INGRESOS

La red de protección infantil sostiene a 7,4 millones de chicos, pero pierde fuerza frente a la inflación

Compartí esta noticia !

Argentina consolidó en los últimos quince años uno de los sistemas de protección social infantil más extensos de la región, basado en tres herramientas centrales: la Asignación Universal por Hijo (AUH), la Prestación Alimentar y el apoyo alimentario del Plan 1.000 Días. Sin embargo, el nuevo análisis de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) muestra que, aunque estas políticas siguen siendo determinantes para evitar un salto mayor en la pobreza y la indigencia, su capacidad de respuesta está cada vez más tensionada por la inflación, los cambios normativos y la inestabilidad económica.

La primera conclusión es estructural: mientras la pobreza y la indigencia alcanzaban niveles críticos entre 2023 y 2024, el Estado debió sostener un volumen cada vez mayor de transferencias. Hoy se registran más de 7,4 millones de prestaciones, frente a los 4,7 millones de 2009. La AUH y la AUE representan el núcleo más estable del sistema, con más de 4,3 millones de beneficios, mientras que la Prestación Alimentar y el apoyo alimentario del Plan 1.000 Días completan una red que creció en paralelo al deterioro social. No se trata de una ampliación impulsada por mejores condiciones económicas, sino por la necesidad de contener a una población más vulnerable.

En términos presupuestarios, estas políticas ocuparon un lugar cada vez más relevante. La inversión social en niñez y adolescencia volvió a estabilizarse en torno al 1% del PBI, un nivel similar al registrado durante la pandemia. La AUH recuperó participación en 2024 y 2025, tras años de caída; la Prestación Alimentar adquirió peso propio desde la pandemia y continúa siendo uno de los programas más masivos; y el Plan 1.000 Días, aunque de menor magnitud relativa, se multiplicó en valor y alcance.

La evolución del poder adquisitivo de estas prestaciones muestra un comportamiento desigual. La AUH, que había tocado su mínimo real a finales de 2023, logró una recuperación significativa a partir de un aumento extraordinario y del nuevo esquema de actualización mensual por inflación. Gracias a esa combinación, alcanzó uno de los valores reales más altos de su serie histórica.

La situación es muy distinta para la Prestación Alimentar. Al depender exclusivamente de aumentos discrecionales -y no de una fórmula automática de movilidad-, su valor real sufrió un deterioro persistente desde 2022. Cada incremento nominal se vio rápidamente erosionado por la inflación, lo que dejó a las familias con un nivel de protección alimentaria sensiblemente menor que en los años de mayor refuerzo estatal.

El apoyo alimentario del Plan 1.000 Días muestra un recorrido inverso. Tras funcionar durante su primera etapa como una prestación de muy bajo valor real, registró un salto abrupto en 2024, cuando un aumento del 500% redefinió su escala. Desde entonces, la indexación mensual permitió preservar ese nuevo nivel, transformándolo en un componente mucho más robusto del esquema de seguridad alimentaria en la primera infancia.

El impacto de estas prestaciones en el mapa social es contundente. Según las simulaciones de la OPC, sin AUH, Prestación Alimentar y Plan 1.000 Días, la indigencia sería 82% más alta. La incidencia sobre la pobreza también es significativa: estos programas evitan que más de 1,5 millones de personas caigan por debajo del umbral. En el caso específico de la indigencia, la red de protección estatal impide que 2,67 millones de personas -y más de 600 mil hogares– queden sin ingresos suficientes para cubrir siquiera la canasta básica alimentaria.

El informe concluye que, en su diseño actual, estas políticas funcionan como un “piso transicional” de ingresos más que como un mecanismo estructural de reducción de la pobreza. Su eficacia depende tanto de su capacidad de mantener el poder adquisitivo como de la evolución de la macroeconomía. Y allí reside el principal desafío: sin crecimiento y sin estabilidad, la expansión de la red asistencial seguirá siendo un reflejo de la emergencia social, no el resultado de una mejora sistémica.

En síntesis, la Argentina sostiene una red que evita un deterioro mucho más profundo, pero lo hace en un contexto donde la inflación y la fragilidad económica obligan a ajustes permanentes. La protección a la niñez —más numerosa dentro de los sectores pobres e indigentes— se mantiene como una prioridad ineludible, pero su futuro dependerá de si la política económica logra generar las condiciones para que este andamiaje se vuelva menos reactivo y más sostenible.

