Malvinas

Prototipo de cipayos asumidos

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Vergonzoso y totalmente apátrida el accionar del gobierno libertario, el cual prácticamente sin solución de continuidad persiste y profundiza la entrega total de soberanía, ubicándonos como cipayos subordinados totales al Bloque Atlantista, en particular a EEUU, Reino Unido e Israel.

Resulta muy claro, y a esta altura indudable, que Milei odia a Argentina y desprecia en grado visceral, a los argentinos.

Abundan declaraciones y acciones que permiten sostener, holgadamente, esa afirmación, como aquella expresión de “soy el topo que busca destruir el Estado desde adentro”. Es necesario recordar que SIN ESTADO NO HAY NACIÓN, Y SIN NACIÓN NO HAY PATRIA. O sea que el presidente y sus secuaces, operan para hacer desaparecer a la República Argentina.

Si es por acciones brutalmente anti argentinas que muestran el genocidio económico, abundan, pudiendo citarse -sin agotar el frondoso listado-, el empobrecimiento masivo, el aumento de marginados que son expulsados a vivir en la calle, los salarios y jubilaciones con poderes adquisitivos degradados mes a mes, los hospitales públicos de importantes aportes a la salud pública y las prestigiosas Universidades Nacionales, soportando fuertes recortes presupuestarios, las imprescindibles obras públicas totalmente paralizadas, la apertura aduanera total que nos inunda con productos importados y derrocha divisas, y el alevoso e impagable endeudamiento externo; además de resignar soberanía en ríos interiores, en el Mar Argentino, entre otros hechos deleznables.

Claro está que, de mínima, libertarios y secuaces tienen el también muy apátrida objetivo, de hacernos involucionar, a la fuerza y como sea, al antes absurdo y hoy inviable, pseudo país de economía forzosamente primarizada, con población casi toda analfabeta y muy pobre, sin coberturas sociales y escasos sistemas sanitarios al alcance de esas mayorías, que éramos alrededor del 1900; y en lo geopolítico, en esos años fungíamos como dócil marioneta subordinada al por entonces muy poderoso Imperio Británico.

La oligarquía mega terrateniente, muy conforme con ese rol de subordinación total, demostrando y jactándose de practicar una anglofilia total, apenas salpimentada con huecas expresiones de patrioterismo declamativo.

Con una ferocidad solo asimilable a procesos de exterminio perpetrados por poderes imperiales brutales cegados por el odio, sin pizca de respeto al ser humano; libertarios y secuaces practican un genocidio económico, un desguace estatal total e irracional, y un alevoso industricidio y tecnicidio (desguace de entes técnicos y científicos); enmarcado todo en una vergonzosa genuflexión respecto a las potencias referentes del Bloque Atlantista.

A todo eso se agrega en casi ininterrumpida cadena, el accionar gubernativo, marcado por sucesivas medidas que crearon desde el comienzo de su gestión, el cuadro socio económico general desastroso, empobreciendo a las grandes mayorías de nuestro pueblo, en un siniestro proceso que puede definirse como de genocidio socio económico en plena perpetración.

Fueron causantes de muertes, por varias causas (interrupciones de tratamientos de enfermos oncológicos y de otras patologías severas); accidentes carreteros, provocados por el deterioro de nuestras rutas, carentes de todo mantenimiento; jubilados y pensionados, que por sus bajas retribuciones carecen de capacidad monetaria para adquirir sus medicamentos, e incluso problemas por la deficiente alimentación, por iguales causas; severos deterioros de salud y seguramente varias muertes, sufridas por el creciente número de argentinos que viven en las calles, los cuales además de la miserable situación, suelen soportar malos tratos, alentadas esas aberraciones por algunos intendentes libertarios y por el nulo accionar al respecto de los organismos nacionales.

La destrucción masiva intencional, se puede constatar en medidas sociales y laborales en contra de los asalariados, que nos retrotraen más de un siglo a las miserable condiciones sociales de aquel contexto semifeudal, “añorado” por oligarcas y sectores ultra conservadores y ultra liberales en lo económico; mientras que el R.I.G.I. y el R.I.G.I. acentuado, nos reducen a un rol de enclave económico apto para ser saqueado y destruido impunemente, en un contexto incluso peor a alevosas maniobras de apoderamiento de nuestras riquezas, perpetradas en el muy negativo período noventista (menemato y delarruato); y también superando las aberraciones en contra de los Intereses Nacionales, cometidas en la nefasta década infame (1930-1943).

Son tantas las acciones y conductas aberrantes, en continua y renovada ejecución, por parte del gobierno libertario y sus secuaces, que se podría escribir una enciclopedia; además del hecho evidente, que Argentina parece ser y padecer el experimento a nivel mundial, fogoneado por el Consenso de Washington y sus derivados, para evaluar y ejecutar cómo destrozar y desguazar totalmente a un Estado Nacional.

En mérito a la brevedad, se exponen solo algunas de esas acciones de cipayismo reconcentrado, que nos meten en el lodo de la ignominia y en la vergüenza, burlándose de los argentinos con sentido de Patria, dolidos y escandalizados por tales niveles de infamia y de pisoteo de soberanía con total desparpajo.

– Groseros insultos al presidente de Brasil, demostrando no solo el ya conocido nivel de ordinariez de Milei, sino también acentuando las profundas dudas acerca del estado mental del presidente libertario. El respaldo de su gabinete y colaboradores cercanos del verborrágico presidente, los hace cómplices de ese deplorable accionar de política exterior. Los insultos a Lula son la contracara de la genuflexión demostrada respecto a EEUU, el Reino Unido, e Israel.
– Banderas extranjeras enarboladas en nuestro Monumento a la Bandera, configurando eso una clara burla a Nuestra Enseña Patria, y una acción atrevida en el contexto de degradaciones intencionales a Nuestro Patriotismo.
– Cipayismo reconcentrado cabe calificar al accionar gubernativo en el muy sensible tema de Malvinas. La Ministra de Seguridad Nacional se refirió en tono despectivo, a “los mapitas de Malvinas”, avalando las presiones de la FIFA (ente que demuestra ser herramienta del accionar imperial del Bloque Atlantista), para evitar que el tema tomara estado público en esa vitrina gigantesca que es un mundial de fútbol. Cuando la conjunción de la hinchada argentina (o sea del pueblo), y el decidido accionar de nuestros jugadores, mostraron al mundo el cartel, el tema pasó a tener repercusión mundial. En vez de posicionarse en defensa de nuestros derechos nacionales, el presidente montó en cólera e insultó a jugadores e hinchas que tuvieron el coraje y patriotismo de exhibir esa improvisada bandera. Pero el cipayismo acentuado de libertarios y secuaces no parece tener límites, pues ordenaron sacar de los medios de transporte todo cartel o adhesivo vinculado a Malvinas, mientras que según trascendió, Cancillería se disculpó por el ya famoso “trapo de Malvinas” del Mundial (“disculparse” por defender nuestros derechos, contra la potencia imperial agresora, es de nulo criterio patriótico). También circula en las redes un video del año 2024, que muestra a una patriótica diputada exhibiendo en la cara de la embajadora británica, su remera con “la frase que incomoda a cipayos”, mientras que otros diputados alineados con la antipatria, intentaban disuadir a la valiente diputada Propato de mostrar la inscripción patriota.
– Se permite la apertura del consulado israelí en Ushuaia, mientras que la petrolera de ese país opera con anuencia británica en aguas de Malvinas, para extraer petróleo. Mutis por el foro, por parte del gobierno libertario, mientras también un buque de la Royal Navy surcó aguas argentinas, camino a Punta Arenas.
– Además de involucrarnos neciamente en los conflictos de Medio Oriente (dejando de lado la neutralidad que caracterizó con dignidad a la postura argentina), ahora Milei pretende enviar tropas a Panamá, para operar bajo mando de EEUU, sin haber pedido la debida autorización al Congreso.

Párrafo aparte para el cobarde accionar ferozmente represivo, de las fuerzas de seguridad, para golpear y agredir a jubilados, discapacitados, y otros sectores del pueblo, que acorde a sus derechos de exteriorizar sus fundadas protestas, se manifiestan por medio de pacíficas marchas.

