INYM

Sturzenegger afirmó que el INYM “duplicaba” el precio de la yerba, pero los datos muestran una realidad más compleja

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La desregulación del mercado yerbatero volvió a instalarse en el centro del debate económico luego de que el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, defendiera públicamente la eliminación de las facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) para fijar precios de referencia de la materia prima. Según el funcionario, el organismo “duplicaba el precio de la yerba” que pagan los consumidores argentinos y su intervención impedía el desarrollo pleno de una industria que hoy exhibe récords de producción y exportación.

Durante una entrevista reproducida por la cuenta oficial Oficina de Respuesta Oficial, Sturzenegger sostuvo que el DNU 70 eliminó una distorsión de mercado que beneficiaba a productores e industriales a costa de los consumidores. “Le sacamos al INYM la potestad de fijar el precio y el precio cayó a la mitad”, afirmó. A su vez, señaló que la eliminación de restricciones permitió alcanzar niveles récord de producción y ventas externas.

Sin embargo, al contrastar esas afirmaciones con los datos oficiales disponibles, surge una realidad bastante más compleja que la planteada por el funcionario nacional.

¿La yerba cayó a la mitad?

El principal punto de controversia es la evolución del precio al consumidor. Sturzenegger aseguró que la eliminación de la fijación de precios provocó una caída del 50% en el valor de la yerba. No obstante, los registros del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) no muestran una reducción de esa magnitud.

Según el relevamiento utilizado para elaborar el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en el Gran Buenos Aires, el paquete de medio kilo de yerba mate registró en marzo de 2026 un precio promedio de $2.225,8, apenas 1,1% por debajo de los $2.250,6 observados en febrero.

Más aún, diez meses antes, en junio de 2025, el mismo producto tenía un precio promedio de $2.230, prácticamente idéntico al valor registrado actualmente. Es decir, lejos de verificarse una caída del 50%, los precios al consumidor permanecieron relativamente estables durante el último año.

La comparación de largo plazo también muestra otra dinámica. En 2023, antes de la desregulación, los paquetes de medio kilo de marcas líderes como Taragüi, Unión, Rosamonte o Amanda se comercializaban entre $500 y $700. Aunque la inflación acumulada en Argentina obliga a relativizar las comparaciones nominales, los datos tampoco permiten concluir que la intervención del INYM implicara un sobreprecio equivalente al doble del valor de mercado.

Récord de producción, pero no récord histórico

El segundo argumento del ministro se apoya en el crecimiento de la producción. Los datos estadísticos del INYM muestran que entre enero y abril de 2026 ingresaron a secaderos 151,9 millones de kilos de hoja verde.

La cifra representa un incremento respecto del mismo período de 2025, cuando se habían procesado 109,6 millones de kilos hasta abril. Sin embargo, no constituye un récord histórico. Durante el mismo período de 2024 el ingreso de hoja verde alcanzó 268,3 millones de kilos, muy por encima del volumen actual.

Por lo tanto, si bien la cosecha muestra una recuperación respecto del año pasado, los números disponibles no permiten afirmar que la actividad atraviese el mayor nivel productivo de su historia.

Exportaciones en niveles elevados

Donde sí aparecen indicadores positivos es en el comercio exterior.

Entre enero y abril de 2026 las exportaciones totalizaron 14,82 millones de kilos.

Ese volumen supera los registros de igual período de 2022, 2023 y 2024, aunque todavía se encuentra por debajo del excepcional desempeño observado durante 2025, cuando las ventas externas alcanzaron 58,8 millones de kilos al cierre del año.

La expansión exportadora aparece como uno de los puntos más sólidos de la estrategia oficial. Sin embargo, el crecimiento de las ventas al exterior no logró disipar el malestar que atraviesa gran parte de los productores primarios, especialmente en Misiones, donde la caída del precio de la hoja verde generó protestas, reclamos y una profunda crisis de rentabilidad.

Un mercado interno que se mantiene estable

Otro dato relevante es el comportamiento del consumo doméstico.

Entre enero y abril de este año las salidas de molino destinadas al mercado interno alcanzaron 89,6 millones de kilos.

La cifra se ubica por encima de los niveles registrados durante 2024 y en línea con los valores históricos observados en los últimos años, confirmando que el mate continúa siendo uno de los productos de consumo masivo más arraigados del país.

De hecho, los envases de medio kilo siguen concentrando más de la mitad de las ventas, con una participación del 55,64%, mientras que los paquetes de un kilo representan el 38,28%. Ambos formatos explican casi el 94% del mercado interno.

La discusión de fondo

Detrás del debate estadístico subyace una discusión mucho más profunda sobre el modelo de desarrollo de la actividad yerbatera.

Para el Gobierno nacional, la intervención del INYM generaba distorsiones de precios y limitaba la expansión productiva. Desde esta mirada, la desregulación permitirá aumentar la competitividad, conquistar mercados internacionales y transformar a la yerba mate en un producto global.

Sin embargo, productores, cooperativas y sectores vinculados a la economía regional sostienen que la eliminación de las facultades regulatorias del Instituto debilitó el poder de negociación de los pequeños productores frente a molinos e industrias concentradas, acelerando una caída del precio de la materia prima que no se reflejó en igual medida en las góndolas.

La paradoja es que mientras el Gobierno exhibe mayores volúmenes de producción y exportación como prueba del éxito de la desregulación, miles de productores misioneros continúan denunciando una pérdida de rentabilidad que amenaza la sustentabilidad económica de la actividad.

En ese escenario, la discusión sobre el futuro del INYM ya no gira solamente en torno a la formación de precios. Lo que está en juego es el equilibrio entre eficiencia económica, desarrollo exportador y sostenibilidad social de una economía regional que involucra a más de 12.000 productores en Misiones y Corrientes, y que forma parte de una de las cadenas agroindustriales más emblemáticas de Argentina.

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Más de 50 yerbateras ofrecieron sus productos en la Expo Mate 2026, en San Isidro

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Más de 50 establecimientos yerbateros; entre empresas, cooperativas y emprendedores, participaron de la segunda edición de Expo Mate, que se desarrolló los días 23, 24 y 25 de mayo en el Centro Municipal de Exposiciones de San Isidro (Buenos Aires). La feria fue visitada por más de 18 mil personas, proponiendo experiencias diversas en torno a la Infusión Nacional argentina.

La “embajada yerbatera” estuvo integrada por los establecimientos que contaron con el apoyo del INYM para cubrir el costo de sus stands; además de aquellos que sumaron su presencia en lugares estratégicos de la feria.

El trailer del INYM sumó la marca institucional Yerba Mate Argentina para compartir con los visitantes todo lo relacionado al universo yerbatero, desde información sobre el proceso de producción y elaboración hasta las propiedades benéficas que tiene nuestra Infusión Nacional en la salud; sin dejar de lados algunos “tips” para preparar un rico mate.

Expo Mate tuvo el sector Talleres en Vivo, con actividades de 40 minutos que incluyeron catas guiadas y también hubo espacio para el conocimiento científico con disertaciones acerca de las propiedades benéficas del consumo de yerba mate; sus mitos y verdades. Además, se presentaron libros sobre la historia de la yerba mate y se contó con la presencia de orfebres y artesanos del cuero, metal y madera que trabajaron “en vivo” para mostrar como logran sus productos.

En el Anfiteatro de Charlas se desarrollaron paneles sobre oportunidades laborales en el sector yerbatero, con la participación de emprendedores y empresa que relataron su historia. Para los más chicos, hubo funciones de títeres con temáticas materas; además de campeonatos de truco para toda la familia.

El escenario principal se sucedieron los números musicales con artistas de primer nivel y un repertorio netamente folklórico que fue acompañado por aplausos y baile del público presente. El lunes 25 de Mayo se vivió una jornada sumamente emotiva, con la entonación del Himno Nacional Argentino en la apertura de la feria.

En esta oportunidad nuevamente hubo un fin solidario, ya que los fondos recaudados serán destinados a la compra de un respirador con transporte y un desfibrilador para el Hospital Central de San Isidro.

Cabe señalar que la participación en este tipo de ferias responde a los lineamientos del Directorio del INYM, en el marco de la estrategia de promoción de la Yerba Mate Argentina que lleva adelante. En ese sentido, además del equipo de Promoción del INYM, los establecimientos yerbateros participantes contaron en el predio de la Expo Mate con el acompañamiento de los directores Ricardo Maciel (gobierno de Misiones), Ricardo Kalitko (sector Producción), Marta Cunha (gobierno de Misiones) y Carlos Czajkowski (sector Cooperativas).

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Yerba mate: la cosecha se contrajo 13% y el consumo cayó en una nueva meseta

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La actividad yerbatera atraviesa uno de los momentos más sensibles de los últimos años. Con precios en discusión, tensiones entre productores e industria y un mercado todavía impactado por la desregulación del sector, los números oficiales del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) muestran una postal compleja: fuerte caída de la cosecha, leve retroceso del consumo interno y exportaciones que continúan sosteniendo parte de la actividad.

