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Sturzenegger aseguró que se crearon 400.000 empleos informales o independientes pese a la caída del trabajo formal

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En medio del debate sobre el impacto social del programa económico, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, salió a defender el balance laboral de la gestión de Javier Milei y sostuvo que la economía generó unos 400.000 nuevos puestos de trabajo en los dos primeros años de gobierno.

El dato, difundido por el funcionario al analizar estadísticas oficiales, apunta a responder una de las críticas más persistentes hacia el rumbo económico: la idea de que la actividad puede recuperarse sin una mejora real en el empleo. Para Sturzenegger, ese diagnóstico no se sostiene frente a los números de crecimiento y a la evolución del mercado laboral.

Según su planteo, la economía registró una expansión del 6,6% en el primer año de gestión y del 3,5% en el segundo, mientras que el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) proyecta un crecimiento trimestral cercano al 1% hacia adelante. En ese marco, el ministro afirmó que el país podría alcanzar un aumento acumulado del producto cercano al 20% al final del mandato presidencial.

“Es implausible que con tanto crecimiento tengamos un problema de empleo”, planteó.

La intervención del funcionario no fue casual: busca instalar la lectura oficial de que el mercado laboral está atravesando una reconfiguración estructural más que una crisis de destrucción de empleo.

Un mercado laboral en transición: más trabajo independiente y menos empleo formal

El análisis del Gobierno se apoya principalmente en los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec. Según esa medición, la tasa de actividad —que mide la proporción de personas que trabajan o buscan empleo— subió del 48,2% en el tercer trimestre de 2023 al 48,6% en el mismo período de 2025.

Ese aumento implicó una expansión de la población económicamente activa: pasó de 14.210.000 a 14.554.000 personas.

Dentro de ese universo, el número de ocupados creció de 13.396.000 a 13.606.000, lo que el ministro interpreta como una señal de dinamismo laboral durante el actual gobierno.

Sin embargo, el cambio más relevante aparece al observar la composición del empleo. De acuerdo con la Cuenta de Generación del Ingreso, que permite estimar el total nacional, el país pasó de 22.260.000 puestos de trabajo en el tercer trimestre de 2023 a 22.668.000 en igual período de 2025.

La diferencia equivale a unos 408.000 empleos adicionales, pero con una característica central: el crecimiento se explica mayormente por modalidades informales o independientes.

Según el detalle presentado por Sturzenegger, en ese período se registró: +630.000 empleos informales o independientes, –222.000 puestos de trabajo formales

El ministro describió ese movimiento como un cambio en la estructura del mercado laboral vinculado a formas de trabajo más flexibles, donde el monotributo y las tareas independientes adquieren mayor peso.

La Ley Bases y la apuesta oficial por la flexibilización laboral

Dentro de la explicación oficial, el Gobierno vincula esa transformación con las reformas económicas impulsadas durante la gestión. En particular, Sturzenegger mencionó el impacto de la Ley Bases, que según su interpretación facilitó la expansión del monotributo al reducir cargas impositivas.

Para el ministro, la discusión sobre la calidad del empleo requiere mirar no solo la formalidad del vínculo laboral, sino también el nivel de ingresos.

En ese sentido, señaló que en 2025 el ingreso promedio de un trabajador independiente alcanzó los $1.460.000 mensuales, mientras que el salario promedio de un trabajador asalariado se ubicó en $1.300.000.

“No hay una relación directa entre trabajo independiente y trabajo de mala calidad”, sostuvo.

La comparación busca reforzar el argumento de que el crecimiento del empleo autónomo no necesariamente implica precarización, sino que puede reflejar una reorganización del mercado laboral hacia esquemas menos dependientes del empleo asalariado tradicional.

Sectores en expansión y la construcción como foco de la caída

El análisis sectorial también muestra un panorama heterogéneo. De acuerdo con los datos citados por el ministro, el empleo creció en la mayoría de los 17 sectores productivos relevados, aunque con algunas excepciones.

Las caídas se concentraron en: Construcción, Pesca, Minería, Intermediación financiera, y Servicio doméstico

El caso más significativo es el de la construcción, que explicó alrededor del 80% de las bajas laborales registradas en el período analizado.

El dato resulta relevante porque ese sector fue uno de los más afectados por el ajuste fiscal y la paralización de la obra pública durante la primera etapa del programa económico.

En contraste, el ministro destacó que la industria manufacturera sumó 40.000 nuevos puestos de trabajo en los dos años analizados, un dato que el oficialismo utiliza para responder a las críticas sobre un eventual deterioro del empleo industrial.

El debate por la caída del empleo registrado

Uno de los puntos más sensibles del diagnóstico laboral es la caída del empleo formal registrada por el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).

Según esos registros, la cantidad de trabajadores registrados pasó de 13.287.000 a 12.852.000 en un año.

Sturzenegger sostuvo que esa disminución responde casi por completo a un factor específico: la reducción del monotributo social.

De acuerdo con su explicación, ese régimen había sido ampliado en el pasado al eliminarse el costo de la prestación, lo que llevó a una inscripción masiva. Cuando el Gobierno restableció el pago parcial del sistema de salud, la cantidad de inscriptos cayó con fuerza.

El número pasó de 653.400 a 248.900, lo que el ministro considera suficiente para explicar prácticamente la totalidad de la baja en los trabajadores registrados.

La disputa política por la narrativa del empleo

Más allá de los datos, el mensaje del ministro tiene una dimensión política clara. El Gobierno busca instalar la idea de que la recuperación económica ya se refleja en el mercado laboral, aunque con nuevas modalidades de inserción laboral.

Ese enfoque choca con otra interpretación presente en el debate público, que señala la pérdida de empleo formal y la expansión del trabajo independiente como señales de precarización.

En ese cruce de diagnósticos se juega parte de la discusión sobre la agenda laboral futura, especialmente en torno a la modernización de las regulaciones laborales que el Ejecutivo impulsa como parte de su programa de reformas.

Un mercado laboral que todavía redefine su equilibrio

Los datos expuestos por el ministro muestran un mercado laboral que crece en cantidad de puestos pero cambia en su estructura.

El interrogante político y económico es si esa transformación se consolidará como una nueva normalidad laboral, basada en mayor autonomía y flexibilidad, o si representa una etapa transitoria dentro de un proceso de reacomodamiento más amplio de la economía argentina.

Las próximas mediciones de actividad, empleo formal y evolución salarial serán claves para determinar si el crecimiento económico proyectado logra traducirse en un sistema laboral más estable o si el debate sobre la calidad del empleo seguirá siendo uno de los ejes centrales de la discusión política.

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Los accesos a internet volvieron a crecer en Argentina: conexiones fijas subieron 4,1% y las móviles 3,8% en 2025

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El acceso a internet en Argentina volvió a expandirse durante el cierre de 2025. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos, los accesos fijos crecieron 4,1% interanual y los accesos móviles aumentaron 3,8% durante el cuarto trimestre de 2025, consolidando una tendencia de expansión de la conectividad digital en el país.

El dato, difundido el 11 de marzo de 2026, se inscribe en un momento en el que la infraestructura digital se consolida como un insumo estratégico para la economía, la educación y el funcionamiento del Estado. La pregunta que subyace detrás del crecimiento es política y económica a la vez: ¿se trata de una expansión sostenida del acceso digital o de un crecimiento impulsado por la mayor dependencia tecnológica de hogares y empresas?

Los números muestran un aumento en ambas modalidades de conexión, aunque con dinámicas distintas entre usuarios residenciales y organizaciones.

Un indicador que mide la infraestructura digital del país

El informe releva el comportamiento de los accesos a internet a partir de la Encuesta de Proveedores del Servicio de Accesos a Internet, que el organismo estadístico realiza a empresas del sector en todo el territorio nacional. La medición contempla dos grandes categorías: accesos fijos —como fibra óptica, cable o redes inalámbricas domiciliarias— y accesos móviles, asociados a conexiones mediante redes celulares y dispositivos portátiles.

En el cuarto trimestre de 2025, el país registró en promedio 8.516.515 accesos fijos, lo que implicó un incremento del 4,1% respecto al mismo período de 2024.

Dentro de esa categoría, el crecimiento se apoyó principalmente en el segmento residencial. Los hogares concentraron 8.054.330 conexiones, con una suba interanual de 3,9%, mientras que los accesos de organizaciones alcanzaron 462.185, con un incremento de 6,5%.

El universo móvil continúa siendo significativamente mayor. En el mismo trimestre se registraron 40.419.638 accesos móviles, con un aumento de 3,8% interanual.

En este segmento, las conexiones residenciales llegaron a 36.130.157, con una suba de 3,4%, mientras que los accesos de organizaciones alcanzaron 4.289.481, con un crecimiento más acelerado del 7,2%.

La diferencia entre ambos universos refleja la estructura actual del ecosistema digital: el acceso móvil domina ampliamente el mercado de conectividad.

Conectividad, economía y poder regulatorio

Más allá del dato estadístico, el crecimiento de los accesos a internet tiene implicancias que exceden el plano tecnológico.

La expansión de la conectividad impacta en servicios digitales, comercio electrónico, trabajo remoto, educación virtual y plataformas de comunicación, sectores que se volvieron centrales en la economía contemporánea. Cada aumento en la cantidad de accesos amplía la base de usuarios del sistema digital y modifica la escala de operación de empresas tecnológicas y operadores de telecomunicaciones.

También redefine el terreno de discusión pública sobre infraestructura, regulación del sector y políticas de conectividad. La expansión del acceso —especialmente en el universo móvil— fortalece el papel de los operadores de telecomunicaciones y coloca a la conectividad como una pieza clave en la agenda económica.

El dato adicional que aparece en el informe es el crecimiento más acelerado en las conexiones de organizaciones, tanto en accesos fijos como móviles. Esa dinámica sugiere que empresas, instituciones y organismos públicos incrementaron su dependencia de redes digitales para operar.

En otras palabras, la conectividad dejó de ser sólo un servicio para hogares: es cada vez más parte de la infraestructura productiva del país.

El mapa digital que empieza a consolidarse

El informe también confirma una tendencia que se observa desde hace varios años: la expansión simultánea de las conexiones fijas y móviles.

Las redes domiciliarias, especialmente las vinculadas a fibra óptica y cable, continúan creciendo de manera sostenida. Al mismo tiempo, el acceso móvil sigue ampliando su alcance gracias a la masificación de dispositivos y planes de datos.

La combinación de ambas modalidades configura un sistema híbrido de conectividad en el que los hogares utilizan redes fijas para consumo intensivo de datos y redes móviles para conectividad cotidiana.

Ese patrón se refleja en las cifras: el universo móvil supera ampliamente al fijo, pero ambos muestran crecimiento interanual.

Lo que habrá que observar en la próxima etapa

El crecimiento de los accesos a internet no necesariamente implica que el sistema digital haya alcanzado un punto de equilibrio.

En los próximos meses, la evolución del sector dependerá de factores múltiples: la inversión en infraestructura de telecomunicaciones, la expansión de redes de alta velocidad, la evolución del consumo digital y la capacidad de las empresas proveedoras para sostener el ritmo de crecimiento.

El dato del cuarto trimestre de 2025 confirma que la conectividad sigue ampliándose en Argentina. Pero también abre un interrogante más amplio sobre el futuro del ecosistema digital: si la expansión continuará impulsada por el crecimiento del consumo tecnológico o si comenzará una etapa en la que el debate se traslade hacia la calidad, la velocidad y la regulación de las redes.

Ese escenario todavía está en construcción.

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La actividad de los servicios públicos creció 3,1% interanual en diciembre

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La actividad de los servicios públicos en Argentina registró en diciembre de 2025 una suba interanual del 3,1%, según el último informe del Indicador Sintético de Servicios Públicos (ISSP) publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos. El dato, difundido el 11 de marzo de 2026, refleja una mejora respecto del mismo mes del año anterior y agrega una señal de dinamismo en sectores vinculados a energía, telecomunicaciones y servicios urbanos. issp_03_266EF97B18EA

La estadística también muestra una evolución positiva en el corto plazo: en términos desestacionalizados, la actividad creció 1,9% respecto de noviembre, mientras que la serie tendencia-ciclo avanzó 0,1%, lo que sugiere un leve movimiento ascendente en la dinámica del sector.

El indicador funciona como una referencia clave para medir el pulso de actividades esenciales de la economía —electricidad, transporte, telefonía, correo y recolección de residuos—, por lo que su evolución suele leerse como un termómetro indirecto de la actividad económica y del nivel de utilización de infraestructura pública.

