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¿Qué podemos esperar para el nivel de actividad económica?

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Un informe de Gustavo Reyes de la Fundación Mediterránea – IERAL analiza el contexto económico y realiza aproximaciones a las medidas necesarias para volver a la senda del crecimiento

• En los siete episodios de default por los que atravesó la economía argentina en su historia, nunca salió indemne, con repercusiones negativas en términos de nivel de actividad y de presiones devaluatorias e inflacionarias
• Por ende, en la dinámica de corto plazo es muy relevante el desenlace del proceso de reestructuración de la deuda pública. No se trata sólo de un arreglo con los acreedores, sino de la necesidad de una fuerte baja del riesgo país “el día después” de ese proceso
• La recesión actual cumplió ya siete trimestres, siendo una de las más prolongadas en tres décadas, aunque con una intensidad menor al promedio. Entre los determinantes de la recesión se encuentran la fuga de capitales que se inició en el primer semestre de 2018, a lo que se acoplaron en 2019 políticas restrictivas en lo fiscal y crediticio. La reversión de la fuga de capitales podría dar lugar, simultáneamente, a una recuperación en el segmento del crédito al sector privado.
• Sin embargo, a mediano y largo plazo es clave lo que ocurra con la inversión, que no se encuentra afectada sólo por el elevado riesgo país, sino también por el esquema de control de cambios, la elevada presión tributaria, la incertidumbre vinculada con la sustentabilidad de la deuda y las recurrentes escaladas inflacionarias. Junto con la inversión, se necesitan avances constantes de productividad, para lo que es clave una mayor integración comercial con la región y el mundo

En los últimos meses del 2019 la recesión económica cumplió 7 trimestres consecutivos y pasó a ser uno de los procesos más largos de los últimos 30 años, aunque con una intensidad menor que el promedio. No obstante, los últimos datos agregados con periodicidad mensual muestran cierto amesetamiento en el nivel de actividad económica.

La pregunta es qué habrá de suceder con esta tendencia en el corto y en el mediano plazo. Como es de esperar, la respuesta depende de múltiples factores. El objetivo de la presente editorial es analizar algunos de los principales determinantes de esta dinámica.

En el corto plazo (2020), dado los altos compromisos que el gobierno nacional tiene que afrontar en materia de servicios de la deuda, los escenarios resultan muy diferentes en el caso que las autoridades económicas logren o no reestructurar satisfactoriamente el cronograma de pagos.

El posible escenario si se evita el default

Uno de los principales determinantes de la recesión sufrida tanto en 2018 como en 2019 fue la dinámica de las salidas de capitales del sector privado, que aceleró durante esos años, con múltiples efectos macroeconómicos. En este período, la gente trató de sacarse de encima buena parte de los pesos que tenía en su poder (cayó la demanda de dinero doméstica) y lo hizo comprando dólares. Así, la economía terminó con menos dinero doméstico que antes, generando una caída en el nivel de gasto (fruto del aumento en el ahorro) y por lo tanto, de la actividad económica.

Teniendo en cuenta que en los últimos meses, controles de capitales mediante, se ha producido una notable reducción de las salidas de capitales y asumiendo un escenario exitoso de reestructuración en la deuda, es dable pensar que el volumen total de las salidas de capitales durante 2020 podría resultar inferior al del 2019. De ser así, las consecuencias sobre el nivel de actividad serían exactamente las contrarias a las del 2019: las menores salidas de capitales generarían un mayor nivel de gasto interno (menor ahorro) y sería un factor muy importante para reactivar el nivel de actividad económica.