Según los registros oficiales del INYM, en abril de 2026 ingresaron a secaderos 71.003.250 kilos de hoja verde. De ese modo, el acumulado de cosecha entre enero y abril alcanzó los 151.910.206 kilos, lo que representa una caída del 13,03% frente al mismo período de 2025, cuando se habían registrado 174.675.577 kilos.

La magnitud del descenso confirma que el sector productivo continúa operando en un contexto de retracción y cautela. La baja rentabilidad, la incertidumbre sobre los precios y las dificultades financieras de productores y secaderos impactan directamente sobre el ritmo de cosecha.

En paralelo, el mercado interno absorbió en abril 24.638.892 kilos de yerba mate elaborada, con una caída del 1,64% interanual. En el acumulado del primer cuatrimestre, las salidas al mercado doméstico totalizaron 89.602.773 kilos, 2% menos que en igual período de 2025, cuando se habían comercializado 91.427.568 kilos.

El dato refleja que, incluso en un escenario económico recesivo y de caída del poder adquisitivo, la yerba mate conserva un comportamiento relativamente estable dentro de la canasta de consumo masivo argentino. El mate sigue siendo un producto de fuerte arraigo cultural y con demanda menos elástica que otros alimentos.

En paralelo, el frente externo continúa mostrando señales positivas. Durante abril, las exportaciones alcanzaron los 3.979.610 kilos. Aunque el volumen exportado cayó 12,37% respecto de marzo -mes en el que se habían despachado 4.541.352 kilos-, el acumulado anual llega a 14.820.056 kilos, con una mejora interanual del 6,05% en el bloque exportador.

El crecimiento exportador sigue consolidando a mercados como Siria, Chile, Estados Unidos y Europa como destinos estratégicos para la yerba mate argentina, en un contexto internacional donde la bebida gana espacio asociada al consumo saludable y las bebidas funcionales.

Sin embargo, el dato más relevante del cuatrimestre aparece en la suma entre mercado interno y exportaciones, indicador que refleja la demanda total del sistema yerbatero. Entre enero y abril de 2025, ambos segmentos habían absorbido 105.402.269 kilos. En el mismo período de 2026, el total llegó a 104.422.829 kilos. La diferencia muestra una caída del 0,93%.

Ese dato deja una lectura central para el debate yerbatero actual. Mientras la producción cayó más de 13%, la demanda total prácticamente se mantuvo estable, aunque con luces amarillas en el consumo interno.

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A propósito del populismo

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El mercado jamás podrá resolver un detalle esencial. No abraza ni puede ni quiere a nadie

Diputado, le habla un hombre del interior argentino. Un misionero, igual que usted. Uno que desde hace más de veinte años trabaja en el sector privado real y representa con orgullo a su provincia desde la gastronomía y la cultura. No desde conferencias elegantes ni desde la comodidad de un despacho climatizado, sino desde la experiencia concreta de invertir, sostener empleados, pagar impuestos, atravesar crisis y seguir apostando al trabajo aun en los peores momentos del país.

Tal vez allí aparezca también una diferencia importante entre ambos recorridos. Mientras muchos de nosotros elegimos generar trabajo, abrir persianas y asumir el riesgo cotidiano de producir en la Argentina profunda, usted, luego de retirarse del tenis profesional, eligió vincularse al sector financiero, un ámbito que claro está no produce trabajo operativo real dentro de la sociedad ni construye tejido productivo concreto en la escala en que lo hacen quienes todos los días sostienen comercios, restaurantes, chacras, talleres o pequeñas empresas.

Son caminos distintos. Pero conviene mencionarlo porque resulta curioso escuchar extensas lecciones sobre “la economía real” pronunciadas desde espacios donde el capital suele desplazarse con mucha más velocidad que el esfuerzo concreto de quienes todavía dependen de vender, producir, atender clientes o llegar abiertos a fin de mes.

Por eso llama la atención cierta pedagogía del sacrificio pronunciada desde sectores acomodados que parecen haber descubierto recientemente la pobreza, aunque siempre desde una prudente distancia estética.

Porque hay algo casi refinadamente irónico en escuchar explicaciones sobre “el sinceramiento de la economía” dadas por dirigentes cuyo salario llega puntualmente todos los meses gracias al mismo Estado que cuestionan con fervor doctrinario. Resulta siempre más sencillo teorizar sobre el sufrimiento social cuando el sufrimiento ocurre lejos del propio comedor.

Y eso hoy se percibe con claridad en toda la Argentina. Se percibe en el pequeño comerciante que empieza a apagar heladeras para ahorrar electricidad. En el restaurante que reduce calidad para no espantar clientes con nuevos precios. En las familias que reorganizan silenciosamente su alimentación. En el jubilado que vuelve a mirar el costo de un medicamento como quien observa un lujo inaccesible. También se percibe en economías regionales como la yerba mate, donde el productor cobra cada vez menos por la hoja verde mientras el paquete continúa costando prácticamente lo mismo en góndola.

Allí el relato del libre mercado comienza a exhibir un problema incómodo: cuando el productor pierde, el consumidor jamás gana. El sacrificio parece detenerse siempre en el mismo lugar. Abajo.

Y quizá allí aparezca el aspecto más frío de ciertas miradas ultraliberales contemporáneas. Su dificultad para observar al ser humano por fuera de la lógica de rentabilidad. La sociedad deja entonces de ser una comunidad para convertirse en una competencia permanente donde algunos logran conservar privilegios mientras otros aprenden lentamente a naturalizar la caída.

John Maynard Keynes comprendió algo elemental que muchos liberales contemporáneos parecen olvidar: cuando una economía destruye consumo, empleo y capacidad adquisitiva de las mayorías, termina destruyéndose a sí misma. Porque el mercado no se mueve solamente por grandes capitales. Se mueve también por el pequeño comerciante, por el trabajador que consume, por la familia que todavía puede sentarse en un restaurante, comprar ropa o sostener una vida digna.

Sin demanda no existe rueda económica posible.

Por eso el keynesianismo jamás fue simplemente gasto indiscriminado como tantas veces se caricaturiza superficialmente. Fue, antes que nada, una doctrina económica que entendió algo profundamente humano: las sociedades necesitan evitar la exclusión absoluta de grandes sectores de la población porque cuando el tejido social se rompe, el daño deja de ser únicamente económico y pasa a ser civilizatorio.

Y allí emerge una pregunta moral incómoda que rara vez se formula con honestidad brutal: qué lugar ocupa el semejante dentro de un modelo que naturaliza que siempre deba existir una parte de la sociedad perdiendo para que otra pueda conservar privilegios y niveles de consumo.

Porque en el fondo determinados modelos económicos necesitan rezagados. Necesitan personas desesperadas aceptando cualquier condición para sostener salarios bajos, trabajos precarios y sistemas donde la rentabilidad siempre encuentre mano de obra disponible. Nadie imagina para sus hijos una vida de descarte. Sin embargo alguien debe hacerlo para que la maquinaria siga funcionando con eficiencia matemática y sensibilidad mínima.

Entonces el problema deja de ser solamente económico. Empieza a ser profundamente humano.

Y allí aparece algo que ciertas miradas economicistas modernas parecen olvidar: la tradición espiritual y humanista sobre la que se construyó Occidente jamás colocó al mercado en el centro de la vida humana. El Evangelio no habla de competitividad. Habla del prójimo.

“Porque tuve hambre y me disteis de comer. Tuve sed y me disteis de beber”. El Evangelio según San Mateo no pregunta primero por la rentabilidad ni por el equilibrio fiscal. Pregunta qué hicimos frente al sufrimiento del otro.

También resulta difícil no recordar aquella frase bíblica que afirma que “el amor al dinero es la raíz de todos los males”. No la riqueza. No el trabajo. No el esfuerzo individual. El amor desmedido al dinero por encima de toda dimensión humana.

El mercado no abraza ni puede ni quiere a nadie. No acompaña a un enfermo. No contiene emocionalmente a quien perdió su trabajo. No tiene misericordia ni compasión porque simplemente no fue creado para eso. El mercado calcula. Selecciona. Descarta. Y luego llama “adaptación” a las consecuencias humanas de esa lógica.

Por eso existen las sociedades. Por eso existe la política. Porque la civilización nació precisamente para impedir que la ley del más fuerte organizara completamente la vida humana.

Y quizá allí resida la diferencia más profunda entre ciertas miradas economicistas y la tradición humanista de nuestros pueblos. Unos creen que el hombre debe adaptarse al mercado aun cuando quede roto en el camino. Otros todavía creen que la economía debe estar al servicio del ser humano.

Tal vez por eso generan tanto rechazo algunos discursos pronunciados con una serenidad casi clínica frente al deterioro social, como si el hambre fuese apenas una transición estadística y no una tragedia concreta que ocurre mientras se redactan largos hilos sobre libertad económica desde una banca calefaccionada.

