MILEI

La inflación preocupa el doble que hace 4 meses, pero un cuarto que hace 2 años

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Según la consultora Ecolatina la preocupación por la inflación acompaña el rebote inflacionario de los últimos meses, y la misma se ha duplicado desde el registro de octubre a hoy, pasando de un 7,4% al 15,9% de este mes, demostrando que, aunque sigue en tercer lugar, la problemática se siente muy lejos de estar resuelta. Sin embargo, ese rebote no alcanza para volver a ubicarla en los niveles en los que orbitan las principales preocupaciones.
La preocupación por el Desempleo cayó casi 6 p.p. con respecto al registro anterior, pero continúa en el primer lugar, ubicándose este mes en 28,6%. En segundo término, la Corrupción se mantiene firme como una preocupación estructural, y el registro de febrero la ubica en 26,2%.

La preocupación por el desempleo sigue siendo transversal al voto: tanto para los votantes de La Libertad Avanza como para los votantes de Fuerza Patria, los niveles de preocupación por el desempleo son prácticamente idénticos. De hecho, es la principal preocupación de los votantes oficialistas. Es la única problemática que presenta esta característica, ya que, por ejemplo, la preocupación por la educación, el narcotráfico y la inseguridad son predominantes en los votantes de LLA, mientras que la preocupación por la inflación y la corrupción dominan entre los votantes de FP. Esta última, la preocupación por la corrupción, es la principal preocupación entre los votantes de Fuerza Patria.

 

La competitividad de Milei para 2027 luce más por el espanto que por el encanto

Luego del claro triunfo electoral de medio término, y aún con muchos desafíos económicos por delante, las perspectivas de consolidación del ciclo en 2027 y de reelección de Javier Milei por 4 años más, luce como más probable que improbable. Esta es una percepción que está más basada en la falta de alternativa atractiva (lo alternativo luce al pasado que su busca cambiar) que de encanto con lo que está pasando.

Decíamos en nuestro último Panorama Política: Milei goza de la ventaja estratégica de tener configurada la escena de un modo tal le permite transformar el voto prestado que lo hizo presidente en voto cautivo.

Un síntoma de esto que decimos es que si se le pregunta a la gente si estaría más dispuesta a votar por un cambio a lo que está ocurriendo en el país o a buscar darle continuidad a ello, solo un 36,7% elige esta última opción, mientras que un 57,6% dice buscar un cambio. Una tendencia que se observa con claridad tanto en el segmento de voto opositor duro (FP) pero también en el blando (Provincias Unidas).

Ahora, cuando se indaga sobre la predisposición de voto según lo que ofrece Milei y lo que se ofrece como alternativo, se observa que el voto por “Milei sí o sí” es un voto reducido a un 27,5% mientras que un 13% restante se inclina por Milei porque dice que no ve otra alternativa. Es cierto que hay un 38% que dice votaría a un opositor sí o sí, pero también hay un 17,6% que busca un opositor y no lo ve, por ahora.

Si se observa la escena desde la óptica de si gusta o no gusta lo que hace Milei, también se observa que hay un segmento que asume que le gusta todo de Milei (27,5%), mientras que un segmento menor señala que no le gusta todo de Milei pero que no ve algo mejor (13,0%).

Si nos concentramos en lo que dicen que no les gusta Milei, allí se observa un 17,6% que señala que no le gusta del todo Milei y que además ve algo mejor para elegir, mientras que un 38% directamente señala que no le gusta nada de Milei. Sumado ambos segmentos, son más del 50%.

Cuando uno mira estos datos, se puede asumir que Milei conserva una base consistente de apoyos del orden del 27%, y un segmento adicional de apoyos del orden del 13% que se inclina por Milei porque no ven algo mejor. Esa base de apoyos lo predispone a lograr un nivel da apoyo que podría
superar el 40%. Pero más allá de esa frontera, empiezan a aparecer rigideces con votantes que se encuentran más distanciados de lo que Milei ofrece, y que parecen más decididos a buscar alternativas.

Esto se transforma en un problema para Milei, si el proceso 2027 se encamina a una resolución de segunda vuelta. Para poder atraer los votos restantes para juntar el 50+1, hoy parece necesario para Milei tener enfrente alguien que le espante esos votantes hacia él. Hoy, el peronismo parece ser el rival con el que confrontaría Milei en esa segunda vuelta, y los problemas de reputación de sus principales dirigentes, puede ser una ayuda para Milei, pero eso puede cambiar si Milei no ofrece resultados satisfactorios y ello ayuda a relajar los enojos del pasado de la gente con el peronismo.

