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Ley de Cabotaje: una reforma clave que impacta en Misiones y choca al establishment naviero

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El próximo 17 de septiembre, desde las 13.30, el Auditorio de la Cámara de Diputados de la Nación será escenario de una Jornada Parlamentaria Marítima y Fluvial que, bajo el título “La Marina Mercante Argentina: importancia económica, logística y estratégica”, pondrá en discusión el futuro del cabotaje, la industria naval, el empleo marítimo y la utilización de las vías navegables.

Para Misiones, sin embargo, el debate excede ampliamente a la Marina Mercante. El punto crítico no es que se debata la defensa de la Marina Mercante argentina, sino desde qué intereses se organiza el debate. El programa está construido alrededor de la defensa del cabotaje reservado, la industria naval, las tripulaciones nacionales, el practicaje y la soberanía marítima. Incluso una de las exposiciones está expresamente dedicada a analizar “alternativas a la desregulación del cabotaje marítimo”, mientras que el cierre parlamentario se presenta como una instancia para definir “estrategias políticas para la defensa de nuestros intereses marítimos y fluviales”.

Lo que se discuta en Buenos Aires puede terminar teniendo consecuencias directas sobre cuánto cuesta transportar madera, yerba mate, té, pasta celulósica, alimentos y otras manufacturas desde el extremo nordeste argentino hasta los mercados nacionales e internacionales.

Y allí aparece una tensión de intereses que merece ser explicitada.

El programa parlamentario tiene una marcada presencia de organizaciones vinculadas con la estructura actual del sector. La apertura estará a cargo de Hernán Gávito, secretario general de la Liga Naval Argentina. La mesa sobre cabotaje fluvial reunirá a Mariano Vilar, del Sindicato de Conductores Navales; Roberto Andrés Milio, del Sindicato de Dragado y Balizamiento; y Mariano Moreno, del Centro de Patrones y Oficiales de Pesca y Cabotaje Marítimo.

La mesa de cabotaje marítimo abordará específicamente las “alternativas a la desregulación” y tendrá como expositores al presidente del Centro de Capitanes de Ultramar, Jorge Tiravassi, y al exministro de Trabajo Carlos Tomada. Posteriormente se analizará el presente y futuro de la industria naval nacional con Juan Speroni, del Sindicato Argentino de Obreros Navales, y Horacio Tettamanti, exsubsecretario de Puertos y Vías Navegables.

La discusión terminará trasladándose directamente al terreno político. A las 17 está prevista una Mesa de Intervención Parlamentaria, bajo la consigna “Estrategias políticas para la defensa de nuestros intereses marítimos y fluviales”, con la participación de los diputados Sabrina Selva, Marcelo Mango, Blanca Osuna, Hugo Moyano, Agustina Propato y Jorge Taiana.

El interrogante para Misiones es cuáles son exactamente esos “intereses” y si dentro de ellos estarán representados también los de quienes necesitan utilizar los ríos para producir y exportar a costos competitivos.

La dimensión del problema queda expuesta en los números aportados que fundamenta la propuesta de una nueva Ley de Cabotaje.

Actualmente, un contenedor despachado desde Eldorado tiene un costo aproximado de USD 3.600 hasta subir a un buque oceánico. Mediante una operatoria fluvial competitiva, ese costo podría bajar a alrededor de USD 2.500. Son USD 1.100 menos por contenedor, aproximadamente un 30,6% de reducción.

La paradoja se hace todavía más evidente al mirar hacia Paraguay.

Una tonelada transportada entre Clorinda y Rosario cuesta aproximadamente USD 100 por camión, mientras que desde Asunción el transporte fluvial cuesta alrededor de USD 25 por tonelada. En la Patagonia, por su parte, trasladar un contenedor hacia o desde Buenos Aires por carretera cuesta entre USD 5.000 y USD 8.000, frente a una estimación de USD 3.000 a 4.000 por vía marítima.

La reforma parte precisamente de esa contradicción: un país atravesado por una extensa red navegable utiliza intensivamente el transporte carretero incluso en corredores donde el agua podría ofrecer costos considerablemente inferiores.

