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Banco Centrales: menos es más

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Escribe Raghuram Rajan – Los bancos centrales más enfocados en su mandato y menos intervencionistas obtendrían mejores resultados

En los países industrializados, la valoración de los bancos centrales entre el público ha caído enormemente. No hace mucho eran héroes, cuando apoyaban el anémico crecimiento con políticas monetarias no convencionales, fomentaban la contratación de minorías al permitir un cierto calentamiento del mercado laboral e incluso intentaban frenar el cambio climático, al tiempo que reprendían por no hacer más a los órganos legislativos paralizados. Ahora se les acusa de hacer mal su tarea más básica: mantener la inflación baja y estable. Los políticos, que huelen la sangre y desconfían de un poder no electo, quieren volver a revisar los mandatos de los bancos centrales.

¿Los bancos centrales se equivocaron en todo? Si es así, ¿qué deberían hacer?

Argumentos a favor de los bancos centrales

Empezaré con las razones por las que hay que dar un respiro a los bancos centrales. A posteriori, por supuesto, todo se ve claro. La pandemia fue inaudita, y sus consecuencias para la economía globalizada fueron muy difíciles de predecir. La respuesta fiscal, quizá mucho más generosa debido a que la polarización de los órganos legislativos no permitió llegar a un acuerdo sobre a quién excluir, no fue fácil de pronosticar. Pocos eran los que pensaban que Vladimir Putin iría a una guerra en febrero de 2022, lo que provocó nuevas interrupciones en las cadenas de suministro y el aumento vertiginoso de los precios de los alimentos y la energía.

No cabe duda de que los bancos centrales no reaccionaron con la rapidez necesaria a los crecientes signos de inflación. En parte, creían que todavía estaban en el régimen posterior a la crisis financiera de 2008, cuando cualquier aumento de precios, incluso del petróleo, apenas incidía en el nivel general de precios. En un intento de aumentar el nivel de inflación demasiado bajo, la Reserva Federal incluso modificó su marco durante la pandemia, con el anuncio de que sería menos reactiva a la inflación anticipada y mantendría políticas más acomodaticias durante más tiempo. Este marco fue adecuado para una época de demanda e inflación estructuralmente bajas; sin embargo, fue el peor al que aferrarse justo cuando la inflación estaba a punto de despegar y cada incremento de precios avivaba uno nuevo. Pero ¿quién sabía que los tiempos estaban cambiando?

Aun con una capacidad de previsión perfecta, los bancos centrales —que en realidad no están mejor informados que los actores competentes del mercado— podrían naturalmente haberse quedado por detrás de la curva de inflación. Para enfriar la inflación, los bancos centrales desaceleran el crecimiento económico. Sus políticas deben percibirse como razonables, si no, pierden su independencia. En un contexto en que los gobiernos habían dedicado billones a respaldar sus economías, el empleo se acababa de recuperar desde niveles muy bajos y la inflación apenas se había notado en más de una década, solo un banco central imprudente habría elevado las tasas e interrumpido el crecimiento cuando el público aún no veía la inflación como un peligro. En otras palabras, los aumentos preventivos de las tasas que habrían desacelerado el crecimiento, no habrían contado con legitimidad pública, sobre todo si hubieran conseguido que la inflación no aumentara, y aún más, si hubieran deflactado los altos precios de los activos financieros que daban al público cierta sensación de bienestar. Para poder adoptar medidas decididas contra la inflación, los bancos centrales necesitaban que el público viera que estaba aumentando.

En resumen, los bancos centrales tenían las manos atadas por distintos motivos: por la historia reciente y sus creencias, por los marcos que habían adoptado para combatir la baja inflación y por la política de ese momento; además, cada uno de estos factores incidía en los demás.

Argumentos en contra

Aun así, dejar el análisis a posteriori en este punto es, probablemente, demasiado generoso con los bancos centrales. Después de todo, sus acciones pasadas redujeron su margen de maniobra, y no solo por las razones que acabamos de explicar. Pensemos en la aparición de la dominancia fiscal (por la que el banco central actúa para acomodar el gasto fiscal público) y la dominancia financiera (por la que el banco central acepta los imperativos del mercado). Claramente, ambos se relacionan con las acciones de los bancos centrales en los últimos años.

