MADURO

Que no se tape el bosque

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La madrugada del primer sábado del año sorprendió al mundo con el inédito bombardeo ordenado por Donald Trump a Venezuela y la detención de su presidente Nicolás Maduro, en nombre del combate al “narcoterrorismo”. Un ataque inaudito que fue condenado por buena parte del mundo, salvo el presidente Javier Milei que celebró a su modo: “Viva la libertad carajo”. 

El ataque, sin embargo, pone en riesgo la libertad, ya no de un “dictador”, sino de las democracias no alineadas con el sheriff del mundo o el país poderoso del momento. 

El derecho internacional no admite una acción como la que emprendió Trump. Pero el problema no es Maduro, sino el precedente. Se trata de un poder militar extranjero utilizado para cambiar un Gobierno. Lo de dictador no deja de ser un adjetivo que puede o no ser compartido, pero desde el punto de vista jurídico, Nicolás Maduro goza de inmunidad personal absoluta mientras ejerza como jefe de Estado. Esta protección, conocida como inmunidad ratione personae, impide que sea arrestado o juzgado por tribunales extranjeros. Esta inmunidad no rige frente a tribunales internacionales como la Corte Penal Internacional, ni ante el Consejo de Seguridad si autoriza una intervención, cosa que no ha sucedido.

El derecho internacional no distingue entre presidentes “legítimos” o “ilegítimos” según criterios políticos: mientras ejerzan efectivamente el cargo, están protegidos por la inmunidad personal, aún cuando Trump opine que Maduro es el jefe de un cartel narco. 

“No existe base legal para que un Estado actúe como juez y policía global. Eso sería un retorno al derecho del más fuerte”, advierte el jurista Philippe Sands, profesor de Derecho Internacional en University College London.

La privación de libertad de un jefe de Estado protegido por inmunidad, realizada de forma coercitiva y sin base legal internacional, puede ser jurídicamente calificada como secuestro. Además, encuadra como detención arbitraria, prohibida por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y genera responsabilidad internacional del Estado que ejecuta la acción.

“La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda”, describió José Mario de la Garza Marroquín, abogado y presidente de la Asociación Perteneces Justicia e Igualdad. 

¿Puede Estados Unidos actuar unilateralmente con sus Delta Force? Desde el punto de vista jurídico, no. El único órgano con facultad para autorizar el uso de la fuerza es el Consejo de Seguridad de la ONU. Fuera de ese marco, una captura en territorio extranjero constituye una violación directa de la Carta de la ONU.

La fiscal general, Pam Bondi, afirma que el presidente venezolano ha sido imputado en un tribunal de Nueva York y advierte de que “enfrentará la ira de la Justicia estadounidense”. La ira. No el derecho ni la justicia. La ira.

Hoy es Venezuela, mañana puede ser Irán o cualquier país no alineado con Estados Unidos. Casualmente, es Donald Trump el que está con problemas de credibilidad en su propio país, donde arrecian las críticas por los escasos resultados económicos y una economía en pausa. En Hollywood recomendarían iniciar una guerra. 

El inicio del tercer año de Javier Milei en el poder, encuentra a la Argentina con escasos motivos para celebrar. La promesa de crecimiento acelerado quedó en eso y el Gobierno se abraza a la estabilización de la inflación como bandera, objetivo que se logró a costa de una economía paralizada y una ingente pérdida de poder adquisitivo. Se festejan datos mínimos que apenas disimulan la profundidad de los desajustes. Daniel Scioli, secretario de Turismo y vivaz defensor de las ideas libertarias, dio una pequeña muestra de celebraciones opacas. Como los datos del Indec revelaban un creciente déficit en la cuenta de turismo por la salida de argentinos, simplemente dejó de usar los datos del organismo oficial. El Banco Central armó otra estadística más favorable y el déficit “se achicó”: “Con base en esos resultados, nuestras estimaciones para todo 2025 nos indican que los egresos pasarían de ser US$13.350 millones con la vieja metodología a US$10.241 millones con la metodología nueva (un 23% menos)”, festejó Scioli. Los números que celebró el funcionario no parecen muy alentadores. Tras la intervención del Central, el rojo del saldo entre el ingreso y el egreso de divisas por turismo pasó de 9.983 millones a 6.935 millones de dólares. Entre enero y noviembre de 2025 salieron del país 11,19 millones de residentes e ingresaron 4,78 millones de turistas. El resultado fue un saldo neto negativo de 6,41 millones de personas.

