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Morosidad: la caída del ingreso empuja a los hogares a una deuda cada vez más difícil de pagar

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La morosidad de los hogares dejó de ser solamente un problema financiero para convertirse en una señal sobre el estado de los ingresos y la capacidad de consumo de las familias. Una encuesta de D’Alessio IROL/Berensztein presentada en la Convención Anual de IAEF muestra que el 66% de quienes no pudieron cumplir con sus obligaciones atribuye el origen del atraso a la pérdida o reducción de sus ingresos.

El dato permite observar la deuda desde otra perspectiva. El problema no aparece necesariamente porque las familias hayan incorporado un nivel extraordinario de consumo, sino porque una parte de sus ingresos dejó de alcanzar para sostener compromisos asumidos previamente. Cuando el ingreso se reduce y no consigue recuperarse, las cuotas comienzan a competir con los gastos cotidianos y la mora se transforma en una consecuencia de esa tensión.

Los datos de morosidad del sector privado no financiero muestran que el fenómeno continúa extendiéndose. Según información de la Consultora 1816, la irregularidad total pasó de 7,63% en junio a 7,73% en julio. Entre los hogares, la morosidad alcanzó el 12,94% en entidades financieras y llegó al 33,69% en entidades no financieras. En las empresas, en cambio, la tasa se ubicó en 3,61%.

La deuda se instala en el presupuesto cotidiano

La encuesta muestra que el deterioro no alcanza a todos los hogares de la misma manera. Aunque el 64% de los consultados afirmó encontrarse al día con sus obligaciones, el 15% registraba atrasos de hasta 30 días y otro 20% acumulaba demoras superiores.

La brecha también aparece cuando se observa la situación según nivel socioeconómico. En el segmento medio-bajo, el 42% de los encuestados presenta algún nivel de incumplimiento, mientras que en el nivel medio-alto el porcentaje alcanza al 33%.

La estructura de las obligaciones revela hasta dónde se desplazó el problema. Las tarjetas de crédito constituyen el principal frente de incumplimiento y fueron mencionadas por el 59% de los deudores. Pero detrás aparecen compromisos que hacen al funcionamiento básico de un hogar: el 37% registra atrasos en servicios como luz, gas, agua o telefonía y el 33% mantiene préstamos o descubiertos bancarios pendientes.

La deuda también empieza a recorrer canales por fuera del sistema financiero tradicional. El 26% reconoce atrasos con familiares, amigos o prestamistas particulares, mientras que el 18% mantiene obligaciones con billeteras digitales o plataformas de préstamos. A su vez, el 16% acumula pagos pendientes de alquiler o expensas.

La composición de la mora funciona como un mapa de prioridades. Cuando una familia deja de pagar una tarjeta, una factura de servicios, un alquiler o una deuda personal, el problema ya no queda circunscripto al sistema financiero: comienza a comprometer decisiones básicas del presupuesto mensual.

Las cuotas absorben una parte creciente del ingreso

El peso de las obligaciones financieras permite dimensionar la presión que enfrentan los hogares antes de llegar al incumplimiento. El 37% de los encuestados destina entre el 41% y el 50% de sus ingresos al pago de deudas. Otro 25% compromete entre el 31% y el 40%.

En otras palabras, para una proporción significativa de las familias, una parte sustancial del ingreso mensual ya tiene destino asignado antes de afrontar alimentos, vivienda, transporte, educación y servicios.

El fenómeno se vuelve todavía más marcado entre quienes atraviesan determinadas etapas de la vida. Un estudio del Centro de Estudios para la Ciudad (CEC) señala que el 38,4% de las personas endeudadas de entre 30 y 49 años destina más de la mitad de sus ingresos al pago de deudas.

La situación también alcanza a los adultos mayores. El 44,6% de las personas de más de 65 años tiene deudas activas y, de acuerdo con un informe publicado en julio por Provincia Microcréditos, la morosidad en ese grupo etario pasó del 4,1% al 11,4% en un año.

El problema no es solamente entrar en mora, sino poder salir

La persistencia de los atrasos encuentra un límite que aparece con claridad en la encuesta: el ingreso. El 60% de quienes tienen deudas vencidas sostiene que no puede regularizar su situación porque sus recursos no alcanzan.

Otro 16% señala que debe priorizar gastos básicos, como alimentos o vivienda, mientras que el 9% atribuye la dificultad de ponerse al día al crecimiento de la deuda generado por intereses y recargos.

