Luis Caputo

Caputo prometió bajar impuestos, pero postergó la reforma integral para un segundo mandato de Milei

Compartí esta noticia !

El ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó que el Gobierno nacional proyecta reducir en otro punto la presión impositiva durante 2027, aunque aclaró que una reforma tributaria integral requerirá un acuerdo profundo con las provincias y quedará como uno de los grandes objetivos para un eventual segundo mandato de Javier Milei.

Durante su participación en el encuentro del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), realizado en Puerto Iguazú, Caputo reconoció que la Argentina arrastra una estructura tributaria “malísima”, atravesada por impuestos distorsivos en los tres niveles del Estado.

El ministro aseguró que la Nación ya redujo la presión tributaria en tres puntos desde el comienzo de la gestión libertaria, pero admitió que todavía persisten gravámenes que castigan la producción, la inversión y la formalidad.

Entre ellos apuntó especialmente contra Ingresos Brutos y las tasas municipales. Sin embargo, reconoció que las provincias construyeron una fuerte dependencia de esos recursos ante la inestabilidad de las transferencias nacionales y las recurrentes crisis fiscales.

“Le preguntás a cualquier gobernador y te va a decir que era la única forma de defenderse”, señaló. Según Caputo, los impuestos provinciales llegan a representar alrededor del 80 por ciento de los ingresos propios en muchas jurisdicciones.

Por esa razón, sostuvo que una reforma tributaria de fondo no podrá resolverse exclusivamente desde Buenos Aires. Será necesario sentar a la Nación y a las provincias en una misma mesa para redefinir la distribución de los recursos y reemplazar gradualmente los tributos más perjudiciales.

“La reforma de fondo va a requerir sentarnos con las provincias y hacer un cambio profundo. Eso va a llegar para el segundo mandato”, afirmó.

Mientras tanto, adelantó que el Gobierno continuará bajando impuestos en la medida en que el superávit fiscal lo permita. “El año que viene vamos a bajar un punto más”, prometió.

Caputo también defendió la recuperación desigual de los distintos sectores productivos. Rechazó que las distintas velocidades constituyan necesariamente un problema y las definió como una consecuencia natural de la reasignación de recursos que impulsa el programa económico.

El ministro recordó que el período de mayor caída industrial se produjo durante el último año y medio de la administración anterior, cuando la actividad fabril retrocedió catorce puntos en medio del desorden macroeconómico, la falta de precios de referencia y la brecha cambiaria.

Para explicar el potencial que, a su entender, permaneció desaprovechado, recurrió a una metáfora futbolística: la Argentina tenía a “Messi, Di María y Enzo Fernández en el banco de suplentes”.

En esa comparación ubicó a la energía, la minería, el agro y la economía del conocimiento, sectores que estuvieron condicionados durante años y que ahora comenzaron a ganar protagonismo.

“Energía y minería estaban pisadas. Ahora les das la posibilidad de surgir y van a arrancar”, planteó. Para Caputo, el crecimiento de esas actividades no perjudica al resto del entramado productivo, sino que aporta divisas, inversiones, empleo y mayor previsibilidad para toda la economía.

El ministro sostuvo que durante décadas el desempeño de las empresas estuvo sometido a la discrecionalidad del funcionario de turno, que decidía mediante permisos, cupos, regulaciones o acceso diferencial al mercado cambiario quién podía crecer y quién quedaba relegado.

La estrategia oficial, explicó, consiste en estabilizar primero la macroeconomía y permitir después que el mercado determine la asignación de recursos. “Es un proceso. Estamos reconstruyendo el país y esto es parte de la reconstrucción”, afirmó.

Caputo admitió que la transformación beneficiará más rápidamente a algunas actividades que a otras, pero insistió en que se trata de un movimiento inevitable dentro de una economía que abandona restricciones acumuladas durante años.

Otro de los ejes de la presentación fueron los vencimientos de deuda, que durante el próximo período alcanzarán los 23.000 millones de dólares.

Caputo buscó despejar las dudas sobre la capacidad de pago y aseguró que el programa financiero está cerrado con un año y medio de anticipación. Según destacó, se trataría de una situación inédita para la Argentina reciente.

