El IPC LyP (de la Fundación Libertad y Progreso) arrojó un aumento de 10,6% en marzo, desacelerándose 2,6 puntos porcentuales respecto a la medición oficial de febrero (13,2%). De esta manera, en el primer trimestre del año el IPC acumula una suba de 51,1%. La variación interanual alcanza el 286,4%, llegando a su valor más alto desde marzo de 1991.
En la evolución del mes, encontramos que la primera semana de marzo se presentó una suba de 5,2% donde impactó el incremento de los regulados. En particular, se presentaron subas en las tarifas eléctricas y se hicieron sentir la actualización de cuotas de colegios. En la segunda semana se desaceleró al 1,6% y en la tercera se alcanzó un mínimo de 0,8%, la medición más baja desde octubre. Finalmente, la última semana del mes se aceleró hasta el 1,4%.
Es importante resaltar que la desaceleración del IPC de marzo se da en un mes donde la estacionalidad suele jugar en contra. Sin embargo, como se ha desacelerado fuertemente la depreciación de nuestra moneda, esto ha permitido más que compensar el efecto estacional.
De esta forma, el IPC de marzo deja un arrastre de 1,8 puntos porcentuales (pp) para abril, unos 1,2 pp. menos que en febrero.
Hay que destacar que los precios no regulados vienen subiendo a un ritmo de un dígito mensual. Explicado esto por la política de emisión cero del BCRA, la estabilidad del tipo de cambio y la consolidación de la confianza en el nuevo rumbo económico.
POBREZA E INFLACIÓN
Los últimos datos del INDEC confirmaron que en el segundo semestre de 2023 la pobreza creció hasta el 41,7% de la población. Es el nivel más alto de pobreza en Argentina desde la pandemia (42,0%).
Eugenio Marí, Economista Jefe de la Fundación Libertad y Progreso, señala que “La inflación que estamos viendo son los últimos coletazos de lo que fue el plan platita del año pasado. Lo positivo es que con la política de equilibrio fiscal y no emisión para financiar el gasto el gobierno ha apagado los motores que empujan la depreciación de la moneda argentina. Esto es, dejamos de generar inflación futura. Algo que se observa claramente en la estabilidad que experimentan los tipos de cambio”.
“Si bien es cierto que la en el primer trimestre la pobreza siguió aumentando, la desaceleración de la inflación abre la puerta para que empiece a bajar. Es muy probable que en abril veamos un IPC de un dígito, en el orden del 9%, y que la tendencia a la baja de la inflación se consolide. Esto a su vez abrirá la puerta a la mejora del poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, que empiezan a actualizarse, pero frente a un IPC que se desacelera. Y con esto, también se abre la puerta a una baja en la tasa de pobreza”, agregó Marí.
Lautaro Moschet, economista de la Fundación Libertad y Progreso, señala que “la buena noticia es que a pesar de la estacionalidad que presenta este mes, el índice volvió a desacelerarse. Esto asegura el camino de que la inflación seguirá cayendo en los próximos meses. Reforzando esta posición, la tercera semana del mes presentó una suba inferior a 1%, algo que no habíamos visto desde octubre del año pasado. Pero esto no fue un dato aislado, sino que al comparar cada una de las semanas de marzo con la análoga del mes anterior, sigue manifestándose la baja”.
Escribe Douglas Frances en Mises Institute – Los seguidores de la escuela austriaca de economía saben que el término inflación se refiere al aumento de la cantidad de dinero o sustitutos del dinero. El resultado es un aumento en el precio de los bienes y servicios o una caída en el valor del dinero. Pero, en la era moderna, este aumento de los precios se llama inflación y, como escribió Ludwig von Mises, “esta innovación semántica no es de ninguna manera inofensiva”. El cambio semántico hace que la gente mire a todas partes menos a dónde deberían culpar por el aumento de los precios.
