El ex Ministro de Economía Domingo Cavallo, planteó que la devaluación y el aumento de tarifas “sería peor que un Rodrigazo” y presentó en una entrevista su plan de como salir de esta crisis
El campo -principalmente los sojeros- intenta presionar al gobierno para que devalúe un 30% la moneda nacional, que pasó de $60 a $135 (oficial) o $300 (blue) por dólar en solo dos años gracias al desastre macroeconómico de Alberto Fernández, Martín Guzmán y Miguel Pesce, que todavía resiste en el BCRA.
Es interesante analizar lo que pasa el campo 2022, sobre todo porque el campo 2008 pidió la ayuda de la clase media urbana para frenar a los K contra la resolución 125 de Martín Lousteau -ministro de Economía que planteó ir a un régimen de retenciones móviles-, pero hoy está sentado sobre los granos de soja esperando “la competitividad del tipo de cambio”, que no es más que una nueva licuación de salarios, jubilaciones y pensiones de la misma clase media -y baja-, que la inflación de casi 3 dígitos ya hizo y no permite recuperación alguna.
En su diálogo mano a mano con el periodista Carlos Pagni, Cavallo dedicó unos minutos para hablar de cómo se podría evitar la devaluación que piden los productores rurales y porqué es importante hacerlo: “Sería peor que un Rodrigazo”, alertó.
Aquí, la desgrabación completa del momento más interesante de la entrevista:
“La falta de profesionalismo con la que se maneja el Banco Central de la República Argentina es muy peligrosa. Vengo sosteniendo -desde que se decidió introducir la política de control de cambio- que tendrían que haber desdoblado el mercado cambiario y sujetado a controles las transacciones de importaciones y exportaciones. Todo lo demás lo tendrían que haber derivado a un mercado cambiario libre en el que no interviniera el BCRA y no fuera el responsable de abastecer ese mercado de divisas.
Al ser un mercado libre, si la cotización era suficientemente alta, iban a empezar a entrar capitales o los mismos argentinos que tengan muchos dólares podrían venderlos legalmente en ese mercado libre. Eso le pondría un techo al mercado
En ese contexto, el BCRA podría comprar todo el superávit comercial, que fue grande el año pasado -de US$15.000 millones- y este año no va a ser menor a US$7.000 u US$8.000 millones, pese a la baja considerable por los precios de la energía. El BCRA podría haberse hecho de las divisas que ahora no tiene. No es tarde para hacer eso. Creo que si se hubiera hecho cargo del viceministerio el economista Gabriel Rubinstein eso se podría haber hecho. Estuve leyendo y mirando videos muy interesantes de sus últimas entrevistas y él está planteando esto mismo que yo estoy diciendo aquí.
Pero esta falta de profesionalismo se nota en muchas otras cuestiones, como por ejemplo en el manejo de las exportaciones, que las quieren alentar pero ponen prohibiciones y cupos. Ahora quieren adelantar los ingresos de divisas por exportaciones: si bien ya se ha producido el bien, que es lo importante, en algún momento se van a liquidar (los granos) pero se hace un enorme esfuerzo para que se liquide ahora y (no se dan cuenta) que están vaciando los próximos meses.
Además, decir que para que liquiden los granos hay que prometerles un tipo de cambio transitorio a los productores, es prometer que va a haber una fuerte devaluación que, entre paréntesis, creo que no resolvería nada; por el contrario, agravaría la situación
Lo que sí podrían haber hecho es bajar las retenciones. El gran desaliento a las exportaciones y la producción agropecuaria es todo lo que le quitan al productor vía las retenciones. También influye la brecha cambiaria, pero con una buena política de desdoblamiento cambiario y permitiendo la entrada libre de dólares, esa brecha podría ir cerrándose. Obviamente que, si siguen cometiendo los errores que cometieron hasta ahora, podría ocurrir una fortísima devaluación y ese sería el acabose para este tipo de manejos (intervencionistas) de la economía por la explosión inflacionaria y las consecuencias no deseadas que traería. A lo mejor alentaría un poquito más las exportaciones y frenaría las importaciones, pero no resolvería los problemas de ninguna manera porque es mucho más importante el atraso tarifario que da lugar a US$15.000 millones de subsidios y un exceso de gasto público que el atraso cambiario.
Además, si aumenta mucho el precio del dólar con una fuerte devaluación, los subsidios aumentarían más que proporcionalmente. Entonces, además de la devaluación tendrían que producir un tarifazo enorme. Entonces, tarifazo y devaluación sería más que un Rodrigazo porque, imagínese, los sindicatos no se conformarían con un tope salarial
Buscar reducir a un mínimo los subsidios a los servicios públicos es más que prioritario; súperprioritario”.
Tras la entrevista Cavallo compartió el video de la misma en su blog agregando un comentario, que según él no pudo hacerlo en piso: El reportaje que me hizo Pagni me permitió destacar la importancia del ajuste fiscal. Pero me hubiera gustado señalar, y por falta de tiempo no lo hice, que el ajuste fiscal más importante es la reducción del gasto público, porque la reducción del déficit fiscal en base al aumento de los impuestos produce efectos estanflacionarios.
El exministro de Economía, Domingo Cavallo, salió al cruce de periodistas del Frente de Todos y trolls K por una serie de posteos en el que compararon tapas de diario previo al estallido de diciembre de 2001 y sus anuncios con el valor del pesos meses después.
A 20 años del corralito, el economista de 75 años posteó un breve comunicado desde su blog titulado “Mi anuncio del corralito el 3 de diciembre de 2001”. Allí, Cavallo insertó 2 videos históricos que repasan sus anuncios y responsabilizó por la devaluación y el default al peronismo con los presidentes que sucedieron a Fernando de la Rúa:
“He visto que hay periodistas y tweeteros que están presentando videos y reportajes de aquella época con un tono burlón, porque sólo treinta días después de mis intervenciones en las que dije que no habría default ni devaluación, el gobierno que se hizo del poder a partir del golpe institucional del 20 de diciembre de 2001, disponía el default de la deuda pública, aún la que ya estaba reestructurada a partir del préstamo garantizado y, pocos días después, destruía la convertibilidad al disponer la pesificación compulsiva de todos los depósitos y préstamos en dólares y de todos los contratos que se habían pactado en esa moneda”.
Recordemos que la crisis política se acentuó el 7 de octubre del 2000 con la renuncia del vicepresidente Carlos ‘Chacho’ Álvarez. Tras los procedimientos de la sucesión presidencial establecida en la Constitución, el presidente del Senado, Ramón Puerta, asumió el cargo y la Asamblea Legislativa (un cuerpo formado por la fusión de las dos cámaras del Congreso) fue convocada. Por ley, los candidatos fueron los miembros del Senado, además de los gobernadores de las provincias, quienes finalmente nombraron a Adolfo Rodríguez Saá, gobernador de San Luis.