Scioli no es el único que se esfuerza en ver el vaso medio lleno. La Federación Argentina de la Industria de la Madera destacó que el sector “comienza a mostrar signos de estabilización, con una leve recuperación respecto a los meses previos y oportunidades concretas vinculadas al comercio exterior”. 

En base a un estudio del consultor Gustavo Cetrángolo, la entidad admite que las altas tasas de interés, la restricción del consumo y la caída de la obra pública continúan condicionando el desempeño del mercado interno. “Los precios de la madera se mantienen prácticamente sin variaciones desde hace más de un año, con un fuerte nivel de competencia comercial que impacta en los márgenes de rentabilidad de las empresas, especialmente en las pymes”.

Pero basta ahondar un poco más en el documento para ver otros datos no tan estimulantes. “La industria foresto-industrial argentina, y en particular el complejo maderero, llega al cierre de 2025 en una situación de extrema fragilidad. Tras una leve mejora técnica en octubre, noviembre y lo que va de diciembre consolidaron una “meseta baja” de actividad: se vende algo más que en el peor momento de la recesión, pero no lo suficiente como para recomponer rentabilidad ni aliviar la asfixia financiera que atraviesan los aserraderos y fabricantes”, reseña.

El principal problema no es la falta total de operaciones, sino su calidad económica. Los precios de la madera se mantienen prácticamente sin cambios desde hace más de un año, pero en un contexto de costos que no dejaron de subir. Para cerrar ventas, muchas empresas se ven obligadas a aplicar descuentos sobre listas, extender plazos de pago y, en algunos casos, recurrir a esquemas informales. El resultado es una competencia feroz por colocar stock, con márgenes mínimos o directamente negativos”, detalla.

“La sobreoferta es otro rasgo del momento. Numerosos aserraderos arrastran altos inventarios de madera, lo que acelera la presión vendedora y empuja aún más los precios a la baja. El único segmento con algo más de dinamismo es el de pallets, aunque con pedidos de muy corto plazo, lo que vuelve al mercado extremadamente volátil e imprevisible”.

Este deterioro ya se refleja en la cadena de pagos. En las últimas semanas comenzó a observarse un aumento en los cheques rechazados dentro del sector, una señal temprana de estrés financiero. Aunque todavía no se trata de una crisis generalizada, complica el acceso al crédito en un contexto en el que financiarse es caro y escaso.

La raíz del problema es estructural. “En los últimos dos años, los ingresos del sector crecieron con fuerza en dólares, pero los costos lo hicieron mucho más rápido. La energía eléctrica -clave para aserraderos y secaderos- registró aumentos desproporcionados, al igual que los insumos, la logística y los costos laborales. La ecuación es simple: aun vendiendo más, muchas empresas ganan menos o directamente pierden dinero”, reseña Cetrángolo. El analista sugiere que la exportación es una “válvula de escape” para la madera. Asia es hoy el gran destino, con precios estables pero bajos, que obligan a resignar margen a cambio de asegurar cobranzas.

Estados Unidos, en cambio, sigue sin traccionar. La débil recuperación de su mercado inmobiliario limita la demanda de productos de mayor valor agregado, como las molduras de pino, cuyas exportaciones continúan en caída. El sector apuesta a una reactivación en 2026, pero por ahora no hay señales claras.

El Colegio de Ingenieros Forestales de Misiones no es tan optimista y eleva una advertencia mucho más severa: la foresto-industria atraviesa una crisis estructural, con plantas operando a menos de la mitad de su capacidad, costos desbordados y pymes al borde del colapso. La diferencia de miradas revela un dilema central para provincias como Misiones: adaptación vía exportaciones o reconstrucción del sistema productivo con políticas públicas y planificación.

Según el Colegio, la foresto-industria opera hoy por debajo del 50% de su capacidad instalada y registra caídas de actividad cercanas al 40%, con reducción de turnos, vacaciones anticipadas, líneas paralizadas, riesgo de despidos y cierres de plantas. La paralización de la obra pública nacional aparece como uno de los golpes más duros sobre la demanda, pero el problema de fondo es el brutal descalce entre ingresos y costos.

