GLIFOSATO

Revolución Verde: Misiones apuesta por los bioinsumos y sustituir agrotóxicos

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“Vamos a trabajar muy fuerte en una ley que presentamos hace unos años, que es la eliminación del glifosato, uno de los elementos más dañinos del mundo. Uno de los venenos más nocivos que generó la industria. No vamos a discutir que sirvió para empujar un modelo de agricultura, pero a la luz del cambio climático, creo que sobran razones”, anticipó hace poco más de un año el presidente de la Legislatura, Carlos Rovira. Esta noche, la ley se hizo realidad. Misiones aprobó una norma que impulsa el uso de bioinsumos en toda la producción agrícola y al mismo tiempo, sustituir el uso de glifosato, con un período de gracia de dos años para la adaptación de la producción. 

La Cámara de Diputados convirtió en ley este jueves el marco regulatorio para la investigación, desarrollo, producción, procesamiento, registro, comercialización y utilización de productos biológicos naturales, conocidos como “bioinsumos”, que aportan a las políticas de sostenibilidad y sustentabilidad aplicadas a la agroindustria en Misiones.

Se entiende por bioinsumos a todo producto biológico que consista o haya sido producido por microorganismos o macroorganismos, extractos o compuestos bioactivos derivados de ellos y que estén destinados a ser aplicados como insumos en la producción agropecuaria, agroalimentaria, agroindustrial, agroenergética e incluso en el saneamiento ambiental agropecuario. 

La ley tiene los siguientes objetivos:

  1. generar líneas de trabajo colaborativas a los efectos de promover el desarrollo de insumos biológicos; 
  2. optimizar los procesos de elaboración de los productos utilizando métodos de purificación totalmente orgánicos;
  3. promover planes de acción para el adecuado manejo del riego agropecuario y la eficiencia del uso del agua; 
  4. diseñar y ejecutar acciones tendientes al crecimiento y desarrollo sustentable de los cultivos en la Provincia; 
  5. incentivar al desarrollo de nuevos procesos tecnológicos para la producción de bioinsumos a los fines de impulsar su utilización como herramienta primordial en el territorio; 
  6. enfatizar el empleo de técnicas relacionadas con el reciclaje de materiales orgánicos para mejorar la fertilidad del suelo, el control biológico de plagas y enfermedades, utilizando semillas provenientes de sistemas de producción orgánica; 
  7. difundir los beneficios y la importancia de la utilización de bioinsumos. 

También se crea el Registro Provincial de Productores de Bioinsumos, con la finalidad de conformar una base de datos actualizada de todas aquellas personas humanas o jurídicas, que tengan por objeto principal la investigación, desarrollo, elaboración, producción, exhibición y comercialización de productos biológicos, elaborados de organismos vivos y sus derivados. 

El artículo 7 es clave: sustituir el uso del glifosato, sus componentes y afines en el territorio provincial. 

El glifosato tiene fama negativa, pero es uno de los tantos herbicidas que históricamente se utilizaron en producciones que no se limitan a la yerba, el tabaco o el té como comúnmente se cree, sino que alcanzan a las propias frutas y verduras que día a día se consumen en las mesas de toda la provincia.  

Su prohibición, sin embargo, va en línea con mojones que fueron marcando la chacra. 

En el 2004, a través de un esfuerzo mancomunado con las empresas tabacaleras y el Instituto Nacional de  y Tecnología Agropecuaria (INTA) y de una decisión consensuada con los productores, el Gobierno de la Provincia convirtió a Misiones en la primera provincia que erradicó el uso del bromuro de metilo en la producción de tabaco y de hortalizas a campo.

Pese a la mala fama, el sector tabacalero fue el pionero en cuanto a promover el uso responsable de agroquímicos y trabaja junto al ministerio de Ecología en acciones conjuntas para mitigar el impacto de su uso. Algunos ejemplos puntuales son la puesta en marcha del Centro de Acopio de Envases Vacíos de Agroquímicos en Dos de Mayo y la ausencia del glifosato dentro del paquete tecnológico del sector. 

En la argumentación de la iniciativa -firmada entre otros por el propio Rovira-, recuerda que la “revolución verde” que se inicia hacia los años 40 tuvo como consecuencia el gran aumento de la producción agrícola mundial, debido principalmente a la intensificación de las áreas cultivadas, al uso masivo de fertilizantes y pesticidas sintéticos, maquinarias pesadas y al avance tecnológico en riego. Este avance sin embargo tuvo consecuencias negativas, tales como la disminución de la biodiversidad, la aparición de plagas resistentes, desequilibrios en los agroecosistemas y efectos perjudiciales en el medio ambiente

“Se han evaluado diferentes preparados en varios cultivos con resultados positivos, comprobando que el uso de bioinsumos puede generar mejoras en el rendimiento y efectos estimuladores del crecimiento en las plantas estudiadas, además son de bajo costo para el control de plagas y enfermedades y tienen menor riesgo de contaminación ambiental porque se fabrican con sustancias biodegradables y de baja o nula toxicidad, ya que cientos de microorganismos benéficos pueden contribuir al control biológico de plagas de plantas o animales, o incluso a mejorar la productividad de los cultivos a través de su incorporación en suelos y partes de la planta como los bioinoculantes, todo esto sumado a que representa una oportunidad para cientos de pequeños productores. Hay varios antecedentes en la tierra roja y de hecho se están logrando buenos resultados en el cultivo de hortalizas de hoja y de fruto, también hay resultados en yerba mate y ensayos con tabaco para bajar la utilización de fertilizantes con síntesis química y reemplazarlos por los orgánicos. La sociedad está demandando que se produzcan pesticidas más ecológicos, que se promueva el uso de químicos naturales utilizables tanto para la siembra como para plantar vegetal de cultivo, que ayuden a controlar plagas y mejorar el rendimiento, pero siempre dentro de la gama de productos orgánicos amigables con el entorno. A esto se suma la tranquilidad que aporta a los productores al trabajar con estos productos sin ningún tipo de riesgo, y por medio de la creación del Registro Provincial de Productores de Bioinsumos se busca conformar una base de datos actualizada sobre productores para el diseño de políticas y programas dirigidos al fortalecimiento de dicha producción, los que a su vez se verían beneficiados a partir del otorgamiento de créditos por medio de los organismos competentes”, señala la argumentación de la ley. 

La nueva norma entiende la necesidad de conceptualizar el alcance de bioinsumos como herramientas tecnológicas eficientes para incrementar la productividad del sector agrícola y agropecuario de manera sustentable, ello en concordancia con las políticas públicas que en los últimos años se implementaron en Misiones, como la ley de Agricultura Familiar; el programa de Soberanía Alimentaria; la Protección de Semillas Nativas y Criollas; y la Ley de Emergencia Alimentaria, las cuales promueven entre otros objetivos el desarrollo humano integral, bienestar social y económico de los productores, mediante el fortalecimiento del flujo comercial, la generación de empleo local y política de desarrollo planificado e integral que por medio de la incorporación de saberes y tecnología apropiada garantiza la producción agroecológica, la generación de valor agregado, la distribución a través del comercio justo y la economía social. 

Estos insumos requieren una regulación específica y ágil, con procedimientos claros, y armonizados, como también la promoción y potenciación de las empresas que hoy se dedican a la elaboración e investigación de los mismos. 

Pese a la resistencia de algunos sectores, la ley da un paso adelante incluso de la industria pesticida. La multinacional Bayer apuesta por el mercado potencial de la agricultura regenerativa para duplicar las ventas de su división Crop Science, hasta superar los 200.000 millones de euros anuales.

En su cumbre de innovación de 2023, celebrada en Nueva York, Bayer ha destacado su objetivo de superar los 100.000 millones anuales en mercados de la industria auxiliar agrícola, duplicando así el mercado potencial de la división, que actualmente asciende a más de 100.000 millones por la venta de sus productos principales.

Según un comunicado difundido este miércoles, estos mercados auxiliares incluyen soluciones para mejorar la fertilidad de los cultivos, productos biológicos, biocombustibles, tecnologías de captura de dióxido de carbono (CO2) en suelos agrícolas, herramientas para la agricultura de precisión, plataformas y mercados digitales.

La compañía pretende destinar 30.000 millones para promover prácticas agrícolas regenerativas y permitir que los agricultores “contribuyan tanto a la seguridad alimentaria mundial como a la mitigación del cambio climático”.

La cartera de nuevos proyectos incluye algunos como el sistema Preceon Smart Corn, rasgos de nueva generación para el control de plagas y malas hierbas en maíz y soja, trigo híbrido, arroz de siembra directa, una nueva molécula herbicida y dos nuevos fungicidas.

El objetivo es aumentar la productividad de los suelos agrícolas, además de su preservación y la reducción del impacto ambiental de la agricultura, según Bayer.

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México ratificó la prohibición del glifosato

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El Gobierno de México, a cargo de Andrés Manuel López Obrador, ratificó una medida histórica para la región: la prohibición de maíz genéticamente modificado para la alimentación humana y, también, el uso del herbicida glifosato, con fecha límite en el 2024. El decreto, publicado el 13 de febrero, se trata de una modificación del publicado en diciembre de 2020 para extender las fechas de prohibición y limitar los alcances al consumo humano pero no a la importación de maíz para forraje u otros usos industriales. Estos cambios tiene un motivo de fondo: las presiones de Estados Unidos —productor y exportador del maíz y del paquete de agroquímico y semilla— y de las multinacionales del agronegocio a través de mecanismos incorporados en el Tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

El decreto cita la Constitución mexicana para reconocer la obligación del Estado de cumplir con “derecho humano a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad” y  “a la protección de la salud y a un medio ambiente sano para el desarrollo y bienestar de las personas”, en un país que se autoabastece de maíz blanco para el consumo humano. Además, respecto de la prohibición del uso de glifosato y los agroquímicos que lo tengan entre sus activos en 2024, el decreto cita las investigaciones científicas que “han alertado que el glifosato tiene efectos nocivos en la salud, el medioambiente y la biodiversidad” y cómo el agroquímico “ha sido identificado como probable carcinogénico en humanos por la Agencia Internacional de Investigación de Cáncer (IARC-OMS)”. 

A pesar de los argumentos, el decreto fue publicado horas antes de que venciera el plazo impuesto por Estados Unidos para que México “explique las bases científicas de las prohibiciones contra el maíz transgénico y el glifosato”, desconociendo las investigaciones existentes e incluso fallos judiciales en suelo estadounidense, bajo amenaza de dirimir el tema en el panel de violaciones al T-MEC. 