Si a Milei le va bien, podría estar en condiciones de, incluso, ganar en primera vuelta. Pero si a Milei le empieza a ir mal, y ello lo deposita en una definición de segunda vuelta en 2027, la cosa se le puede complicar, por las rigideces que ya se ven para juntar el 50 más uno de los votos.

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Fate, un síntoma

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Cuando en las próximas horas el Senado convierta en ley la Reforma Laboral -concebida con la premisa de aliviar cargas empresarias y bajo la promesa, todavía incierta, de dinamizar la creación de empleo- el presidente Javier Milei sumará una nueva pieza a su arquitectura económica. En poco más de dos años de gestión, ese engranaje ya incluye el mega DNU de desregulación, la Ley Bases, un presupuesto moldeado por el ajuste y dos salvatajes financieros: uno del Fondo Monetario Internacional y otro del siempre gravitante “Tío Donald” en Estados Unidos. 

Sin embargo, más allá del sostenido superávit financiero, los resultados concretos exhiben una fragilidad evidente. La inflación, lejos de estar bajo control, continúa mostrando una tendencia ascendente desde mayo del año pasado, aun en un contexto de fuerte intervención y cuestionamientos sobre la credibilidad de las estadísticas oficiales.

Mientras se celebra la flexibilización laboral, el cierre de Fate se transformó en un síntoma de la agonía económica: 920 despidos en un miércoles negro, que desnudó los efectos de la apertura de importaciones al mismo tiempo que una desprotección de la producción nacional. No es, ni cerca, un problema exclusivo de la única fábrica de neumáticos de capital nacional, sino un caso testigo de un mal de época que provocó la pérdida de 21.938 empleadores desde diciembre de 2023 (30 por día) y la destrucción de 290.600 puestos de trabajo registrados –más de 400 puestos por día-.

Nadie en el oficialismo puede explicar cómo la Reforma Laboral ayudará a recuperar ese empleo perdido. La oposición y los menos crédulos advierten que eso no sucederá. 

No es que no se crea en las buenas intenciones del Gobierno, sino que los antecedentes no son positivos. La reforma es muy similar a otra que se aprobó a los apurones en los primeros meses del gobierno de Fernando De la Rúa. La recordada “ley Banelco” se emparenta con el proyecto actual, que retoma, casi sin matices, los mismos ejes que ya se intentaron en el pasado: ampliación del período de prueba, descentralización de la negociación colectiva, debilitamiento de la ultraactividad de los convenios, habilitación de modalidades contractuales precarias, reducción o pago parcial del salario y la imposición de cláusulas atadas a la productividad. 

El Gobierno tuvo que quitar el artículo 44, que incluía el “exceso” de imponer descuentos de hasta el 50 por ciento por enfermedad para los trabajadores. 

El conjunto tiene una lógica repetida en otros tiempos de la Argentina: hay que sufrir el presente para aspirar a un futuro, potencial, lejano, que será mejor. Álvaro Alsogaray pedía resignación con su célebre “hay que pasar el invierno”; en 1961, Roberto Alemann insistía en que “suframos hoy, que mañana estaremos bien”. En 1989, Carlos Menem ensayaba el optimista “estamos mal, pero vamos bien”; en 2001, poco antes del estallido, Fernando de la Rúa aseguraba que “lo peor ya pasó”; en 2016, Mauricio Macri prometía “el segundo semestre” y “la luz al final del túnel”. 

En 2024, Javier Milei hablaba de una “salida en V corta” también en el segundo semestre. Distintos contextos, distintas recetas y signos políticos, pero una constante narrativa: la promesa de que el sacrificio presente será recompensado en un futuro inmediato que, casi siempre, se anuncia más cercano de lo que la realidad termina permitiendo.

La reforma laboral fue aprobada en Diputados en medio de un paro general de la CGT. Contundente. El cuarto en la era Milei, que ya se convirtió en el tercer presidente con mayor número de huelgas, detrás de De la Rúa y Raúl Alfonsín. Según la central obrera, se trata del primer paso de una resistencia a la reforma, que seguramente terminará siendo judicializada y con escaso apoyo político: Un monitoreo de la consultora Zentrix sobre la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei muestra un cambio significativo en la percepción social. En noviembre de 2025, el 55% de los consultados se manifestaba a favor de la reforma, mientras que el 39% se declaraba en contra. Sin embargo, en la medición de febrero de 2026, el apoyo descendió al 48,6%, mientras que el rechazo escaló al 45,2%.