Entre 2023 y 2025, señala el documento, los ingresos del sector crecieron 124% en dólares, pero los costos estructurales lo hicieron 249% y los costos energéticos más de 600%. La energía eléctrica, los insumos, la logística y los salarios aumentaron muy por encima de los precios de venta, que permanecen prácticamente estancados. 

La exportación es la válvula de escape, dice Faima. Y Misiones cerró el 2025 con un volumen récord o apenas por debajo del techo de exportaciones, con más de 500 millones de dólares. La yerba mate si batió récord en envíos al exterior, pero aún así la industria atraviesa, según sus principales ejecutivos, una complicada situación por los mismos motivos que el sector forestal: suba de costos muy por encima de la rentabilidad, aún con el desplome del valor de la materia prima que agobia al sector primario. La crisis yerbatera oprime al primer eslabón con una velocidad inusitada a diferencia de otras épocas desreguladas. 

No es errado apuntar a la industria como “la gran beneficiada” de la ola de desregulación, tampoco que el consumo interno está golpeado por la pérdida de poder adquisitivo. En noviembre se enviaron al mercado interno 17.860.938 kilos, el volumen más bajo del año y 18,65 por ciento menos que en octubre. La salida de molino fue 19,32 por ciento menor al mismo mes del año pasado. El 2025 seguramente terminará apenas por encima del 2024, pero debajo de los últimos cinco años y lejos del récord de 2023, con 285.430.373 kilos en el país. 

La crisis por la que atraviesan los principales sectores económicos tiene correlato en el empleo. Desde que asumió Milei hasta noviembre del año pasado -último dato disponible-, Misiones perdió 8.407 empleos privados registrados. En Argentina fueron casi 150 mil. Los que aún lo conservan fueron víctimas de una feroz depreciación del poder adquisitivo. Salvo los ministros de Milei que recibieron aumentos de hasta el 90 por ciento en sus salarios. Un ministro nacional, que percibía un sueldo bruto cercano a los $4.000.000, pasará a cobrar aproximadamente $7.600.000, un secretario de Estado verá su haber saltar de $3.500.000 a unos $6.650.000, mientras que un Subsecretario pasará de cobrar $3.000.000 a una cifra estimada de $5.700.000. Las paritarias no tienen techo para todos.

La fragmentación no es sólo salarial. Las provincias también se tienen que “adaptar” a la nueva realidad. Misiones hace esfuerzos por sostener la actividad económica y el empleo a través de diversas acciones, con inyección directa, como con los programas Ahora que rindieron más de cien mil millones en el último año o a través de quitas que alivian el bolsillo, como los planes para pagar patentes o inmuebles. 

“Para seguir cuidando el bolsillo de las familias misioneras más vulnerables, se prorroga la Tarifa Eléctrica Social Provincial desde el 1 de enero hasta el 30 de abril de 2026, tanto para Energía de Misiones como para las cooperativas de la provincia, garantizando el acceso a este servicio esencial mediante una tarifa bonificada para consumos mensuales de hasta 450 kWh”, anunció el gobernador Hugo Passalacqua. En contraste, Nación confirmó que el 2026 comenzará con aumentos en las tarifas de electricidad, gas y agua en todo el país. Las subas promedio irán del 2,5% al 4%, según resoluciones publicadas en el Boletín Oficial, y aún no incorporan la quita de subsidios que el Gobierno tiene prevista y que podría empujar los incrementos, especialmente en el gas, a dos dígitos

En materia de combustibles, los precios en Misiones volvieron a ubicarse entre los principales motores del encarecimiento del costo de vida. Los combustibles registraron subas muy por encima de la inflación anual, que según el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central y los datos del INDEC cerraría el año en torno al 30 por ciento.

La Nafta Súper de YPF finalizó diciembre en 1.693 pesos por litro, tras un aumento mensual del 0,47 por ciento. En todo 2025 acumuló una suba del 40,61 por ciento, es decir, más de diez puntos porcentuales por encima de la inflación. El gasoil común fue aún más castigado: cerró el año en 1.749 pesos por litro y acumuló una suba del 42,89 por ciento, con un salto del 2,40 por ciento sólo en diciembre.

La Nafta Infinia, el producto premium de YPF, terminó el año en 1.938 pesos por litro, con una suba anual del 33,84 por ciento, también claramente superior al índice general de precios.

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Maduro capturado: fin de una era

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Estados Unidos finalmente consumó aquel operativo que tanto pregonó durante años. Fuertemente impulsado por la segunda gestión de Donald Trump, la caída de Maduro era una cuestión de tiempo. Un régimen desvencijado con un líder cuestionado por dónde se lo mire, en un contexto internacional de evidente cambio del eje pero, principalmente, con intereses puestos en recursos energéticos. Paralelamente, un notorio retorno a la Doctrina Monroe y una globalización inexistente, por si a alguien aún le quedaban dudas. 

Maduro out 

El cautivo presidente de Venezuela gobernó con mano de hierro desde 2013, profundizando el régimen chavista impuesto por el mismísimo Hugo Chávez en 1999. Más allá de las evidentes críticas, muchas acciones en el gobierno completamente insostenibles a esta altura, su captura nada tuvo que ver, en principio, con la política interna de Venezuela.

Trump fue conciso. Lo que teóricamente impulsó con fuerza el avance del ejército de Estados Unidos y la posterior detención de Nicolas Maduro fue su lazo con el narcoterrorismo. El presidente venezolano fue acusado de liderar y financiar a grupos narcos en Venezuela pero con operatividad en todo América, incluido en Estados Unidos. 

El Cártel de los Soles y el Tren de Aragua son las asociaciones de narcotráfico a las que la cúpula de poder venezolano supuestamente está aliada. No es solo Maduro y su esposa, también Diosdado Cabello, por nombrar a otro miembro de alto rango del gobierno. 

El ataque fue tan fugaz como efectivo y planificado. Un par de horas con asedio aéreo fueron suficientes para doblegar la defensa venezolana. La intromisión conllevó a la captura y, en el medio, un ataque descomunal sobre Caracas. Ahora, entendiendo este contexto, ¿por qué solo Maduro? 

Bueno, la respuesta no ha de ser simple. El hecho de haber sacado a Maduro del poder induce a pensar en un cambio de era político. Muchos festejaron asegurando que es el paso hacia una transición elocuente. Sin embargo fue Trump quien confirmó que dicha transición se hará con las botas del Tio Sam en Venezuela. 

El verdadero hito que marca el interés estadounidense por “llevar democracia” a Venezuela es la apropiación de recursos naturales y energéticos. Es justamente el país sudamericano quien detenta la mayor reserva de petróleo del mundo. Sacarse a Maduro de encima es el primer paso hacia una instauración del poderío empresarial petrolero en Venezuela. A propósito de eso, Maduro no era un héroe ni un mártir ni mucho menos. Fue la consecuencia de un régimen qué también hacía negocios con el petróleo pero que era fuertemente criticado por su accionar político, social y económico, sin embargo, la captura de Maduro es el gesto internacional que se esperaba para tener la legitimidad y el visto bueno de poder hacer cuanto negocio quiera con el petróleo en la era post chavista.

La táctica de Estados Unidos es clásica. Luego de la Segunda Guerra Mundial y profundizando con el uso de petróleo, fueron varios los lugares en donde a partir de un enemigo común del Tío Sam, se propusieron ataques, invasiones, ocupaciones, explotación de recursos y finalmente la propia desidia de esos países. Ejemplo de ello son Irak, Libia y Afganistán. Venezuela no es la excepción. 

El trato silencioso

Dado a entender que hay evidentes intereses en la apropiación de recursos naturales venezolanos, ¿por qué Trump decidió hacerlo ahora?

Este interrogante se responde con un concepto previamente plasmado. La salida del mundo globalizado y el giro hacia un mundo regionalizado conlleva a la supremacía de líderes en regiones. Putin lo hace en Europa con la guerra en Ucrania, Xi Jinping lo hace en Asia con Taiwán y EEUU, que bajo la presidencia de Biden había postergado su posicionamiento regionalizador, se ocupa de América con el avance sobre Venezuela. 

Si bien los 3 conflictos son particulares cada uno por sus características, es innegable la cuota de utilización estratégica de los mismos y es algo que Trump no está dispuesto a ceder ni negociar. Pero si el mandatario estadounidense decide venderle el petróleo venezolano a Rusia, ya estamos hablando de un pacto de división territorial global tan grande como la Conferencia de Berlín en 1885 donde las potencias europeas dividieron el continente africano. 

El ataque a Venezuela sólo confirma el fin de la globalización y marca la absoluta presencia de Estados Unidos en América. Lo avisó con el intento de apropiación del Golfo de México, el canal de Panamá y Groenlandia y quien terminó pagando los platos rotos fue Nicolas Maduro, el antagonista perfecto. Nadie va a cuestionar la caída de un dictador, lo cual habilita a un escenario de incertidumbre en la región. 

¿América para los americanos? 

Más allá del dolor del pueblo venezolano, hay que plantearse una serie de interrogantes a futuro que guarden relación con nuestro sueño. Difícil es pensar que lo acontecido en Venezuela no siente precedente para un futuro ataque de Estados Unidos a otro país. 

Si bien está claro que esto es por intereses económicos y no por ideológicos (sino hubiesen “intervenido” Cuba en la etapa post soviética) es de destacar que se rompió algo en la región. 

Históricamente, Sudamérica fue ajena a conflictos armados de envergadura internacional que involucre a las potencias, con la captura de Maduro eso se rompe y no porque “sea un héroe” (nadie llora a un dictador) sino porque se abre el juego a que próximos países puedan ser objetivo de ocupaciones estratégicas. 

Mañana puede ser el litio de Argentina – Chile – Bolivia, o el acaparamiento del mercado brasilero o la Patagonia propiamente dicha. ¿Solamente el color político hace a la inmunidad invasora? No, hay otra cosa más e inclusive más profunda: los lazos con China. 

El golpe a Venezuela fue un mensaje directo a China acerca de cómo hace y deshace EEUU en su región. La cantidad de mercados que China pudo establecer en la región podrían verse, a la larga, afectados por la presencia de EEUU y el consecuente desequilibrio regional. 

En la sala de espera, el resto de los países. Le tocó a Maduro con el narcotráfico, también le podría tocar a Colombia y a Ecuador o a Bolivia y Perú por ser productores, o a Argentina y Brasil por “corrupción política” o a cualquier país por cualquier cuestión, siempre y cuando haya intereses en recursos.

En el nuevo mundo, Trump fue claro: América es de Estados Unidos.

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Las operaciones militares de Estados Unidos en América Latina: del siglo XIX a la captura de Maduro

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Lejos de constituir un hecho excepcional, la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos se inscribe en una larga tradición de intervenciones militares en el hemisferio occidental que atraviesa más de dos siglos. La incursión de este sábado, que incluyó bombardeos sobre territorio venezolano y el traslado del mandatario a territorio estadounidense para enfrentar cargos por narcoterrorismo, volvió a poner en primer plano una práctica estructural de la política exterior de Washington: el uso directo de la fuerza para imponer objetivos estratégicos, políticos o de seguridad.

El propio Donald Trump confirmó la operación y defendió su legalidad y necesidad, pero el episodio abrió un debate inmediato sobre sus implicancias jurídicas y geopolíticas, especialmente en una región históricamente marcada por la proyección militar estadounidense.

De la Doctrina Monroe a la Guerra Fría: dos siglos de intervenciones

Desde sus orígenes, Estados Unidos articuló una política exterior orientada a consolidar su dominio regional. La Doctrina Monroe de 1823 —según la cual cualquier intervención europea en América sería considerada una agresión contra Washington— estableció el principio fundacional de esa hegemonía hemisférica. Con el tiempo, esa doctrina evolucionó hacia una práctica concreta de intervención directa o indirecta en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

Durante el siglo XIX, la expansión territorial estadounidense se realizó mediante conflictos armados y anexiones. La guerra contra México entre 1846 y 1848 culminó con la ocupación y posterior incorporación de vastos territorios que hoy conforman buena parte del suroeste estadounidense, consolidando el uso de la fuerza como instrumento de construcción estatal.

A fines del siglo XIX y comienzos del XX, tras derrotar a España en 1898, Estados Unidos emergió como potencia global e inauguró una etapa de ocupaciones en el Caribe y Centroamérica, conocidas como las Banana Wars. Nicaragua, Haití, Honduras y República Dominicana fueron intervenidos o directamente ocupados para garantizar gobiernos funcionales a intereses políticos y económicos estadounidenses. La ocupación de Haití entre 1915 y 1934 fue uno de los ejemplos más duraderos y explícitos de ese patrón.

Con la Segunda Guerra Mundial y luego la Guerra Fría, la región pasó a formar parte del tablero de la confrontación global entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La lógica de la “contención del comunismo” justificó golpes de Estado, operaciones encubiertas y guerras por delegación. El fracaso de Bahía de Cochinos en 1961, el respaldo a dictaduras militares y el financiamiento de los Contras en Nicaragua en los años ochenta marcaron una época de fuerte injerencia política y militar, con consecuencias devastadoras para la estabilidad democrática de la región.

En paralelo, Estados Unidos recurrió también a intervenciones abiertas: la invasión de Granada en 1983 y la de Panamá en 1989, para capturar al general Manuel Noriega, mostraron que el uso directo de la fuerza seguía siendo un recurso disponible. Aquella operación en Panamá fue condenada por Naciones Unidas y por la Organización de los Estados Americanos como una violación al derecho internacional.

La nueva disputa global y el regreso del poder militar

Tras el fin de la Guerra Fría, Washington desplazó el centro de su política exterior hacia Medio Oriente, Europa Oriental y Asia, pero América Latina nunca dejó de ser un espacio estratégico. En las últimas dos décadas, el ascenso de China como principal socio comercial de varios países latinoamericanos, su expansión en infraestructura, energía y financiamiento, y su creciente influencia diplomática reactivaron en Washington la percepción de que su histórica esfera de influencia estaba siendo desafiada.

En ese marco, Venezuela adquirió un valor simbólico y estratégico. La captura de Nicolás Maduro no solo representa una acción contra un gobierno hostil a Estados Unidos, sino también una señal hacia el resto del continente: Washington vuelve a mostrar que está dispuesto a utilizar su poder militar para imponer límites en su entorno regional inmediato.

El operativo se produjo además en un contexto internacional altamente fragmentado. La guerra entre Rusia y Ucrania, la crisis permanente en Medio Oriente y la creciente rivalidad entre grandes potencias configuran un sistema global inestable, donde las reglas multilaterales pierden peso frente a la lógica de la fuerza.

Argentina ocupa un lugar singular dentro de ese esquema. Desde la llegada de Javier Milei al poder, la política exterior argentina se alineó explícitamente con Washington. Ese posicionamiento se expresó tanto en el respaldo político de Donald Trump al gobierno argentino como en la reacción frente al caso venezolano: Buenos Aires fue uno de los primeros gobiernos en celebrar públicamente la detención de Maduro.

Para numerosos analistas, ese alineamiento reabre viejas discusiones sobre soberanía, dependencia y autonomía en la política exterior argentina. En una región históricamente marcada por la intervención externa, el regreso de operaciones militares directas plantea interrogantes que van mucho más allá del destino personal de un presidente capturado: ponen en juego el equilibrio de poder, el derecho internacional y el futuro político de América Latina en la nueva disputa global.

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Argentina impone restricciones migratorias tras la captura de Maduro

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El Gobierno argentino anunció este sábado la aplicación de nuevas restricciones migratorias para ciudadanos venezolanos vinculados al régimen de Nicolás Maduroluego de la captura del exmandatario y su esposa, Cilia Flores, en un operativo militar llevado adelante por Estados Unidos.

La medida fue comunicada por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a través de la red social X, donde informó que la Dirección Nacional de Migraciones estableció limitaciones para el ingreso al país de personas relacionadas con el chavismo.

“La República Argentina ha adoptado nuevas restricciones migratorias en virtud de la captura del dictador Nicolás Maduro”, expresó Adorni, y precisó que el trabajo se realizó de manera conjunta con otros organismos del Estado Nacional.

A quiénes alcanza la medida

Según detalló el funcionario, las restricciones abarcan a funcionarios del régimen venezolano, miembros de las fuerzas armadas, empresarios vinculados al chavismo y personas que hayan sido sancionadas por el gobierno de Estados Unidos.

“Gracias a esta medida, los cómplices de Maduro que intenten buscar refugio en el exterior no podrán ingresar a nuestro país“, afirmó Adorni, subrayando que Argentina no será un destino seguro para quienes formaron parte del entramado de poder del régimen.

Minutos más tarde, el Ministerio de Seguridad, encabezado por Alejandra Monteoliva, replicó el comunicado y reforzó el mensaje: “Argentina no será refugio de colaboradores del régimen del dictador venezolano Nicolás Maduro”.

El operativo en Caracas

El anuncio se produjo horas después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmara la captura de Nicolás Maduro y su esposa tras una operación militar que incluyó ataques a objetivos estratégicos en Caracas.