Entre los otros factores operativos de 2019, la política fiscal y la evolución de los préstamos jugaron también un rol contractivo para el nivel de actividad económica. En el primer caso, el déficit primario nacional se redujo considerablemente y si bien ayudó a mejorar el desequilibrio en las cuentas fiscales, resultó contractivo para el nivel de actividad económica. En el segundo caso, fruto de la incertidumbre, el nivel de préstamos también cayó fuertemente y jugó un rol importante con el proceso recesivo

Durante 2020, el propio ministro de Hacienda ha manifestado en reiteradas oportunidades que no se producirá ningún tipo de ajuste fiscal, dando entender que el denominado déficit primario nacional registrado en 2019 podría mantenerse constante o inclusive aumentar durante el presente año. De esta forma, si bien por ahora es incierto el resultado de la política fiscal en 20201 , ésta podría resultar neutral o expansiva en términos del nivel de actividad económico.

Con respecto al nivel de préstamos, en el escenario optimista de una exitosa reestructuración de la deuda, es dable suponer que los bancos serán más expansivos en su política crediticia dado los altos niveles de liquidez que presentan actualmente.

Por último, el sector externo durante 2019 también resultó contractivo del nivel de actividad económica. Por un lado, tanto el crecimiento del comercio internacional como el de la actividad económica en el mundo se desaceleraron fuertemente durante este año. Por otro lado, este contexto de desaceleración en el nivel de actividad económica mundial, afectó negativamente a los términos de intercambio de nuestro país (cociente entre el precio de las exportaciones y de las importaciones).

Para 2020, las estimaciones iniciales de crecimiento tanto para la economía del mundo como para el comercio internacional eran bastante mejores que lo sucedido en 2019. No obstante, la propagación del “Coronavirus” ha sembrado un gran manto de duda sobre el optimismo inicial de dichas estimaciones, que han comenzado a ser revisadas a la baja (levemente por ahora).

Respecto de los precios internacionales de las exportaciones argentinas, en el caso del trigo y la soja, los mismos venían creciendo en los últimos meses del 2019 pero, nuevamente el efecto del “Coronavirus”, revirtió esta tendencia a partir de la propagación de este virus.

En resumen, bajo este escenario optimista de reestructuración exitosa de la deuda, el actual amesetamiento de los indicadores económicos podría transformarse en una mejoría, en la medida que se mantengan los factores expansivos mencionados anteriormente y que el efecto del “Coronavirus” no resulte demasiado dañino para la economía mundial y la evolución de los precios de las exportaciones de nuestro país.

El temido escenario del default

El calificativo de “temido” a este escenario alternativo se debe a que nuestra economía nunca ha salido indemne en las numerosas veces (7) que Argentina ha pasado por este tipo de experiencia. Con distinta magnitud y diferentes causas, en todos estos episodios se ha generado una importante contracción en el nivel de actividad económica, con fuertes presiones devaluatorias e inflacionarias.

Por lo tanto, bajo este escenario, si bien resulta muy difícil estimar la magnitud, es dable esperar una dinámica de corto plazo en la cual el contexto recesivo de los últimos años probablemente continúe (o incluso se profundice) y con presiones devaluatorias e inflacionarias en peligroso ascenso.

El panorama de mediano plazo

Como se analizó anteriormente, el grado de resolución de la reestructuración de la deuda puede tener efectos muy diferentes para la dinámica esperada de corto plazo de la economía de nuestro país.

Sin embargo, cuando la mirada es a más largo plazo, si bien el retorno a los mercados de créditos internacionales resulta una condición “sine qua non” para mejorar la performance de crecimiento de la economía de Argentina, existen también otros factores que también resultan muy importantes.

A diferencia del corto plazo, donde la economía puede reactivarse en presencia de factores expansivos cuando existe capacidad ociosa, en el mediano plazo, los motores del crecimiento económico son la acumulación de capital físico (inversión) y las mejoras en productividad. En ambas variables nuestro país presenta una muy pobre performance en los últimos 70 años como puede observarse en los siguientes gráficos.

Como se mencionaba anteriormente, evitar el default y volver a tener acceso a los mercados internacionales de créditos resulta muy importante ya que sin ellos es muy difícil financiar internamente las mayores inversiones necesarias para recuperar el crecimiento de mediano plazo2 .

Estimular el proceso de inversión requiere a su vez eliminar los actuales controles de cambio, reducir los elevados niveles de carga tributaria y solucionar definitivamente los altos riesgos implícitos de los problemas inflacionarios y de la inestabilidad de la deuda del sector público. Estos últimos tres requisitos claves, para que se conviertan en realidad, necesitan previamente la implementación de un ambicioso programa de reducción del gasto público.

Por último, las mejoras en la productividad exigen un ambiente de negocios altamente competitivo, para lo cual es condición indispensable que la economía tenga una mayor apertura comercial al resto del mundo

De esta forma, aún en el escenario optimista de reestructuración exitosa de la deuda, en la medida que el gobierno no avance en el resto de las condiciones para estimular el crecimiento de mediano plazo, difícilmente nuestro país pueda revertir definitivamente la pobre performance económica que ha mostrado en los últimos 70 años.


1 Un análisis profundo puede encontrarse en:” Más allá de la negociación de la deuda, se necesita generar un sendero de superávit fiscal más dinámico y ambicioso”, Editorial del Informe de Coyuntura del IERAL, 27 de febrero de 2020, Año 29, Edición Nº 1256, páginas 3 – 13, http://www.ieral.org/images_db/noticias_archivos/4094-Informe%20de%20Coyuntura.pdf

2 Sin financiamiento externo, la única fuente de financiamiento es la reducción del consumo interno.

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El escenario económico post-Paso

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El informe de coyuntura de la Fundación Mediterranea cuenta con el analisis de Gustavo Reyes sobre la economía luego de las PASO del pasado 11 de agosto.

• Luego de las PASO, le economia de nuestro país se volvió mucho mas probable por las calidad de los bonos de las acciones y del valor de peso. Esta combinación de factores, a su vez, tiene impacto negativo sobre el incipiente proceso de reactivación económica que se observaba

• Tras una primer semana de gran incertidumbre, las variables parecen encaminase, aunque el valor de los pronósticos es de muy corto plazo. El Ministerio de Hacienda ha informado que la metas comprometidas con el FMI no están en riesgo, mientras que el BCRA ha decidido intervenir mas activamente en el mercado de cambios, aunque tratando de preservar el nivel de las reservas

• De tener éxito esta estrategia, podría evitarse que la tasa de inflación y la de interés se espiralicen, luego del salto inicial, acotando el impacto negativo sobre el nivel de actividad. De todos modos, la incertidumbre política, el rumbo que adquiera el acuerdo con el FMI y la volatilidad externa seguirán pesando sobre las expectativas

Habiendo pasado casi dos semanas de las primarias (Paso), el escenario económico hacia fin de año continúa con pocas certezas y muchas incógnitas. Entre tanto, se puede afirmar que la economía de nuestro país se volvió bastante más pobre luego las caídas brutales en el precio de los bonos, en el valor de las acciones de las empresas (en algunos casos superiores al 50%) y con el desplome del peso. Por otro lado, en el corto plazo el proceso de leve reactivación económica con descenso de la tasa de inflación que se había iniciado hace 4 meses, se interrumpió abruptamente para pasar a un escenario totalmente opuesto.

Entre las principales incertidumbres se destaca, la magnitud que puede alcanzar la actual crisis económica y el efectivo poder que tendrán las políticas económicas del gobierno actual y futuro para amortiguar y sobrellevar estas fuertes turbulencias. Los resultados de estas políticas no sólo afectarán el nivel de vida de los argentinos durante el resto del 2019 sino también condicionarán el accionar económico del 2020.

Las medidas económicas

Luego del colapso de los mercados, el gobierno se mostró activo en materia de políticas económicas y diseñó un paquete de medidas (básicamente fiscales) a fin de compensar el impacto inflacionario de la fuerte suba en el tipo de cambio.

Más allá de algún beneficio sectorial puntal, estas medidas difícilmente cambien en el corto plazo el clima recesivo en el que se sumergió la economía en las últimas semanas.

El origen de este cambio abrupto es la incertidumbre acerca de cómo habrá de llegar la economía a las elecciones de octubre y cómo va a continuar de ahí en más. Dados los resultados de las PASO, el gobierno actual poco puede hacer por ahora para resolver el segundo interrogante, pero no sucede lo mismo con el primero.

El paquete de medidas anunciadas la semana pasada no reducen la incertidumbre cambiaria y, en alguna medida, pueden exacerbarla ya que abren la discusión acerca del cumplimiento de las metas fiscales comprometidas con el FMI y por lo tanto, del futuro desembolso que el organismo internacional tiene previsto para los próximos meses de septiembre y diciembre (u$s 5.4 y u$s 1 mil millones respectivamente). Para evitar estas especulaciones, el nuevo ministro de Hacienda aseguró en su Primer conferencia de prensa que: “las medidas de la semana pasada …no ponen en riesgo el alcance de las metas fiscales para este año porque están autofinanciadas por la mayor recaudación que tendremos en los próximos 5 meses”1

A las condiciones políticas inciertas y al contexto de devaluación e inflación se le suma una coyuntura financiera internacional complicada. Todo esto se traduce en un combo muy desafiante para el mercado cambiario. De esta forma, la clave para tranquilizar a los mercados no pasa ni por medidas fiscales para reactivar la economía ni por los cambios de nombres en el ministerio de Hacienda sino por el accionar efectivo que el Banco Central demuestre que tiene para afrontar esta tormenta

El accionar del Banco Central

Las corridas cambiarias se fundamentan en la incertidumbre acerca del futuro valor del peso (la depreciación esperada a un año en el mercado de futuros pasó del 52% a casi el 100%). Este temor a una fuerte depreciación de la moneda es lo que hace que la gente se refugie en activos alternativos y líquidos como el dólar. Para devolver la calma al mercado, el accionar del Banco Central es clave.

Teniendo en cuenta esto, el presidente del BCRA, una semana después del colapso de los mercados volvió a hablar públicamente el martes 20 de agosto2 inmediatamente después de la asunción del nuevo ministro de Hacienda. En la misma precisó algunos detalles del accionar futuro de la autoridad monetaria en términos de la actual crisis:

• “las reservas internacionales son esencialmente para moderar la volatilidad del Tipo de Cambio y garantizar la estabilidad del sistema financiero”

• “no se utilizarán reservas internacionales para contener cotizaciones de activos financieros alejadas de sus fundamentals”

• “…amplio consenso que el tipo de cambio es ahora muy competitivo”

Estas definiciones resultaron complementarias a las que minutos antes había realizado el nuevo ministro de Hacienda acerca de la cuestión cambiaria:

• “el presidente me dió un mandato central: garantizar la estabilidad del tipo de cambio como objetivo de primer orden”

• “estabilizar el tipo de cambio es lo mejor que podemos hacer por las familias”

• “el tipo de cambio está largamente por encima de su valor de equilibrio”

De estas definiciones surge claramente, que las autoridades económicas consideran que el tipo de cambio no se encuentra en niveles atrasados y que están dispuestas a utilizar sus reservas para estabilizar las fluctuaciones en el precio de la divisa que no se originen en cambios en las variables que lo determinan en el mediano plazo (precios y tasas de interés internacionales, riesgo de países emergentes, etc.).

De acuerdo a estas palabras, el Banco Central parecería haber entrado en una nueva etapa respecto de la estrategia cambiaria de la primer semana post Paso, en la que el tipo de cambio subió un 25%, con una muy limitada intervención en el mercado cambiario (entre los 5 días, vendió menos del 1% de sus reservas brutas).

La pregunta obvia que surge de este contexto es si el BCRA tiene o no suficientes reservas para cumplir este objetivo. Si bien el poder de fuego de la autoridad monetaria siempre es limitado (ya que depende en cierta medida del grado de temor que tenga el mercado), eso no significa que no sea importante.

Cada vez que aumenta el tipo de cambio, se licúa automáticamente el valor de los pesos y, por lo tanto, aumenta el poder de fuego de las reservas del Banco Central. En la actualidad, la entidad monetaria posee un total de reservas brutas cercana a u$s 59 mil millones de los cuales un poco más de un tercio pueden ser utilizados libremente para enfrentar una corrida contra el peso.

En este tipo de crisis, la gente al huir del dinero doméstico termina reduciendo sus tenencias de pesos en términos del PBI. Esta conducta es la que se observó en todas las crisis que tuvo nuestro país como se muestra en el siguiente gráfico: por temor a la devaluación, la gente quiere menos pesos, se deshace de los mismos comprando dólares y por esta razón cae el cociente de pesos (M3 privado) en términos del PBI.

Si bien es imposible saber a cuánto podría caer la demanda de pesos en la actual crisis, un marco de referencia importante está dado por la disminución que tuvo durante una de las crisis más profundas que sufrió nuestro país como fue la 1989. A efectos de evaluar el poder de fuego del BCRA puede considerarse este caso hipotéticamente extremo: ¿qué sucede si la demanda de dinero cae a los niveles registrados en 1989? Si este fuera el caso, el BCRA debería utilizar un monto cercano a los u$s 25 mil millones de dólares para retirar el excedente de pesos y canjearlos por divisas a un valor del tipo de cambio cercano a 60 $/u$s. En otras palabras, si la autoridad monetaria estuviese dispuesta a hacerlo, con su nivel actual de reservas netas podría afrontar una corrida importante contra el peso sin la necesidad de fuertes saltos en el tipo de cambio. De todos modos, cabe resaltar que la situación actual de ningún modo es comparable a la de 1989.

De esta forma se produce una situación extraña. Por un lado, mientras más sube el tipo de cambio, como los pesos que hay en el mercado pueden comprar cada vez menos dólares, la autoridad monetaria tiene cada vez mayor poder de fuego para tranquilizar el mercado. Sin embargo, por otro lado, mientras más sube el tipo de cambio, el mercado se pone más nervioso y la demanda de pesos puede caer aún más complicando la estabilidad de la economía y del sistema financiero.

Esta situación deja tres posibles cursos de acción que podría llevar adelante la autoridad monetaria de aquí a fin de año. Cada una de ellos tiene, no sólo implicancias muy diferentes para la evolución de las variables claves de la economía, sino también para la herencia con la que comenzará el 2020. Dichas estrategias son las siguientes:

a) controlar el precio dólar, b) dejar flotar al tipo de cambio y c) control de cambios.

La primera estrategia supone una agresividad mucho mayor en la venta de reservas a la mostrada en la primera semana de la crisis y es probablemente la que pretendieron dar a entender tanto el presidente del BCRA como el nuevo ministro de Hacienda en las conferencias de prensa del pasado martes 20 de agosto. Las principales ventajas de esta estrategia tienen que ver con el hecho que la tasa de inflación y la tasa de interés no se espiralizan y, por lo tanto, tampoco hay un desplome total del nivel de actividad económico. La principal desventaja es que el nivel de reservas podría caer en una magnitud importante, dejando a la autoridad monetaria más débil y expuesta.

La segunda estrategia ha sido un poco la que siguió el Banco Central en la primera semana de la crisis, dado el bajo nivel de intervención que tuvo con las ventas de dólares y el avance que registró el precio de la divisa (ver gráfico más arriba). La principal ventaja es que se preserva el nivel de reservas puede acentuar el nivel de incertidumbre al permitir una fuerte devaluación adicional del peso, con el riesgo que esto tiene sobre la tasa de inflación, y el nivel de actividad económica.

Por último, la tercera opción es la de reinstalar restricciones en el mercado cambiario, pudiendo o no incorporar la obligación de la liquidación de divisas por parte de los exportadores en plazos relativamente cortos. Esta estrategia implica desdoblar el mercado en diferentes tipos de cambio y el objetivo es resguardar el nivel de reservas y evitar una espiralización en la tasa de inflación al controlar el nivel del dólar relevante para las transacciones comerciales. La desventaja tiene que veres un abrupto cambio en las reglas de juego y todos los problemas conocidos de la implementación de tipos de cambios múltiples.

La adopción de las diferentes estrategias y su timing obviamente va a depender de la profundidad que alcance la crisis. En la medida que pueda ser contenida, la probabilidad de que sólo se utilice la estrategia de controlar el dólar sin duda es alta. En el caso que el deterioro se profundice, ya sea por incertidumbre política, desacuerdos con el FMI y/o volatilidad externa aumenta, la probabilidad de que se implemente alguna de las otras dos estrategias.

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Federalismo y gobernabilidad

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Pueden cuestionarse muchas decisiones de la actual administración nacional, pero tiene un activo en la cuestión del federalismo. No se trata sólo de haberle quitado discrecionalidad al giro de los fondos, hay otras dimensiones, como la mayor conectividad aérea de las distintas regiones, o el impulso a actividades productivas del interior profundo, que no se limitan al caso más citado, el de Vaca Muerta. En el plano fiscal, las transferencias automáticas a provincias pasaron de significar el 25,9 % de los recursos tributarios nacionales en 2015 a 31,9 % en 2019. Estos cambios han contribuido a la gobernabilidad, y de hecho en 2019 están ayudando al triunfo electoral de los oficialismos locales, una paradoja para Cambiemos que sólo administra cinco provincias. Pero hace falta ahora una contribución más decidida de las provincias a la competitividad, ya que sin crecimiento los gobernadores se enfrentarán a un escenario más adverso. Aquellos que administran provincias que dependen de la coparticipación y del empleo público no tendrán la mejora de recursos esperada. Y los que  están al frente de provincias más grandes, o ricas en recursos naturales, tendrán más dificultad para obtener recursos propios y el voto local se resentirá, porque está asociado a la evolución del empleo privado. Lo que también está en juego en estas elecciones, es la capacidad del próximo gobierno nacional de encontrar puntos en común con los gobernadores, para una nueva secuencia de reformas a favor del crecimiento y la competitividad.

Aunque el anuncio de la incorporación del senador Pichetto a la fórmula del oficialismo haya sorprendido, en realidad marca continuidad con el sesgo de muchas de las políticas adoptadas desde 2015, que tuvieron al Senado como eje articulador. Una movida a favor de la gobernabilidad debería influir  positivamente en una fracción de los votantes, aunque es difícil saber si esto se habrá de exteriorizar ya en las PASO, o habrá que esperar a octubre o noviembre. Los tiempos podrían adelantarse por la posible extensión de la “paz” cambiaria que conllevan estas novedades, junto con la continuidad de la desinflación, ya que al 3,1 % de variación del IPC de mayo podría seguir un 2,5 % para junio. Pero todavía hay que aguardar el impacto electoral de las
fórmulas que aspiran a quebrar la polarización.

Mientras tanto, los interrogantes sobre la gobernabilidad se reflejan, entre otros indicadores, en la elevada tasa de riesgo país, aunque ésta haya descendido un par de escalones. Faltan mensajes explícitos de algunas de las fórmulas presidenciales en competencia, pero no hay que suponer que, con meras declaraciones, el problema se puede arreglar. También importa la percepción de la “capacidad de pago” que la Argentina habrá de tener en el futuro, y para eso la variable crecimiento es clave.

Aunque algunas campañas refieran a la deuda pública como “impagable”, los datos no convalidan el eslogan. Como se apuntara en febrero (“En economía, hay vida después de las elecciones”), los pasivos exigibles que enfrenta el Tesoro con acreedores privados son manejables. Por su calificación crediticia, despejadas las incertidumbres y con un programa de reformas en marcha, la Argentina podría emitir el año próximo bonos a 10 años a una tasa de entre 7,5 y 8,0 % anual en dólares, dada la reciente colocación de Ecuador a ese plazo, con un rinde de 9,05 % anual.