Esos represores evidencian proceder igual que el Regimiento Cipayo, formado por tropas de India, que en épocas en que India era colonia británica, procedían con saña feroz agrediendo a su propio pueblo.

Tomando ese dato histórico, nuestro patriota Arturo Jauretche, creó el concepto de “cipayo” para definir a quienes obedecen órdenes foráneas, en contra de los Intereses Nacionales. Pero como los cipayos locales evidencian ser de escasas o nulas lecturas, igual que sus pobres razonamientos, dudo que tomen conciencia de su vergonzoso accionar.

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Soberanía: la palabra que el Gobierno no logró sacar de la cancha

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Hay errores políticos que nacen de una mala decisión. Otros, de una mala lectura de la realidad. Y hay un tercer tipo, quizás el más peligroso: creer que un símbolo compartido por millones de personas puede administrarse como si fuera un problema de comunicación.

Eso fue, en definitiva, lo que ocurrió esta semana.

La historia no empezó con la bandera desplegada por la Selección Argentina después del partido frente a Inglaterra. Empezó unos días antes, cuando la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, anunció que, tras reuniones con autoridades de la FIFA, organismos de seguridad estadounidenses, representantes británicos y argentinos, se había acordado impedir el ingreso a los estadios de banderas, camisetas u otros elementos que exhibieran el “mapita” de las Islas Malvinas, por considerarlos manifestaciones políticas.

La declaración cayó como una bomba.

No sólo porque se trataba del reclamo histórico de soberanía de la Argentina, sino porque la medida fue interpretada por amplios sectores como una aceptación anticipada de que un símbolo nacional debía quedar fuera de un partido precisamente contra Inglaterra.

La polémica ya estaba instalada.

Y entonces apareció la Selección.

Los jugadores desplegaron una bandera sencilla, hecha por un hincha. Sin consignas partidarias. Sin agravios. Sin llamados a la confrontación. Apenas una frase que cualquier argentino escuchó desde la escuela primaria:

“Las Malvinas son Argentinas”.

Hasta ese momento, el episodio podía haber quedado como una imagen emotiva de un partido cargado de historia.

Pero el Gobierno decidió jugar otro juego, precisamente.

El presidente Javier Milei sostuvo que “la política no debía apropiarse de la fiesta”, habló de una posible sanción de la FIFA, calificó de “miserables” a quienes pretendían convertir el gesto en un hecho político y luego aclaró que, por supuesto, las Malvinas son argentinas y que el reclamo debe mantenerse por la vía diplomática.

Sin embargo, la discusión ya no era esa.

Porque el problema nunca fue la posición histórica sobre Malvinas.

El problema fue el encuadre elegido por el Gobierno.

Mientras millones de argentinos veían una expresión de identidad nacional, la Casa Rosada discutía reglamentos deportivos, neutralidad política y eventuales multas.

Y ahí comenzó una derrota que no se jugó en la cancha.

Se jugó en la opinión pública.

No es una conclusión basada en intuiciones.

Es lo que reflejan los estudios de dos consultoras especializadas en análisis de conversación pública digital.

Ad Hoc, una empresa dedicada al monitoreo y análisis de millones de interacciones en redes sociales para medir tendencias, reputación e impacto de acontecimientos públicos, registró más de dos millones de menciones vinculadas a Malvinas en apenas cinco días.

Sólo durante la jornada del partido hubo 660 mil menciones, casi el doble de las registradas el último 2 de abril, fecha en la que cada año se conmemora el inicio de la Guerra de Malvinas.

Hay un dato todavía más revelador.

Mientras algunos sectores intentaban instalar la discusión sobre si correspondía o no exhibir aquella bandera, el término “Malvinas” apareció más de dos millones de veces en la conversación digital, mientras que “Falklands” apenas superó las 210 mil menciones.

Es decir: incluso en el territorio más fragmentado y caótico de nuestro tiempo —las redes sociales— el consenso argentino resultó abrumador.

