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Agroalimentos: 2020 termina con una brecha entre precios del campo a la góndola de 4,68

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La brecha de precios para el promedio de los 24 principales productos agropecuarios que participan de la mesa familiar creció 8,6% en diciembre, para ubicarse en 4,68 veces. La manzana roja fue el producto con más brecha (13,6%). La frutilla, con 1,78 veces, fue el de menos. La participación del productor en los precios de venta se deterioró: promedió el 26,7%.

– La brecha de precios entre lo que pagó el consumidor y lo que recibió el productor por los productos agropecuarios en el campo tuvo una suba mensual de 8,6% en diciembre, cortando así dos meses de bajas consecutivas.

– La variación fue impulsada por el aumento de catorce productos, donde se destacaron: la calabaza, con un alza de 161,3%, revirtiendo así la caída de 58,4% en noviembre; el zapallito que aumentó 102,1%, que se suma al 12,4% de crecimiento que ya había tenido en noviembre; la mandarina con un alza de 80,4%, tras haber subido 4,4% el mes anterior; y la acelga con un aumento de 77,3%, revirtiendo el decrecimiento de 15,6% del anteúltimo mes del año.

– En promedio, los consumidores pagaron 4,68 veces más de lo que cobró el productor en la tranquera de sus campos, cuando en noviembre la diferencia fue de 4,31 veces.

– En origen, los precios tuvieron una caída promedio de 5,9%, mientras que en destino los comercios minoristas midieron un crecimiento de 2,1% y los hipermercados, de 1,5%.

– Los datos surgen del Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) que elabora el sector de Economías Regionales de CAME en base a los precios de origen de las principales zonas de producción y amás de 700 precios de cada producto en destino, relevados no sólo en verdulerías y mercados por un equipo de 30 encuestadores, sino también mediante un monitoreo de los precios online de los principales hipermercados del país, durante la segunda quincena del mes.   

Otros datos de diciembre

IPOD frutihortícola: subió 9,8% (había caído 4,6% en noviembre) y la brecha para esos productos promedió en 5,01 veces.

IPOD ganadero: subió 2,7%, con una brecha promedio de 3,42 veces, que a la vez resultó 32% más baja que la del IPOD frutihortícola.

Participación del productor en el precio final: descendió 13%, de 30,7% en noviembre a 26,7% en diciembre.

Índice de Precios en Origen y Destino de Productos Agropecuarios (IPOD)

Mayores y menores brechas

– Nuevamente, las mayores brechas se detectaron en las pomáceas, al quedar para consumo doméstico el remanente de la cosecha 2020, con mayores requerimientos de cámara de frío y, por ende, mayores costos. El precio de la manzana roja y la pera se multiplicó por 13,60 veces y 9,50 veces, respectivamente, desde que salieron del galpón de empaque hasta la góndola. Las siguieron la zanahoria (9,09 veces) y el zapallito (8,40 veces).

– Los productos con menores brechas, en tanto, fueron: la frutilla (1,78 veces), la cebolla (2,35 veces), la papa (2,49 veces) y la carne de pollo (2,62).

Productos con mayor y menor brecha IPOD

Analizando los IPOD individuales para cada producto, este mes los dos extremos estuvieron dados por la manzana roja, con una brecha de 13,60 veces, y la frutilla, donde la brecha fue de apenas 1,78 veces.

Donde más subió y más bajó la brecha en diciembre

En diciembre hubo 14 productos con subas en sus brechas y 10 con bajas, dejando un aumento promedio general de 8,6%. De esos productos, 9 tuvieron subas mayores al promedio y 5 incrementos menores al promedio. Los restantes 10, bajaron.

– IPOD calabaza: subió 161,3%, que se da por una disminución de 51,7% en los precios de origen y un aumento de 26,3% en los precios de destino. La variación del precio en origen, según comentaron los productores, responde a una disminución en la demanda. Además, en el mes anterior, debido a cuestiones climáticas en provincias productoras, el precio había subido. Interanualmente, se observa una variación del 57,84% en el precio de origen.

– IPOD zapallito: subió 102,1%, que se explica por una disminución de 51,5% en los precios de origen frente a un descenso de 2% en los precios de destino. Interanualmente, se observa una caída de 20% en el precio de origen.

– IPOD zanahoria: bajó 21,1%, explicada por un aumento de 25,7% en los precios de origen y una disminución de 0,8% en los precios de destino. Interanualmente, se observa una variación del 29,54% en el precio de origen.

– IPOD cebolla: bajó 21,6%, movimiento que responde a un aumento de 30,6% en los precios de origen frente a un alza de 2,4% en los precios de destino. Interanualmente, se observa una variación de 310,1% en el precio de origen.

En resumen, las mayores subas de diciembre ocurrieron en la calabaza (+161,3%), el zapallito (+102,1%), la mandarina (+80,4%) y la acelga (+77,3%). Y las bajas más acentuadas se observaron en las brechas de la cebolla (-21,6%), la zanahoria (-21,1%), la frutilla (-18%), y el limón (-13,1%).

Participación del productor

– La participación promedio del productor en el precio final del producto bajó 13%, de 30,7% en noviembre a 26,7% en diciembre.  

AñoParticipación promedio del productor
201624,5
201725,6
201823,2
201923,1
202026,5
Fuente: Economías Regionales, CAME

La mejor situación la tuvo la frutilla donde el productor recibió, en promedio, el 56,2% del precio de venta minorista de esa fruta. En cambio, en la manzana roja el productor apenas se llevó el 7,4% del precio final.

El IPOD es un indicador elaborado por el sector de Economías Regionales de CAME para medir las distorsiones que suelen multiplicar por varias veces los precios de los productos agropecuarios, desde que salen del campo hasta que llegan al consumidor. Estas distorsiones son muy dispares según producto, región, forma de comercialización y época del año.

En general, las diferencias se deben a un conjunto de comportamientos. Por un lado, los especulativos, adoptados por diferentes actores de la cadena de valor que abusan de su posición dominante en el mercado –básicamente, los hipermercados, los galpones de empaque y cámaras de frío–. Por el otro, factores tales como la estacionalidad, que afecta a determinados productos en algunas épocas del año, y los costos de almacenamiento/acopio y transporte, entre otros. 

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La nueva canasta de Precios Cuidados tendrá 660 artículos, el doble de productos que el año pasado

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La nueva canasta de artículos del programa Precios Cuidados que entrará en vigencia mañana alcanzará a 660 productos, el doble de los que tuvo hasta enero del año pasado, con la incorporación de carnes y más artículos para celíacos e higiene femenina, preciaron esta tarde fuentes del Ministerio de Desarrollo Productivo.

Esta mayor cantidad de productos se da con dos objetivos: generar referencias de precios en góndolas que no tenían presencia dentro del programa y robustecer las referencias actuales, sobre todo en aquellas categorías donde se verifica una diferenciación significativa en cuanto a variedad -fragancias, sabores- y presentaciones -tamaño, empaque-, agregaron las mismas fuentes.

La renovación del programa Precios Cuidados 2021 tiene como principal objetivo la incorporación de nuevos productos de primeras y segundas marcas que actúan como referencia para las y los consumidores así como una mayor diversidad de productos elaborados por pymes.

De esta forma, Precios Cuidados ofrecerá el doble de productos que en enero de 2020, con una canasta compuesta por 660 artículos de alimentación, bebidas e higiene personal y limpieza, entre otros rubros.

A la nueva oferta se incorporaron más de 260 productos representativos del consumo de los argentinos.

En lo que respecta a los precios, el aumento promedio para el trimestre será de 5,6%.

Desde la Secretaría de Comercio Interior subrayaron que se suman 38 nuevas primeras marcas y productos destacados.

A esto se suma un incremento en la oferta de categorías de productos, con 13 nuevos rubros, con mayor variedad en marcas, sabores y fragancias de un mismo tipo de artículo.

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La inflación se desaceleró en 2020 y acumuló 36%

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En diciembre, la inflación mensual alcanzó el 4% según el IPC GBA Ecolatina, su valor más alto del año. De esta manera, la suba de precios rozó 36% en 2020, desacelerándose casi 15 p.p. en relación con el promedio 2018-2019. A priori, este resultado parece positivo.  

Sin embargo, al mirar la trayectoria mensual las perspectivas son menos alentadoras: luego de un segundo trimestre pandémico e inéditamente bajo, con un promedio inferior al 2% mensual, este valor pasó al 2,5% mensual entre julio y septiembre para alcanzar 3,5% promedio mensual en el último trimestre del año (más de 50% anualizado). Por lo tanto, tiene sentido preguntarse cuán sostenible será la baja del 2020. 

En nuestro país, las últimas aceleraciones inflacionarias coincidieron con períodos de caída del nivel de actividad. En consecuencia, hay que buscar sus razones más por el lado de oferta que de la demanda: los precios aumentan traccionados principalmente por el lado de los costos. Veamos entonces qué pasará con estos 2021. 

En primer lugar, vale destacar que la inflación fue muy heterogénea durante el año pasado. Aunque el nivel general de precios aumentó 36%, este valor contiene muchas disparidades en su interior. Por caso, las tarifas de servicios públicos estuvieron congeladas durante todo el 2020, estirando a dieciocho los meses sin ajustes. En la misma línea, el Poder Ejecutivo pospuso varias actualizaciones de prepagas, combustibles y otros precios regulados. Como resultado, el IPC Regulados acumuló una suba de 16% el año pasado, ubicándose 20 p.p. por debajo del nivel general. Aunque esta dinámica perseguía un fin distributivo, alivianar la carga de aquellos consumos esenciales e inelásticos, provocó un atraso que deberá corregirse, agregando presiones a la futura suba de precios. 

Siguiendo el mismo objetivo distributivo, la Secretaría de Comercio congeló los precios de varios bienes de consumo masivo durante los peores meses de la pandemia. En este sentido, resalta que el IPC Consumo Masivo, que representa un quinto del nivel general de precios, aumentó solo 21,5% el año pasado, ubicándose 15 p.p. por debajo de la inflación de 2020. De esta forma, se observa cómo el programa de Precios Máximos podría ser víctima de su propio éxito: su efectividad durante el segundo trimestre (aumentos menores al 1% mensual) forzó algunos descongelamientos en el cierre del año (+1,7% promedio mensual) que se acelerarían durante el comienzo de este año producto del atraso (frente a la suba de costos) acumulado. 

En sentido contrario, el IPC Core libre, compuesto de la inflación núcleo sin acuerdos de precios, saltó 47% en 2020, triplicando la suba del IPC Regulados y duplicando la del IPC Consumo Masivo. De esta manera, queda en evidencia la dimensión del retraso en ambas canastas, atraso que, inevitablemente, sumará presiones importantes este año. Más preocupante aún, el IPC Estacionales, que representa al 10% restante del nivel general de precios se disparó 70% el año pasado, liderado por frutas (+140%) y verduras (+110%). Si parte del desfasaje de precios relativos acumulados durante 2020 se corrige, la inflación tendrá un piso elevado este año. 

Sin embargo, estos no serán los únicos motores inflacionarios de 2021. Por caso, la dinámica salarial también aportará presiones en la materia. En nuestro país, las paritarias suelen desarrollarse durante el segundo trimestre de cada año. Empero, la llegada de la pandemia pospuso estas negociaciones en 2020, trasladándolas para octubre-noviembre. Asimismo, la cuarentena y el sucesivo desplome de la actividad profundizaron la pérdida de puestos de trabajo, moderando esta variable los reclamos salariales. En este marco, las actualizaciones del año pasado fueron magras y, en muchos casos, de suma fija. Por lo tanto, habrá una búsqueda de recomposición del poder adquisitivo que, posiblemente, el Poder Ejecutivo acompañará en este año electoral, en búsqueda de romper la racha negativa de tres años de caída del poder adquisitivo. Aunque estas actualizaciones no alcanzarán para revertir el deterioro acumulado desde 2018, ni siquiera lo perdido en 2020, sí alcanzarán para agregar presiones a una dinámica inflacionaria que arrancó el año en un nivel elevado (3% mensual). 

Por último, falta mencionar el motor cambiario. El año pasado, el dólar oficial siguió de cerca a la inflación en la mayoría de los meses -incluso la superó en 5 p.p. en el acumulado anual-, de manera tal de no resignar competitividad, pero fijándole un piso a la suba de precios. 

Esta dinámica cambiaria (crawling peg), atada a la inflación reciente, pareciera continuar al inicio del 2021. El problema de deslizar el tipo de cambio en línea a la inflación reciente es que esta última se aceleró al 3,5% mensual al cierre del año pasado, de modo que si el dólar oficial ajustara en igual cuantía le pondría un piso elevado a la suba de precios en el futuro inmediato. 

Además, no está garantizado que la calma cambiaria lograda en noviembre y diciembre persista. Por un lado, porque las tensiones políticas hacia el interior del Frente de Todos y la dinámica de marchas y contramarchas respecto de algunas decisiones económicas sembraron incertidumbre, terreno fértil para que reaparezcan las presiones sobre la brecha y las Reservas.  

En segunda instancia, porque una segunda ola de Coronavirus y un endurecimiento de la cuarentena volverían a golpear al resultado fiscal, forzando al Banco Central a acelerar la emisión y agravando el desequilibrio del mercado monetario, desequilibrio que en las últimas semanas tendía a normalizarse. Si el exceso de oferta de pesos se re-acentuara, posiblemente también se re-acentuaría el exceso de demanda de dólares, en esta oportunidad con el agravante de que el poder de fuego de la autoridad monetaria está mucho más debilitado que el año pasado: en 2020, las Reservas netas cayeron 65%. En consecuencia, un nuevo shock de emisión podría desembocar en un salto del tipo de cambio oficial, que acelerase aún más la suba de precios. 

En síntesis, en la medida que la actividad se recupere, la inflación se acelerará este año. Durante el 2020, y motivado por la pandemia, el Poder Ejecutivo pospuso muchos ajustes de precios regulados, en su búsqueda por atenuar el efecto regresivo de la cuarentena. En igual sentido, limitó las subas en varios bienes de consumo masivo, abaratándolos en términos relativos. Estos congelamientos no se pueden estirar ad infinitum, de modo que sumarán presiones -la discusión al interior de la coalición gobernante es cuánta- a la inflación de este año. Asimismo, las actualizaciones salariales pendientes y un dólar oficial que seguiría subiendo en línea con el nivel general de precios, de mínima, agregarán tensiones en este frente. Como resultado, la inflación alcanzaría 45% (o más) este año, acelerándose casi 10 p.p. en relación con 2020.  

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Guzmán dijo que inflación 2020 cerró en torno a 35% y habló de alinear tarifas sin subir subsidios

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El ministro de Economía, Martín Guzmán, afirmó hoy que la inflación de 2020 cerró en torno al 35%, dentro del rango que pretendía el Gobierno, y ratificó para el presente año la premisa de “alinear tarifas” sin que suban los subsidios, y con acuerdos de precios y salarios para anclar expectativas.

Al disertar esta tarde en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional del Comahue, en Neuquén, Guzmán también enfatizó que en el país “hay que romper el círculo vicioso del bimonetarismo y transformarlo en un círculo virtuoso”.

Ente los tramos principales de su exposición, el ministro se pronunció a favor de “cambiar la estructura tributaria”, a la que consideró “descoordinada a nivel federal” por lo que es necesario un “mejor federalismo” para “armonizar la estructura tributaria”.

“Estamos trabajando en un programa plurianual para la estabilización macroeconómica y uno de los puntos es tomar medidas tributarias que vayan armonizando el sistema, y generar incentivos para la formalización”, subrayó.

El titular de la cartera de Hacienda también planteó la necesidad de “bajar la inflación de forma consistente”, al entender que el problema de la escalada de precios “es multicausal y se aborda como un esquema integral”.

Sobre el mismo tema, reiteró la proyección oficial inflacionaria de que 2020 “terminará alrededor de 35%, dentro del rango que se buscaba” y que la ida es que “se vaya reduciendo 5 puntos porcentuales año a año, con una estrategia que se enfoca en alinear precios clave de la economía y tener una política fiscal consistente”.

Al respecto, también consideró que “hay que alinear tarifas” y “que los subsidios no vayan creciendo”, en un escenario energético dentro del cual el Plan Gas.Ar lanzado hace un mes por el Gobierno nacional “es una inversión concreta en desarrollo económico”.

También sobre el tema inflacionario, Guzmán aseguró que “las políticas de precios e ingresos son necesarias para coordinar expectativas”, y como tales “se van a usar en 2021 como parte de un esquema integral para atacar el problema de la inflación”.

“Los acuerdos de precios y salarios son efectivos para anclar las expectativas”, enfatizó al ratificar la búsqueda de consensos en la que se embarcará el gobierno con empresarios y sindicatos

Guzmán, también sumó al análisis el objetivo de acumular reservas que tiene la actual gestión de Gobierno, para lo cual se está dejando “que el tipo de cambio se vaya depreciando con objetivos consistentes con la acumulación de reservas”.

“El objetivo es que a fin 2021, el tipo de cambio real tiene que estar en nivel parecido a diciembre 2020. Esa depreciación nominal es consistente con el objetivo de inflación que establece el presupuesto”, agregó.

En otro tramo de su exposición, el funcionario enumeró que para sostener a una economía que crece “tienen que aumentar las exportaciones” y “hay que asegurar la sostenibilidad fiscal”, lo que requiere ir hacia un equilibrio de manera que sea consistente con la recuperación económica.

Además, insistió en que “hay que lograr llegar a un ‘Nunca Más’ de las deudas insostenibles en moneda extranjera”, para lo cual enfatizó que se deben “definir reglas de juego para que las crisis de deuda sean situaciones mucho menos probables que lo que se ha verificado en el país”

“Buscamos tener una estructura productiva que sea inclusiva, dinámica desde lo productivo, que agregue valor, y garantice la estabilidad macroeconómica, respete la premisa de que el desarrollo se haga con equidad federal y seamos dueños nuestro propio destino. Así vemos la integración comercial”, agregó.

Sobre las necesidades de mayor inversión de la economía, Guzmán dijo que el Gobierno apunta a “un esquema con regulaciones macroprudenciales” con la pretensión de “que entren capitales que vayan a la economía real y desincentivar a los capitales de corto plazo, el ‘carry trade’, que entran sobre la base de la especulación, como pasó entre 2016 y 2019”.

“Cuando el país tenga más reservas vamos a transitar hacia un esquema de regulaciones macroprudenciales”, aseguró.

Por último, valoró que el país lleva cuatro meses “con la actividad económica recuperándose, y se va haciendo más sólida la recuperación, pero aún con características heterogéneas”.

En ese marco, resaltó que “hay una alta capacidad instalada en estado ocioso”, y en una situación así “el Estado tiene un rol central para impulsar la recuperación.

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Diciembre cerró con la menor inflación acumulada de los últimos 29 meses

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Durante la gestión anterior, el promedio anual de la tasa de inflación se elevó al 42%, mientras se venía de un promedio del 29% entre 2012-2015. Además, en los últimos dos años, a partir de la crisis de sobre-endeudamiento y las sucesivas devaluaciones del tipo de cambio oficial, la inflación fue incrementándose, siendo al cierre del 2018 de 47,6% y del 2019 de 53,8% interanual.

Por ende, es para destacar que en 2020 se va a lograr una reducción de aproximadamente 18,4 puntos porcentuales en materia de inflación en relación a 2019, dado que la tasa de inflación interanual cerrará en torno al 35,5% (suponiendo 3,5% de inflación inter-mensual en diciembre).
El gobierno actual asumió con un piso inflacionario alto, una crisis producto del sobre-endeudamiento externo y consecuente default, un acuerdo con el FMI gigantesco que se encuentra en pleno proceso de re-negociación y a los tres meses apareció un shock sin precedentes en la historia global como lo es la pandemia del covid-19. La gran mayoría del gasto extra-ordinario producto del covid-19 (más del 7% del PBI) se financió con emisión monetaria, única herramienta disponible (en un contexto en que la recaudación se desplomó entre abril y junio). La emisión tiene impacto en la inflación a través del tipo de cambio, dado que en nuestro país y sumado al contexto de mayor incertidumbre, una parte del excedente de liquidez volcado va hacia la demanda de dólares, que en este caso se cristaliza en los tipos de cambio paralelos (mep, ccl e ilegal/blue) producto del ultra-cepo cambiario (el aumento de la brecha cambiaria presiona por devaluación y aumenta los grados de especulación en ciertos sectores fijadores de precios, como ocurrió en los últimos meses a partir de la mayor presión cambiaria).

Aun así, en este contexto sumamente complejo, la administración actual logró reducir la inflación interanual en relación a 2019 y 2018. Si bien los datos de diciembre se publicarán a mediados de enero del 2021, todo hace indicar que la inflación cerrará 2020 en torno al 34,8%-35,5%, reduciéndose casi 20 puntos en relación a diciembre 2019. El desafío será administrar la puja distributiva que se viene para 2021, mientras paulatinamente se supera la pandemia (a medida que las vacunas lo permitan) y se sigue administrando el tipo de cambio oficial, sin que se desalinee de la inflación. Sin duda evitar una disparada de devaluación y precios es el principal desafío en materia inflacionaria para 2021, en un contexto en que se recalentó la economía producto de la mayor actividad y el aumento de la brecha cambiaria.
Si comparamos la dinámica de la inflación mensual entre 2020 y 2019, solo un mes del 2020 (octubre) superó al mismo mes del 2019 (3,8% vs 3,3%), mientras que, en el resto de los meses, 2019 presentó tasas mensuales más altas (y todo indica que en diciembre ocurrirá lo mismo).

Si comparamos los últimos 4 años, en 2020 la tasa de inflación interanual de diciembre será de 18,4% menos que en 2019 y 12,2% menos que en 2018, mientras que se va a ubicar un 10,7% por encima que el cierre de 2017. 
En la última gestión, el promedio de la inflación anual se elevó 13 puntos en relación a lo que fue el periodo 2012-2015. Mientras que durante la última gestión del kirchnerismo el promedio de la tasa de inflación fue en torno al 29% anual, durante el gobierno de la alianza Cambiemos el promedio anual terminó en torno al 42%, finalizando el mandato con la tasa interanual de inflación más alta desde 1991, siendo de 53,8% en diciembre del 2019.

Si bien las explicaciones de la inflación son multicausales, en Argentina la evidencia muestra que el principal canal de traslado a los precios es el tipo de cambio. En un país que es bi-monetario, con crisis financieras recurrentes, inflación crónica moderada y alta, es razonable que el peso no funcione como reservorio de valor del ahorro de las familias y empresas, y que el sustituto sea el dólar. Además, dado que una parte importante de los bienes de capital para producir en las industrias son importados, las presiones extra que se generan en el tipo de cambio por las demandas de divisas para ahorrar repercuten finalmente en la economía real, dado que ante devaluaciones se encarecen los insumos importados y esto se traslada precios. En definitiva, el canal del tipo de cambio, con sus ramificaciones, es el de mayor impacto inflacionario.
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