En nombre de la “modernización”, el núcleo del planteo apunta a flexibilizar las condiciones laborales bajo la premisa de dinamizar el mercado de trabajo.

Ese esquema en el año 2000 fue impulsado en su momento por la ministra de Trabajo de la alianza: Patricia Bullrich, promotora también del descuento del 13 por ciento a estatales y jubilados. La promesa era la misma: la flexibilización sería el camino para generar empleo. Un argumento similar usó la senadora, ahora libertaria, Patricia Bullrich para defender la iniciativa rediseñada por Federico Sturzenegger, otro ex alianza, que ahora lidera el plan de desregulación, mientras su esposa cierra jugosos contratos con el Estado. 

A la luz de la experiencia acumulada, la ecuación -menos regulación a cambio de más empleo- no se verificó. De la Rúa se escapó en helicóptero días antes de las navidades de 2001, con 20 por ciento de desocupación y cerca de tres millones de personas sin empleo. 

Hoy la Argentina alcanzó un nuevo máximo en precariedad laboral. Según el Indicador de Trabajo Desprotegido, elaborado en base a la Encuesta Permanente de Hogares, más de 6 millones de personas se desempeñan en puestos de baja calidad laboral, el nivel más alto desde que el INDEC publica esta serie en 2016. El dato refleja un deterioro estructural del mercado de trabajo, con fuerte impacto en jubilados y trabajadores mayores.

La industria advierte que la reforma laboral no cambiará el desequilibrio. En un comunicado, la Unión Industrial remarcó que “las principales economías del mundo no dudan en desplegar instrumentos de defensa comercial cuando perciben amenazas sobre sus cadenas de valor estratégicas”. 

Frente a prácticas de dumping, subsidios encubiertos o distorsiones sistémicas, los Estados intervienen para resguardar su entramado productivo. Pretender que la Argentina compita en un escenario de apertura irrestricta, sin herramientas equivalentes ni correcciones internas, supone ignorar esa evidencia comparada. La Argentina atraviesa una combinación de caída del consumo, suba de costos y competencia externa barata. ¿Si no hay a quien vender, cómo mejorará la ecuación?

El dogma libertario pretende que con menos regulaciones, el mercado se ordenará solo, generará empleo y habrá crecimiento. La yerba mate es un ejemplo cercano de que la desregulación no implica un círculo virtuoso: desplome de precios de la materia prima, con un impacto brutal en el sector productivo, acompañado por importaciones libres y sin control de calidad, lo que amenaza a la misma industria y promueve una guerra comercial de precios bajos con costos por las nubes. Sturzenegger es quien se jacta de hacer realidad la desregulación yerbatera. Los productores no tienen nada para celebrar. El viernes iban a reunirse con el presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate, pero Rodrigo Correa pegó el faltazo sobre la hora. Las entidades productivas firmaron un documento en el que expusieron el estado de situación: las entidades sostienen que desde la asunción del presidente Javier Milei, en diciembre de 2023, el sector atraviesa “quizás el peor momento de su historia”, marcado por una fuerte caída del precio de la hoja verde y la eliminación de herramientas regulatorias.

Apuntan específicamente a los decretos 70/2023 y 81/2025, que limitaron facultades del INYM en materia de fijación de precios y regulación del mercado. Según los productores, la pérdida de esas atribuciones dejó al sector sin un instrumento clave para equilibrar la cadena y proteger a los pequeños y medianos yerbateros.

“¿Quién puede subsistir en la Argentina de hoy, donde el combustible y otros servicios esenciales no paran de subir, con un promedio de rendimiento de 6 mil kilos por hectárea, cobrando 180 pesos por kilo y con pagos a 120 días o más?”, plantean en el documento.

“A través de este escrito, evidenciándose claramente que la política de desregulación provoca un criminal deterioro socio económico, le solicitamos formalmente, señor Rodrigo Correa, que gestione, desde el lugar que ocupa en la Institución y ante quien corresponda, la devolución de todas las facultades del INYM y que cese el desguace de normativa y de la estructura de la Institución, que se aceleró a partir de su presencia”, señala el acta firmado por los productores.

La Provincia quiere que el INYM por lo menos sugiera un precio de referencia y convocó a la industria a una reunión para el 10 de marzo para analizar la situación de toda la cadena y evaluar avances del Centro de Transacción de la Yerba Mate. 