El informe también detectó que las conversaciones que asociaban al Presidente con el episodio tenían un 66,7% de sentimiento negativo.

Por su parte, Monitor Digital, otra consultora especializada en inteligencia digital y monitoreo de agenda pública, llegó a una conclusión similar: la controversia desplazó otros temas de la agenda y produjo un deterioro en la reputación digital del Gobierno.

No se trata de que una consultora tenga razón porque sí.

Se trata de que dos equipos diferentes, utilizando metodologías distintas, describieron el mismo fenómeno.

Y después apareció un tercer dato.

La Política Online publicó un análisis según el cual dos de cada tres usuarios rechazaron la postura presidencial frente a la bandera de la Selección.

Cuando distintas mediciones coinciden en señalar la misma dirección, conviene prestar atención.

Porque ya no estamos hablando solamente de redes sociales.

Estamos hablando del modo en que una sociedad interpreta un hecho político.

Y ahí aparece la verdadera pregunta.

¿Quién politizó la bandera?

¿Los jugadores?

¿O quienes decidieron cuestionarla?

Porque conviene recordar algo elemental.

Las Malvinas no son una consigna de un partido.

Son una política de Estado sostenida por todos los gobiernos democráticos, incorporada a la Constitución Nacional que, en su Disposición Transitoria Primera, ratifica la legítima e imprescriptible soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes, además de estar respaldada por resoluciones de las Naciones Unidas que reconocen la existencia de una disputa de soberanía e instan a ambos países a reanudar negociaciones.

Por eso resulta extraño presentar esa bandera como una apropiación política.

Si así fuera, habría que concluir que cada acto oficial del 2 de Abril, cada discurso presidencial sobre Malvinas y cada mapa que aparece en un aula argentina constituyen también una manifestación partidaria.

Hay paradojas que no necesitan explicación. Se explican solas.

Quizás el mayor error del Gobierno haya sido creer que una bandera podía leerse únicamente desde la lógica de la coyuntura.

Pero las banderas no pertenecen a la coyuntura.

Pertenecen a la memoria colectiva.

Y la memoria suele ser bastante más resistente que cualquier estrategia de comunicación.

Como si todo esto fuera poco, la semana terminó ofreciendo una ironía difícil de pasar por alto.

Mientras el país discutía una bandera que reivindicaba la soberanía sobre las Islas Malvinas, el Senado debía debatir un proyecto impulsado por el oficialismo para modificar el régimen de tierras rurales, una iniciativa que, según sus críticos, abre la puerta a una mayor extranjerización de un recurso estratégico.

La sesión finalmente se cayó y el tratamiento quedó postergado.

Puede tratarse de una coincidencia del calendario legislativo.

Pero la imagen es potente.

En pocos días, la palabra soberanía apareció en tres escenarios completamente distintos.

En una cancha de fútbol.

En millones de conversaciones digitales.

Y en el Congreso de la Nación.

Eso debería servir, al menos, para una reflexión.

Porque la soberanía no empieza ni termina en Malvinas.

También se expresa en quién controla los recursos estratégicos, quién decide sobre el territorio, quién define el rumbo económico y qué lugar ocupa el interés nacional frente a las presiones externas.

Quizás por eso una bandera de tela terminó diciendo mucho más que cuatro palabras.

Recordó que hay causas que sobreviven a los gobiernos.

Que existen símbolos que ningún consultor puede resignificar a voluntad.

Y que hay consensos que siguen vivos, incluso en una Argentina atravesada por divisiones profundas.

El Gobierno creyó que discutía una bandera.

Los argentinos, en cambio, discutían algo bastante más grande.

Discutían la soberanía.

Y esa, por suerte, todavía no salió de la cancha.

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La ONU volvió a respaldar a la Argentina y reclamó al Reino Unido retomar las negociaciones por Malvinas

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El reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas volvió a recibir un fuerte respaldo internacional. El Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas aprobó este miércoles, por consenso, una nueva resolución que insta al Reino Unido a retomar las negociaciones bilaterales con la Argentina para encontrar una solución pacífica a la disputa de soberanía.

