Estados Unidos

La devaluación no es una solución al endeudamiento

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Escribe Daniel Lacalle / Mises Institute – Devaluar el dólar estadounidense: cómo hacer que Estados Unidos vuelva a ser más pobre

En los últimos días, hemos leído numerosos artículos sobre un posible acuerdo entre la administración estadounidense y sus principales socios comerciales para devaluar el dólar estadounidense. Se le ha llamado “El Acuerdo de Mar-A-Lago”, un concepto inspirado en el Acuerdo Plaza de 1985, que tenía como objetivo devaluar el dólar estadounidense para abordar los desequilibrios comerciales. Ese plan fracasó.

El objetivo, según los medios financieros, sería debilitar el dólar estadounidense, impulsar la competitividad de las exportaciones estadounidenses y reequilibrar el comercio mundial. Otra propuesta consiste en reestructurar la deuda estadounidense mediante el intercambio de las obligaciones existentes por bonos a más largo plazo, como los bonos del Tesoro a 100 años, para aliviar las presiones fiscales. Sin embargo, esta sería una idea peligrosa y potencialmente contraproducente.

El concepto del Acuerdo de Mar-A-Lago parte de dos premisas equivocadas, que son creer que las exportaciones estadounidenses no son lo suficientemente grandes debido a una moneda fuerte y que la deuda es demasiado alta debido a la fortaleza del dólar estadounidense. Ambas son simplemente incorrectas.

Las exportaciones de Estados Unidos son relativamente bajas en comparación con otras naciones, con un 11 por ciento del PIB, en comparación con el 42 por ciento de Alemania, el 29 por ciento del Reino Unido o el 21 por ciento de Japón, por ejemplo. Sin embargo, las principales razones de las exportaciones relativamente pequeñas de Estados Unidos no tienen nada que ver con la moneda. Estados Unidos es un mercado enorme y las empresas nacionales no necesitan exportar para fortalecer sus ganancias y ventas. También es rica en recursos naturales, lo que la hace relativamente autosuficiente, lo que reduce la necesidad de importaciones y, por extensión, limita el incentivo a la exportación. Estados Unidos es el mayor productor de petróleo y gas del mundo, y el valor estimado de sus recursos naturales es de aproximadamente 45 billones de dólares. Además, con 331 millones de personas en 2023, el gasto de los consumidores representa aproximadamente el 70 por ciento del PIB de EE. UU.

Estados Unidos es uno de los mercados más grandes del mundo, pero lo más importante es que es el más rico. La mediana del gasto de los consumidores individuales es mucho mayor que en países como China o India, y el tercio superior de la distribución del ingreso representa alrededor del 56 por ciento del gasto. Con 5 billones de dólares en 2024, es el mayor mercado minorista del mundo. Además, la economía de los Estados Unidos es principalmente una economía de servicios. Los servicios, incluidos los servicios profesionales y empresariales, son más difíciles de exportar, y el tamaño y la riqueza del mercado interno hacen que en la mayoría de los casos no sea necesario vender en el extranjero.

La manufactura en los Estados Unidos no es pequeña, del 10 por ciento del PIB, debido a la fortaleza de la moneda nacional, sino a las cargas impuestas por la regulación a las industrias. Además, reducir artificialmente los costos con una moneda más débil es una fórmula perdedora, ya que siempre hay alguien más dispuesto a destruir su moneda más rápido.

La manufactura estadounidense no puede competir en el extranjero destruyendo el poder adquisitivo de la moneda. Significa pobreza inmediata para los estadounidenses. Debe competir en productos de valor agregado, como lo han demostrado la tecnología y otros sectores.

Canjear la deuda existente a corto plazo por bonos a largo plazo también es una pésima idea porque crearía el incentivo para que el gobierno aumente el endeudamiento y no aborde su problema de gasto estructural. Reestructurar la deuda forzando una depreciación artificial del dólar estadounidense también asustaría a los inversores en bonos, que temerían, con razón, que otras administraciones recurrieran al mismo truco en el futuro. ¿Por qué compraría un bono a 100 años de una nación que puede devaluar su moneda regularmente cada vez que regresan esos desafíos de deuda? Esta propuesta no es una herramienta para mantener al dólar estadounidense como moneda de reserva mundial, sino una garantía de pérdida de su estatus global.

Ninguno de los desafíos de exportación y deuda de Estados Unidos mejoraría con una devaluación del dólar estadounidense, y uno crucial se deterioraría: la inflación.

Estados Unidos ya sufre una inflación elevada debido a las políticas fiscales y monetarias equivocadas. La inflación acumulada del 24 por ciento sufrida por los estadounidenses en los últimos cuatro años provino precisamente de las medidas intervencionistas sobre la cantidad y el precio del dinero, que inflaron el gasto público y la deuda, lo que llevó a un crecimiento récord de la oferta monetaria en décadas y, con él, a las actuales presiones inflacionarias. Con una devaluación, los precios subirían inmediatamente en dólares estadounidenses y el poder adquisitivo de los salarios disminuiría.

La devaluación no mejora la productividad ni el valor agregado industrial, por lo que cualquier disminución en los costos se traduciría en el empobrecimiento de los trabajadores y ahorradores estadounidenses.

La devaluación es un default de facto y la manifestación de la insolvencia de una nación.

No se puede esperar devaluar la moneda al mismo tiempo que se controla la inflación y la deuda. La devaluación hace que el gobierno abandone el ajuste necesario de sus hábitos de gasto, y el problema de la sostenibilidad de la deuda resurge en un corto período de tiempo. Los salarios reales sufren, el consumo real se debilita, toda la economía se empobrece artificialmente en dólares estadounidenses a medida que aumenta la inflación, y solo los sectores clientelas y el gobierno se benefician porque pueden perpetuar sus ineficiencias y desequilibrios en una moneda cada vez menos valiosa.

La devaluación no es una solución al endeudamiento. Incentiva un mayor endeudamiento en un gobierno que ya es adicto al gasto. Además, empeora el efecto de desplazamiento, ya que la deuda pública desplaza al crédito del sector privado, que se encarece a medida que la moneda se debilita y la inflación aumenta.

Si la devaluación de la moneda fuera una medida real de competitividad, Argentina y Venezuela serían las naciones más competitivas del planeta.

La devaluación zombifica a unos pocos sectores clientelares poco competitivos y a un gobierno fiscalmente irresponsable a costa de empobrecer a todos los demás.

Un dólar estadounidense fuerte reduce las presiones inflacionarias y mantiene bajas las tasas de interés. Ambos efectos son positivos para los ahorradores, los trabajadores y las familias a medida que la economía privada se fortalece y los salarios reales mejoran. Un dólar estadounidense fuerte también es positivo para el gobierno y las empresas. El capital y la inversión extranjera directa fluyen hacia los EE.UU., y los costos de endeudamiento de las empresas y el gobierno se mantienen bajos debido al aumento de la demanda. Las empresas también pueden realizar adquisiciones internacionales a un costo más barato, tanto en tasas más bajas como en ajustes cambiarios.

Una política monetaria sólida y una moneda fuerte también son esenciales para mantener el estatus de moneda de reserva mundial. Si una pequeña proporción de los sectores económicos de EE.UU. sufre de un dólar fuerte, es un precio que vale la pena pagar a cambio de ser la nación más rica del mundo, con la moneda más utilizada, una reserva de valor y una inversión digna para el resto del mundo.

El mayor error que puede cometer la administración Trump es seguir políticas de devaluación de empobrecer al vecino para disfrazar un desequilibrio estructural del gobierno.

La devaluación no es una herramienta para las exportaciones. Es una herramienta para el amiguismo y siempre termina con la desaparición de la moneda como reserva valiosa.

Los problemas de los Estados Unidos son complejos y no hay una solución fácil. Necesita abordar su excesiva regulación e impuestos que agobian a los fabricantes, pero también necesita frenar el gasto público y la interminable flexibilización monetaria que erosiona el poder adquisitivo de los salarios y hace sufrir a las familias y las pequeñas empresas.