El presidente interino, Rodríguez Saá, declaró el default financiero, con lo que Argentina se declaraba insolvente para pagar las deudas contraídas. Esta acción fue muy popular entre los argentinos. Sin embargo, solo unos pocos días después de establecer el default, se descubrió que Rodríguez Saá había pagado US$ 150 millones al FMI.
Rodríguez Saá, totalmente incapaz de hacer frente a la crisis y sin el apoyo de su propio partido, renunció antes de que finalizara el año. La Asamblea Legislativa fue convocada nuevamente, y se nombró al exgobernador y excandidato presidencial Eduardo Duhalde, en ese entonces senador por la provincia de Buenos Aires para tomar su lugar. Y así fue.
Después de mucha deliberación, el 6 de enero de 2002, el presidente interino Eduardo Duhalde decidió dar fin a la Ley de Convertibilidad que hab ía estado en vigor durante diez años. En cuestión de días, el peso perdió una gran parte de su valor en el mercado no reglamentado. Un provisional “oficial” del tipo de cambio se fijó en 1,40 pesos por dólar.
Además del corralito, el Ministerio de Economía dictó la pesificación, por la cual todos los saldos bancarios en dólares se convertirían a pesos al tipo de cambio oficial. Esta medida enfureció a la mayoría de los ahorristas y se hizo un llamamiento por muchos ciudadanos para declarar su inconstitucionalidad.
Ayer (2/12), en su posteo, Cavallo hizo hincapié en que “me interesa que los seguidores de este blog, conozcan este material porque será útil para entender la discusión que estoy seguro que se va a desatar alrededor del 20 de diciembre, cuando los promotores de aquel golpe institucional y de las decisiones que provocaron el caos de enero de 2002, tratarán de volver a transformarme en el chivo expiatorio, tal como lo hicieron a lo largo de los años que siguieron a aquella tragedia”.
Entonces, recomendó una nota que le hicieron por aquellos los periodistas Sergio Moreno (QEPD) y Maximiliano Montenegro para Página12, titulada “No podíamos permitir que se siga fugando el capital”:
Domingo Cavallo tiene un día frenético, uno más de la saga que viene gestando desde que asumió hace casi nueve meses. A pesar del frenesí, luce químicamente tranquilo, no se enoja y el énfasis anida en la gestualidad de su rostro, no así en sus ademanes. Como una vez más, ayer le tocó jugar el rol de comunicador del Gobierno. En voz calma, desgranó sin minucias cada una de las medidas, a su estilo, generalizador, triunfal y volitivamente optimista. Uno de sus asesores, anteayer, cuando preparaban el mini-plan, se permitió chancearlo: “Con estas medidas nos van a acusar de soviéticos planificadores”, le dijo empezando a dibujar una sonrisa. “Esta puede ser una economía soviética por 90 días para poder tener una economía norteamericana por 30 años”, lo cortó en seco el ministro.
En su despacho del quinto piso del Palacio de Hacienda, el ministro viste inusualmente elegante para un sábado a al tarde. Momentos antes de entregarse al reportaje con Página/12, fueron llegando a sus amplísimas oficinas que dan a la calle Hipólito Yrigoyen el secretario de Hacienda, Jorge Baldrich y el titular de la AFIP, Armando Caro Figueroa. Desde temprano trajinan al lado del ministro su vocero, Lisandro Varela, y su secretario personal, José Luis Giménez. A último momento se suma al equipo, trajeada como para una cena y con sonrisa imperturbable, su mujer, Sonia.
Cavallo habla de bancarización, de tecnologías de pago modernas y arcaicas, de beneficios por descuentos del IVA, de reservas y circulante. También de histeria. Dice que por ese estado de ánimo los fondos de los bancos volaban a otro destino, cajas fuertes o “el colchón”. Desnuda así los motivos, menos fatuos y más previsibles, de su motivación, de su sorprendente “sovietización”, como definió el asesor nombrado en las líneas precedentes. Entonces, reaparece su voluntad, esa por la que cree que “la gente entenderá”, como tantas veces dijo que ocurriría y, a la luz de los hechos, tantas veces erró.
-¿A qué tasa de interés se van a cambiar los depósitos en pesos a dólares?
-A la tasa de interés en dólares que convengan los b ancos y los depositantes, tal como funciona hoy día.
-Hoy existe hay una tasa máxima para los depósitos en dólares. Esa tasa máxima, ¿va a bajar, va a subir o será la misma?
-No es tasa máxima, es una tasa de referencia. Los bancos tienen que constituir encajes adicionales si pagan mucho más que esa tasa. Eso seguirá igual y la tasa que va a resultar relevante es la fijada en dólares, porque las tasas en pesos no pueden superar a las tasas en dólares.
-¿El encaje completo del depósito va a mantenerse en esa tasa…?
-Va a mantenerse en la que vaya anunciando el Banco Central todos los viernes, tal como fue establecido originariamente.
-Su idea es que esa tasa vaya disminuyendo…
-Seguramente va a ir disminuyendo porque al pararse el drenaje de fondos del sistema bancario esa tasa va a tener que disminuir.
-¿Cómo se repactarán los préstamos?
-Los préstamos en pesos, a su vencimiento, pueden ser cancelados o re novados por la gente. Pero si los renueva tiene que ser en dólares a las tasas vigentes, que esperamos que vayan bajando.
-O sea, a la tasa que hay actualmente para los préstamos en dólares.
-Lógico, lógico. Y si el banco le pide a un cliente que repacten desde ya alguna operación no vencida, el cliente le va a exigir al banco que le baje la tasa de pesos a la tasa en dólares o que le alargue el plazo. Yo me imagino que los deudores en pesos, dado el interés que muchos bancos van a tener de que acepten transformar esos pesos en dólares, podrán conseguir tasas de interés menores.
-¿Se podrán sacar solamente 250 pesos o dólares por semana? -No, se podrá utilizar todo el dinero que uno tiene en el banco; con cheque si uno tiene cuentas corrientes, con tarjeta de débito si tiene caja de ahorro y, si necesita cambio en efectivo, puede utilizarlo, hasta 250 pesos o dólares por semana. Si uno tiene la cuenta en dólares, retira dólares; si sigue manten iendo la cuenta en pesos, puede retirar en esa moneda.
-¿Qué elementos tiene la gente para pensar que el uno a uno no es una ficción? ¿Por qué no creer que solamente sigue vigente para los dólares que están dentro del sistema financiero y que si uno quiere ir a comprar a la calle le van a cobrar mucho más que eso?