Durante la madrugada se registraron fuertes explosiones en distintos puntos de la capital venezolana y zonas cercanas, como la base aérea La Carlota, el Cuartel de la Montaña, La Guaira e Higuerote. Los ataques comenzaron alrededor de la 1:50 de la madrugada (hora local), según reportes de CNN.

Tras el operativo, Maduro y Flores fueron retirados del país en helicóptero, trasladados al buque USS Iwo Jima desplegado en el Caribe Sur y luego enviados a Nueva York para enfrentar cargos judiciales.

Reacción en Venezuela

Con la llegada de la noticia al amanecer, se produjeron celebraciones espontáneas en distintos barrios de Caracas. Vecinos salieron a los balcones y calles con banderas de Venezuela y Estados Unidos, se escucharon bocinazos y cánticos, y muchos ciudadanos manifestaron alivio y emoción tras años de crisis política y económica.

En contraste, dirigentes del chavismo repudiaron la intervención. El ministro del Interior, Diosdado Cabello, llamó a la resistencia desde la televisión estatal, mientras que la vicepresidenta Delcy Rodríguez exigió información oficial y una “fe de vida” de Maduro y su esposa, sin referirse a una eventual transición política.

Acusaciones en Estados Unidos

En paralelo, la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, anunció que Maduro y Flores fueron imputados en el Distrito Sur de Nueva York por cargos de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, posesión de armas de guerra y conspiración contra Estados Unidos. “Pronto enfrentarán la justicia estadounidense en suelo estadounidense“, advirtió la funcionaria.

Más tarde, Trump brindó una conferencia de prensa en Mar-a-Lago, donde aseguró que Estados Unidos gobernará Venezuela de manera transitoria hasta que se concrete “una transición segura, adecuada y juiciosa”, sin precisar plazos ni autoridades interinas, aunque remarcó que el chavismo no continuará en el poder.

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Corina Machado dijo que están preparados “para tomar el poder”, pero Trump la descartó: “No tiene apoyo ni respeto”

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La líder opositora y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, celebró la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela y dijo que desde la oposición están listos “para tomar el poder”. Sin embargo, después el propio Donald Trump descartó su designación al frente del gobierno de transición: afirmó que “no tiene apoyo ni respeto”

En un mensaje dirigido al pueblo venezolano, la líder de la oposición y vicepresidenta designada por Edmundo González Urrutia -autoproclamado presidente tras las elecciones de julio de 2024-, anunció: “Llegó la hora de la libertad”.

“Ante su negativa a aceptar una salida negociada, el gobierno de los Estados Unidos ha cumplido su promesa de hacer valer la ley”, había resaltado Machado.

“Hoy estamos preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder. Permanezcamos vigilantes, activos y organizados hasta que se concrete la Transición Democrática. Una transición que nos necesita a TODOS”, destacó Machado en un comunicado publicado en las redes sociales.

“A los venezolanos que están dentro de nuestro país, estén listos para poner en marcha lo que muy pronto les vamos a comunicar a través de nuestros canales oficiales”, remarcó la líder de la oposición.

Sin embargo, en Washington no vieron como viable la opción que propuso y la descartaron. Fue el propio Trump quien lo señaló en la conferencia de prensa que brindó en Mar-a-Lago, ante la consulta sobre si existieron conversaciones con ella.

Yo creo que sería muy difícil para ella liderar. Ella no tiene el apoyo o el respeto dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”, dijo Trump sobre la ganadora del último Premio Nobel de la Paz, un galardón que el republicano quería para él.

Trump adelantó que el plan es hacerse cargo del gobierno de Venezuela hasta que se pueda plantear una transición ordenada.

“Vamos a gobernar el país hasta que se pueda hacer una transición ordenada, propia. Queremos paz, justicia para la gente de Venezuela. No podemos arriesgarnos a que lo haga alguien que no tenga en cuenta el bien de la gente. Vamos a quedarnos hasta entonces”, añadió el republicano.

Ante la pregunta de los cronistas, no dio precisiones sobre la modalidad que tomará ese gobierno de transición en Venezuela, aunque al pasar confirmó que Delcy Rodríguez, vicepresidenta del régimen de Maduro, ya asumió la presidencia venezolana. La número 2 habría señalado que haría lo que Washington “necesite” para estabilizar el país.

“Ella no tiene otra opción de cualquier manera (por Rodríguez). Lo vamos a hacer bien. Si nos vamos, es porque tienen cero chances de volver”, cerró.

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