La pregunta que deja el dato es política y económica al mismo tiempo: ¿se trata de un repunte sostenido de la demanda de servicios o apenas de una recuperación parcial en un contexto todavía heterogéneo entre sectores?

Qué mide el indicador de servicios públicos

El Indicador Sintético de Servicios Públicos (ISSP) reúne información de diversas actividades vinculadas a servicios esenciales y redes de infraestructura.

Entre ellas se incluyen: electricidad, gas y agua; transporte de pasajeros; transporte de carga; peajes; recolección de residuos; servicio de correo postal; y telefonía.

El índice se construye a partir de datos de consumo, movimiento y utilización de estas actividades, lo que permite observar tendencias de la economía real vinculadas a movilidad, comunicaciones y uso de servicios básicos.

En diciembre de 2025, el nivel general del indicador marcó una expansión del 3,1% interanual, consolidando una variación positiva respecto del cierre de 2024.

La serie desestacionalizada —que elimina efectos propios del calendario— también mostró una mejora mensual de 1,9%, lo que sugiere un aumento de la actividad en el último tramo del año.

Los sectores que empujaron el crecimiento

Detrás del resultado general aparecen comportamientos muy distintos según la actividad.

Entre los sectores que mostraron mayor expansión interanual se destacan:

  • Servicio de correo postal: +13,0%
  • Electricidad, gas y agua: +6,7%
  • Recolección de residuos: +5,9%
  • Transporte de pasajeros: +2,3%
  • Telefonía: +1,6%

Estos incrementos explican buena parte de la mejora del indicador agregado.

En el caso del correo postal, el crecimiento de dos dígitos sugiere un aumento significativo en la demanda de envíos y logística. La expansión de los servicios energéticos y de residuos, por su parte, suele asociarse a mayores niveles de actividad urbana y consumo.

El transporte de pasajeros también registró una mejora, aunque más moderada, lo que indica una recuperación gradual del movimiento de personas.

Las áreas que todavía muestran retrocesos

El informe también expone señales de debilidad en algunos sectores.

El transporte de carga registró una caída interanual del 7,5%, mientras que los vehículos pasantes por peajes descendieron 3,0%.

Ambos indicadores suelen funcionar como referencias directas de la actividad económica y del flujo de mercaderías en rutas y redes logísticas.

La caída del transporte de carga sugiere que la recuperación no es homogénea en todos los sectores, especialmente en aquellos vinculados al movimiento de bienes.

La lectura económica detrás del indicador

El comportamiento de los servicios públicos suele anticipar tendencias más amplias en la economía.

Cuando aumenta el consumo de electricidad o el uso del transporte urbano, suele reflejar mayor actividad productiva o mayor circulación de personas. En cambio, caídas en transporte de carga o peajes pueden señalar desaceleraciones en cadenas logísticas o en el movimiento de mercaderías.

El resultado de diciembre muestra precisamente esa combinación: expansión en servicios urbanos y energéticos, pero debilidad en algunos indicadores de transporte vinculados a la producción.

Esa divergencia abre un escenario interpretativo complejo. La economía podría estar transitando una recuperación fragmentada, con sectores que crecen mientras otros todavía muestran contracciones.

Qué mirar en los próximos meses

El cierre de 2025 deja un indicador con crecimiento interanual positivo, pero con señales mixtas según actividad.

La evolución futura del ISSP dependerá de varios factores: la demanda de energía y servicios urbanos, la evolución del transporte de pasajeros, el movimiento de cargas y logística, y el ritmo de actividad económica general

Si los sectores vinculados a transporte y logística revierten su caída, el indicador podría consolidar una tendencia más robusta. Si no ocurre, la mejora podría mantenerse limitada a ciertos servicios.

Por ahora, el dato de diciembre aporta una señal de expansión en el universo de servicios públicos. Pero el mapa sectorial muestra que la dinámica del sector sigue atravesada por contrastes, y su evolución continuará siendo un indicador clave para medir el pulso de la economía argentina.

issp INDEC by CristianMilciades

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La situación laboral de las mujeres en Misiones: entre el deterioro reciente y una mejor posición regional

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En ocasión del 8 de marzo, jornada en la que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, resulta oportuno observar cómo ha evolucionado la situación de las mujeres en el mercado de trabajo de Misiones en los últimos años, especialmente considerando los distintos episodios de crisis económica que atravesó el país en el período reciente. 

Los ciclos de inestabilidad macroeconómica suelen tener impactos diferenciados en el empleo según género, y en ese contexto analizar la dinámica laboral femenina permite dimensionar con mayor claridad los desafíos estructurales que persisten en materia de inserción laboral, participación económica y acceso al empleo.

Para ello, se toman los datos de la EPH Urbano de INDEC para Misiones, correspondientes a los años 2023, 2024 y 2025. La primera conclusión es evidente: existe un claro deterioro en la situación laboral de las mujeres. Si bien el mercado laboral en su conjunto presenta señales de fragilidad, en las mujeres los datos muestran una combinación de tres rasgos preocupantes: menor participación relativa en la actividad económica, crecimiento del desempleo y expansión sostenida de la inactividad. 

Esta combinación configura un escenario en el que las mujeres no solo enfrentan mayores dificultades para acceder al empleo, sino también mayores probabilidades de quedar fuera del mercado laboral.

En primer lugar, la participación de las mujeres en el mercado de trabajo continúa siendo considerablemente menor que la de los varones. En 2023 la población femenina económicamente activa en Misiones alcanzaba las 210.110 personas, lo que representaba el 40,7% del total de mujeres de la provincia. Sin embargo, en 2024 se produjo una caída significativa hasta 200.917 mujeres activas (38,4%), lo que implicó una retracción de más de dos puntos porcentuales en la tasa de actividad. Aunque en 2025 se observa una leve recuperación hasta 208.110 mujeres activas (39,2%), el nivel todavía permanece por debajo del registrado en 2023 (-1,5 puntos porcentuales), con dos mil mujeres menos en la población activa.  

Esta dinámica contrasta con la situación masculina. Los varones muestran niveles de actividad significativamente superiores: 54,5% en 2023, 53,0% en 2024 y 53,7% en 2025. Si bien también tuvieron caídas, fueron menores en términos relativos: -0,8 puntos de tasa de actividad. Así, la brecha de participación entre hombres y mujeres se amplió del 13,8% en 2023 a 14,6% en 2025.

El deterioro se vuelve aún más evidente al analizar la evolución del empleo. En 2023 la cantidad de mujeres ocupadas en Misiones ascendía a 200.922, equivalente a una tasa de empleo del 38,9%. En 2024 este número cayó a 192.289 (36,7% de tasa), lo que implicó una pérdida de más de 8.600 puestos ocupados entre las mujeres. En 2025 se registra una leve recuperación hasta 194.499 ocupadas (+2.210 en el último año), pero la tasa de empleo continúa reduciéndose en términos relativos: marca 36,6%. Es decir, incluso cuando el número absoluto de mujeres con empleo mejora ligeramente respecto al año anterior, la tasa sigue disminuyendo.

Este fenómeno refleja un proceso de debilitamiento del empleo femenino en el período reciente. La tasa de empleo cae en 2,3 puntos porcentuales entre 2023 y 2025, lo que indica que el crecimiento demográfico o el aumento de la población femenina no está siendo acompañado por una expansión proporcional del empleo. En otras palabras, el mercado laboral no está generando suficientes oportunidades laborales para absorber a la población femenina en edad de trabajar.

El indicador más alarmante aparece en la evolución de la desocupación femenina. En 2023 la provincia registraba 9.188 mujeres desocupadas, equivalentes a una tasa de desocupación del 4,4% en mujeres. En 2024 cayó levemente al 4,3% (por menos actividad), pero en 2025 se produjo un salto significativo: la cantidad de mujeres desocupadas asciende a 13.611, lo que eleva la tasa al 6,5%. Esto implica un aumento de más de dos puntos porcentuales en apenas un año. 

Cabe repasar brevemente este problema: entre 2023 y 2025, la población activa cayó en 1,5 puntos (-2 mil personas), la ocupada cayó en 2,3 puntos (-6.423 mujeres) y la población femenina desocupada creció en 2,2 puntos (+4.423 mujeres desocupadas).

La comparación con los varones vuelve a poner en evidencia que las mujeres, en procesos de crisis, sufren más los problemas en el mercado laboral. En 2025 la tasa de desempleo masculina alcanzó el 3,5%, prácticamente la mitad de la registrada entre las mujeres (6,5%). Aunque el desempleo masculino también muestra un aumento respecto a años previos, la magnitud del problema es claramente menor. Esto revela que las mujeres enfrentan mayores barreras de acceso al empleo, tanto en términos de oportunidades disponibles como de condiciones de inserción.

Otro elemento central del deterioro laboral femenino es el crecimiento sostenido de la inactividad de mujeres en edad de trabajar. En 2023 había 231.313 mujeres inactivas (44,8%) en Misiones y en 2025 se alcanzó las 247.089 mujeres (46,5%). En apenas dos años, la cantidad de mujeres fuera del mercado laboral creció en más de 15.000 personas. Este aumento de la inactividad es un fenómeno particularmente relevante porque refleja un proceso de expulsión o desincentivo hacia la participación laboral. Muchas mujeres dejan de buscar trabajo por falta de oportunidades, por dificultades para conciliar empleo y tareas de cuidado o por condiciones laborales precarias que no compensan los costos asociados a la inserción laboral. En contextos de debilidad económica, estas dinámicas tienden a profundizarse, reforzando la desigualdad de género en el acceso al empleo.

En paralelo, la población total femenina en la provincia continúa creciendo. En 2023 Misiones contaba con 516.753 mujeres; en 2024 la cifra ascendió a 523.880 y en 2025 alcanzó las 531.230. Este aumento poblacional implica que el mercado laboral debería generar cada vez más puestos de trabajo para sostener los niveles de empleo. Sin embargo, los datos muestran que la creación de empleo femenino no acompaña este crecimiento, lo que contribuye al aumento relativo de la inactividad y del desempleo.

La combinación de menor actividad, menor ocupación relativa y mayor desempleo configura un escenario de deterioro estructural del mercado laboral femenino en la provincia. Mientras los varones mantienen tasas de participación superiores al 53% y niveles de desempleo relativamente bajos, las mujeres enfrentan mayores dificultades para ingresar al mercado laboral y, una vez dentro, mayores probabilidades de quedar desempleadas.

En términos socioeconómicos, esta situación tiene implicancias profundas. La menor inserción laboral femenina limita la autonomía económica de las mujeres, reduce los ingresos de los hogares y restringe el potencial de crecimiento de la economía provincial. Diversos estudios muestran que una mayor participación femenina en el mercado laboral contribuye a aumentar el producto, mejorar la distribución del ingreso y fortalecer la resiliencia económica de las familias. Por el contrario, mercados laborales con fuertes brechas de género tienden a reproducir desigualdades estructurales.

En el caso de Misiones, los datos recientes sugieren que el mercado laboral está atravesando una fase de mayor fragilidad que afecta especialmente a las mujeres. El salto del desempleo femenino al 6,5% en 2025, junto con el aumento sostenido de la inactividad, indica que el sistema productivo provincial está generando dificultades crecientes para integrar a la población femenina al empleo.

Aún en ese marco, Misiones sigue presentando un desempeño diferencial respecto al resto de la región del NEA. Si bien la inserción laboral de las mujeres continúa enfrentando múltiples desafíos estructurales, los indicadores comparados muestran que Misiones tiene mejores niveles de participación y empleo femenino que Chaco, Corrientes y Formosa. En primer lugar, la tasa de actividad femenina en Misiones alcanza el 39,2%, ubicándose claramente por encima del resto de las provincias del NEA. En Chaco este indicador se sitúa en 32,5%, en Corrientes en 31,8% y en Formosa en apenas 27,8%. La diferencia es significativa: Misiones presenta una participación femenina en el mercado de trabajo entre 6 y 11 puntos porcentuales mayor que sus pares regionales. Esto implica que, proporcionalmente, una mayor cantidad de mujeres en edad de trabajar participa activamente del mercado laboral, ya sea trabajando o buscando empleo.

Este mayor nivel de actividad refleja una estructura laboral relativamente más dinámica para las mujeres en la provincia. Mientras en otras jurisdicciones de la región la inactividad femenina continúa siendo muy elevada, en Misiones una proporción mayor de mujeres se encuentra integrada al circuito económico. En términos estructurales, esto sugiere una mayor incorporación femenina a la vida laboral, fenómeno que puede estar vinculado a características productivas específicas de la provincia, a una mayor presencia de actividades intensivas en empleo o a procesos sociolaborales que impulsan la participación económica de las mujeres.

