Fiel

Ante una gran oportunidad

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Se abre una oportunidad para promover reformas estructurales ambiciosas. Queda pendiente mejorar las reservas del BCRA, y hay espacio para que esta compra de divisas se realice sin esterilizar.

El resultado de las elecciones del 26 de octubre ha sido muy positivo para el funcionamiento de la economía argentina. En la previa de las elecciones, había una gran tensión financiera que contaminaba a la economía real (aplacada, sólo en parte, por la ayuda del gobierno de Estados Unidos). Las exorbitantes tasas de interés en pesos no eran suficientes para evitar que el tipo de cambio alcanzara el techo de la banda de flotación y ello tenía consecuencias sobre el nivel de actividad y algunas decisiones de consumo.

Se percibía un riesgo político creciente desde el resultado en las elecciones bonaerenses del 7 de septiembre y también las consecuencias de algunos errores en decisiones de política económica. El resultado de la elección del domingo 26 no sólo le dio al gobierno más musculatura de la esperada en el Congreso, lo cual debería ayudar a lograr reformas más potentes, sino que redujo significativamente la probabilidad de que a fines de 2027 regrese al poder una fuerza política que todavía pregona la necesidad de un nuevo default y no reniega de sus errores que resultaron en déficits fiscales financiados con emisión y, por lo tanto, en tasas de inflación astronómicas.

Esa menor probabilidad de retornar al populismo debería ayudar a motorizar inversiones. Nadie hunde mucho capital en una economía si espera que le cambien las reglas de juego en forma arbitraria al poco tiempo. Los congelamientos de tarifas, las modificaciones a la libre disponibilidad de divisas aprobada por ley y alteraciones a la estabilidad tributaria son algunos ejemplos del comportamiento oportunista del populismo vernáculo en el pasado no tan lejano.

El resultado electoral también debería favorecer la aprobación de reformas estructurales más ambiciosas. En el campo laboral, hay problemas con la rigidez contractual, los costos del cese laboral, la litigiosidad y los costos impositivos y no impositivos. Los problemas de rigidez no sólo incluyen a la negociación colectiva que impone las mismas condiciones para realidades muy diferentes entre provincias. La Argentina tiene poca flexibilidad a la hora de hacer contratos a tiempo parcial o temporarios. La indemnización por despido, calculada como un mes de sueldo por cada año de antigüedad, es alta en la comparación internacional, pero la litigiosidad la eleva aún más y lo mismo aplica para los riesgos del trabajo. Una posible solución es fusionar el fuero laboral con el comercial, pero se requiere también que las provincias resuelvan los problemas que se generan en su ámbito de competencia. Además, es necesario establecer criterios más acotados y precisos para reducir los márgenes de interpretación de la ley. Finalmente, la Argentina tiene la mayor brecha entre costo laboral y salario neto de la región, pero reducirla requiere recursos fiscales alternativos. Además, los sindicatos obtienen ingresos anormalmente elevados, sin que se perciba una contraprestación para el trabajador. Reducir este “impuesto con recaudación privatizada” debería ser una prioridad de la reforma.

En materia tributaria, los problemas que aquejan a la “competitividad” se originan en los impuestos a las transacciones financieras, las retenciones, el impuesto a los ingresos brutos, el impuesto de sellos y la tasa de seguridad e higiene. El problema es que éstos recaudan alrededor de 7% del PIB y que intervienen los tres niveles de gobierno. La reducción en el número de impuestos no es una reforma relevante; lo importante no es la cantidad de impuestos sino los problemas que cada uno de ellos generan. Simplemente pensemos que el sistema tributario argentino sería todavía peor que el actual si se reemplazaran todos los impuestos por un “gran impuesto a los ingresos brutos”. Y modificaciones en el impuesto a las ganancias de las personas físicas que reduzcan el peso del impuesto no disminuyen costos de las empresas, reducen la recaudación y afectan la capacidad distributiva del gravamen.

Finalmente, el resultado electoral ha reducido significativamente el riesgo político. Pero la economía necesita volver a los niveles de tasas de interés que regían antes del 15 de julio. Es posible que ello no resulte en un tipo de cambio más depreciado que el actual si se consideran sólo los flujos de oferta y demanda de divisas privados. Pero queda pendiente mejorar las reservas del BCRA y ello va a requerir que, como estaba previsto en el acuerdo con el FMI, la autoridad monetaria compre divisas dentro de la banda de flotación. La ventaja es que hay suficiente espacio para remonetizar la economía partiendo de niveles muy bajos de la cantidad de dinero transaccional.

El cuadro adjunto compara distintos agregados monetarios medidos en porcentaje del PIB para los meses con inflación menor o igual al 2% desde 2003 a la fecha, lo ocurrido en un periodo sin cepo y la situación actual. Se puede ver que existe espacio para remonetizar, lo que permitiría comprar reservas sin esterilizar su efecto monetario.

En cambio, las compras de divisas para atender pagos de deuda pueden reducirse o dejar de ser necesarias si se accede a los mercados de capitales, lo que ahora parece posible por la ayuda americana.

En ese contexto, las opciones pasarían por avanzar hacia una flotación sin bandas, sin reservas netas y con el swap negociado con el gobierno americano como un sustituto temporario de esa fragilidad en los activos del BCRA.

O, alternativamente, modificar las bandas subiendo el techo y sobretodo el piso para tratar de evitar la tentación de fortalecer el peso antes de que lluevan exportaciones e inversiones.

Como puede verse, los desafíos siguen siendo importantes, pero el gobierno parece haber aprendido de algunos de sus errores. Esperemos que el 26 de octubre se haya abierto la puerta para empezar a recuperar tanto terreno perdido.

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La industria volvió a caer en septiembre y acumula su tercer trimestre de contracción

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La producción industrial cayó 4,5% interanual en septiembre, según el Índice de Producción Industrial (IPI) elaborado por la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL). El informe señala que la actividad fabril encadena tres trimestres consecutivos de contracción, en un contexto de fuerte desaceleración del consumo y reacomodamiento de las cadenas productivas tras la crisis de 2024.

En términos desestacionalizados, la producción cayó 3% respecto de agosto, mientras que la medición con estacionalidad marcó un descenso de 3,6%. De esta forma, el promedio del tercer trimestre registró una baja de 3% frente al mismo período de 2024 y de 2,7% frente al trimestre previo. Aun así, el acumulado de los primeros nueve meses del año mantiene un leve crecimiento de 0,6%.

Sectores con mejor y peor desempeño

Entre los rubros con resultados positivos en septiembre destacaron la refinación de petróleo y la producción de alimentos y bebidas, que continuaron mostrando resistencia en medio de la recesión. En contraste, la industria automotriz volvió a caer por tercer trimestre consecutivo debido a la suspensión de modelos y reconversión de líneas, mientras que la metalmecánica, los químicos y plásticos y el sector de papel y celulosa también registraron retrocesos.

En el acumulado enero–septiembre, los minerales no metálicos lideraron el crecimiento con una mejora del 6,5%, seguidos por la producción automotriz (4,5%), alimentos y bebidas (3,2%) y metálicas básicas (2,8%). Del otro lado, las caídas más marcadas se observaron en insumos químicos y plásticos (-7,7%) y en papel y celulosa (-5,1%).

Economis

Índice de Producción Industrial (IPI) — Septiembre 2025

Variaciones porcentuales | Fundación FIEL

Corte: 22/10/2025

Interanual

-4,5%

Mensual (desest.)

-3,0%

Acum. ene–sep

+0,6%

Indicador Variación %
Sept. 2025 vs. Sept. 2024 -4,5%
Sept. 2025 vs. Ago. 2025 (con estacionalidad) -3,6%
Sept. 2025 vs. Ago. 2025 (desestacionalizado) -3,0%
3º Trim. 2025 vs. 3º Trim. 2024 -3,0%
3º Trim. 2025 vs. 2º Trim. 2025 (desest.) -2,7%
Ene–Sep 2025 vs. Ene–Sep 2024 +0,6%
Fuente: FIEL – Índice de Producción Industrial (Parte de Prensa Nº 1081). economis
Nota: signos en rojo indican caída; en verde, suba. Serie mensual desestacionalizada informada por FIEL.

Por tipo de bien, los bienes de capital fueron los únicos que sostuvieron un crecimiento sólido, con una suba de 8,1% interanual en los primeros nueve meses. Los bienes de consumo no durables mejoraron 2,6%, mientras que los bienes intermedios retrocedieron 0,8% y los bienes de consumo durables se desplomaron 3,1%.

FIEL advierte que la industria argentina atraviesa su duodécima recesión desde 1980, acumulando en siete meses una caída anual equivalente al 11,1%. Aunque esa cifra es levemente inferior al promedio histórico (12,6%), supera en velocidad de deterioro a más de la mitad de los episodios anteriores.

“El tercer trimestre marcó un nuevo retroceso interanual con caídas en sectores líderes. La industria transita una fase recesiva que se profundiza y se encamina a cerrar el año con una contracción generalizada”, concluye el informe.

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Señales de agotamiento: la actividad industrial cayó 3,3% en julio 

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La producción industrial registró en julio una contracción del 3,3% interanual, de acuerdo al Índice de Producción Industrial (IPI) de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL). El retroceso recortó la mejora acumulada de los primeros siete meses del año al 1,7% en la comparación con igual período de 2024, y encendió señales de agotamiento en la recuperación iniciada en abril del año pasado.

Sectores en retroceso

Según el relevamiento, la caída se concentró en los sectores que venían liderando la recuperación. La industria automotriz fue la de mayor retroceso en julio, con bajas en la producción de automóviles y utilitarios, debido a paradas técnicas programadas por vacaciones y mantenimiento. A pesar de que las ventas mayoristas y los patentamientos mantuvieron dinamismo, las exportaciones del sector cayeron fuerte tras cuatro meses consecutivos de alzas.

Otro rubro que mostró un freno fue el de minerales no metálicos, que interrumpió la sucesión de mejoras observadas desde febrero. El informe recordó que este comportamiento estaba anticipado, ya que en la segunda mitad de 2024 se había dado un repunte que elevaba la base de comparación.

En el caso de alimentos y bebidas, el sector igualó el récord de producción de un año atrás, combinando una caída en alimentos —que venía de un proceso de recuperación— con un leve crecimiento en bebidas.

Entre enero y julio, la producción de minerales no metálicos moderó su crecimiento al 10,4%, mientras que la automotriz lo redujo al 10% interanual. Por encima del promedio industrial se ubicaron alimentos y bebidas (+3,6%) e industrias metálicas básicas (+3,3%).

En contraste, el proceso de petróleo (+0,5%) y la producción textil (+0,4%) se mantuvieron estables respecto a 2024. Los despachos de cigarrillos (-1,2%) y la metalmecánica (-1,7%) retrocedieron, al igual que la producción de papel y celulosa y de químicos y plásticos, con una caída del 6,4% interanual.

Por tipo de bienes, todos mostraron un freno en el crecimiento acumulado. Los bienes de capital redujeron la suba a 9,2% en enero-julio, afectados por la baja transitoria en utilitarios. Los bienes de consumo no durable quedaron con un avance de 3%, mientras que los bienes intermedios (+0,4%) y de consumo durable (-0,3%) igualaron los niveles de 2024.

Más de la mitad del crecimiento acumulado en lo que va del año proviene de los bienes de consumo no durable, con una tendencia estable, mientras que intermedios y durables exhiben un retroceso desde comienzos del año.

Señales de agotamiento

En términos desestacionalizados, la producción cayó 1,4% en julio respecto al mes anterior, acumulando dos meses consecutivos de baja tras el impasse de mayo. Con ello, la industria se ubica 4,6% por debajo del nivel de febrero y muestra un crecimiento equivalente anual del 1,9%, el más bajo de los ciclos expansivos desde 1980.

En síntesis, FIEL advirtió que julio marcó la primera contracción interanual de la industria en siete meses, en un contexto de enfriamiento de la recuperación y con un segundo semestre que se perfila desafiante.

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La actividad industrial creció 2.9% en abril interanual y acumula una mejora de 2.4% en 2025

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Según el último informe de la Fundación FIEL la actividad industrial creció 2.9% en abril en la comparación interanual y acumula una mejora de 2.4% en el primer cuatrimestre.

El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en abril de acuerdo a información preliminar una mejora interanual de 2.9%, acumulando en los primeros cuatro meses del año una recuperación del 2.4% en la comparación con el mismo periodo del año pasado (véase Tabla 1 y Gráfico No 1).

En el mes, cinco de diez sectores industriales que reporta FIEL tuvieron una mejora interanual. El mayor avance lo registró la producción de minerales no metálicos, encadenando un trimestre de mejora. Aun cuando se encuentra presente el efecto de la caída de la producción –y las ventas- en los primeros meses de 2024, en algunos segmentos al interior de la rama el nivel de actividad de abril resultó el más elevado en un semestre. El segundo mayor avance interanual lo registró el bloque de los químicos y plásticos, a causa del rebote de algunas actividades respecto a la caída de un año atrás junto con la vuelta a régimen en algunas plantas luego de las paradas técnicas que se realizaron en marzo.

Por su parte, la producción automotriz retomó en abril el sendero de mejora tras el impasse de marzo que había interrumpido un trimestre de avance. Las exportaciones de vehículos volvieron a registrar un aumento explicado por el repunte de las ventas a Brasil, mientras que en el mercado local los envíos de las terminales a concesionarias y los patentamientos registraron un muy marcado aumento, con una participación creciente de unidades importadas. En el caso de la producción de alimentos y bebidas, esta continúa creciendo y en abril encadenó diez meses mejora. Entre los alimentos se sostiene el avance de la lechería, mientras que después de un trimestre en retroceso se tuvo un aumento de la faena vacuna. Entre las bebidas, la producción de gaseosas, jugos y aguas volvió a crecer en abril, mientras que la de cervezas tuvo un nuevo incremento luego de sucesivos recortes de producción desde fines de 2022. En el mes, la mayor contracción sectorial la registró la producción de papel, cartón y pasta celulósica, rama que acumula más de un año en caída.

En cuanto al desempeño de los sectores industriales en el primer cuatrimestre del año, la producción de minerales no metálicos lidera el ranking de crecimiento con una mejora de 16% en la comparación con el mismo periodo del año anterior. Con un crecimiento acumulado en los primeros cuatro meses superior al promedio de la industria, se colocan la producción automotriz con un avance del 9% seguida de la rama de los alimentos y bebidas con un alza del 6%, en ambos casos en la comparación con el primer cuatrimestre de 2024. Con un crecimiento inferior al promedio en el periodo enero abril, la producción de insumos textiles acumuló un avance de 1.1%, mientras que las restantes ramas registran una caída en la comparación interanual. La producción de insumos químicos y plásticos acumula un retroceso del 1.3%, seguida de los despachos de cigarrillos y el proceso de petróleo con una contracción del 2.8% en cada caso. Por su parte, la producción de las industrias metálicas básicas acumula una baja del 3.1%, la metalmecánica de 3.6% y la producción de papel y celulosa de 8.5%, en los primeros cuatro meses del año y en la comparación interanual, respectivamente (véase Gráfico No 2). Con lo anterior, el mayor aporte a la recuperación de la industria en el primer cuatrimestre lo realiza la rama de los alimentos y bebidas, mientras que ramas de insumos intermedios hacen un recorte del crecimiento acumulado.

Desde la perspectiva de los tipos de bienes producidos, los de capital y los de consumo no durable continúan liderando el ranking de crecimiento en el primer cuatrimestre del año, mientras que los de uso intermedio pasaron a acumular una mejora. El mayor crecimiento en el periodo lo muestran los bienes de capital que acumulan un aumento de la producción del 5% en la comparación con el primer cuatrimestre del año anterior.

Los bienes de consumo no durable muestran una mejora del 4.8% en los primeros cuatro meses del año. Los bienes de uso intermedio acumulan un aumento del 1.5% en el cuatrimestre a partir del incremento de la producción de minerales no metálicos. Finalmente, los bienes de consumo durable acumulan un ligero retroceso en el periodo enero abril a causa –principalmente- de la caída de la producción de los bienes de la línea blanca.

Aun cuando la producción de bienes de capital lidera la recuperación de la industria en el cuatrimestre, la mayor contribución a la mejora de la actividad la realiza la producción de bienes de consumo no durable.
En términos desestacionalizados, la producción industrial de abril registró un retroceso del 0.8% respecto a marzo. Los indicadores que permiten monitorear la sostenibilidad de la presente fase señalan una atenuación en la dinámica de recuperación de la industria desde febrero pasado. Junto con lo anterior, en los últimos dos meses se registró una caída en el índice de difusión sectorial del crecimiento industrial. Con todo, la presente fase iniciada en abril de 2024 registra el menor ritmo de avance en comparación con las diez fases de recuperación previas desde 1980 de acuerdo a información del índice de producción industrial de FIEL.

En síntesis. La industria registró en abril una nueva mejora interanual y un retroceso en comparación con el mes anterior en la medición ajustada por estacionalidad. La recuperación ha recortado su dinámica y difusión en los meses recientes. En abril, además de haber sido un mes corto en términos de días hábiles, muchas actividades prolongaron o realizaron nuevas paradas, al tiempo que otras mostraron un rebote respecto a la caída de la actividad un año atrás. En algunos sectores el desempeño de la producción y las ventas resulta dispar, a causa del ordenamiento de stock y la mayor presencia de productos importados. Asimismo, el clima de incertidumbre en la previa del anuncio del nuevo esquema cambiario pudo haber alterado el normal desarrollo de los negocios.

Con todo, la lectura de los datos de abril debe hacerse con cautela.

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La industria modera su avance: señales mixtas en el primer trimestre de 2025

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Pese a una leve mejora en términos interanuales, la industria argentina aún no logra consolidar una trayectoria sostenida de crecimiento. El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL mostró en marzo de 2025 un incremento del 1,6% respecto al mismo mes del año anterior y un avance acumulado del 2,4% en el primer trimestre, pero la base comparativa es débil: en marzo de 2024, la industria se había desplomado un 15,4%, en uno de los peores registros desde la pandemia.

El dato mensual desestacionalizado, en cambio, fue negativo: una contracción del 1,4% respecto a febrero, lo que refleja interrupciones en el ritmo de recuperación. Las paradas técnicas en distintas ramas y un mes más corto por los feriados de Semana Santa explican parte de ese freno.

La recuperación sigue liderada por alimentos, bebidas y construcción

La mejora del trimestre estuvo impulsada principalmente por la industria de alimentos y bebidas, que registró una suba del 6,2% interanual. Dentro de este bloque, se destacó el desempeño de la lechería y la producción de bebidas, aunque persistieron retrocesos en la faena vacuna y la elaboración de aceites.

Otra rama que impulsó el índice fue la de minerales no metálicos, con una mejora del 10,5%, aunque explicada en gran parte por un “efecto rebote” frente a la muy baja base del año anterior. La industria automotriz, por su parte, redujo su crecimiento acumulado al 10,3%, afectada por adecuaciones en las líneas de producción para el lanzamiento de nuevos modelos.

En el segmento de bienes de capital, hubo un avance del 6%, impulsado por la fabricación de utilitarios, maquinaria agrícola y transporte pesado. Esta categoría lidera el crecimiento por tipo de bien, aunque los mayores aportes al índice general provienen de los bienes de consumo no durable, que crecieron un 5% en el trimestre, traccionados nuevamente por alimentos y bebidas.

Caídas persistentes en ramas intermedias

El análisis sectorial también muestra que la mejora no es homogénea. Algunas ramas clave del entramado industrial continúan en caída:

  • Insumos químicos y plásticos: -5,7%
  • Papel y celulosa: -4,9%
  • Metálicas básicas: -4,8%
  • Cigarrillos: -2,1%
  • Metalmecánica: -1,0%

Este retroceso en los sectores productores de insumos intermedios genera señales de alerta sobre la sustentabilidad del rebote industrial.

¿Cambio de ciclo o pausa táctica?

La medición desestacionalizada indica que, aunque la industria encadena dos trimestres de mejora interanual, el nivel de actividad se estabilizó respecto al último trimestre de 2024, sin mostrar un salto cualitativo. La caída mensual de marzo sugiere una pausa técnica en el proceso de recuperación, más que una reversión estructural.

Desde FIEL advierten que abril será un mes desafiante. Las paradas de planta programadas y los feriados reducen el margen de recuperación. Además, persisten los desafíos del contexto macroeconómico, la falta de dinamismo en la demanda interna y un escenario externo poco favorable.

El informe concluye que, dadas las bajas bases de comparación del primer semestre de 2024, la industria tiene espacio para seguir mostrando mejoras interanuales. Sin embargo, no se espera una aceleración marcada en el segundo trimestre, salvo en sectores puntuales que encuentren tracción propia.

La sostenibilidad del proceso dependerá de cuán rápido se reactive la inversión productiva, el consumo interno y el crédito para el sector, variables hoy debilitadas por la incertidumbre macro y las condiciones financieras restrictivas.

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