Compartí esta noticia !

Argentina tiene el salario mínimo en dólares más bajo de la región

Compartí esta noticia !

La promesa del presidente Javier Milei, realizada en noviembre de 2023 cuando era electo, de que “en 2025 los salarios en dólares van a volar”, no solo no se cumplió, sino que los ingresos de los trabajadores se desplomaron a niveles históricos.

Aseguran que el gobierno de Javier Milei utilizó el sueldo de los trabajadores “como ancla del ajuste y la desaceleración de la inflación”.

Un informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) reveló que, actualizado a noviembre de 2025, el salario mínimo de Argentina es el más bajo de toda la región.

Con apenas 225 dólares, Argentina se ubica en el “furgón de cola”, por debajo de países como Bolivia (395 dólares) o Paraguay (411 dólares). El ranking es liderado por Costa Rica (729 dólares), Uruguay (593 dólares) y Chile (567 dólares).

Poder adquisitivo inferior al de 2001

El deterioro no es solo en la comparación regional, sino también en el poder de compra interno. Un informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA advirtió que el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) acumuló una pérdida de poder adquisitivo del 34% entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025.

El desplome comenzó en diciembre de 2023 (-15%) y enero de 2024 (-17%). Como resultado, el salario mínimo real “alcanzó en septiembre de 2025 un nivel inferior al de 2001, previo al colapso de la convertibilidad”.

Los salarios registrados también caen

La caída no afectó solo al salario mínimo. Según datos del INDEC, los trabajadores registrados también perdieron contra la inflación en septiembre.

Mientras la inflación de ese mes fue del 2,1%, los salarios del sector privado registrado avanzaron apenas 1,4% y los del sector público, 1,1%.vrdhJQ

Los datos de Celag sobre la desigualdad general son alarmantes: dos tercios de la población tienen ingresos por debajo de la media y el 77% de los hogares tienen un ingreso per cápita inferior a 800 mil pesos (542 dólares).

Compartí esta noticia !

Según un informe, salarios y jubilaciones “no logran recuperar nada de lo perdido” desde la asunción de Milei

Compartí esta noticia !

Un reporte del Mirador de Actualidad del Trabajo y la Economía detalló, además, que la inflación “no ha vuelto a bajar” y lleva “casi 5 meses al alza”.

Un informe realizado por el Mirador de Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) detalló que los salarios y las jubilaciones, al mes de septiembre, “no logran recuperar nada de lo perdido” desde el inicio del gobierno de Javier Milei, en diciembre del 2023.

El informe del MATE sostiene que la inflación “lleva casi cinco meses al alza”, siendo la última de agosto del 1,9%, y provoca “un valor que marca la persistencia del problema inflacionario”.

“Es un magro resultado teniendo en cuenta el alto costo social, financiero y productivo al que se sometió a la sociedad argentina con la excusa de bajar la inflación”, señaló el reporte económico.

Con relación al salario del sector público, quedó 19% por debajo del nivel de diciembre del 2023 y acumula 10 meses en ese mismo nivel.

De esta manera, cada trabajador del sector público perdió $8,1 millones desde el inicio del gobierno de Milei.

El salario del sector privado tampoco repuntó: se estancó cinco puntos por debajo del nivel que tenía al asumir Milei y, al igual que el de la administración pública, hace 10 meses que no crece.

Es decir, que desde diciembre del 2023 cada trabajador acumula una pérdida de $1,7 millones.

Con respecto a las jubilaciones, el poder de compra continúa estancado un 23% por debajo de 2023. Es decir, que cada jubilado acumula, en promedio, una pérdida de casi $4 millones.

En cuanto a la transferencia de ingresos que se produjo en la economía argentina, el informe del Mirador de Actualidad del Trabajo y la Economía precisó que un total de $55 billones estuvo destinado a otros sectores de la economía como consecuencia de “la caída del costo salarial”.

De ese total, entre los sectores que más perdieron se encuentran los ingresos de los trabajadores asalariados (-$40,1 billones), la recaudación de la seguridad social (-$9,4 billones), las obras sociales (-$4 billones) y los sindicatos (-$1,5 billones).

“Con una inflación que no ha vuelto a bajar y lleva casi 5 meses al alza, los salarios y las jubilaciones no logran recuperar nada de lo perdido al inicio del gobierno de (Javier) Milei, configurándose así una nueva realidad con salarios y jubilaciones bajas para todos y todas”, señaló el MATE.