-El hecho de que en la calle le van a cobrar un peso, porque rige la convertibilidad y porque la gente que se presente en un banco y quiera cambiar le van a cobrar un peso por dólar.
-Pero ante la falta de circulante, de dinero, que van a generar estas disposiciones, en la calle va a regir la ley de la oferta y la demanda…
-Si en la calle hay muchos más dólares que pesos. El que quiera convertir un peso a un dólar va a conseguir convertirlo. Además, están todos los dólares que respaldan a los pesos en el Banco Central.
-¿Están todos los dólares que respaldan a los pesos en el BCRA o ya esas reservas fueron utilizadas?
-En absoluto, la convertibilidad tiene total respaldo. Pero además, estas medidas demuestran cabalmente que el Gobierno ni sueña en abandonar el uno a uno. Obviamente que esto implica una suerte de dolarización financiera. Con que la gente sólo le diga al banco `yo quiero que mis depósitos estén en dólares’, el banco los tiene que transformar en esa moneda. Por otro lado, el banco no va a poder prestar en pesos, sólo en dólares, por lo que la entidad financiera va a tener interés en que los depósitos sean también en dólares. No hay ningún riesgo de que se abandone el uno a uno. Esta es la mejor demostración de que nadie piensa en el Gobierno, ni nadie pensará en el futuro, abandonar la convertibilidad.
-Si tenía la cantidad de dólares necesaria en el Banco Central, ¿por qué no dolarizó directamente la economía y dejaba a la gente con la tranquilidad que no iba a devaluar?
-Es que la gente tiene libertad para elegir la moneda que quiera, esa es la esencia de la convertibilidad, siempre fue así. Y si hoy le impusiéramos a la gente por decreto que los pesos se transformen en dólares, la gente podría pensar que el día de mañana le pueden imponer por decreto que los dólares se transformen en pesos. Lo grande de la convertibilidad, y lo que ha hecho que funcione muy bien por mucho tiempo, es que la gente elige si quiere estar en pesos o en dólares. Había quizás ciertas dificultades: si alguien tenía un depósito en pesos en el banco y pedía que se lo transformaran a dólares a lo mejor le cobraban una comisión o se inducía a que la gente lo mantuviera en pesos pagándole una tasa de interés artificialmente más alta. Después utilizaban esos pesos para hacer operaciones especulativas de préstamos en pesos. Entonces, los bancos ya no pueden hacer toda esa utilización espuria del peso, por lo que ahora deberán transformar los depósitos de pesos a dólares como la gente quiera, sin cobrarle ninguna comisión.
-Hoy, de hecho, cobran una comisión si uno hace por banca electrónica el pase de pesos a dólares…
-A partir de este decreto, a partir de hoy, eso queda prohibido. Está prohibido que cobren cualquier comisión por convertir de pesos a dólares.
-¿Y si uno va con los pesos en efectivo y quiere dólares en papel moneda también se lo cambiarán uno a uno?
-Si lo hace a través de la cuenta bancaria, sí. Si uno deposita pesos y los transforma en dólares, después retira los dólares. Por supuesto, puede retirar 250 dólares por semana.
-¿Cuál será el mecanismo para la gente que cobra su salario a través de un banco, mediante una caja de ahorro?
-Toda tarjeta de caja de ahorro es de débito. La misma tarjeta que a la gente le sirve para retirar dinero en efectivo, le sirve para pagar cualquier bien y consigue cinco por ciento de descuento en el precio como devolución de impuestos, en este caso del IVA.
-¿Se va a implementar algún sistema de chequeras para esas cajas de ahorro?
-No, porque el cheque es de vieja tecnología, la nueva tecnología es la tarjeta de débito. El cheque de la edad contemporánea es la tarjeta electrónica.
-Lo traigo a las cuestiones micro, de la economía cotidiana, ministro: ¿cómo se pagará una serie de servicios o deudas en sitios que nunca han cobrado en otra cosa que no sea dinero en efectivo? Expensas, verdulería, almacén, por tomar algunos ejemplos.
-Mientras quien tenga que cobrar no posea el equipamiento para hacerlo con tarjeta de débito y si usted tiene que hacer un pago y no tiene dinero en efectivo, pide un cheque de pago financiero en el banco y paga con eso. Es lo mismo que cuando tiene que pagar más de mil pesos y no tiene cuenta bancaria. Ustedes saben que no se puede pagar en efectivo más de mil pesos porque corren el riesgo que no esté cancelando su obligación, está prohibido. Entonces, usted paga con un ch eque que le tiene que emitir el banco.
-Hay quienes dicen que esto va a profundizar la recesión porque hay muchas transacciones económicas, al menos en el corto plazo, que se van a detener. Es el caso de la economía en negro, que significa el 40 por ciento de la economía global del país. Hasta tanto esa economía se blanquee por decreto, se va a paralizar…
-No tiene que ser así porque dinero en efectivo va a seguir circulando. Lo que pasa es que les va a convenir a los que hoy venden en negro, vender en blanco y tener un mercado más amplio. Y para la economía es muy bueno, porque si se vende en blanco la gente paga los impuestos, se controla ese pago, el Gobierno recauda, al recaudar puede pagar más normalmente sus obligaciones y todo ello ayuda a que no haya recesión.
-¿Entonces, para usted estas son medidas reactivantes?
-Bueno, lo reactivante es, por ejemplo, la devolución del cinco por ciento del IVA y que la gente utilice intensamente la tarjeta de crédito. Lo reactivante es que la gente tenga cinco por ciento más de ingreso porque no paga el mismo aporte personal al sistema de reparto o a las AFJP que pagaba antes. Lo reactivante es que se hayan disminuido algunos impuestos y haya créditos, por ejemplo, si uno compra una vivienda. Todas esas son medidas reactivantes. También debería ser reactivante, o más precisamente promotor de la competitividad, el hecho de que el que paga salario pueda acreditar aporte patronal a cuenta del IVA. Ahora, ¿por qué sigue y se profundiza la recesión? Porque lamentablemente ha habido fuga de capitales y retiro masivo de depósitos que han ido a parar a cajas de seguridad. Justamente estos dos fenómenos son los que queremos detener; uno con el control a las transferencias al exterior, que son limitadas por este decreto, y otro limitando el retiro en efectivo de los bancos.
-¿No es este un golpe mortal a la confianza de las familias argentinas en el sistema financiero?
-No, todo lo contrario. En todos los países del mundo la movilización de dinero bancario se hace con tarjeta de débito, o de crédito, o con cheques o con transferencias financieras y el dinero en efectivo solamente se retira para el cambio chico. Eso es lo que le da estabilidad y seguridad a los ahorros de la gente y permite el buen funcionamiento de la economía. Aquí lo que estamos impidiendo es que por histeria retiren los fondos, que por histeria alguien saque cincuenta mil pesos o dólares del sistema bancario y los ponga en una caja de seguridad o los mande al colchón.
-¿Por histeria? Visto a la luz de los hechos, quien sacó su ahorro hoy tiene en su poder los billetes contantes y sonantes y quien no lo hizo ahora lo tiene inmovilizado por el decreto que usted pergeñó.
-No, al contrario, ¿cómo inmovilizado? No hay ninguna inmovilidad. Si uno tiene su dinero en un banco puede pagar, por ejemplo, operaciones de más de mil peso s que con los dólares o pesos billetes es ilegal pagarlos. Incluso, si lo paga en efectivo, uno corre el riesgo que después le vuelvan a reclamar el pago de la misma deuda o el precio de venta del producto. El dinero bancario es un dinero de mayor calidad que el dinero en efectivo. En casi todos los países del mundo, y en la Argentina también, el dinero en efectivo sólo sirve para operaciones chicas. Si uno quiere hacer operaciones grandes, salvo que sea en la economía negra, lo debe hacer en dinero bancario.
-¿Qué lo hace pensar que cuando termine la vigencia del decreto, o sea dentro de 90 días, no se produzca una corrida peor de la que se produjo el viernes? ¿No prevé ese escenario?
-Todo lo contrario. La gente se va a dar cuenta, en un período de 90 días, que funciona perfectamente el uso del dinero bancario como en todos los países del mundo. Si usted va a Estados Unidos o a cualquier país avanzado, no ve que la gente pague con cien o con cincuenta dólares. Paga con dinero chico, porque las cifras de 20, 30, 50, 100 las paga con tarjeta o con cheque.
-Convengamos que en los países que usted nombra la usanza de pagar sin efectivo es de vieja data. No ocurre lo mismo en la Argentina donde la bancarización es muy baja y la cultura tiende a rechazar esa gimnasia.
-Bueno, pero se ha avanzado mucho. A principios de la década del 90 el total de depósitos en el sistema bancario era de menos de 10.000 millones de pesos o dólares y hemos llegado a 85 mil. Ahora bajamos a 70 mil, pero estamos en una relación de siete a uno con relación a lo que teníamos en el momento de la hiperinflación. Hemos avanzado, si bien no lo suficiente. En Brasil, sin ir más lejos, hay 36 millones de cuentas de ahorro.
-¿Y qué pasará con los argentinos que se quieren ir a veranear al exterior?
-Hasta mil pesos pueden llevar en efectivo. Más de esa cifra deberá llevarla en cheques de viajero y contar, también, si quiere, con la tarjeta de crédito.
-¿No va a haber ninguna excepción?
-Sólo para entidades financieras autorizadas para exportar dinero, que puedan llevar más de mil pesos.
-¿Ha consultado estas medidas con algún dirigente del peronismo?
-Estas medidas no son políticas, son medidas que requieren las circunstancias. De hecho, el presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires (Ricardo Gutiérrez), que es amigo mío y es peronista, es una de las personas que más ha contribuido a identificar las medidas que teníamos que adoptar frente a esta crisis. Por supuesto, yo he hablado con varios gobernadores y les he comentado. Toda persona con sentido común se da cuenta que estas son cosas ineludibles. No podíamos permitir que se siga fugando el capital de la Argentina y que se retiren y se pongan en cajas de seguridad los dineros porque eso perjudica al conjunto de los argentinos. Además, eso es hacerle el juego a los especuladores que est án tratando que se devalúe la moneda y que se cree el caos en el país…
-O sea que los gobernadores estuvieron de acuerdo con estas medidas.
-En general sí.
-¿Con quiénes habló?
-Hablé hoy con (Carlos) “Lole” Reutemann y con José Manuel de la Sota. Yo no les pedí que me dieran acuerdo, les comenté las medidas como lo hacemos con todas las personas y dirigentes sensatos de la Argentina. Además, medidas como estas, ningún dirigente de ningún partido político las va a transformar en una herramienta de la puja política. Porque estasmedidas son claramente en defensa de los ahorros de la gente y de la estabilidad en general de la economía argentina.
-¿Qué preocupación le trasmitieron Reutemann y De la Sota?
-¿Quién no está preocupado en la Argentina? Todos estamos preocupados…
-Si no llega el préstamos del Fondo Monetario en diciembre, ¿qué va a hacer? ¿Va a utilizar las reservas?
-El préstamo va a l legar. Yo nunca me pongo en situaciones de apostar al fracaso, yo siempre apuesto al triunfo.
-Si usted violó el contrato fundamental que es la libre disponibilidad que la gente tiene sobre sus depósitos, ¿por qué no habría de violar, por ejemplo, el tipo de cambio, el uno a uno?
-Yo no violé ningún contrato, absolutamente. Lo que estamos haciendo es trabajando para que el valor de los ahorros estén seguros y bien preservados y para que funcione un sistema de pagos como en los países más avanzados del mundo.Las medidas
Limite a la extracción de dinero en efectivo. Cada titular (o titulares) de cuentas bancarias no podrá retirar más de 250 pesos o dólares semanales (1000 mensuales) de sus cuentas, unificadas al efecto, de cada banco.
Dolarización voluntaria de los plazos fijos a su vencimiento.
Dolarización voluntaria de los créditos bancarios.
Imposibilidad de cobrar o pagar tasas de interés en pesos mayore s que en dólares.
En adelante, todos los nuevos créditos deberán ser instrumentados en dólares.
Las transferencias al exterior que no correspondan a operaciones de comercio exterior o al pago de consumos de tarjetas de crédito emitidas en la Argentina, deberán ser autorizadas por el Banco Central.
No podrán trasladarse al exterior más de 1000 dólares por persona y por mes. El transporte de cantidades mayores deberá ser autorizado por el Banco Central.
El 2 veces ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, escribió en su blog personal el viernes 01/05/2020, aconsejó esa herramienta de política económica. También él realizó una extensa reflexión acerca de la coyuntura socio-económico-financiera, y concluyó en un diagnóstico muy negativo acerca del rumbo de la Administración Fernández. El título original deja en claro que él acusa al Ejecutivo Nacional de excesiva ideología antes que flexibilidad y pragmatismo: “Los prejuicios antiliberales llevan a intervenciones en los mercados muy ineficaces”. .
