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Ya no hay creación de empleos en relación de dependencia

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Las decisiones de contratación de un trabajador por parte de las empresas dependen básicamente de dos factores. Uno es el crecimiento de la economía que genera aumento de la demanda de sus productos y servicios lo que deriva en la necesidad de contratar trabajadores. El otro son las normas laborales y cómo los jueces la interpretan al momento de su aplicación. En la Argentina, la producción está estancada desde 2011 y las instituciones laborales están caracterizadas por desalentar las contrataciones. Ambos factores explican por qué las empresas no generan empleo asalariado registrado. 

Para revertir esta situación el gobierno confía que con orden macroeconómico y las reformas estructurales se romperá el largo ciclo de estancamiento productivo. Para potenciar sus impactos positivos sobre la generación de empleos de calidad, el principal instrumento es la reforma laboral que está en tratamiento en el Senado. Esta ley se integra por un conjunto extenso de modificaciones a las normas que regulan las relaciones del trabajo. 

Mientras tanto, el INDEC informó sobre la situación del mercado de trabajo. Comparando el 3º trimestre del 2025 con igual período del 2023, el trimestre anterior al inicio del gobierno de Milei, aparece que el PBI aumentó en 1,3% mientras que el empleo urbano se incrementó en 2,3%. Este aumento en el empleo total se conforma de: 

  • El empleo no asalariado o por cuenta propia creció aproximadamente un 14%.
  • El empleo asalariado registrado en empresas privadas cayó un -3%.
  • El resto de las ocupaciones (la suma de empleo público más empleo asalariado no registrado) cayó un -1%

Estos datos muestran que mientras las empresas privadas destruyeron empleos, la totalidad de la expansión del nivel de ocupación fue autoempleo, es decir, trabajadores sin empleador. Información complementaria de la Secretaría de Trabajo señala que el 80% son cuentapropistas informales, esto es, no inscriptos en el Monotributo. Esto sugiere que, en la mayoría de los casos, el aumento en el trabajo por cuenta propia no responde a una vocación emprendedora sino a la necesidad de generar ingresos para la subsistencia. Es clara la extrema necesidad y urgencia de dinamizar la producción y abordar una profunda reforma de las instituciones laborales.

El proyecto en el Senado responde a esta lógica. En su amplitud y complejidad aparecen varios puntos perfectibles que es recomendable que sean abordados en su tratamiento legislativo. Pero los desafíos no terminan con introducir ajustes y mejoras en la ley. Además, es crucial y decisiva la aplicación que las justicias laborales de cada provincia hagan de las nuevas normas laborales.

El ejemplo de lo que está ocurriendo con el sistema de riesgos del trabajo es muy ilustrativo. Una ley nacional del 2017, que tuvo adhesión de la mayoría de las provincias, dispone la constitución del Cuerpo Médico Forense. El objetivo es contar con médicos especialistas en evaluar incapacidades tomando en cuenta las reglas y metodología del sistema de riegos del trabajo y que sean remunerados en función de la tarea que hacen y no del monto de la incapacidad que dictaminan. Pasó casi una década y ninguna provincia instrumentó plenamente la ley. Por esta razón la litigiosidad sigue una tendencia insostenible. Una situación análoga se da con la enorme dispersión de índices diferentes que usan las justicias provinciales para la actualización de los créditos laborales en juicio. 

Es factible que la producción salga del aletargamiento de la última década e inicie una senda de crecimiento. Para maximizar su impacto sobre la generación de empleos de calidad es fundamental mejorar y sancionar la reforma laboral. Sin embargo, lo más desafiante será lograr que las justicias provinciales se apeguen a las normas. Que se asuma que ni la autonomía de las provincias ni la independencia del poder judicial legitiman que los criterios personales de los jueces prevalezcan sobre las leyes aprobadas por el Congreso.

 

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El salvataje da tranquilidad, pero no da para la euforia

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(Idesa) El gobierno de Estados Unidos sorprendió hace unas semanas al manifestar que estaba “listo para hacer lo que sea necesario para apoyar a la Argentina”. La contundencia del anuncio no fue suficiente para tranquilizar a los mercados. Esto motivó un viaje de urgencia del equipo económico para comenzar a implementar el apoyo. La primera acción fue la intervención del Tesoro de los EEUU comprando pesos en el mercado local a cambio de dólares. A esto se suma la confirmación de un swap –intercambio de monedas– por 20 mil millones de dólares para la Argentina y no se descartan otras acciones en el mismo sentido. 