El Informe de la coyuntura económica, realizado por el Mirador de Actualidad del Trabajo y la Economía, elabora datos con información proveniente de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social; el Ministerio de Economía; la Secretaría de Hacienda; el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y dependencias provinciales de estadísticas y censos, el Banco Central (BCRA); la Oficina Nacional del Presupuesto; la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES); la Comisión Nacional de Valores (CNV); la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA); y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, entre otros organismos.

Compartí esta noticia !

Entre canastas: por qué baja la pobreza en los números pero no en la percepción

Compartí esta noticia !

Cada vez que se conoce el dato de pobreza en la Argentina se genera una fuerte polémica, sin importar cuál sea el resultado. Cuando la pobreza sube, se lo atribuye a una consecuencia “inevitable” de la coyuntura económica; cuando baja, se pone en duda la validez de la medición y se la califica como “no representativa”. 

Esto último volvió a ocurrir esta semana, tras conocerse que el INDEC informó una tasa de pobreza del 31,6% en el primer semestre del año. El debate sobre la “representatividad” del dato es legítimo y tiene múltiples aristas, aunque no hay margen para dudar de que el organismo aplica con rigurosidad la metodología vigente. 

La pregunta entonces no es si el dato está mal calculado, sino dónde podría residir el problema de sobrerrepresentación. La respuesta más clara está en la metodología misma.

La pobreza en Argentina se mide a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que releva información sobre ingresos en los principales aglomerados urbanos. El método compara los ingresos de los hogares con el valor de dos canastas de referencia: la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que define la línea de indigencia, y la Canasta Básica Total (CBT), que agrega a la anterior los bienes y servicios no alimentarios considerados esenciales, como vivienda, transporte, salud, educación y vestimenta. En cada región se calculan los valores de las canastas a partir de la estructura de gastos de los hogares y la evolución de los precios. La CBA se valúa con una canasta específica de alimentos y se ajusta según los precios del IPC, mientras que la CBT se calcula mediante el coeficiente de Engel, que surge de la proporción entre gasto en alimentos y gasto total. 

El inconveniente es que este coeficiente proviene de encuestas de gasto de los hogares realizadas hace muchos años, lo que provoca que rubros hoy centrales (alquileres, servicios públicos, transporte, comunicaciones o servicios digitales) estén subrepresentados, con el riesgo de que la canasta total quede “chica”. Esta es una de las principales críticas al método vigente, ya que la estimación de la CBT puede no reflejar de manera adecuada la estructura de gasto contemporánea. 

A ello se suma la insuficiente actualización de la canasta utilizada para medir el IPC, lo que genera que productos y servicios actualmente relevantes tengan un peso muy bajo o no figuren en la medición oficial.

Existen además otros factores que inciden en la lectura de los datos. Los cambios abruptos en precios relativos, propios de una economía con alta inflación, alteran los hábitos de consumo y pueden distorsionar los cálculos. A esto se suman modificaciones en la captación de ingresos en la EPH, que si bien mejoran la calidad del registro, pueden alterar la comparación histórica: un mejor relevamiento de ingresos reduce la pobreza medida, aunque ello no necesariamente signifique un aumento real en el poder adquisitivo de los hogares.

Un punto central en este debate es que el concepto de pobreza utilizado en Argentina es estrictamente monetario. La línea que divide a pobres y no pobres se traza únicamente con base a ingresos, sin incorporar dimensiones adicionales vinculadas al acceso a servicios, vivienda, educación o calidad del empleo. Este enfoque tiende a chocar con la percepción social: gran parte de la población se siente más empobrecida de lo que reflejan los datos oficiales

No se trata de que el INDEC “mienta” o “dibuje” cifras, sino de que la metodología vigente captura de manera incompleta un fenómeno complejo y volátil como la pobreza en la Argentina.

Pero ahondemos un poco más en los datos principales para Posadas. En el período de referencia, la pobreza fue del 38,1%: contra igual semestre del 2024, cayó en 17,8 puntos porcentuales; contra el semestre anterior (es decir, el segundo del 2024) la disminución fue de 5,3 puntos; además, logró posicionarse también por debajo de los niveles del segundo semestre 2023 (38,4%) y volvió a iguales niveles que el primer semestre 2020 (también 38,1%). 

Contra igual período del 2024, la reducción de la pobreza alcanzó a unas 67.656 personas, mientras que unas 20.078 personas dejaron de ser pobres en los últimos seis meses en el aglomerado misionero. ¿Cómo se logró esto? Veamos punto por punto. Las Canastas Básicas para el NEA se movieron relativamente en línea con el IPC, aunque con una velocidad algo menor: a nivel interanual, la CBA creció 38,0%, la CBT 42% pero e IPC “solo” 37,1%. A nivel semestral, los precios crecieron al 13,2%, la CBA creció levemente por encima (13,3%) pero la CBT lo hizo en 12,4%. ¿Qué nos muestra esto? Que los valores de las canastas básicas (indicativos de las líneas de pobreza e indigencia) crecieron menos que la inflación. Esto es clave para entender algunos aspectos como “si el salario cae en términos reales, como puede ser que baje pobreza”, aunque volveremos con ello luego. 

Ya detallamos que, en el NEA, la CBA creció 38,0% interanual y 13,3% semestral mientras que la CBT lo hizo en 42% interanual y 12,4% semestral. En ese marco, ¿Cómo se movieron los ingresos en Posadas? Todos los indicadores de este tipo crecieron por encima de la variación de la CBT: la suma del ingreso familiar (es decir, la suma de todos los ingresos que haya en un hogar incluyendo laborales y no laborales) creció 108,0% interanual y 28,9% semestral; los ingresos laborales crecieron mas que los no laborables (para el interanual, +119,2% y 81,9% respectivamente; para el semestral +31,7% y +21,8%); en esta línea, la media del Ingreso Per Cápita Familiar creció 105,7% interanual y +26,9% semestral, al tiempo que la media del ingreso por adulto equivalente tuvo variaciones de 106,1% interanual y 27,5% semestral. 

Hasta aquí vimos cómo, en términos relativos, los ingresos en Posadas crecieron por encima de las canastas regionales. ¿Qué se observa en valores absolutos? Posadas tiene el ingreso por adulto equivalente más alto del NEA con $ 518.412, cuando en Corrientes es de $ 456.110; en Formosa de $ 453.137; y en Gran Resistencia por $ 394.022. En ese marco, la Canasta Básica Total promedio del NEA para un adulto equivalente fue de $ 293.567. Esto nos dice que el ingreso medio por adulto equivalente de Posadas le permitió adquirir 1,42 CBT, por encima de 1,25 de Corrientes y 1,26 de Formosa. Sin embargo, esos dos aglomerados mostraron niveles de pobreza inferior al misionero, por lo cual entra en juego, entonces, la distribución de esa media. 

¿La mejora de los ingresos de Posadas vino de la mano del empleo? Según el INDEC, no necesariamente. El mismo informe del organismo dice que la tasa de empleo cayó 3,1 puntos semestral y -5,5 interanual, por lo que la mejora de los ingresos laborales principalmente se pudo haber dado por recomposición de sectores, pero no por mayor apertura del mercado de trabajo que tomó el camino inverso. Pero aun con ello, la mayor parte del sector privado formal, por caso, ha tenido un retroceso salarial durante buena parte del primer semestre del año.

¿Cómo entender, entonces, la aparente contradicción entre caída del empleo, retroceso salarial en segmentos formales y, a la vez, una fuerte baja de la pobreza? La respuesta está en la propia dinámica metodológica. La pobreza se mide en función de si los ingresos superan o no el valor de las canastas.

Durante el período analizado, los ingresos familiares en Posadas crecieron muy por encima de la CBT, lo que permitió a una parte importante de los hogares ubicarse por encima de la línea de pobreza, aun con un mercado laboral debilitado, aunque ello no necesariamente implica una mejora en la calidad de vida. En el mejor de los casos, podría “estabilizarse” una condición, pero no necesariamente mejorarla. 
El dato de pobreza se cruza con otros, además, como el nivel de morosidad récord de hogares. Al final del día, entonces, la cuestión se reduce en que el INDEC toma el ingreso total respecto a una canasta subrepresentada, pero no se considera lo que se llama el “ingreso disponible” que es, al final del día, el que le da calidad de vida a la gente.

Si mis ingresos crecen por encima de inflación, pero mis costos fijos crecen por encima de ello incluso con conceptos no representados (o mínimamente representados) en la canasta (como alquileres que sí se considera pero con alta subponderación; o como cuotas de créditos personales, por ejemplo) entonces no seré estadísticamente pobre, pero vivo mi vida en condición de pobre.

Compartí esta noticia !

Entre la recuperación y la desigualdad: radiografía de los ingresos en Posadas

Compartí esta noticia !

La semana pasada adelantamos que íbamos a analizar la evolución de los ingresos de los habitantes de Posadas según los datos de la EPH-INDEC. El dato central es que, en el primer trimestre de 2025, el ingreso per cápita familiar (IPCF) alcanzó los $510.450, el valor más alto del NEA y con un crecimiento real del 39% respecto al mismo período de 2024. A partir de allí, retomamos el tema para profundizar en sus componentes.

En primer lugar, ¿a qué se refiere el ingreso per cápita familiar (IPCF)? Según la definición del INDEC, se trata del cociente entre la suma de los ingresos totales individuales de los miembros del hogar y su cantidad de integrantes. Naturalmente, en hogares con más miembros el ingreso total suele ser mayor, pero también lo son las necesidades de gasto. Además, no todos los integrantes de un hogar generan ingresos. 

Dicho de manera simple: no es lo mismo un hogar de cuatro personas con dos perceptores de ingresos que uno de siete personas con solo tres perceptores.

En línea con esto, no debe confundirse IPCF con salario, por ejemplo, no solo por el hecho de que, al ser per cápita considera a miembros sin ingresos, sino porque además los ingresos de un hogar están determinados por salario (en caso de que exista) y por ingresos no laborales, que pueden ir desde el cobro de un programa social como de la renta de inversiones. Aún con estas consideraciones, el IPCF es un buen indicador de condiciones de vida en aspectos monetarios y es una de las variables (no la única) para determinar, por ejemplo, indicadores de pobreza. 

Como se dijo, al primer trimestre de 2025 el IPCF de Posadas fue de $510.450, el mayor valor en el NEA. Si se observa la serie histórica, la capital misionera se mantuvo siempre en esa posición, lo cual se verifica tanto en los informes semestrales de pobreza del INDEC como en el análisis de microdatos de la EPH de frecuencia trimestral.

Ahora bien, cómo se desagrega ese IPCF: para esto, cabe observar los IPCF para cada decil de ingresos, que son una herramienta estadística utilizada para analizar la distribución del ingreso en la población. Consisten en dividir a todos los hogares (o personas) en diez grupos de igual tamaño, ordenados desde el menor hasta el mayor nivel de ingresos. De este modo, cada decil representa al 10% de la población: el primer decil corresponde al 10% con menores ingresos, mientras que el décimo decil agrupa al 10% con mayores ingresos. Este enfoque permite observar con mayor precisión las brechas entre distintos segmentos sociales y evaluar la desigualdad en la distribución de los recursos económicos.

En Posadas, el decil 1, es decir, el de menores ingresos, mostró un IPCF de $ 207.205, un 60% menos que la media del IPCF del aglomerado. 

Por su parte, el decil 10 (el de mayores ingresos) mostró un IPCF de $ 1.382.183 (+171% de la media general). Entre el decil 1 y decil 10, hay una brecha de 6,67, cuando en el primer trimestre era de 6,78. Es una diferencia menor, pero marca una reducción de la brecha de ingresos. ¿Por qué se produjo esa brecha? Porque el decil 1 mostró una variación interanual real del 22,6% de su IPCF mientras el decil 10 creció en 20,7%. Esa diferencia permitió reducir la brecha de desigualdad y mostró un mejor desempeño en los hogares de menores ingresos. 

Ahora bien, el IPCF total de Posadas creció 39,2%. Esto demuestra que tanto el decil 1 como el 10, si bien mejoraron con fuerza, lo hicieron bastante por debajo del total general. ¿Dónde estuvo entonces el mayor impulso en el aglomerado? Hubo una mejora muy importante en el decil 3, donde el IPCF creció al 78,2%, aunque debe destacarse el hecho de que venía bastante retrasado: por caso, en el cuarto trimestre 2024 había caído 7,2%, mientras que en el decil 1, por ejemplo, ya había mostrado alzas del 26,2%. La otra suba fuerte se ve en el decil 6 con 49%, siendo también que había caído en el trimestre anterior (-5,8%) y en el decil 9 con +47,3% (con baja en el trimestre previo del -14,8%).

Es decir, se puede observar una especie de corrección: los deciles con mayores alzas se recuperan de caídas en el período anterior y los de crecimiento más moderado ya habían iniciado un proceso de recuperación.

El dato más relevante es que, más allá de la intensidad desigual, todos los deciles mostraron aumentos de su IPCF en el primer trimestre de 2025, algo que no había ocurrido ni en 2023 ni en 2024.

Para comprender mejor estas variaciones, es útil observar otro indicador: el Ingreso Total Individual (ITI). Este refleja el monto total que percibe cada persona, tanto de fuentes laborales como no laborales. La diferencia con el IPCF es metodológica: mientras el ITI mide ingresos a nivel individual, el IPCF los ajusta por tamaño del hogar. Esto explica que, aunque el ITI crezca con fuerza, el incremento en el IPCF puede ser menor, dado que los ingresos deben repartirse entre todos los miembros del hogar.

¿Para qué miramos el ITI? Para ver si la mejora de ingresos viene de fuentes laborales o de las no laborales. Pero antes, ¿qué entendemos por fuentes no laborales? Esto abarca un amplio abanico de opciones, desde jubilaciones o pensiones; alquileres, rentas o intereses; utilidades, beneficios o dividendos; seguro de desempleo; indemnización por despido; beca de estudio; cuota de alimento; aportes de personas que no viven en el hogar, subsidios estatales; venta de pertenencias personales; y herencias, entre otros. Algunos ingresos no laborales pueden ser fijos (es decir, lo cobran todos los meses como una jubilación, un alquiler o una AUH) y otros pueden ser de única vez o de vez ocasional, pero todo lo efectivamente percibido se suma al momento de elaborar estos datos.

¿Qué nos muestran los datos para Posadas? En primer lugar, hay que señalar que el ITI promedio de Posadas se ubicó en $ 744.209 y creció 46%, un alza superior al del IPCF. La diferencia en las variaciones se explica por la forma en que se construyen ambos indicadores. Mientras que el ITI refleja la evolución de los ingresos de cada persona en particular, el IPCF pondera esos ingresos según el tamaño del hogar y la cantidad de integrantes que lo componen. De esta manera, aun cuando los ingresos individuales crezcan con cierta intensidad, al distribuirlos entre más miembros de un hogar el aumento efectivo per cápita puede ser menor.

Ahora bien, volviendo al ITI, los datos muestran que el 74% del total corresponde a ingresos laborales y el 26% a ingresos no laborales. Pero dicha distribución cambia según el decil donde nos paremos. En los deciles 1 y 2, los ingresos no laborales explican entre el 45% y 48% del ingreso individual total; pero en los deciles 9 y 10 explican el 11% y 23% respectivamente. Este último dato parece ser algo extraño: mayor ingreso no laboral en el decil más rico: esto responde a una recomposición de ingresos por revaloración de activos, algo que los deciles más chicos no tienen.

¿Pero cómo cambió esta composición entre el inicio del 2024 y el de 2025? En el primer trimestre 2024, los ingresos no laborales del decil 1 explicaban el 34% del ITI, pasando al 48% en el primer trimestre 2025; similar, pero en mucha menor intensidad, en el decil 2 pasó del 44% al 45%. ¿Qué puede explicar esto? Posiblemente, la mejora real en asignaciones familiares (la “Asignación Universal para Protección Social”, AUH entre otros, creció 36% en el primer trimestre). Por su parte, en el otro extremo, los ingresos no laborales explican el 35% en el decil 9 en 2024 y bajaron al 11% en 2025, pero en el decil 10 pasó de 18% al 23%. ¿Cómo entenderlo? En el caso del decil 9, esta caída en la participación de los ingresos no laborales puede vincularse a la importancia relativa que tienen en este grupo las jubilaciones y pensiones de haberes altos, así como algunas rentas secundarias (por ejemplo, alquileres) que tendieron a rezagarse en el último tiempo. 

Por el contrario, en el decil 10 los ingresos no laborales están más asociados a rentas de capital y financieras, que se expandieron en términos relativos y lograron incrementar su participación en 2025. 

Por ende, vemos un comportamiento similar entre el decil 1 y el decil 10, aunque por razones muy diversas. 

En resumen, Posadas muestra un escenario de mejora generalizada, con un IPCF que creció con fuerza y, por primera vez en varios años, con todos los deciles en alza. Esta expansión se tradujo en una leve reducción de la brecha entre los extremos de la distribución, aunque la desigualdad estructural sigue siendo significativa y aquí hay que estar muy alertas para poder conocer niveles de pobreza: aun con un incremento de los ingresos, la distribución podría “contener” con cierta intensidad una eventual mejora en esa tasa.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin