GLIFOSATO

Productores nucleados por la CEM exigen derogar la Ley de Bioinsumos

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La asamblea convocada por la Confederación Económica de Misiones reunió a más de 60 referentes del agro, la industria y las cooperativas para definir una postura conjunta sobre la prohibición del glifosato. El sector productivo reclama la derogación del artículo 7 —y en algunos casos, de toda la Ley de Bioinsumos— al considerar que pone en riesgo la competitividad provincial.

Una asamblea con el arco productivo unido

En la sede de la Confederación Económica de Misiones (CEM), productores, cooperativistas, empresarios pymes y técnicos del INTA, SENASA y colegios profesionales debatieron sobre una problemática que atraviesa a toda la provincia: la prohibición del uso del glifosato. Entre los asistentes hubo representantes de sectores como la yerba, el té, el tabaco, la ganadería, la foresto-industria y la agricultura familiar, así como dirigentes de entidades empresarias y cooperativas.

El reclamo fue unánime: derogar el artículo 7 del capítulo 2 de la Ley de Bioinsumos —que regula el uso del glifosato mediante un registro limitado— o, en algunos casos, directamente eliminar toda la normativa. Los asistentes coincidieron en que la ley actual burocratiza y obstaculiza la producción, mientras que el herbicida sigue siendo una herramienta indispensable ante la ausencia de alternativas biológicas eficaces y accesibles.

Competitividad en riesgo y advertencia sobre el contrabando

El diagnóstico común de los productores es contundente: sin glifosato, los costos se disparan y la competitividad cae. Desde el sector yerbatero advirtieron que la prohibición genera conflictos con compradores internacionales, que exigen certificaciones sanitarias que hoy solo pueden cumplirse con herbicidas aprobados. En el sector tealero, empresarios señalaron que la prohibición encarece la producción y puede cerrar mercados externos.

Sergio Delapierre, productor yerbatero, lo sintetizó: “Prohibir el glifosato solo incentiva el contrabando desde países vecinos”. Otros referentes coincidieron en que la normativa, además de impracticable en un universo de 35.000 productores, expone al sector a multas millonarias, lo que agrava la ya crítica situación de las economías regionales.

Un reclamo con matices: producción responsable y transición hacia bioinsumos

Aunque el pedido es contundente, el sector productivo no desconoce la necesidad de avanzar hacia modelos más sostenibles. Todos los participantes coincidieron en la importancia de fomentar investigaciones en bioinsumos y capacitar a los productores en Buenas Prácticas Agrícolas, pero aclararon que el reemplazo debe ser realista, certificado y aplicable a las condiciones locales.

Matías Pamberger, presidente de la Sociedad Rural Misiones, sostuvo que el artículo 7 “genera discriminación entre productores que exportan y los que abastecen al mercado interno” y que la falta de herramientas viables para el control de malezas afecta directamente la producción. Para el ingeniero Jorge Pujato, “hay un mito sobre el glifosato: bien utilizado, no causa daño; el problema es la falta de capacitación”.

La vía política: el escenario en la Legislatura

Más allá de las acciones judiciales en curso, el sector sabe que la solución será política. Así lo expresó el legislador Miguel Núñez, quien adelantó que volverá a impulsar un proyecto de derogación en la Cámara de Diputados, pero reclamó “acompañamiento técnico y presión legislativa” para que la propuesta prospere.

Sin embargo, el debate interno también dejó expuestas tensiones: mientras algunos productores reclamaron mayor apertura y participación de legisladores y prensa, otros defendieron una asamblea cerrada. La presencia de diputados provinciales y nacionales —como Javier Mela, Cristian Castro y Martín Arjol— que debieron retirarse tras el pedido de sesión privada, evidenció las fricciones entre quienes buscan un diálogo político amplio y quienes priorizan definir primero una posición unificada del sector.

Entre la urgencia productiva y la transición ambiental

La discusión sobre la Ley de Bioinsumos refleja un conflicto mayor: cómo equilibrar la necesidad inmediata de competitividad de las economías regionales con la transición hacia modelos productivos más sostenibles. Para el agro misionero, el glifosato no es una bandera ideológica, sino una herramienta insustituible en el presente.

El desafío ahora recae en el Poder Legislativo provincial: ¿puede Misiones construir una política agropecuaria que combine la protección ambiental con la viabilidad económica de sus productores? La respuesta marcará el rumbo no solo de un insumo polémico, sino del futuro del sector productivo misionero.

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Secretos de la chacra misionera: exportación récord de maíz y una incipiente producción de trigo

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Durante 2024, las exportaciones de Misiones alcanzaron los 441,3 millones de dólares, registrando un crecimiento del 21,5% en comparación con 2023. En volumen, la provincia exportó 607.246.435 kilogramos netos, un 39,6% más que el año anterior. Este avance fue impulsado no solo por sus tradicionales productos como la pasta para papel y la yerba mate, sino también por el despegue del maíz, que se posicionó por primera vez como uno de los principales bienes exportables de la provincia.

En un hecho llamtivo, el maíz misionero mostró un crecimiento exponencial, con exportaciones que alcanzaron los 20 millones de dólares, marcando un salto del 256,1% en monto y un 354% en volumen respecto a 2023. 

Este fenómeno se enmarca en un contexto nacional favorable, con la Argentina acelerando ventas externas de maíz para aprovechar la ventana comercial previa a la cosecha tardía de Brasil. Según registros oficiales, en marzo de 2025 se exportaron 2,47 millones de toneladas de maíz y en abril se anotaron otras 2,03 millones.

Pero ¿Misiones tiene suficiente maíz como para exportar? Lo cierto es que no. Se registra un déficit del consumo interno, aunque la base productiva está en expansión. Según el último Censo Nacional Agropecuario (CNA), de las 22.417 explotaciones agropecuarias (EAPs) existentes en Misiones, 9.378 EAPs (41%) producen maíz para grano, ocupando 25.046 hectáreas.


Con esta cantidad de unidades productivas, Misiones se ubica como la tercera provincia argentina con mayor número de establecimientos dedicados al cultivo de maíz, detrás de Buenos Aires y Córdoba.

Sin embargo, especialistas advierten que la situación real es más compleja. “En términos de volumen, suponiendo que Misiones exportara todo lo que produce, se cerraría el valor que publicaron”, explicaron analistas del sector agroindustrial.

De todos modos, Misiones continúa en déficit de maíz para su propia demanda interna, debido al fuerte consumo para engorde de animales, producción avícola y bioenergía. Hace algunos años, durante la gestión Cambiemos, en una alianza con la corporación Maizar, hubo un intento de expandir la frontera del maíz con unas 200 mil hectáreas, pero el plan fue rechazado por la Provincia y por grupos ambientalistas, ya que una superficie semejante demanda una enorme cantidad de agroquímicos, justo en momentos en que se impulsa la erradicación del glifosato.

La explicación es que parte del maíz exportado es abastecido con camiones provenientes de la zona núcleo o del Chaco, que logran despachar su producción desde Misiones bajo mecanismos formales.

Pero si el dato del maíz sorprende, mucho más llamativo es que en Misiones comienza a plantarse trigo. En forma incipiente y para autoconsumo, pero en las chacras de Cerro Azul, en la zona sur de la provincia, el cereal empieza a germinar en forma agroecológica. 

El programa “Pan sin veneno” con productores campesinos y comunidades guaraníes, diseñado por el productor agroecológico Juan Carlos Furlán, ya cuenta con diez familias que participan del programa de soberanía alimentaria y energética en la provincia. Se busca recuperar el cultivo de trigo sin químicos ni dependencia del petróleo.

Con el nombre simbólico de “Pan sin veneno”, una experiencia inédita de producción de trigo agroecológico está dando sus primeros pasos en Misiones, impulsada por productores de base, con el acompañamiento del Ministerio de Agricultura Familiar y referentes técnicos de otras provincias. La iniciativa, liderada desde la estación experimental El Ceibalito por Furlán, promueve la siembra de trigo sin uso de agroquímicos ni fertilizantes sintéticos, con semillas autóctonas y tecnologías apropiadas como el uso de bueyes y arado de reja.

“El año pasado se hizo el primer ensayo de trigo ecológico en la provincia, y fue totalmente exitoso. Eso nos dio pie para lanzar este año el programa con una proyección más ambiciosa: llegar a diez familias campesinas con semillas para media hectárea cada una”, explicó Furlán en diálogo con Economis.

Para poner en marcha el programa fue necesario adquirir 600 kilos de semilla agroecológica, que ya están en manos de los productores. “Ya hicimos tres entregas, y en estos días se viene la cuarta y la quinta, incluso una de ellas será en una aldea guaraní cerca de San Pedro”, detalló el impulsor de la iniciativa.

El programa contempla la entrega gratuita de semillas y también asesoramiento técnico, gracias al trabajo conjunto con productores experimentados de la zona pampeana y técnicos del INTA Entre Ríos especializados en trigo agroecológico. “Es un equipo que ya está trabajando con los productores que ahora están preparando la tierra, porque si Dios quiere la siembra va a ser en mayo”, anticipó.

Furlán remarcó que el enfoque agroecológico no solo excluye el uso de “venenos” -como herbicidas, fungicidas o fertilizantes químicos- sino también cualquier tipo de maquinaria que dependa del petróleo. “Se apunta a la tecnología apropiada, la que conocen los pequeños campesinos misioneros, hablando de bueyes y arado de reja”, enfatizó.

El proyecto se articula con otras líneas de acción como la producción de biogás y de energías alternativas, bajo la consigna de “soberanía energética”, complementaria de la soberanía alimentaria. “La idea es recuperar cultivos que ya existían en Misiones, no inventar nada, y avanzar hacia el autoabastecimiento. Sabemos que media hectárea es apenas lo mínimo para el autoconsumo familiar, pero estamos dando un primer paso”, señaló.

El único compromiso que se pide a los productores es que, si la cosecha resulta exitosa, devuelvan al programa 90 kilos de semilla por cada 60 que recibieron, para conformar un banco provincial de semillas autóctonas que permita escalar la experiencia en los próximos años.

“Esa es la propuesta, ese es el desafío: multiplicar la semilla, el conocimiento y la capacidad de producir alimentos sanos en nuestras chacras. Pan sin veneno es mucho más que un título, es un proyecto de vida”, concluyó Furlán.

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¿Fin de una era? Bayer evalúa sacar el glifosato del mercado

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Bayer presiona a los estados de Estados Unidos para que ajusten sus regulaciones en la batalla para controlar los costosos litigios relacionados con su herbicida glifosato, pero también está preparado para una posible salida del mercado, dijo el jueves el director ejecutivo del grupo.

Reuters detalló que, ante las débiles ganancias, los crecientes costos legales y un precio de acciones rezagado, Bayer espera que la estrategia le proporcione una forma de detener los daños fuera de los tribunales, habiendo pagado ya alrededor de 10 mil millones de dólares para resolver las reclamaciones en disputa de que Roundup, su herbicida a base de glifosato, causa cáncer.

“Estamos presentando este caso a los legisladores y agradecemos el apoyo bipartidista que vemos”, dijo el director ejecutivo Bill Anderson en una transcripción de su discurso para la junta anual de accionistas de la compañía el 25 de abril.

Georgia y Dakota del Norte ya han aprobado la legislación, dijo Anderson, y agregó: “Esperamos que otros estados sigan su ejemplo”.

Los proyectos de ley aprobados recientemente en ambos estados sobre el etiquetado de pesticidas aún no han sido convertidos en ley por los gobernadores.

Sin embargo, Anderson advirtió que los problemas legales podrían obligar al fin de la comercialización del glifosato. “De hecho, nos estamos acercando a un punto en el que la industria de los litigios podría incluso obligarnos a dejar de vender este producto vital”, dijo. “No es algo que queramos hacer, pero debemos estar preparados para cualquier resultado”.

A principios de este mes, Bayer volvió a solicitar a la Corte Suprema de Estados Unidos que limite drásticamente las reclamaciones legales de que Roundup causa cáncer, buscando evitar potencialmente miles de millones de dólares en daños.

Anderson ha tenido dificultades para reactivar el precio de sus acciones, que se ha desplomado más de un 70% desde que Bayer adquirió Monsanto por 63.000 millones de dólares en 2018, lo que le generó litigios y deudas.

Hay otros 67.000 casos pendientes para los cuales el grupo ha reservado 5.900 millones de dólares en disposiciones legales.

Reuters informó en marzo que Bayer dijo a los legisladores estadounidenses que podría dejar de vender Roundup a menos que puedan fortalecer la protección legal contra litigios por responsabilidad del producto, según un analista financiero y una persona cercana al asunto citada por la agencia de noticias.

Anderson dijo que 2025 sería “el año más difícil de nuestra recuperación”, ya que la compañía apunta a volver al crecimiento de las ganancias a partir de 2026 después de una caída este año.

Según sus comentarios preparados, hará un llamamiento a los accionistas a finales de este mes para que respalden un aumento de capital de hasta el 35% para proporcionar “una flexibilidad importante para contener los litigios y mantener una calificación crediticia en un nivel apropiado”.

El posible aumento de capital, por un valor aproximado de 8.000 millones de euros (9.090 millones de dólares) basado en el valor de mercado actual de la empresa, fue propuesto el mes pasado.

Bayer ha dicho que sólo recurriría a una emisión de derechos si fuera absolutamente necesario, pero que no podía descartar tener que aumentar el capital a corto plazo para llegar a acuerdos con los demandantes estadounidenses.

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Condena histórica contra Bayer por el glifosato: el mundo avanza, mientras en Misiones algunos intentan frenarlo

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El pasado 24 de marzo, un jurado del estado de Georgia, Estados Unidos, dictó una sentencia histórica: condenó a la multinacional Bayer a pagar 2.100 millones de dólares a John Barnes, un usuario del herbicida Roundup, tras considerarlo responsable de provocarle un linfoma no Hodgkin, un tipo de cáncer. El fallo fue contundente. Determinó que Bayer —heredera de Monsanto— actuó con malicia al ocultar durante años la peligrosidad del glifosato, uno de los agrotóxicos más utilizados en todo el mundo, incluido Argentina.

Este veredicto se suma a otros doce fallos adversos contra la compañía y a más de 54.000 demandas pendientes en tribunales de Estados Unidos. La sentencia a favor de Barnes es una de las más significativas, no solo por la suma sin precedentes, sino porque reafirma a nivel global las advertencias sobre los riesgos sanitarios del glifosato.

En medio de este escenario internacional, Misiones tomó la delantera y decidió encarar el problema de manera responsable. De la mano del ingeniero Carlos Eduardo Rovira, se presentó el proyecto de ley 59047/22, que propone establecer un marco regulatorio para la investigación, desarrollo, producción, procesamiento, registro, comercialización y utilización de productos biológicos naturales. El objetivo es claro: avanzar hacia una producción agroecológica, reducir progresivamente el uso del glifosato y otros agrotóxicos, y priorizar la salud de la población y la protección de la biodiversidad. Dos pilares centrales del modelo de desarrollo sostenible que Misiones viene sosteniendo.

La iniciativa recibió un firme respaldo desde la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente y Cuidado Animal, presidida por el legislador Martín Pereyra Pigerl, quien la consideró un paso clave para garantizar un futuro sano y sustentable para la provincia.

Sin embargo, no todos acompañaron. Algunos sectores políticos decidieron oponerse al proyecto, priorizando intereses partidarios por encima de una legislación de avanzada, que busca poner en el centro la salud pública y la preservación ambiental. Esta negativa no solo es incomprensible, sino que significa un retroceso frente a una realidad insoslayable.

Mientras el mundo avanza, Misiones no puede permitirse quedar atrás. La evidencia científica y los fallos judiciales son claros: el glifosato representa un riesgo grave para la vida humana y para los ecosistemas. No se trata de una discusión ideológica, sino de ciencia, justicia ambiental y salud colectiva.

Es momento de asumir responsabilidades. Defender la vida y cuidar la tierra no es una opción, es una obligación ética, institucional y humana. Misiones seguirá impulsando medidas concretas para consolidarse como una provincia pionera en políticas ambientales, fiel a su historia, a sus valores y a su compromiso con las generaciones futuras.

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Diputados de Cambiemos en offside: desconocen leyes y la autorización del Senasa a los bioinsumos

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“Señor Presidente, antes de continuar, permítame explicar al señor Diputado cómo buscar información en la página oficial del SENASA para que se maneje con información certera y deje de hacernos perder tiempo y de confundir a la ciudadanía:

– Cómo buscar señor diputado

1. Buscador de Google

2. Senasa

3. Servicios a la ciudadanía

4. Registros y datos abiertos

5. Registros y listados en línea

6. Registro de fertilizantes, enmiendas y otros

7. Consulta oficial de productos fertilizantes y enmiendas

8. Buscar inscripción: 19108

9. Aparece:

Número de inscripción 19108

Es propio o referenciado Referenciado

Marca: BioFert

Aptitud: Fertilizante químico

País: ARGENTINA

Empresa: AGRO SUSTENTABLE S.A.

Cuit: 30-71504996-8

El diálogo que encabeza esta nota fue el corolario de la presentación de Facundo Sartori, el ministro del Agro, ante la comisión de Presupuesto. Los diputados de la alianza Cambiemos, Horacio Loreiro y Miguel Núñez, cuestionaron el uso de bioinsumos “no autorizados” por el Senasa. La réplica fue del diputado renovador Juan José Szychowski, quien dio los datos en público, para evitar cualquier suspicacia. “Los bioinsumos están autorizados por el Senasa en modo de prueba y así se están utilizando”, explicó. 

No fue la única vez que los diputados de la oposición deslizaron inconsistencias en sus inquietudes. La diputada radical Rosa Kurtz cuestionó a Sartori “por el tiempo que estuvo prohibido el uso del glifosato” y qué se usó en reemplazo. Sartori replicó que el glifosato nunca estuvo prohibido, ya que la ley que impedía su uso recién entraba en vigencia en 2025, pero cuya aplicación fue postergada por cinco años, para aquellos que acrediten exigencias de estándares específicos en el proceso de comercialización de su producción.

De todos modos, Sartori ratificó que los bioinsumos son un pilar de su gestión y se seguirá trabajando con productores en su utilización para una producción saludable, tanto para quienes están en la chacra, como para los consumidores finales. 

En los lugares donde se está haciendo la experiencia piloto, los resultados son alentadores. La tierra está más saludable y la producción mantiene los mismos volúmenes que con la aplicación del glifosato. Particularmente, hay una experiencia con tabacaleros de la zona norte -en San Pedro- que está siendo sumamente satisfactoria, señalan en el Agro.

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