Una tendencia similar se observa en la tasa de empleo. En Misiones el 36,6% de las mujeres se encuentra ocupada, lo que nuevamente posiciona a la provincia en el primer lugar dentro del NEA. Corrientes registra una tasa de empleo femenina de 30,5%, Chaco de 29,2% y Formosa de 26,7%. La brecha vuelve a ser significativa: la proporción de mujeres con empleo en Misiones supera en más de 6 puntos porcentuales a Corrientes, en más de 7 puntos a Chaco y en casi 10 puntos a Formosa. Este dato es particularmente relevante porque refleja la capacidad del mercado laboral para absorber la oferta de trabajo femenina. En otras palabras, no solo hay más mujeres participando en el mercado laboral en Misiones, sino que también una mayor proporción logra efectivamente acceder a un empleo. Esto refuerza la idea de que Misiones exhibe un mercado de trabajo relativamente más favorable para la inserción laboral de las mujeres en comparación con el resto del NEA.

Al observar la tasa de desocupación femenina, en Misiones este indicador alcanza el 6,5%, ubicándose por debajo de Chaco, donde la desocupación femenina asciende al 10,1%, pero por encima de Corrientes (4,3%) y Formosa (4,2%). Esto implica que, si bien Misiones presenta mejores niveles de participación y empleo, también registra una mayor proporción de mujeres que buscan trabajo y no logran conseguirlo en comparación con esas dos provincias. 

Esta aparente paradoja tiene una explicación vinculada justamente con la mayor participación laboral femenina. Cuando más mujeres deciden ingresar al mercado de trabajo, aumenta también la cantidad de personas que buscan empleo activamente, lo que puede elevar transitoriamente la tasa de desocupación. En contextos donde la participación es muy baja, como ocurre en otras provincias de la región, el desempleo puede aparecer artificialmente reducido porque muchas mujeres directamente permanecen fuera del mercado laboral.

Desde esta perspectiva, el desempeño de Misiones puede interpretarse como el resultado de un mercado laboral femenino más activo y dinámico. Una mayor proporción de mujeres participa de la economía y una mayor proporción logra emplearse, aunque también existe un segmento que enfrenta dificultades para insertarse laboralmente.

En síntesis, la comparación regional muestra que Misiones se destaca dentro del NEA por presentar los niveles más altos de actividad y empleo femenino, lo que indica una mayor integración de las mujeres al mercado laboral provincial. Aunque persisten desafíos importantes, particularmente en relación con el desempleo, los indicadores comparados sugieren que la provincia exhibe una estructura laboral relativamente más favorable para la participación económica de las mujeres que el resto de las jurisdicciones de la región.

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La construcción arrancó 2026 sin impulso: leve mejora interanual y estancamiento mensual

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La actividad de la construcción abrió 2026 con una mejora estadística modesta, pero sin un verdadero despegue. El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) mostró en enero una suba interanual de apenas 1,2%, mientras que en la medición desestacionalizada no registró variación frente a diciembre. En otras palabras: el sector dejó de caer con fuerza, pero todavía no consigue tomar velocidad.

El dato central del informe del INDEC es precisamente esa combinación de señales: una mejora contra un enero de 2025 todavía débil, pero un desempeño mensual que revela estancamiento. La serie tendencia-ciclo, que permite observar mejor la dirección de fondo, avanzó 0,8% respecto del mes anterior, lo que sugiere una recuperación lenta, todavía frágil y muy heterogénea entre rubros.

La foto del sector muestra, además, una construcción partida. Algunos insumos vinculados a terminaciones, sanitarios, yeso, pinturas y hormigón exhibieron subas relevantes, mientras que varios materiales más ligados al “corazón” de la obra tradicional siguieron en terreno negativo. El consumo aparente del rubro “resto”, que incluye grifería, tubos de acero sin costura y vidrio plano para construcción, trepó 60,5% interanual; el hormigón elaborado subió 16,9%; los artículos sanitarios de cerámica, 15,8%; las placas de yeso, 11,7%; y las pinturas para construcción, 10,5%. Pero al mismo tiempo cayeron las cales (-15,0%), los ladrillos huecos (-14,9%), los mosaicos graníticos y calcáreos (-13,3%), el hierro redondo y aceros para la construcción (-10,0%), los pisos y revestimientos cerámicos (-9,6%), el yeso (-9,3%), el cemento portland (-5,3%) y el asfalto (-4,1%).