La decisión fue adoptada durante una sesión celebrada en la sede de la ONU en Nueva York, donde el canciller argentino, Pablo Quirno, expuso la posición oficial del Gobierno nacional y cuestionó la persistencia de la ocupación británica del archipiélago.

La resolución, copresentada por Chile y acompañada por Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, reafirma que la única vía para poner fin a la situación colonial en las Malvinas es mediante una negociación entre ambos países. Además, lamenta que, pese al respaldo internacional acumulado durante décadas, aún no se hayan reanudado las conversaciones formales sobre la cuestión de fondo.

La posición argentina

Durante su exposición, Quirno sostuvo que la Argentina mantiene una posición histórica y jurídica inalterable respecto de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, territorios que considera ocupados ilegalmente por el Reino Unido desde 1833.

El canciller remarcó que la controversia debe resolverse en el marco del derecho internacional y rechazó la aplicación del principio de libre determinación de los pueblos al caso Malvinas. Según explicó, la población actual de las islas fue establecida por la potencia ocupante tras la expulsión de las autoridades y habitantes argentinos originales.

Uno de los puntos más duros del discurso estuvo vinculado a la presencia militar británica en el Atlántico Sur. Quirno aseguró que actualmente hay alrededor de 1.200 efectivos destacados en las islas, una cifra que calificó como desproporcionada en relación con la población residente y que, a su criterio, refleja el carácter estratégico y militarizado de la ocupación.

La Argentina también cuestionó las actividades económicas impulsadas por Londres en el área en disputa. En particular, el canciller apuntó contra la concesión de licencias para la exploración y explotación de recursos pesqueros e hidrocarburíferos.

Quirno mencionó específicamente los avances anunciados a fines de 2025 por las compañías Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum para desarrollar el yacimiento Sea Lion, ubicado en la Cuenca Malvinas Norte. El funcionario sostuvo que esas iniciativas son ilegítimas y reiteró que la Argentina utilizará todos los mecanismos previstos por el derecho internacional para defender sus intereses soberanos.

Testimonios y respaldo internacional

La audiencia también incluyó las intervenciones de Paula Vernet, descendiente directa de Luis Vernet, primer comandante político y militar argentino en las islas, y de Guillermo Clifton, nieto de un exhabitante malvinense radicado posteriormente en la Patagonia. Ambos defendieron la posición argentina y cuestionaron la utilización del principio de autodeterminación para justificar la administración británica del territorio.

En representación de los isleños intervino Michael Goss, quien defendió la postura británica y reclamó que cualquier discusión sobre el futuro de las islas contemple la opinión de sus habitantes actuales.

La resolución aprobada este miércoles mantiene una línea histórica de las Naciones Unidas, que desde la década de 1960 consideran a la cuestión Malvinas como un caso especial de descolonización que requiere una negociación entre los gobiernos de la Argentina y el Reino Unido.

Para la diplomacia argentina, la aprobación por consenso constituye una nueva ratificación del respaldo internacional a la necesidad de reabrir el diálogo sobre la soberanía, un proceso que permanece congelado desde hace años por la negativa británica a discutir el estatus del archipiélago.

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Homenajearon a los caídos en el hundimiento del crucero General Belgrano

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La Armada Argentina y el Gobierno rindieron este sábado un emotivo homenaje a los 393 tripulantes del crucero ARA General Belgrano, al cumplirse 44 años del hundimiento de la embarcación durante el conflicto bélico por las Islas Malvinas, un hecho que representó la mayor tragedia naval en la historia del país.

A través de un comunicado oficial, la fuerza recordó la tarde del 2 de mayo de 1982, cuando el buque fue alcanzado por dos torpedos lanzados por el submarino nuclear británico HMS Conqueror. El ataque se produjo a 210 millas al sur de las islas, fuera de la “zona de exclusión” fijada unilateralmente por Londres, lo que consolidó a través del tiempo el reclamo argentino de considerarlo un crimen de guerra.

“323 tripulantes quedaron para siempre custodiando las profundidades del mar”, señaló la institución, destacando que esa cifra representa casi la mitad del total de los caídos argentinos durante la guerra de Malvinas. Asimismo, el homenaje hizo hincapié en el valor de los 770 sobrevivientes que debieron enfrentar condiciones extremas y temporales en las gélidas aguas del sur antes de ser rescatados.

La Armada subrayó que el sacrificio de la tripulación dejó una “huella profunda” en la Nación y que lo vivido marcó “para siempre la memoria de quienes lograron volver y el recuerdo imborrable de quienes no regresaron”. El texto oficial concluyó con un llamado a conmemorar a los héroes “con respeto, orgullo y gratitud”.

“Este 2 de mayo recordamos el hundimiento del ARA General Belgrano, ocurrido durante la heroica gesta de Malvinas. Honramos la memoria de los 323 tripulantes caídos y reafirmamos el reconocimiento eterno de la Nación a su entrega y sacrificio”, expresó la Casa Rosada, por su parte, en un posteo en X.

También se expresaron políticos y referentes de todos los partidos políticos, junto a la vicepresidenta Victoria Villarruel, que señaló: “El hundimiento del Belgrano marcó un punto de inflexión y el final de las negociaciones diplomáticas y la intermediación del Perú, consecuencia deseada por el Reino Unido y Margaret Thatcher. Hoy recuerdo a nuestros héroes con respeto y gratitud, manteniendo viva su memoria y reafirmando mi compromiso con la soberanía argentina”.

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EEUU relativiza una posible revisión sobre Malvinas y enfría expectativas de apoyo a la Argentina

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El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, salió a desactivar el impacto político de una filtración del Pentágono que mencionaba la posibilidad de revisar el respaldo de Washington al Reino Unido en la disputa por las Islas Malvinas. “Fue tan solo un correo electrónico”, afirmó el funcionario, al minimizar el contenido del documento que había generado especulaciones sobre un eventual apoyo a la Argentina.

La declaración se produjo en el marco de una entrevista con un medio británico durante la semana pasada, en la antesala de la visita del Rey Carlos III. El dato central es político: la Casa Blanca descartó que exista una decisión en marcha, en un contexto donde cualquier movimiento en torno a Malvinas impacta directamente en la relación estratégica entre Estados Unidos y el Reino Unido.

Una filtración en clave geopolítica

El episodio se originó a partir de un documento interno del Pentágono que evaluaba distintas alternativas de presión sobre aliados europeos en el marco de la guerra con Irán. Entre esas opciones, figuraba la posibilidad de retirar el apoyo a Londres en la cuestión Malvinas y respaldar a la Argentina.

Sin embargo, según lo planteado por Rubio, el contenido no formaba parte de una política definida, sino de un intercambio preliminar de ideas. La aclaración apunta a contener el impacto diplomático en un tema históricamente sensible para el Reino Unido y, al mismo tiempo, evitar interpretaciones que puedan tensar el vínculo bilateral.

La reacción del Departamento de Estado introduce un límite claro: no hay, al menos por ahora, un cambio de postura oficial de Estados Unidos respecto al conflicto por las islas. La filtración había abierto una ventana de expectativa sobre un eventual reposicionamiento de Washington, pero la desmentida reduce ese margen a un plano hipotético.

En términos prácticos, la política exterior estadounidense mantiene su línea tradicional, mientras que el episodio queda circunscripto a un debate interno sin traducción en decisiones concretas.

Alineamientos y señales hacia aliados

La intervención de Rubio cumple una doble función. Por un lado, tranquiliza a Londres en un momento de sensibilidad diplomática. Por otro, ordena la narrativa interna en Estados Unidos, evitando que un documento no oficial escale en el plano internacional.

El movimiento refuerza la idea de que las definiciones estratégicas no se alteran por filtraciones y que los equilibrios con aliados históricos siguen siendo prioritarios. Al mismo tiempo, condiciona cualquier expectativa de la Argentina en el corto plazo respecto a un respaldo explícito de Washington.

Dado que no se confirmó ninguna modificación en la política exterior, no se desprenden efectos económicos directos. Sin embargo, la situación refleja cómo decisiones o incluso borradores en materia geopolítica pueden influir en percepciones de riesgo, inversiones y relaciones internacionales.

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