La aplicación de la inteligencia artificial (IA) a la imagen abdominal puede ayudar a predecir a adultos con mayor riesgo de sufrir caídas ya desde la mediana edad, según muestra un nuevo estudio de Mayo Clinic. La investigación, publicada en la revista Mayo Clinic Proceedings: Digital Health, pone de relieve la importancia de la calidad de la musculatura abdominal, un componente de la fuerza de la musculatura del tronco, como un factor clave para predecir el riesgo de caídas en adultos de 45 años o más.
Las caídas son una de las principales causas de lesiones, especialmente entre las personas mayores. Los investigadores de Mayo Clinic comprobaron que marcadores tempranos del riesgo de caídas pueden detectarse en tomografías computarizadas (TC) que muchos pacientes se realizan por otros motivos.
En colaboración con especialistas en bioinformática radiológica, el equipo de investigación se propuso determinar si las mediciones obtenidas mediante IA, como la distribución de la grasa, el tamaño y la densidad muscular y la calidad ósea, podían revelar signos tempranos de cambios físicos relevantes.
Los resultados mostraron que la densidad muscular, una medida de la calidad del músculo, fue un predictor del riesgo de caídas mucho más potente que el tamaño muscular.
“El tamaño muscular es únicamente una medida del volumen muscular”, explica la autora principal del estudio, Jennifer St. Sauver, Ph.D., epidemióloga de Mayo Clinic en Rochester. “La densidad muscular es diferente; en una tomografía, refleja el grado de densidad y homogeneidad del tejido muscular.”
La Dra. St. Sauver señala que los músculos más homogéneos presentan mayor densidad y tienden a contener menos grasa intramuscular.
“Estudios previos ya sugerían que la densidad muscular, y no el tamaño, está más estrechamente asociada con la fuerza y la función física”, señala. “Nuestros resultados respaldan la idea de que debemos centrarnos en la densidad muscular, y no en el tamaño del músculo, cuando tratamos de comprender la función física.”
El equipo de investigación esperaba encontrar asociaciones entre un peor rendimiento en las mediciones de la musculatura abdominal y una mayor incidencia de caídas en adultos de edad avanzada. Sin embargo, lo que más sorprendió a los investigadores fue la fuerza de estas asociaciones en adultos de mediana edad y hasta qué punto dichas mediciones fueron buenos predictores del riesgo de caídas.
“Los músculos de las piernas ya se han asociado con la función física, pero nuestros hallazgos muestran que la musculatura abdominal también desempeña un papel significativo”, afirma la Dra. St. Sauver.
Los resultados subrayan la importancia de mantener una buena fuerza de la musculatura del tronco a lo largo de toda la vida adulta, añade.
“Uno de los mensajes más importantes de esta investigación es mantener los músculos abdominales en las mejores condiciones posibles”, afirma la Dra. St. Sauver. “Hacerlo puede aportar beneficios que comienzan en la mediana edad y se prolongan hasta etapas avanzadas de la vida.”
La adopción de la inteligencia artificial avanza con fuerza en el mercado laboral argentino. Según el último informe Workmonitor de Randstad, el 73% de los trabajadores del país se siente confiado en su capacidad para utilizar herramientas de IA en su actividad laboral, un nivel que supera en cuatro puntos porcentuales el promedio global y posiciona a la Argentina entre los países con mayor predisposición a incorporar esta tecnología como aliada de la productividad y la empleabilidad.
El dato surge de una encuesta realizada a 26.824 personas en 35 países, incluida Argentina, y refleja una mirada pragmática del talento local frente a la transformación tecnológica. Lejos de percibirse como una amenaza inmediata, la IA aparece asociada a la optimización de procesos, la mejora del desempeño individual y la adaptación a un mercado de trabajo cada vez más dinámico.
Confianza y productividad: una adopción pragmática de la IA
El estudio muestra que la confianza en el uso de inteligencia artificial no es solo una percepción abstracta, sino que se traduce en impactos concretos en el día a día laboral. En Argentina, el 63% de los trabajadores afirma que la IA contribuye a mejorar su productividad, un valor alineado con el promedio global (62%) y consistente con la idea de que estas herramientas permiten organizar mejor el trabajo, optimizar tiempos y aumentar la eficiencia en la ejecución de tareas.
