Fiel

La carrera recién empieza y ya hay signos de fatiga

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Las tensiones dentro de la coalición de gobierno respecto del tema de tarifas ponen de manifiesto que la corrección gradual del desequilibrio fiscal heredado del gobierno anterior tiene costos. El gobierno planteó pasar de un déficit fiscal primario cercano a 5 puntos del PIB a un superávit primario modesto en el año 2022. Una carrera gradual durante siete años de la cual se había transitado al año 2017 la quinta parte. En el año 2018 se debería transitar otro quinto y, sin embargo, dentro del debate sobre los ajustes tarifarios, aparecieron algunas sugerencias de demorar los aumentos sin que quede claro cómo se compensaría el efecto sobre las cuentas fiscales. El gobierno pudo mantener su meta fiscal y trataría de sumar a las provincias en cualquier paliativo (sea por una tarifa social más generosa o por la reducción de la carga tributaria que recae sobre las facturas de energía), pero es riesgoso que la propia coalición de gobierno muestre fatiga cuando la tarea a realizar recién empieza.
Las sugerencias de postergar una parte de los ajustes tarifarios tienen varios problemas. En primer lugar, se olvida que este gobierno ya corrió dos años el cronograma fiscal anunciado al momento de hacerse cargo del Poder Ejecutivo Nacional. Una nueva postergación despertaría dudas entre los que nos financian. En segundo lugar, los mercados de capitales enviaron una alerta al castigar el riesgo país argentino más que el de otros emergentes. Así, mientras en el último cuatrimestre del año pasado la diferencia entre el riesgo país de la Argentina y el de Brasil se había achicado a 120 puntos básicos, hoy se ubica en alrededor de 160 puntos básicos. Toda la estrategia gradual perdería sustento si no se logra mantener el financiamiento internacional a tasas de interés razonables. En tercer lugar, apelar a que las empresas proveedoras de servicios públicos acepten ceder ingresos para facilitar una corrección más gradual ignora que la Argentina intervino los contratos durante la crisis de comienzos de siglo, sin reconocer siquiera la evolución de la inflación que tuvo lugar desde 2002 en adelante y aún luego de que la economía se había recuperado.
El proceso de normalización de las instituciones económicas de la Argentina requiere dejar lado las soluciones “mágicas”. En el caso de las tarifas, la discusión debería centrarse en los costos y para ello existen las audiencias de revisión de tarifas. El gobierno nacional todavía está en falta en explicitar un esquema regulatorio que facilite la competencia en los precios mayoristas de la electricidad y el gas natural y tampoco queda claro cómo se han definido las estructuras tarifarias de distribución donde se castiga a los consumidores de mayor consumo sin que ello tenga un correlato en los costos. Además, no es fácil de entender porqué difieren los criterios de indexación de los valores de transporte y distribución: se ajustan por precios mayoristas en el caso del gas natural y por una combinación de éstos, precios minoristas y salarios, en el caso de la electricidad. Tampoco se había prestado la debida atención a la carga impositiva que más que duplica a la del resto de Latinoamérica, en particular porque provincias y municipios utilizan a los servicios públicos como una fuente fácil de ingresos, con tasas que no se ajustaron a la baja para compensar el efecto de un mayor precio neto generado por la normalización tarifaria. Además, en algunas provincias, los márgenes de distribución eléctrica son muy altos para financiar una estructura sobredimensionada.
En el caso de la inflación, las sugerencias de lograr bajarla aplicando la Ley de Defensa de la Competencia tienen innumerables problemas. Primero, confunde niveles de precios con tasas de variación. Aún un monopolio fija su nivel de precios teniendo en cuenta ingreso marginal y costo marginal y si este último no varía no le conviene subir su precio de venta, si no cambian las condiciones de demanda. Segundo, tiene un parecido enorme con la estrategia del gobierno anterior que usó controles directos de precios sin poder lograr un descenso de la inflación. Sea por la vía de un control directo o uno indirecto vía una utilización inapropiada de la legislación de Defensa de la Competencia se genera un señal muy negativa respecto a entender los problemas económicos y cómo resolverlos.
El gobierno espera que la inflación comience a ceder en el mes de mayo. Si ello no ocurriese, el BCRA ha adelantado que deberá aumentar las tasas de interés. Es importante que quede claro qué objetivo perseguirá: si pretende llegar a una inflación cercana a la meta del 15%, la tarea será costosa para el funcionamiento de la economía. Parecería que ese no será el camino a transitar si se atiende a las declaraciones del Jefe de Gabinete que ha mencionado que el 15% es orientativo y no un compromiso. En algún momento habrá que explicitar cuál es el objetivo para que el BCRA no vuelva a quedar atrapado en la retórica de una meta demasiado ambiciosa.

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Industria avanza 4.8% en el primer bimestre de 2018 respecto a igual período del año anterior

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El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en febrero un avance del 8.6% respecto al mismo mes del año anterior de acuerdo con información preliminar. En el mes la actividad industrial fue impulsada por el salto de la producción automotriz y un buen desempeño en los sectores de bienes de uso intermedio, especialmente siderurgia. Al mismo tiempo, la producción industrial del mes resultó 2.2% superior a la de enero incluyendo factores estacionales, mientras que si estos se corrigen, la actividad avanzó 1.4%. En el acumulado para el primer bimestre del año, y en la comparación interanual, la actividad industrial muestra un crecimiento del 4.8% respecto al mismo periodo de 2017.

A nivel de ramas de actividad el ranking de crecimiento en el acumulado para los dos primeros meses del año y en la comparación interanual, es liderado por producción siderúrgica que acumula una mejora de 21.4%. La producción automotriz que suma una mejora de 21.3% en el bimestre pasó a ocupar la segunda posición del ranking. A estas ramas le siguen la producción de minerales no metálicos (+13%), la de químicos y plásticos (5.7%) y alimentos y bebidas (+4.8%) que crecen en el bimestre por encima del promedio de la industria. La nómina de sectores con avance interanual la completan papel y celulosa (+3%) y despachos de cigarrillos (+0.3%). Finalmente, tres sectores de actividad muestran un retroceso interanual de la producción en el primer bimestre: insumos textiles (‐ 1.2%), proceso de petróleo (‐1.9%) y metalmecánica (‐4.8%). 

Siguiendo la clasificación de las ramas industriales según el tipo de bienes y en línea con el desempeño sectorial descripto, los bienes de uso intermedio –siderurgia, químicos y plásticos, minerales no metálicos, etc‐ lideran el crecimiento acumulando en el primer bimestre con una mejora interanual de 5.7%, seguidos de los bienes de consumo no durable que acumulan un avance interanual de 4.1%. En el primer bimestre del año la producción de bienes de capital avanzó 3.3%, mientras que la producción de bienes de consumo durable mostró una mejora de 3.2%.

En términos desestacionalizados, el IPI de febrero avanzó 1.4% respecto al mes anterior, encadenando tres meses sin alternar el signo (Tabla 1). La presente fase que acumula 20 meses, ha mostrado una ligera mejora en la dinámica de crecimiento, el que equivale al 4.6% anual. Asimismo, los indicadores que permiten monitorear la consolidación de la fase han mostrado mejoras. Por último, la difusión sectorial de la recuperación revierte el deterioro observado en los últimos meses y pasa del 38% al 46%, con perspectivas de mejora.
En síntesis, en febrero el avance de la producción automotriz y siderúrgica ha impulsado un fuerte crecimiento de la actividad industrial –conjuntamente estas ramas explican el 55% del crecimiento industrial del mes. Además, otros sectores de insumos intermedios sostienen un buen ritmo de crecimiento. Con ello el primer trimestre del año mostrará un mejor resultado que el cierre de 2017. Mientras se espera la consolidación de la recuperación de Brasil, la industria enfrentará desafíos sectoriales que podrían moderar este ritmo de avance.

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En septiembre la producción industrial creció 5.6% respecto a igual mes del año anterior

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El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en septiembre un crecimiento de 5.6% respecto al mismo mes del año anterior de acuerdo con información preliminar. Al mismo tiempo, la producción industrial del mes registró un retroceso de 0.8% respecto a agosto si se consideran factores estacionales, mientras que si estos se corrigen, la actividad avanzó 1.1%. En el tercer trimestre de 2017, y en la comparación interanual la actividad industrial se expandió 5.0%, mientras que en relación al segundo trimestre del año la producción corregida por estacionalidad creció 1.7%. Finalmente, en el acumulado para los primeros nueve meses del año y en la comparación interanual, la actividad industrial registró un crecimiento de 2.0%. (ver Tabla 1 y Gráfico Nº 1).   

En el mes de septiembre, todas las ramas de actividad mostraron una mejora interanual de la producción, con excepción de la industria metalmecánica y la refinación de petróleo. En el mes se destacó el avance de la siderurgia y de los insumos químicos y plásticos. En el acumulado para los primeros nueve meses del año y en la comparación interanual, la producción de Minerales no Metálicos (8.6%) lidera el ranking sectorial de crecimiento, seguida de la producción siderúrgica (8.0%) y el sector de Químicos y Plásticos (4.3%).

Asimismo, tres ramas de actividad registran un crecimiento inferior al promedio de la industria, comenzando con la producción Metalmecánica (1.7%) y siguiendo con los despachos de cigarrillos (1.3%) y la producción automotriz (0.1%). Finalmente, cuatro ramas industriales aún muestran un retroceso interanual en el acumulado enero – septiembre, comenzando con alimentos y bebidas (0.5%) y siguiendo con insumos textiles (1.3%), proceso de petróleo (1.8%) y   producción de papel y celulosa (1.9%).  

Siguiendo el desempeño sectorial y tomando en cuenta la clasificación de la actividad industrial por tipo de bienes, en el tercer trimestre y en la comparación interanual se registra crecimiento en todos los bloques, incluyendo el avance en la producción de bienes de consumo. Para los primeros nueve meses, la producción de bienes de capital continúa liderando el ranking de crecimiento, acumulando un avance de 10.8%, seguida de la producción de Bienes de Uso Intermedio que acelera su dinámica de crecimiento acumulando en nueve meses un avance interanual de 3.9%. Por su parte, los Bienes de Consumo no durables han reducido su caída a 0.2%, mientras que en el de no durables alcanza a 2.8%, en el primer nonestre y en la comparación interanual. (Gráfico Nº 3).

 

La producción ajustada por estacionalidad en el mes de septiembre mostró una nueva mejora mensual que alcanzó 1.1%. De este modo, la presente fase expansiva alcanza una duración de doce meses, acumulando un crecimiento equivalente anual del 7.2%, que resulta inferior al promedio de las fases de recuperación desde 1980. Los indicadores que complementan el análisis del estado del ciclo industrial continúan sosteniendo mejoras y en el tercer trimestre la difusión sectorial de la recuperación se ha estabilizado por encima del 60%. Hacia octubre se espera un nuevo incremento interanual de la producción. La recuperación de la industria en Brasil es aun débil pero las expectativas de mercado han mostrado una aceleración del crecimiento esperado para 2018.

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Según FIEL, la industria creció 4,9% en agosto y es la cuarta suba consecutiva

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El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en agosto pasado un crecimiento del 4,9%, respecto al mismo mes del año anterior, según se informó este miércoles.

Al mismo tiempo, la actividad fabril del mes resultó 4,7% superior a la de julio incluyendo factores estacionales, mientras que si estos se corrigen,el índice registró un baja de 0,7%, de acuerdo a la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).

El Índice de Producción Industrial (IPI) de la entidad registró en agosto un crecimiento interanual de 4,9%.

Evaluó que en el acumulado para los primeros ocho meses del año y en la comparación interanual, la actividad industrial alcanzó un crecimiento de 1,6%.

“A nivel de ramas de actividad, en el acumulado para el período entre enero y agosto y en la comparación interanual, la producción de Minerales no Metálicos, con un 8,3% lidera el ranking sectorial de crecimiento”, puntualizó el sondeo.Resaltó que en el segundo lugar se ubicó la producción siderúrgica, con un 5,4%, mientras el sector de Químicos y Plásticos, con un 3% alcanzó la tercera posición del ranking.

“La producción Metalmecánica consolida su crecimiento acumulado en los primeros ocho meses del año con un avance de 1,8% en la comparación interanual”, destacó.

Las restantes ramas de actividad arrojaron en los primeros ocho meses caídas de la producción respecto del mismo período de 2016, apuntó.

En términos interanuales, para el acumulado de los primeros ocho meses del año, el segmento de despachos de cigarrillos cedió 0,1%; alimentos y bebidas retrocedió 0,3%; industria automotriz bajó 1,3%; insumos textiles cayó 1,7%, mientras proceso de petróleo hizo 2,1% y producción de papel y celulosa 3,9%;

Evaluó que si se toma en cuenta la clasificación de la actividad industrial por el tipo de bienes, los de capital “continúan liderando el crecimiento, al acumular un avance de 9,3% en los primeros ocho meses”. 

Calculó que “la producción de Bienes de Uso Intermedio acumuló en el período entre enero y agosto un avance de 3,3% en la comparación interanual, y se consolida como el grupo de bienes con mayor aporte al crecimiento de la producción industrial”.

Por su parte, los Bienes de Consumo, volvieron a moderar el ritmo de caída en el acumulado; así mientras en el caso de los durables la contracción alcanzó 2,7%, en el de los no durables ascendió a 0,3% en los primeros ocho meses.

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Continúa la recuperación en un clima de incertidumbre preelectoral

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La economía se recuperaría en el segundo trimestre a una tasa interanual del 3.3%, luego de un primer trimestre al 0.3%. La industria tuvo un crecimiento apreciable en mayo y junio, acumulando en ambos meses un crecimiento interanual promedio de 4.7% (INDEC y FIEL). Además, aumentó el número de sectores que crecen (el índice de difusión del IPIFIEL se acercó al 50% en junio). En la Construcción, la tasa de crecimiento interanual se aceleró al 17% (ISAC-INDEC). Por su parte, el crédito al sector privado crece a una tasa del 44% anual, con fuerte expansión del crédito en dólares.

La inflación de julio se aceleró aunque la lectura interanual sigue mostrando un descenso desde tasas del 40% a alrededor del 22%. Del análisis realizado con datos semanales de series disponibles para los últimos años se evidencia que las devaluaciones (esperadas) en un régimen de tipo de cambio fijo activan aumentos de precios que componen la inflación núcleo. En un régimen de tipo de cambio flexible no se evidencia el mismo comportamiento hasta el momento; los saltos de inflación núcleo han estado asociados en los últimos 18 meses más a shocks tarifarios. Esto sugiere que el traslado a precios de la reciente depreciación del peso debería ser acotado. De todos modos, el tipo de cambio real multilateral que estima el BCRA se ubicaba a finales de julio alrededor de 6% por debajo del valor observado a mediados de diciembre de 2015 cuando se eliminaron los principales controles en el mercado cambiario.

La cercanía de las elecciones de medio término parece haber generado alguna dolarización de portafolios y un pequeño impacto negativo en el riesgo país. Resuelta la incógnita electoral, el gobierno parece decidido a avanzar en reformas estructurales en los impuestos, las regulaciones al trabajo y en el sistema previsional. Estas reformas son necesarias para sostener el ritmo de crecimiento y lograr cumplir con la consolidación gradual de las cuentas fiscales.

Sin embargo, existen algunos escollos que sortear. En cualquiera de los tres campos se requiere capital político porque las reformas necesarias son “impopulares”. Si la reforma tributaria procura reducir la carga de los impuestos a la producción, al empleo y a la inversión (entre los más importantes, ingresos brutos, impuesto a las transacciones financieras, contribuciones patronales y tasa elevada de impuestos al retorno del capital propio) y se pretende no perder recaudación, es evidente que tendrá que aumentar la carga fiscal sobre los ingresos y activos de las personas o sobre el consumo.

Una eventual reducción de las cargas patronales para los asalariados de menores remuneraciones también genera un costo fiscal. Este no es el problema principal, sino los sobrecostos que existen en los seguros asociados al empleo formal (duplicación de la cobertura por desempleo, elevada litigiosidad tanto en indemnizaciones por despido como accidentes de trabajo, pagos elevados a obras sociales sindicales y a los sindicatos) y la rigidez tanto en la contratación temporaria como en la permanente. Pero en todos estos casos existen grupos de presión interesados en mantener el statu quo.

El sistema previsional nacional es altamente deficitario cuando se excluyen los fondos de rentas generales. Ello obedece a la decisión de otorgar jubilaciones a individuos sin aportes y a la existencia de regímenes especiales dentro del sistema contributivo.

La relación entre la jubilación a la que puede acceder un trabajador y sus aportes al sistema previsional es entre cinco y siete veces más alta para las empleadas domésticas y los monotributistas que para los asalariados. El problema es que estos casos “especiales” que generan pagos futuros desproporcionados a los aportes realizados alcanzan a más del 20% de los aportantes. Además, la expectativa de vida al momento del retiro para las mujeres es de las más altas del mundo. Otros países han tratado de corregir estos desequilibrios aumentando edades de retiro o la cantidad de años requeridos de aporte para poder acceder al beneficio, o introduciendo criterios actuariales para calcular las jubilaciones (relacionándolas a los aportes realizados). Pero es evidente que remover (o atenuar) estos “regímenes de privilegio universales” requiere capital político.

La Argentina necesita reformas estructurales para poder lograr la consolidación fiscal y eliminar algunos de los sobre costos que hoy traban a la actividad productiva. Ante la dificultad, el gobierno puede limitarse antes de iniciar las negociaciones y proponer reformas “light”, o aún cuando sea más ambicioso tener que ceder ante los grupos de presión. A la inversa del populismo, la mayoría de las reformas de fondo requiere pagar costos hoy para poder mejorar ingresos futuros. Ello pone en evidencia que no es fácil avanzar en su implementación. La clave pasa porque la dirigencia política comprenda que el espacio que provee la capacidad de endeudarse para hacer cambios graduales requiere que estos se vayan materializando.

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