona Aduanera Especial, una compensación ambiental y un enorme paquete de obras para equilibrar (un poco) los años de atraso. 

El gobernador Oscar Herrera Ahuad invitó a los diputados de la oposición a sumarse a la cruzada, pero hasta ahora hubo evasivas, casi lo mismo que cuando se conocieron los detalles del Presupuesto 2022 y ninguno ofreció colaborar para corregir los desequilibrios. 

El presidente de la Legislatura de Misiones, Carlos Rovira, también pidió que el resultado “se traduzca en soluciones para los misioneros” y sostuvo que desde la Renovación “vamos a seguir dando batalla, día a día, cara a cara con la gente, por construir una provincia más justa, igualitaria y lograr el reconocimiento por parte de la Nación de las deudas históricas que el país central tiene con los misioneros”. 

El llamado al diálogo no tuvo eco. “Problemas de agenda” adujo el radical Martín Arjol para eludir la reunión. 

El diputado electo por la alianza Cambiemos insistió en que hace falta “una reforma laboral e impositiva”, a tono con el discurso porteño. Envalentonado, piensa en liderar un armado pensando en 2023, pero primero deberá resolver la interna radical y sobre todo la convivencia con el macrismo que quedó relegado a un incómodo rol de reparto en la alianza. 

El ahora diputado nacional y su compañera puertista Florencia Klipauka convocaron a una conferencia de prensa donde expusieron sus condiciones para trabajar en los temas que Misiones reclama en el Congreso como el aumento del presupuesto y las compensaciones ambientales. Pero descartaron de plano trabajar en tandem en la Cámara de Diputados.

A la luz de los resultados, cobra fuerza la proyección de un nuevo eje político, por fuera de la grieta, que condense las demandas de las provincias. El bloque neorevisionista que propuso Rovira antes de las elecciones puede ser un protagonista en el nuevo escenario, porque el Gobierno necesitará votos para aprobar las leyes que pretende. Herrera Ahuad coincidió en ese punto con un grupo de gobernadores en una cumbre que se realizó en San Juan, con Sergio Uñac como anfitrión. “Un proyecto que nos incluya a todos”, fue la síntesis del encuentro a solas entre el mandatario misionero y el sanjuanino.

En la cumbre de gobernadores también estuvieron el de Santa Fe, Omar Perotti, y el de Entre Ríos, Gustavo Bordet. También estuvieron mirando el clásico entre Argentina y Brasil, Gustavo Saenz de Salta, Ricardo Quintela de La Rioja, Raúl Jalil de Catamarca, Rodolfo Suárez de Mendoza.

En la Renovación valoraron el respaldo conseguido en las legislativas del domingo, a sabiendas de que lo que estaba en juego dependía mucho más de la puja entre el Frente de Todos y Cambiemos. Lo local fue resuelto en junio y ahí fue contundente el respaldo a la gestión, lo mismo que en Wanda, donde Andrés Cuper fue electo intendente para completar la gestión del fallecido Felipe Jeleñ. La Renovación sacó el 70 por ciento de los votos y triplicó los obtenidos por Cambiemos para elegir al intendente. La gestión tiene respaldo. 

Por eso, proyectar los resultados de las legislativas del domingo con una lectura anticipada de 2023 puede resultar un equívoco. La sociedad dejó la gestión en manos de la Renovación y ahora dispuso un equilibrio mayor en el Congreso, pero, sin embargo, no le quitó mayorías al Frente de Todos. 

Pensar que hay carta blanca puede resultar un reduccionismo al calor de los votos. Como definió la politóloga Milva Carlino, “los ciclos de confianza son cada vez más cortos”. 

Si no se alimenta esa confianza, ésta se pierde de modo acelerado. Basta recordar 2019, cuando el Frente de Todos ganó en las legislativas nacionales en Misiones y sus dirigentes se ufanaban por lo que vendría. Hoy terminaron terceros con una sangría que deja a sus figuras en una incómoda posición. No hubo construcción ni expansión territorial. Y muchos aliados sufrieron desplantes innecesarios. Podrán culpar a Alberto, pero lo cierto es que en los dos años en sus bancas, no han hecho casi nada por Misiones y prácticamente dejaron a la deriva a su candidato Isaac Lenguaza. Será difícil la reconstrucción del FdT con tantos heridos en el camino. 