Ese mecanismo puede generar un círculo difícil de romper. Una familia que no consigue cubrir una cuota posterga el pago; los intereses incrementan el monto pendiente; el nuevo saldo demanda una mayor proporción del ingreso y reduce todavía más el margen disponible para afrontar los gastos corrientes.

Por eso, el dato más relevante no está solamente en cuántos hogares presentan atrasos, sino en la razón por la cual no consiguen revertirlos. Si seis de cada diez deudores que permanecen en mora identifican la insuficiencia de ingresos como principal obstáculo, la recuperación de la regularidad financiera queda estrechamente vinculada con la capacidad de recomponer el presupuesto familiar.

La morosidad como indicador de la economía real

El avance de la mora permite leer una dimensión de la economía que no siempre aparece en los indicadores financieros tradicionales. Las familias ajustan el consumo, refinancian obligaciones, utilizan crédito para cubrir gastos corrientes y, cuando ese margen se agota, comienzan a acumular atrasos.

El resultado es una economía doméstica con menos capacidad de absorber shocks. La deuda no solo compromete ingresos futuros: también condiciona el consumo presente. Cada peso destinado a cancelar obligaciones es un peso que deja de estar disponible para otros bienes y servicios.

La evolución de la morosidad, por lo tanto, funciona como una señal de alerta sobre la capacidad de los hogares para sostener el nivel de gasto con sus ingresos actuales. Y cuando el atraso alcanza servicios esenciales, alquileres y obligaciones contraídas fuera del sistema financiero, la discusión deja de ser exclusivamente crediticia.

El desafío para las políticas de financiamiento y recuperación del consumo consiste en evitar que la deuda se convierta en una trampa. Facilitar mecanismos de regularización, contener el crecimiento de los saldos vencidos y, sobre todo, recomponer la capacidad de pago son condiciones diferentes pero vinculadas.

La fotografía actual muestra un problema que excede a quien no paga una cuota. Cuando los ingresos pierden capacidad de respuesta frente a las obligaciones y las familias comienzan a elegir qué deuda pagar y cuál postergar, la morosidad se convierte en un indicador de la fragilidad económica del hogar y, por extensión, de la capacidad de consumo de toda la economía.

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Passalacqua destacó el alivio fiscal en Misiones y reivindicó el diálogo entre gobernadores: “No hay grieta”

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El gobernador Hugo Passalacqua participó este viernes del panel “El rol de las provincias en la transformación competitiva del país”, en el marco de la 47ª Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), que se desarrolla en Puerto Iguazú. Ante representantes del ámbito empresarial y económico, el mandatario expuso medidas adoptadas por Misiones en materia tributaria y destacó decisiones vinculadas con Ingresos Brutos y determinadas operaciones comerciales y bancarias.

Passalacqua compartió el panel con los gobernadores Alfredo Cornejo, de Mendoza; Raúl Jalil, de Catamarca; y Juan Pablo Valdés, de Corrientes. El intercambio fue moderado por el director de Contenidos de La Nación, José del Río.

Consultado sobre la realidad económica de Misiones y la cuestión tributaria, el gobernador puso el foco en decisiones que viene tomando la Provincia. En particular, destacó la eliminación del control rutero donde se abonaba el anticipo de Ingresos Brutos.

“Hemos levantado, que no sé si puede parecer menor, pero para nosotros fue muy importante, la llamada ‘aduana paralela’, en términos vulgares, que era el control rutero donde se pagaba el anticipo de Ingresos Brutos”, explicó.

Passalacqua también se refirió a medidas adoptadas sobre determinadas operaciones comerciales y bancarias. “En los comercios de esta virtualidad, depósitos bancarios y tarjetas de débito, hemos quitado todo eso como bien imponible”, señaló.

En ese contexto, el mandatario mencionó además el intercambio que mantuvo con representantes de la Unión Industrial Argentina (UIA) durante la convención y señaló que la Provincia continúa trabajando sobre aspectos vinculados con el anticipo de Ingresos Brutos.

MALVINAS, “PARTE DE NUESTRO SER NACIONAL”

En otro tramo del panel, el gobernador fue consultado sobre la cuestión Malvinas y reivindicó su lugar dentro de la historia y la identidad nacional argentina.

“Algo puedo opinar como gobernador, pero también como ciudadano, que es mucho más importante. Yo me acuerdo de mi maestra de cuarto grado. Malvinas es parte de la familia nacional argentina y es parte de nuestro ser nacional”, expresó.