Los largos períodos de bajas tasas de interés y elevado nivel de liquidez dan pie a un incremento de los precios de los activos y del apalancamiento asociado. Y tanto el gobierno como el sector privado impulsaron el apalancamiento. Desde luego, la pandemia y la guerra de Putin aumentaron el gasto público, pero también lo hicieron las tasas de interés ultrabajas a largo plazo y un mercado de bonos anestesiado por las medidas de los bancos centrales, como la expansión cuantitativa. Lo cierto es que había argumentos para financiar el gasto público focalizado con emisión de deuda a largo plazo. Sin embargo, los economistas prudentes que argumentaban a favor del gasto no insistieron lo suficiente en las salvedades de sus recomendaciones, y la grieta política se encargó de que el único gasto que pudo legislarse llegara a todos. Los políticos, como siempre, se valieron de teorías poco sólidas, pero convenientes (pensemos en la teoría monetaria moderna), que les daban licencia para gastar con desenfreno.

Los bancos centrales agravaron el problema al comprar deuda pública financiada con reservas a un día, lo que redujo los vencimientos del financiamiento de los balances consolidados del gobierno y del banco central. Esto significa que, a medida que aumentan las tasas de interés, las finanzas públicas —en especial, en países con crecimiento lento y un nivel de deuda importante— tendrán cada vez más problemas. Las consideraciones fiscales ya influyen en las políticas de algunos bancos centrales; por ejemplo, al Banco Central Europeo le preocupa el efecto de sus medidas de política monetaria en la “fragmentación”, es decir, que la rentabilidad financiera de la deuda de los países más débiles en términos fiscales se esfume frente a los rendimientos de los países más fuertes. Aun cuando los bancos centrales no hubieran anticipado los shocks, quizás deberían, al menos, haber detectado el cambio en el clima político que facilitó el gasto desenfrenado en respuesta a los shocks. Es posible que entonces hubieran actuado con más cautela a la hora de reprimir las tasas a largo plazo y defender las bajas tasas de política monetaria durante largos períodos.

El sector privado también recurrió al apalancamiento, tanto a nivel de los hogares (pensemos en Australia, Canadá y Suecia) como a nivel de las empresas. Pero existe otra preocupación nueva y en gran parte ignorada: la dependencia de la liquidez. Mientras que la Fed inyectaba reservas durante la expansión cuantitativa, los bancos comerciales financiaban en gran medida las reservas con depósitos a la vista procedentes del mercado interbancario, lo que efectivamente redujo el vencimiento de sus pasivos. Además, con el fin de generar retribuciones para el gran volumen de reservas de baja rentabilidad en sus balances, hicieron todo tipo de promesas de liquidez al sector privado (líneas de crédito comprometidas, margen de garantía para posiciones especulativas, etc.).

El problema es que cuando el banco central reduce su balance, es difícil para los bancos comerciales desplegar estas promesas con rapidez. El sector privado depende mucho más del banco central para contar con liquidez continua. Lo pudimos ver por primera vez en el Reino Unido, en octubre de 2022, con la tormenta política sobre las pensiones, que se calmó cuando el banco central intervino y el gobierno dio marcha atrás en sus extravagantes planes de gasto. No obstante, el episodio sugirió que un sector privado dependiente de la liquidez podría incidir en los planes del banco central de reducir su balance para contraer la política monetaria acomodaticia.

Y, por último, los altos precios de los activos invocan el fantasma de la acción asimétrica del banco central, en la que este aplica con rapidez una política acomodaticia en cuanto la actividad se ralentiza o los precios de los activos caen, pero es más reticente a aumentar las tasas cuando los precios de los activos aumentan, arrastrando con ellos la actividad. En efecto, en un discurso en la conferencia Jackson Hole de 2022 del Banco de la Reserva Federal de Kansas City, Alan Greenspan dijo que, si bien la Fed no podía detectar o evitar los auges de precios de los activos, “sí podría mitigar sus secuelas cuando se produjeran y, con suerte, facilitar la transición hacia la próxima expansión”, convirtiendo a la asimetría en un canon de la política de la Reserva Federal.

Los altos precios de los activos, el elevado nivel de apalancamiento privado y la dependencia de la liquidez sugieren que el banco central estaría encarando la dominancia financiera (es decir, que la política monetaria responde a la evolución financiera del sector privado, y no a la inflación). Con independencia de si la Reserva Federal quiere ser dominada, el hecho de que el sector privado esté pronosticando que se verá obligada a recortar las tasas de política monetaria con rapidez ha dificultado su labor de retirar la política monetaria acomodaticia. Durante más tiempo, tendrá que ser más dura de lo deseado si el sector privado no tuviera estas expectativas. Esto significa que las consecuencias para la actividad mundial serán peores. Y también que, cuando los precios de los activos alcancen su nuevo equilibrio, los hogares, los fondos de pensiones y las compañías de seguros habrán sufrido pérdidas importantes, y estos no suelen ser los que se beneficiaron del aumento. Los fondos de pensiones públicos, la gente poco entendida y las personas relativamente pobres se quedan a la cola del auge de precios de los activos, con consecuencias distributivas problemáticas de las que el banco central es en parte responsable.