Si la administración actual trabaja para defender los empleos estadounidenses, los salarios de los trabajadores y las familias, un dólar estadounidense fuerte es prueba de que está logrando sus objetivos.

Una economía fuerte no necesita una moneda débil.

Daniel Lacalle economista y gestor de fondos, profesor de economía global en el IE Business School de Madrid.

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La guerra santa del presidente Trump

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Escribe Juan Luis Bour / FIEL – La “nueva política económica” del presidente Trump se parece menos a la política de reformas de Lenin de 1921 para introducir mayor libertad económica en un régimen de represión, y más a la “revolución cultural” de Mao de 1966 que procuraba reprimir y controlar más para gobernar sin obstáculos. Ninguna de ellas tuvo éxito, pero eso no obsta a que –dadas las facultades que tiene el presidente Trump- se intente un cambio en las condiciones de comercio mundial a partir de una suerte de guerra que recién empieza y que enfrenta a aliados y adversarios.

Las respuestas no se hacen esperar, y notablemente China ha introducido aranceles a los productos de EEUU que pueden tener un impacto considerable en la cadena de produccion americana y mundial, teniendo en cuenta la estrecha conexión que existe en las cadenas de suministros mundiales. Si no hubo movimientos o negociaciones previas a la medida unilateral americana es en parte porque se desconocía el programa –todo indica que había un “círculo rojo” que lo mantenía en secreto- y porque una buena parte de los analistas creyeron siempre que se trataba de una estrategia de Trump para amenazar y obtener alguna concesión, pero que no pasaría a mayores.

La magnitud del impacto abre la posibilidad de que la estrategia vaya cambiando a medida que se ven las primeras “bajas” en esta guerra iniciada en forma más tímida el 4 de marzo con Canadá y México, y en forma abierta desde el 5 de abril con el resto del mundo. Nadie puede excluir que haya retiradas tácticas de las tropas, es decir que se abran negociaciones que vayan excluyendo a algunos productos de algunos países. Esa alternativa parece excluida como regla general, ya que el principio que guía las medidas está inscripto en una formulita que supone un castigo para quienes tienen superávit de comercio con EEUU, pero a ello se le agrega una cláusula que dice que se impone un arancel mínimo de 10% a los que tienen déficit y a quienes elige la Administracion (por ejemplo, no pertenecen a determinado bloque comercial, o están en un área geográfica particular).

Los principios económicos que guían estas acciones serian reprobados por cualquier persona medianamente formada en economía, historia y política, pero estos son los principios de la Administración Trump. Si no le gustan diría Groucho Marx, tengo otros. Pero en este caso probablemente no los tenga, porque estamos frente a una decisión política brutal de ir a la guerra convencidos de que le doblaremos el brazo al resto del mundo. Se trata de una guerra Santa, una Cruzada.

Henri Pirenne, el gran historiador belga, nos enseña en su Historia de Europa que la primera Cruzada (1095) es la madre de todas las Cruzadas, y es hija de su tiempo. Es en efecto la condición social de Europa en ese momento que la hace posible. Quizás esta Guerra Santa que estamos presenciando de parte de la Administracion Trump tiene las mismas características, ya que no podría haber ocurrido en los ‘90 o en los 2000, en que el mundo estaba expandiéndose fuertemente con China, luego India y otros emergentes sumándose al crecimiento de la economía mundial y ampliando el comercio.

No sabemos cómo se desarrollará y cuánto tiempo insumirá esta guerra más allá de los primeros detalles, y ni siquiera la Reserva Federal pudo despejar el escenario. De hecho el presidente Jerome Powell advirtió el 4 de abril que “enfrentamos una perspectiva altamente incierta con riesgos elevados de más alto desempleo y mayor inflación”. Y todo el speech repite como un mantra que tanto las políticas en términos de extensión y duración, así como las reacciones de los socios comerciales, y la persistencia de los efectos de las nuevas políticas en materia tarifaria, migratoria y regulatoria habrán de mantener elevada la incertidumbre por algún tiempo. Ello supone un escenario en que las políticas se van “descubriendo”, los países van asimilando y respondiendo quizás con nuevas barreras y aranceles, a lo que podría responder nuevamente la Administracion.