“No tenemos necesidad de salir al mercado financiero internacional”, afirmó. El ministro aclaró que el Gobierno podrá refinanciar vencimientos, pero únicamente cuando encuentre condiciones convenientes y tasas suficientemente bajas.

Caputo reveló que el equipo económico recibió propuestas de financiamiento con costos hasta 200 puntos básicos inferiores a las condiciones disponibles en el mercado. “Hemos cerrado el financiamiento”, insistió.

La afirmación apunta a reducir la incertidumbre sobre los compromisos externos y a evitar que el calendario de deuda vuelva a condicionar el programa económico.

Mora, bancos y un límite al rescate estatal

El ministro también se refirió al aumento de la mora de familias y empresas. Lo describió como parte de un proceso de aprendizaje de un sistema financiero que, durante años, tuvo pocos incentivos para prestar al sector privado porque encontraba rentabilidad en el financiamiento al Estado.

Caputo rechazó de plano la posibilidad de utilizar recursos públicos para compensar a las entidades que otorgaron créditos de manera deficiente.

“No podemos usar la plata de los contribuyentes para compensar a entidades financieras cuyo trabajo es dar crédito”, sostuvo. A su entender, rescatar a los bancos por una mala evaluación de sus clientes sería una medida “populista e inmoral”, tanto para quienes cumplen con sus obligaciones como para el conjunto de los contribuyentes.

El ministro aseguró que las entidades están respondiendo mediante refinanciaciones, extensión de plazos y reducción de tasas. Como ejemplo, señaló que el Banco Nación concretó más de 100.000 operaciones de refinanciamiento.

Para Caputo, esa conducta no responde solamente a una decisión de acompañamiento, sino también a la lógica del propio negocio bancario: refinanciar puede ser más conveniente que ejecutar una deuda o asumir una pérdida definitiva.

Aunque reconoció la existencia del problema, descartó que la mora represente una amenaza para la estabilidad financiera. Estimó que equivale aproximadamente a un punto del producto y remarcó que deberá resolverse entre las entidades y sus clientes.

“No es un problema sistémico. Es un problema que tiene que resolverse entre privados”, concluyó.

“Me importa tres pitos lo que digan”

Caputo también rechazó los pronósticos que anticipan un escenario de tensión económica y cambiaria durante el próximo año. Con una expresión poco habitual para un ministro de Economía, buscó quitarles dramatismo a las advertencias: “Me importa tres pitos lo que digan. Va a ser un año que no tendrá nada que ver con lo que se está diciendo. Va a ser súper tranquilo”.

De todos modos, aclaró que su responsabilidad no consiste solamente en confiar en el rumbo oficial, sino en preparar al Gobierno frente a las expectativas y los temores del mercado. “No importa lo que pienso yo, me preparo para lo que piensa la gente”, señaló.

El ministro afirmó que la Argentina llegará al próximo proceso electoral en una posición mucho más sólida que en 2025, especialmente en materia cambiaria. Como respaldo mencionó la acumulación de 15.000 millones de dólares de reservas y la disponibilidad del swap con China.

“Nos preparamos para el peor de los escenarios, pero no va a pasar”, aseguró.

Caputo reconoció que la oposición tiene capacidad para instalar incertidumbre y generar episodios de tensión. Sin embargo, consideró que el margen para provocar una crisis se reduce cuando las cuentas públicas, la emisión monetaria y el frente cambiario permanecen bajo control.

“La oposición es buena generando crisis, pero si tenés la macroeconomía en orden no es tan fácil desestabilizar”, sentenció. Para el ministro, el equilibrio fiscal y el fortalecimiento de las reservas funcionarán como las principales defensas ante cualquier intento de trasladar la disputa política al terreno financiero.

Compartí esta noticia !

Caputo: “Nos deslomamos para que este cambio continúe”

Compartí esta noticia !

“Nos deslomamos para que este cambio continúe y se dé para todos lo más rápido posible”, afirmó el ministro de Economía, Luis Caputo, en una suerte de revival de la frase fallida de Manuel Adorni. Según el ministro, los elogios que recibe el rumbo argentino en el exterior constituyen una señal de que el país avanza en la dirección correcta, aunque reconoció que los efectos positivos todavía demandarán tiempo y paciencia para alcanzar al conjunto de la sociedad. 

Caputo defendió el programa de Javier Milei, aseguró que la Argentina transita el camino correcto y pidió paciencia ante una recuperación que todavía no llega a todos los hogares. Reconoció que dentro de dos años persistirán las dificultades para cubrir los gastos básicos y sostuvo que transformar el país demandará décadas.

El ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a defender el rumbo económico del Gobierno de Javier Milei, aunque acompañó el optimismo oficial con una advertencia que enfría las expectativas de una recuperación inmediata: dentro de dos años todavía habrá argentinos que no podrán llegar a fin de mes.

“No puedo hacer magia”, respondió el funcionario al ser consultado por los sectores que aún no perciben las mejoras que el Gobierno atribuye a su programa económico. Caputo sostuvo que la Argentina “no va a ser Suiza en un año” y trasladó el horizonte de transformación estructural hacia las próximas dos décadas.

“Si no nos desviamos del camino, de acá a los próximos veinte años este va a ser otro país”, afirmó durante el encuentro Vientos de Cambio, realizado en el hotel Sheraton de Buenos Aires.

El mensaje combinó una defensa cerrada de la política económica con un pedido explícito de paciencia. Según Caputo, el Gobierno eligió el rumbo correcto y ahora necesita perseverar para que los resultados alcancen progresivamente a una mayor parte de la sociedad.

El ministro admitió que la estabilización de algunos indicadores macroeconómicos no significa que las dificultades hayan desaparecido de los hogares. “Dentro de dos años también va a haber gente que no va a llegar a fin de mes. En Estados Unidos hay gente que no llega a fin de mes”, planteó.

Caputo argumentó que ningún gobierno puede revertir en apenas un año los problemas acumulados durante un siglo. En ese sentido, señaló que su responsabilidad consiste en reducir gradualmente la cantidad de personas cuyos ingresos resultan insuficientes para cubrir sus gastos mensuales.

“Yo no puedo hacer magia. Tengo que lograr que cada vez esos argentinos que no llegan a fin de mes sean menos”, insistió.

La declaración expuso la tensión que atraviesa el discurso económico oficial: mientras el Gobierno exhibe la desaceleración de la inflación, el ordenamiento fiscal y la reducción de la pobreza como señales de éxito, una parte considerable de la población continúa enfrentando salarios rezagados, pérdida de poder adquisitivo y dificultades para sostener el consumo cotidiano.

Caputo aseguró que la pobreza “bajó a la mitad” y cuestionó que ese resultado no reciba suficiente reconocimiento. También rechazó las críticas sobre la falta de mejoras concretas y sostuvo que cualquier evaluación debe considerar cuál habría sido la situación del país si continuaba el programa económico anterior.

“Si se observan los últimos veinte años, la Argentina fue un desastre. Si se mira hacia dónde vamos hoy, todo es para bien”, afirmó el también ex ministro de Finanzas de Mauricio Macri. 

El titular del Palacio de Hacienda también defendió la integración de la Argentina al comercio internacional y descartó la posibilidad de sostener una economía cerrada.

“Si no nos adaptamos al mundo, cerremos las fronteras. Argentina no tiene opción de no conectarse con el mundo”, expresó.

Caputo definió el proceso en marcha como una reconversión económica y afirmó que el respaldo al programa no se limita al Gobierno. Según aseguró, el rumbo también es valorado por empresarios y actores internacionales.

“Estamos seguros de que este es el camino correcto. Estamos seguros nosotros, en el exterior y los empresarios. Lo importante es la perseverancia”, señaló.

La respuesta a la Unión Industrial Argentina

Durante su exposición, Caputo también respondió al vicepresidente de la Unión Industrial Argentina, Guillermo Moretti, quien había acusado al Gobierno de desconocer la realidad del país y del entramado fabril.

El ministro rechazó el cuestionamiento y aseguró que mantiene conversaciones permanentes con representantes de diferentes sectores productivos.