Enda Curran, de Bloomberg, escribe: “Un período prolongado de inflación elevada ha dejado a los consumidores de mal humor y ansiosos por echar culpas”. Con el término inflación evidentemente cansino, Curren enumera algunas nuevas palabras y frases de moda para el aumento de precios.
“Reduflación” Esta es la favorita del presidente. Incluso lo mencionó en su discurso sobre el Estado de la Unión. La Casa Blanca publicó en X: “El presidente Biden está pidiendo a las empresas que pongan fin a la reduflación”. En otras palabras, vuelva a poner más galletas en la bolsa o haga barras de Snickers del mismo tamaño que solían ser. Incluso el Monstruo de las Galletas de Plaza Sésamo se ha quejado de que sus galletas eran cada vez más pequeñas.
“Precios por goteo“: Estas son tarifas que se agregan a su equipaje cuando vuela o tarifas de resort que se agregan a su factura de hotel. Las tarifas de procesamiento y servicio fueron calificadas como tarifas basura por el presidente Biden en el discurso del Estado de la Unión del año pasado y prometió luchar contra “esos recargos ocultos que demasiadas empresas usan para hacerte pagar más”. Como si el empleado del hotel te pusiera una pistola en la cabeza a la hora de la salida.
“La avaricia“, dice Curren, “es una versión moderna de la especulación: “obtener una ganancia irrazonable en la venta de bienes esenciales, especialmente en tiempos de emergencia”. Por supuesto, el precio es la forma en que se distribuyen los bienes durante una escasez o en cualquier otro momento, a diferencia de, como escribió la revista The Economist, “algo peor, como el racionamiento o las colas”.
“Excuseflation” Esto suena muy parecido a la mencionada “greedflation”. Curren cita un documento del economista jefe global de UBS AG, Paul Donovan, quien afirma que las economías desarrolladas se encuentran en un período “en el que algunas empresas inventan una historia que convence a los clientes de que los aumentos de precios son ‘justos’, cuando en realidad disfrazan la expansión de los márgenes de ganancia”. Un panadero de Chicago dijo en un podcast de BloombergOdd Lots que los eventos noticiosos globales le permiten subir los precios “sin recibir un montón de quejas de los clientes”.
“Inflación de los vendedores” Este término se atribuye a Isabella Weber, profesora asistente de economía en la Universidad de Massachusetts, quien afirma que las grandes corporaciones tienen poder de mercado y “han utilizado los problemas de suministro como una oportunidad para aumentar los precios y obtener ganancias inesperadas”. Su solución son los controles de precios, lo que llevaría a largas colas y racionamiento.
“Desinflación” Los precios están subiendo, pero a un ritmo de variación menor.
Desinflación inmaculada. Curren dice que esta es la “noción optimista” de que Jerome Powell y los economistas del Edificio Eccles pueden controlar los precios sin dejar a un montón de personas sin trabajo. La Reserva Federal puede crear dinero rápido o crear dinero lento. Eso es todo lo que tiene. Jerome Powell no es el Geppetto de la economía.
Murray Rothbard explicó de dónde viene la inflación en todas partes y siempre:
La culpa de la inflación no está en el “monopolio” empresarial, ni en la agitación sindical, ni en las corazonadas de los especuladores, ni en la “codicia” de los consumidores; La culpa está en las operaciones de falsificación legalizadas del propio gobierno. Porque el gobierno es la única institución de la sociedad con el poder de falsificar, de crear dinero nuevo. Mientras siga usando ese poder, seguiremos sufriendo de inflación, incluso hasta una inflación galopante que destruirá por completo la moneda.
La inflación, o como quieras llamarla, no es más que impuestos gubernamentales en forma sigilosa. Solo el gobierno puede conjurar dinero nuevo de la nada, usándolo para quitarle recursos a los particulares.