Dentro de las turbulencias que genera la etapa preelectoral, el objetivo buscado se estaría cumpliendo. Las primeras reacciones fueron la baja del riesgo país y la suba de las acciones de las empresas argentinas que cotizan en Nueva York. Lo más importante es que la cotización del dólar en la plaza local se mantiene dentro de la banda cambiaria.  La duda que subsiste es cuán perdurable pueden ser estas tendencias. Planteado de otra manera, si el firme respaldo del gobierno de Estados Unidos justifica la euforia o tiene que tomarse como una oportunidad que, para aprovecharla, demanda acciones complementarias.

Para explorar este tema resulta pertinente identificar cuáles son las principales fuentes de presión sobre el dólar. Según el balance cambiario del Banco Central para enero – agosto del 2025 se observa que:  

  • La demanda para ahorro fue de 17 mil millones de dólares donde la totalidad se produjo desde abril 2025 que se puso fin al cepo para personas humanas.
  • Los servicios de deuda externa (capital más intereses) consumieron 12 mil millones de dólares
  • El gasto en turismo en el exterior fue de 8 mil millones de dólares.

Estos datos muestran que estas tres fuentes de demanda de dólares (ahorro, servicios de deuda y turismo) consumieron 37 mil millones de dólares en los primeros 8 meses del año. Como referencia, la diferencia entre exportaciones e importaciones de bienes generó 12 mil millones de dólares. Bajo estas condiciones, la presión sobre el mercado cambiario es intensa.

Varios factores motorizan las presiones, pero uno decisivo es la desconfianza. No hay dudas de la voluntad del gobierno de cumplir con los pagos de la deuda y sostener el equilibrio fiscal. Pero hay dudas sobre su capacidad para lograrlo. Más dudas hay sobre la posibilidad de avanzar en las reformas estructurales. Esta es la principal razón por la cual el riesgo país no baja y, por lo tanto, no se pueden refinanciar los vencimientos de deuda por medios voluntarios. En igual sentido, la desconfianza lleva a la masiva compra de dólares para ahorro. 

En el corto plazo, la combinación de equilibrio fiscal y apoyo del tesoro de Estados Unidos juegan a favor de calmar al mercado financiero. En el mediano plazo aparece la alternativa de que con los RIGI entren dólares por inversión extranjera directa y exportaciones en sectores como minería, energía e industria del conocimiento. Si, además, se avanza rápidamente hacia una mejor organización del mercado cambiario y monetario, eliminando controles y regulaciones, es factible consolidar la estabilidad.

Para aprovechar la oportunidad el gobierno tiene que mejorar sustancialmente su capacidad de gestión política y técnica. Por un lado, hay que despejar dudas sobre la sostenibilidad del equilibrio fiscal. Por el otro, hay que generar un entorno más favorable para la producción. Cabe advertir que la estabilidad cambiaria no garantiza la creación de empleos que lleven a recomponer la degradada situación social. Por esta razón es muy importante la modernización de las instituciones laborales. Dentro de ella, es clave dar prelación a los acuerdos de empresa por encima de los convenios colectivos de sector, rama u ocupación. 

La ayuda del gobierno de Estados Unidos es una buena noticia que da esperanza, pero no da para la euforia. Es la oportunidad para calmar a los mercados, mejorar el régimen cambiario y monetario y, lo más desafiante, mejorar la gestión técnica y política. Esto depende menos del resultado de las elecciones y de Estados Unidos que de un cambio de estrategia por parte del gobierno a favor del profesionalismo técnico y el diálogo constructivo.

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El dólar paralelo no sube, acompaña la inflación

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(Idesa) El dólar paralelo se mantuvo relativamente estable en un nivel de $1.000 entre octubre 2023 a marzo 2024. A partir de abril comienza a deslizarse llegando en mayo a $1.300, junio $1.400 y en apenas 2 semanas de julio ya alcanzó los $1.500. Que luego de 6 meses de tranquilidad, en 3 meses haga esta trepada causa preocupación. Subyacen muchos antecedentes del pasado en que la escapada del dólar fue el inicio de una crisis.

El punto que más colisiona con el plan de gobierno es que esta dinámica del dólar paralelo abre la brecha con el dólar oficial a más del 50%. Esto aumenta las expectativas adversas en relación a la sostenibilidad del dólar oficial. El gobierno, para dar más contundencia a su política con el dólar oficial, dispuso que cada vez que emita pesos para comprar dólares en el mercado oficial, inmediatamente venderá en el mercado paralelo la cantidad de dólares suficientes para retirar del mercado los pesos emitidos. Sin déficit fiscal ni cuasi fiscal, con esta medida se cierran todas las ventanas de emisión monetaria.    

Una referencia para entender la situación es comparar la suba nominal del dólar paralelo con las de otras variables relevantes, como los precios al consumidor y los salarios. Según el Ministerio de Economía, entre el 2022 y 2023, las tres variables marcharon a la par. En cambio, entre noviembre del 2023 y julio del 2024 se observa que:   

  • La inflación fue del 135%.
  • El salario formal creció un 110% a mayo 2024 (último disponible).
  • El dólar paralelo creció apenas un 50%.