“Nosotros vamos por lo que es moralmente justo”, afirmó. Además, sostuvo que habla con industriales “todas las semanas” y que las opiniones que recibe en esos encuentros no coinciden con la posición expresada por el vicepresidente de la entidad.

El cruce se produjo en medio de las tensiones entre el Gobierno y una parte de la industria nacional por la apertura comercial, la competencia de productos importados, los costos internos y la debilidad del mercado doméstico.

Caputo, sin embargo, ratificó que no habrá modificaciones sustanciales en la hoja de ruta. El planteo oficial es que la recuperación requiere tiempo y disciplina, aunque la promesa de bienestar generalizado quedó ahora ubicada en un horizonte mucho más extenso que el calendario electoral.

Compartí esta noticia !

Caputo anticipó un proyecto para licitar 5.000 kilómetros de rutas nacionales sin impuestos

Compartí esta noticia !

El Gobierno de Javier Milei profundiza el proceso de privatización de las rutas nacionales y prepara un nuevo proyecto de ley para habilitar la licitación de más de 5.000 kilómetros bajo un esquema particular: las futuras concesiones estarán exentas de impuestos nacionales. El anuncio fue realizado por el ministro de Economía, Luis Caputo, durante el evento “Vientos de Cambio”, organizado por la Fundación Libertad y Progreso.

La iniciativa amplía una estrategia que ya comenzó con la transferencia de corredores viales al sector privado. El objetivo oficial es avanzar hacia un modelo en el que la operación y el mantenimiento de determinados tramos de la red nacional queden en manos de concesionarios, con reglas económicas específicas para hacer atractiva la inversión privada.

El nuevo proyecto deberá pasar por el Congreso, donde se definirá el marco legal para las futuras licitaciones. La particularidad anunciada por Caputo es la eliminación de impuestos nacionales para las rutas que ingresen en este esquema, una condición que modifica la ecuación económica de las concesiones y apunta a facilitar la participación privada.

El anuncio se produce después de que el Ejecutivo formalizara la adjudicación de ocho tramos de rutas nacionales en el marco de la privatización de Corredores Viales. Esos corredores suman más de 3.900 kilómetros y llevaron el total de rutas adjudicadas a más de 9.000 kilómetros, de acuerdo con los datos difundidos por el Gobierno.

La nueva etapa vuelve a poner en discusión quién financia la infraestructura vial argentina. Durante décadas, el Estado nacional concentró buena parte de la responsabilidad sobre construcción, conservación y mantenimiento de las rutas nacionales. El esquema que impulsa la administración de Milei busca trasladar progresivamente esa responsabilidad al sector privado mediante concesiones y mecanismos de explotación de los corredores.

El punto económico será determinar si las condiciones ofrecidas a los concesionarios se traducen en mayores inversiones y mejores niveles de mantenimiento sin generar un costo excesivo para los usuarios. La exención tributaria puede mejorar la rentabilidad de los proyectos, pero también abre un debate sobre la contraprestación que deberán asumir las empresas y sobre el esquema mediante el cual se financiará la conservación de las rutas.

Para las provincias, el proceso tiene una dimensión adicional. Las rutas nacionales constituyen infraestructura estratégica para la circulación de producción, el transporte de pasajeros y la conexión con los principales mercados. Por eso, cualquier cambio en el modelo de concesión puede tener efectos sobre los costos logísticos y la competitividad regional.

Entre las provincias alcanzadas por las concesiones ya adjudicadas aparecen Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, Santiago del Estero, Salta, Jujuy, Tucumán, Corrientes, Mendoza, Misiones y Chaco. La inclusión de Misiones resulta especialmente relevante por su condición de provincia periférica dentro del sistema logístico nacional y por la importancia de las rutas para conectar su producción con los grandes centros de consumo y las fronteras internacionales.

En ese contexto, la discusión no se limita al estado físico de las rutas. Para Misiones y el NEA, el costo y la previsibilidad del transporte son variables que impactan directamente sobre la estructura de costos de las empresas. Una concesión que garantice mantenimiento, transitabilidad y obras puede mejorar las condiciones logísticas; un esquema que incremente significativamente los costos de circulación podría producir el efecto contrario.