Passalacqua remarcó además la profundidad histórica de la causa. “La historia está metida ahí adentro. Ya San Martín hablaba de Malvinas, Moreno hablaba de Malvinas. Tiene una historia larguísima y es una herida de los argentinos”, sostuvo.

“NO HAY GRIETA, NO QUEREMOS ESO”

Al finalizar su primera intervención, Passalacqua puso en valor el intercambio entre los mandatarios provinciales que participaron del panel. “Sobre todo, quiero destacar a los colegas: grandes gobernadores”, expresó.

En ese momento, ante una referencia del moderador al consenso entre los mandatarios, Passalacqua sintetizó su posición: “no hay grieta, no queremos eso”.

En esa línea, el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, puso el acento en la necesidad de avanzar hacia “un país mucho más federal”, con una mayor participación de las provincias en el desarrollo nacional.

Por su parte, el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, destacó la importancia de impulsar las transformaciones “en un contexto democrático de deliberación pública”.

En tanto, el gobernador de Corrientes, Juan Pablo Valdés, planteó la necesidad de avanzar en una discusión integral del esquema impositivo y señaló que el debate debe alcanzar también al sistema tributario nacional. En ese sentido, sostuvo que no solo las provincias deben revisar sus impuestos, sino que el Gobierno nacional también debe abordar las distorsiones que generan distintos tributos. 

El panel se desarrolló durante la segunda jornada de la 47ª Convención Anual del IAEF y dio continuidad a la presencia institucional de Passalacqua en el encuentro, cuya apertura había acompañado el jueves. En esa oportunidad, el gobernador había destacado la importancia de estos espacios para intercambiar experiencias y conocimientos y sostuvo que “estos eventos son para aprender y después tomar buenas decisiones”.

Al finalizar su participación, Passalacqua recibió al presidente de la Nación, Javier Milei, quien tuvo a su cargo el cierre de la 47ª Convención Anual del IAEF.

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Milei ignoró el reclamo yerbatero y prometió acelerar a fondo: “Abróchense los cinturones”

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Javier Milei llegó por primera vez a Misiones como presidente. Lo hizo para cerrar el 47 encuentro anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, ante empresarios y referentes del sistema financiero reunidos en el hotel Loi Suites de Puerto Iguazú. Habló durante una hora, ponderó el “potencial productivo” de la provincia y desplegó una cerrada defensa de su programa económico.

A pocos kilómetros, sin embargo, otra postal atravesaba su visita. Productores yerbateros se concentraron con tractores sobre la ruta nacional 12, en el acceso a las 600 Hectáreas, para reclamar mejores precios para la hoja verde y respuestas frente a una crisis que golpea especialmente a los pequeños agricultores.

Muchos de ellos eran los mismos que tres años atrás habían celebrado el triunfo de Milei con tractores, banderas argentinas y motosierras. Esta vez, la motosierra quedó del otro lado de la protesta. El Presidente no hizo ninguna referencia al reclamo, no pronunció la palabra yerba y tampoco anticipó medidas para una economía regional atravesada por el derrumbe de los precios y la pérdida de rentabilidad.

Su mensaje fue en sentido contrario: no habrá correcciones motivadas por la protesta social ni por el calendario electoral. Habrá más ajuste sobre la política, más apertura económica, nuevas reformas y una profundización del rumbo iniciado en diciembre de 2023.

“Yo acá entré por el bronce. Toda mi vida estuve predicando lo que había que hacer. No voy a llegar a este momento para borrar con el codo lo que escribí con la mano”, sentenció.

El contraste quedó expuesto desde el comienzo de la visita. Milei habló ante uno de los auditorios empresariales más importantes del país, mientras sobre la ruta los productores intentaban hacer visible una crisis que ya se siente en toda la cadena yerbatera.

La protesta ocurrió en el mismo territorio que le había dado un respaldo significativo al discurso libertario contra la regulación estatal. En 2023, parte del sector rural recibió con entusiasmo la promesa de eliminar controles, cupos e intermediaciones. Tres años después, productores que acompañaron aquella irrupción reclaman algún tipo de intervención frente a precios que no cubren los costos mínimos de producción.

El Presidente eligió no responder. Aunque abrió su exposición destacando a Misiones como una provincia “con tanto potencial productivo”, no vinculó esa definición con la situación concreta de su principal economía regional.

En cambio, reivindicó la necesidad de separar “el ruido de los fundamentos”, un principio que consideró central para las finanzas y para la conducción del Estado. Dentro de esa lógica, las protestas sectoriales fueron presentadas como parte de la resistencia inevitable de los intereses afectados por las reformas.