La secretaria de Economía de México, Raquel Buenrostro, explicó que el objetivo del nuevo decreto, que sustituye al de 2020, es “eliminar cualquier posible imprecisión del texto predecesor, el cual se prestó a interpretaciones diversas”, o sea, “que lo único que no se podrá comprar al extranjero es maíz genéticamente modificado que tenga como destino final el consumo humano”. Estados Unidos también logró extender la fecha de la entrada en vigencia de la prohibición de la aplicación de glifosato: el decreto anterior ponía el límite en enero de 2024, cuando finaliza el mandato de López Obrador. Ahora, será en marzo de 2024, cuando ya podría haber un gobierno alineado a otros intereses.

Prohíbe México maíz transgénico en consumo humano
Foto: Nicolas Pousthomis / Tierra Viva

Las modificaciones y el lobby de las transnacionales para mantener el maíz transgénico en México

¿Cómo se ajustaron esas “imprecisiones” en el nuevo decreto? Por un lado, precisa que “regula el uso del glifosato y de las semillas y grano de maíz genéticamente modificado, no así de otros agroquímicos, granos o plantas”. En tanto, incorpora el criterio de “autosuficiencia” para hacer más laxos los plazos del fin de las importaciones de maíz transgénico y sostiene que la prohibición será, en lo inmediato, para “la alimentación humana, que es la que se realiza en el sector conocido como de la masa y la tortilla (…) sin que ello implique que no se otorguen autorizaciones para el uso del maíz genéticamente modificado para alimentación animal o uso industrial”. 

Las negociaciones por parte de Estados Unidos para flexibilizar el decreto llevaron a reuniones entre el secretario de Agricultura de Estados Unidos, Tom Vilsack, y el propio López Obrador, en las que se barajó estirar la fecha de prohibición a 2025. Es que, según cifras oficiales, el negocio de la exportación de maíz transgénico ronda los 5000 millones de dólares para las empresas transnacionales.  

De esta manera, con el decreto en vigencia, México podrá seguir importando maíz transgénico desde Estados Unidos para forraje, pero no para la elaboración de productos comestibles como hojuelas de maíz, fructosa y aceites, entre otros. Además, la canola, la soja, el algodón y el resto de las materias primas del modelo transgénico quedan fuera de la regulación.

En cuanto al uso de glifosato el decreto, si bien extendió hasta marzo la fecha límite para su prohibición, ratifica en su artículo 4 el objetivo que “la Administración Pública Federal, de conformidad con la normativa aplicable, revocarán y se abstendrán de otorgar autorizaciones y permisos para la importación, producción, distribución y uso de glifosato”. Con eso objetivo, en el artículo 5 propone que hasta marzo de 2024, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología coordinará, articulará, promoverá y apoyará las investigaciones científicas, desarrollos tecnológicos e innovaciones que le permitan “sustentar y proponer alternativas y prácticas agroecológicas y saludables que permitan prescindir del glifosato”.

Incluso, en los considerandos del decreto, se menciona que ya se encuentran en desarrollo 5 herbicidas agroecológicos de manufactura mexicana, a cargo de empresas y universidades públicas; y que existen otros siete en el mercado mundial.

En una reciente columna, Fernando Bejarano, director de la Red de Acción en Plaguicidas y Alternativas en México (Rapam), detalló cómo la representante de Syngenta en Estados Unidos, Mary Kay Thatcher, lideró las reuniones con productores en Iowa –estado maicero– para aumentar la presión sobre el presidente estadounidense, Joe Biden, para que “vaya con el presidente de México y le diga: ‘esto tiene que terminar’”. El temor de las empresas del agronegocio es que la prohibición siente precedente que luego avance sobre la soja transgénica, algo que el reciente decreto de López Obrador aclaró que no sucederá por el momento.  

Prohíbe México maíz transgénico en consumo humano
Foto: Sebastián Granata / Télam

Bejarano precisó que fueron dos senadores republicanos de Iowa los que pidieron la creación de un panel de “solución de controversias” por violaciones al T-MEC (sobre la base de un estudio que señalaba las pérdidas económicas que implicaría dejar de exportar maíz transgénico a México). El estudio fue financiado por las empresas del agronegocio en Estados Unidos y México, entre ellas Croplife América, que reúne a las empresas Bayer-Monsanto, Corteva, Grupo Syngenta y BASF, las cuales juntas controlan el 62 por ciento del mercado de plaguicidas en el mundo.

Bejarano también anticipó el peligro que implicaba sostener la importación de maíz transgénico para forraje: “El maíz amarillo importado se destina principalmente para la engorda del ganado que se exporta y para la agroindustria. Pero nada garantiza que si continúa esta importación no se mezcle con el maíz blanco de las tortillas o se use en alimentos procesados y termine con residuos de glifosato, como se demostró un estudio de la Universidad de México (UNAM) en 2017”. Y agregó: “Hay que considerar además que las tolerancias de residuos de glifosato en granos para el ganado en Estados Unidos pueden ser hasta 100 veces mayores que las autorizadas para consumo humano”. 

“Sin Maíz No Hay País”

A pesar de las presiones y limitaciones, la decisión tomada en 2020 por el gobierno de López Obrador tuvo ya impactos positivos. Según precisa el decreto, el país ya avanzó en el objetivo “la sustitución gradual del glifosato con alternativas que permitan mantener la producción y resulten seguras para la salud humana, la diversidad biocultural del país y el ambiente”. Entre 2021 y 2022, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología redujo un 50 por ciento la recomendación de importación de glifosato, mientras que “programas de Producción para el Bienestar y Sembrando Vida han mostrado avances significativos en la transición agroecológica, así como en la difusión y escalamiento del uso de bioinsumos y alternativas agroecológicas con experiencias exitosas en todo el país para diversos cultivos”.   

