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RENATRE y el INTA finalizaron un ciclo de capacitaciones para trabajadores rurales

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En el marco del convenio de cooperación técnica entre RENATRE e INTA finalizó un cronograma de capacitaciones desarrollado en 7 municipios y que abarcó a más de 250 cosecheros de yerba mate.

La totalidad de los encuentros realizados abordaron el desarrollo de buenas prácticas de cosecha, describiendo los principios básicos a seguir para realizar un adecuado manejo de planta y las etapas de la cosecha. Esta labor involucró el aporte de técnicos de las unidades de extensión de las localidades donde se realizaron las capacitaciones, quienes se sumaron a las disertaciones de los Ingenieros Agrónomos Néstor Munaretto y Oscar Burtnik. También, realizó una gran tarea para proveer de la logística necesaria para una buena experiencia de los participantes.

En este sentido, el Ing. Agr. Oscar Burtnik, Asistente Regional de Extensión del Centro Regional INTA Misiones expresó que “en estos espacios de trabajo se intercambian saberes y se tiende a revalorizar el rol del podador de yerba, poniendo en valor a la capacitación como una herramienta que permite la dignificación de la tarea. Desde el ámbito profesional tratamos de simplificar pero a la vez estandarizar la metodología de cosecha de yerba mate, enfatizando aquellos aspectos que permiten el cuidado de la persona, del yerbal y del producto como alimento”.

Asimismo, en lo que refiere a Buenas Prácticas en cultivo y cosecha de yerba mate se trabajó a través de la difusión del Manual elaborado en el Marco del ProNaPre (SRT). Durante esta serie de capacitaciones se presentó a los participantes el Manual de Buenas Prácticas que enfatiza en la seguridad y prevención de accidentes en la actividad yerbatera.

El Ing. Agr. Guillermo Arndt de la EEA INTA Cerro Azul señaló que “este manual fue elaborado en el marco del ProNaPre, en donde se describen todas las tareas que se realizan en la actividad yerbatera y se identificaron todos sus riesgos y además se brindan sugerencias para disminuir los riesgos”.

Además, Arndt remarcó que “como parte de la capacitación se difundieron aspectos vinculados al traslado de los trabajadores a su lugar de trabajo, descripción e importancia del uso de ropa de trabajo y EPP acordes a la actividad que realizan, uso y mantenimiento de herramientas (tijeras y serruchos), uso y mantenimiento de carritos para raídos, carga y traslado de los raídos con guinche, entre otros puntos”.

Finalmente, desde RENATRE se trabajó en torno a las leyes N°25.191 y 26.727 y desde el Ministerio de Trabajo en lo que refiere a prohibición del trabajo infantil y protección del trabajo adolescente.

Cabe destacar que el desarrollo de estas capacitaciones contribuye a jerarquizar la labor de los cosecheros de la yerba mate y promover una especialización de su tarea. Por otra parte, promueve una concientización y mayor conocimiento sobre legislación y medidas de cuidado para el buen desarrollo de la actividad laboral en la cosecha de yerba mate.

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De 9.000 promotores voluntarios de Prohuerta en todo el país, el 67% son mujeres

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El programa Prohuerta surgió en 1990 con el objetivo de que los sectores más vulnerables de la sociedad puedan acceder a alimentos sanos, con lo cual la solidaridad y la participación son dos de sus puntales más fuertes, y esa participación se nutre actualmente de 8.877 promotores voluntarios en todo el país, entre los cuales se destaca el rol de la mujer, que abarca el 67% del voluntariado.

Las promotoras y los promotores voluntarios de Prohuerta son un nexo entre el trabajo técnico del programa y la comunidad, cuyas principales actividades son la distribución de semillas y aves, el acompañamiento a huertas y granjas, acciones de articulación territorial, capacitación y difusión de acciones.

La iniciativa “tiene una semilla que en la comunidad va germinando procesos de desarrollo; fortaleciendo y creando redes comunitarias; permitiendo que la comunidad se organice y, a su vez, que vaya generando procesos de transformación a nivel territorial”, resaltó Jorge Cefarelli, asistente regional de Prohuerta y Agricultura Familiar en el centro regional Corrientes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

“La mayoría de los promotores a nivel territorial son mujeres, más allá de que, cuando se plantea la imagen del campo, la mujer como productora muchas veces está invisibilizada”, afirmó Cefarelli en declaraciones a Télam.

En esta línea, puntualizó que “al campo se lo piensa como algo masculino y en realidad las tareas que se llevan adelante están vinculadas con la mujer, su importancia a nivel de la chacra, la alimentación y la producción de alimentos”.

Con lo cual, “son estas promotoras las que van tejiendo esas redes a nivel comunitario”, sostuvo el integrante de INTA, organismo que cogestiona Prohuerta junto con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

“No es casualidad que uno invisibilice el trabajo de la mujer en la ruralidad, cuando ellas son quienes en realidad llevan adelante jornadas extensas con una sobrecarga de trabajo, entre el productivo, de cuidado, el doméstico, y todo lo comunitario”, destacó Cefarelli.

En este sentido, recordó una experiencia que vivió en primera persona en los departamentos correntinos de Goya y Lavalle.

“Corrientes es una provincia patriarcal, masculinizante, donde las mujeres de ProHuerta comenzaron una experiencia de promotoras en 2005 y fueron ganando espacios como dirigentes en sus organizaciones y, a su vez, pudieron apropiarse de la palabra”, contó Cefarelli.

Las mujeres de Goya y Lavalle “se transformaron en comunicadoras populares, comunitarias, y empezaron a visibilizar sus problemáticas”.

“Cuando llegábamos a las comunidades, el agricultor familiar decía que con los ingenieros iban a conversar los hombres y que las mujeres hagan lo propio con el comunicador; a partir de eso surgió la idea de comunicación comunitaria donde ellas empezaron a reconocerse con la posibilidad de comunicar para visibilizar sus problemas”, amplió el referente de Prohuerta.

A tal punto que –subrayó el funcionario– “todo ese proceso les permitió conformarse como una organización en 2010 y actualmente cuentan con una radio FM donde transmiten sus problemáticas, dándoles la posibilidad de reconocerse con la carencia de un derecho”.

De esta manera, Prohuerta “no va visibilizando a partir de un proceso de entrega de semillas o de pollitos, sino que es una política pública que va generando la posibilidad de ir reconociendo derechos a nivel comunitario”, concluyó Cefarelli.

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Entre Ríos: impulsan el cultivo de kiwi como fruta primicia

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El kiwi es una planta trepadora que tiene una fruta del tipo baya. En el país, alrededor del 50 % de la producción proviene del sudeste de la provincia de Buenos Aires, que es la principal área de cultivo. Sin embargo, en los últimos años, en la región del Río Uruguay comenzaron algunos emprendimientos comerciales de frutales no tradicionales, entre ellos el kiwi. Por esto, desde el INTA Concordia –Entre Ríos– impulsan el cultivo del kiwi como fruta primicia.

“La región posee la ventaja de tener experiencia en la producción de frutales, con una fuerte tradición en cítricos, y más recientemente de arándanos y kiwis”, detalló María Fernanda Rivadeneira, investigadora en ecofisiología de frutales del INTA Concordia –Entre Ríos–.

La cosecha del kiwi se realiza cuando la baya está firme y se puede conservar por un tiempo prolongado, es una fruta ampliamente conocida y valorada por el consumidor debido a su alto valor nutritivo y su sabor agradable.

La región puede aportar a la producción nacional con fruta primicia y obtener mejores precios ya que coincide con momentos del año en los cuales no hay disponibilidad. “En general, la fruta primicia tiene un tiempo corto entre floración y cosecha”, explicó Rivadeneira quien señaló que el cultivo no presenta problemas con hongos y plagas, por lo que no se realizan aplicaciones de fungicidas ni de insecticidas.

En Entre Ríos hay interés creciente en la producción comercial de kiwi, si bien la superficie es aún incipiente. Por esto, el INTA Concordia acompaña y asesora a los primeros productores de la zona sobre prácticas de manejo para una correcta polinización, momento óptimo de cosecha y adaptación de las plantas en quintas comerciales.

Desde 2010, el INTA cuenta con un lote demostrativo con protección de malla antigranizo y un sistema de fertirriego por el cual se administran todos los fertilizantes. Las tareas del lote son comunes a las realizadas en otros frutales, como ejemplo desmalezado, poda invernal para formación de cargadores y eliminación de material, riego y fertirriego.

Las actividades están enmarcadas en el proyecto de Diversificación productiva y agregado de valor en el noreste de Entre Ríos. “Se realiza el seguimiento de los estadios fenológicos y se han realizado experiencias relacionadas al uso de reguladores de crecimiento para mejorar floración y brotación, para evaluar el efecto en el crecimiento del fruto”, agregó la investigadora.

Para su crecimiento y producción, el kiwi necesita acumular 700 horas de frío durante el invierno. En el noreste entrerriano la floración se observa en el mes de octubre y, en años con baja acumulación de horas de frío, estas etapas pueden verse retrasadas. El fruto, una vez formado, crece y alcanza su madurez a finales de marzo.

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Suelos: cómo convertir las amenazas en oportunidades

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El cambio climático es una amenaza para los suelos, principalmente por el calentamiento global y la mayor frecuencia de eventos extremos. Ante esto, especialistas del INTA y del sector privado explican cómo enfrentar las amenazas vigentes y las incipientes que afectan el recurso y convertirlas en oportunidades.

“Existen amenazas vigentes como la erosión hídrica y eólica, las pérdidas de carbono orgánico y almacenes de carbono decrecientes, el desbalance y agotamiento de nutrientes, la salinización y sodificación”, explicó Miguel Taboada, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) y director en Carbon Group Agroclimatic Solutions SRL.

Otras de las amenazas vigentes, de acuerdo a Taboada, son: “la compactación del suelo, una pobre condición estructural, las inundaciones y anegamientos y las pérdidas de biodiversidad –deforestación, pérdida de pastizales y pasturas, degradación de humedales–“. Por otra parte, el experto citó amenazas incipientes como la pérdida de bases y micronutrientes, la acidificación, la contaminación y el uso de tierras agrícolas para urbanización.

A la hora de enfrentar las amenazas para los suelos, “las tecnologías pueden ser preventivas (evitar que las cosas sucedan) o restaurativas (recuperar o remediar los daños ocurridos)”, explicó Taboada. Y agregó: “estas tecnologías ya se conocen hace años, como las buenas prácticas agronómicas, o las terrazas para el control de la erosión”.

Asimismo, de acuerdo con el especialista, “la amenaza del cambio climático puede ser una oportunidad para la mitigación, para disminuir las fuentes de emisión de gases efecto invernadero y para aumentar los almacenes de carbono existentes en la naturaleza (bosques, plantaciones forestales y suelos)”.

A su vez, existen soluciones basadas en la naturaleza, como, por ejemplo, “el uso de los ecosistemas terrestres y los agroecosistemas para almacenar carbono estable, compensado así emisiones de gases efecto invernadero”, afirmó Taboada.

Existen grandes almacenes de carbono sobre la tierra (bosques, plantaciones forestales) y en los suelos como carbono orgánico estable (humus): los suelos de la Argentina poseen un importante potencial de secuestro de carbono, tanto en la región pampeana, y por su enorme superficie en las regiones áridas y semiáridas.

“Otra solución sería evitar deforestación y pérdida de pastizales y pasturas”. Por último, hizo hincapié en las buenas prácticas agrícolas (BPA) para evitar laboreo del suelo, diversificar producciones, rotaciones de cultivos, cultivos de cobertura, manejo adecuado del pastoreo, entre otras.

“Las nuevas demandas de la sociedad nos brindan una oportunidad para mejorar nuestros sistemas productivos y la salud de nuestros suelos. Mayor sustentabilidad y mayor trazabilidad de los debieran ser la línea directriz de nuestra política agropecuaria”, concluyó el director de Carbon Group.

Taboada, quién se desempeño durante casi una década como director del Instituto de Suelos del INTA, fue nombrado recientemente Académico de Número e incorporado a la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria (ANAV).

