Malvinas

Trump sugirió que podría “revisar” el apoyo a Gran Bretaña en la disputa con la Argentina por las islas Malvinas

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió este lunes que podría “revisar” el apoyo estadounidense a la posición británica sobre las islas Malvinas, cuya soberanía es reclamada por Argentina.

“Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas”, respondió Trump a la prensa en el Despacho Oval al ser preguntado sobre este asunto y supo la Agencia Noticias Argentinas.

Las declaraciones de Trump se producen después de que medios británicos publicaran la semana pasada que su Gobierno estaría considerando retirar su apoyo a la posición británica sobre las Malvinas para presionar al Reino Unido a aumentar su gasto en defensa.

El viernes un artículo del medio británico The Telegraph reveló que desde Washington se estaban revisando sus compromisos con sus socios del Atlántico en base a las nuevas metas de gasto en defensa.

Trump exige que los países europeos aumenten su gasto en defensa para sostener la estrategia de disuasión frente a Rusia y para garantizar que Estados Unidos no cargue con la mayor parte del financiamiento de la OTAN.

Hasta ahora, la postura de la Casa Blanca siempre fue de neutralidad respecto a la soberanía, pero con guiños a la administración británica. Es por eso que un cambio en cuanto al apoyo podría significar un importante cambio en la discusión estratégica del Atlántico Sur.

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Alberto Arrúa presidirá el Grupo Parlamentario de Amistad con Nigeria

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El diputado nacional por Misiones Alberto Arrúa, de Argentina Federal, presidirá el Grupo Parlamentario de Amistad (GPA) con la República Federal de Nigeria, un espacio que buscará abrir una agenda de cooperación bilateral entre ambos países y fortalecer los vínculos parlamentarios con una de las principales economías de África.

La conformación del grupo se concretó en el Salón Blanco del Palacio Legislativo, con la participación del encargado de Negocios a.i. de la Embajada de Nigeria en Argentina, Malah Kabaju Yusuf, representantes de la Cancillería, legisladores de distintos bloques y empresarios argentinos con presencia en el mercado nigeriano.

Para Arrúa, la creación del GPA representa el punto de partida para construir una agenda de intereses compartidos. El legislador planteó la necesidad de “empezar a charlar temas importantes para ambas repúblicas y comenzar a trabajar en conjunto” y expresó su expectativa de que este sea “el primer encuentro de muchos para lograr una relación bilateral seria y productiva”.

Una agenda que combina política, comercio y soberanía

El nuevo espacio parlamentario tendrá por delante una agenda que excede el vínculo estrictamente político. Durante el encuentro se planteó la posibilidad de profundizar la cooperación económica y abordar problemáticas comunes, con participación de empresas argentinas que ya desarrollan actividades en Nigeria.

El encargado de Negocios nigeriano destacó precisamente el potencial de esa relación. Yusuf sostuvo que Argentina constituye un país estratégico en Sudamérica por sus recursos y su posición geográfica, mientras que definió al nuevo grupo parlamentario como una plataforma para discutir asuntos de interés común y generar condiciones para políticas de cooperación entre ambos gobiernos.

La dimensión económica aparece así como uno de los posibles vectores para consolidar el vínculo. La participación de representantes de compañías nacionales con presencia en Nigeria permitió incorporar al diálogo parlamentario una mirada vinculada con las oportunidades comerciales y de inversión.

Nigeria volvió a respaldar el reclamo argentino por Malvinas

La cuestión de las Islas Malvinas ocupó también un lugar central en la conformación del grupo. El representante diplomático nigeriano reiteró el respaldo de su país a la posición argentina y aseguró que Nigeria continuará acompañando la causa.

El diputado Rodolfo Tailhade, de Unión por la Patria, valoró especialmente ese respaldo y recordó el acompañamiento de Nigeria a las políticas argentinas vinculadas con la recuperación de las islas y otros asuntos relacionados con la soberanía.

Desde La Libertad Avanza, la diputada María Luisa González Estevarena también destacó el carácter transversal de la cuestión Malvinas y señaló que los Grupos Parlamentarios de Amistad pueden contribuir a la cooperación y a la búsqueda de soluciones frente a problemas comunes.

La coincidencia entre representantes de distintos bloques alrededor de este punto muestra, además, cómo la diplomacia parlamentaria puede funcionar como un canal complementario de la política exterior argentina.

África como espacio para diversificar vínculos

La conformación del GPA con Nigeria incorpora una dimensión estratégica para Argentina: ampliar la agenda internacional hacia África Subsahariana. En ese sentido, Tailhade remarcó las similitudes que existen entre Argentina y distintos países africanos en materia de desigualdad, pobreza y desarrollo, mientras planteó la necesidad de construir una agenda de trabajo común.

El funcionario nigeriano, por su parte, llamó a superar las miradas de corto plazo y avanzar en una relación que permita transformar los problemas compartidos en oportunidades de cooperación.

La participación de funcionarios de las áreas de África Subsahariana, Relaciones Económicas con África y Medio Oriente y Asuntos Parlamentarios de la Cancillería apunta a darle al nuevo grupo una articulación institucional más amplia que la estrictamente legislativa.

Para Misiones, la designación de Arrúa al frente del GPA agrega una oportunidad de incorporar la perspectiva de una provincia con una economía orientada al comercio regional y con interés en ampliar mercados externos. El desafío será convertir la nueva estructura parlamentaria en una agenda concreta de cooperación, intercambio comercial y vínculos empresariales.

El primer paso ya quedó formalizado. Ahora, la capacidad del grupo para sostener reuniones, identificar sectores complementarios y traducir el diálogo político en acuerdos será la medida de su impacto real.

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Cruce por un buque británico en Ushuaia: Tierra del Fuego cuestionó el amarre y Ravier responsabilizó a la provincia

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El amarre del buque petrolero VS Promise, de bandera británica, en el puerto de Ushuaia generó un nuevo contrapunto político e institucional entre el Gobierno de Tierra del Fuego y la administración de Javier Milei. La provincia cuestionó que la embarcación haya ingresado y permanecido en la terminal fueguina, mientras que el vocero presidencial, Adrián Ravier, aseguró que el procedimiento también requirió autorización del Ejecutivo provincial.

El episodio adquiere una dimensión adicional porque el puerto de Ushuaia, propiedad de Tierra del Fuego, se encuentra intervenido por el Gobierno nacional desde enero a través de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN). Según la posición provincial, esa intervención no elimina las competencias locales vinculadas con las normas que regulan la actividad portuaria y la cuestión Malvinas.

El Ejecutivo fueguino expresó su “repudio y rechazo enérgico” al amarre del buque británico y reclamó al presidente Javier Milei que informe de manera inmediata y pública cuáles fueron los criterios políticos, estratégicos y administrativos utilizados para autorizar la operación.

El planteo provincial se apoya, además, en una normativa fueguina que restringe la permanencia, el amarre y el abastecimiento en sus puertos de embarcaciones con bandera británica. Para Tierra del Fuego, la aplicación de esa legislación adquiere especial relevancia debido a que la provincia incluye constitucionalmente en su territorio a las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes.

“Resulta inadmisible que, mientras el Reino Unido mantiene la ocupación ilegítima de una parte integrante del territorio de Tierra del Fuego, una embarcación de bandera británica opere en el puerto de la capital de la provincia”, sostuvo la administración fueguina al cuestionar el ingreso del petrolero.

Ravier contradijo la versión provincial

El conflicto escaló este martes cuando el vocero presidencial, Adrián Ravier, afirmó durante una conferencia de prensa que el amarre del buque no implica una pérdida de soberanía para la Argentina y sostuvo que la operación había contado con intervención de autoridades provinciales.

Según Ravier, antes del amarre el buque debió obtener también autorización del Gobierno de Tierra del Fuego, debido a que la monoboya involucrada en la operación es de jurisdicción provincial. De esta manera, el Gobierno nacional desplazó parte de la responsabilidad sobre la autorización hacia la administración fueguina.

La afirmación introduce un punto de controversia central: mientras Tierra del Fuego cuestiona que una embarcación de bandera británica haya podido operar en Ushuaia y exige explicaciones a la Nación, el Ejecutivo nacional sostiene que la operación contó con las autorizaciones correspondientes y que no representa una afectación de la soberanía argentina.

La discusión no se limita al episodio puntual del VS Promise. También vuelve a poner en primer plano la disputa por las competencias sobre el puerto de Ushuaia, actualmente bajo intervención nacional, y el alcance de las atribuciones provinciales en una jurisdicción particularmente sensible por su relación institucional con la cuestión Malvinas.

Un buque que llegó desde el norte de Tierra del Fuego

El VS Promise se encontraba previamente en la terminal Río Cullen, en el norte de Tierra del Fuego, donde habría cargado crudo antes de trasladarse hacia Ushuaia. El secretario de Malvinas, Antártida, Islas del Atlántico Sur y Asuntos Internacionales de la provincia, Andrés Dachary, señaló que todavía buscaban determinar cuál será el destino final de la carga y qué empresa petrolera contrató la embarcación.

El dato agrega una dimensión económica al conflicto político. El buque está vinculado al transporte de crudo y su recorrido conecta infraestructura energética del norte fueguino con el principal puerto de la capital provincial, en un momento en que la administración de las terminales y las actividades vinculadas con hidrocarburos forman parte de una discusión más amplia entre Nación y provincia.

La situación permanece atravesada por el proceso judicial relacionado con la intervención del puerto de Ushuaia. Así, un movimiento operativo de una embarcación terminó exponiendo nuevamente una disputa de fondo: quién decide sobre una infraestructura estratégica de Tierra del Fuego y bajo qué marco se aplican las restricciones provinciales vinculadas con embarcaciones de bandera británica.

El episodio también adquiere relevancia diplomática en un contexto en el que la posición argentina sobre Malvinas continúa siendo un componente sensible de la política exterior. La controversia deja planteado un problema institucional concreto que deberá ser esclarecido más allá del cruce político: qué autoridad autorizó efectivamente el amarre del VS Promise, bajo qué normativa y cómo se compatibilizó esa decisión con las restricciones vigentes en Tierra del Fuego.

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Prototipo de cipayos asumidos

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Vergonzoso y totalmente apátrida el accionar del gobierno libertario, el cual prácticamente sin solución de continuidad persiste y profundiza la entrega total de soberanía, ubicándonos como cipayos subordinados totales al Bloque Atlantista, en particular a EEUU, Reino Unido e Israel.

Resulta muy claro, y a esta altura indudable, que Milei odia a Argentina y desprecia en grado visceral, a los argentinos.

Abundan declaraciones y acciones que permiten sostener, holgadamente, esa afirmación, como aquella expresión de “soy el topo que busca destruir el Estado desde adentro”. Es necesario recordar que SIN ESTADO NO HAY NACIÓN, Y SIN NACIÓN NO HAY PATRIA. O sea que el presidente y sus secuaces, operan para hacer desaparecer a la República Argentina.

Si es por acciones brutalmente anti argentinas que muestran el genocidio económico, abundan, pudiendo citarse -sin agotar el frondoso listado-, el empobrecimiento masivo, el aumento de marginados que son expulsados a vivir en la calle, los salarios y jubilaciones con poderes adquisitivos degradados mes a mes, los hospitales públicos de importantes aportes a la salud pública y las prestigiosas Universidades Nacionales, soportando fuertes recortes presupuestarios, las imprescindibles obras públicas totalmente paralizadas, la apertura aduanera total que nos inunda con productos importados y derrocha divisas, y el alevoso e impagable endeudamiento externo; además de resignar soberanía en ríos interiores, en el Mar Argentino, entre otros hechos deleznables.

Claro está que, de mínima, libertarios y secuaces tienen el también muy apátrida objetivo, de hacernos involucionar, a la fuerza y como sea, al antes absurdo y hoy inviable, pseudo país de economía forzosamente primarizada, con población casi toda analfabeta y muy pobre, sin coberturas sociales y escasos sistemas sanitarios al alcance de esas mayorías, que éramos alrededor del 1900; y en lo geopolítico, en esos años fungíamos como dócil marioneta subordinada al por entonces muy poderoso Imperio Británico.

La oligarquía mega terrateniente, muy conforme con ese rol de subordinación total, demostrando y jactándose de practicar una anglofilia total, apenas salpimentada con huecas expresiones de patrioterismo declamativo.

Con una ferocidad solo asimilable a procesos de exterminio perpetrados por poderes imperiales brutales cegados por el odio, sin pizca de respeto al ser humano; libertarios y secuaces practican un genocidio económico, un desguace estatal total e irracional, y un alevoso industricidio y tecnicidio (desguace de entes técnicos y científicos); enmarcado todo en una vergonzosa genuflexión respecto a las potencias referentes del Bloque Atlantista.

A todo eso se agrega en casi ininterrumpida cadena, el accionar gubernativo, marcado por sucesivas medidas que crearon desde el comienzo de su gestión, el cuadro socio económico general desastroso, empobreciendo a las grandes mayorías de nuestro pueblo, en un siniestro proceso que puede definirse como de genocidio socio económico en plena perpetración.

Fueron causantes de muertes, por varias causas (interrupciones de tratamientos de enfermos oncológicos y de otras patologías severas); accidentes carreteros, provocados por el deterioro de nuestras rutas, carentes de todo mantenimiento; jubilados y pensionados, que por sus bajas retribuciones carecen de capacidad monetaria para adquirir sus medicamentos, e incluso problemas por la deficiente alimentación, por iguales causas; severos deterioros de salud y seguramente varias muertes, sufridas por el creciente número de argentinos que viven en las calles, los cuales además de la miserable situación, suelen soportar malos tratos, alentadas esas aberraciones por algunos intendentes libertarios y por el nulo accionar al respecto de los organismos nacionales.

La destrucción masiva intencional, se puede constatar en medidas sociales y laborales en contra de los asalariados, que nos retrotraen más de un siglo a las miserable condiciones sociales de aquel contexto semifeudal, “añorado” por oligarcas y sectores ultra conservadores y ultra liberales en lo económico; mientras que el R.I.G.I. y el R.I.G.I. acentuado, nos reducen a un rol de enclave económico apto para ser saqueado y destruido impunemente, en un contexto incluso peor a alevosas maniobras de apoderamiento de nuestras riquezas, perpetradas en el muy negativo período noventista (menemato y delarruato); y también superando las aberraciones en contra de los Intereses Nacionales, cometidas en la nefasta década infame (1930-1943).

Son tantas las acciones y conductas aberrantes, en continua y renovada ejecución, por parte del gobierno libertario y sus secuaces, que se podría escribir una enciclopedia; además del hecho evidente, que Argentina parece ser y padecer el experimento a nivel mundial, fogoneado por el Consenso de Washington y sus derivados, para evaluar y ejecutar cómo destrozar y desguazar totalmente a un Estado Nacional.

En mérito a la brevedad, se exponen solo algunas de esas acciones de cipayismo reconcentrado, que nos meten en el lodo de la ignominia y en la vergüenza, burlándose de los argentinos con sentido de Patria, dolidos y escandalizados por tales niveles de infamia y de pisoteo de soberanía con total desparpajo.

– Groseros insultos al presidente de Brasil, demostrando no solo el ya conocido nivel de ordinariez de Milei, sino también acentuando las profundas dudas acerca del estado mental del presidente libertario. El respaldo de su gabinete y colaboradores cercanos del verborrágico presidente, los hace cómplices de ese deplorable accionar de política exterior. Los insultos a Lula son la contracara de la genuflexión demostrada respecto a EEUU, el Reino Unido, e Israel.
– Banderas extranjeras enarboladas en nuestro Monumento a la Bandera, configurando eso una clara burla a Nuestra Enseña Patria, y una acción atrevida en el contexto de degradaciones intencionales a Nuestro Patriotismo.
– Cipayismo reconcentrado cabe calificar al accionar gubernativo en el muy sensible tema de Malvinas. La Ministra de Seguridad Nacional se refirió en tono despectivo, a “los mapitas de Malvinas”, avalando las presiones de la FIFA (ente que demuestra ser herramienta del accionar imperial del Bloque Atlantista), para evitar que el tema tomara estado público en esa vitrina gigantesca que es un mundial de fútbol. Cuando la conjunción de la hinchada argentina (o sea del pueblo), y el decidido accionar de nuestros jugadores, mostraron al mundo el cartel, el tema pasó a tener repercusión mundial. En vez de posicionarse en defensa de nuestros derechos nacionales, el presidente montó en cólera e insultó a jugadores e hinchas que tuvieron el coraje y patriotismo de exhibir esa improvisada bandera. Pero el cipayismo acentuado de libertarios y secuaces no parece tener límites, pues ordenaron sacar de los medios de transporte todo cartel o adhesivo vinculado a Malvinas, mientras que según trascendió, Cancillería se disculpó por el ya famoso “trapo de Malvinas” del Mundial (“disculparse” por defender nuestros derechos, contra la potencia imperial agresora, es de nulo criterio patriótico). También circula en las redes un video del año 2024, que muestra a una patriótica diputada exhibiendo en la cara de la embajadora británica, su remera con “la frase que incomoda a cipayos”, mientras que otros diputados alineados con la antipatria, intentaban disuadir a la valiente diputada Propato de mostrar la inscripción patriota.
– Se permite la apertura del consulado israelí en Ushuaia, mientras que la petrolera de ese país opera con anuencia británica en aguas de Malvinas, para extraer petróleo. Mutis por el foro, por parte del gobierno libertario, mientras también un buque de la Royal Navy surcó aguas argentinas, camino a Punta Arenas.
– Además de involucrarnos neciamente en los conflictos de Medio Oriente (dejando de lado la neutralidad que caracterizó con dignidad a la postura argentina), ahora Milei pretende enviar tropas a Panamá, para operar bajo mando de EEUU, sin haber pedido la debida autorización al Congreso.

Párrafo aparte para el cobarde accionar ferozmente represivo, de las fuerzas de seguridad, para golpear y agredir a jubilados, discapacitados, y otros sectores del pueblo, que acorde a sus derechos de exteriorizar sus fundadas protestas, se manifiestan por medio de pacíficas marchas.

Esos represores evidencian proceder igual que el Regimiento Cipayo, formado por tropas de India, que en épocas en que India era colonia británica, procedían con saña feroz agrediendo a su propio pueblo.

Tomando ese dato histórico, nuestro patriota Arturo Jauretche, creó el concepto de “cipayo” para definir a quienes obedecen órdenes foráneas, en contra de los Intereses Nacionales. Pero como los cipayos locales evidencian ser de escasas o nulas lecturas, igual que sus pobres razonamientos, dudo que tomen conciencia de su vergonzoso accionar.

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Soberanía: la palabra que el Gobierno no logró sacar de la cancha

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Hay errores políticos que nacen de una mala decisión. Otros, de una mala lectura de la realidad. Y hay un tercer tipo, quizás el más peligroso: creer que un símbolo compartido por millones de personas puede administrarse como si fuera un problema de comunicación.

Eso fue, en definitiva, lo que ocurrió esta semana.

La historia no empezó con la bandera desplegada por la Selección Argentina después del partido frente a Inglaterra. Empezó unos días antes, cuando la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, anunció que, tras reuniones con autoridades de la FIFA, organismos de seguridad estadounidenses, representantes británicos y argentinos, se había acordado impedir el ingreso a los estadios de banderas, camisetas u otros elementos que exhibieran el “mapita” de las Islas Malvinas, por considerarlos manifestaciones políticas.

La declaración cayó como una bomba.

No sólo porque se trataba del reclamo histórico de soberanía de la Argentina, sino porque la medida fue interpretada por amplios sectores como una aceptación anticipada de que un símbolo nacional debía quedar fuera de un partido precisamente contra Inglaterra.

La polémica ya estaba instalada.

Y entonces apareció la Selección.

Los jugadores desplegaron una bandera sencilla, hecha por un hincha. Sin consignas partidarias. Sin agravios. Sin llamados a la confrontación. Apenas una frase que cualquier argentino escuchó desde la escuela primaria:

“Las Malvinas son Argentinas”.

Hasta ese momento, el episodio podía haber quedado como una imagen emotiva de un partido cargado de historia.

Pero el Gobierno decidió jugar otro juego, precisamente.

El presidente Javier Milei sostuvo que “la política no debía apropiarse de la fiesta”, habló de una posible sanción de la FIFA, calificó de “miserables” a quienes pretendían convertir el gesto en un hecho político y luego aclaró que, por supuesto, las Malvinas son argentinas y que el reclamo debe mantenerse por la vía diplomática.

Sin embargo, la discusión ya no era esa.

Porque el problema nunca fue la posición histórica sobre Malvinas.

El problema fue el encuadre elegido por el Gobierno.

Mientras millones de argentinos veían una expresión de identidad nacional, la Casa Rosada discutía reglamentos deportivos, neutralidad política y eventuales multas.

Y ahí comenzó una derrota que no se jugó en la cancha.

Se jugó en la opinión pública.

No es una conclusión basada en intuiciones.

Es lo que reflejan los estudios de dos consultoras especializadas en análisis de conversación pública digital.

Ad Hoc, una empresa dedicada al monitoreo y análisis de millones de interacciones en redes sociales para medir tendencias, reputación e impacto de acontecimientos públicos, registró más de dos millones de menciones vinculadas a Malvinas en apenas cinco días.

Sólo durante la jornada del partido hubo 660 mil menciones, casi el doble de las registradas el último 2 de abril, fecha en la que cada año se conmemora el inicio de la Guerra de Malvinas.

Hay un dato todavía más revelador.

Mientras algunos sectores intentaban instalar la discusión sobre si correspondía o no exhibir aquella bandera, el término “Malvinas” apareció más de dos millones de veces en la conversación digital, mientras que “Falklands” apenas superó las 210 mil menciones.

Es decir: incluso en el territorio más fragmentado y caótico de nuestro tiempo —las redes sociales— el consenso argentino resultó abrumador.

El informe también detectó que las conversaciones que asociaban al Presidente con el episodio tenían un 66,7% de sentimiento negativo.

Por su parte, Monitor Digital, otra consultora especializada en inteligencia digital y monitoreo de agenda pública, llegó a una conclusión similar: la controversia desplazó otros temas de la agenda y produjo un deterioro en la reputación digital del Gobierno.

No se trata de que una consultora tenga razón porque sí.

Se trata de que dos equipos diferentes, utilizando metodologías distintas, describieron el mismo fenómeno.

Y después apareció un tercer dato.

La Política Online publicó un análisis según el cual dos de cada tres usuarios rechazaron la postura presidencial frente a la bandera de la Selección.

Cuando distintas mediciones coinciden en señalar la misma dirección, conviene prestar atención.

Porque ya no estamos hablando solamente de redes sociales.

Estamos hablando del modo en que una sociedad interpreta un hecho político.

Y ahí aparece la verdadera pregunta.

¿Quién politizó la bandera?

¿Los jugadores?

¿O quienes decidieron cuestionarla?

Porque conviene recordar algo elemental.

Las Malvinas no son una consigna de un partido.

Son una política de Estado sostenida por todos los gobiernos democráticos, incorporada a la Constitución Nacional que, en su Disposición Transitoria Primera, ratifica la legítima e imprescriptible soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes, además de estar respaldada por resoluciones de las Naciones Unidas que reconocen la existencia de una disputa de soberanía e instan a ambos países a reanudar negociaciones.

Por eso resulta extraño presentar esa bandera como una apropiación política.

Si así fuera, habría que concluir que cada acto oficial del 2 de Abril, cada discurso presidencial sobre Malvinas y cada mapa que aparece en un aula argentina constituyen también una manifestación partidaria.

Hay paradojas que no necesitan explicación. Se explican solas.

Quizás el mayor error del Gobierno haya sido creer que una bandera podía leerse únicamente desde la lógica de la coyuntura.

Pero las banderas no pertenecen a la coyuntura.

Pertenecen a la memoria colectiva.

Y la memoria suele ser bastante más resistente que cualquier estrategia de comunicación.

Como si todo esto fuera poco, la semana terminó ofreciendo una ironía difícil de pasar por alto.

Mientras el país discutía una bandera que reivindicaba la soberanía sobre las Islas Malvinas, el Senado debía debatir un proyecto impulsado por el oficialismo para modificar el régimen de tierras rurales, una iniciativa que, según sus críticos, abre la puerta a una mayor extranjerización de un recurso estratégico.

La sesión finalmente se cayó y el tratamiento quedó postergado.

Puede tratarse de una coincidencia del calendario legislativo.

Pero la imagen es potente.

En pocos días, la palabra soberanía apareció en tres escenarios completamente distintos.

En una cancha de fútbol.

En millones de conversaciones digitales.

Y en el Congreso de la Nación.

Eso debería servir, al menos, para una reflexión.

Porque la soberanía no empieza ni termina en Malvinas.

También se expresa en quién controla los recursos estratégicos, quién decide sobre el territorio, quién define el rumbo económico y qué lugar ocupa el interés nacional frente a las presiones externas.

Quizás por eso una bandera de tela terminó diciendo mucho más que cuatro palabras.

Recordó que hay causas que sobreviven a los gobiernos.

Que existen símbolos que ningún consultor puede resignificar a voluntad.

Y que hay consensos que siguen vivos, incluso en una Argentina atravesada por divisiones profundas.

El Gobierno creyó que discutía una bandera.

Los argentinos, en cambio, discutían algo bastante más grande.

Discutían la soberanía.

Y esa, por suerte, todavía no salió de la cancha.

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