Desde el Centro Regional INTA Misiones, un equipo liderado por el licenciado en Genética Martín Domínguez desarrolla nuevas variedades de mandioca adaptadas a los distintos suelos y demandas del sector productivo. Con líneas orientadas tanto al consumo fresco como a la industria, el programa busca fortalecer la competitividad de la cadena y ampliar la oferta disponible para los productores de la provincia.
“Queremos ampliar la oferta genética de mandioca en Misiones, brindando opciones adaptadas a distintos suelos, sistemas y mercados. En definitiva, se trata de fortalecer una cadena productiva con enorme potencial para el desarrollo local”, destacó Domínguez.
El equipo del INTA evalúa actualmente 20 cultivares —10 para consumo y 10 industriales— con resultados promisorios en rendimiento y calidad. En el caso del consumo fresco, se realizan catas sensoriales para valorar sabor y textura; mientras que las variedades industriales se analizan por su rendimiento en almidón y productividad por hectárea.
Las pruebas se desarrollan en diferentes zonas de Misiones para determinar su adaptación a los diversos tipos de suelo y microclimas. Además, el INTA trabaja en la reintroducción de materiales del banco de germoplasma de INTA Castelar y en la colaboración con el CIAT (Colombia) para incorporar nuevas líneas con potencial de alto rendimiento.
En la horticultura moderna, el corazón del crecimiento vegetal ya no está necesariamente en la tierra. Los sustratos -esos materiales porosos que reemplazan al suelo tradicional en contenedores, bandejas o macetas- se han convertido en un pilar de la agricultura intensiva y de precisión.
Lorena A. Barbaro, investigadora de la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul del INTA, dedica su trabajo a comprender esa delgada capa donde germina la productividad y la innovación. En su publicación “Sustratos: principales propiedades a tener en cuenta” (Miscelánea N°109/2023), Barbaro sistematiza con rigor científico las claves de este componente esencial para los cultivos bajo cubierta y los sistemas sin suelo.
Un soporte vital para la raíz
“El sustrato no es simplemente un relleno: debe anclar las raíces, permitir la circulación de oxígeno, retener agua suficiente y, en algunos casos, participar en la nutrición mineral”, explica Barbaro. Cada una de estas funciones depende de un delicado equilibrio entre las fases sólida, líquida y gaseosa que conviven en su interior.
El diseño o la elección de un sustrato —advierte la autora— no puede improvisarse: “Debe responder al tipo de cultivo, al sistema de riego, a la forma del contenedor y a las necesidades nutricionales de cada especie”. No existe un sustrato universal. Cada combinación de materiales es una fórmula única que busca armonizar física, química y biología en beneficio del crecimiento vegetal.
Equilibrios químicos y físicos
El pH, la conductividad eléctrica (CE) y la capacidad de intercambio catiónico (CIC) son las variables que determinan la salud química del medio. “Un pH entre 5,3 y 6,8 es ideal para la mayoría de los cultivos, porque mantiene la máxima disponibilidad de nutrientes”, señala Barbaro. Las desviaciones, tanto hacia la acidez como hacia la alcalinidad, pueden provocar deficiencias o toxicidades visibles en las hojas.
En el plano físico, la distribución del tamaño de las partículas es determinante: las más grandes aportan aireación, las finas retienen agua. El desafío está en lograr una proporción que asegure oxígeno para las raíces sin deshidratar el sistema. Materiales como la perlita expandida o la cascarilla de arroz se utilizan para mejorar la aireación, mientras que la turba de Sphagnum o la fibra de coco aportan retención de agua.
Innovación y sostenibilidad
El estudio de Barbaro no se limita a los aspectos técnicos: también subraya la importancia de la sostenibilidad en la elección de los componentes. La extracción de turbas, por ejemplo, tiene un impacto ambiental creciente, lo que abre el camino a alternativas como el compost de corteza de pino o el biochar, un material rico en carbono obtenido por pirólisis.
“El desafío actual —escribe— es producir sustratos estables, eficientes y de bajo impacto ambiental, aprovechando subproductos locales como residuos forestales, cascarilla de arroz o compost agroindustrial”.
Ciencia aplicada al negocio verde
En un contexto donde la agricultura de precisión, los viveros tecnificados y los sistemas hidropónicos ganan terreno, el conocimiento sobre sustratos se vuelve una ventaja competitiva. La autora lo resume con claridad: “Conocer las propiedades de un sustrato es anticipar el resultado del cultivo”.
Por eso, el INTA Cerro Azul, junto a otras instituciones del país, ofrece servicios de análisis físico y químico para productores y empresas que buscan optimizar sus mezclas. La toma de muestras, su correcto envío y la interpretación de resultados forman parte de una cadena de conocimiento que vincula ciencia, producción y negocio.
En tiempos donde el suelo se reimagina en bandejas y macetas, el sustrato se convierte en una tecnología silenciosa, pero decisiva. Como concluye Bárbaro, “no hay planta de calidad sin un medio de cultivo que acompañe su desarrollo”. Y detrás de cada mezcla exitosa, hay investigación, precisión y una mirada sustentable sobre el futuro del agro.
Lo que comenzó como una alternativa para resolver la falta de capacidad en acopios y puertos se convirtió en un verdadero cambio de paradigma en la poscosecha. El silobolsa, fabricado en polietileno y con una capacidad de hasta 200 toneladas de trigo por unidad, almacena entre 50 y 55 millones de toneladas de granos por año en Argentina.
“Esta tecnología se exporta a más de 50 países y se posiciona como un caso de innovación disruptiva, que desde los campos argentinos marcó un antes y un después en la forma de almacenar granos en todo el mundo”, aseguró Ricardo Bartosik, investigador del INTA Balcarce, quien no dudo en especificar que, “el silobolsa puede tener un enorme impacto en el mundo, especialmente en esos países donde hay déficit de almacenamiento”.
En este sentido, dio un paso más al destacar que “el INTA fue un actor clave en todo el proceso, al sentar las bases tecnológicas para su implementación”.
Para el especialista, el futuro está en sumar valor tecnológico, “el próximo paso es incorporar sensores, inteligencia artificial y monitoreo remoto para anticipar problemas y garantizar trazabilidad. El silobolsa no es solo una bolsa: es un sistema que se está proyectando hacia la agricultura digital”.
“El silobolsa brinda ventajas logísticas y económicas clave: genera capacidad adicional en los campos, permite segregar granos, mantener su identidad y reducir costos. Además, se adapta a distintas escalas productivas, desde pequeños agricultores hasta grandes exportadores”, explicó Bartosik.
Además, indicó que este desarrollo aporta flexibilidad y eficiencia económica. “Permite segregar granos, mantener identidad varietal, bajar costos logísticos y generar capacidad extra en el propio campo, eso es innovación al servicio de la producción”.
En referencia a la tecnología, Bartosik reconoció que “el peor enemigo de la conservación de granos es la humedad” y, en este punto, recomendó que este aspecto es una limitante para el tiempo de conservación. Otro aspecto a tener en cuenta, según el especialista, es que “si bien el silobolsa es hermético y flexible, también es frágil”, por lo que aconsejó ser cuidadoso y realizar constantes monitoreos.
En esta misma línea, indicó que el INTA viene acompañando el desarrollo de mecanismos de monitoreo, así como para evaluar la hermeticidad de la bolsa.
El sistema también dio origen a un clúster nacional de empresas que desarrollan maquinaria, insumos, sellados y sistemas de monitoreo, consolidando un ecosistema tecnológico con más de 20 años de experiencia.
El silobolsa, fabricado en polietileno, ofrece una condición hermética que restringe el intercambio de gases, favoreciendo bajas concentraciones de oxígeno y mayores niveles de CO₂, lo que protege la calidad de los granos. Ensayos con maíz, soja, trigo y girasol demostraron que, en productos secos, no se registran pérdidas de calidad durante al menos un año de almacenamiento, incluso bajo condiciones climáticas adversas.
Todo el conocimiento, en un Congreso
Del 15 al 17 de octubre se realizará el 2º Congreso Internacional de silobolsa en Balcarce, Buenos Aires. Esta nueva edición sobre poscosecha de granos se realizará bajo el lema «Expandiendo Horizontes: El Futuro del silobolsa en la Agricultura Global».