Queda claro que hay un distanciamiento particular entre la Nación y Misiones. El nuevo precio fijado por Julián Domínguez para la yerba mate, se aleja demasiado de lo que pedían los productores y se acerca mucho más a lo que pretendían imponer Corrientes y la industria local. 

El precio de mercado supera los 50 pesos en promedio. Pero Agricultura fijó el laudo en 36,83 pesos, apenas 24 por ciento más que el precio oficial que regía. El argumento nuevamente es que se busca evitar un impacto mayor en las góndolas. Lo cierto es que la inflación es el talón de Aquiles de la gestión y la yerba no tiene una influencia mayor. Pero para la Nación, el pequeño productor misionero tiene que vivir con lo justo. Comparado con octubre del año pasado, el aumento del precio es del 51 por ciento. La inflación interanual fue del 52 para el NEA. Ahora los productores comenzaron su propia batalla para desconocer los valores oficiales: llamaron a que nadie venda hoja verde por menos de 50 pesos al contado.

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Frente externo a salvo: ¿hasta cuándo?

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Luego de una década con déficit en las transacciones comerciales con el exterior, en 2020 Argentina evidenció un saldo favorable en la cuenta corriente del balance de pagos. Así, el frente externo aportó una de las pocas buenas noticias en un año plagado de dificultades económicas y sociales. Sin embargo, la mejoría de la cuenta corriente estuvo ayudada por varios factores que no necesariamente se mantendrán en el tiempo. En la primera mitad de este año, tras la recuperación de los flujos internacionales de bienes y la paulatina normalización del intercambio de servicios, esta variable continuó en terreno positivo. Considerando que la disponibilidad de divisas es uno de los problemas más importantes y recurrentes de nuestro país, vale la pena preguntarnos ¿qué explicó este superávit? Y, más importante aún, ¿qué nos espera hacia adelante? 

Un 2020 excepcional       

La cuenta corriente incluye a todos los intercambios de bienes y servicios entre residentes en Argentina y el resto del mundo. También, contempla los pagos de utilidades, dividendos e intereses entre agentes domésticos y extranjeros. Por último, incluye a las transferencias corrientes sin contraprestación entre residentes y no residentes (como, por caso, las remesas). De esta manera, el resultado de la cuenta corriente (junto con el saldo de la cuenta de capital) equivale a las necesidades de financiamiento del país, cuando es negativo, o las acreencias obtenidas frente al sector externo, cuando es positivo.  

Nuestra cuenta corriente pasó a ser negativa en el año 2010. En aquel entonces, el intercambio de bienes era superavitario, pero no alcanzaba para compensar las salidas netas por los pagos de intereses, el giro de dividendos y el déficit del turismo. Desde ese momento, el desbalance fue creciente, con la erosión del superávit del comercio de bienes, el creciente déficit turístico y el persistente signo negativo del ingreso primario (intereses y dividendos). En 2017 y 2018 las necesidades de financiamiento alcanzaron el 5% del PBI cada año, agotando el financiamiento de mercado disponible y generando una crisis cambiaria.  

El salto del dólar ayudó a balancear nuevamente el comercio de bienes: un dólar más caro hace más competitivos a nuestros productos en el exterior, a la vez que encarece a las importaciones en relación a la producción doméstica. Además, la importante caída de la actividad impacta en la demanda de bienes finales, insumos y maquinaria del exterior, pero no afecta de igual modo a las exportaciones. Es así que desde el último cuarto de 2018 el saldo comercial volvió a terreno positivo, y desde el último trimestre de 2019 la magnitud de este superávit fue tal que revirtió la cuenta corriente. De esta manera, el 2020 concluyó con un resultado positivo de USD 3.300 M (0,9% del PBI). 

Sin embargo, un tipo de cambio mayor no fue el único motivo por el cual el saldo de la cuenta corriente fue superavitario en 2020. A este factor hay que sumar el derrumbe del intercambio de servicios, especialmente del turismo internacional, que fue uno de los sectores más afectados por la pandemia: a nivel global, los traslados de viajeros se contrajeron en un 74% debido a las restricciones sanitarias. En nuestro país, tanto la entrada como la salida de turistas se derrumbaron 77% i.a. De esta forma, el déficit de esta cuenta en el balance de pagos se redujo a una cuarta parte, mostrando la mínima necesidad de divisas en una década. Si el saldo de turismo hubiera repetido el del año previo, se habrían requerido alrededor de USD 3.100 M adicionales. 