“Estamos llenos de gente ruidosa que se queja. Si quieren hacer una omelette, tienen que romper los huevos. Si hay un entramado prebendario, va a patalear. Es así”, afirmó.

Milei dedicó buena parte de su discurso a despejar cualquier expectativa de flexibilización en tiempos electorales. Aseguró que su compromiso es terminar “de una vez y para siempre con la maldita inflación” y que modificar la política monetaria devolvería rápidamente al país a una dinámica de suba de precios.

“No tiene sentido flexibilizar la política monetaria, porque hace doce meses que la base monetaria no cambia. Si cambio la política monetaria y la hago laxa, la inflación la tenemos a la vuelta de la esquina”, advirtió.

También buscó presentar su permanencia en la política como una misión acotada. Recordó que renunció a la jubilación presidencial de privilegio y definió su vínculo con el Estado como “un contrato por cuatro años, con opción a ocho”. Después, aseguró, pretende volver a ganarse la vida en el sector privado.

“Si por un capricho electoral modificara mi forma de actuar, mis conferencias y todo lo que dije durante mi vida pasarían a valer cero. Voy a redoblar la ortodoxia. No voy a cambiar la política hasta derrotar la inflación”, sostuvo.

La credibilidad, dijo, es “la materia prima de las políticas públicas” y fue “poco honrada por la política argentina”. Se presentó como el primer presidente “liberal libertario” de la historia y afirmó que su tarea consiste en sustituir la discrecionalidad por reglas permanentes.

El jefe de Estado destacó el avance de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, destinada -según explicó- a quitarle al Gobierno la posibilidad de financiarse mediante emisión monetaria. A ese límite sumó la imposición de un “grillete fiscal” para impedir nuevamente el déficit en la administración nacional.

La pretensión excede su mandato. Milei quiere que las reglas fiscales y monetarias condicionen a los futuros gobiernos y reduzcan al mínimo la capacidad de la política para modificar el rumbo económico.

“A largo plazo le ponemos grilletes a la política”, definió.

También anticipó una segunda etapa de la reforma tributaria conocida como Inocencia Fiscal, que describió como una transformación destinada “al ciudadano honesto”, y defendió una mayor apertura comercial.

“No se dejen engañar por los prebendarios a los que les gusta cazar en el zoológico. Esta no es todavía una economía abierta: necesita más apertura”, aseguró.

Para ejemplificarlo, cuestionó las políticas proteccionistas aplicadas a determinados sectores industriales. Mencionó el caso de los neumáticos y sostuvo que, para preservar 920 empleos, los argentinos terminaban pagando cubiertas hasta cuatro veces más caras.

Según Milei, la pérdida de discrecionalidad estatal representa una ganancia directa para las empresas porque evita que las reglas sean modificadas “a mitad del partido”. Incluso comparó la profundidad de su programa con otros procesos históricos: “Ni siquiera los militares se animaron a hacer las reformas que nosotros hicimos”.

El tramo más político del discurso estuvo dedicado a las elecciones de 2027. Milei se mostró convencido de que La Libertad Avanza volverá a imponerse y aseguró que un resultado similar al conseguido en los últimos comicios le permitiría obtener la mayoría en Diputados y quedar a solamente dos senadores del quórum propio en la Cámara alta.

“El año que viene les vamos a ganar, porque dudo que los argentinos sean tan tontos como para querer volver al pasado”, lanzó.

La eventual construcción de una mayoría parlamentaria aparece como la llave para una segunda oleada reformista.

“Si con este Congreso hicimos todas estas reformas, abróchense los cinturones porque ahí van a ver lo que es acelerar a fondo”, adelantó.

La promesa fue acompañada por otra definición terminante: “No vamos a aflojar en la disciplina fiscal”. Milei sostuvo que el objetivo central es quitarle “de una vez y para siempre las cadenas al sector privado” y consolidar un modelo económico que pueda extenderse durante dos períodos presidenciales.

El Presidente calificó a su administración como “la mejor gestión económica de los últimos cien años en la Argentina” y acusó al peronismo y a la oposición de “mover permanentemente el arco” para evitar reconocer los resultados.

Afirmó que entre 2011 y 2023 la Argentina dejó de crecer y sufrió un retroceso de su producto bruto interno por habitante. Frente a ese escenario, aseguró que su Gobierno logró quebrar el techo previo y alcanzar “el PBI per cápita más alto de la historia”.

“Llevamos 27 meses de crecimiento seguido, les guste o no les guste a los corruptos periodistas”, disparó.