Abrir las bodegas

Uno de los cambios centrales apunta contra la histórica reserva de carga. La propuesta contempla derogar el Decreto-Ley 19.492/44 y habilitar la contratación de buques de banderas regionales -entre ellas paraguaya o boliviana- sin tener que atravesar el sistema de waivers ni demostrar previamente la inexistencia de bodega nacional.

Para las cargas internacionales existe otra modificación relevante: los tramos que formen parte de un transporte internacional dejarían de ser considerados cabotaje nacional. De ese modo, una embarcación extranjera podría intervenir en determinadas operaciones de exportación o importación sin quedar sometida a las mismas restricciones que rigen para el transporte doméstico.

Para una economía fronteriza y exportadora como Misiones, ese punto es especialmente sensible.

La lógica de la reforma consiste en aprovechar la flota y la capacidad logística existente en la región para conseguir mayor disponibilidad de bodega, en lugar de condicionar la salida de la producción a la disponibilidad de embarcaciones argentinas.

Hay otro cambio potencialmente significativo para los puertos del interior.

El artículo 83 proyectado establece que la mercadería de exportación pueda obtener el libramiento aduanero definitivo en el puerto inicial de carga, eliminando inspecciones repetidas en los esquemas bimodales o con transbordos y reduciendo costos por permanencia en terminales intermedias.

Eso permitiría fortalecer el papel de los puertos provinciales dentro de la cadena exportadora y no utilizarlos simplemente como escalones subordinados a terminales ubicadas cientos de kilómetros río abajo.

El sistema incluiría trazabilidad continua y documentación de transporte internacional bajo supervisión de ARCA, mientras que el libramiento en origen reforzaría el control documental en los puertos provinciales.

La reforma también apunta a uno de los componentes decisivos del flete fluvial: el combustible.

La propuesta contempla eliminar directamente en el punto de carga el Impuesto a los Combustibles Líquidos y el impuesto al CO2. El combustible representa entre 35% y 45% del costo operativo de un remolcador de empuje, por lo que la reducción tributaria tendría impacto directo sobre el costo por tonelada transportada.

La ecuación tiene particular importancia para las economías del Paraná: permitiría abaratar tanto el ingreso de fertilizantes y otros insumos como la salida de madera, granos y producción industrial.

A eso se agrega la posibilidad de importar remolcadores y barcazas nuevos o usados -hasta 20 años de antigüedad- con derecho de importación extrazona de 0%, junto con incentivos fiscales para inversiones portuarias y modernización de equipos.

Un convoy equivale a 1.600 camiones

El argumento favorable a la reforma no termina en el precio del flete. Un convoy estándar de barcazas con unas 45.000 toneladas de capacidad puede reemplazar aproximadamente 1.600 camiones pesados. El impacto sería particularmente relevante sobre corredores como las rutas nacionales 12 y 14, esenciales para Misiones y el NEA.

El transporte fluvial sería además entre tres y cinco veces más eficiente energéticamente que el camión, lo que permitiría reducir consumo de combustibles y costos por tonelada-kilómetro. Además, que las emisiones de gases de efecto invernadero podrían ser hasta 90% inferiores por tonelada transportada.

El camión no desaparecería de la ecuación. Cambiaría su función: en lugar de recorrer más de mil kilómetros hasta los grandes puertos, podría concentrarse en conectar chacras, aserraderos, industrias y depósitos con las terminales fluviales regionales. Esa complementariedad modal es uno de los efectos esperados por los impulsores de la reforma.

Posadas, entre las terminales que podrían beneficiarse

Posadas, junto con Corrientes, Barranqueras, Ituzaingó y Santa Fe, están entre los puertos intermedios donde una recuperación del tráfico podría generar actividad alrededor de la estiba, agencias marítimas, amarre, mantenimiento electromecánico, abastecimiento y logística terrestre.

Aquí aparece uno de los argumentos centrales de quienes impulsan el cambio: el empleo generado por la logística no debería medirse exclusivamente por la cantidad de tripulantes de bandera argentina, sino por el impacto sobre toda la cadena productiva.

Más carga navegando significaría, según esa posición, más actividad en puertos y talleres, pero fundamentalmente mayores posibilidades para aserraderos, plantaciones, industrias y exportadores que hoy pierden competitividad por el costo de llegar a los mercados.

La oposición a la reforma tiene argumentos concretos que no pueden ser soslayados.

Armadores nacionales y organizaciones sindicales advierten que eliminar la reserva de carga podría acelerar el traslado de embarcaciones hacia banderas de conveniencia, especialmente hacia países con estructuras fiscales y laborales menos costosas, debilitando todavía más la matrícula argentina.

También cuestionan el régimen que permitiría operar durante los primeros 90 días sin obligación de incorporar tripulación argentina ni realizar aportes al sistema local. Temen que la rotación de embarcaciones extranjeras termine transformando una excepción temporal en una herramienta permanente para reducir costos laborales.

Los sindicatos advierten, además, sobre el desplazamiento de tripulantes argentinos y la presión sobre los convenios colectivos. La reforma convertiría las bolsas sindicales de trabajo en mecanismos orientativos y no vinculantes.

La industria naval plantea otra objeción: permitir la importación a arancel cero de buques y artefactos navales usados de hasta 20 años podría desplazar potenciales construcciones nacionales y depreciar las inversiones realizadas por empresas locales.

Finalmente aparece la cuestión estratégica. Los opositores consideran que dejar una proporción mayor del cabotaje en manos de operadores extranjeros puede incrementar la dependencia logística del país ante una crisis y debilitar el control soberano sobre las vías navegables.

Los defensores de la reforma responden con una paradoja difícil de ignorar: décadas de reserva de carga no produjeron una Marina Mercante argentina poderosa.

Los costos derivados del esquema proteccionista contribuyeron al retroceso de la flota nacional y Argentina actualmente carece de capacidad suficiente para atender las necesidades logísticas de sus cargas de exportación.

La tesis es que proteger el mercado sin generar carga terminó protegiendo la escasez.

Desde esa perspectiva, la recuperación de la Marina Mercante debería recorrer el camino inverso: primero hacer económicamente viable transportar producción por los ríos y el mar; después, el aumento del volumen de carga debería generar demanda de buques, tripulantes, servicios portuarios, reparaciones e inversiones.

Incluso frente al cuestionamiento de los astilleros, el documento señala que más del 65% de sus trabajos actuales correspondería a reparaciones y sostiene que una mayor cantidad de embarcaciones operando en aguas argentinas ampliaría la demanda de mantenimiento, remotorización y dique seco.

La cuestión de fondo, para Misiones, no pasa simplemente por elegir entre bandera argentina o extranjera. La pregunta es cuánto está pagando la provincia por no poder aprovechar plenamente una de sus principales ventajas geográficas: el Paraná.

Si un contenedor desde Eldorado puede pasar de USD 3.600 a USD 2.500, la diferencia de USD 1.100 no constituye una abstracción logística. Se traslada directamente al precio que puede pagar una industria por la madera, al margen de una empresa exportadora, a la posibilidad de conquistar un mercado externo y, finalmente, a la capacidad de sostener producción y empleo.

Por eso resulta llamativa la composición de la jornada parlamentaria. El programa incluye sindicalistas navales, capitanes, prácticos, representantes de la industria naval, especialistas en Marina Mercante y legisladores, pero no identifica entre los expositores a representantes de las economías regionales del NEA, exportadores misioneros, usuarios de las cargas, productores forestales o autoridades de los puertos del interior. Esa ausencia surge de la propia nómina oficial de participantes. No invalida sus argumentos. Pero revela desde qué lado de la ecuación se organiza inicialmente la discusión.

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Acon Timber ya procesa 700.000 m³ de madera y reclama bajar el costo logístico

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A dos años del inicio de sus operaciones, Acon Timber alcanzó un ritmo de consumo de madera de alrededor de 700.000 metros cúbicos anuales en su planta de Virasoro, Corrientes, por encima de los 600.000 a 650.000 m³ previstos para la primera etapa. La empresa ya trabaja sobre nuevas inversiones para ampliar su capacidad, pero su principal desafío dejó de estar dentro del aserradero: ahora está en la logística, la energía y los costos que enfrenta para llegar a los mercados internacionales.