Aquí las palabras del economista:
El aumento del déficit fiscal y la fuerte expansión monetaria provocada por la crisis del coronavirus, complicarán la estabilización futura de la economía. Sin lugar a dudas, un efecto macroeconómico negativo. Pero es inevitable para apoyar a las personas que se quedan sin ingresos y a las empresas que si no son ayudadas entrarían en quiebra, de manera que hay que tratar de que cree el menor número posible de distorsiones microeconómicas adicionales a las que ya existían en la economía.
La crisis del coronavirus provoca cambios en la oferta y en la demanda de los bienes y servicios. Los cambios por el lado de la oferta ocurren porque el aislamiento social impuesto por el coronavirus afecta a la producción de bienes y servicios. Los cambios en la demanda de esos mismos bienes y servicios se originan en la disminución de los ingresos familiares y en la caída de los mercados de exportación afectados por la crisis del comercio internacional. Estos cambios provocan, inevitablemente, alteraciones en los precios relativos. Tratar de evitar esos cambios con controles administrativos sólo llevará a ennegrecer la economía y demorar o incluso, impedir, el ajuste entre la oferta y la demanda, provocando desabastecimiento y cuellos de botella productivos.
Lamentablemente el apego al intervencionismo de muchos economistas y políticos, apoyados muchas veces por los empresarios y sindicalistas acostumbrados a conseguir, mediante presiones políticas o corrupción, tratamientos especiales, está llevando a que la política económica agregue a los inevitables desajustes macroeconómicos, distorsiones al conjunto de precios relativos que serían evitables si no existiera un apego ideológico a las intervenciones del estado en mercados con competencia y transparencia.
Intervenciones ineficaces en el mercado cambiario
El mercado monetario no es sólo el de los pesos sino también el de los dólares, porque nuestra economía es, inescapablemente, bi-monetaria. La moneda tiene que servir para darle la máxima seguridad y transparencia posible a las transacciones comerciales y financieras, con un mínimo costo transaccional. Las transacciones comerciales son las que se realizan entre oferentes y demandantes de bienes y servicios. Las transacciones financieras son las que se originan en el deseo de los ahorristas de proteger sus ahorros y en la necesidad de familias, empresas y gobiernos de acceder al financiamiento que requieren sus actividades.
Para que en una economía bimonetaria el mercado monetario funcione eficientemente y preste los servicios con el mínimo costo transaccional, se requiere que exista libre convertibilidad entre las monedas, es decir, que con pesos se puedan comprar dólares y con dólares se puedan comprar pesos, sin ningún tipo de restricción. Esto significa que el denominado mercado cambiario sea totalmente libre y sin restricciones para compradores y vendedores de bienes y servicios y para ahorristas y tomadores de crédito, es decir, para todos los que demandan servicios monetarios.
Los controles de cambio, que obligan a exportadores e inversores que traen sus capitales del exterior a vender sus dólares en el mercado controlado a un tipo de cambio inferior al que se establecería en un mercado libre, es, de por sí, una fuente de muchas distorsiones. Desalientan las exportaciones y crean oportunidades para su subfacturación. Al mismo tiempo alientan exageradamente las importaciones y crean oportunidades para su sobrefacturación. En definitiva, alimentan el contrabando y el ennegrecimiento de la economía.
En la actual coyuntura y teniendo en cuenta que la introducción de los controles de cambio fue decidida por el gobierno anterior para evitar la aceleración inflacionaria en un contexto de gran incertidumbre económica y política, no es recomendable eliminar de cuajo los controles de cambio. Pero hay que tener en cuenta que ellos tendrán que ser eliminados en el futuro, si una vez que la economía vuelva a operar sin las limitaciones impuestas por el aislamiento social obligatorio, se quiere avanzar hacia una buena organización de la economía, que permita lograr estabilidad y crecimiento.
Aun manteniendo los controles de cambio para las transacciones comerciales con el exterior, no tiene ninguna justificación que haya controles de cambio para las transacciones financieras, porque lo único que éstas consiguen, es que se acentúe la salida de capitales y aumente al mismo tiempo la economía negra. Es perfectamente posible dejar que se organice un mercado financiero totalmente libre y legal para las transacciones cambiarias que no estén obligadas a cursarse por el mercado controlado.
De hecho, luego de la introducción de los controles de cambio, se organizó inmediatamente el mercado denominado ¨contado con liquidación¨ y el ¨dólar bolsa¨ que permite cierto grado de convertibilidad entre pesos y dólares, pero con altos costos transaccionales y no fácilmente accesible a los ahorristas que prefieren atesorar dólares billete o, en el mejor de los casos, dólares depositados en el sistema bancario.
Preocupado por el aumento de la brecha entre estas formas de dólar libre y el tipo de cambio del mercado controlado, el gobierno ha comenzado a introducir restricciones adicionales, como el denominado ¨parking¨ en las operaciones de contado con liquidación o el aporte de información sobre las transacciones de los grandes operadores a la Comisión Nacional de Valores, claramente destinados a aumentar el costo y riesgo de las operaciones en estos mercados.
Las dificultades para acceder a dichos mercados por parte del pequeño ahorrista y el aumento de los costos transaccionales para los grandes operadores, tendrán como contrapartida la expansión del mercado negro, llamado eufemísticamente, mercado ¨blue. Esto se ha visto claramente ayer, cuando el anuncio de restricciones a la inversión en dólares o activos dolarizados de fondos comunes de inversión, junto al pedido de información sobre las grandes transacciones en los mercados contados con liquidación y dólar bolsa por parte de la CNV, llevó a una brecha significativa entre la cotización del dólar en esos dos mercados y el precio del dólar blue.
Lo mejor que el gobierno podría hacer en esta materia, es permitir que funcione, sin restricciones, un mercado financiero totalmente libre, que reemplace al contado con liquidación y al dólar bolsa y lleve a su mínima expresión al mercado blue. En ese mercado cualquier tenedor de dólares, sean billete o depositados en los bancos, podrá venderlos y cualquier persona humana o jurídica podrá comprarlos.
Dada la fuerte expansión monetaria, seguirá existiendo una brecha entre la cotización del dólar en este mercado libre y el precio en el mercado controlado, pero, para una misma cantidad de pesos en circulación, esa brecha será más baja que la que se daría con las actuales intervenciones inconvenientes del gobierno en el mercado cambiario, porque para una misma demanda de dólares por parte de los ahorristas, habrá más oferta de dólares de quienes necesiten complementar sus ingresos con ahorros del pasado y por parte de las empresas que tienen activos financieros en dólares y necesitan capital de trabajo, pero se resisten a transformarlos en pesos a un tipo de cambio artificialmente deprimido.
Al mismo tiempo, en la medida que se consolide la idea de que el mercado financiero para el dólar seguirá siendo libre, podrá recomenzar la entrada de capitales de quienes deciden volver a invertir en nuestra economía. Algo que tomará algún tiempo en suceder, pero que es imprescindible que ocurra desde que comience a normalizarse el funcionamiento de la economía.