El Gobierno sostiene que la participación privada permitirá recuperar una infraestructura que durante los últimos años acumuló problemas de mantenimiento. Caputo apuntó directamente contra las gestiones anteriores durante su exposición y cuestionó las críticas actuales sobre el estado de las rutas: “Verlos criticar me parece cómico”, afirmó.

Más allá de la disputa política, el nuevo esquema deberá medirse por resultados concretos. La variable central será si las concesiones logran sostener rutas transitables, reducir interrupciones, garantizar mantenimiento permanente y generar inversiones sin trasladar una carga desproporcionada a quienes utilizan la red vial.

La próxima discusión en el Congreso será, por lo tanto, decisiva. El proyecto no sólo definirá qué rutas pueden pasar a manos privadas, sino también bajo qué condiciones económicas, tributarias y contractuales se desarrollará una nueva etapa de la infraestructura vial argentina.

Con más de 9.000 kilómetros ya adjudicados y otros 5.000 kilómetros que el Gobierno pretende licitar, la privatización de rutas deja de ser una política puntual para convertirse en uno de los principales cambios estructurales de la infraestructura pública. Para las provincias atravesadas por esos corredores, el resultado se medirá menos por la propiedad de las rutas que por una cuestión concreta: cuánto costará mover personas y producción y qué calidad tendrá, en adelante, la red que sostiene esa circulación.

Compartí esta noticia !

La UIA reclama un puente productivo y advierte por el empleo industrial

Compartí esta noticia !

El Día de la Industria encontró al sector fabril en una posición de fuerte tensión con el Gobierno de Javier Milei. El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, trazó una radiografía crítica de la actividad, advirtió por la pérdida de empleo registrado y reclamó un “puente” que permita atravesar la transformación económica sin profundizar el deterioro del entramado productivo.

El planteo industrial llegó en un momento en que la política económica del Gobierno tiene como uno de sus principales objetivos consolidar la estabilidad macroeconómica y reducir la inflación. Para la UIA, sin embargo, esa variable no alcanza para medir el estado de la economía real. “La economía no puede medirse solamente por la inflación”, sostuvo Rappallini, en una de las definiciones centrales de su discurso.

Según los datos citados por la entidad, la producción industrial se encuentra 10% por debajo del nivel de 2022, mientras que algunos sectores acumulan retrocesos de hasta 30%. El deterioro también aparece en el mercado laboral: la UIA estimó en 90.000 los puestos registrados perdidos en la industria desde el inicio de la actual gestión, aunque otras cifras mencionadas durante la jornada ubicaron la pérdida de empleos directos en alrededor de 52.000 durante los últimos doce meses.

La diferencia entre ambos datos responde a los períodos de comparación utilizados, pero el diagnóstico empresarial converge en un punto: la recuperación macroeconómica todavía no se traduce de manera homogénea en actividad industrial y empleo. Esa brecha es la que la principal cámara fabril busca instalar en la agenda económica.

Rappallini planteó que la apertura comercial es un “proceso necesario”, pero cuestionó que la industria deba enfrentar la competencia internacional manteniendo costos internos que, según el sector, reducen su capacidad para competir. “La industria queda expuesta a precios internacionales, pero sigue pagando costos argentinos”, resumió.

El concepto de “puente” sintetiza el pedido empresario. La UIA reclama reconstruir el crédito, acelerar la reducción del costo argentino, combatir el contrabando y la competencia desleal, garantizar energía a precios competitivos, reducir la morosidad, mejorar la infraestructura exportadora y avanzar en una modernización laboral.

El reclamo tiene una dimensión estructural. La discusión ya no pasa solamente por medidas de protección frente a las importaciones, sino por las condiciones bajo las cuales las empresas argentinas pueden competir en una economía más abierta. Para el sector fabril, reducir aranceles y eliminar distorsiones no alcanza si la producción local enfrenta costos financieros, logísticos, tributarios y energéticos superiores a los de sus competidores.

Ese punto adquiere especial relevancia frente a la orientación sectorial del Gobierno. Milei impulsa con mayor intensidad actividades como la energía, la minería y el agro, mientras que la industria reclama que la estrategia de desarrollo incorpore también la transformación de las materias primas en bienes con mayor valor agregado.