La crisis productiva en la yerba mate es una consecuencia de las políticas nacionales, pero con efecto focalizado en Misiones, como Fate en Buenos Aires, Dass en Eldorado, La Granja Tres Arroyos en Entre Ríos o cientos de pymes en cada punto del país. Las respuestas a esas crisis “locales” son siempre de las provincias, gobernadores e intendentes. Sin embargo, al mismo tiempo, son demonizados por el “costo político” y los “gastos estatales”. Pero sin esa contención, el tejido social ya hubiera implosionado. 

Es la paradoja del momento. Los gobernadores deben negociar la sobrevivencia con Nación y se les exige atender los estallidos. Al mismo tiempo se les cuestiona si se oponen a las políticas nacionales y si no logran contener sus consecuencias. 

Misiones lo puede hacer gracias a una política económica sostenida en el tiempo, aunque está cada vez más exigida. Fue la primera provincia en acordar incrementos salariales para el sector docente y de la seguridad y ya tiene agendados encuentros con otros sectores de la administración pública. 

En conjunto, el salario docente insume alrededor de 60 mil millones por mes. De cada diez pesos que se destinan a educación en Misiones, aproximadamente 6 salen directamente del presupuesto provincial. 

A eso se suman el Boleto Estudiantil y diversos programas de cuidado del bolsillo que continúan vigentes desde hace varios años, desde crisis anteriores. Decisiones políticas al servicio de la sociedad. El gobernador Hugo Passalacqua trazó una línea: se congeló el sueldo hasta diciembre de este año y redobló la exigencia sobre el gabinete para estar cerca y mostrar resultados. La eyección de una funcionaria de Turismo por sus comentarios desaprensivos, es una prueba de que no habrá tolerancia a desvíos.

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La UIA y sus vergonzosas acciones antindustriales

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Hace muy pocos días que una delegación de la UIA (de supuesto alto nivel institucional), mantuvo una vergonzosa reunión, de muy cómplice y genuflexa postura, precisamente con el ministro Caputo, uno de los principales integrantes de la actual tríada ferozmente industricida (Milei-Caputo-Sturzenegger), quien con sornas claramente burlonas en sus opiniones, y mentiras alevosas, lleva a cabo la destrucción sistemática de todo el entramado industrial y tecnológico nacional, del cual llegamos a estar orgullosos los argentinos.
Demostrando ignorancia extrema de la realidad socio económica argentina, o carencia de elementales conocimientos de Economía, y cobardía para no plantarse con dignidad ante las políticas ferozmente industricidas, optaron por reclamar nimiedades, de muy pobres o nulos efectos ante el vendaval destructivo libertario – neoliberal; mientras que en cambio omitieron totalmente las causas principalísimas y muy evidentes del industricidio en perpetración, que con toda intencionalidad y evidente desprecio por nuestro país y su futuro, perpetran con todo sadismo libertarios y sus secuaces.

Argentina está gravemente agredida por las intencionales políticas destructivas de todo nuestro tejido socio económico, y forzada a una brutal primarización económica, además de las genuflexas acciones de política exterior subordinada a las potencias anglosajonas y sus aliados/subordinados directos, que nos ponen en el triste rol de colonia dócil e inerme, en curso de desguace total.
Los muy “modositos” representantes de la UIA reunidos con Caputo, dando sobradas muestras de ejercer un rol de miserable subordinación a los alevosos industricidas, omitieron por completo las perversas acciones principales que Milei y secuaces perpetran para exterminar por completo el antes dinámico y poderoso Sector Industrial Argentino.
Ni una palabra dijeron los representantes de la UIA -según trascendidos periodísticos- de las medidas de industricidio premeditado perpetrado por el gobierno nacional con sádica crueldad, el cual evidentemente goza ante el daño y sufrimiento causados; lo cual va en línea con el odio libertario hacia el Estado.
Lo esencial, “casualmente” omitido por los representantes de la UIA ante Caputo, se cita seguidamente:

  • La brutal y creciente avalancha de importaciones, muchas a precios de dumping, que ahogan a la producción nacional. ¡Ningún país serio y con criterio de grandeza nacional, regala su mercado interno a productos extranjeros!
  • El artificial alto valor de nuestra moneda, sostenido desde el gobierno libertario, el cual además de sostenerse en base a un demencial endeudamiento externo, produce un encarecimiento sádicamente premeditado de toda la producción nacional, siendo otro factor que impide competir contra la avalancha de importaciones…¡las que incluso destruyen las producciones primarias de Argentina, siendo que importamos masivamente desde naranjas, a yerba mate y otros alimentos que acá producimos!
  • La miseria generalizada, que se extiende sin pausa, cuan tenebrosa mancha de aceite que todo lo tapa, destruye el poder adquisitivo de nuestra población, lo cual produce bajas acentuadas en prácticamente todos los rubros comerciales, achicando más aún el mercado interno para nuestra industria.
  • El crédito bancario, además de muy caro ante el accionar perversamente negativo de las operaciones de “carry trade”, que fomentan el endeudamiento externo golondrina, con divisas que entran para volcarlas en pesos a tasas muy altas, y luego fugarlas al exterior. ¡Timba financiera y endeudamiento descomunal, tal como ya lo hicieron Caputo y Sturzenegger en el gobierno de Macri! – Financiar inversiones industriales es una operatoria que no existe hoy en el sistema bancario argentino – .
  • Poco después, ante el cierre de la emblemática productora de neumáticos Fate, solo hubo una muy tibia “preocupación” de la UIA. ¡Eso es complicidad encubierta y cobardía cívica! Esa postura cobarde y/o cómplice, viene de lejos, según parece.
    Apenas comenzado el destructivo y anti industrialista gobierno libertario, el entonces presidente de la Unión Industrial Argentina, Funes De Rioja mostró sus “habilidades discursivas” para evitar “cuidadosamente” (léase con sutil complicidad), toda crítica al claro perfil destructivo en general, y en particular acentuadamente anti industrial del gobierno libertario.
    Al mismo directivo de la UIA se le atribuye la nefasta frase con la que definió -y acepto en forma sumisa y cómplice- la perversa orientación que tempranamente mostraba el gobierno de Milei y sus secuaces, al comparar la situación de Argentina con el rumbo de colisión del Titanic, cuando marchaba raudamente hacia la trágica colisión y naufragio, al expresar en el marco de una
    reunión reservada “no hay botes salvavidas para todos”. Ni se preocupó por presionar para cambiar tan nefasta orientación anti industrial, como lo demuestran los densos silencios cómplices y los hechos de brutal industricidio.
    De por si es altamente significativo, que la UIA no haya estado conducida por un empresario industrial o un ingeniero de clara formación y actividad vinculada a la industria; mientras que Funes De Rioja, siendo abogado, la presidió.
    Esos cambiados o raros roles, de un abogado laboralista puesto a comandar el supuesto ente industrial por excelencia, está en línea con la negativa prédica de muy limitado horizonte mental del liberalismo económico, que solo parece empeñado en reducir costos laborales y precarizar las condiciones de trabajo, llevándolos a niveles de servidumbre, mientras que algunos empresarios industriales demuestran que en vez de invertir en equipamiento y tecnología, muestran la mediocre avidez de fugar divisas, o de “diversificarse” comprando campos o invertir en operaciones rentísticas o especulativas.
    Liberalismo económico doctrinario, que en particular en Argentina, en las tres o cuatro décadas de bonanza, de fines del siglo XIX y comienzos del XX, en los que los altos precios de las materias primas que exportábamos, hubiesen permitidos solventar un fuerte y diversificado desarrollo nacional, creando una sólida base industrial y tecnológica, y una territorialmente amplia y diversificada infraestructura que hubiese integrado, desarrollado y poblado nuestro extenso y en general marginado territorio, en el cual solo parecían importar la centralista y egoísta gran ciudad puerto, y la feraz muy productiva Pampa Húmeda.
    Yendo más atrás en el tiempo, en su trayectoria institucional, bastante prolongada, por cierto, la Unión Industrial Argentina no evidenció abundar en muestras claras del elemental patriotismo, virtud que debe ser implícita en todo argentino bien nacido. Las prédicas nefastas y acciones del establishment ultra conservador en lo político, y ultra liberal en lo económico, se oponían de hecho a nuestra industrialización, e incluso entorpecían y denostaban el desarrollo local de las ciencias duras, oponiéndose a implementar carreras universitarias de ingeniería.
    Analizando antecedentes de esa más que centenaria institución, surgen datos que explican su patológica adhesión al nada pro industrial liberalismo económico extremo.
    La UIA fue creada en 1887, en pleno auge del poder del mitrismo y sus sucesores, período en el cual básicamente por el nefasto accionar de Mitre y Sarmiento, se instrumentaron las condiciones para la creación y consolidación de la poderosa oligarquía agropecuaria, la cual con el pleno respaldo del Estado, cooptado por esos intereses, consolidó la apropiación de muy extensas porciones del muy fértil territorio de la Pampa Húmeda.
    Su primer presidente fue Antonino Cambaceres, político destacado del régimen ultra conservador y socialmente excluyente, de aquella Argentina semi feudal. Fue terrateniente, cuya principal actividad era el manejo de sus dos estancias, y no desarrolló ninguna actividad industrial destacada por su complejidad ni importancia relativa.
    Todo parece indicar que la UIA no se desprendió de la fuerte y muy negativa impronta ultra liberal, en cuyo contexto nació; la cual en los hechos es contraria a la decidida industrialización.
    Por algo Perón, al apuntalar un decidido accionar industrialista y de desarrollo tecnológico nacional, apoyó la creación de la Confederación General Económica, en 1953; siendo un ente de fuerte accionar industrialista y de apoyo a las pequeñas y medianas empresas de capitales nacionales.
    Esa experiencia se repitió en la tercera presidencia del carismático líder, volviendo a tener un rol activo de CGE; todo lo cual cambió para peor, con el muy nefasto “proceso”, con el cual la “oligarquía vacuna” (la Sociedad Rural y su entorno) estuvo muy de acuerdo.
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Nueva ley de financiamiento universitario: ajuste por inflación, suba salarial en tramos y refuerzo para hospitales escuela