Permitir el funcionamiento de un mercado financiero libre y transparente para el dólar ,ayudará a que no se desaliente el depósito de dólares en el sistema bancario. Con las actuales restricciones, los depositantes de dólares blancos en el sistema bancario tienen la sensación de que la utilización de esos dólares también está restringida, porque, si quieren convertirlos en pesos dentro del sistema, lo tendrían que hacer al tipo de cambio oficial. No sería sorprendente que los pequeños ahorristas decidan extraer esos depósitos, transformarlos en dólares billete y luego venderlos en el mercado blue si es que necesitan transformarlos en pesos. Otro vehículo para el ennegrecimiento de la economía.
Otra gran ventaja de permitir que funcione un mercado financiero libre para el dólar es que podría legalizarse también la utilización del dólar para los pagos internos, lo que seguramente reactivaría inmediatamente mercados como el inmobiliario y el de los automóviles y otros medios de transporte. Por supuesto, para que esto ocurra, los bancos tendrían que admitir cuentas corrientes en dólares.
Evidentemente, si se permite que funcione un mercado financiero libre para el dólar, ya no se justificará la venta de dólares para atesoramiento o turismo en el mercado oficial. Con la actual organización del mercado cambiario, no sólo se está alentando la extracción de los dólares depositados en el sistema bancario, sino también la compra de los 200 dólares mensuales a que tienen derecho los inversores individuales, cuyo precio, incluido el impuesto, es bastante más bajo que la cotización del dólar blue.
Intermediación financiera y mercado de capitales en pesos
Así como en una economía bi-monetaria, es importante que las dos monedas sean convertibles, es aún más importante que el peso, que es la moneda que el Banco Central puede emitir, sirva para una intermediación financiera eficiente y para que pueda funcionar un mercado de capitales en pesos.
Es imprescindible que el gobierno honre estrictamente sus obligaciones financieras en pesos y asegure que siempre dispondrá de los pesos necesarios para pagar sus deudas. Por eso fue un error grave haber re perfilado las deudas en pesos en agosto del año pasado y haber creado algunas dudas al reprogramar el bono dual este año. De aquí en más, el Gobierno, en todos sus niveles, deberá cumplir con sus obligaciones en pesos y, para ello, el Banco Central tendrá que estar dispuesto a emitir todos los presos que sean necesarios. Si el Banco Central no actúa como prestamista de última instancia del sector público, se pondrá en duda su capacidad de actuar como prestamista de última instancia del sistema financiero y esto puede llevar a una corrida contra los depósitos en pesos en el sistema bancario.
Para controlar la emisión de pesos, los únicos recursos que tendrá el gobierno serán, la venta de dólares del superávit comercial al sector privado (para que éste pueda cumplir con sus obligaciones en el exterior, originadas en financiamiento que ingresaron por el mercado controlado) y la colocación de deuda pública en forma de letras y bonos en pesos. Por supuesto, para que alguien compre las letras y los bonos, el gobierno tendrá que aceptar las tasas de interés que resulten de la operación completamente libre del mercado de esas letras y bonos, así como de las obligaciones en pesos que pueda emitir el sector privado. La operación libre de los mercados de deuda es incompatible con el control de las tasas de interés. Estas deberán ser las que determine el mercado. Obviamente, si el gobierno quiere reabsorber proporciones importantes de la expansión monetaria anterior, no podrá fijar tasas de interés por debajo de las que determine el mercado.
Al ser libres las tasas de interés en el mercado de capitales, el Banco Central no podrá fijar arbitrariamente las tasas de interés para los depósitos y préstamos bancarios. Estas también deberán ser libres y la única forma de influir sobre ellas será mediante el manejo de los encajes bancarios, y en materia de tasas para los préstamos, mediante el otorgamiento de garantías o subsidios explícitos, a la tasa de interés en el caso de los préstamos que se necesite conceder a familias o empresas en condiciones preferenciales, es decir, para operaciones que los bancos no encontrarían viables sin incurrir en riesgos elevados de insolvencia.
Por más liquidez que se haga llegar a los bancos, es muy poco probable que éstos vayan a otorgar préstamos a deudores con riesgo de insolvencia por más regulaciones que el Banco Central introduzca, salvo que las acompañe con mecanismos de garantías y susidios a la tasa de interés. Esta es la forma que utilizan los bancos centrales de los países bien organizados para hacer llegar crédito a las empresas y personas con alto riesgo de insolvencia, pero que deben ser asistidas para atenuar los efectos de la crisis y facilitar la normalización posterior de la economía.
Las políticas que han pretendido forzar a la baja las tasas de interés mediante la inyección de liquidez, sólo han conseguido bajar las tasas que se pagan a los ahorristas sin aumentar la cantidad de crédito disponible para las empresas y consumidores. Por supuesto, tasas pasivas de interés bajas, son otro mecanismo para inducir a los ahorristas a convertir sus pesos excedentes en dólares en el mercado blue o en alguno de los mercados libres legales, si es que tienen la posibilidad de acceder a ellos.
El Gobierno, incluido el Banco Central, no están haciendo un manejo adecuado del mercado cambiario ni del mercado financiero y de capitales en pesos porque se maneja con ideas anacrónicas de intervencionismo en los mercados. Estos prejuicios, se sintetizan en la idea de que una buena organización económica necesita más Estado y menos Mercado.
Sería bueno que sus economistas y asesores relean la amplia literatura que se fue desarrollando desde aquella expresión de Adolfo Sturzenegger, acuñada a mediados de la década del 80: en nuestra economía conviven un ¨Socialismo sin Plan y un Capitalismo sin Mercado¨. Admitir que el Estado necesita tener un buen Plan (hoy, ni siquiera tiene presupuesto) y la economía privada o capitalista debe hacerse funcionar mediante mercados transparentes y con competencia, sin la intervención distorsionadora del Estado, es fundamentar para que la salida de la crisis sea en la dirección de la estabilidad y el crecimiento y no desemboque en una hiperinflación.
Para facilitar la consulta de esta literatura, me permito transcribir, las páginas 296 a 299 del libro Historia Económica Argentina, que escribí con mi hija Sonia Cavallo Runde
La estanflación y la hiperinflación como señales de falta de efectividad del Estado
En un artículo titulado “Reformas del Mercado”, Javier Corrales (2003) sintetiza el estado de la economía antes de las reformas usando la expresión “aumento del estatismo, significa declinación de la efectividad del Estado”, y caracteriza las reformas como “más mercados como receta para más efectividad del Estado”. En otras palabras, la inflación se convirtió en estanflación y, en algunos casos en hiperinflación, el signo más evidente de la incapacidad del Estado para dirigir la política económica.
En mayor o menor medida, hasta la década de 1980 casi todas las economías de América Latina sufrieron una inflación persistente. Cada vez que trataban de detenerla, reaparecía con más fuerza. En los años cincuenta y sesenta, los economistas keynesianos y estructuralistas creían que la inflación se debía a un ajuste de los precios relativos en un contexto en el que los precios nominales y los salarios eran inflexibles a la baja. Pero en los años setenta y ochenta, los economistas, en su mayoría, postularon que la persistente y acelerada inflación se debía sobre todo al déficit fiscal y las tensiones distributivas en la economía.
Para ese entonces, las economías latinoamericanas se enfrentaban a dos tipos de anormalidades. Por un lado, funcionaban de tal manera que los gastos e inversiones privados pasaron a manos del gobierno, por tanto, se incluyeron en el presupuesto. Por otra parte, los gobiernos no podían aumentar la recaudación de impuestos para financiar el aumento del gasto. Para empeorar las cosas, los sistemas fiscales se hicieron más complejos e incluyeron gravámenes distorsivos, que a menudo eran difíciles de controlar.
Como consecuencia de este doble problema, el déficit fiscal aumentó y puso a prueba la capacidad del Estado para financiarlo, ya sea a través de impuestos o deuda. Pero cuando el sistema de recaudación de impuestos no alcanzó para financiar todo el gasto y los gobiernos no pudieron aumentar más la deuda, la respuesta se redujo a la impresión de dinero, una manera sutil de recaudar un impuesto que no necesita aprobación por la legislatura, el impuesto inflacionario. En resumen, “el socialismo sin plan” no encuentra una manera de financiar sus desequilibrios que no sea cobrando un impuesto sobre las tenencias monetarias de la gente, incluyendo el ahorro y los salarios.
La tensión distributiva en la economía que se originó en la ausencia de mercados llevó al gobierno a intervenir caso por caso, decidiendo el nivel de los precios más importantes como los salarios, los precios de los servicios públicos y el tipo de cambio. Cuando los ingresos de un sector estaban atrasados, el gobierno trató de compensar a los productores, mediante la concesión de créditos subsidiados, lo que a su vez requería imprimir más dinero.
La inflación se disparó no solo debido a la impresión de dinero, sino también debido a devaluaciones abruptas de la moneda. Por lo general, un tipo de cambio fijo, acompañado de políticas fiscales y monetarias expansivas, termina en una abrupta devaluación. En las etapas posteriores de este proceso, el impuesto inflacionario se convirtió en la principal fuente de financiamiento estatal, dados los desequilibrios del sector privado. Esto ocurre cuando una economía opera con “capitalismo sin mercado”, como en América Latina en los años setenta y ochenta.
Durante los años en los que circunstancias especiales hacían que el crédito fuera abundante, los desequilibrios fiscales y las necesidades financieras del sector privado se satisfacían con el aumento de la deuda. Las economías emergentes podían evitar recurrir a la impresión de dinero para cumplir sus obligaciones durante un tiempo. Sin embargo, la tensión distributiva entre deudores y acreedores finalmente se desataba, y la inflación reaparecía reduciendo el valor de los activos y las deudas monetarias. Se provocaba así una transferencia masiva de riqueza de los acreedores a los deudores.
Además de provocar una redistribución arbitraria de los ingresos y la riqueza, la inflación también desalienta el ahorro voluntario y la inversión financiera dentro de las fronteras del país. Cuando apareció la hiperinflación, los gobiernos se tornaron incapaces de manejar no solo el presupuesto público, sino también los precios relativos. Ninguna de las herramientas económicas habituales producía el resultado deseado. La alta inflación persistente obstaculiza el desempeño económico, ya que afecta negativamente la inversión y la productividad de los factores de la producción. Por lo tanto, en América Latina, el resultado habitual no es una combinación de expansión económica y aceleración de la inflación, como en las economías maduras; por el contrario, el fenómeno que se extendió por toda la región fue la estanflación: la presencia simultánea de recesión e inflación.
Para el economista, si bien puede no haber ajuste fiscal planeado de ganar Alberto Fernández, cree que se producirá como resultado de una explosión inflacionaria
El resultado de las PASO y las declaraciones de Alberto Fernández llevaron a pensar a mucha gente que ya no habría ajuste fiscal, y mucho menos por reducción del gasto, independientemente de lo que pueda exigir el FMI.
Sin embargo, según indica el economista Domingo Cavallo, “es cierto que muy probablemente no habrá ajuste fiscal planeado. Pero en ese caso, lo que cabe esperar es que se produzca, como resultado de una explosión inflacionaria, una reducción del gasto en términos reales”.
El exministro de Economía dijo que en caso de ganar Mauricio Macri: “Las reacciones sociales contra el programa acordado con el FMI se acentuarían y el Congreso muy probablemente no le aprobaría el presupuesto ni las leyes que requiere el ajuste planeado”.
Mientras que, en caso de ser Alberto Fernández quien se quede con la elecciones presidenciales de octubre, “es muy difícil que la gente que lo llevó al gobierno vaya a admitir que sancione leyes totalmente contrarias a las que sugirió en su discurso electoral. Si lo intentara, las reacciones sociales y los conflictos políticos podrían ser, incluso, superiores a los que enfrentaría Macri”, aseguró.
Sea quien sea el ganador, sostiene que “en relación a los compromisos de pago de intereses y amortización de la deuda pública durante 2020 y 2021, es muy difícil que se logre atenuar o diferir su pago a través de un re-perfilamiento que no esté precedido por la declaración de una moratoria o espera generalizada”.
A continuación, el texto completo del economista en su blog:
El ajuste fiscal que el gobierno de Mauricio Macri había comprometido en su acuerdo con el FMI, pretendía ser planeado, acordado con las provincias y discutido en el Congreso Nacional. Lamentablemente fue tardío y comenzó más con la elevación de los impuestos que con la reducción del gasto.
El resultado de las PASO y las declaraciones de Alberto Fernández llevaron a pensar a mucha gente que ya no habría ajuste fiscal, y mucho menos por reducción del gasto, independientemente de lo que pueda exigir el FMI.
Es cierto que muy probablemente no habrá ajuste fiscal planeado. Pero en ese caso, lo que cabe esperar es que se produzca, como resultado de una explosión inflacionaria, una reducción del gasto en términos reales, incluso en magnitudes mayores a las que habría requerido un ajuste fiscal planeado.
Es alta la probabilidad de que el ajuste fiscal sea brutal, incluso si ganara Macri la elección (lo que a esta altura parece poco probable). En el caso de la continuidad de Macri, las reacciones sociales contra el programa acordado con el FMI se acentuarían y el Congreso muy probablemente no le aprobaría el presupuesto ni las leyes que requiere el ajuste planeado.
Si gana Alberto Fernández, además de que no tiene planeado ajuste fiscal alguno, es muy difícil que la gente que lo llevó al gobierno vaya a admitir que sancione leyes totalmente contrarias a las que sugirió en su discurso electoral. Si lo intentara, las reacciones sociales y los conflictos políticos podrían ser, incluso, superiores a los que enfrentaría Macri.
El drama de que el ajuste fiscal se produzca por una explosión inflacionaria, es que, aún logrado como impacto inicial una cierta reducción del gasto en términos reales, no será capaz de generar superávits fiscales duraderos, porque ahora, a diferencia de lo que ocurría en 2002, las jubilaciones y las demás prestaciones sociales están fuertemente indexadas por la inflación de los trimestres precedentes. Y algo parecido ocurre con los salarios, tanto del sector privado como del sector público.
En relación a los compromisos de pago de intereses y amortización de la deuda pública durante 2020 y 2021, es muy difícil que se logre atenuar o diferir su pago a través de un re-perfilamiento que no esté precedido por la declaración de una moratoria o espera generalizada. Mientras dure esa espera y hasta que no quede bien reestructurada la deuda, el sector público no tendrá crédito, ni externo ni interno.
Todo el déficit fiscal remanente y la parte de la deuda interna que casi seguro deberá ser honrada en los plazos originales, sólo podrá financiarse con emisión monetaria. Esa deuda no es insignificante porque incluye a la que está en manos de personas humanas y a la de acreedores (tenedores de LECAPs y LETEs) que no puedan continuar con sus operaciones comerciales o industriales por habérsele atrapado su capital de trabajo, problemas que necesariamente el gobierno deberá atender.
Como mínimo, el año 2020 será otro año de estanflación, incluso más acentuada que en los años anteriores. El fantasma de la hiperinflación estará a la vuelta de la esquina.
Un pacto social que quiera controlar precios y salarios, si no va precedido de un pacto parlamentario y con las provincias, que recree la posibilidad de un ajuste fiscal planeado, en el mejor de los casos, sólo actuará como un paliativo para demorar la explosión.
Inapropiada comparación con el período 2003-2007
Las múltiples referencias elogiosas a los superávits gemelos del 2003 al 2007 que llevan a pensar que Alberto Fernández podrá reeditar la recuperación económica y el crecimiento que logró el Kirchnerismo en su primer mandato, no mencionan que en el año 2002 se produjo un ajuste fiscal brutal, mucho mayor al que en forma planeada venía llevando a cabo el gobierno de De la Rúa.
Ese ajuste se logró mediante el recurso de una explosión inflacionaria. Los salarios del sector público y las jubilaciones se redujeron casi un 20 % a lo largo de 2002, adicional a la caída que se había producido por la recesión de los años anteriores. El costo de la vida aumentó un 42% provocado por la devaluación que se originó en la pesificación compulsiva de todos los depósitos en dólares.
Los salarios reales y las jubilaciones demoraron mucho en recuperarse, porque no existían mecanismos de indexación automática. Por consiguiente, el gasto público primario se redujo y se mantuvo más bajo por varios años y esto, sumado al default de todas las deudas, tanto internas como externas, redujo prácticamente a cero la factura de intereses. Obviamente, se consiguió producir un superávit fiscal que duró hasta 2007, pero se lo hizo con cuchillo de carnicero, no con bisturí de médico especialista. En 2002, el PBI cayó 10%, adicional al 15 % que ya había caído desde 1998 a 2001.
El gobierno que produjo este ajuste enfrentó fuerte oposición social, y luego de las muertes de Kosteki y Santillán, no pudo completar su mandato. Duhalde debió anunciar que no entregaría el poder el 10 de diciembre de 2003 sino el 25 de mayo de ese año. Cuando se mencionan los casos de gobiernos que no pudieron completar sus mandatos, sólo se hace referencia a los de Alfonsín y De la Rúa, pero siempre se omite decir que al de Duhalde le ocurrió lo mismo.
La reactivación y el crecimiento del período 2003-2007 no hubiera sido posible sin el ajuste fiscal brutal que le precedió. Y tampoco hubiera sido posible si las circunstancias internacionales no hubieran cambiado significativamente como lo hicieron desde mediados de 2002 en adelante. Desde 1998 hasta ese momento, el Dólar se había estado apreciando frente a todas las monedas y los precios de nuestras mercancías de exportación se habían desplomado. A mediados de 2002 el Dólar comenzó a depreciarse y nuestros precios de exportación a subir a un ritmo inédito en el pasado.
Como te digo una cosa, te digo la otra, reza una canción de Joaquín Sabina. Ahora que el Gobierno Nacional lleva más de 10 semanas consecutivas de calma en el mercado cambiario, cada vez más aparecen en la city porteña las advertencias del efecto nocivo por la baja de la moneda norteamericana.
Sobre todo, teniendo en cuenta que el dólar queda clavado o incluso baja en medio de un proceso inflacionario que marcha viento en popa, más allá de la desaceleración que probablemente se evidencie en los indicadores de junio que se conocerán esta semana.
Ahora se sumó a ese coro el ex ministro Domingo Felipe Cavallo, quien dijo que “el Gobierno no debería dejar apreciar tanto el peso” y sugirió fijar las bandas de flotación del dólar “entre los 43 y los 45 pesos”.
“El Gobierno no debería dejar apreciar tanto el peso, debería fijar las bandas de flotación del dólar entre los 43 y los 45 pesos y si baja de 43 el Banco Central debe salir a comprar” la moneda estadounidense, explicó en declaraciones a Radio Mitre publicadas en Ambito.com.
El economista vaticinó que “la gran solución vendrá con el nuevo gobierno, que creo que volverá a ser Macri porque la gente le dará la posibilidad de un segundo mandato”.
“Allí tendrá que presentar un plan completo que no solo apunte a la estabilidad monetaria y de los precios, debe generar un clima de crecimiento, con énfasis en las exportaciones”, agregó.
En su opinión, una de las medidas importantes para impulsar la economía pasar por “eliminar todos los impuestos y regulaciones que traban la actividad exportadora”.
A menos de un mes para las PASO, el dólar profundizó este viernes su tendencia a la baja hasta tocar su menor valor en 90 días, y terminó la esmana debajo de la cota de los 43 pesos, según el promedio de Ambito.com en bancos y agencias de cambio de la city porteña, indicó el diario especializado en economía.