Estos datos muestran que el dólar paralelo está creciendo, pero muy por debajo de la inflación y de los salarios. Hay que aclarar que los precios y los salarios pueden crecer sostenidamente por encima del dólar. Pero, para ello, tienen que ir acompañados de aumentos en la productividad y/o una entrada masiva de dólares desde el exterior. Ninguna de estas condiciones se da en la actualidad. La actividad económica está estancada y los flujos de capitales presionan más por salir que por entrar al país. Por lo tanto, la suba del dólar debe ser tomada apenas como una actualización que acompaña a la inflación y los salarios.   

Estos antecedentes sugieren que la principal motivación del gobierno disponiendo vender dólares desde el Banco Central en el mercado paralelo es acelerar la baja de la inflación. Con la base monetaria fija (porque estarán cerradas todas las fuentes de emisión monetaria) se espera disminuir la brecha, defender la regla de devaluación del dólar oficial al 2% mensual y, con esto, moderar las expectativas inflacionarias. Es una operación arriesgada, especialmente en un contexto de bajo nivel de reservas y con posibles efectos colaterales negativos. El más importante es una prolongación de la recesión económica producto de la astringencia monetaria y la baja competitividad de la producción interna. 

La manera de bajar los riesgos y efectos colaterales negativos de la medida es acelerando la transformación de la economía. Por un lado, para darle sostenibilidad al equilibrio fiscal. Esto ahora se vuelve más imprescindible ya que el Tesoro tiene que hacerse cargo de la deuda del Banco Central. Implica migrar desde un ajuste fiscal tradicional, muy basado en la licuación de gastos y aplicación de impuestos distorsivos (impuesto PAIS y derechos de exportación), a un ordenamiento integral del sector público. Por otro lado, para darle a la producción interna la oportunidad de ser competitiva al tipo de cambio oficial. Esto implica generar un entorno regulatorio, tributario y de calidad de los servicios públicos que permita a las empresas argentinas ser competitivas en los mercados internacionales. 

El saneamiento monetario (no hay más emisión) es una señal muy potente en la lucha contra la inflación. Pero extremadamente demandante desde el punto de vista fiscal y de competitividad para la producción nacional. Es una estrategia arriesgada y rígida. Su éxito dependerá de cuanta convicción y habilidad despliega el gobierno en la implementación de las transformaciones enumeradas en el Acta de Mayo.     

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IDESA advierte sobre la crisis en la Salud Privada

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El organismo elaboró un informe que alerta sobre la crisis en la Salud Privada y la necesidad de ordenar el PMO (Plan médico obligatorio).

El Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) alerta sobre la crisis de la salud privada en Argentina. De acuerdo a este organismo todos los actores del sector están insatisfechos y afirma que se debe priorizar el ordenamiento del PMO (Plan Médico Obligatorio) para encontrar una solución.

Virginia Giordano, coordinadora de investigaciones de IDESA, es quien grafica la situación: “Las clínicas no llegan a fin de mes, la gente está insatisfecha porque le aumentan todos los meses, los médicos están insatisfechos por sus bajos honorarios y el resto del personal de la salud también está disgustado con sus salarios”, explica.

Por otro lado, Giordano sostiene con un repaso histórico que: “En 1996, el Ministerio de Salud creó el Programa Médico Obligatorio (PMO), que preveía la cobertura de las prestaciones médicas más frecuentes y tradicionales”. En 2020 con el advenimiento de la pandemia, se tomaron medidas especiales: “Como medida de emergencia se dispone un congelamiento transitorio de las cuotas de las prepagas. Esto llevó a un congelamiento (transitorio) de los honorarios médicos y los aranceles de los centros de salud”.

A causa de esta medida, y por la consecuente aceleración de la inflación en 2021 y con el gobierno de turno que evitó que los precios de las prepagas, médicos y centros de salud recuperaran lo perdido, desvalorizando las cuotas entre un 25% y 30%. Por lo que las

las cuotas de las prepagas fueron acompañando la inflación, pero manteniendo la pérdida acumulada en el 2020 y 2021. Como resultado, se llegó a que todas las partes del sistema están disconformes.

IDESA explica que para mejorar el sector salud, es necesario contar con una macroeconomía saludable y priorizar el ordenamiento integral del Plan Médico Obligatorio (PMO), el cual considera como un conjunto de prestaciones médicas básicas, pero no sociales. Por este motivo la entidad sugiere que los beneficios sociales que promete el Estado deben ser financiados por él, no delegando al sector privado.