Por otra parte, el proceso de reestructuración de la deuda implicó un alivio en el pago de intereses del Gobierno. Considerando únicamente la deuda externa (según criterio de residencia de la balanza de pagos), el ahorro del cuarto trimestre del 2020 fue de alrededor de USD 1.400 M. De este modo, sin mediar la mejoría debida a las restricciones a los viajes internacionales y el ahorro en los servicios de la deuda pública externa, el saldo de la cuenta corriente habría sido deficitario en alrededor de USD 1.300 M (0,3% del Producto, similar al de 2010 o 2012). 

2021 también contó con ayuda externa 

En la primera mitad de este año la cuenta corriente exhibió un superávit externo de USD 3.300 M (0,7% del PBI), mostrando un resultado favorable muy similar al de igual período del año previo en términos de divisas. Sin embargo, tres factores impulsaron este dato al alza.  

En primer lugar, el turismo siguió prácticamente cerrado: la llegada de viajeros volvió a caer 89% i.a. en comparación con la primera mitad del 2020 y estuvo 95% por debajo de igual lapso de 2019. La salida, en tanto, se redujo 59% i.a. y es 85% menor a la del último año antes de la pandemia. Una vez más, si tomáramos de referencia al 2019, el turismo habría insumido USD 2.100 M más que lo efectivamente observado.  

Por otra parte, el pago de intereses volvió a ser acotado, dado el nuevo perfil de la deuda surgido de la reestructuración. Esta alejó los pagos de capital en el tiempo y redujo la carga de intereses, dejándole menores vencimientos al Tesoro en el corto plazo. Estimamos que el ahorro resultante para el primer semestre de este año alcanzó alrededor de USD 2.200 M.  

Por último, el salto de los precios de los commodities en lo que va del año configuró unos términos de intercambio muy positivos para nuestro país, apuntalando el balance del comercio de bienes. Si bien en términos absolutos el saldo de bienes fue algo menor en el primer semestre respecto de igual lapso del 2020 (-9%), el INDEC estima que en los primeros seis meses hubo una ganancia por efecto de los precios de USD 4.200 M. Es decir, de haberse mantenido los precios internacionales de la primera mitad del 2020, el saldo de bienes habría caído alrededor de 60% i.a. 

De esta forma estimamos que, sin mediar el derrumbe del turismo internacional, el alivio en la carga de intereses por la reestructuración ni la mejora en los términos de intercambio, el resultado de la cuenta corriente del primer semestre habría mostrado un déficit de USD 5.200 M (1,1% del PBI).  

¿Qué podemos esperar para lo que viene? 

En la segunda parte de este año, todos los factores que vienen ayudando a la cuenta corriente seguirán presentes. Por el lado del pago de intereses, la deuda externa del Gobierno Nacional sólo devengaría USD 1.700 M (el ahorro por la reestructuración sería de otros USD 1.900 que no se pagarán). Por la cuenta de servicios, el turismo internacional sigue muy limitado y sólo se incrementaría hacia el cierre del año. Por último, en lo que hace a los bienes, los resultados del bimestre julio-agosto fueron muy positivos, con las exportaciones en máximos. Así, esperamos que la cuenta corriente cierre el año con un superávit de más de 1% del Producto. 

Sin embargo, las preocupaciones vuelven a aparecer mirando los números para el año próximo. Allí, desaparecerían las limitaciones al turismo y un potencial comienzo del tapering de la FED (un giro hacia una política monetaria más contractiva en Estados Unidos) podría revertir la mejora de los términos de intercambio. Así, más temprano que tarde, de los tres factores que mejoraron la cuenta corriente este año sólo seguiría vigente la baja carga de intereses por reestructuración de la deuda (se proyectan USD 4.000 M en 2022, un monto muy similar al de este año). 

Para peor, aunque la facturación es récord, las cantidades exportadas no crecen a igual ritmo (en el primer semestre se ubicaron 1,5% por debajo de 2019). En este sentido, y considerando que en los próximos años se incrementarán los pagos por la cuenta financiera (en principio a los bonistas, mientras que resta definir la conclusión de las negociaciones con el FMI), destaca la necesidad de aumentar las exportaciones y mantener una cuenta corriente positiva. Incrementar los volúmenes vendidos es la manera más sostenible de hacerlo y evitar un endeudamiento externo que incremente los riesgos de una nueva crisis de la balanza de pagos.  

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