Si bien el peso de la deuda pública sobre el PIB es significativo, la Argentina está a tiempo de desactivar amenazas: 1) el contexto internacional, con tasas de interés en Estados Unidos que convergen al 2 % anual es inédito y amigable respecto de los escenarios que tocó vivir en las crisis de principios de los ´80 y de 2001/02; 2) el grueso de la deuda tiene como acreedor al propio sector público (40 % del total), a organismos como el FMI, BID y demás (23 %), mientras que el 37 % restante es la que tiene como contrapartida a privados.

El FMI proyecta para 2023 que la deuda pública de la Argentina se ubique en 60,7 % del PIB, y esto es factible. Sólo que el estado tiene que ahorrar y la economía crecer… En el corto plazo, hay un desfiladero a atravesar, por los vencimientos de deuda local (Lebacs, Letes) que promedian 3,9 mil millones de dólares/mes entre junio y octubre. Pero éste no es un tema de solvencia de largo plazo, sino de la voluntad de pago que expresen los candidatos con chances. Las reservas del Banco Central en 64 mil millones de dólares permiten “bancar” grados intermedios de dolarización y de refinanciación (entre 40 % y 50 %) de los vencimientos de Letes y Lebacs.

Sin políticas disruptivas, las reservas del Central podrían superar los 50 mil millones de dólares hacia el 10 de diciembre. En ese caso, no sería tan “cuesta arriba” la tarea de cubrir las necesidades de financiamiento de 2020, que suman algo más de 30 mil millones de dólares, incluyendo intereses y vencimientos de capital.

Bajar el riesgo país de aquí a fin de año es una condición necesaria para volver a crecer, pero no suficiente. La Argentina reclama reformas que permitan que sus sectores productivos pasen a ser eslabones confiables de las cadenas de valor globales, como única opción para lograr que las inversiones y el empleo se recuperen.

Ese es el camino adoptado por el grueso de los países de la región, y la Argentina, al igual que Brasil, todavía está a tiempo de plegarse.

Nada mejor que nuevos pactos federales para atacar el “Riesgo-competitividad (falta de)”, y este es un ítem que debería escalar varias posiciones dentro de la agenda electoral.

 

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De enero a noviembre de 2018, el turismo no residente aumentó a un ritmo de 4,6% interanual

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Un estudio de la Fundación Mediterránea -IERAL a cargo de Vanessa Toselli y Lucía Iglesias muestra como evolucionó la llegada de turistas al país y cuales regiones son las más beneficiadas.
• Aunque con menor ponderación en el total, se destaca el aumento del flujo de turistas extranjeros a Córdoba (30,6% interanual), Buenos Aires (15,0%) y Cuyo (14,6%)
• En las regiones con mayor ponderación, la variación fue del 5% interanual en el caso de ciudad de Buenos Aires y del 3,2% para la Patagonia
• Considerando el fluyo de turista a través de los aeropuertos, se tiene que, hasta noviembre, el 2018 mostró un ingreso de 2.345.100 personas al país (10,4% más que igual período de 2017) y una salida de 3.380.500 personas (- 2,7% interanual)
En el mes de noviembre de 2018, se observó una reducción superior al 6% en el total de viajeros hospedados en nuestro país, con respecto a igual mes de 2017, de acuerdo a los datos relevados por la Encuesta de Ocupación Hotelera (EOH) de INDEC. Por su parte, el total de turistas no residentes de noviembre mostró un incremento del 6,3% interanual, pero éstos representan sólo alrededor del 20% del total.
Durante el los primeros once meses del año 2018, fueron 18.990.716 las personas, residentes (15.199.189) y no residentes  (3.845.038), que se movilizaron por el país, apenas inferior a igual período de 2017 (-0,7%). Los turistas residentes (81% del total) obtuvieron una variación interanual del -1,6%, mientras que los no residentes (19% del total) aumentaron más del 4% con respecto al año 2017.
Considerando únicamente al turismo receptivo no residente (extranjero), se destacan entre las regiones que mostraron las mayores variaciones interanuales: la provincia de Córdoba (+30,6%), Buenos Aires (+15,0%), Cuyo (+14,6%). Además, la CABA (+5,0%) y la Patagonia (+3,2%) también obtuvieron un buen desempeño aunque en menor magnitud. No se puede decir lo mismo para el Litoral y el Norte, donde se observaron reducciones del 4,4% y 2% interanual, respectivamente.

Otra parte del análisis se centra en contabilizar el flujo de turistas que entran y salen del país, por vías aéreas, contabilizando el total de los aeropuertos. Con datos provistos por la Encuesta de Turismo Internacional (ETI) de INDEC, se compara el acumulado a  noviembre 2018 con igual período del año 2017.
Chile, Estados Unidos y Canadá, Brasil, y Paraguay son los países de origen de turistas que más eligieron Argentina como lugar de visita: +27,4%, +11,1%, +10,5% y +5,5% interanual, respectivamente; mientras que Uruguay y Bolivia redujeron sus viajes a Argentina: -6,4% y -3,5% interanual, respectivamente. El resto de América mostró un aumento del 12,0% interanual, en el acumulado a noviembre 2018.
En Europa y el resto del mundo también se alcanzaron variaciones positivas en los primeros once meses del año: +5,4% y +11,3% interanual, respectivamente.

En suma, el total de turistas extranjeros que ingresaron, en el acumulado enero-noviembre, por vías aéreas, alcanzó los 2.345.100 personas, +10,4% interanual, lo cual, frente a la salida de 3.380.500 personas del país, -2,7% interanual, da como resultado un saldo negativo en el flujo de turistas de -1.035.400 personas.

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El transporte fue lo que más aumentó en el 2018 con un incremento del 66,8%

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Un informe de la Fundación Mediterranea a cargo de Guadalupe Gonzalez muestra la gran disparidad entre rubros y porque el  Indice de Precios al Consumidor aumentó un 47,6% en 2018
• En Diciembre, la variación mensual de los precios al consumidor fue de 2,6% para la cobertura nacional, desacelerando su trayectoria respecto de los últimos meses 
• En 2018, la inflación acumuló una suba de 47,6% anual, con variaciones de precios que van del 66,8% para el rubro de Transporte en un extremo y Bebidas alcohólicas y tabaco con 28,3%, en el otro
• La inflación núcleo fue de 2,7% y el promedio móvil de tres meses anualizado arroja un guarismo de 51,6%, que compara con una tasa de interés de política monetaria de 59,35% 
En Diciembre, el Índice de Precios al Consumidor registró una variación de 2,6% mensual, según los datos relevados por el INDEC para el promedio nacional. Si bien la inflación de Diciembre es todavía elevada, los últimos meses marcan una desaceleración  respecto del pico de Septiembre (6,5% mensual).

Los rubros que más subieron en 2018 fueron: transporte (66,8%), comunicaciones (55,3%), bienes y servicios varios (53,2%) y alimentos y bebidas no alcohólicas (51,2%). En el otro extremo, los rubros que aumentaron sus precios por debajo del promedio general fueron: bebidas alcohólicas y tabaco (28,3%), Educación (32,1%), Prendas de vestir y calzado (33,1%), Restaurants y hoteles (39%), Recreación y Cultura (43,4%) y Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles (45,7%).

Al interior del país se observan comportamientos dispares si se toma en cuenta la variación general de precios por región. Mientras que en la región Patagónica los precios aumentaron en promedio un 50,6% anual en 2018, en GBA lo hicieron un 47,1%. Otras regiones como la Pampeana, NOA y NEA incrementaron sus precios en línea con lo ocurrido a nivel nacional (47,6% en región Pampeana, 47,8% en NOA y NEA).

La inflación núcleo, aquella que no tiene en cuenta lo que ocurre con los bienes y servicios estacionales y/o regulados, marcó una variación mensual de 2,7% en Diciembre y el promedio móvil de los últimos tres meses anualizado arroja un guarismo de 51,6%. Esta cifra compara con la tasa de política monetaria promedio del mes, de 59,4%, marcando una diferencia de 7,76 puntos porcentuales.

 

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