El dato fue presentado por Nicolás Crisp durante el encuentro realizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA), donde expuso sobre la evolución de la planta y los obstáculos que enfrenta la industria forestal para transformar su potencial productivo en una plataforma exportadora competitiva.

“Como dije recién, a nivel productivo estamos en donde esperábamos estar, ligeramente por arriba”, explicó Crisp en diálogo con Economis. Para esta primera etapa, Acon Timber había dimensionado un consumo de entre 600.000 y 650.000 metros cúbicos de madera por año y actualmente proyecta superar los 700.000 m³.

La operación atraviesa ahora una segunda fase. Después del proceso de puesta en marcha, capacitación y estabilización de la planta, el foco pasó hacia la eficiencia, la productividad, la calidad y, especialmente, la logística, tanto para abastecer de materia prima al complejo como para colocar la producción en el exterior.

La escala permite dimensionar el impacto de la operación. Con un consumo anual superior a los 700.000 m³ de pino, la planta genera alrededor de 350.000 m³ de producto terminado y unas 90.000 toneladas de pellets. El volumen exportador ronda los 900 contenedores mensuales.

La capacidad industrial instalada, sin embargo, tiene margen para crecer. La línea de aserrado fue concebida desde el inicio para consumir hasta 1,3 millones de metros cúbicos de madera por año. El límite actual aparece en los procesos posteriores, particularmente en el secado y en la disponibilidad de energía y vapor necesaria para acompañar una mayor producción.

Por eso, la siguiente etapa de inversiones contempla nuevos secaderos, calderas y líneas de clasificación, entre otras instalaciones. La compañía ya adelantó parte de ese programa: durante 2025 incorporó siete nuevos secaderos con una inversión aproximada de US$7 millones y durante este año puso en marcha una nueva línea de producción.

La estrategia de Acon Timber, sin embargo, está condicionada por una pregunta que excede las fronteras de la planta: cuánto cuesta producir en Corrientes y cuánto cuesta sacar esa producción hacia los mercados internacionales.

“Puertas para adentro creemos que somos competitivos. Necesitamos esa competitividad tranquera para afuera”, sintetizó Crisp. La distancia es un factor determinante. Desde Virasoro hasta los puertos existe un recorrido cercano a los 1.000 kilómetros, que se transforma en un componente significativo de la estructura de costos.

Para una empresa que exporta el 100% de su producción, la logística no es un elemento accesorio. Es parte del producto que se ofrece al mercado internacional. Un costo adicional de transporte puede determinar si una operación resulta competitiva frente a productores ubicados más cerca de los puertos.

En ese punto, Crisp puso especial atención sobre el desarrollo de alternativas de transporte fluvial y la posibilidad de avanzar con una ley de cabotaje que permita ampliar la oferta logística. “Necesitás opciones y soluciones, oferta logística que venga a retirar esa carga”, sostuvo.

La discusión incorpora a los puertos de la región como parte de una infraestructura productiva que todavía necesita mayor integración. El empresario mencionó las alternativas existentes en Posadas, Ituzaingó y Corrientes, pero remarcó que la clave será contar con una red capaz de retirar grandes volúmenes de producción y conectarlos con los mercados externos a costos competitivos.

El planteo adquiere relevancia porque el crecimiento de las inversiones forestales en Misiones y Corrientes no puede analizarse únicamente desde la capacidad de los aserraderos. Si la producción industrial aumenta pero el costo para trasladarla hasta los mercados permanece elevado, parte de la ventaja competitiva generada en la planta se pierde antes de llegar al puerto.

Crisp también señaló otros costos menos visibles que impactaron sobre el proyecto una vez que comenzó a operar. Entre ellos ubicó la burocracia asociada al comercio exterior, la cantidad de documentación requerida para cada operación, los tiempos vinculados con Aduana y las dificultades para recuperar saldos de IVA derivados de las inversiones.

“Es difícil exportar desde Argentina”, planteó. Según explicó, todavía existen numerosos pasos y documentos en las operaciones de comercio exterior, algunos de ellos en formato papel, además de procesos que demandan tiempo para recuperar créditos fiscales.

Para una inversión de esta escala, esos tiempos también tienen una dimensión financiera. Los recursos inmovilizados durante períodos prolongados elevan el costo efectivo del proyecto y afectan la capacidad de las empresas para continuar invirtiendo.

El diagnóstico de Acon Timber coincide con una de las principales discusiones que atraviesan actualmente a la forestoindustria regional: el desafío ya no es demostrar que existe materia prima ni capacidad industrial, sino generar las condiciones para que esa producción pueda competir en igualdad de condiciones en el mundo.

“Necesitamos generar un entorno más competitivo que nos permita ser más competitivos como sector y como país”, sostuvo Crisp. La empresa compite directamente en mercados internacionales y, una vez que la producción llega al puerto, enfrenta reglas similares a las de otros exportadores. La diferencia se juega antes, en el costo de llegar hasta allí.

La escala de Acon Timber también plantea una oportunidad para el conjunto de la cadena. La empresa estima que tiene capacidad técnica para duplicar su volumen de producción, aunque para hacerlo deberá completar inversiones en etapas posteriores, particularmente en generación de energía y vapor, secado y otros procesos industriales.

El empresario considera que el potencial no se limita a las grandes inversiones. La mejora de las condiciones logísticas puede modificar también la ecuación de los pequeños y medianos aserraderos de Misiones y Corrientes y, hacia atrás, generar incentivos para aumentar la producción forestal.

“Una vez que estás en el puerto las reglas son las mismas para todos”, explicó. Si se consigue reducir el costo de llegar hasta ese punto, la mejora puede trasladarse a toda la cadena: desde la industria de transformación hasta el productor forestal que decide volver a plantar.

Ese es, precisamente, el salto que todavía debe dar la región: pasar de un sector con potencial a una plataforma forestal exportadora integrada. Para Crisp, el camino requiere eficiencia dentro de las fábricas, pero también infraestructura, energía, simplificación administrativa y alternativas de transporte que permitan conectar la producción del NEA con el mundo.

La experiencia de Acon Timber muestra que la inversión privada puede anticiparse y asumir el riesgo de instalar capacidad industrial a gran escala. Pero también expone el límite de esa estrategia cuando los costos externos a la fábrica reducen la competitividad del proyecto.

El próximo capítulo de la forestoindustria regional, por lo tanto, no se definirá solamente dentro de los aserraderos. Se jugará también en los puertos, las rutas, los sistemas de transporte, la energía y las reglas que determinan cuánto cuesta exportar. Si esas variables logran alinearse, la capacidad industrial instalada en Misiones y Corrientes puede dejar de ser solamente una promesa de desarrollo y convertirse en una plataforma sostenida de exportaciones, empleo e inversión.

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Jalil destacó el diálogo con Nación y anticipó avances en energía, cabotaje y la marca Norte Grande

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La 24ª Asamblea de Gobernadores del Norte Grande cerró en Posadas con una agenda que busca pasar de los reclamos a definiciones concretas. El gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, destacó el diálogo alcanzado entre las diez provincias y el Gobierno nacional y puso el foco en tres temas que tendrán continuidad inmediata: una nueva ley de cabotaje, el tratamiento diferencial de la energía para las zonas cálidas y frías y el fortalecimiento de la marca Norte Grande como herramienta de promoción internacional.

“Han sido muy buenas las conclusiones”, resumió Jalil al finalizar el encuentro realizado en la capital misionera, que tuvo como anfitrión al gobernador Hugo Passalacqua y contó con la participación del jefe de Gabinete, Diego Santilli, además de los mandatarios de las provincias del NEA y NOA y autoridades del Consejo Federal de Inversiones (CFI).

Uno de los puntos centrales fue el avance hacia una nueva ley de cabotaje, una iniciativa que las provincias vienen trabajando junto al CFI y que, según explicó Jalil, podría ingresar próximamente al Congreso impulsada por el Ejecutivo nacional.

“Ya en la primera reunión que realizamos junto con el secretario del CFI, Ignacio Lamothe, y los diez gobernadores, planteamos la necesidad de una nueva ley de cabotaje. Se está estudiando y es probable que el Gobierno nacional la envíe en los próximos días”, señaló.

Para las provincias del Norte Grande, la discusión logística no es secundaria. Las grandes distancias respecto de los principales centros de consumo y exportación del país constituyen uno de los factores estructurales que afectan la competitividad de las economías regionales.

Jalil sostuvo que el proyecto que se encuentra en elaboración apunta precisamente a reducir esas ineficiencias. “Es una ley que va a mejorar, sobre todo, mucho lo que significa la eficiencia en algunos sectores de la economía”, afirmó.

Energía: una reunión clave con Nación el 18 de agosto

El segundo eje fue energético. Los gobernadores volvieron a plantear las diferencias estructurales que enfrentan las provincias del Norte por las temperaturas extremas y el mayor consumo eléctrico, particularmente durante los meses de verano.

Jalil confirmó que la discusión continuará rápidamente: el 18 de agosto por la tarde habrá una reunión de trabajo con integrantes del Gabinete nacional para abordar el esquema energético y las particularidades de las zonas cálidas y frías.

“En el tema energía vamos a tener una reunión de trabajo también con el Gobierno nacional por las zonas frías y las cálidas la próxima semana”, anticipó.

La cuestión tiene especial importancia para Misiones y el resto del NEA, donde los gobernadores vienen reclamando un reconocimiento tarifario equivalente al tratamiento diferencial que reciben las provincias alcanzadas por el régimen de Zona Fría.

El mandatario catamarqueño vinculó además la discusión energética con el desempeño de las economías regionales. Consultado específicamente sobre el sector productivo, sintetizó: “Todo esto tiene que ver con el precio de la energía, el precio del gas”.

Una marca Norte Grande para salir al mundo

Otro de los acuerdos alcanzados en Posadas apunta a fortalecer la marca Norte Grande, una estrategia que las diez provincias vienen construyendo desde hace varios años para presentarse como un bloque productivo, turístico y exportador ante los mercados internacionales.

La novedad es que el proyecto tendrá acompañamiento de la Cancillería.

“Lo vamos a trabajar con la Cancillería y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, se comprometió a coordinar las tareas con la Cancillería. Es muy importante para posicionar una marca Norte Grande que ya lleva varios años”, explicó Jalil.

La estrategia busca que el Norte deje de promocionarse internacionalmente como diez economías provinciales aisladas y gane escala como una región que concentra recursos mineros, forestales, agroindustriales, energéticos, turísticos y alimenticios con fuerte potencial exportador.

Jalil valoró la presencia de Santilli

La presencia del jefe de Gabinete tuvo un peso político particular en la reunión. Santilli sostuvo durante la cumbre que el 90% de los pedidos formulados por los gobernadores había sido resuelto, una afirmación sobre la que Jalil evitó polemizar y eligió destacar el canal institucional abierto entre Nación y las provincias.

“Lo importante es resolver a través del diálogo y el consenso, inclusive en un contexto internacional complejo”, respondió.

El gobernador catamarqueño hizo referencia además a un escenario externo atravesado por conflictos internacionales y modificaciones en los precios de los commodities, factores que repercuten directamente sobre las provincias productoras.

“Valoramos la visita del jefe de Gabinete y valoramos también a Hugo Passalacqua, que ha sido el anfitrión”, agregó.

La palabra diálogo atravesó buena parte de las declaraciones de Jalil. Frente a las tensiones fiscales entre Nación y las provincias, el mandatario insistió en preservar una mesa política que permita transformar los reclamos regionales en decisiones concretas.

“Entendemos la complejidad de la economía internacional y también nacional, pero valoramos todos los gobernadores el diálogo que hemos tenido hoy”, afirmó.

Una economía que todavía muestra dos velocidades

Jalil también dejó una definición sobre la coyuntura económica. Sin desconocer sectores que exhiben mejores indicadores, admitió que la recuperación todavía es dispar.

“Todos esperamos que la economía entre en una recuperación. Nosotros observamos algunos sectores que están muy bien, otros sectores que tienen algunas complicaciones”, sostuvo.

La frase sintetiza parte del diagnóstico que atravesó la cumbre: detrás de la mejora de determinadas variables nacionales, las provincias continúan enfrentando problemas vinculados con la actividad productiva, los costos energéticos, la infraestructura, la logística y la situación de las economías regionales.

En ese escenario, la reunión de Posadas dejó al menos una hoja de ruta concreta. El cabotaje seguirá su camino hacia un proyecto definitivo; el 18 de agosto Nación y las provincias volverán a sentarse para discutir energía; y Cancillería se incorporará al desarrollo de la marca Norte Grande.

Para Jalil, ese método de negociación es tan importante como los propios resultados. “Sobre todo, valoramos el diálogo”, insistió.

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Sturzenegger promete una nueva ley de cabotaje para potenciar el transporte fluvial

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El Gobierno nacional prepara una de las reformas logísticas más ambiciosas de las últimas décadas: la modificación integral del régimen de cabotaje y navegación interior. La iniciativa, impulsada por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, apunta a eliminar restricciones y costos regulatorios que, según el funcionario, encarecen artificialmente el transporte fluvial en la Argentina.

La discusión tiene un impacto directo sobre Misiones. En particular, sobre la industria forestal, uno de los principales complejos exportadores de la provincia, que desde hace años reclama una mayor utilización de la Hidrovía Paraná-Paraguay y de los puertos locales como alternativa al transporte exclusivamente carretero.

“Tenemos una ley que básicamente hace muy cara esa navegación”, sostuvo Sturzenegger al explicar el proyecto. El ministro incluso vinculó la futura reforma con el espíritu original de la Constitución Nacional y el histórico artículo 26, que garantiza la libre navegación de los ríos interiores.

La referencia no es menor. La logística es hoy uno de los principales factores que restan competitividad a las economías regionales del norte argentino. En el caso de Misiones, gran parte de la producción forestal debe recorrer más de mil kilómetros en camión hasta puertos bonaerenses como Zárate o Rosario para acceder a mercados internacionales.

Sturzenegger puso como ejemplo concreto el caso de la industria maderera misionera. Según explicó, llenar un barco de madera implica actualmente movilizar alrededor de 300 camiones desde ciudades como Eldorado hasta los puertos del centro del país. Con la reforma, la lógica cambiaría por completo: la carga podría salir directamente desde puertos sobre el río Paraná, como el de Eldorado o el de Puerto de Posadas.

El efecto económico sería inmediato. “Le bajan los costos totales 15 o 16 puntos”, aseguró el ministro. En términos productivos, la reducción equivaldría -según su propia comparación- a una baja indirecta de retenciones cercana al 8%.

La potencial mejora excede al sector forestal. También podría beneficiar a industrias yerbateras, tealera, celulósica y a toda la cadena exportadora del noreste argentino. El ahorro logístico permitiría mejorar márgenes, ampliar mercados y ganar competitividad frente a competidores internacionales.

Además, la reforma podría reconfigurar el mapa portuario del norte argentino. Sturzenegger mencionó específicamente el caso de Barranqueras, al señalar que podría convertirse en “una segunda Rosario” para la salida de granos y producción regional. La lógica sería similar para los puertos misioneros si logran integrarse de manera eficiente al sistema fluvial exportador.

La discusión aparece en un momento clave para Misiones. La provincia viene impulsando desde hace años el desarrollo del transporte multimodal y la recuperación de su infraestructura portuaria. El Puerto de Posadas ya opera cargas contenerizadas y la Provincia avanza además con la licitación internacional para la modernización integral de la terminal y la consolidación de servicios regulares de transporte fluvial.

En paralelo, la eventual flexibilización del cabotaje podría aliviar otro problema estructural: el deterioro de rutas y el alto costo del transporte carretero. Menos camiones de larga distancia implicarían menor consumo de combustible, menos accidentes y menores costos de mantenimiento vial.

La apuesta del Gobierno es que la desregulación permita dinamizar inversiones privadas y acelerar la integración logística del norte argentino con mercados internacionales. Para Misiones, donde la competitividad exportadora depende en gran medida de los costos de salida, la discusión puede convertirse en uno de los cambios económicos más relevantes de los últimos años.

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