Y quizá toda esta discusión termine resumiéndose en aquella frase atribuida a antes de la Revolución Francesa: “si el pueblo no tiene pan, que coma tortas”.

La historia demuestra que las sociedades pueden tolerar muchas cosas. Lo que rara vez perdonan es la indiferencia volitiva.

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“No había que destruir al INYM, había que mejorarlo”: Castro expuso la crisis yerbatera en el Congreso

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El diputado provincial del Partido Agrario y Social (PAyS), Cristian Gabriel Castro, protagonizó este jueves una de las exposiciones más contundentes durante el plenario de las comisiones de Economía y Economías Regionales de la Cámara de Diputados de la Nación, donde se debatió la profunda crisis que atraviesa el sector yerbatero tras la desregulación impulsada por el Gobierno nacional.

Con una intervención cargada de datos, gráficos y definiciones políticas, el legislador misionero defendió el rol histórico del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), denunció la concentración económica del mercado y advirtió que el modelo de libre mercado está destruyendo la rentabilidad de miles de pequeños productores y tareferos.

“El INYM es una herramienta. Y si un machete pierde filo, no se tira a la basura: se le saca filo. Al INYM no había que destruirlo, había que mejorarlo”, sostuvo Castro ante diputados nacionales, productores, cooperativistas y referentes de toda la cadena yerbatera.

La frase sintetizó el eje central de su exposición: la crisis actual no es consecuencia de un exceso de regulación, sino del desmantelamiento de las herramientas que equilibraban un mercado históricamente desigual.

“Estamos ante un oligopsonio claramente”, planteó Castro al explicar cómo funciona el negocio yerbatero. Según detalló, el 90% de los productores misioneros tiene menos de 30 hectáreas, mientras que apenas un puñado de industrias concentra la mayor parte del mercado.

“Los dos principales molinos concentran cerca del 40% y las diez principales empresas manejan alrededor del 80% del mercado”, explicó.

En ese contexto, cuestionó con dureza el discurso libertario que presenta la desregulación como un camino hacia mayor eficiencia y competencia.

“La desregulación no mejora la eficiencia ni garantiza rentabilidad para toda la cadena yerbatera”, afirmó.

Castro expuso que la eliminación de las facultades regulatorias del INYM terminó generando una transferencia directa de recursos desde los pequeños productores hacia los sectores más concentrados de la industria.

“El precio bajó, sí. Pero ¿a costa de quién? La transferencia de recursos la pagaron los pequeños productores y los tareferos”, remarcó.

Durante su intervención, el legislador recordó que en diciembre de 2023, antes de la desregulación, muchos productores cobraban entre 370 y 380 pesos por kilo de hoja verde. Hoy, en cambio, los valores se derrumbaron mientras crecieron los plazos de pago con cheques diferidos de hasta 120 días.

“La crisis no es una sensación. Es real y se vive todos los días en la chacra”, advirtió.

Castro también desmintió uno de los argumentos más repetidos por el oficialismo nacional: la supuesta sobreproducción de yerba mate. Comparó campañas productivas recientes y mostró que los niveles de producción fueron similares, aunque el resultado económico para el productor fue completamente distinto.

“En 2021 sobraron siete millones de kilos y el productor tuvo un precio justo. En 2025 faltaron 55 millones de kilos y, sin embargo, le pagaron mucho menos”, explicó.

Para el dirigente del PAyS, la diferencia radica en que antes existían herramientas de regulación que impedían que el mercado quedara completamente dominado por las grandes industrias.

La exposición también apuntó contra el relato oficial sobre el crecimiento exportador. Castro sostuvo que el aumento de ventas al exterior no fue consecuencia de la desregulación sino de factores geopolíticos vinculados al crecimiento del consumo en comunidades sirias radicadas en Europa.

“El boom exportador no se explica por políticas del Gobierno nacional”, afirmó.

Además, señaló que el valor FOB de las exportaciones cayó un 23%, pese al incremento en los volúmenes vendidos.

Tras su exposición, Castro volvió a remarcar que la crisis yerbatera dejó de ser solamente un problema económico para transformarse en un conflicto social y cultural que atraviesa a toda la provincia.

“Dicen que crecen las ventas y las exportaciones, pero en la vida cotidiana de nuestros productores se ve una crisis que no es solo económica, sino también social y cultural”, expresó.

Desde el PAyS señalaron que la presencia de Castro en el Congreso representó la voz de miles de familias productoras que hoy sienten que el modelo económico nacional las dejó libradas a un mercado concentrado y profundamente desigual.

“La política tiene que servir para representar a la gente”, sostuvo el diputado al cerrar su participación.

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