Y en el medio tienen que empezar a actuar los bancos centrales, ajustando escenarios y simplemente observando durante algún tiempo el daño sobre activos y flujos. En este escenario lo único que puede aconsejarse a nuestros países es no atarse al mástil del barco que emprende la guerra, por seguro que parezca. Los países tendrán que adaptarse y enfrentar shocks de distinta índole –monetarios, cambiarios, comerciales, migratorios- por el tiempo que dure la guerra. En algún momento la guerra cesa, pero esto recién empieza, y por lo tanto durante este periodo se va a requerir mucha flexibilidad para mantener la economía y la inversión a flote.

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China desafía a Trump: “Estamos listos para cualquier tipo de guerra”

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Luego de que Donald Trump anunciara aranceles, China declaró está preparada para “una guerra comercial o cualquier otro tipo de guerra”.

El Ministerio de Exteriores del régimen de Xi Jinping dijo que su país puede “luchar hasta el final” en un eventual conflicto. Poco después, se anunció una mayor inversión militar en la Asamblea Nacional Popular.

“Si lo que Estados Unidos quiere es una guerra, ya sea una guerra arancelaria, una guerra comercial o cualquier otro tipo de guerra, estamos dispuestos a luchar hasta el final”. La conclusión de un mensaje del vocero del Ministerio de Exteriores de China en su cuenta de X es una amenaza que eleva las tensiones al máximo y, por primera vez, sugiere tácitamente un enfrentamiento militar entre ambas potencias.

La frase cierra un largo texto publicado tras la confirmación de los aranceles de EEUU a los productos chinos, un intento del gobierno de Donald Trump de obtener mayor compromiso de Beijing para luchar contra el tráfico de fentanilo.

El organismo de gobierno del régimen de Xi Jinping considera que “el problema del fentanilo es una excusa endeble para aumentar los aranceles estadounidenses a las importaciones chinas” y asegura que el consumo de la droga cuyos precursores llegan desde Asia al país norteamericano es responsabilidad de Washington.

El Ministerio de Exteriores asegura que “cualquiera que ejerza la máxima presión sobre China está eligiendo a la persona equivocada y calculando mal”.

China sostiene que ha realizado esfuerzos para “ayudar” a Estados Unidos en el problema del fentanilo, pero que en lugar de trabajar en conjunto, “Estados Unidos ha tratado de difamar y echarle la culpa a China, y está tratando de presionar y chantajear a China con aumentos de aranceles”.

La disputa comercial generada por este tema “no va a resolver el problema de Estados Unidos y socavará nuestro diálogo y cooperación antinarcóticos”, señala la cancillería de Beijing.

Presupuesto militar en alza

China dijo el miércoles que aumentará su presupuesto de defensa en un 7,2% este año, mientras continúa su campaña para construir un ejército más grande y moderno para afirmar sus reclamos territoriales y desafiar el liderazgo de defensa de Estados Unidos en Asia.

El gasto militar de China sigue siendo el segundo más grande después de Estados Unidos y ya tiene la marina más grande del mundo.

El presupuesto, que suma alrededor de 245 mil millones de dólares, fue anunciado en el Congreso Nacional Popular, la reunión anual de la legislatura de China. El Pentágono y muchos expertos dicen que el gasto total de China en defensa puede ser un 40% más alto o más debido a los artículos incluidos en otros presupuestos.

El aumento es el mismo porcentaje que el año pasado, muy por debajo de los aumentos porcentuales de dos dígitos de los años anteriores y refleja una desaceleración general de la economía. Los líderes de la nación han establecido un objetivo de alrededor del 5% de crecimiento para este año.

Las tensiones con Estados Unidos, Taiwán, Japón y los vecinos que tienen reclamos superpuestos sobre el crucial Mar de China Meridional se consideran como el impulsor del gasto en tecnologías militares cada vez más avanzadas. Entre ellos se incluyen cazas furtivos, los tres portaaviones del país (que pronto serán cuatro) y una amplia expansión de su arsenal nuclear.China generalmente atribuye los aumentos presupuestarios a ejercicios y mantenimiento y a la mejora de las vidas de sus 2 millones de miembros del servicio.

China reitera su oposición a la independencia de Taiwán

El Ejército Popular de Liberación (la rama militar del gobernante Partido Comunista) ha construido bases en islas artificiales en el Mar de China Meridional, pero su principal objetivo es afirmar el control chino sobre Taiwán, una democracia autónoma que Pekín reclama como su propio territorio y que tiene estrechos vínculos con Estados Unidos.

China envió un contingente militar relativamente pequeño cerca de Taiwán el miércoles, apenas unos días después de enviar docenas de aviones. Tales misiones tienen como objetivo desmoralizar y desgastar las defensas de Taiwán, que han sido reforzadas con F-16, tanques y misiles estadounidenses modernizados, junto con armamentos desarrollados en el país.

En sus comentarios en el Congreso, el primer ministro Li Qiang dijo a los casi 3.000 leales al partido que China todavía prefiere una solución pacífica al problema de Taiwán, pero “se opone resueltamente” a quienes presionan por la independencia formal de Taiwán y a sus partidarios extranjeros.

“Avanzaremos firmemente la causa de la reunificación de China y trabajaremos con nuestros compatriotas chinos en Taiwán para hacer realidad la gloriosa causa del rejuvenecimiento de la nación china”, dijo Li.

El ministro de Defensa de Taiwán dijo esta semana que la isla está planeando aumentar el gasto militar ante la “rápidamente cambiante situación internacional y las crecientes amenazas de los adversarios”.

Sintiendo la crisis económica

Ante un crecimiento más lento, China probablemente priorizará los objetivos estratégicos clave sobre las reformas sociales y económicas, dijo Antonia Hmaidi, analista senior del Instituto Mercator para Estudios de China.

“Esos recursos son más importantes para los objetivos del PCCh de promover una agenda tecnoindustrial y modernizar el ejército”, dijo Hmaidi, utilizando un acrónimo del gobernante Partido Comunista Chino.

El presidente chino, Xi Jinping, que supervisa las fuerzas armadas, ha intentado imponer reformas importantes y ha destituido a altos dirigentes militares, entre ellos dos ex ministros de defensa y el jefe del cuerpo de misiles.

Sin embargo, no está claro si eso reducirá la influencia de las fuerzas armadas, y la agencia de noticias oficial Xinhua publicó un artículo después del anuncio del miércoles en el que elogiaba al gobierno por mantener el gasto en defensa por debajo del 1,5% del PIB durante la última década y criticaba a Estados Unidos por no recortar su gasto.

“El desarrollo de China fortalece las fuerzas mundiales por la paz, y el país nunca buscará la hegemonía ni se involucrará en el expansionismo, sin importar en qué etapa de desarrollo se encuentre”, dijo Xinhua, utilizando términos chinos estándar que definen su postura como de naturaleza puramente defensiva.

En su informe de 2004 sobre los acontecimientos militares y de seguridad que involucran a China, el Departamento de Defensa de Estados Unidos describió las ambiciones cada vez mayores de China, diciendo que los “conceptos y capacidades del EPL se centran en proyectar poder lejos de las costas de China”.

El movimiento de la Armada de la defensa en alta mar a la protección en mar abierto y el interés de la Fuerza Aérea en convertirse en una fuerza estratégica “reflejan el interés del EPL en realizar operaciones más allá (de China) y su periferia inmediata”, dijo el departamento.

(Con información de AP)

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Ucrania aceptó firmar el acuerdo para concederle a Estados Unidos la explotación de sus minerales

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Luego de una semana de escalada retórica de Donald Trump contra Volodimir Zelensky, a quien llegó a llamar “dictador”, el gobierno de Ucrania anunció que aceptará firmar un acuerdo por un valor de 500.000 millones de dólares para concederle a Estados Unidos la explotación de sus minerales. El mandatario ucraniano viajaría este viernes a Washington para rubricar el pacto.

El diario Financial Times y luego un alto funcionario ucraniano afirmaron que los dos países habían acordado los términos del texto. “Estados Unidos retiró las cláusulas desfavorables. El viernes podría realizarse la firma en Washington”, informó a la prensa internacional el dirigente ucraniano bajo condición de anonimato.

Por su parte Trump, en diálogo con los periodistas en el Salón Oval, dijo: “Escuché que está viniendo el viernes. Ciertamente para mi está bien, si él quiere”.

El enfrentamiento entre los dos mandatarios se agudizó hace un par de semanas luego de la visita a Kiev del Secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, en la que Ucrania rechazó un pacto para dar acceso a sus tierras raras -un elemento crítico para la fabricación de electrónicos-, como compensación por los miles de millones de dólares en ayuda para hacer frente a la invasión rusa que recibió bajo la presidencia de Joe Biden.

A partir de ese momento el magnate norteamericano endureció su retórica, mientras avanzaba en el diálogo con el presidente ruso Vladimir Putin. Trump llegó incluso a decir que Zelensky “no es tan importante” en las negociaciones para poner fin a la guerra en Ucrania.

Ahora, el acuerdo que firmarían los dos mandatarios permitiría a Estados Unidos explotar conjuntamente la riqueza mineral de Ucrania. Los ingresos se destinarían a un fondo recién creado que sería “conjunto para Ucrania y Estados Unidos”, dijo un alto responsable ucraniano.

Según la fuente ucraniana, el borrador del acuerdo incluye una referencia a la “seguridad” de Ucrania, tal como exigía Kiev, aunque no da detalles específicos sobre el papel de Estados Unidos.

Trump ha dado un vuelco a la política exterior de Estados Unidos desde que asumió el cargo el mes pasado, abriendo el diálogo con el presidente ruso Vladimir Putin para poner fin al conflicto en Ucrania, mientras amenaza a los aliados tradicionales de Washington.

Ucrania espera que este acuerdo mejore las relaciones con la administración Trump.

La semana pasada, luego de llamar “dictador” a Zelensky, le pidió que actuara rápido para poner fin a la guerra, un día después de que representantes rusos y estadounidenses mantuvieran conversaciones en Arabia Saudita sin representantes de Kiev.

Ucrania concentra alrededor del 5% de los recursos minerales del mundo, pero no todos son explotados o fácilmente explotables.

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El Departamento de Justicia de Estados Unidos analiza posibles delitos en el caso $LIBRA

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Una semana después del lanzamiento y el colapso de la “memecoin” $LIBRA, la maquinaria del Departamento de Justicia de Estados Unidos (USDOJ) se puso en marcha. La recopilación y el análisis inicial de datos estuvo a cargo de los expertos de la Sección Fraudes de la División Criminal, unidad especializada en delitos económicos y financieros complejos, así como en casos de corrupción cometidos por empresas o ciudadanos estadounidenses en el extranjero.

La reacción se produjo tras recibir, al menos, un “reporte de operaciones criminales” contra los responsables de $LIBRA, presunta megaestafa que habría defraudado entre 87 y 107 millones de dólares, afectando a miles de inversores en Argentina, Estados Unidos y otros países, e impactando en empresas cripto como KIP Protocol, Jupiter y Meteora, donde incluso se vio la caída de un alto ejecutivo.

Dicho reporte señalaba de forma explícita el rol desempeñado por el presidente Javier Milei durante el lanzamiento y colapso de $LIBRA —mediante dos publicaciones en X— e identificaba como responsables también al estadounidense Hayden Mark Davis, al singapurense Julian Peh y a los empresarios argentinos Mauricio Novelli y Manuel Terrones Godoy, de origen español.

Con base en los datos preliminares, el USDOJ podría ampliar la investigación mediante un trabajo interinstitucional o “task force”, similar a otros casos en los que participaron agentes del FBI, funcionarios del Departamento de Seguridad Interior (DHS) y representantes de la Comisión de Valores (SEC). En ocasiones previas, dichos equipos han dado lugar a declaraciones de arrepentimiento y a acuerdos de culpabilidad.

El Departamento de Justicia no respondió desde el jueves, mientras que un portavoz de la SEC indicó el viernes que no comentaría “sobre la existencia o no existencia de una posible investigación”.

“Malos actores”

La respuesta formal de la SEC se produjo pocas horas después de que la comisión anunciara la creación de la Unidad de Tecnologías Ciber y Emergentes (CETU), que reemplaza a la antigua Unidad Ciber y de Activos Cripto. La CETU tiene como objetivo “proteger a los pequeños inversores de los malos actores en el espacio de las tecnologías emergentes” y perseguir a quienes “busquen tergiversar la innovación para perjudicar a los inversores y minar la confianza en las nuevas tecnologías”, ejemplificando con estafas relacionadas con la tecnología blockchain y los criptoactivos.

El viernes 14, apenas un minuto después de las 19:00 (hora local, dos horas menos en Nueva York), el presidente Javier Milei desató un escándalo que le valió denuncias penales y un pedido de juicio político en Argentina. A través de la red social X, Milei anunció un “proyecto privado” destinado a “incentivar el crecimiento de la economía argentina, fondeando pequeñas empresas y emprendimientos nacionales”. Cuando el proyecto fracasó, el mandatario sostuvo, tres días después, que quienes operaban con el token debían conocer los riesgos, equiparándolo a apostar en un “casino” o a jugar a la “ruleta rusa”.

El rostro más visible detrás del lanzamiento y colapso de $LIBRA es Hayden Mark Davis, un estadounidense de 28 años. Según sus allegados, hasta hace pocos días se encontraba en Dallas, Texas, donde contrató servicios de custodia privada y se trasladó a un lugar secreto ante amenazas que, según él, estaba enfrentando.

Horas después del colapso, Davis contrató a la abogada argentina Yanina Nicoletti, especialista en Derecho Penal Tributario y en delitos económicos complejos tanto en Estados Unidos como en Argentina. Diversos asesores le recomendaron evitar nuevas entrevistas a la prensa, pues sus declaraciones podrían agravar su situación legal, según reveló el diario La Nación.

En dos entrevistas concedidas al periodista y youtuber Stephen Findeisen, alias “Coffeezilla”, y al inversor Dave Portnoy, Davis habría admitido, entre otros posibles delitos, su participación en la manipulación de la cotización de $LIBRA y de una memecoin anterior, $Melania; la entrega de información privilegiada a terceros; y que ejecutivos de las plataformas involucradas también habrían infringido la ley. Además, reconoció haber retenido dinero de inversores, salvo Portnoy, a quien devolvió US$5 millones invertidos y perdidos en $LIBRA.

Estafa, FBI y prisión federal

Como máximo ejecutivo de Kelsier Ventures, con domicilio legal en Delaware, Hayden Davis figura en el sitio oficial de la firma junto a su hermano Gideon. Por su parte, su padre, Charles Thomas Davis, aparece como “chairman” del grupo. Este último, que según sus propias declaraciones protagonizó una estafa años atrás, fue investigado por el FBI, condenado y cumplió al menos un año en prisión federal, para luego convertirse en pastor, propietario de una cadena de restaurantes en la Costa Oeste y, finalmente, incursionar en el mundo cripto, donde es conocido como “Dr. Tom”.

Mientras el Departamento de Justicia da sus primeros pasos, el estudio jurídico neoyorquino Burwick Lawy, especializado en la protección legal de consumidores digitales, explora “potenciales avenidas” para recuperar el dinero de más de 200 clientes representados en Argentina, Estados Unidos y otros países. Según el bufete, “la situación todavía se está desarrollando y evoluciona rápidamente”.

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