Se presentó en sociedad la fábrica de bioinsumos Agro Sustentable, clave para sustituir agrotóxicos

Estos cambios son impulsados desde hace veinte años por la Campaña Sin Maíz no hay País, que reúne a un amplio colectivo de organizaciones en defensa del maíz nativo. Tras la publicación del nuevo decreto el colectivo se pronunció con un análisis de ambos textos. En principio valoró cuatro ejes centrales que se mantuvieron a pesar de algunos cambios: 

  • La restricción que impide al gobierno federal adquirir maíz genéticamente modificado y glifosato. 
  • La fecha para dejar de importar glifosato y sustituirlo por alternativas agroecológicas, de enero a marzo de 2024. 
  • La prohibición de liberar (sembrar) maíz genéticamente modificado.
  • La prohibición de utilizar maíz genéticamente modificado en la alimentación humana en el sector de la masa y la tortilla.

Marcados estos puntos positivos, la Campaña Sin Maíz no hay País advirtió sobre “resquicios que obligan a las organizaciones y a la ciudadanía en su conjunto, a participar de forma decidida para lograr leyes con sus respectivos reglamentos”. En ese sentido, el colectivo marcó como primer punto que el cumplimiento debe estar cruzado por el cumplimiento del “principio precautorio” para prevenir daños graves o irreversibles en la práctica del cultivo del maíz, que México domesticó “hace más de 7000 años y que nuestro país es centro de origen y diversificación permanente”.

Respecto de la “evidencia científica” exigida por Estados Unidos bajo amenaza de llevar a México ante un panel de controversias del T-MEC, la Campaña valoró las citas a las investigaciones internacionales que se mencionan en el decreto y agregó que la Cibiogem, organismo dependiente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt),  “ha publicado un amplio expediente al respecto. Sin embargo, ni el gobierno estadounidense ni las empresas consideran válidos estos estudios. Nos quieren llevar a un callejón sin salida”. 

Foto: Gerónimo Molina / Subcoop

El documento del colectivo de organizaciones también mostró preocupación por la “trazabilidad” del maíz transgénico que continuará importándose para forraje y otros usos industriales debido a que el nuevo decreto señala que “será responsabilidad de quien lo utilice”, por lo que cita los estudios de la UNAM y la Asociación de Consumidores Orgánicos que  han encontrado glifosato y transgénicos en alimentos para consumo humano. “Es indispensable establecer  controles a partir de leyes y reglamentos que incluyan sanciones”, exigen desde la campaña y proponen avanzar en una ley de etiquetado de los productos que contengan transgénicos, que ya funciona en países de la Unión Europea.

En ese mismo sentido, advierten como el criterio de “autosuficiencia” del abastecimiento del maíz para el forraje y el uso industrial puede terminar siendo un condicionante y exigen “políticas públicas congruentes y transversales con su respectivo presupuesto, que garanticen que en un plazo perentorio habrá autosuficiencia permanente de maíz no transgénico para la cadena alimenticia”.

“La actual polémica entre México y Estados Unidos evidencia lo que la Campaña Sin Maíz no hay País ha planteado durante años: el maíz en México y en Estados Unidos corresponde a dos realidades distintas e incompatibles. En México el maíz es el principal alimento y tiene connotaciones culturales que son base de la identidad de millones de personas. En Estados Unidos, en cambio, el maíz es una mercancía y un insumo para forraje, para elaborar productos ultraprocesados, y para generar agrocombustibles”, sostiene el documento de la Campaña y recomienda al gobierno mexicano hacer valer las cláusulas de soberanía nacional que están presentes en el tratado T-MEC, particularmente en torno a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). 

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Colombia suspendió el uso de glifosato y la erradicación forzada de cultivos de cocaína

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El director de la Policía Nacional de Colombia, Henry Sanabria, ordenó hoy la suspensión inmediata del uso de glifosato y la erradicación forzada de cultivos de cocaína, informaron las autoridades y medios locales.

“Por orden del mayor general Henry Sanabria, la Policía de Colombia suspende la erradicación forzada de cultivos de coca en el país y se aplicará una erradicación voluntaria”, publicó en su cuenta de Twitter la emisora Caracol Radio.

Sanabria dijo al diario local El Tiempo que el objetivo de la suspensión es fomentar la erradicación voluntaria para evitar el uso del glifosato que, según algunos estudios, afecta la salud humana.

“Lo que estamos aplicando es la erradicación voluntaria en ciertos sitios donde hemos tenido una reunión de campo de ciertos miembros de la institución y otras entidades del Estado para motivar la erradicación voluntaria y la sustitución”, expuso.

Además, refirió que no es de su conocimiento si el presidente Gustavo Petro había avisado al Gobierno de Estados Unidos sobre esta decisión.

Sanabria afirmó además que la única directriz hasta el momento en la Dirección Antinarcóticos es que se le envió a la Agencia Nacional de Licencias Ambientales una petición para no dar continuidad “al permiso ambiental que se le había solicitado para el uso de glifosato, esperando las conclusiones del consejo de ministros”.

“Esperaremos las directrices bajo este punto, mientras tanto la persecución a las organizaciones ilegales dedicadas a este negocio criminal seguirán para dar con la captura de las personas que tenemos señaladas dentro del narcotráfico”, concluyó.