En este encuentro se debatirá sobre el silobolsa como una herramienta clave para la agricultura global, adaptándose a los nuevos desafíos, evolucionando tecnológicamente y alcanzando nuevas fronteras. Contará también con jornadas con conferencias, rondas de negocio y un día de campo para conectar saberes, tecnología y futuro.
El congreso reunirá especialistas nacionales e internacionales sobre diversas temáticas entre las que destacan la experiencia de uso del silobolsa en la Argentina y otros países; maquinaria, equipamiento e innovaciones tecnológicas; logística, identidad preservada, trazabilidad y economía; así como hermeticidad, atmósferas modificadas y controladas.
Además, se abordarán las estrategias de prevención de hongos y micotoxinas, ecosistema de granos almacenados en silobolsa y calidad del grano; monitoreo de granos almacenados; control de insectos; buenas prácticas y reciclado de plásticos.
El último informe de la consultora Analytica revela una reconfiguración del gasto público en Argentina, con impactos significativos en el sector agropecuario. En los primeros nueve meses de 2025, el gasto primario cayó 2% interanual a precios constantes, mientras las partidas agrícolas sufrieron una contracción del 6,1%. Estas tendencias se profundizan en el presupuesto proyectado para 2026, que implicaría una reducción real de hasta 16,4% en inversión agropecuaria, afectando áreas clave como investigación, sanidad y productividad. El análisis cobra relevancia en un contexto de exención transitoria de retenciones a la soja, medida con un costo fiscal estimado en $1,6 billones (0,19% del PIB) y efectos directos sobre la capacidad de inversión estatal en el sector.
En septiembre, el gasto primario devengado disminuyó un 2% interanual medido a precios constantes. En el acumulado en los primeros nueve meses se incrementó un 0,9% comparado con igual período del año pasado.
Los mayores aumentos en pesos constantes respecto al acumulado enero-septiembre 2024 fueron las transferencias corrientes a provincias (+42,2%), las asignaciones familiares y por hijo (+15,8%), particularmente la AUH (+23,2%), y los bienes y servicios (+15,0%).
Por otro lado, las partidas con mayores ajustes reales interanuales en el acumulado en los primeros nueve meses fueron los programas sociales (-21,1%), el gasto en subsidios económicos (-45,2%), particularmente los asociados a la energía (-57,0%), y la obra pública (-48,3%) donde la caída se concentra en las transferencias de capital (-61,9%) mientras que las construcciones tuvieron una leve mejora (+4,5%).
Dentro de las transferencias a provincias se encuentran los Aportes del Tesoro Nacional (ATN). En los primeros nueve meses se incrementaron un 206,6% interanual real.
GASTO EN AGRICULTURA
La decisión de eliminar transitoriamente las retenciones al sector agro exportador tiene un costo fiscal de $1,6 billones, 0,19% del PIB. Como se observa a continuación la mayor parte de la menor recaudación proviene de la exención aplicada a la soja y sus derivados —que concentran la mayor parte del valor exportado—, lo que refleja el peso estratégico del complejo sojero en la generación de divisas y en la recaudación tributaria.
Por su parte, durante los primeros nueve meses de 2025, el gasto público asociado a la función “Agricultura, Ganadería y Pesca” registró una contracción interanual del 6,1% en términos reales. Esta caída se suma al fuerte ajuste observado en igual período de 2024, cuando el gasto se redujo un 61,7% real interanual. Aun así, cabe señalar que la reducción del año pasado está influenciada por la alta base de comparación, ya que en 2023 se registró un gasto históricamente alto en esta función, que pudo estar en parte influenciado por la sequía.
En el acumulado entre enero y septiembre de 2025, los fondos destinados al sector agropecuario se concentraron en: “Políticas para el Aumento de la Producción y Productividad en las Cadenas Agroindustriales en Forma Sostenible” (17,9%), “Acciones para la Inocuidad y Calidad Agroalimentaria” (14,7%), “Acciones para la Protección Vegetal” (9,9%), “Acciones para la Sanidad Animal” (9,5%), “Investigación y Desarrollo Pesquero” (6,1%) y “Promoción del Comercio y Producción de Semillas” (2,9%). A su vez, un 38,6% del gasto se concentró en actividades centrales y comunes de la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo, mientras que el 0,30% restante se distribuyó entre los programas “Administración y Control Comercial Agropecuario” y “Políticas para la Gestión del Riesgo Agropecuario”. En particular, este último redujo en gran medida su ponderación, pasando de representar el 8,9% en 2022 y el 6,9% en 2023, a ser el 0,26% en 2025. Aun así, y como se mencionó antes, esto puede explicarse por la sequía iniciada en 2022 y prolongada hasta inicios de 2023, lo cual también puede explicar el motivo de un mayor gasto en esos años.
El proyecto de presupuesto 2026 contempla un crédito de $375.461,2 millones para la función “Agricultura, Ganadería y Pesca” y toma como base de comparación un presupuesto de $351.355,6 millones para 2025, lo que implicaría un aumento nominal del 6,9%. Sin embargo, si se toma como base de comparación al crédito vigente al 2 de octubre, el monto es de $363.704 millones por lo que el aumento nominal sería del 3,2%. Más aún, si se descuenta la inflación promedio proyectada en el presupuesto (14%), se obtendría una caída real del 8,4%, mientras que utilizando nuestra proyección del 23,5%, la caída sería del 16,4%.
INSTITUTO NACIONAL DE TECNOLOGÍA AGROPECUARIA (INTA)
Es uno de los organismos más importantes de la política pública en el sector agropecuario, actualmente es un descentralizado del Ministerio de Economía luego de que el Congreso revierta el DNU 462/2025 que lo reagrupaba a la Administración Centralizada.
En los primeros nueve meses del año, el gasto en el INTA se redujo un 23% real interanual, y se mantiene en niveles históricamente bajos.
El programa principal que ejecuta el INTA es “Investigación Aplicada, Innovación, Transferencia de Tecnologías, Extensión y Apoyo al Desarrollo Rural”, el cual concentra el 71,1% del gasto total del organismo. En lo que va del año, este programa registró una reducción del 15,2% en términos reales respecto al mismo período del año anterior. Por fuera de las actividades centrales, el segundo programa en relevancia es “Investigación Fundamental e Innovaciones Tecnológicas”, que tuvo un recorte interanual del 26,5% a pesos constantes.
La resina de pino, una actividad que históricamente acompañó al desarrollo forestal, está cobrando nuevo impulso en el Nordeste argentino. En la actualidad, este sector genera más de 3.000 empleos directos y sostiene exportaciones por 42,5 millones de dólares anuales, consolidándose como un complemento estratégico de la foresto-industria en Misiones y Corrientes.
El potencial es enorme: en 2024 se extrajeron 52.600 toneladas de resina de más de 18 millones de árboles, cifras que muestran la magnitud de una economía que aún tiene amplio margen de crecimiento. Su valor agregado es evidente: la resina no solo se destina a adhesivos, barnices y pinturas, sino también a fragancias, medicamentos y desarrollos de alta tecnología.
El INTAimpulsa un programa de innovación que combina genética, manejo y agregado de valor. Por un lado, selecciona familias de pino con mayor rendimiento resinero y calidad; por otro, trabaja en prácticas de manejo que optimizan la edad de sangrado, la densidad de plantación y la poda. A ello se suma la búsqueda de procesos que garanticen más ingresos a los productores, generen empleo local y diversifiquen la matriz productiva regional.
La apuesta es clara: la resina permite obtener ingresos adicionales mientras las plantaciones alcanzan la edad de cosecha de la madera, reduciendo riesgos y mejorando la rentabilidad de los proyectos forestales.
Con la articulación entre investigación pública, productores y empresas privadas, el sector resinero se proyecta como un nuevo motor económico del Litoral. Su crecimiento no solo promete divisas y empleo, sino también un modelo de aprovechamiento integral de los recursos forestales, alineado con la sustentabilidad y la innovación.
La resina de pino se perfila así como una oportunidad estratégica para Misiones y Corrientes: una industria que suma valor, diversifica ingresos y potencia al NEA en los mercados internacionales.