Escriben Marcelo Capello y Marcos Cohen Arazi, fundación Mediterránea. Suele plantearse que Argentina tiene capacidad para producir alimentos para 400 millones de personas, pero desde hace varias décadas nos cuesta alimentar decentemente a 46 millones de argentinos. Ello a pesar de que, desde el año 2002, se reintrodujeron los Derechos de Exportación, un tributo extraordinario, aplicado por pocos países en el mundo, supuestamente transitorio, pero que casi un cuarto de siglo después sigue vigente, aportando en todos estos años un acumulado de 165 mil millones de dólares (35% de un PIB anual).
A pesar de tal volumen de recursos extras con que contó el Estado desde 2002, el año pasado existían 4,3 millones de personas indigentes en Argentina, equivalente a un 9,3% de la población.
También suele afirmarse que, con Vaca Muerta, Argentina tiene capacidad para abastecer el consumo interno de gas por 400 años. No obstante, en 12 de los últimos 13 años el país exhibió déficit comercial en energía, con un desequilibrio acumulado de 36 mil millones de dólares. Otro ejemplo de un país que siempre es ponderado por su “potencial”, pero que nunca termina de despegar, y sigue lidiando con problemas antiguos, repetidas crisis y una población cada vez más empobrecida.
Detrás del fracaso económico argentino de largo plazo claramente se encuentran una estrategia equivocada de desarrollo, graves dificultades en materia de calidad institucional y los problemas crónicos de déficit fiscal, que genera endeudamiento e inflación, y un persistente sesgo antiexportador, a partir de una economía poco competitiva internacionalmente. Salir de esta situación decadente implica terminar con el déficit fiscal y poner en práctica un plan para desarrollar una economía competitiva y exportadora.
En este sentido, la actual administración nacional está bien encaminada cuando pretende eliminar el déficit fiscal en el año 2024. ¿Por qué sí o sí este año? Porque se trata de un problema de muchas décadas, y para que se recupere rápido la confianza frente a los mercados locales e internacionales, debe solucionarse con una política de shock, dado que el gradualismo no resulta ya creíble, y porque de no hacerse el país se encaminaba a un nuevo proceso hiperinflacionario. También porque desde el punto de vista de economía política, a los ajustes siempre hay que hacerlos en los primeros meses de un gobierno, en un año no electoral, para luego tener 3 años para recuperarse y llegar mejor para la elección más importante.
Finalmente, porque ordenando las finanzas en 2024, puede haber financiamiento internacional para el sector público argentino desde el año 2025, un año electoral en que suben los vencimientos de la deuda en moneda extranjera.
Para bajar la inflación a niveles normales hay que eliminar el déficit fiscal, pero ese proceso debe realizarse sin comprometer el logro de la solución al otro gran problema de largo plazo de la economía argentina: su escasa competitividad y sesgo antiexportador. El desafío es bajar la inflación sin deteriorar la competitividad, lo que exige no atrasar el tipo de cambio y progresivamente mejorar la competitividad estructural. En ese sentido, existe una preocupación con el actual proceso desinflacionario, y es que no ocurra a expensas de atrasar nuevamente el tipo de cambio, como ocurrió en repetidas ocasiones en la historia económica argentina.
Las medidas tomadas en los primeros meses del actual gobierno han apuntado a los principales problemas macroeconómicos de largo plazo, y a otros existentes de corto y mediano plazo. La inflación pasó de 25,5% en diciembre a 13,2% en febrero, y es posible que se ubique en un dígito en abril. La base monetaria, en términos reales, cayó un 24% y los pasivos monetarios del BCRA un 30%, entre noviembre de 2023 y marzo de 2024. Las reservas del BCRA pasaron de ser negativas por cerca de 10 mil millones de dólares en noviembre pasado, a la posibilidad que vuelvan a resultar positivas en algún momento de abril o mayo próximo. La brecha cambiaria pasó de 160% a poco más de 10% en los últimos meses. Finalmente, en enero y febrero se alcanzó superávit financiero en el sector público nacional, y comenzó un proceso de racionalización de tarifas de servicios públicos.
Claro que la fuerte suba inicial del tipo de cambio en diciembre pasado y la consecuente mayor inflación de ese mes y los dos subsiguientes, junto al inicio de la normalización de las tarifas y el sinceramiento de muchos precios pisados, licuó 20% los salarios y 30% las jubilaciones desde noviembre pasado a esta parte, con lo que la actividad económica agravó su declive, y casi todos los sectores se ubicaron en los números rojos, en algunos casos de dos dígitos.
A partir de marzo o abril de este año los salarios podrán ganarle levemente a la inflación, aunque a fin de año no habrán recuperado lo perdido en 12 meses. Desde mayo estará impactando una mejor cosecha que la del año previo, y durante todo el año, el sector energía y minería seguirán traccionando a muy buen ritmo. Queda entonces un segundo trimestre complicado, económica y socialmente, pero luego de ese período podrían visualizarse algunos resultados positivos en términos de actividad e ingresos.
La reducción de la Inflación y la mejora en la competitividad deberían preceder a la apertura de la economía
La economía argentina es relativamente cerrada, de modo que para mejorar su eficiencia y posibilidades de crecimiento se requerirá a futuro una mayor apertura. Esto es, en la medida que la economía sea más estable y se haya avanzado en las reformas estructurales (laboral, tributaria, previsional, educativa, desregulación, productividad pública, etc.), de modo que brinden mayor competitividad estructural a la producción local, una progresiva mayor apertura comercial ayudará a generar los incentivos adecuados para una economía más productiva y con mejor asignación de recursos. De ese modo, la apertura constituirá otra reforma estructural, con objetivos de mediano y largo plazo que, junto a una economía más competitiva, permitirán un salto exportador y con mayor valor agregado. Así entendido, existen menos riesgos que la apertura implique el cierre de empresas que tengan potencial competitivo.
Pero aquí alterar el orden de los factores si puede afectar el producto. Intentar usar una apertura comercial rápida sólo como herramienta de contención de precios de bienes locales, sin haber realizado antes las reformas estructurales que mejoren la competitividad de la producción local, podría generar fuertes reducciones en la actividad y el empleo, o directamente el cierre de empresas potencialmente competitivas.
La apertura recientemente anunciada para una cierta variedad de productos, sólo con el objeto de contener o inducir reducciones de precios en bienes finales, pensada como estrategia antiinflacionaria más que como instrumento de largo plazo dirigido a aumentar la eficiencia de la economía, podría afectar negativamente y en poco tiempo a muchos productores locales, que con una macro ordenada y reformas estructurales, sí podrían resultar competitivos. La situación podría agravarse en un contexto en que el crawling peg del dólar se mantiene en 2% mensual, amenazando nuevamente con un próximo atraso cambiario, y con todavía escasos avances en materia de competitividad estructural.
Debe tenerse presente que aún existen problemas de competitividad estructural, como la acumulación de impuestos distorsivos en los bienes nacionales que generalmente no enfrentan los bienes importados, los problemas de infraestructura básica que encarecen la producción doméstica, la presencia de un régimen laboral poco flexible y muy oneroso en materia de costos laborales no salariales, por citar sólo algunos ejemplos. No puede dejarse de mencionar, a su vez, el hecho que se permitirá importar más rápido y con menores restricciones ciertos bienes finales que competirán con productos nacionales que, además de sufrir las consecuencias exógenas de los problemas estructurales antes citados, deben importar sus insumos con mayores restricciones y costos que lo que lo harán sus competidores importados.
Abrir la economía antes de realizar las reformas estructurales no parece lo más adecuado y añade riesgos de fractura en el sector productivo, que pueden agravar la situación social y repercutir en el empleo. Vale recordar que, en los últimos 10 años, se ha reducido en 30.000 el número de empresas empleadoras, según cifras de AFIP.
Si se habla de frío, Aire Confort viene a la mente. Una tradicional empresa misionera dedicada a los aires acondicionados con medio siglo de historia y resiliencia para superar las diversas crisis de la Argentina. Lilian Fernández es la vicepresidenta de la empresa familiar y revela que, a pesar de la reciente premiación en Valencia, España, el pasado año fue complicado debido a la crisis económica y la devaluación, lo que impactó en las ventas de la empresa durante el verano. Con una marcada preferencia por el mantenimiento de equipos existentes sobre nuevas compras, el mercado se ha mostrado cauteloso y orientado hacia la eficiencia energética, priorizando equipos inverter para reducir el consumo eléctrico.
Al abordar las perspectivas futuras, Fernández expresó su optimismo, aunque destaca la incertidumbre económica como un desafío predominante. La empresa, con 30 empleados, enfrenta también la escasez de técnicos especializados en un mercado donde la falta de capacitación puede representar un riesgo para los consumidores.
Con respecto a la competencia fronteriza, la empresaria, que fue una de las disertantes del after office de Mejora Continua, reconoce la complejidad de la situación, destacando la necesidad de adaptarse a los cambios en la política económica y la fluctuación de precios entre países vecinos. Sin embargo, enfatiza en la importancia de la calidad y la seguridad que ofrecen las empresas especializadas frente a los riesgos asociados con técnicos no capacitados.
P- Aire Confort es una empresa tradicional en Posadas. ¿Cómo cierran este verano que ha sido intenso en el clima, pero complejo en lo económico?
LF – En Misiones, tenemos nuestra sede central en Posadas, y la verdad que estar 50 años en el rubro es para nosotros un logro. El año pasado recibimos una premiación en Valencia, España, somos dos empresas que hemos llegado a los 50 años con Carrier. Son épocas difíciles, esta crisis, en nuestro país siempre nos pega, y nos pega mal en algunos casos, hay que estar preparados. Este verano fue un verano atípico, porque la gente trató de resguardar sus recursos, de no gastar, hubo un gran cambio de precios en los aires acondicionados, porque acompaña la devaluación, así que fue un año complicado, un verano complicado,
P – ¿Hubo más mantenimiento que compras?
LF – En realidad sí, la gente lo que buscaba era poder arreglar los aires que tenía, y si no también, era preguntar precios, planes de pago, planes de financiación, y de hecho que, digamos, la venta en este verano no fue comparativamente igual con años anteriores, ni siquiera superó el 50%.
P – ¿Hubo un cambio en la mentalidad del consumidor de buscar equipos más ambientalmente amigables, o le interesan precios?
LF – Sí, la gente busca precios y también calidad. Está en el mercado el inverter, que es sobre todo la tecnología nueva para reducir el consumo energético, y hay mucha gente que pregunta, cuando va a comprar aire acondicionado, si es inverter o no, porque ya es la idea de poder ahorrar en el costo de electricidad.
P – ¿Cómo ven la perspectiva hacia adelante? Según el Presidente, después, en el segundo semestre, va a haber un repunte, cuando logre estabilizarse la inflación sobre todo. ¿Esperan eso?
LF – Sí, la mayoría, yo trabajo mucho con empresas constructoras privadas, las cuales han continuado con su plan de inversión, pero aún están esperando ver cómo, cuáles son, las directivas en la parte macroeconómica para seguir invirtiendo y para hacer su desembolso. Hemos presentado varios proyectos, pero el comprador está esperando a ver cómo se estabiliza la parte nacional, la parte macro.
P – ¿Qué es lo que más complica, la inflación o la incertidumbre?
LF- Yo creo que es la incertidumbre. Nosotros estamos acostumbrados a vivir con inflación. La incertidumbre es lo que va a pasar y aquella persona que tiene sus ahorros y que va a invertir, porque hoy día el equipo de aire acondicionado es caro, subió mucho de precio. Yo veo que un aire chico vale casi 300, 400 mil pesos y es una inversión importante para una familia. O sea, hoy toda la expectativa de ver si esto se estabiliza. La idea es ¿esperamos? ¿no es cierto? Todos los comerciantes, todos los comercios en general estamos esperando a ver qué directiva da el Gobierno, qué señales da el Gobierno nacional para poder programar y planificar nuestro año 2024.
P – Una de las medidas que está tomando es la de la apertura económica y nosotros tenemos países de frontera. ¿Cómo competir con ellos? ¿Estamos preparados para competir si abren indiscriminadamente las fronteras?
LF – Mire, nosotros tenemos una particularidad en Misiones sobre todo que hemos estado sufriendo estos vaivenes de las distintas políticas. A veces nos conviene cruzarnos a Brasil o Paraguay y otras veces ellos vienen. En general el consumo que hace el argentino en los países extranjeros es diferente al que ellos hacen acá en Misiones. No podemos competir en precio porque la estructura impositiva de los países vecinos es diferente y ya se empieza a ver que la gente compara precios de Encarnación con los precios de Posadas, sobre todo en el rubro que yo manejo. Están volviendo otra vez a comprar en Encarnación el tema de aire acondicionado.
Yo he visto en varias oportunidades, no así masivamente como sucedió en años anteriores, pero sí el particular. Están cuidando y comparando precios también. Pero yo creo que hay un mito de que siempre Encarnación es más barato que Posadas. Yo creo que tienen que primero chequear precios internos y después hacer el desembolso.
P – ¿Cuántas personas están trabajando hoy en la empresa?
LF – Nosotros estamos trabajando con un staff de 30 personas. Hemos sido más, pero mi política es conservadora. A ver qué sucede con respecto a la ley laboral, de los cambios que todos esperamos. También el tema de los juicios laborales. Gracias a Dios no los tengo, pero son elementos que el empleador los tiene en cuenta.
P – Hace un par de años entrevistaba a su hermano, un socio, y me decía que en la provincia lo que faltan son técnicos, no pensar tanto en el ingeniero.
LF – Yo lo que veo, y creo que lo ven la mayoría de las personas que recorren la ciudad cuando hago mis trámites particulares, veo gente que arregla aire acondicionado o instala sin uniforme, sin elementos de seguridad. Lo hacen en forma casera, muy artesanal. Hice un curso por internet, un amigo me llamó, y la gente no chequea precios quizás en lo que le cobra ese particular y lo que le puede cobrar una empresa que está especializada. Hay infinidad. Usted ve en la calle la mayoría de los autos que tienen doble escalera en el porta equipaje y si tiene una garrafa de freón de 410 es porque está instalando. A mí me llama muchísimo la atención la cantidad de gente a diario que veo en el microcentro que se dedica al aire acondicionado, y no creo que sean personas que se hayan preparado.
P – ¿Hay que cuidar eso también a la hora de pensar en el mantenimiento de un equipo de aire acondicionado.?
LF – Pienso sí, porque es un riesgo que uno corre, por ahí el cliente nos dice, no, yo tengo un primo, un sobrino, el amigo del amigo que le recomendó, y no es un profesional matriculado. Que después puede redundar en que se le arruine el equipo. Pero es como que siempre va, tienen algún pretexto para decirle, no, el aire no era bueno, qué sé yo.
P – Se corren muchos riesgos, ¿no es cierto?
LF- Pero es una cuestión de idiosincrasia, pienso yo.
La eliminación de los subsidios del Gobierno al interior disparó los incrementos en muchas jurisdicciones. En el AMBA los pasajes se encuentran muy por debajo del promedio nacional y las subas previstas fueron postergadas para evitar “el impacto social”.
En algunas ciudades de Argentina el boleto mínimo de colectivo ya tiene un precio cercano a los $1.000 tras la eliminación del Fondo Compensador del Interior (FCI) que decidió el Gobierno nacional, por el cual se subsidiaba a las líneas del interior. En los próximos meses cada jurisdicción definirá nuevos incrementos para compensar la diferencia entre el costo de las empresas operadoras y lo que pagan los usuarios.