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Los agricultores, centrales en la transición del glifosato a bioinsumos

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Por María Rosa Fogeler, Antropóloga, Frente Ciudadano Ambiental Kaapuera. En las siguientes líneas, un repaso sobre la historia del peligroso uso del herbicida glifosato en la agricultura de Misiones; sus consecuencias sociales, sanitarias, ambientales, económicas –  productivas y el reto que supone para los agricultores la prohibición de su uso, tras haber sido impuesto como “la mejor alternativa” durante décadas en su esquema de trabajo.

El sistema productivo de las chacras (explotaciones agrícolas familiares) se vio modificado desde fines de la década de 1960 en adelante. Crisis de precios de los principales productos agrícolas, proceso de concentración de las tierras y la producción, desempleo rural, expansión del monocultivo de pino a gran escala y en pequeñas chacras mediante subsidios a la producción y facilidades de desmonte, extensión de la frontera agraria, sobre todo para la producción de tabaco burley que continuó a la explotación forestal de los latifundios, alentadas por las empresas tabacaleras a partir de la década de 1980 y en coincidencia también con la introducción del plaguicida glifosato.

De esta forma, la limpieza en los principales cultivos agrícolas y forestales (tabaco, yerba mate, te, pino), donde antes se utilizaban herramientas manuales, tractores y combinación territorial y temporal de cultivos, se comenzó a efectuar mediante la aplicación del plaguicida marca Roundup de la multinacional Monsanto (que en la actualidad, el costo de la lata de 20 litros asciende a 40.000 pesos), lo que  implicó también un proceso de desvalorización y destrucción de las capueras, consideradas tierras improductivas sin valor que preservar o razón para permitir su restitución natural, que es el monte, la biodiversidad y el agua.

A grandes rasgos, las principales consecuencias de estos cambios fueron:

– Disminución del empleo rural y expulsión de este segmento a los espacios periurbanos. 

-Pérdida del poder adquisitivo de los salarios y renta de los pequeños productores, y del empleo rural registrado.

– Se revirtió la proporción entre la población rural y urbana.

–  Pérdida de la cultura agrícola y de la capacitación laboral en las tareas manuales y mecánicas de los cultivos y las prácticas agrícolas de cuidado y regeneración de los suelos y cultivos en general. 

-Pérdidas y crisis de producción en la cría  de animales de granja y otros alimentos elaborados tradicionalmente en las chacras. 

-Pérdida de la cultura técnica de los talleres locales de la provincia.

-Agotamiento del suelo.

-Destrucción de la biodiversidad y de vertientes de agua.

-Afectación a la salud de la población.

A grandes rasgos, podemos asegurar que es incalculable el costo económico y social en décadas de uso de agrotóxicos, para la población y el Estado, sobre todo en términos de empleo rural, la salud, y la posibilidad de condiciones de vida dignas para las comunidades rurales (en torno a la producción agrícola, forestal y turística), de la misma manera que es incalculable el costo ambiental, que repercute en toda población, especialmente al tratarse de la disposición en cantidad y calidad del agua para consumo y para producción, y la biodiversidad.

Las ventajas  del uso de este herbicida respecto a la rentabilidad a corto plazo, sin considerar las desventajas asociadas al poder destructivo y degradante sobre el ambiente, la biodiversidad y la salud de la población, podrían sintetizarse en:

– Menor necesidad de trabajadores, tareas costosas fácilmente reemplazables con las fumigaciones de glifosato, generalmente a cargo del padre o los hijos varones mayores.

-Menor consumo de combustibles, herramientas y maquinarias, utilizadas en las tareas manuales y mecánicas con tractores, motoguadañas y herramientas manuales (excepto la industria del té que al mecanizar la cosecha y usar glifosato para la limpieza, eliminó casi la necesidad de empleados en el cultivo).

Actualmente nos encontramos ante la posibilidad de “prohibir el uso del glifosato, sus componentes y afines” y de promover la aplicación de productos biológicos naturales, los bioinsumos, tal como lo establece el proyecto de ley XVI-N°124 aprobado en la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Diputados. Si bien quedan aspectos por abordar públicamente, como por ejemplo cuando hablan de bioinsumos, ¿a qué se refieren? Es un concepto muy abstracto, requiere especificaciones. ¿Qué incluyen, cuáles son, dónde se compran, cómo se obtienen, se pueden producir en las chacras o localidades?  No obstante, la iniciativa es una esperanza, ya que implicaría comenzar a cuidar la salud, a restituir la biodiversidad y recuperar el ambiente en general, degradado en sus aguas, suelo y aire.

Queremos confiar que esta norma, una vez aprobada, sea reglamentada y efectivamente aplicada. Nos gustaría que ocurra lo mismo con varias otras leyes, especialmente las ambientales, largamente celebradas pero que sin embargo duermen el sueño eterno en los archivos, mientras perdemos los bienes comunes esenciales para la vida. 

Retomando el proyecto de ley  XVI-N°124, cabe preguntar cuál es el plan del Gobierno para sustituir el glifosato: Si es un plan considerando las condiciones de vida y los esfuerzos productivos de los productores familiares, o si se va a restringir a imponer una tecnología de cultivos basada en un paquete de  bioinsumos difíciles de implementar para ellos, que con el tiempo forzará al abandono de las chacras y la destrucción de un sistema y una cultura de vida.

Consideramos que para la implementación de tan importante norma, se requiere trabajar en la planificación considerando todo el territorio e involucrando a productores e instituciones pertinentes en cada lugar de Misiones, teniendo en cuenta los siguientes aspectos:

-Tener presente que está orientada a comunidades rurales centrales en la producción de alimentos y  el cuidado de la naturaleza, con una rica cultura técnica que aportaron los inmigrantes y tecnologías desarrolladas en sus talleres para los requerimientos de la producción local y las agroindustrias.

-Plan de capacitación para la expansión de la producción agroecológica y orgánica, invirtiendo en el seguimiento y asistencia técnica a los agricultores y trabajadores rurales en general.

-Facilidades para la financiación de la producción de insumos, maquinaria, herramientas, instalaciones, energía, vehículos y transporte para los productores y los trabajadores.

-Formalización del trabajo agrícola y forestal. Plan para la contratación de trabajadores manteniendo la Asignación Universal por Hijo y la canasta de alimentos a nombre de las madres de los hijos de los trabajadores agrícolas y forestales registrados.

-Permitir y reglamentar la implementación de tecnologías para la producción de energía, incluyendo la producción del biocombustible alcohol hidratado, similar al que se utiliza en Brasil, en pequeña escala, para el autoconsumo de los productores y sus emprendimientos en las chacras y contextos habitacionales comunitarios.

-Implementar un programa con el objetivo de desarrollar la capacidad de captar la energía proveniente de los bienes naturales renovables (sol, agua, viento y biomasa), y emplearla en pequeña escala para el autoconsumo en las unidades productivas de las chacras, para mejorar las condiciones de vida y los esfuerzos productivos de la población rural.

Es necesario implementar estas medidas dado que el colono misionero viene usando glifosato desde hace décadas, y abandonarlo implica un cambio muy radical en su estructura. De ahí la importancia de que el Gobierno acompañe ese cambio con acciones como las enumeradas y otras que se sumen y evalúen pertinentes para alcanzar el objetivo propuesto por la norma.

“Misiones, La Hermosa”, como decía Alberto Roth, debe dar ese paso, imprescindible para la actual y futuras generaciones.

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Hacia un nuevo modelo productivo para Misiones (pensándonos)

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Por el Lic. Raúl Aramendy, Frente Ciudadano Ambiental Kaapuera.

Consideramos que, frente a la Multicrisis Global que estamos viviendo hoy, convencidos de que lo peor que podemos hacer es no pensar, bueno sería reflexionar sobre tres importantes actos de insensatez en los que corremos el riesgo de, con gran facilidad, desmoronarnos.

La primera insensatez es creer -aunque nada justificaría esto- que todo se va a arreglar porque los que mueven los hilos en el mundo no pueden ser tan idiotas como a veces parecen serlo; la segunda insensatez -de la cual nos advirtiera ya Albert Einstein a mitad del siglo pasado- es creer que los problemas pueden arreglarse pensando con las mismas lógicas que lo provocaron; y la tercera insensatez de la que tenemos que cuidarnos -y mucho, por presentarse reiteradas veces en nuestras cortas vidas- es la de pensar que nosotros en y desde Misiones, no tenemos nada que ver con todo esto. Y solo tenemos que esperar a ver qué hacen nuestros gobernantes, locales, provinciales y nacionales, juntamente, o por vías paralelas, con las 2.000 -y poco más- de familias poderosas que hay en Argentina, y los grandes capitales extranjeros que anidan entre nosotros.

Consideramos que podemos gambetear a esas tres insensateces y pensarnos a nosotros mismos, misioneros y misioneras, acerca de cómo estamos coparticipando, en diversos grados claro, en el agravamiento de la multicrisis, y en la estupidez -ésta sí y nuestra- de patear la pelota fuera de la cancha, aun sabiendo que estamos perdiendo el partido. Y pensamos en cómo hacer las cosas con otra lógica, diferente a la que creó los problemas.

Queremos convidar a toda la ciudadanía, más allá y por encima de cualquier diferencia, a participar activamente en un debate propositivo sobre esta cuestión: ¿Cuál debe ser el Modelo Productivo en Misiones para este momento de Multicrisis, de agudización del Cambio Climático y probable extensión y profundización de graves conflictos bélicos y carencias alimentarias?

Con el objetivo de  ayudarnos a nosotros mismos a pensar sobre este tema, definimos cuatro ejes temáticos, a saber: 

a).-  ¿Cómo debemos gestionar nuestra producción agrícola, ganadera y forestal, y sus relaciones entre sí y con los otros tres ejes);

b) ¿Cómo debemos gestionar nuestros ríos, arroyos, cursos de aguas subterráneos, nuestras cosechas y reservas de agua, y su relación con los otros tres ejes, y con el conjunto del Ecosistema del que formamos parte?; 

c)  ¿Cómo debemos gestionar la producción de alimentos para garantizar y superar la actual inseguridad alimentaria y fortalecer un camino de Soberanía Alimentaria, como base substancial de nuestra Soberanía Económica, Política y Territorial, y sus intrincadas relaciones con los otros tres ejes?; y

d) ¿Cómo gestionar el trabajo, el empleo, el capital, los materiales, la tierra, la armonía con nuestro monte (nuestra selva) y la Soberanía Energética? Y por supuesto también su íntima relación con los otros tres ejes de esta construcción de un Nuevo Pensamiento para una Nueva Misiones?