Según su interpretación, la economía acumulará un crecimiento cercano al 20 por ciento en cuatro años, por encima del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y “quintuplicando” el desempeño argentino de los cien años anteriores.

“Al final, efectivamente soy especialista en crecimiento, con o sin dinero”, ironizó.

Milei sostuvo además que su programa redujo diez veces la inflación, bajó la pobreza en 25 puntos y permitió que catorce millones de personas salieran de esa condición. Contrastó esos resultados con los del kirchnerismo, al que responsabilizó de haber hecho caer la economía argentina durante años en los que el mundo crecía.

Afirmó que alrededor de 450 puntos del riesgo país corresponden al “riesgo kuka”, es decir, a la posibilidad que los inversores asignan a una reversión del modelo. Recordó que en 2023 el indicador llegó a ubicarse cerca de los 3.000 puntos y prometió seguir reduciéndolo a medida que se despeje la incertidumbre política.

Milei presentó al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones como la plataforma de un flujo de capitales “que nunca se vio en el país”. Aseguró que existen proyectos aprobados por 45.000 millones de dólares y otros 150.000 millones pendientes de evaluación.

Las inversiones se concentran, según enumeró, en energía, minería y siderurgia. El Presidente vinculó ese proceso con la posibilidad de que la Argentina recupere peso geopolítico y fortalezca su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas.

También rechazó que exista atraso cambiario. Señaló que el país registra niveles récord de exportaciones y consumo con superávit de cuenta corriente, y destacó que trece de los quince sectores relevados por el Estimador Mensual de Actividad Económica se encuentran en crecimiento, “el mejor registro en quince años”.

Otro de los ejes fue el mercado laboral. Milei aseguró que la ocupación se mantuvo estable y que durante su administración fueron creados 500.000 puestos de trabajo, “una cifra que no van a ver en ningún lado”.

Cuestionó las mediciones concentradas exclusivamente en el empleo formal y rechazó que el trabajo informal deba ser descartado como una ocupación de menor valor. “No es de calidad robar. Trabajar está bien”, afirmó.

El mandatario sostuvo que el mercado informal ya representaba cerca del 50 por ciento del empleo antes de su llegada al poder y que la creación de puestos no registrados es parte de la reasignación de recursos provocada por el cambio de modelo.

También desestimó la idea de una economía funcionando “a dos velocidades”. Según explicó, quienes utilizan esa definición “no saben nada de equilibrio general”, porque cualquier shock económico genera movimientos diferentes entre sectores, como si la economía fuera “una coctelera”.

La reforma laboral, dijo, busca facilitar que esos nuevos empleos migren hacia la formalidad cuando termine de estabilizarse el escenario político. Incluso aseguró que los salarios informales se encuentran 60 por ciento por encima de los niveles anteriores, lo que interpretó como una señal de funcionamiento del programa.

La mora como costo de la normalización crediticia

Milei también respondió a las advertencias sobre el crecimiento de la mora entre familias y empresas. Sostuvo que el aumento de los incumplimientos es una consecuencia matemática de la expansión del crédito y no una prueba directa del deterioro económico. “Si no prestaran, la mora sería cero”, argumentó.

Según su explicación, el riesgo crediticio bajó y permitió que familias y pequeñas y medianas empresas que antes estaban excluidas comenzaran a calificar para recibir financiamiento. Comparó las críticas al aumento de la mora con cuestionar el crecimiento de los accidentes después de la masificación del automóvil.

Para Milei, se trata de costos propios de una transición. Para una parte de la sociedad, en cambio, son señales del esfuerzo que demanda el programa y de una recuperación que todavía no alcanza de la misma manera a todos los sectores.

La primera visita presidencial de Milei a Misiones dejó así dos escenas simultáneas. Dentro del Loi Suites, empresarios y ejecutivos escucharon una exposición cargada de cifras, promesas de estabilidad y garantías de continuidad. Pese al escenario, hubo pocos y tibios aplausos. Sobre la ruta nacional 12, productores yerbateros que alguna vez vieron en la motosierra una esperanza reclamaron respuestas ante el desplome de sus ingresos.

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Caputo prometió bajar impuestos, pero postergó la reforma integral para un segundo mandato de Milei

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El ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó que el Gobierno nacional proyecta reducir en otro punto la presión impositiva durante 2027, aunque aclaró que una reforma tributaria integral requerirá un acuerdo profundo con las provincias y quedará como uno de los grandes objetivos para un eventual segundo mandato de Javier Milei.

Durante su participación en el encuentro del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), realizado en Puerto Iguazú, Caputo reconoció que la Argentina arrastra una estructura tributaria “malísima”, atravesada por impuestos distorsivos en los tres niveles del Estado.

El ministro aseguró que la Nación ya redujo la presión tributaria en tres puntos desde el comienzo de la gestión libertaria, pero admitió que todavía persisten gravámenes que castigan la producción, la inversión y la formalidad.

Entre ellos apuntó especialmente contra Ingresos Brutos y las tasas municipales. Sin embargo, reconoció que las provincias construyeron una fuerte dependencia de esos recursos ante la inestabilidad de las transferencias nacionales y las recurrentes crisis fiscales.

“Le preguntás a cualquier gobernador y te va a decir que era la única forma de defenderse”, señaló. Según Caputo, los impuestos provinciales llegan a representar alrededor del 80 por ciento de los ingresos propios en muchas jurisdicciones.

Por esa razón, sostuvo que una reforma tributaria de fondo no podrá resolverse exclusivamente desde Buenos Aires. Será necesario sentar a la Nación y a las provincias en una misma mesa para redefinir la distribución de los recursos y reemplazar gradualmente los tributos más perjudiciales.

“La reforma de fondo va a requerir sentarnos con las provincias y hacer un cambio profundo. Eso va a llegar para el segundo mandato”, afirmó.

Mientras tanto, adelantó que el Gobierno continuará bajando impuestos en la medida en que el superávit fiscal lo permita. “El año que viene vamos a bajar un punto más”, prometió.

Caputo también defendió la recuperación desigual de los distintos sectores productivos. Rechazó que las distintas velocidades constituyan necesariamente un problema y las definió como una consecuencia natural de la reasignación de recursos que impulsa el programa económico.

El ministro recordó que el período de mayor caída industrial se produjo durante el último año y medio de la administración anterior, cuando la actividad fabril retrocedió catorce puntos en medio del desorden macroeconómico, la falta de precios de referencia y la brecha cambiaria.

Para explicar el potencial que, a su entender, permaneció desaprovechado, recurrió a una metáfora futbolística: la Argentina tenía a “Messi, Di María y Enzo Fernández en el banco de suplentes”.

En esa comparación ubicó a la energía, la minería, el agro y la economía del conocimiento, sectores que estuvieron condicionados durante años y que ahora comenzaron a ganar protagonismo.

“Energía y minería estaban pisadas. Ahora les das la posibilidad de surgir y van a arrancar”, planteó. Para Caputo, el crecimiento de esas actividades no perjudica al resto del entramado productivo, sino que aporta divisas, inversiones, empleo y mayor previsibilidad para toda la economía.

El ministro sostuvo que durante décadas el desempeño de las empresas estuvo sometido a la discrecionalidad del funcionario de turno, que decidía mediante permisos, cupos, regulaciones o acceso diferencial al mercado cambiario quién podía crecer y quién quedaba relegado.

La estrategia oficial, explicó, consiste en estabilizar primero la macroeconomía y permitir después que el mercado determine la asignación de recursos. “Es un proceso. Estamos reconstruyendo el país y esto es parte de la reconstrucción”, afirmó.

Caputo admitió que la transformación beneficiará más rápidamente a algunas actividades que a otras, pero insistió en que se trata de un movimiento inevitable dentro de una economía que abandona restricciones acumuladas durante años.

Otro de los ejes de la presentación fueron los vencimientos de deuda, que durante el próximo período alcanzarán los 23.000 millones de dólares.

Caputo buscó despejar las dudas sobre la capacidad de pago y aseguró que el programa financiero está cerrado con un año y medio de anticipación. Según destacó, se trataría de una situación inédita para la Argentina reciente.

“No tenemos necesidad de salir al mercado financiero internacional”, afirmó. El ministro aclaró que el Gobierno podrá refinanciar vencimientos, pero únicamente cuando encuentre condiciones convenientes y tasas suficientemente bajas.

Caputo reveló que el equipo económico recibió propuestas de financiamiento con costos hasta 200 puntos básicos inferiores a las condiciones disponibles en el mercado. “Hemos cerrado el financiamiento”, insistió.

La afirmación apunta a reducir la incertidumbre sobre los compromisos externos y a evitar que el calendario de deuda vuelva a condicionar el programa económico.

Mora, bancos y un límite al rescate estatal

El ministro también se refirió al aumento de la mora de familias y empresas. Lo describió como parte de un proceso de aprendizaje de un sistema financiero que, durante años, tuvo pocos incentivos para prestar al sector privado porque encontraba rentabilidad en el financiamiento al Estado.

Caputo rechazó de plano la posibilidad de utilizar recursos públicos para compensar a las entidades que otorgaron créditos de manera deficiente.

“No podemos usar la plata de los contribuyentes para compensar a entidades financieras cuyo trabajo es dar crédito”, sostuvo. A su entender, rescatar a los bancos por una mala evaluación de sus clientes sería una medida “populista e inmoral”, tanto para quienes cumplen con sus obligaciones como para el conjunto de los contribuyentes.

El ministro aseguró que las entidades están respondiendo mediante refinanciaciones, extensión de plazos y reducción de tasas. Como ejemplo, señaló que el Banco Nación concretó más de 100.000 operaciones de refinanciamiento.

Para Caputo, esa conducta no responde solamente a una decisión de acompañamiento, sino también a la lógica del propio negocio bancario: refinanciar puede ser más conveniente que ejecutar una deuda o asumir una pérdida definitiva.

Aunque reconoció la existencia del problema, descartó que la mora represente una amenaza para la estabilidad financiera. Estimó que equivale aproximadamente a un punto del producto y remarcó que deberá resolverse entre las entidades y sus clientes.

“No es un problema sistémico. Es un problema que tiene que resolverse entre privados”, concluyó.

“Me importa tres pitos lo que digan”

Caputo también rechazó los pronósticos que anticipan un escenario de tensión económica y cambiaria durante el próximo año. Con una expresión poco habitual para un ministro de Economía, buscó quitarles dramatismo a las advertencias: “Me importa tres pitos lo que digan. Va a ser un año que no tendrá nada que ver con lo que se está diciendo. Va a ser súper tranquilo”.

De todos modos, aclaró que su responsabilidad no consiste solamente en confiar en el rumbo oficial, sino en preparar al Gobierno frente a las expectativas y los temores del mercado. “No importa lo que pienso yo, me preparo para lo que piensa la gente”, señaló.

El ministro afirmó que la Argentina llegará al próximo proceso electoral en una posición mucho más sólida que en 2025, especialmente en materia cambiaria. Como respaldo mencionó la acumulación de 15.000 millones de dólares de reservas y la disponibilidad del swap con China.

“Nos preparamos para el peor de los escenarios, pero no va a pasar”, aseguró.

Caputo reconoció que la oposición tiene capacidad para instalar incertidumbre y generar episodios de tensión. Sin embargo, consideró que el margen para provocar una crisis se reduce cuando las cuentas públicas, la emisión monetaria y el frente cambiario permanecen bajo control.

“La oposición es buena generando crisis, pero si tenés la macroeconomía en orden no es tan fácil desestabilizar”, sentenció. Para el ministro, el equilibrio fiscal y el fortalecimiento de las reservas funcionarán como las principales defensas ante cualquier intento de trasladar la disputa política al terreno financiero.

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Goerling apoyó el rumbo pero encendió una alerta: “Si la gente no siente beneficios, el riesgo de volver atrás siempre va a estar”

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El senador por Misiones Martín Goerling ratificó su respaldo al programa económico del Gobierno de Javier Milei, pero introdujo una advertencia que atravesó buena parte de los debates del encuentro del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas en Puerto Iguazú: la estabilidad macroeconómica no alcanzará para consolidar el cambio si sus resultados no llegan a la economía cotidiana.

“Hay muchos sectores de la economía que la están pasando muy mal. Hay sectores que realmente no arrancan”, señaló el legislador durante un panel en el que se analizaron las reformas pendientes y la capacidad política de la Argentina para sostenerlas en el tiempo.

Goerling consideró que el país eligió un rumbo que debe mantenerse, aunque advirtió que el deterioro social puede alimentar otro giro del histórico péndulo argentino.

“Si la economía del día a día de la gente no empieza a sentir los beneficios, el riesgo de volver siempre va a estar, y es lo peor que nos puede pasar”, afirmó. 

Para el senador, todavía existe margen para desarrollar incentivos y políticas que permitan reactivar las actividades rezagadas antes de que el malestar se transforme en una demanda de regreso al esquema anterior.

Goerling también explicó su posición en el Senado frente al proyecto conocido como “super RIGI”, luego de que su negativa a firmar el dictamen fuera interpretada como un rechazo a la iniciativa.

“No dije que no al super RIGI. Venimos apoyando todas las reformas del RIGI”, aclaró. Según explicó, su decisión respondió a que todavía no estaban dadas las condiciones políticas para emitir dictamen y llevar el proyecto al recinto con posibilidades reales de aprobación.

El senador sostuvo que varios integrantes de la Cámara alta pretendían introducir modificaciones y que avanzar sin consensos suficientes podía conducir al rechazo de la propuesta. Eso, planteó, habría representado un retroceso mayor que continuar negociando.

“Lo peor que podía pasar era ir al recinto y que se rechazara el proyecto”, remarcó. Además, cualquier modificación obligaría a devolver la iniciativa a la Cámara de Diputados para una nueva revisión.

Entre los puntos en discusión mencionó la incorporación de un porcentaje de Compre Argentino, orientado a dar participación a la industria nacional dentro de los grandes proyectos de inversión. La propuesta evaluada contemplaba un piso del 20 por ciento, aunque persistían diferencias sobre la forma de calcularlo.

El debate consiste en evitar que ese porcentaje quede absorbido exclusivamente por la obra civil y garantizar que incluya bienes transables fabricados en el país. El objetivo es que los megaproyectos no funcionen como enclaves aislados, sino que permitan desarrollar una cadena argentina de proveedores.

Goerling aseguró que el tratamiento continuará y que su intención es construir una mayoría capaz de aprobar la iniciativa. En ese proceso, destacó los aportes realizados por entidades empresariales como la Confederación Argentina de la Mediana Empresa y la Unión Industrial Argentina.

El senador defendió la necesidad de que los cambios estructurales sean aprobados mediante leyes respaldadas por diferentes sectores políticos. Consideró que ese consenso constituye una garantía para las inversiones y reduce la posibilidad de que las reformas sean derogadas ante un cambio de gobierno.

“Cuando se fuerza una ley, después queda a tiro de que, si cambia el gobierno, lo primero que haga sea derogarla porque no le gustó en su momento”, explicó.

Para Goerling, una norma discutida, enriquecida con aportes y sostenida por una mayoría amplia ofrece mayor previsibilidad que una victoria parlamentaria ajustada. Esa lógica, afirmó, debería aplicarse tanto a las reformas económicas como a los cambios institucionales pendientes.

El senador señaló que la reforma del Banco Central será girada a la Comisión de Economía Nacional e Inversión, que preside. Indicó que todavía espera que la Presidencia del Senado remita formalmente el expediente, pero anticipó su acompañamiento.

“Compartimos absolutamente la ley. Va a ser un antes y un después en la Argentina”, aseguró. También incluyó a la reforma previsional entre los grandes debates que deberá afrontar el Congreso, aunque reconoció la dificultad de alcanzar acuerdos en una materia con fuertes consecuencias fiscales y sociales.

Goerling planteó que las condiciones tributarias previstas para las grandes inversiones deberían convertirse, a largo plazo, en la regla general de la economía argentina.

“El RIGI es un régimen especial, pero eso debería ser toda la economía de la Argentina”, sostuvo. Mencionó como referencias una alícuota del 25 por ciento en el impuesto a las Ganancias y menores aranceles para importar bienes destinados a la producción.

Sin embargo, admitió que avanzar hacia ese escenario demandará tiempo después de años de desequilibrios fiscales, inflación y distorsiones acumuladas. En ese camino, insistió en que la reducción de impuestos debe estar respaldada por una disminución del gasto público.

El planteo no quedó limitado a la administración nacional. Goerling sostuvo que las provincias y los municipios también deben revisar sus estructuras y acompañar el esfuerzo fiscal.

En su provincia, el senador puso el foco sobre Ingresos Brutos, los anticipos fiscales y el sistema de pagos a cuenta que se aplica al ingreso de mercaderías. Consideró que ese entramado aumenta los costos, desalienta proyectos y coloca a Misiones en desventaja frente a otras jurisdicciones.

“Tenemos una de las presiones tributarias más altas del país. Ingresos Brutos es totalmente asfixiante y lo único que hace es expulsar la inversión”, cuestionó.

Goerling calificó el pago anticipado de Ingresos Brutos como una “aduana paralela” y afirmó que numerosas inversiones terminan radicándose en Corrientes debido a las diferencias impositivas. Frente a ese cuadro, reclamó que el Gobierno provincial reduzca estructuras y gastos para generar condiciones más competitivas.

“Nadie quiere venir a invertir a Misiones. El Gobierno debería incentivar la inversión para que vengan a invertir a la provincia más linda de la Argentina”, lanzó.

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