En el caso del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) el aumento de febrero hizo que dejara de estar entre las regiones del país con el pasaje más bajo. La Secretaría de Transporte definió que no aplicará en abril la fórmula de actualización bimestral ajustada por el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec, que marcó una variación del 36%, ya que el equipo económico busca no sumar presión a la inflación.
El ranking de tarifas de transporte automotor urbano que confeccionó la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA) sobre 58 ciudades arrojó que el boleto mínimo con el valor más alto en el país es el de Bariloche, con 980 pesos. El top 5 lo completan General Roca ($940), Coronel Rosales ($880), Centenario ($853) y Cipoletti ($850).
Completando los primeros diez puestos quedaron: Ushuaia ($800), San Antonio Oeste ($800), Necochea ($798), Pergamino ($751) y Mar del Plata ($750).
Con precios intermedios se encuentran Candelaria (737), Garupá (737), Ramallo (720), Santa Rosa (715), Córdoba Capital (700), Río Cuarto (700), Santa Fe (700), Rosario (700), Villa María (700), Carlos Paz (700), Partido de la Costa (698), Tandil (693), Bahía Blanca (690), San Nicolas (690), Corrientes (690), Formosa (690), San Miguel de Tucumán (690), Concepción del Uruguay (690), Paraná (690), Posadas (690).
Entre los 10 más baratos se encuentran: Pinamar-Gesell ($280), AMBA ($270), Olavarría ($261), Catamarca ($250), Comodoro Rivadavia ($244), Trelew ($205), Mendoza ($200), Río Gallegos ($197) y Río Grande ($192).
El caso del AMBA
El Gobierno tiene decidido quiénes tendrán un aumento en el transporte público de pasajeros en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) a partir de abril. Si bien estaba previsto que se aplique la fórmula de actualización bimestral por inflación para todos los boletos de trenes y colectivos, finalmente solo tendrán incrementos los usuarios que no hayan registrado la tarjeta SUBE a su nombre.
No es la primera vez que el objetivo de reducir el gasto en subsidios del Ministerio de Economía choca contra los debilitados bolsillos de los consumidores. Las subas en electricidad fueron menores a las previstas, las del gas se postergaron y las del combustible aún no alcanzaron el objetivo oficial de la paridad de importación.
La idea del gobierno nacional es que desde el mes que viene solo los usuarios que no hayan registrado su tarjeta SUBE tengan aumentos en el AMBA. En detalle, el boleto mínimo de colectivos para estos pasajeros saltará un 60% de $270 a $430 mientras que el primer tramo de trenes pasará al doble, de $130 a 260 pesos.
De todos modos, la posibilidad de realizar la “nominalización” del plástico continuará abierta. En total ese trámite ya fue realizado por más de 2 millones de personas, según datos oficiales, por lo que se multiplicó por 10 veces el promedio de registración en comparación a la previa de la normativa.
De la última resolución que publicó Transporte se desprende la aplicación de una fórmula de actualización bimestral a partir de la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec. En el sector explican que el incremento debería estar en torno al 30%, pero desde la Secretaría de Transporte que conduce Franco Mogetta afirmaron: “No hay aumentos previstos”.
Ahí el Gobierno se encuentra en un dilema: convalidar el aumento en base a inflación impactaría en los debilitados bolsillos de los usuarios pero su postergación implica una mayor cobertura con subsidios, en el marco del objetivo de reducir las subvenciones al transporte en al menos 0,2 puntos del PBI este año. Es una de las partidas a recortar que espera el Ministerio de Economía para sostener el superávit fiscal.
En ese marco, hay una puja con las empresas de colectivos que circulan entre el conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires (CABA). Las cámaras reclaman una deuda de $50.278 millones por subsidios correspondientes al primer bimestre del año. Desde Transporte señalaron a este medio que el monto adeudado son “únicamente” $10.000 millones.