Misiones y el contexto global

En esta nota trataremos de dar un panorama del contexto global en que está inserta nuestra querida Misiones, con eje en cuestiones de Agricultura y de Agroecología.   Comenzando así a mover la pelota por el campo del primer eje.

El Antropo…qué? El Antropoceno. Vamos a tener que hablar de él, desde el comienzo, porque si no hacemos un esfuerzo por comprender el todo del que forma parte esa parte que somos las y los que habitamos Misiones, no lograremos entender ni la parte ni el todo.

“El Homo sapiens es tan solo una de las entre 5 y 30 millones de especies que habitan el planeta, y no obstante controla una parte absolutamente desproporcionada de los recursos”, nos espabilan científicos como Vitousek, Ehrlich, y Matson.

En el siglo XX pasamos de un mundo “vacío” a un mundo “lleno”, en palabras del economista ecológico norteamericano Herman Daly (1999), lo que implica una verdadera mutación histórica, haciendo que se hable ya de la entrada de una nueva era geológica: el Antropoceno. 

El Antropoceno sería una nueva época de la Tierra, consecuencia del despliegue del sistema urbano-agro-industrial a escala global, que se da junto con un incremento poblacional mundial sin parangón histórico. Estamos por superar las 8.000 millones de personas en un planeta que, según muchos científicos, no puede soportar más de 12.000 millones sin sufrir una tremenda conmoción de insustentabilidad

Todo ello ha actuado como una auténtica fuerza geológica con implicaciones ambientales. La Sociedad Geológica de Londres, la de mayor historia y quizás la más prestigiosa del planeta, así lo ha definido (Davis, 2008): El Holoceno, la etapa histórica que coincide con el inicio de la agricultura y la expansión y evolución de las distintas civilizaciones humanas, es decir, a grosso modo los últimos 12.000 años, ha tocado a su fin. 

El trecho interglacial que define el Holoceno, inusualmente  estable en términos de temperatura global, ha terminado. Estaríamos por tanto en una nueva era histórica marcada por la  incidencia de la “especie humana” en el planeta Tierra. 

Pero, indudablemente, no es toda la especie humana la que incide determinantemente, sino una parte cada vez más importante de la misma que se ve impulsada y condicionada por un sistema, el actual capitalismo global (o globalización hegemónica), fuertemente estratificado y con muy diferentes responsabilidades e impactos de sus distintas sociedades de individuos, que ha logrado alterar -por primera vez en la historia- el sistema ecológico y geomorfológico global. 

No sólo al funcionamiento del clima de la Tierra, o la composición y características de sus ríos, mares y océanos, así como la magnitud, diversidad y complejidad de la biodiversidad planetaria, sino hasta el propio paisaje y territorio, convirtiéndose el sistema urbano-agro-industrial ya en la principal fuerza geomorfológica. Una tremenda fuerza de carácter antropogénico, activada y amplificada por un sistema que se basa en el crecimiento y acumulación (dineraria) “sin fin”. Un crecimiento infinito en un mundo finito. Un intento condenado al fracaso por imposible e insensato.

Y sus impactos durarán siglos o milenios, y condicionarán cualquier evolución futura.

El homo sapiens ¿todavía es capaz de pensar?

Indudablemente, el enorme despliegue del capitalismo urbano-agro-industrial a escala global que ha tenido lugar en el siglo XX, así como el incremento hasta ahora imparable de la población, producción y consumo que ha llevado aparejado, no hubieran sido posibles sin ciertas ayudas decisivas. Hablamos de la energía abundante y barata, sobre todo de origen fósil (petróleo, carbón y gas natural), y la disposición también barata y abundante de recursos así mismo claves para su despliegue: agua, minerales (incluido el uranio), alimentos y biomasa.

De los ya 8000 millones que integramos este Planeta viajero que llamamos Tierra -aunque quizás estaría mejor denominarlo  Agua, ya que de agua son las tres cuartas partes de él-, hablando de por lo menos la mitad de la población mundial (unos 4000 millones), ya que el resto poco y nada ha recibido de esta forma de organizar el mundo que tenemos, nos “estamos cayendo del catre” como decían mis padres, de que ya nada será igual que antes de la llegada de la Multicrisis.

Acompañado, por supuesto, por la oferta en ascenso imparable de fuerza de trabajo asalariada, y no asalariada, de trabajo doméstico no remunerado (prioritariamente femenino) que hacía viable su reproducción. 

Son estos factores los que han hecho posible un crecimiento económico mundial sin parangón, a través de un metabolismo urbano-agro-industrial cada día más consumidor de bienes comunes, sobre todo naturales, que para una visión de insensatos solo son recursos. Y generador de residuos e impactos ambientales y sociales de todo tipo, que han alcanzado definitivamente una dimensión planetaria y crítica. 

Pero, igualmente, todo ello no hubiera sido factible sin un sistema tecnológico, una mega máquina global, cada día más sofisticada, que ha hecho viable dicho despliegue, y cuyo desarrollo se basa en las mismas premisas. 

Y, por supuesto, sin la consolidación y profundización de unas mega estructuras de poder político, económico y financiero que lo impulsaran, que operan con importantes tensiones y conflictos entre sí, que se ven condicionadas igualmente por la conflictividad político-social, y que no serían viables sin los mismos presupuestos. 

Todo ello forma un Todo, interrelacionado, que en el siglo XXI se empieza poco a poco a agrietar y desmoronar, por sus contradicciones internas y especialmente por chocar con los límites geofísicos y biológicos planetarios.

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Siglo XX inaugura lo urbano-agro-industrial

El siglo XX inaugura pues un momento decisivo, e irrepetible, en la historia no solo de la especie humana, sino del planeta Tierra. 

El hecho de que a finales del pasado siglo el sistema urbano-agro-industrial mundial derrochara casi 100.000 veces la energía consumida por los seres humanos a principios del neolítico, ha sido determinante en el advenimiento de esta tremenda singularidad histórica. Es más: en el siglo XX dicho sistema ha utilizado más energía que en toda la historia anterior de la Humanidad (McNeill, 2003). 

De esta forma, una sola especie, la especie humana, o mejor dicho, como hemos señalado, un sistema de poder que ha estructurado y condicionado a una gran parte de la misma, ha logrado desviar en su propio beneficio (o mejor dicho el de menos de la mitad de la población) una gran parte de los recursos del planeta, el 40% de la llamada Producción Primaria Neta, es decir, de la biomasa global. Lo cual ha tenido impactos muy perniciosos en sectores claves para el mantenimiento de la vida: el agua potable, la tierra fértil, las pesquerías oceánicas, los bosques y selvas, la diversidad biológica y la atmósfera planetaria. 

Además, la explotación de pesquerías, bosques y tierras fértiles parece que ya llegó a su máximo histórico (como también la emisión de gases de efecto invernadero), produciendo una crisis energética y de materiales global, con el efecto de un agotamiento de “recursos críticos” y del cambio climático en marcha. 

   “El siglo XX, aún siendo un fragmento diminuto en la escala de las eras geológicas, resultó ser en la escala de las transformaciones que ha presenciado un momento que empequeñece toda la historia humana anterior”. Resultó ser un calentador global que nos condujo, rápidamente, a un muy peligroso Cambio Climático (Christian, 2005).
  En definitiva, en los siglos XIX y XX se pensaba que la Biosfera era un espacio inagotable, pero bruscamente estamos constatando que hemos superado ya su biocapacidad, al tiempo que degradábamos el entorno ecológico y geofísico de manera brutal.   

Así, en las dos o tres últimas décadas el sistema urbano-agro-industrial ha actuado por encima de la capacidad de regeneración del planeta Tierra, gracias al incremento de la capacidad de carga y a la intensificación de los procesos productivos (destructivos) que posibilitan los combustibles fósiles. 

Lo cual tocará muy pronto su límite en este siglo por el inicio inexorable del declive energético. Pero el sistema mundo capitalista, así como las sociedades que lo componen, vivieron hasta hace poco de espaldas a este hecho incontrovertible, y todavía lo siguen haciendo en muy gran medida, auspiciados por la tremenda capacidad de enmascaramiento y ocultación que posibilitan la Sociedad de la Imagen y la Aldea Global. 

Sin embargo, la crudísima realidad les obliga a no poder soslayar ya los límites biofísicos a su despliegue y funcionamiento, pues éstos son una de las causas principales de la actual Crisis Global, que ha disparado las contradicciones internas del mismo sistema, poniéndonos, incluso, ya muy al borde de una nueva guerra mundial. 

La guerra silenciosa, mortífera y en acelerado ascenso contra la Naturaleza llevada a cabo por la expansión a escala planetaria del sistema urbano-agro-industrial ya no se puede ocultar, y está actuando actualmente como un auténtico boomerang contra el mismo. 

Pero veamos con más detalle la verdadera dimensión de los desequilibrios y conflictos ecológicos y geomorfológicos que se desarrollaron a lo largo del siglo XX, para confirmar las aseveraciones tan contundentes de esta breve nota introductoria; aunque luego, más adelante, analicemos cómo este apabullante paisaje se ha agravado aún más en la primera década del siglo XXI, en paralelo con la explosión de la Crisis Global, y se empeora todavía más a causa también de las falsas vías que se proponen para superarla.

Y todo ello al mismo tiempo que se agudizan las diferencias sociales y territoriales, que se ven reflejadas a su vez por la crisis medioambiental y alimentaria que se agravan día a día.

En las siguientes notas, y como un aporte a la necesaria profundización de un imprescindible diagnóstico propositivo, abordaremos temas como los siguientes: La expansión del capitalismo global choca con la Biosfera. La repercusión global del metabolismo urbano-agro-industrial. El capitalismo global se convierte en el principal agente geomorfológico. El impacto en la Hidrosfera y la conversión del agua en el “oro azul”. De la incidencia en la atmósfera local, al cambio climático planetario. El capitalismo global capaz de alterar el clima mundial. La perturbación de la Biosfera: Un golpe de Estado biológico. Insostenibilidad de la industrialización de la agricultura y la explotación de bosques y selvas. El progresivo colapso de la biodiversidad planetaria. El desbordamiento de la biocapacidad del planeta y la deuda ecológica. Gestión institucional de la crisis ecológica y retórica del poder. Hacia el “Desarrollo Sostenible”, giro en los discursos y prácticas del poder.

Corolario

Si me quieren acompañar en este esfuerzo por entender lo que nos pasa con preguntas sobre estos temas eso acrecentaría mis esperanzas de que pensando colectivamente, podamos comprender y modificar lo que sea necesario para encontrar otro Modelo Productivo para la Misiones que viene. Y así contribuir al Bien Común y a la Vida Sana.

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