El debate sobre Vaca Muerta aparece como uno de los ejemplos más claros. Para los industriales, el desafío no consiste únicamente en aumentar la extracción de hidrocarburos, sino en desarrollar proveedores, tecnología, bienes de capital y productos derivados que permitan ampliar el impacto de esa inversión sobre el resto de la economía.

La discusión también alcanzó al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Dentro de la UIA existe el planteo de que los beneficios destinados a grandes proyectos deben generar mayores vínculos con la cadena industrial para evitar que el crecimiento de sectores primarios y extractivos tenga un impacto limitado sobre la producción manufacturera nacional.

En ese marco, el reclamo de la UIA puede leerse como una disputa por el modelo de crecimiento que seguirá a la estabilización. La industria acepta que la economía atraviese un proceso de transformación, pero reclama condiciones para evitar que la apertura termine acelerando la pérdida de capacidades productivas que luego resulten difíciles de reconstruir.

El mensaje político también fue explícito. Rappallini pidió dejar atrás las “descalificaciones” y las agresiones hacia quienes producen y sostuvo que las diferencias sobre la política económica deben procesarse dentro de la convivencia democrática. El planteo aparece después de una relación cada vez más tensa entre la conducción industrial y funcionarios del Gobierno.

En la misma jornada, el vicepresidente de la UIA, Guillermo Moretti, profundizó las críticas y sostuvo que el Gobierno “no sabe lo que es una fábrica”. También cuestionó al ministro de Economía, Luis Caputo, al que calificó de “trader” y criticó por su orientación financiera. Las declaraciones muestran que el malestar empresarial ya no se limita a pedidos sectoriales y comienza a expresarse como una discusión abierta sobre el rumbo económico.

La ausencia de funcionarios de alto rango en el acto agregó otro elemento político al escenario. El Gobierno estuvo representado por Pablo Lavigne, secretario de Coordinación de Producción y Comercio, un funcionario que anteriormente había sostenido que “la mejor política industrial es no tenerla”. La presencia de un representante de menor jerarquía, frente a una entidad que esperaba discutir de manera directa el rumbo productivo, fue interpretada por parte del sector como una señal de distancia.

Para las empresas, el problema inmediato es cómo atravesar la transición sin destruir empleo ni capacidad instalada. Para el Gobierno, el desafío consiste en demostrar que la estabilización macroeconómica puede convertirse en inversión, productividad y crecimiento sin recurrir a esquemas que perpetúen ineficiencias.

Ahí aparece el núcleo de la discusión. La industria no está reclamando simplemente volver al esquema anterior ni cerrar la economía frente a las importaciones. Está planteando que la apertura debe estar acompañada por una reducción efectiva de los costos que determinan la competitividad y por instrumentos que permitan financiar la reconversión.

La respuesta a ese planteo tendrá impacto sobre el empleo, pero también sobre la capacidad exportadora argentina. Una industria que incorpora tecnología, mejora productividad y logra integrarse a cadenas globales puede transformar la apertura en una oportunidad. Una estructura productiva que pierde empresas, proveedores y trabajadores calificados durante la transición tendrá mayores dificultades para capturar ese beneficio cuando llegue la etapa de expansión.

El conflicto entre la UIA y el Gobierno entra así en una nueva fase. La discusión dejó de concentrarse exclusivamente en la inflación y pasó a una pregunta más compleja: qué estructura productiva tendrá la Argentina cuando la estabilización macroeconómica se consolide y qué sectores estarán en condiciones de aprovecharla.

Compartí esta noticia !

Caputo se reunió con Bessent, que respaldó el programa de Milei y trazó una agenda común

Compartí esta noticia !

El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, se reunió con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, en el marco de la agenda bilateral que Argentina y Washington buscan profundizar bajo las administraciones de Javier Milei y Donald Trump. El encuentro se produjo luego de las sesiones del G20 de Finanzas y tuvo como objetivo avanzar sobre una agenda común en materia económica y financiera.

La reunión adquiere relevancia por el respaldo público que Bessent había expresado previamente al programa económico argentino. Antes del encuentro con Caputo, el funcionario estadounidense sostuvo que la Argentina “está liderando una oportunidad histórica en el hemisferio occidental” y destacó los resultados obtenidos por la administración de Milei.

Bessent señaló que las medidas adoptadas por el Gobierno argentino enfrentaron inicialmente dudas sobre su viabilidad, pero que los resultados comenzaron a hacerse visibles. En particular, destacó la reducción de la inflación y la mejora de las condiciones económicas.

“Dijeron que no podía hacerlas y ahora vemos que la inflación ha bajado y las circunstancias económicas también”, sostuvo el secretario del Tesoro estadounidense.

El funcionario de la administración Trump también vinculó la transformación argentina con un proceso político más amplio en la región. Al analizar la última elección de Milei, afirmó que sectores de menores ingresos y jóvenes que anteriormente se inclinaban por la izquierda respaldaron al Presidente argentino.

“Argentina está liderando una oportunidad histórica en el hemisferio occidental”, remarcó Bessent, al tiempo que señaló cambios políticos en Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador y anticipó que podrían observarse procesos similares en otros países.

Caputo interpretó las declaraciones como un reconocimiento internacional al rumbo adoptado por el Gobierno. “Es un reconocimiento al proceso de transformación que está llevando adelante el presidente Javier Milei”, expresó el ministro en su cuenta de X.

Una reunión con contenido económico y geopolítico

El encuentro bilateral no se limitó al respaldo estadounidense al programa de estabilización argentino. Caputo y Bessent también abordaron la situación internacional y sus posibles efectos sobre los mercados y las economías nacionales.

Uno de los temas analizados fue la crisis en Medio Oriente, particularmente por sus consecuencias sobre el mercado energético global. La evolución del conflicto y las tensiones en torno al estrecho de Ormuz constituyen una variable relevante para los precios internacionales de la energía y, por extensión, para las cuentas externas y fiscales de los países.

Bessent tiene un papel central en la estrategia económica de Washington frente a Irán y anticipó durante el G20 nuevas medidas de presión financiera contra Teherán. El secretario del Tesoro aseguró que Estados Unidos mantiene una política de “tolerancia cero” y adelantó nuevas sanciones bancarias.

La ofensiva estadounidense busca limitar las fuentes de financiamiento del régimen iraní, mientras la permanencia del conflicto mantiene abierto uno de los principales focos de incertidumbre para el mercado energético internacional.

En ese escenario, Bessent también destacó un dato de particular interés geopolítico: sostuvo que existen puntos de convergencia entre Washington y Beijing respecto de Irán. “Tenemos más en común con los chinos respecto a Irán de lo que discrepamos”, afirmó.

La alianza Milei-Trump como activo económico

La reunión entre Caputo y Bessent profundiza una relación que el Gobierno argentino considera estratégica para su programa económico. La cercanía política entre Milei y Trump funciona como marco para una agenda que excede el intercambio comercial y alcanza cuestiones financieras, inversiones, energía y posicionamiento internacional.

En paralelo, Caputo había defendido durante las sesiones generales del G20 el programa de ajuste implementado por la Argentina. El ministro sostuvo que la inversión privada y una menor intervención estatal deben constituir los principales motores del crecimiento.

La coincidencia con el diagnóstico de Bessent fortalece la narrativa internacional del Gobierno argentino, que busca presentar la estabilización macroeconómica como el primer paso hacia una etapa de expansión basada en inversión privada, apertura y competitividad.

El desafío, sin embargo, se encuentra en transformar ese respaldo político y financiero en condiciones concretas para la economía argentina. La estabilidad de precios, el acceso al financiamiento, la llegada de inversiones y la capacidad de las empresas argentinas para competir serán las variables que determinarán si el nuevo alineamiento internacional se traduce en resultados sostenibles.

El encuentro entre Caputo y Bessent dejó así una señal política clara: Washington observa con respaldo el proceso económico argentino y ambos gobiernos buscan profundizar una agenda común. Para Milei, esa relación constituye un activo estratégico en la búsqueda de consolidar la estabilización y abrir una nueva etapa de crecimiento.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin