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La industria recortó su caída en abril y FIEL detecta señales de recuperación con fuerte heterogeneidad sectorial

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El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en abril de acuerdo a información preliminar una mejora interanual de 0.8%, encadenando un bimestre de avance y recortando la caída acumulada en el primer cuatrimestre a 0.3% en comparación con el período enero abril del año pasado (véase Tabla 1 y Gráfico Nº 1).

En el mes, ocho de diez ramas que reporta FIEL mostraron un avance en la comparación interanual. El mejor desempeño entre los sectores de actividad lo mostró el de los insumos químicos y plásticos, encadenando tres meses de mejora en la comparación interanual. Al interior de la rama, en abril volvió a repetirse un alza en la producción de químicos y petroquímicos básicos por efecto de paradas realizadas en 2025, al tiempo que la producción de neumáticos mostró una profunda contracción, sumando veintiséis meses en retroceso y sin perspectivas de mejora. Desde mayo, el cese de la producción de negro de humo impactará negativamente en la subrama de petroquímicos básicos y en los bienes de uso intermedio en conjunto.

Entre los sectores con contracción de la producción en abril se encuentran el de los minerales no metálicos y el automotriz. En el mes, al interior del bloque de los minerales no metálicos se registró una caída generalizada en los despachos y producción de insumos, lo que estaría explicado en parte por condiciones climáticas adversas para la actividad de la construcción. En efecto, en el Área Metropolitana de Buenos Aires se registró un récord de jornadas con precipitaciones y una marca histórica en términos de volúmenes de agua acumulada, al tiempo que las lluvias también marcaron records en el centro y norte del país por la presencia del fenómeno de El Niño afectando el normal desarrollo de actividades.

En el caso de la industria automotriz, se anticipaban bajas en los registros de actividad a causa de la realización de paradas de distinta magnitud y motivos en las terminales ‐reducción de producción por caída de exportaciones, problemas de abastecimiento de autopartes, adecuación de líneas de producción para el lanzamiento de nuevos modelos‐, que afectaron la producción. En términos de ventas, los despachos de las terminales volvieron a caer en abril sumando tres meses de retroceso, mientras que los patentamientos luego del impasse observado en marzo registraron una nueva caída. Por su parte, las exportaciones repitieron la mejora de marzo por el aporte de los envíos de utilitarios.

En cuanto al desempeño de los sectores en el primer cuatrimestre y en la comparación interanual, el ranking de crecimiento lo lidera la refinación de petróleo con una mejora acumulada de 8.8%, seguida de la producción de alimentos y bebidas con un alza de 4.0%, de la de las industrias metálicas básicas con un avance de 3.8%, y de los químicos y plásticos con un incremento de 2.1%. Con un retroceso superior al promedio de la industria se colocan la metalmecánica (‐0.5%), la producción de papel y celulosa (‐0.8%), la de insumos textiles (‐0.9%), los despachos de cigarrillos (‐1.3%), la de minerales no metálicos (‐6.1%) y la de automotores (‐18.9%), en cada caso en la comparación con el nivel de actividad acumulado entre de enero y abril de 2025 (véase Gráfico Nº 2).

En el cuatrimestre el mayor aporte para amortiguar la caída de la industria lo realizó la producción de alimentos y bebidas, al tiempo que la mayor contribución a la contracción de la actividad lo hizo la industria automotriz. Desde la perspectiva de los tipos de bienes producidos, en el primer cuatrimestre y en la comparación interanual, los bienes de consumo no durable lideran el ranking con un crecimiento de 3.3%, seguidos de los bienes de uso intermedio con una mejora acumulada 0.8%. Con una contracción superior al promedio se colocan los bienes de capital que acumulan un retroceso de 4.7%, seguido de los bienes de consumo durable con una merma del 8.7%, en cada caso en los primeros cuatro meses del año y en la comparación con el mismo periodo de 2025. Respecto a los primeros tres meses del año, los bienes de uso intermedio elevaron su aporte al crecimiento mientras que los de consumo durable y capital recortaron la contracción acumulada. Los bienes de consumo durable hacen el mayor aporte al retroceso de la industria en lo que va de 2026 (véase Gráficos Nº 3).

En términos desestacionalizados, la producción industrial del mes de abril registró un alza de 0.8% respecto al mes anterior. Las señales que indican que la industria se encontraría transitando una nueva fase de recuperación se han fortalecido, identificando a septiembre de 2025 como un potencial punto de giro. Desde aquel mes la actividad acumula un crecimiento del 7.2% equivalente anual, superando el ritmo alcanzado en las expansiones que comenzaron en mayo de 2014 y septiembre de 2016, y que en siete meses habían acumulado un crecimiento anual de 4.8% y 5.5%, respectivamente. No obstante, la actual dinámica de crecimiento rezaga respecto a la alcanzada en nueve de los episodios de recuperación de la industria desde 1980.

En síntesis. La industria mostró en el mes de abril por segundo mes una ligera mejora interanual, con ocho de diez ramas registrando un avance. La producción de químicos y plásticos volvió a tener un alza en parte por un efecto de base en 2025, mientras que la producción automotriz registró nuevamente la caída más profunda entre las ramas de actividad. En la comparación con marzo descontando factores estacionales volvió a tenerse un avance de la producción. Momentáneamente la recuperación es débil en comparación con episodios previos, al tiempo que muestra desempeños divergentes y una baja difusión entre los sectores de actividad.

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La economía en 2026

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Los datos de actividad e inflación que se conocieron del primer trimestre de 2026 fueron malos. A febrero, el PIB mensual corregido por estacionalidad se ubicaba 2.2% por debajo del nivel alcanzado a finales del año 2025. Los indicadores preliminares de marzo sugieren que habría una recuperación parcial, es decir, que sería insuficiente para llegar a los niveles del mes de diciembre.

La inflación mensual promedió 3,1% en los primeros tres meses del año, pero el registro de marzo fue incluso peor (3,4%). Esa aceleración de la inflación se tradujo en una pérdida del poder adquisitivo de los salarios formales (algo más de un punto acumulado a febrero) y sólo los ingresos de los trabajadores informales mejoraron en términos reales en ese bimestre.

La Confianza del Consumidor, que mide la Universidad Torcuato Di Tella, se redujo en alrededor de 13% entre diciembre y abril, aunque todavía se ubica en un nivel intermedio de la serie histórica.

El dato positivo vino dado por el sector externo, con exportaciones que aumentaron 30% interanual en el primer cuarto del año, lo que permitió alcanzar un superávit de US$ 2.500 millones en ese período.

Las proyecciones de FIEL para el año 2026 fueron corregidas para tener en cuenta un impacto más prolongado de los altos precios internacionales del petróleo como consecuencia del todavía no resuelto conflicto en Medio Oriente y de las demoras que habrá para normalizar el flujo de insumos a través del estrecho de Ormuz, aún luego de que se alcance un acuerdo entre las partes en disputa.

Las exportaciones argentinas se encaminan a superar los US$ 100.000 millones como consecuencia del aumento en precio y cantidades de la energía y del mayor volumen exportado del complejo agrícola. Además, se espera un buen desempeño de las exportaciones industriales, al menos a la luz de lo observado en los primeros meses del año. Eso permitiría alcanzar un superávit comercial de alrededor de US$ 20.000 millones, que sería suficiente para que la cuenta corriente del balance de pagos esté equilibrada. Junto con un superávit en la cuenta capital, habría espacio suficiente para sobre cumplir la meta de compra de reservas de US$ 10.000 millones recientemente acordada con el FMI.

El stress financiero se ha superado en los precios (tasas reales de interés) pero todavía no en volumen como consecuencia del aumento en la mora de los créditos que tarda algunos meses en normalizarse. Recién en el segundo semestre se sumarían ambos efectos positivos y ello ayudaría a mejorar algo la actividad.

El empleo difícilmente tenga una evolución muy favorable como consecuencia de los cambios sectoriales y de una mejora en la productividad laboral que es necesaria para aumentar la competitividad de las empresas en los sectores transables. Los ingresos de los asalariados podrían recuperarse algo, por paritarias que deberían acomodarse a la aceleración de la inflación observada en los últimos meses. De todos modos, proyectamos que el crecimiento del PIB sería del orden de 2% en 2026.

La inflación del mes de abril iniciaría un camino hacia la baja al haberse diluido los cambios en precios relativos y ayudada por un tipo de cambio estable. Esperamos que esa tendencia continúe durante el resto de 2026 y que la tasa de inflación mensual se reduzca a un promedio mensual de 1.9%, lo que permitiría que el año cierre prácticamente en los mismos niveles observados en 2025.

El nivel del tipo de cambio real ha caído recientemente, pero los salarios privados medidos en dólares ajustados por la inflación americana se encuentran todavía 25% por debajo de los alcanzados a finales de la Convertibilidad y 33% por debajo de los observados en los años 2016 y 2017.

El año 2027 puede verse afectado por la incertidumbre electoral. Ello va a depender de la probabilidad de éxito de un candidato populista. Si ésta es muy baja, no habrá una gran tensión; pero si no es así, es de esperar una nueva ronda de dolarización de portafolios. Más allá de que habría sido conveniente haber fortalecido la posición de reservas netas del BCRA, no hay espacio en los meses que restan de aquí a las elecciones para blindar la economía. El gobierno ha comprado recientemente más dólares de los previstos, ha aprovechado un nicho local para colocar deuda en dólares y ha sobre-colocado deuda en pesos, lo que le permitió esterilizar una parte de la emisión realizada para comprar divisas. Sólo restaría concretar alguna emisión de bonos en el mercado internacional, pero ello se ha complicado por la suba del riesgo país que se ha observado recientemente.   

En resumen, la enorme transformación que está viviendo la economía argentina, con un salto importante en las exportaciones, deberá transitar una nueva prueba electoral en 2027.

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FIEL pone bajo la lupa las fusiones en salud y advierte sobre el rol clave del “mercado geográfico”

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En un contexto de creciente consolidación empresarial en el sector sanitario, un informe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) vuelve a colocar en el centro del debate un aspecto crítico pero muchas veces subestimado: cómo se define el mercado geográfico relevante en las concentraciones de centros de salud. El trabajo, elaborado por Santiago Urbiztondo, no se limita a una discusión técnica. Interpela directamente a reguladores y decisores políticos sobre los criterios con los que se evalúan fusiones y adquisiciones en un sistema donde la competencia no se mide solo en precios, sino en acceso efectivo a servicios.

La pregunta que sobrevuela es concreta: ¿hasta qué punto una mala delimitación del mercado puede habilitar niveles de concentración que terminen afectando la oferta sanitaria? En un escenario donde las decisiones regulatorias impactan sobre la estructura del sistema, el informe introduce una tensión de fondo entre eficiencia económica y acceso territorial.

El marco institucional: cómo se mide la competencia en salud

El documento se inscribe en el análisis de las políticas de defensa de la competencia aplicadas al sector salud, un ámbito con particularidades que lo diferencian de otros mercados. A diferencia de industrias tradicionales, la competencia entre prestadores sanitarios está fuertemente condicionada por factores geográficos, tiempos de traslado y disponibilidad de infraestructura.

El concepto de “mercado geográfico relevante” funciona como una herramienta central para evaluar si una fusión reduce o no la competencia. Definirlo implica determinar hasta dónde están dispuestos a desplazarse los pacientes para recibir atención. Ese límite, que puede parecer técnico, tiene consecuencias directas: un mercado definido de manera amplia puede diluir el peso de una concentración; uno más acotado puede exponer posiciones dominantes.

El informe plantea que los criterios habituales no siempre capturan estas particularidades. En la práctica, una delimitación imprecisa puede subestimar el poder de mercado de determinados prestadores, especialmente en regiones donde la oferta es limitada y la movilidad de los pacientes es restringida.

Impacto y correlación de fuerzas: entre prestadores, reguladores y usuarios

El análisis de FIEL introduce un elemento que trasciende lo académico: la relación de fuerzas dentro del sistema de salud. Una definición laxa del mercado geográfico puede favorecer procesos de concentración que, en el corto plazo, generen eficiencias operativas, pero en el mediano plazo condicionen la competencia.

En este esquema, los grandes grupos prestadores pueden consolidar posiciones en determinadas áreas, mientras que centros más pequeños quedan en desventaja. Para los reguladores, el desafío no es menor: deben equilibrar la promoción de inversiones con la prevención de estructuras monopólicas o cuasi monopólicas.

El impacto no se limita a las empresas. También alcanza a los usuarios, que enfrentan una oferta más concentrada en determinados territorios. En esos casos, la competencia deja de ser una variable abstracta y se traduce en disponibilidad concreta de servicios, tiempos de espera y capacidad de elección.

Desde el punto de vista institucional, el informe sugiere que las decisiones en materia de fusiones en salud no pueden replicar mecánicamente los criterios de otros sectores. La dimensión territorial introduce un factor político: el acceso equitativo a la salud.

Un debate abierto: regulación, territorio y sistema de salud

El trabajo de FIEL no propone una receta única, pero sí deja planteada una advertencia: las herramientas regulatorias actuales requieren una adaptación más fina a la lógica del sistema sanitario. En particular, la necesidad de integrar variables geográficas, demográficas y de comportamiento de los pacientes en el análisis de concentraciones.

En un contexto donde los sistemas de salud enfrentan presiones de costos y demanda, la tendencia a la integración empresarial parece inevitable. Sin embargo, el modo en que se regulen esos procesos definirá si se traducen en mayor eficiencia o en menor competencia.

Las próximas decisiones en materia de fusiones y adquisiciones en el sector serán un terreno de prueba. Allí se pondrá en juego no solo la capacidad técnica de los organismos de control, sino también la orientación política de fondo: cómo equilibrar mercado, regulación y acceso en un servicio esencial.

DOC_TRAB_FIEL by CristianMilciades

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Problemas nuevos y viejas discusiones

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En los últimos meses, algunos observadores han manifestado su preocupación sobre la marcha de la economía. Sin embargo, los datos que acaban de publicarse sobre el estimador del PIB del mes de diciembre han sido mejores a los esperados. Además de que se corrigieron al alza los meses previos, se observó un aumento muy importante en el último mes del año que fue impulsado no sólo por una excelente cosecha fina y por la actividad minera (hidrocarburos) sino también por crecimientos interanuales de dos dígitos en pesca, la actividad financiera y electricidad, gas y agua.

Si se compara el promedio del año pasado con el de 2023, se observa que 8 de los 14 sectores han mejorado su nivel de actividad y el resto todavía se encuentra peor. Dentro de los sectores que todavía tienen problemas, revisten algunos que son trabajo intensivos (definidos como aquéllos que tienen un mayor porcentaje del empleo total que del PIB total). Este es el caso, por ejemplo, de la construcción y el comercio mayorista y minorista y de varias actividades de servicios, pero también tienen un nivel de actividad menor al registrado en el año 2023 algunos sectores capital intensivos, como la industria manufacturera. Del mismo modo, se observa que dentro de los que han mejorado la actividad en los últimos dos años, hay algunos capital intensivos (como el agro y la minería) y otros trabajo intensivos, como el sector de hoteles y restaurantes o las actividades inmobiliarias y financieras. En resumen, no parece haber un patrón muy claro que muestre con elocuencia que los sectores que se expanden son sólo aquellos que usan poca mano de obra.

Durante los últimos meses del año 2025, se observó una reducción de 2% real en los salarios privados formales y de 4% real en los públicos, mientras que los informales mejoraron 2% (aunque registraron caídas durante noviembre y diciembre). Esto puede haber afectado negativamente las decisiones de consumo de las familias y podría explicarse porque las paritarias se cierran para varios meses y la inflación proyectada resultó ser menor a la que finalmente se observó durante el último trimestre del año.

Sin embargo, los trabajadores arrastran una pérdida de ingresos mucho más significativa si se consideran los momentos recientes de mejores salarios reales. Por ejemplo, en el caso del trabajador privado registrado, los ingresos de diciembre de 2025 eran 18% menores que los de marzo de 2018 o 24% más bajos que los de noviembre de 2015. Sin embargo, esos niveles de ingresos probaron ser insostenibles para las cuentas externas de la Argentina. En aquellos años, el déficit externo alcanzó cerca del 3% del PIB en 2015 y casi 6% en 2018. Cuando se redujo el flujo de fondos externos, el tipo de cambio sufrió un salto abrupto y los salarios perdieron contra la inflación. En resumen, no hay magia posible. Los salarios reales en el largo plazo pueden crecer al mismo ritmo que la productividad. Si está se estanca, como ha ocurrido en la Argentina durante las últimas décadas, no hay espacio para mejoras sostenibles de ingresos.

En el frente externo aparecen varios puntos que han despertado interés, entre otros, la reducción de importaciones, la apreciación del tipo de cambio nominal, la acumulación de reservas y el uso de éstas para pagar deuda o fortalecer la posición de reservas netas del BCRA.

La reducción de importaciones guarda alguna relación con el nivel de actividad que se había estancado hasta noviembre, pero también ha influido la normalización de un adelanto en las compras a la espera de una devaluación post elecciones que no ocurrió. Por ejemplo, las compras mensuales de insumos intermedios se habían disociado de la evolución de la producción industrial. Tarde o temprano se debía volver a cierta normalidad.

El tipo de cambio nominal se ha apreciado más que otras monedas, aún a pesar de que el BCRA compró muchos más dólares que lo proyectado a finales del año pasado. Hay cuestiones puntuales como la normalización de la demanda de divisas para atesoramiento, que volvió en noviembre y diciembre a los niveles del primer semestre (alrededor de US$ 1.500 millones por mes) comparado con algo más de US$ 5.000 millones durante los meses de julio a octubre, de incertidumbre electoral. Durante el mes de enero, hubo un rebote de alrededor de 50%, pero habrá que esperar a los próximos meses para poder estimar cuál es una demanda “normal” de divisas de las familias.

También se profundizó el financiamiento neto a empresas y provincias y ayudó la excelente cosecha fina. Pero hay un debate de mediano plazo. Por un lado, en la medida en que se concrete el shock previsto en las exportaciones de minería e hidrocarburos, en el mediano plazo habría un salto de ventas al exterior de alrededor de US$ 20.000 millones. Y si la economía continúa su proceso de normalización, la dolarización de ahorros debería ceder aún con la cuenta capital abierta (digamos unos US$ 10.000 millones menos). Esto sería bastante mayor a la normalización en los pagos al exterior de empresas todavía restringidos por el cepo y requeriría de un aumento equivalente en la demanda por importaciones de bienes y servicios o pagos netos de deuda al exterior para repetir valores históricos del tipo de cambio real. Obviamente que puede interceder el BCRA comprando divisas para terminar de resolver una debilidad del programa en curso, pero terminado el proceso de remonetización y alcanzada una inflación “normal”, el señoreaje sólo permitiría compras no esterilizadas por alrededor 0.5% de PIB al año. Un Tesoro con más sobrante de pesos que pueda cancelar deuda ayudaría. Si bien no es tarea fácil de lograr, sería positivo que se tratara de alcanzar un superávit primario de 2.5% del PIB como se acordó con el FMI en abril de 2025. Puesto de otra manera, el influjo de dólares es de los privados y el que debería cancelar deuda neta (o mejorar sus activos) es el gobierno. Esto requiere que el BCRA o el Tesoro tengan ingresos suficientes para poder completar esa tarea.

Algunos analistas plantearon alguna objeción al uso de las divisas compradas en el mercado para eventualmente reducir la deuda externa pública. En la medida en que el swap de monedas con Estados Unidos sea creíble, cancelar un pasivo no es muy diferente que acumular un activo líquido. Pero si se pierde esa opción, entonces parecería que un activo líquido da algunas opciones de manejo adicionales, al menos en el cortísimo plazo.

Finalmente, el conflicto en Medio Oriente plantea algunas oportunidades y desafíos que obviamente dependen de cuál sea su duración. El primer efecto sobre las exportaciones argentinas es positivo. Por cada US$ 10 que aumente el precio del petróleo en el mercado internacional, las exportaciones aumentarían en alrededor de US$ 3 millones por día. Al mismo tiempo, hay un efecto negativo sobre los subsidios que todavía paga el Tesoro Nacional porque aumentaría el costo marginal de la energía eléctrica que se produce con derivados del petróleo. También es de esperar que en un escenario de mayor incertidumbre global aumente el riesgo país y se fortalezca algo el dólar americano.

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La carne vacuna: desafíos internos y oportunidades internacionales

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Por Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez -La carne vacuna es uno de los alimentos más tradicionales de la Argentina y, a la vez, una de sus mejores cartas de presentación en el mercado internacional.

Los argentinos se encuentran entre los consumidores de más alta ingesta de carnes (vacuna, porcina y aviar) en el mundo. Los Estados Unidos, Australia, Argentina, Brasil y Uruguay encabezan el ranking de consumos cárnicos en el mundo, coincidiendo con su condición de mayores oferentes y exportadores mundiales. Aunque el consumo de carne vacuna ha decrecido dentro de la canasta cárnica local, sigue revistando también entre los más relevantes a nivel internacional.

Según los datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, en 2025 la canasta de carnes alcanzó los 116,5 kg/hab./año, integrada por 49,9 kg de carne vacuna, 47,7 kg de carne aviar y 18,9 kg de porcina. Esta ingesta aumentó desde 2024 en un 3,85%. El aumento desde 2020 ha sido del 4,2%. Es decir, en los últimos cinco años el consumo cárnico ha continuado siendo muy elevado. El mayor cambio en la composición de esa canasta ha sido un aumento en la participación de la carne porcina que pasó de 14 a casi 19 kg/hab./año. Los consumidores, por su parte, han respondido a la modificación de los precios relativos de las carnes incorporando, particularmente, a la carne aviar que pasó de un consumo de 11 kg en 1990 a 48 kg en la actualidad. En la década de 1990, el 70% de la ingesta cárnica en nuestro país se concentraba en la carne vacuna. Desde entonces, el crecimiento de la industria aviar dio lugar a la diversificación del consumo.

Clasificando la faena por destinos, en torno del 70/75% se encuentra actualmente dirigido al mercado interno. Si bien ese porcentaje ha ido declinando en el tiempo, la demanda interna sigue siendo un determinante principal del precio mayorista. La importancia del mercado interno gravita en la evolución del stock ganadero que hasta diciembre de 2024 alcanzaba a 51.629.909 cabezas. Debe recordarse que este stock sufrió una merma histórica en 2010 debido a la política negativa de un estricto control de precios y faena implementada por el gobierno de turno (el stock cayó a 49 millones de cabezas durante la presidencia de Cristina Fernández). Desde entonces, el stock bovino se ha venido recomponiendo con etapas cíclicas típicas de esta actividad. Entre 2022 y 2024, factores climáticos vinculados a una sequía histórica generalizada y posteriores inundaciones en algunas regiones, llevaron a un aumento de la liquidación de animales incluyendo hembras jóvenes. Atendiendo a ese contexto, los pronósticos del Dpto. de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) para nuestro país anticiparon, recientemente, un stock de 51,8 millones a fines del presente año.  Por otra parte, aunque con oscilaciones, el indicador de número de terneros por vaca ha ido en aumento desde 2020 hasta el actual 65%, lo que constituye una buena noticia para la futura recomposición del stock. Por último, en términos de la inversión ganadera, debe tenerse en cuenta que la tasa de interés juega un rol importante en la evolución del sector, dado que el stock de ganado constituye un capital que se reproduce bajo reglas naturales y su crecimiento compite con la alternativa de una inversión financiera que se “reproduce” por vía de la tasa de interés. Altas tasas de interés como las que han predominado en el último año en nuestro país tendieron a retrasar la inversión ganadera. Debe esperarse que la normalización macroeconómica en curso limite este efecto financiero negativo, como parece estar ocurriendo.

En cuanto a las exportaciones de carne bovina de la Argentina, el mercado internacional ha mostrado un importante crecimiento de precios desde principios de 2025 debido a restricciones en la oferta de grandes productores como Brasil (fase de retención de su ciclo ganadero) o los Estados Unidos (sequía). Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de nuestro país, “las exportaciones de carne bovina fueron de US$3700 millones en 2025, un 22,3% más que el año anterior, impulsadas por un salto en la demanda global. En términos de volúmenes, se trata de 853.183 toneladas” (ver Gráfico 1).

Gráfico 1

Fuente: FIEL con base en datos INDEC y SAGyP

En cuanto a los destinos exportadores, según se prevé, en 2026 China continuará siendo uno de nuestros principales clientes. La canasta total de carnes del consumidor chino promedio representa un poco más de la mitad del volumen que se consume en nuestro país, pero su composición es diferente. El 60% del consumo chino corresponde a carne aviar, el 20% a carne de cerdo y el 20% restante a carne vacuna. Con el crecimiento del ingreso, como se ha observado en otros casos, el consumidor promedio aumenta su ingesta de carne vacuna, lo que explica el crecimiento de la demanda china en el mercado internacional de esta carne. En el caso de nuestro país, se espera que este destino concentre en torno del 55-57% de las exportaciones en 2026.

Durante 2025, tanto Brasil como la Argentina se han beneficiado con el desacople comercial entre los Estados Unidos y China, que ha llevado a que este último país busque diversificar el origen de sus importaciones, en particular, en el caso de los alimentos. Con todo, recientemente China ha impuesto una salvaguardia a las exportaciones cárnicas justificada en una defensa legal de sus propios productores que alegan un aumento súbito de las importaciones de carne bovina de varios orígenes a precios bajos que les impiden la competencia. Esta medida impone una cuota global hasta diciembre de 2028 de 2.680.000 toneladas iniciales para todo tipo de carne vacuna con un aumento anual de 2%. Los principales abastecedores de China cuentan con una cuota determinada (Argentina, Australia, Brasil, Estados Unidos, Nueva Zelandia y Uruguay) y el resto se distribuye entre los proveedores internacionales que deseen ingresar al mercado. Esta medida determinó que para 2026 las exportaciones argentinas a ese destino se ajusten a una cuota de 511 mil toneladas, con un arancel adicional del 55% para el volumen excedente.

Los Estados Unidos han sido, también, un destino tradicional para la carne argentina y las novedades recientes con respecto al acuerdo comercial entre nuestro país y los Estados Unidos han confirmado un aumento sustancial de la cuota de carne preexistente desde 20.000 toneladas anuales hasta las 100.000 toneladas anuales. Ese volumen total deberá cubrirse en cuatro cuotas trimestrales. La ampliación supera en casi un 100% al volumen exportado el año 2025 de aproximadamente 42.000 toneladas, pero deberá concentrarse en carnes magras. La nueva cuota fue implementada a través de una orden ejecutiva presidencial por fuera del acuerdo general, mientras que el acuerdo bilateral requerirá ratificación del Congreso en nuestro país (prevista para marzo).

En el caso de nuestros clientes europeos, la reciente ratificación del Acuerdo Unión Europea-Mercosur por el Congreso argentino (Uruguay también lo ha ratificado y en Brasil la ratificación se encuentra en curso), es un paso más dentro de una situación poco satisfactoria. En efecto, el avance de la implementación del acuerdo fue detenido por el Parlamento europeo que envió su texto al Tribunal europeo para el estudio de su compatibilidad con la normativa vigente en la UE. El proceso de revisión podría demorar hasta dos años. La promulgación de esta ratificación por parte del Poder Ejecutivo de la Argentina fue acompañada por un comunicado que indica que ambas partes habilitarían el acuerdo de forma provisional. En el caso de la ganadería vacuna, el acuerdo incluye un aumento de la cuota de compras con la dificultad de que se trata de una cuota general que deberá asignarse por país dentro del Mercosur. Además, en la última versión del acuerdo se introdujo la posibilidad bilateral de establecer salvaguardias para productos agroindustriales sensibles si se observa un aumento súbito del volumen importado equivalente al 5% del promedio de los últimos tres años. Este reaseguro, con todo, no logró acallar las voces contrarias al acuerdo provenientes de los productores agropecuarios europeos.

Dentro de este contexto local e internacional descripto, desde mediados de 2025 se ha observado un aumento muy significativo del precio local de la carne vacuna que está afectando uno de los principales indicadores de éxito del programa de estabilización macroeconómica: el índice de inflación minorista. Así, el precio promedio de la carne vacuna aumentó 65,3% al consumidor en 2025, casi el doble que la inflación general, que fue del 31,5%, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC, ver Gráficos 2 y 3). No obstante, como se observa en los gráficos, este episodio no es extraordinario, sino que se mantiene dentro de un marco de recuperación del precio sectorial en un contexto de oferta ajustada.

Gráfico 2

Fuente: FIEL con base en datos INDEC

Gráfico 3

Fuente: FIEL con base en datos INDEC

En efecto, como ha ocurrido durante otros episodios de estabilización macro en el pasado, las expectativas positivas que crea la nueva situación pueden llevar a una restricción temporal de la oferta ganadera por recomposición del stock y a un consecuente aumento de precios. En el actual episodio, con todo, debe tenerse presente la influencia negativa de la larga sequía 2022-23 que, como se mencionara, ha determinado precios de faena elevados a la vez que se registraban un aumento de la demanda externa y un relativo mantenimiento del consumo local. Por su parte, los frigoríficos y la cadena de comercialización no se encuentran en condiciones de absorber parte de ese aumento como se ha verificado en otras ocasiones, debido al aumento de los costos propios (ya no se comercializan o lo hacen a muy bajo valor el cuero y los subproductos de la faena y, los salarios y costos generales aumentan al ritmo de la inflación).

En síntesis, el mercado de carne vacuna está creciendo en valor en nuestro país y se espera que también lo haga en volumen a través de una recomposición del stock ganadero y de un aumento de la eficiencia productiva. Esta última mejorará si se logra mantener la tendencia actual hacia el aumento del peso en faena de los animales, que aún se encuentra muy por debajo de otros países productores en la región como Brasil o Uruguay (228 kg por animal en nuestro país frente a 247 y 264, respectivamente). A la vez, mejores pasturas y mayor cuidado sanitario permitirán aumentar el índice de preñez y el resultado de la cría y recría. El sector cuenta con una cadena activa y flexible que incluye 1100 establecimientos de feedlots y un aceitado sector de comercialización (remates feria, mercado agroganadero de Cañuelas, mercado de futuros y opciones ganaderos Matba Rofex). Como en el resto de la cadena agroindustrial, la inversión en infraestructura logística también redundaría en una reducción de costos y la reducción definitiva de los derechos de exportación, altamente distorsivos, aliviaría parte de la pesada carga fiscal de nuestro país. Actualmente, las limitaciones en la ejecución de la obra pública nacional han dejado la iniciativa a cargo de las provincias, que enfrentan la novedad con fondos limitados. En cuanto a las retenciones, el gobierno sigue afirmando su determinación por reducirlas, aunque sin fijar aun un cronograma que favorezca las expectativas sectoriales. Teniendo en cuenta todos estos elementos y apostando a buenos resultados de mediano plazo, es probable que la Argentina pueda aprovechar nuevas oportunidades en el mercado externo y que ello también implique una mayor diversificación de la canasta interna de carnes.

Marcela Cristini, investigadora visitante de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL)

Guillermo Bermúdez, economista senior de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL)

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