Un ámbito en el que la política de los bancos centrales de los países con moneda de reserva tiene consecuencias, si bien asumen poca responsabilidad, son los efectos de derrame externos de sus políticas. Es evidente que las políticas de los principales países con moneda de reserva afectan a la periferia a través de los flujos de capital y las variaciones de los tipos de cambio. El banco central de la periferia debe reaccionar sin importar si sus medidas de política son adecuadas para las condiciones internas; caso contrario, el país de la periferia sufre consecuencias a largo plazo, como auges del precio de los activos, endeudamiento excesivo y, al final, situaciones críticas causadas por el sobreendeudamiento. Volveré sobre esta cuestión en la conclusión.

Así pues, en resumen, aunque los bancos centrales pueden afirmar que se vieron sorprendidos por los recientes acontecimientos, también limitaron su propio margen de maniobra para la aplicación de políticas. Con sus políticas asimétricas y no convencionales, destinadas ostensiblemente a evitar que la tasa de política monetaria se acercara a su límite inferior, han generado varios desequilibrios que dificultan no solo la lucha contra la inflación, sino también el abandono de la combinación predominante de medidas de política, aun cuando el régimen de inflación haya pasado a ser un régimen de inflación sustancialmente más elevada. Los bancos centrales no son los espectadores inocentes por los que a veces se hacen pasar.

Expansión de su misión

Entonces, ¿qué sucede ahora? Los bancos centrales conocen bien la batalla contra la inflación alta y disponen de las herramientas para combatirla. Deberían tener libertad para hacer su trabajo.

No obstante, cuando los bancos centrales consigan disminuir la inflación, probablemente volvamos a un mundo con crecimiento bajo. Es difícil dilucidar qué podría contrarrestar los factores adversos del envejecimiento de la población, la desaceleración de China y un mundo lleno de desconfianza que se está militarizando y desglobalizando. Ese mundo de crecimiento bajo y, posiblemente, inflación baja, es un mundo que los bancos centrales no llegan a entender del todo. Las herramientas que los bancos centrales utilizaron tras la crisis financiera, como la expansión cuantitativa, no fueron especialmente eficaces para fortalecer el crecimiento. Además, las medidas agresivas de los bancos centrales podrían precipitar una mayor dominancia fiscal y financiera.

Así pues, cuando todo vuelva a la normalidad, ¿cuáles deberían ser las atribuciones de los bancos centrales? Naturalmente, los bancos centrales no son instituciones responsables de luchar contra el cambio climático o fomentar la inclusión. No suelen tener estos mandatos. En lugar de atribuirse competencias en ámbitos políticamente espinosos, es mejor que reciban su mandato de los representantes electos del pueblo. Pero ¿es sensato darles atribuciones en estos ámbitos? En primer lugar, la eficacia de las herramientas de los bancos centrales es limitada en ámbitos como la lucha contra el cambio climático o la desigualdad. En segundo lugar, el tener nuevas responsabilidades, ¿podría influir en la eficacia de sus mandatos principales? Por ejemplo, ¿podría el nuevo marco de la Reserva Federal, que le exige prestar atención a la inclusión, haber frenado los incrementos de las tasas de interés, ya que las minorías desfavorecidas suelen ser, desafortunadamente, los últimos en ser contratados en épocas de expansión? Por último, ¿podrían estos nuevos mandatos exponer al banco central a nuevas presiones políticas y dar lugar a nuevas formas de aventurerismo de los bancos centrales? Todo esto no es para decir que los bancos centrales no deban preocuparse por las consecuencias del cambio climático o por la desigualdad en sus mandatos explícitos. Podrían incluso seguir las instrucciones expresas de los representantes electos en algunas cuestiones (por ejemplo, comprar bonos verdes en lugar de bonos marrones al intervenir en los mercados), aunque esto plantea el riesgo de microgestión externa. Sin embargo, la tarea de luchar directamente contra el cambio climático o la desigualdad está mejor en manos del gobierno que del banco central.

Debemos entonces preguntarnos por su mandato y marcos de estabilidad de precios. El análisis anterior sugiere que los bancos centrales afrontan una contradicción fundamental. Hasta el momento, existía la impresión de que necesitaban un marco; por ejemplo, de adopción de metas de inflación, que les comprometiera a mantener la inflación dentro de una banda o alrededor de una meta. Sin embargo, como señala Agustín Carstens, Gerente General del Banco de Pagos Internacionales (BPI), un régimen de inflación baja puede ser muy diferente de un régimen de inflación alta. Según el régimen en el que se encuentren, podría ser necesario cambiar sus marcos. En un régimen de inflación baja, en el que la inflación se mantiene en niveles bajos, sin importar los shocks de precios, quizás tendrían que comprometerse a ser más tolerantes con la inflación en el futuro, a fin de aumentar la inflación en el presente. En otras palabras, como decía Paul Krugman, tienen que comprometerse a ser racionalmente irresponsables. Esto se traduce en la adopción de políticas y marcos que efectivamente les atan las manos, y en el compromiso de mantener una política acomodaticia durante un largo período. Sin embargo, como se señaló anteriormente, esto podría precipitar un cambio de régimen, por ejemplo, al relajar las limitaciones fiscales aparentes.

En cambio, en un régimen de inflación alta, en el que cada shock de precios provoca uno nuevo, los bancos centrales deben comprometerse firmemente a erradicar la inflación tan pronto como sea posible, en línea con el mantra que dice que “cuando miras la inflación a los ojos, ya es demasiado tarde”. Por lo tanto, el marco que induce el compromiso con la tolerancia de la inflación, necesario en el régimen de inflación baja, es incompatible con el que se necesita en el régimen de inflación alta. La cuestión es que los bancos centrales no pueden simplemente cambiar según el régimen, porque su compromiso se debilita. Tendrían que elegir un marco para todos los regímenes.

La elección del marco

De ser así, la balanza de riesgos sugiere que los bancos centrales deberían volver a centrarse en su mandato de lucha contra la inflación alta, para lo que deben usar herramientas estándar, como la política de tasas de interés. ¿Qué pasa si la inflación es demasiado baja? Quizás, como en el caso de la COVID-19, debamos aprender a vivir con ella y evitar herramientas como la expansión cuantitativa, cuyos efectos positivos sobre la actividad real son cuestionables; distorsionan el crédito, los precios de los activos y la liquidez, y son difíciles de abandonar. Podría decirse que, mientras la inflación baja no entre en una espiral deflacionaria, los bancos centrales no tendrían que inquietarse demasiado por ello. No son las décadas de inflación baja las que desaceleraron el crecimiento y la productividad laboral de Japón. El envejecimiento y la reducción de la fuerza laboral tienen más parte de culpa.

No es bueno complicar los mandatos de los bancos centrales, si bien un mandato más sólido posiblemente ayude a mantener la estabilidad financiera. Por un lado, las crisis financieras suelen venir acompañadas de una inflación excesivamente baja, difícil de combatir para los bancos centrales. En segundo lugar, su forma de abordar un período prolongado de inflación demasiado baja, como hemos visto, alimenta el aumento de los precios de los activos y, como consecuencia, el apalancamiento y el posible aumento de la inestabilidad financiera. Desafortunadamente, aunque los teóricos de la política monetaria afirman que es mejor ocuparse de la estabilidad financiera mediante la supervisión macroprudencial, esto hasta el momento no ha demostrado ser eficaz, como demuestran los auges de precios de la vivienda en importantes economías. Además, las políticas macroprudenciales podrían tener un impacto limitado en ámbitos del sistema financiero que son nuevos o están alejados de los bancos; prueba de esto son las burbujas y el estallido de las criptomonedas y las acciones meme. Si bien es necesario que la regulación macroprudencial tenga una mejor cobertura del sistema financiero, en especial del sistema financiero paralelo no bancario, también debemos recordar que la política monetaria, en palabras de Jeremy Stein, “llega a todos los rincones”. Tal vez entonces, este poder debería venir acompañado de algo de responsabilidad.

¿Y qué sucede con la responsabilidad por las consecuencias externas de sus políticas? Cabe destacar que los bancos centrales que están más centrados en la estabilidad financiera interna estarían más dispuestos a adoptar políticas monetarias con menores efectos de derrame. En cualquier caso, los bancos centrales y el mundo académico deberían entablar un diálogo sobre los efectos de derrame. Un diálogo sin ningún tipo de tinte político podría inaugurarse en la sede del BPI, en Basilea, donde los bancos centrales se reúnen con regularidad. Después, el diálogo puede trasladarse al FMI, con la participación de representantes de los gobiernos y más países, y un debate sobre cómo deben modificarse los mandatos de los bancos centrales en un mundo integrado. No obstante, a la espera de este diálogo y de un consenso político sobre los mandatos, que los bancos centrales vuelvan a centrarse en su mandato principal de luchar contra la inflación alta y al mismo tiempo respeten el mandato secundario de mantener la estabilidad financiera podría ser suficiente. 