Cita al exsuperintendente de Servicios de Salud, Eugenio Zanarini, que afirma que “la financiación de todas estas cosas no pueden seguir siendo solamente de aportes y contribuciones. Y nosotros, ni siquiera aún en la pandemia, el Estado Nacional o el Tesoro financió prestaciones de la Seguridad Social. Todas las prestaciones y todo lo que hicimos financieramente en la Superintendencia en estos meses es exclusivamente con fondos de la propia Seguridad Social”.

Establecer reglas de financiamiento claras no es desprotección, sentencia IDESA: “Desprotección es prometer todo, generando un desorden tal que la promesa queda desfinanciada y por lo tanto incumplida”.

Más allá del informe, recientemente, Claudio Belocopitt, dueño de Swiss Medical y presidente de la Unión Argentina de Salud (UAS), al anunciar que las prepagas preparaban otro gran aumento en las cuotas para febrero que se sume al 40% aplicado en enero, se manifestó también a favor de una modificación en el Plan Médico Obligatorio (PMO) para ofrecer ” planes flexibles”.

¿Qué es el PMO?

Cabe recordar que el Programa Médico Obligatorio hace referencia a una canasta básica de prestaciones obligatorias para todas las prepagas y obras sociales. Son las obligaciones que toda obra social o prepaga tiene que cubrir como mínimo en cualquiera de sus planes

Joaquín Tartaglione, médico especialista en Medicina Familiar y General (M.N. 152.891), afirmó: “Todas las personas tienen derecho a acceder a la salud a través del sistema público. Cuando tenemos una obra social o una prepaga, a veces no sabemos si determinada medicación, atención o cirugía nos la deben cubrir”.

El PMO, por ley nacional, dice qué nos debe cubrir una obra social o prepaga en todos los planes. Pero, están también las condiciones que tenemos que cumplir para que lo cubran.

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¿Cómo se baja el déficit fiscal de manera sostenible?

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Idesa, el Instituto para el Desarrollo Social Argentino continúa ofreciendo análisis y propuestas a través de sus informes audiovisuales, en el marco de su vigésimo aniversario, ante las diferentes problemáticas que vive la Argentina en el campo de las políticas públicas.

En el nuevo informe audiovisual el Instituto menciona que todos los años el Congreso aprueba su presupuesto en el que planifica ingresos y gastos. Pero todos los años termina con ingresos que no alcanzan para cubrir sus gastos.

Patricio Temperley, investigador senior de Idesa, explica que “Argentina gastó todos los ahorros que tenía, contrajo toda la deuda interna y externa que pudo y, agotadas estas fuentes de financiamiento, le pidió al Banco Central que emita pesos para que se los preste. Hoy, tenemos un récord de más medio siglo de déficit fiscal”.

Idesa explica que durante mucho tiempo se dijo que tener déficit no es tan malo o, al menos, que es mejor alternativa “que padecer el ajuste”. Pero en momentos críticos, como en la actualidad , las consecuencias son palpables. Pero, ¿qué alternativas tiene un país como Argentina?

Idesa expone que frente a la crisis generada en gran parte por el déficit fiscal, hay 3 caminos:

El “ajuste inflacionario” o el “No hacer nada”. Dejar que la inflación licue gastos y deudas. Es un método muy utilizado porque le permite al gobierno recomponer las finanzas públicas sin tener que tomar medidas explícitas. Algunos casos conocidos, por la situación extrema que plantearon, son la hiperinflación del ‘89 y la megadevaluación de 2002. Son procesos muy traumáticos,  con mucha implicancia sobre la pobreza.

El “ajuste explícito”. Es decir, actuar con políticas explícitas de ajuste. Básicamente subir impuestos o recortar gastos, pero sin cambiar la organización del Estado. El caso típico se da cuando se profundiza la licuación del gasto previsional,  manipulando la fórmula que regula la movilidad de los haberes. Inflación más modificación de la fórmula produce una reducción de las jubilaciones. Se logran resultados a corto plazo, pero el déficit fiscal reaparece porque en algún momento hay que pagar los juicios a los jubilados. Pan para hoy, hambre para mañana.

“Ordenar el Estado”. O sea aceptar que el Estado tiene graves problemas organizacionales. Se gasta mal y se recauda mal porque hay improvisación y solapamientos. Con todo esto, cualquier intento por reducir el déficit sin cambiar la organización, está condenado al fracaso. Hay que apuntar al origen de los problemas y no a sus síntomas.

Tomando la mención anterior, la diferencia entre ajustar y ordenar el Estado no es una cuestión semántica. El ajuste apunta a corregir en el corto plazo los desequilibrios, pero agrava los déficits de gestión y no tiene una perspectiva sostenible en el tiempo. El ordenamiento implica un replanteo organizacional para recomponer la finanzas, a la vez que se mejora la gestión de una forma sostenible en el tiempo.

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