En la comparación regional, Argentina se ubica junto a Chile con el mismo nivel de reconocimiento del impacto positivo de la IA en la productividad, mientras que México lidera el indicador con 70%. Uruguay, en cambio, presenta una mirada más moderada: solo 54% de los trabajadores percibe mejoras productivas asociadas a la inteligencia artificial, lo que marca una brecha de entre 8 y 16 puntos porcentuales respecto del promedio global y de los otros países de la región.
Al analizar la profundidad de este proceso, el informe señala que el 52% de los trabajadores argentinos considera que la IA impactará en una alta proporción de sus tareas laborales, un valor prácticamente idéntico al promedio global (53%). Esta percepción refuerza la idea de una adopción consciente, que reconoce el alcance de la tecnología sin sobredimensionar su efecto disruptivo inmediato.
Sobre estos resultados, Andrea Avila, CEO de Randstad para Argentina, Chile, México y Uruguay, afirmó: “Con cada vez más compañías incorporando IA en distintas etapas de su operación, automatizando tareas y optimizando procesos, esta tecnología ya no es percibida por los trabajadores como una promesa lejana, sino como una herramienta concreta que tiene impacto en su día a día laboral”.
La mirada de las empresas y el desafío de las habilidades
La percepción del impacto de la inteligencia artificial no es exclusiva del talento. En Argentina, el 65% de los empleadores estima que la IA tendrá un impacto significativo en las tareas laborales, una proporción que se ubica por encima del promedio global. Esta convergencia entre la visión de los trabajadores y la de las organizaciones refuerza la idea de la IA como un instrumento de apoyo para mejorar procesos y fortalecer la competitividad, más que como un factor de sustitución masiva de empleo.
Sin embargo, el avance tecnológico plantea desafíos estructurales. El propio estudio indica que el 65% de los trabajadores reconoce la necesidad de mejorar sus habilidades digitales y de IA, mientras que el 52% busca activamente oportunidades para asegurar el futuro de sus competencias de manera independiente. En este punto, la formación y la equidad en el acceso a nuevas habilidades emergen como ejes centrales para evitar brechas en el mercado laboral.
Avila subrayó que este escenario implica una responsabilidad creciente para las organizaciones: “El nivel de confianza que muestran los trabajadores es una señal positiva, pero plantea a las empresas un desafío no menor para asegurar la formación de la fuerza laboral en habilidades digitales y de IA, poniendo especial atención a la equidad para evitar brechas de acceso”.
Tendencias globales y brecha de expectativas
A nivel global, el Workmonitor 2026 revela que la inteligencia artificial se consolidó como un componente clave del proceso de adaptación de la fuerza laboral, aunque persisten tensiones entre expectativas empresarias y percepciones del talento. Según el relevamiento, uno de cada cinco trabajadores (21%) cree que sus tareas son inmunes a las eficiencias de la IA, mientras que el 47% teme que la tecnología beneficie más a las empresas que a los propios trabajadores.
En paralelo, los datos muestran una transformación acelerada de la demanda laboral: durante 2025, las ofertas de empleo que incluyeron como requisito habilidades de “Agente de IA” crecieron un 1.587% a nivel global, mientras que la demanda de “Formadores de IA” aumentó un 247%, confirmando un escenario en el que los trabajadores humanos entrenarán a las máquinas y convivirán cada vez más con sistemas digitales.
Este proceso refuerza una tendencia central del informe: el impacto de la IA apunta principalmente a la ampliación de tareas y al aumento de la productividad, más que a la eliminación directa de puestos de trabajo. En este marco, las habilidades blandas, la capacidad de aprender y desaprender y la adaptación al cambio tecnológico ganan peso en la evaluación del talento.
IA como complemento del trabajo humano
A modo de conclusión, Andrea Avila sintetizó el enfoque dominante que surge del estudio: “Avanzamos hacia un rol de las herramientas de IA como un complemento y no como un reemplazo del trabajo humano. El consenso sobre la necesidad de regulación y control humano de la IA indica que, en el corto plazo, esa seguirá siendo la dinámica dominante”.
En ese sentido, el informe de Randstad muestra que el talento argentino enfrenta la transformación tecnológica desde una posición abierta y realista, en la que la inteligencia artificial se integra como un copiloto del trabajo humano, potenciando la productividad y la empleabilidad en un mercado laboral que exige cada vez más habilidades digitales y capacidad de adaptación.
SAP SE (NYSE: SAP) y Syngenta, líder global en innovación agrícola, anunciaron una alianza tecnológica estratégica de varios años para acelerar la innovación asistida por inteligencia artificial en las operaciones globales de Syngenta.
La alianza integrará la inteligencia artificial en el núcleo de la empresa de Syngenta, modernizando las operaciones y permitiendo una innovación acelerada a través de análisis avanzados de datos en todo el negocio, desde la manufactura y la cadena de suministro hasta los productos y servicios orientados a los agricultores.
La industria agrícola continúa enfrentando desafíos impulsados por la variabilidad climática, la complejidad de la cadena de suministro y la incertidumbre global. Al implementar herramientas asistidas por IA en toda la empresa, esta alianza posiciona a Syngenta para enfrentar el reto de alimentar a una población proyectada de 10 mil millones de personas para 2050, al tiempo que desbloquea una innovación más rápida, una mayor resiliencia operativa y un impacto escalable en todo el negocio.
“La IA es el catalizador de la transformación agrícola y rápidamente se ha convertido en una ventaja competitiva clave para Syngenta”, afirmó Feroz Sheikh, director de información y digital del Grupo Syngenta. “Nuestra alianza con SAP está transformando la forma en que gestionamos la empresa, modernizando las operaciones centrales y desbloqueando nuevas formas de trabajar, lo que demuestra nuestro compromiso de convertirnos en una empresa agrícola con la IA en su núcleo”.
“La transformación de Syngenta marca un referente para la innovación digital en la agricultura”, dijo Philipp Herzig, director de tecnología de SAP SE. “Juntos, estamos demostrando cómo las tecnologías en la nube y la IA pueden impulsar el crecimiento sostenible y la eficiencia en una de las industrias más críticas del mundo. Esta alianza ayudará a Syngenta a preparar sus operaciones para el futuro y alimentar al mundo de manera responsable”.
Escalando un modelo operativo centrado en la IA para la agricultura
La transformación de Syngenta comenzará con las soluciones SAP Cloud ERP Private, modernizando las operaciones centrales a lo largo de la cadena de valor para ofrecer agilidad, resiliencia y escalabilidad. La ambición de la empresa es clara: desbloquear la innovación más rápido, fortalecer su liderazgo en la agricultura y preparar sus operaciones para enfrentar la volatilidad.
A través de la solución SAP Business Data Cloud, Syngenta creará una base de datos unificada, más segura y escalable, esencial para la toma de decisiones en tiempo real y la integración de la IA. Combinado con SAP Business AI y herramientas asistidas por IA como el copiloto Joule, esto ayudará a la empresa a explorar decisiones más inteligentes y rápidas que impulsen la eficiencia operativa y aceleren la innovación. Además, Syngenta podrá ofrecer mejores productos y servicios a los agricultores de todo el mundo, permitiéndoles mantener el control y la privacidad sobre su información propietaria.
La inteligencia artificial atraviesa una etapa de transición clave hacia una adopción más estratégica, profunda y transversal en las empresas. En este contexto, Botmaker, la compañía argentina de inteligencia artificial más consolidada en el mercado latinoamericano, identifica cinco tendencias clave que definirán el rumbo de la industria durante 2026, de acuerdo con análisis sectoriales sobre la evolución de la tecnología a nivel global.
1. Agentes de IA más autónomos y orientados a procesos completos
Un estudio proyecta que el 40 % de las aplicaciones empresariales incluirán agentes autónomos capaces de ejecutar tareas completas sin supervisión continua. Por eso en 2026, los agentes de IA tendrán más capacidades de ejecutar flujos de trabajo de punta a punta, en los cuáles interpretarán aún más el contexto, tomarán decisiones dentro de márgenes definidos y coordinarán acciones entre otros sistemas a los que estén conectados, reduciendo así la intervención humana en tareas operativas y repetitivas.
2. Integración nativa de la IA en las operaciones de negocio
Según Gartner, más del 80 % de las empresas habrá integrado aplicaciones de IA generativa en sus operaciones para 2026, comparado con menos del 5 % en 2023. La IA dejará de ser un proyecto aislado para integrarse de forma estructural en áreas de una empresa como la atención al cliente, ventas, soporte interno y logística. Las organizaciones que lleven adelante esta etapa, serán aquellas que diseñen procesos pensados desde el inicio para que empleados puedan convivir con agentes que den métricas claras de eficiencia.
3. Evolución de la IA conversacional hacia experiencias multimodales
Las interfaces conversacionales continuarán expandiéndose más allá del texto. De acuerdo a un estudio global, el 67 % de las organizaciones planea implementar sistemas de IA multimodales (texto, imagen y audio) para 2026. Las experiencias unificadas permitirán interacciones más naturales y accesibles. La multimodalidad será clave para lograr la escalabilidad de la IA en cualquier contexto de uso que se le de.
4. Colaboración humano – IA como modelo dominante
Lejos de reemplazar personas, la IA se consolidará como la herramienta de apoyo para la toma de decisiones, el análisis de información y la ejecución de tareas. En 2026, el foco estará puesto en diseñar esquemas de colaboración donde humanos y agentes trabajen de forma complementaria para elevar la productividad.
5. Mayor atención en gobernanza, trazabilidad y uso responsable
A medida que la IA gana protagonismo en procesos críticos, crecerá la necesidad de contar con modelos más transparentes y alineados a marcos regulatorios. Las empresas demandarán soluciones con IA que permitan entender cómo toman decisiones, cómo se gestionan los datos y cómo se minimizan riesgos operativos.
Botmaker anticipa un 2026 donde la inteligencia artificial será un componente central de la transformación digital de las empresas: “Este año estará marcado por un cambio de enfoque: las organizaciones dejarán de experimentar con inteligencia artificial para comenzar a diseñar procesos completos basados en modelos de IA. En tanto que los agentes de IA se volverán parte estructural de estas operaciones y no solo un complemento”, señaló Ale Zuzenberg, Co Fundador de Botmaker.
El debate sobre la inteligencia artificial general (IAG) se convirtió en uno de los ejes más disruptivos de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos. Allí, referentes centrales de la industria tecnológica advirtieron que la IAG podría superar las capacidades humanas en un plazo de entre uno y cinco años, un escenario que plantea desafíos inéditos para las instituciones, los mercados laborales y la gobernanza global. La discusión dejó en claro que el impacto ya no es teórico: la velocidad del avance obliga a repensar reglas, incentivos y mecanismos de control a escala internacional.
Las previsiones fueron formuladas por Dario Amodei, CEO de Anthropic, y Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, quienes coincidieron en que el momento actual no responde a una evolución tecnológica convencional, sino a una etapa crítica que ambos definieron como una “adolescencia tecnológica”, con implicancias directas para la supervivencia y organización de la especie humana.
La carrera hacia la IAG y el “nivel Nobel”
Amodei sostuvo que el salto hacia una inteligencia artificial general capaz de igualar o superar el rendimiento humano en tareas científicas avanzadas es inminente. Al ser consultado sobre su proyección, afirmó: “No creo que esa predicción vaya a estar muy lejos de la realidad”, en referencia a su estimación de que entre 2026 y 2027 podría existir un modelo capaz de hacer “todo lo que un humano logra a nivel de un Premio Nobel”.
El directivo explicó que el principal motor de este avance es un ciclo de retroalimentación, en el cual la propia inteligencia artificial ya colabora en el diseño y entrenamiento de la siguiente generación de modelos. Ese fenómeno acelera los tiempos de desarrollo y reduce las barreras técnicas que antes limitaban la escala del progreso.
La magnitud del salto ya se percibe en el mercado laboral tecnológico. Según Amodei, “Tengo ingenieros en Anthropic que ya no escriben código; dejan que el modelo lo haga y ellos solo editan”. En ese contexto, estimó que estamos a seis o doce meses de que los sistemas de IA puedan realizar el trabajo de un ingeniero de software de extremo a extremo, sin intervención humana directa en la ejecución.
Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind
Hassabis, por su parte, mantuvo una visión algo más prudente, aunque igualmente disruptiva. Señaló que existe un 50% de probabilidades de alcanzar una IAG hacia finales de la década, y reconoció avances significativos en áreas como programación y matemáticas. Sin embargo, advirtió que las ciencias naturales presentan obstáculos adicionales, ya que requieren verificación experimental física, un componente que aún limita la autonomía total de los modelos.
Para el CEO de Google DeepMind, la IA todavía carece de la capacidad de formular hipótesis científicas originales, lo que definió como “el nivel más alto de creatividad científica” y uno de los últimos umbrales antes de una inteligencia verdaderamente general.
Cambios de liderazgo y una industria en reconfiguración
El intercambio en Davos también expuso un reordenamiento en la jerarquía del sector tecnológico. Hassabis afirmó que Google DeepMind recuperó el liderazgo en modelos avanzados con el lanzamiento de Gemini 3, tras un año de comparaciones intensas con competidores. Según explicó, el reposicionamiento fue posible gracias a la recuperación de una mentalidad de startup dentro de una estructura corporativa de gran escala, lo que permitió acelerar los ciclos de innovación.
Amodei, en tanto, defendió la viabilidad de los laboratorios independientes y presentó cifras que reflejan el crecimiento acelerado de Anthropic. La compañía pasó de ingresos por 100 millones en 2023 a 1.000 millones en 2024, con una proyección de 10.000 millones para 2025. Para el ejecutivo, estos números confirman que el mercado premia a las organizaciones que logran traducir investigación avanzada en aplicaciones concretas.
Ambos coincidieron en que las empresas mejor posicionadas en esta nueva etapa serán aquellas lideradas por investigadores, con una orientación explícita a resolver problemas científicos complejos, más que a optimizar únicamente productos comerciales.
Riesgos geopolíticos, empleo y el desafío institucional
Más allá del optimismo tecnológico, el debate estuvo atravesado por advertencias severas. Amodei fue particularmente crítico respecto de la venta de semiconductores avanzados a adversarios geopolíticos, una práctica que comparó con “vender armas nucleares a Corea del Norte” a cambio de beneficios empresariales de corto plazo. En su visión, los chips de última generación se han convertido en activos estratégicos con implicancias directas para la seguridad global.
También alertó sobre riesgos como el bioterrorismo y la falta de instituciones preparadas para gestionar tecnologías de esta magnitud. Según sostuvo, la rapidez del avance configura una crisis sistémica que exige concentrar buena parte del esfuerzo intelectual y político actual.
Dario Amodei, CEO de Anthropic
En el plano económico, Amodei reiteró una de las proyecciones más sensibles del encuentro: hasta el 50% de los empleos de oficina de nivel inicial podrían desaparecer en un plazo de uno a cinco años. Hassabis coincidió en que ya se observa una ralentización en la contratación de pasantes, aunque recomendó a los jóvenes volverse “increíblemente competentes” en el uso de herramientas de IA para mantener su valor en el mercado laboral.
Sin embargo, el mayor temor expresado por Hassabis no se limita al empleo, sino a una crisis de sentido y propósito. En un escenario donde la productividad deje de ser el eje central de la organización social, advirtió que aún no existe una reflexión institucional suficiente sobre cómo distribuir la nueva riqueza que podría generar la IAG de manera equitativa.
Una encrucijada para la humanidad
Hacia el cierre del debate, la discusión adquirió un tono filosófico a partir de la Paradoja de Fermi, que cuestiona por qué no se ha detectado vida inteligente en el universo. Hassabis rechazó la idea de que otras civilizaciones se hayan destruido inevitablemente al alcanzar una inteligencia superior, y planteó que la humanidad podría haber superado ya varios “grandes filtros evolutivos”.
En ese marco, ambos coincidieron en que el verdadero punto de inflexión llegará cuando existan sistemas de IA capaces de diseñar otros sistemas de IA. Ese desarrollo, señalaron, definirá si la humanidad ingresa en una era de avances extraordinarios o en una emergencia global sin precedentes.