Ese mapa de insumos permite una lectura más profunda que el número general. El leve avance del ISAC no expresa una recuperación homogénea, sino más bien una recomposición desigual, donde algunos segmentos vinculados a terminaciones, remodelaciones o nichos específicos muestran más movimiento que los materiales que suelen acompañar un ciclo expansivo más robusto y extendido. La caída del cemento, del hierro, del ladrillo y del asfalto sugiere que todavía no hay una reactivación plena ni en la obra privada tradicional ni en la obra pública de mayor escala.

También el empleo aporta una señal de moderación, no de auge. En diciembre de 2025, último dato disponible para este indicador, los puestos de trabajo registrados en la construcción privada llegaron a 380.880, con una suba interanual de 3,3%. Sin embargo, en el acumulado de todo 2025 todavía se verificó una baja de 0,3% respecto de 2024. Es decir, hubo una mejora hacia el final del año, pero todavía insuficiente para compensar plenamente el deterioro previo.

En paralelo, los permisos de edificación mostraron una dinámica algo más sólida. La superficie autorizada para construir en 246 municipios alcanzó en diciembre de 2025 un total de 1.445.113 metros cuadrados, con una suba interanual de 7,7%. En el acumulado de los doce meses del año pasado, el crecimiento fue de 6,2%. Este dato sugiere que existe una expectativa de inversión privada más activa que la que reflejan algunos insumos duros del sector, aunque todavía resta ver si esos permisos efectivamente se traducen en obras ejecutadas a mayor ritmo durante los próximos meses.

La encuesta cualitativa del propio INDEC confirma ese clima de cautela. Entre las empresas orientadas principalmente a obra privada, el 67,7% cree que la actividad no cambiará entre febrero y abril, el 16,7% espera una mejora y el 15,6% prevé una caída. Entre las firmas ligadas a la obra pública, el 63,4% también espera estabilidad, el 19,5% anticipa suba y el 17,1% baja. El dato político y económico es claro: predomina la idea de amesetamiento, no de boom.

Cuando las empresas explican por qué podría mejorar el sector, aparecen factores que exceden al propio negocio constructor. En obra privada, las razones principales son el crecimiento de la actividad económica y la estabilidad de precios. En obra pública, pesan más los nuevos planes de obras y también la estabilidad de precios. Del otro lado, entre quienes anticipan caídas, aparecen una vez más la debilidad de la economía, los altos costos de construcción y, en el segmento público, los atrasos en la cadena de pagos.

Ese punto es especialmente relevante: aun con una inflación desacelerándose, el costo de construir sigue siendo un problema central para el sector. De hecho, cuando el INDEC pregunta qué políticas incentivarían la actividad, las empresas priorizan alivio en cargas fiscales, estabilidad de precios y crédito para la construcción. Es un diagnóstico que revela que la construcción todavía opera bajo márgenes estrechos, financiamiento limitado y una demanda que no termina de consolidarse.

Otro dato de interés es que las necesidades de crédito no aparecen disparadas, pero tampoco resueltas. Entre las firmas privadas, el 44,5% cree que no variarán en los próximos meses y un 33,3% directamente dice no tomar crédito. En obra pública, el 48,6% tampoco espera cambios, pero un 26,3% cree que sus necesidades crediticias aumentarán. La financiación, además, se canaliza mayoritariamente vía bancos privados nacionales, proveedores y bancos públicos.

En síntesis, el informe deja una conclusión nítida: la construcción comenzó 2026 con mejores números que un año atrás, pero todavía sin fuerza suficiente para hablar de una recuperación sólida. El sector muestra rebote estadístico, cierta mejora en empleo y permisos, y expectativas mayormente estables; pero la persistencia de caídas en insumos clave, el estancamiento mensual del ISAC y la cautela empresaria marcan que la salida sigue siendo parcial, lenta y selectiva.

Para un diario económico, el dato más importante quizás no sea el 1,2% de suba interanual, sino la calidad de esa mejora: una recuperación sin tracción pareja, con obra privada y pública todavía condicionadas por costos, financiamiento y nivel de actividad general. La construcción dejó atrás lo peor, pero todavía no encontró un motor claro de expansión.

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