Calidad y salud

Los términos calidad y salud de los suelos, aunque con diferencias sutiles, pueden ser utilizados como sinónimos. “Son términos que comenzaron a utilizarse con cierta frecuencia en la última década del siglo pasado, en la medida que el suelo deja de ser visto simplemente como un sustrato para la producción de cultivos y pasa a ser observado desde una visión más amplia, como un proveedor de servicios ecosistémicos”, indicó Alejandro Costantini, director del Instituto de Suelos del INTA.

De acuerdo con Costantini, “definir la calidad o la salud del suelo es algo que puede resultar tan complejo como definir al suelo en sí mismo, o estudiar todas sus variables”. A lo largo de décadas se han agregado disciplinas de estudio de la ciencia del suelo que la complejizan y enriquecen.

Siendo tal la diversidad, aparece que en cada uno de estos enfoques hay un punto “optimo” que definiría su estado ideal; aunque aquel suelo de calidad sería el que da la mejor conjunción de todos estos aspectos -físicos, químicos, físico-químicos, biológicos, etc.-.

“La ciencia del suelo ha realizado, continúa realizando y deberá continuar con los esfuerzos de buscar indicadores de calidad que sean confiables, siendo para ello condiciones indispensables que sean repetibles, económicos y fáciles de determinar”, afirmó Costantini. Y agregó: “la tarea puede parecer sencilla, pero es de extrema complejidad y un gran desafío aún a resolver”.

Los aportes del INTA

 “Desde el organismo se trabaja en proyectos para el manejo sostenible de los ecosistemas convergentes en el suelo mediante la generación de buenas prácticas, recomendaciones y desarrollos tecnológicos que permitan aumentar la productividad sin comprometer las capacidades de los sistemas naturales, al contrario, buscando mayor sustentabilidad”, aseguró Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales.

Asimismo, se genera información en nuevas cartografías y bases de datos nacionales sobre atributos y nutrientes del suelo a diferentes escalas. Entre ellas el director destacó los nuevos mapas de disponibilidad de carbono actual, y potencial de secuestro de carbono por tipo de suelo.

De acuerdo con Mercuri, “vale mencionar que alineados a organismos internacionales como la FAO y el IICA se priorizan los esfuerzos para mejorar la salud del suelo como un paso para el logro de los Objetivos y Metas de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS) que son el plan maestro para conseguir un futuro sostenible para todos, específicamente los Objetivos de hambre cero (ODS 2), acción climática (ODS 13) y vida de ecosistemas terrestres (ODS 15)”.

La agricultura argentina tiene la enorme oportunidad de aportar significativamente a la solución de grandes desafíos globales como la disminución del hambre, generando alimentos en cantidad y calidad e incrementando el carbono en el suelo para mitigar el efecto invernadero y disminuir el impacto del cambio climático.

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Biogás: la Argentina avanza para lograr la neutralidad de carbono

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La problemática ambiental es uno de los temas de agenda para la mayor parte de los países del mundo. De hecho, en los últimos años, las negociaciones sobre cambio climático han ocupado un lugar cada vez mayor en el escenario internacional. Por esto, el INTA junto con consultores privados presentaron un estudio que busca cuantificar la emisión de gases de efecto invernadero en la producción de electricidad y calor. Los resultados preliminares indican que la generación de biogás logró una reducción media del 98,5 % de gases de efecto invernadero, en comparación con la generación de energía de forma estándar –a partir de fósiles–.

El estudio, realizado por Jorge Hilbert, Jonatan Manosalva y Karen Poniemann del Instituto de Ingeniería Rural del INTA junto con Ariana Camardelli y Patricio Geretto, consultores privados, se enfocó en hacer un análisis de emisiones en la producción de bioelectricidad y de calor, a partir de biogás, en el complejo Bio 4 Bioeléctrica –BG1, BG2 y CGY–, que forman un complejo de 6 megavatios de potencia total.

Las plantas se integran a la biorrefinería BIO4 de bioetanol de almidón de maíz, ubicada en la provincia de Córdoba, y reciben estiércol de un corral de engorde, sumado a residuos de la industria láctea y aceite de cocina recuperado. Además, inyectan energía eléctrica al sistema interconectado argentino, mediante un contrato con CAMESSA de 20 años.

“Con el fin de fortalecer las bondades de esta tecnología se realizan este tipo de estudios evaluando la capacidad de reducción de emisiones de gases efecto invernadero que se logran en forma comparativa a la alternativa fósil”, expresó Jorge Hilbert –investigador del Instituto de Ingeniería Rural y referente del INTA en la temática– .

Entre los objetivos de la industria del biogás está la reducción del consumo de combustibles fósiles, con el objetivo final de mitigar el calentamiento global y, además, aportar fertilizantes y eventualmente también capturar carbono en los suelos. “Si se logra todo el ciclo se podrían lograr emisiones negativas, es decir, un combustible que en lugar de emitir capture carbono”, expresó Hilbert quien indicó que “es necesario conocer con certeza cuánto se emite y cuáles son los procesos que más GEI generan”.

Para el estudio, se utilizó el cálculo de las emisiones energéticas de la Directiva Europea de Energías Renovables RED II. “Son las normas para el cálculo de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de combustibles procedentes de la biomasa y sus combustibles fósiles de referencia, que pueden ser certificable en el futuro”, indicó Hilbert.

En cambio, para el cálculo de las emisiones de digestato, se siguió una metodología propia. Se otorgó un crédito de 45 gCO2/Mw a las plantas que reciben estiércol del corral de engorde de acuerdo a lo establecido por la normativa europea en esos casos. Las emisiones fugitivas se estimaron según el ISCC (Centro Internacional para la Sostenibilidad y Certificación de Carbono, por sus siglas en inglés) en un 1 %.

La producción total anual del complejo alcanzó los 24.137.469 m3 de biogás, 57.202 MWh de electricidad inyectada a la red nacional y 26.316 MWh como energía térmica utilizada en la biorrefinería. Un total de 320.000 m3 de digestato se produjeron y se lo utiliza en la fertirrigación y en parte se reinyecta en la biorrefinería.

“Se obtuvo una emisión de entre 1,04 y 1,14 gCO2/MJ”, indicó Hilbert quien explicó que “si se establece una comparación entre la generación de energía de forma estándar (a partir de gas fósil) y la generación a partir de biogás, se logró una reducción media del 98,5 %, muy cercana a la carbono-neutralidad tan buscada en el mundo de hoy”.

En esta línea, Hilbert aseguró que “si se compara la producción de energía térmica, la reducción fue de más del 98 % muy cercana a la neutralidad de carbono”. Además, “las emisiones asociadas al digestato, que consideran transporte, aplicación y fertilización, alcanzaron los 1,57 kgCO2eq/m3”, puntualizó.

“Estos resultados abren un enorme panorama de desarrollo a todo tipo de energía que se produce en las plantas de biogás como bioelectricidad, biometano y calor”, destacó el especialista del INTA quien aseguró que “el INTA continuará trabajando junto con la empresa de manera de mejorar aún más estos resultados para lograr un biocombustible y bioelectricidad que tengan una emisión negativa”.

Beneficios del biogás

La Convención de Río de 1992, fue quizás el puntapié inicial para comenzar a trabajar proyectos vinculados con el cambio climático. Con la adopción de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) se avanzó en la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias peligrosas en el sistema climático.

A menudo se destacan los beneficios ambientales de la tecnología del biogás, como una alternativa válida y sostenible a los combustibles fósiles. “Junto con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), el biogás puede mejorar la seguridad energética, gracias a su alto potencial energético”, explicó Hilbert.

Como fuente de energía renovable, “el biogás permite explotar subproductos agrícolas y zootécnicos y residuos municipales, con un menor impacto en la calidad del aire en comparación con las estrategias basadas en la combustión de estas biomasas”, comentó el especialista. Además, “mientras que las cenizas de la combustión encuentran escasas aplicaciones agronómicas, el subproducto de la digestión anaeróbica, es decir, el digestato, parece un material confiable para uso agrícola”, agregó.

Siguiendo a Hilbert, “otra ventaja importante es su fácil escalabilidad, lo que permite explotar el potencial energético de las fuentes de biomasa descentralizadas”.  Por último, detalló que “el biogás puede actualizarse a biometano, utilizarse adecuadamente como combustible para vehículos o inyectarse en las redes nacionales de gas natural”.

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