¿Condenará este doble mandato a un mundo de bajo crecimiento? No, pero la obligación de fomentar el crecimiento volverá a recaer en el sector privado y en los gobiernos, que es donde pertenece. Los bancos centrales más enfocados en su mandato y menos intervencionistas probablemente obtendrían mejores resultados que los que nos toca vivir hoy: alta inflación, alto nivel de apalancamiento y bajo crecimiento. Para los bancos centrales, menos podría ser, en efecto, más. 

RAGHURAM RAJAN  es profesor en la Booth School of Business de la Universidad de Chicago, y fue gobernador del Banco de la Reserva de India entre 2013 y 2016.

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Se recuperó levemente la coparticipación en marzo y los fondos para Misiones crecieron 0,7%

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Un reporte de la consultora Politikon Chaco indicó que las transferencias automáticas del Estado nacional a las provincias mostraron una recuperación durante el mes de marzo. En ese mes, se distribuyeron $ 781.941,3 millones a las 24 jurisdicciones subnacionales, exhibiendo un incremento del 107,5% nominal y, al descontar la inflación (estimando el IPC nacional de marzo en 7,1%, basado en proyecciones privadas) presentaron una suba en términos reales del 2,2%, recuperando de la caída de 3,1% que experimentó en febrero.

En ese marco, la provincia de Misiones captó un total de $ 24.854,1 millones que implica un crecimiento del 106,9% nominal interanual; al descontar la inflación regional (IPC NEA según estimaciones propias en 7,2%) la provincia mostró una leve suba real del 0,7%.

Síntesis de las transferencias a nivel nacional

Durante marzo la distribución de fondos por transferencias automáticas a las 23 provincias y a la CABA fue por un total de $ 781.941,3 millones registrando así una expansión del 107,5% en términos nominales contra igual mes de 2022; al descontar la inflación de este mes (estimada en 7,1%) la variación real de los envíos fue positiva en 2,2%, recuperando así de la caída del mes previo que fue de -3,1%.

Observando los componentes que hacen a las transferencias automáticas, los recursos por coparticipación federal explicaron el 93% del total de los envíos y crecieron en términos reales un 3,8%, explicado principalmente por la suba del IVA (+7,6%) y pese al retroceso de Ganancias (-3,6%). También mostraron subas los Impuestos Internos (+21,5%).

Por su parte, los drivers de reparto vinculadas a los leyes y regímenes especiales presentaron desempeños heterogéneos, pero mejores a los del mes previo. Los recursos derivados del impuesto a los Bienes Personales tuvieron una importante suba del 33,5% real interanual y también crecieron los del IVA de la Seguridad Social (+7,6%) y los del Régimen de Energía Eléctrica (5,7%); por el contrario, volvieron a mostrar caídas los del impuesto a los Combustibles Líquidos (-57,1%), los del Monotributo (20,4%) como también los recursos por Compensación del Consenso Fiscal (-18,8%).

Analizando los resultados de marzo 2023 en moneda constante, además de crecer 2,2% frente a 2022, también lo hace en 3,7% vs. 2021, +26,2% contra 2020 y 11,8% en relación con 2019; comparado con 2018, quedan 1,4% por debajo.

Transferencias automáticas a Misiones: evolución y composición

La provincia de Misiones recibió en marzo 2023 unos $ 24.854,1 millones por transferencias automáticas de recursos de origen nacional. En comparación contra igual mes del 2022 mostró una suba nominal del 106,9%; al descontar la inflación del mes tomando el indicador regional del NEA (estimada en 7,2% según proyecciones propias) la provincia muestra una suba real del 0,7% de los envíos captados.

Observando los componentes de las transferencias automáticas para el caso misionero, la coparticipación federal crece en moneda constante un 2,6% interanual (totalizó $ 23.071,2 millones, que equivale al 93% del total de las transferencias automáticas); mientras que los recursos derivados de los leyes y regímenes especiales totalizaron $1.105,5 millones. Dentro de estos, crecieron en términos reales los vinculados a Bienes Personales (31,9%), al IVA de la Seguridad Social (6,3%) y al régimen de Energía Eléctrica (-4,1%); por el contrario, caen los del impuesto a los Combustibles Líquidos (-57,1%), al Monotributo (-21,3%) y también los recursos en concepto de compensación del Consenso Fiscal (-19,7%).

De este modo, Misiones dejó atrás tres meses consecutivos de caídas de recursos coparticipables.

Resultados por jurisdicción

Si bien los diferentes impactos de los índices de precios regionales generan que el resultado de las jurisdicciones subnacionales muestre heterogeneidades, en marzo las 24 jurisdicciones presentaron subas reales. En una punta del ranking, las mayores subas estuvieron en las provincias patagónicas, con Santa Cruz a la cabeza (4,3%) y seguida por Río Negro (4,2%) y Tierra del Fuego (4,1%), las únicas tres provincias del país con subas superiores a los cuatro puntos. En el otro extremo, Buenos Aires y Misiones fueron las únicas con subas inferiores al punto porcentual (0,2% y 0,7% respectivamente).

Cabe destacar que el cálculo real se realiza en función de los IPC regionales (con estimaciones propias para marzo en cada región); por ello se observan diferencias significativas de las tasas de variación real entre provincias, al tener distintos impactos del alza de precios según ubicación geográfica.

El total acumulado del primer trimestre del 2023 muestra envíos a las 24 jurisdicciones por $ 2.232.193,4 millones y pese al alza de marzo, continúan en terreno negativo: -0,2% en moneda constante, producto del significativo descenso sufrido en febrero. Sin embargo, el resultado negativo no se aplica a la totalidad de las jurisdicciones: por el contrario, catorce de ellas cierran el período con alzas, estando Córdoba y Santa Cruz a la cabeza (1,1% acumulado real); entre las diez provincias con descensos acumulados, las de Corrientes, Misiones y Buenos Aires son las únicas que superan el punto porcentual.

En la distribución Per Cápita de las transferencias automáticas Misiones continúa siendo la provincia que menos fondos por habitante recibe en todo el Norte Grande: los envíos de marzo equivalieron a unos $ 19.402,7 por misionero, el valor más bajo de toda la región y el séptimo menor de todo el país. En el NEA se acentúan las brechas: por cada formoseño se asignó $ 44.302, por chaqueño unos $ 32.435 y por correntino $ 23.313. Igual resultado se observa en el acumulado del primer trimestre: por cada misionero llegaron $ 55.403, mientras que para el caso formoseño fue $ 126.428; $ 92.603 por chaqueño y $ 66.597 por correntino.

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“La inflación pulveriza el poder adquisitivo y el consumo”, remarcó Daniel Adler

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Tras el dato de una inflación del 6,6 % en febrero y 102,5 interanual, el economista Daniel Adler lanzó sus propuestas para bajar la inflación

“Las personas de más bajos ingresos son los que más sufren este proceso inflacionario porque no suelen tener activos que superen el ritmo de estos aumentos de precios (propiedades e inversiones) y los ingresos o el salario real es cada vez menor y tiene menos poder de compra. Cada día 2800 trabajadores cruzan el umbral de la pobreza. Estamos viendo la pulverización del poder adquisitivo y el consumo”, aseguró Daniel Adler, especialista en Educación Financiera y Emprendedurismo.

Adler explicó que: “unos 28 millones de argentinos reciben ingresos directos de parte del Estado nacional. Hay 182 programas de asistencia social y el último año hubo un incremento de 54% de la cantidad de inscriptos en estos programas”.

Existen 167 impuestos y a esos hay que sumarles la inflación, que es el peor de todos. Argentina tiene hoy la inflación más alta de los últimos 32 años y es producto de la falta de inversión y de ausencia de incentivos para el ahorro. La pobreza, según la UCA, llega al 43,1% de los habitantes y la indigencia al 8,1%. El 61.6% de los niños de entre 1 y 17 años es pobre.

“Estamos ante un escenario donde la inflación golpea constante y metódicamente, el bolsillo de todos y cada uno de los argentinos, en donde cada vez hay menos Pyme, las que representan el 99% del tejido empresarial y el 80% del empleo, casi 11 millones de puestos de trabajo (el doble que las grandes corporaciones), y el 50% del PBI”.

“Me permito, continuó Adler, proponer algunas medidas puntuales para bajar la inflación y lograr la reactivación económica, en dos etapas de 6 meses cada una:”

Etapa uno:

1 – Establecer por Ley la prohibición de emisión monetaria cómo lo hizo Israel en el año 1989. Restringir absolutamente la emisión monetaria es poner un potente freno de mano.

2 – Limitar el déficit fiscal al 2,5% del producto bruto interno (siempre se dice que hay que gastar menos, pero está bueno cuantificar cuánto es el presupuesto)

3- Mantener fijos los precios de los Servicios como electricidad, gas, impuestos y combustibles por los primeros 6 meses (más tarde se comenzarán a actualizar progresivamente)

Etapa dos:

4 – Creación de créditos a una tasa nunca mayor del 18% anual, dependiendo el sector.

5 – Liberación de todos los precios privados. Los planes de congelamiento de precios nunca sirvieron, no sirven y no servirán nunca.

6 – Eliminación del cepo cambiario. Que el dólar pase a ser una moneda de uso corriente al igual que el peso argentino. Que haya una convivencia entre ambas maneras como sucede en Panamá.

7 – Generar valor: tal vez lo más importante viene el final pero debemos volver al ruedo y a la competencia. Es esencial. El Gobierno debe invertir en su activo más valioso que es su gente, para que puedan crear marcas personales que sean exportables como productos terminados. El mundo realmente está necesitando de proveedores argentinos, con un sello de calidad como el que tendremos muy pronto, si seguimos estos pasos, pero para eso necesitamos políticas económicas internas claras, transparentes y sostenibles en el tiempo indistintamente del gobierno de turno, tal como lo hace Uruguay.

“Una vez que tengamos certidumbre y claridad, como así también crédito y previsibilidad, podremos empezar un Plan Nacional de Educación Financiera, proyectando un 40% de emprendedores que exporte en su talento y que traigan dólares genuinos para sí mismos y para el país”, finalizó Adler

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La FED anunció fondos adicionales para garantizar y pagar depósitos de ahorristas del SVB

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La Junta de Gobernadores de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) anunció hoy, en Washington, que pondrá a disposición fondos adicionales para las instituciones de depósito elegibles, para ayudar a garantizar que los bancos tengan la capacidad de satisfacer las necesidades de todos sus depositantes”, a la vez que se garantizó el pago de los depósitos de los ahorristas del Silicon Valley Bank.

En un comunicado, la FED sostuvo que “esta acción reforzará la capacidad del sistema bancario para salvaguardar los depósitos y garantizar la provisión continua de dinero y crédito a la economía, con el objetivo de apoyar a las empresas y los hogares estadounidenses”.

En tanto, en una resolución conjunta, la secretaria del Tesoro, Janet L. Yellen, el presidente de la Junta de la Reserva Federal, Jerome Powell, y el presidente de la Compañía del Fondo de Seguros de Depósitos (FDIC), Martin J. Gruenberg, resolvieron que “los depositantes tendrán acceso a todo su dinero a partir del lunes 13 de marzo, y que el contribuyente no asumirá las pérdidas asociadas con la resolución de Silicon Valley Bank”, al tiempo que aclararon que “los accionistas y ciertos tenedores de deuda no garantizados no estarán protegidos, la alta dirección también ha sido eliminada y cualquier pérdida del Fondo de Seguro de Depósitos para respaldar a los depositantes no asegurados se recuperará mediante una evaluación especial de los bancos, según lo exige la ley”.

“La Reserva Federal está preparada para hacer frente a cualquier presión de liquidez que pueda surgir”, enfatizó el parte oficial publicada en su página web..

La FED remarcó que “el financiamiento estará disponible a través de la creación de un nuevo Programa de financiamiento a plazo bancario (BTFP), que ofrece préstamos de hasta un año de duración a bancos, asociaciones de ahorro, uniones de crédito y otras instituciones de depósito elegibles que prometen bonos del Tesoro de los Estados Unidos, deuda de agencias y valores respaldados por hipotecas y otros activos calificados como garantía. Estos activos se valorarán a la par. El BTFP será una fuente adicional de liquidez contra valores de alta calidad, eliminando la necesidad de una institución de vender rápidamente esos valores en tiempos de estrés”.

Más adelante, el organismo monetario subrayó que “con la aprobación del secretario del Tesoro, el Departamento pondrá a disposición hasta 25 mil millones de dólares, del Fondo de Estabilización Cambiaria como respaldo para el BTFP”, al tiempo que indicó que “no será necesario recurrir a estos fondos de respaldo”.

La FED también señaló que “la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, luego de consultar con el Presidente, aprobó acciones para permitir que la FDIC complete su resolución de Silicon Valley Bank de una manera que protege a todos los depositantes, tanto asegurados como no asegurados y después de recibir una recomendación de los directorios de la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC) y la Reserva Federal”.

Para el organismo monetario, “estas acciones reducirán el estrés en todo el sistema financiero, respaldarán la estabilidad financiera y minimizarán cualquier impacto en las empresas, los hogares, los contribuyentes y la economía en general”.

Al mismo tiempo, puso en relieve que “la Junta está monitoreando cuidadosamente los desarrollos en los mercados financieros. Las posiciones de capital y liquidez del sistema bancario son fuertes y el sistema financiero de los Estados Unidos es resistente”.

La FED manifestó que “las instituciones de depósito pueden obtener liquidez contra una amplia gama de garantías a través de la ventanilla de descuento, que permanece abierta y disponible. Además, la ventanilla de descuento aplicará los mismos márgenes utilizados para los valores elegibles para el BTFP, incrementando aún más el valor prestable en la ventanilla”.

Finalmente, el organismo dijo que “la Junta está monitoreando de cerca las condiciones en todo el sistema financiero y está preparada para usar su gama completa de herramientas para apoyar a los hogares y las empresas, y tomará medidas adicionales según corresponda”.

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El BCRA realizó modificaciones para darle mayor liquidez a los títulos públicos en manos de bancos

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El Banco Central (BCRA) modificó hoy algunos mecanismos operativos de la “opción de liquidez”, un instrumento financiero que disponen los bancos sobre los títulos públicos en su poder, como una forma de ayudar a que el canje de deuda que llevará adelante esta semana el Tesoro Nacional tenga el mayor nivel de adhesión posible.

En ese sentido, la autoridad monetaria extendió a 2024 y 2025 la vigencia de esta opción -hasta ahora estaba disponible por 2023- que permite a las entidades entregarle los títulos al Banco Central a cambio de su precio de mercado, menos una multa de 0,30%, en caso de que precisen ese dinero para respaldar retiros de sus clientes.

Si bien esta opción está disponible desde julio de 2022, el BCRA decidió darle continuidad para los próximos dos años, luego de que el Ministerio de Economía anunciara ayer el llamado voluntario a un canje de $7 billones en títulos que vencen en el segundo trimestre de este año, de modo de despejar el panorama y reducir las tensiones financieras.

La extensión de la opción fue un pedido expreso de los bancos, luego de que exfuncionarios del gobierno de Mauricio Macri -el expresidente del BCRA, Guido Sandleris, y el exministro de Hacienda, Hernán Lacunza- cuestionaran públicamente la operación por considerarla “vil y ruinosa” para el Estado.

Vale recordar que fue el propio Lacunza quien, en agosto de 2019, decretó un “reperfilamiento” de la deuda en pesos, una suerte de reestructuración unilateral de los títulos que vencían en los meses siguientes, hasta la asunción del nuevo Gobierno.

De esta forma, las entidades tendrían la posibilidad de canjear los títulos por pesos a precio de mercado -luego del pago de una pequeña multa- y evitar así el riesgo de que una próxima administración decidiera no pagar la deuda que, en este caso, es la contraparte de depósitos de empresas y personas en el sistema bancario.

“Los cambios que se hicieron buscan perfeccionar el instrumento después de ocho meses de funcionamiento y antes de una importante licitación de canje de deuda del Gobierno nacional para mejorar el perfil de sus vencimientos”, sostuvo el BCRA en un comunicado oficial.

La opción de liquidez, detalló el BCRA, estaba vigente para los títulos que vencían este año pero, a partir de la adecuación de la norma, también “contempla a los que vencerán en el 2024 y en el 2025”.

Desde el punto de vista técnico, las adecuaciones implican que los bancos puedan venderle al BCRA los títulos que ingresarán al canje al precio de mercado del día que ejecutan la opción o del promedio del día anterior -el que fuera más bajo-, menos el pago de una prima del 0,30%.

Sin embargo, es una opción que “hasta ahora escasamente se han ejecutado”, aseguró el Central, ya que los bancos pueden desprenderse de Leliqs para obtener liquidez, sin necesidad de vender los títulos, que les dan una mayor rentabilidad y por los que deben pagar una prima para desprenderse de ellos.

Para la elección del precio, detalló el Banco Central, se tomará la cotización del mercado en el que cotice el título y tenga más volumen de operaciones, que puede ser Bolsas Y Mercados Argentinos (BYMA) o el Mercado Abierto Electrónico (MAE).

“La opción de liquidez es un derivado financiero que otorga al tenedor el derecho -pero no la obligación- de vender un activo subyacente en una fecha determinada o en cualquier momento hasta el vencimiento de éste”, afirmó el Central.

Por último, el BCRA comunicó que “seguirá presente en el mercado de títulos evitando su volatilidad”.

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