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Ingresó a través de la Cámara de Diputados un proyecto para modificar la Ley 27.795 de Financiamiento de la Educación Universitaria y Recomposición del Salario Docente, con el declarado objetivo de “armonizar las necesidades de financiamiento de las universidades nacionales… con las reales posibilidades de financiamiento en relación con la Ley N° 27.798 de Presupuesto 2026”.

En el mensaje adjunto, el Gobierno enmarca la iniciativa como un modo de “lograr el cumplimiento efectivo del objeto (…) de garantizar la protección y el sostenimiento del financiamiento de la educación universitaria pública en todo el territorio de la República Argentina”. Entre los ejes, vuelve a enumerar y precisar los objetivos del Programa 26 “Desarrollo de la Educación Superior”: desde afianzar ingreso, permanencia y terminalidad del estudiantado hasta “asegurar la provisión y el mantenimiento de la infraestructura y del equipamiento de las universidades” y “profundizar los programas de bienestar estudiantil” para garantizar el acceso a la educación superior gratuita.

Se establece que las partidas presupuestarias previstas en el Programa “Desarrollo de la Educación Superior” deberán ser destinadas a cumplir con los siguientes objetivos: afianzar el ingreso, la permanencia y la terminalidad, garantizar las condiciones laborales y salariales, asegurar la provisión y el mantenimiento de la infraestructura y del equipamiento, incrementar la inversión destinada a programas de becas estratégicas.

Si bien el Gobierno envía este proyecto en tiempo de extraordinarias y lo agregó al temario de las mismas, está claro que no será tratado en lo que resta de este período, sino quedará para ordinarias. Recordemos que es la primera ley propia que el Ejecutivo impulsa en la materia, habiendo tenido que vetar en 2024 y 2025 sendas iniciativas lanzadas por la oposición; la segunda de las cuales prosperó en el Congreso, al rechazar ambas cámaras el veto, pero nunca fue implementada.

Lo que cambia en números y compromisos

El artículo 3° del proyecto (que sustituye el art. 3° de la 27.795) ata la actualización de los gastos de funcionamiento a la inflación observada (IPC-INDEC) por encima del 14,3%, que es “el valor promedio anual utilizado para la confección del proyecto de Ley de Presupuesto para el Ejercicio 2026”. Es decir, si la inflación efectiva supera ese 14,3%, el crédito para las actividades 14 (Funcionamiento), 15 (Hospitales Universitarios) y 16 (Ciencia y Técnica en Universidades) del Programa 26 se ajustará para preservar el incremento real.

En paralelo, el artículo 4° dispone un refuerzo específico para el sistema de salud universitario: “Increméntase en la suma de $80.072.460.000 el crédito presupuestario de la Actividad Presupuestaria 15 ‘Asistencia Financiera a Hospitales Universitarios’… con el fin de financiar el funcionamiento del sistema de salud universitario”.

Respecto de salarios, el artículo 5° fija una recomposición 2025 paga en 2026 para docentes y no docentes, con tres incrementos del 4,1% cada uno (marzo, julio y septiembre), calculados sobre los básicos vigentes al 31 de diciembre de 2025—en total, 12,3%—y ordena al Ejecutivo convocar paritarias obligatorias al mes de sancionada la ley, con periodicidad no mayor a tres meses. “Dicha convocatoria deberá ser abarcativa del personal docente y no docente”, expresa la norma.

Un punto técnico relevante: el mensaje oficial subraya que, a diferencia de la Ley 27.795, esta versión cumple con el artículo 38 de la Ley 24.156 al “prever expresamente las fuentes de los recursos a utilizar para su financiamiento”, y por eso evitaría la suspensión por el artículo 5° de la Ley 24.629, dado que autoriza gasto indicando su fuente. En términos operativos, el Artículo 5° del proyecto (nuevo art. 9° de la 27.795) detalla que los gastos se afrontarán con las partidas Jurisdicción 88, Subjurisdicción 4, Servicio 330, Programa 26, Actividades 14, 15 y 16; y si el gasto excede esos créditos, el exceso se cubrirá con la Jurisdicción 91, Programa 99, Actividad 4.

El proyecto establece que el presupuesto destinado a cubrir los gastos de funcionamiento se ajustará en la medida en que la inflación observada supere el 14,3% promedio anual utilizado para la confección del proyecto de Presupuesto 2026”.

La reforma traslada el corazón de la 27.795 —sostener el financiamiento universitario— a un mecanismo de actualización condicionado: solo habrá recomposición adicional cuando la inflación efectiva supere 14,3%. En la práctica, el 14,3% funciona como umbral: si el IPC cierra por debajo, no habría ajuste por esta vía; si lo supera, se gatilla el incremento. El Gobierno argumenta que así “procura mantener el incremento real otorgado” y evitar su depreciación ante una inflación mayor a la prevista en el Presupuesto 2026. El criterio brinda previsibilidad contable al Tesoro, pero también traslada el riesgo inflacionario al sistema hasta cruzar el umbral, algo que universidades y gremios podrían cuestionar si el arranque de 2026 muestra variaciones de precios aceleradas.

El 12,3% escalonado sobre salarios básicos de diciembre 2025 es, por diseño, un reconocimiento acotado a cuenta del 2025 que se terminaría de pagar en 2026. La llamativa novedad es la obligatoriedad de paritarias con frecuencia trimestral como piso procedimental. En contextos de alta nominalidad, frecuencia no reemplaza magnitud: el debate político se desplazará a la mesa paritaria, donde los actores buscarán recuperar poder adquisitivo por encima del 12,3% inicial. El oficialismo, por su parte, introduce la periodicidad como garantía de revisión—una válvula institucional—sin comprometerse desde la ley a un sendero más agresivo de recomposición.

Hospitales universitarios

El incremento puntual de $80.072 millones al rubro de hospitales escuela separa la cuestión sanitaria de la masa de funcionamiento general, reconociendo su sensibilidad pública y su impacto territorial. Es un gesto político hacia universidades con estructuras hospitalarias (UBA, Córdoba, La Plata, Cuyo, Nordeste, etc.), y una apuesta a contener tensiones en sistemas que combinan docencia, asistencia e investigación. Habrá que ver cómo se distribuye internamente ese refuerzo y si alcanza frente a costos hospitalarios empujados por insumos dolarizados. 

Cumplimiento de la 24.156 y la 24.629

La explícita referencia a las fuentes de financiamiento y a la Jurisdicción 91 como respaldo busca evitar impugnaciones de ejecución. En otras palabras: el Ejecutivo intenta que, una vez sancionada, la norma no quede inmovilizada por trabas técnicas. Esto es crítico porque la 27.795 original fue cuestionada por no prever fuentes claras, algo que el Gobierno ahora describe como una “deficiencia” a subsanar. En términos de gobernanza fiscal, la propuesta se alinea con el manual de la 24.156 y ofrece a la oposición un punto de acuerdo técnico aun cuando el nivel de gasto siga en discusión.

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El 71,9% respalda el paro general y cae el apoyo a la reforma laboral

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Un relevamiento nacional realizado por Zentrix durante las últimas 24 horas muestra que el 71,9% de los consultados está a favor del paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT), en un contexto donde el respaldo a la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional cayó casi siete puntos en los últimos tres meses.

La encuesta preguntó de manera directa: “¿Está a favor del paro general organizado por la Confederación General del Trabajo (CGT)?”. El resultado muestra una mayoría clara y consistente de acompañamiento a la medida de fuerza. El 67,5% respondió que está a favor con movilización, mientras que un 4,4% apoyó la medida sin movilización. En conjunto, el 71,9% se manifestó favorable al paro. En contraposición, el 27,3% declaró no estar de acuerdo, y apenas el 0,8% no supo o no contestó.

El dato adquiere relevancia adicional considerando que la propia CGT anunció que no promoverá movilización masiva durante la jornada, lo que no impide que una amplia mayoría de la opinión pública valide la medida de fuerza. El respaldo no aparece como marginal ni ajustado, sino como un posicionamiento mayoritario en un contexto de creciente tensión laboral y deterioro económico.

En paralelo, el monitoreo que Zentrix realiza sobre la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei muestra un cambio significativo en la percepción social. En noviembre de 2025, el 55% de los consultados se manifestaba a favor de la reforma, mientras que el 39% se declaraba en contra. Sin embargo, en la medición de febrero de 2026, el apoyo descendió al 48,6%, mientras que el rechazo escaló al 45,2%.

La brecha entre apoyo y rechazo, que en noviembre era de 16 puntos porcentuales, se redujo más de tres puntos en febrero. El movimiento no es menor. Indica un proceso de reconfiguración de la opinión pública a medida que el contenido de la reforma comienza a ser discutido con mayor detalle y sus implicancias laborales se vuelven más visibles en el debate público.

Este corrimiento no implica un rechazo mayoritario a la reforma, pero sí refleja una polarización creciente y una pérdida de respaldo neto. En términos políticos, la reforma deja de ser una iniciativa con consenso amplio para convertirse en un eje de conflicto social más definido.

El apoyo al paro no puede leerse como un hecho aislado: se apoya en un contexto de contracción del consumo y de debilitamiento industrial que viene golpeando con fuerza a las pymes, donde se concentra el 70% del empleo privado formal. En los últimos dos años cerraron más de 21.000 empresas y se perdieron más de 300.000 puestos de trabajo registrados. En paralelo, la caída del poder adquisitivo redujo la demanda, mientras que el encarecimiento del crédito comprimió márgenes y elevó la fragilidad financiera de muchas firmas, consolidando un clima de incertidumbre sostenida.

En ese marco, el respaldo mayoritario al paro puede interpretarse como la expresión de un malestar económico acumulado más que como una reacción puntual a una medida específica. La combinación de cierre de empresas, pérdida de empleo y deterioro de la actividad opera como telón de fondo para la discusión sobre la reforma laboral: cuando el mercado de trabajo se vuelve más frágil, crece la sensibilidad social frente a cambios normativos que afectan reglas de contratación, costos laborales y condiciones de estabilidad. Por eso, más allá del encuadre sindical, el apoyo al paro aparece vinculado a una lectura social de deterioro y a la percepción de riesgo sobre el futuro inmediato del empleo.

La combinación de menor apoyo a la reforma y alto respaldo a la medida de fuerza configura un escenario de tensión estructural entre el programa de transformación laboral del Gobierno y un contexto económico que aún no logra estabilizar el mercado de trabajo. El paro del 19 de febrero se inscribe así en una dinámica más amplia, donde la discusión no es únicamente normativa, sino económica y social.

El paro nacional, que se desarrolla en un contexto de tensión social vinculada al deterioro del mercado de trabajo y al debate en torno a la reforma laboral, tiene un impacto económico cuantificable. La estimación central ubica la pérdida neta de valor agregado en aproximadamente USD 461 millones para una jornada de 24 horas con paralización del transporte público. El objetivo de esta medición es dimensionar el costo macroeconómico asociado a la interrupción de la actividad, sin ingresar en valoraciones sobre la legitimidad de la medida.

Ese monto equivale al 0,0685% del Producto Bruto Interno nominal anual 2025 (IMF/WEO: USD 667,92 mil millones) y representa cerca del 19,9% del PBI diario ajustado de un “día hábil equivalente” (en torno a USD 2,32 mil millones), calculado con corrección por días hábiles y no hábiles y la estacionalidad del mes de febrero. Los sectores más afectados son los de alta presencialidad y fuerte dependencia logística —comercio, construcción, hoteles y restaurantes, y transporte y comunicaciones— donde la interrupción del transporte amplifica el impacto al elevar el ausentismo, frenar entregas y reposiciones, reducir la demanda presencial y afectar servicios no almacenables. Parte de la producción puede reprogramarse en actividades más “recuperables”, pero en servicios presenciales la pérdida tiende a ser en gran medida irreversible.

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