#NiUnaMenos

Generación Z, manósfera y elecciones

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La manósfera -ese conjunto de foros, canales de YouTube y redes sociales que agrupan a varones que reivindican la masculinidad tradicional y el antifeminismo- cobró visibilidad pública con la serie Adolescencia y el documental de Louis Theroux en Netflix. Se ha vuelto un fenómeno corriente entre los varones jóvenes. Sin embargo, aún no hay mayor conciencia sobre los efectos que produce.

Durante décadas, la academia analizó el comportamiento electoral como si hombres y mujeres opinaran de manera homogénea. Hoy eso ya no es sostenible. Un análisis de datos electorales en más de veinte países elaborado por John Burn-Murdoch (Financial Times, 2024) mostró que los varones jóvenes se identifican crecientemente con posiciones conservadoras o de derecha, mientras que las mujeres jóvenes se desplazan hacia el feminismo, el progresismo y la izquierda. Una encuesta de Ipsos en 31 países lo confirmó: seis de cada diez varones de la Generación Z creen que la igualdad de las mujeres los perjudica. Estamos ante algo más que una anomalía estadística: estamos ante un síntoma de época.

En Argentina, una investigación del Observatorio de Políticas Públicas de la UNVM  (2025) con jóvenes de entre 16 y 30 años reveló que el 49,8% de los varones se identifica con posiciones de centroderecha a extrema derecha, frente al 28,7% de las mujeres. En 2025 esa brecha creció al 28,9%. Este grupo representará el 53% del padrón electoral para las elecciones presidenciales de 2027.

¿La juventud se ha derechizado? No exactamente, pero intentan entender las dinámicas políticas sin atender a las tensiones de género parece difícil al día de hoy. Existen al menos tres ejes explicativos. El primero es económico: las mujeres concentran el trabajo precarizado y las tareas de cuidado no remuneradas, mientras algunos varones perciben los avances de las agendas de género como amenazas a su estatus. El segundo es cultural: #NiUnaMenos y #MeToo transformaron el vocabulario político y la identidad colectiva de muchas mujeres. El tercero es digital: hombres y mujeres habitan ecosistemas separados, consumiendo contenidos distintos y construyendo identidades políticas que raramente se cruzan. Varones hiperconectados a merced de influencers con narrativas que representan opciones electorales que, habitualmente, enmascaran una pertenencia a una derecha radicalizada a nivel mundial.

Desde 2016 crece en Estados Unidos el movimiento Repeal the 19th, que exige derogar el derecho al sufragio femenino. No es nostalgia: es la manosfera trasladada a la política electoral. ¿Qué sigue? ¿Derogar el derecho de las mujeres a estudiar? ¿A heredar? ¿A trabajar? ¿A divorciarse? ¿A hablar en público? No es un planteo exagerado. Prestar atención a esta polarización es urgente, porque el distanciamiento ideológico entre géneros impacta directamente sobre la estabilidad democrática y los derechos conquistados.

No estamos ante una generación que gira hacia la derecha. Lo que aparece es una generación en la que hombres y mujeres siguen trayectorias políticas cada vez más opuestas.

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Fabián Tablado, un femicida que nunca tendrá un destino

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Le tocó debatir a Misiones. Después del repudio generalizado que provocó la sola presencia de Fabián Tablado en la Costa argentina, en Córdoba y en la vecina ciudad de Virasoro, el femicida de las 113 puñaladas busca una nueva oportunidad en Posadas.

Tablado fue condenado a fines de 1998 a 24 años de cárcel por homicidio simple. En 2013 sumó otros dos años y medio de prisión por amenazas a su exmujer, a la que había conocido ya estando preso y con quien tuvo mellizas.

Cumplió su condena – en ese momento no existía el concepto jurídico de femicidio, de lo contrario hubiese recibido perpetua – pero el recuerdo no prescribe, el miedo de la sociedad no prescribe, la sensación de indefensión de las mujeres misioneras no prescribe, ni el repudio.  No hay olvido ni perdón.

No estamos hablando del Fabián Tablado que pasó más de 20 años preso y ya saldó su deuda por el aberrante asesinato de Carolina Aló.

En 1996 y en el lapso de una hora ejecutó lo que tenía planeado: persiguió a la joven por distintos ambientes de la casa; la golpeó salvajemente  y luego la apuñaló hasta quebrar las hojas de tres cuchillos diferentes. Cuando uno se rompía, él buscaba otro, cuentan las crónicas de entonces.

Sin mostrar arrepentimiento, ni enfermedad mental, buscó ayuda para escapar. Lo atraparon, pero salió y en el poco tiempo en libertad volvió a ser condenado por amenazas de muerte contra su ex esposa con la que, como se mencionó,  se casó estando preso y tuvo dos hijas. Violó una prohibición de restricción contra Edgardo, el papá de Carolina Aló –desobediencia– y fue denunciado en agosto de este año nuevamente por violencia de género en Córdoba por los vecinos de su ex novia.

Estamos hablando de éste Fabián Tablado. Del que los antecedentes recientes muestran que no se recuperó.

Fabián Tablado fijó domicilio legal en el microcentro de Posadas este martes

“Después de Carolina hubo cuatro denuncias más por violencia de género. Intentó matar a una novia que tenía en la cárcel con una bombilla de mate. Dice en una carta que yo tengo, que cuando mata lo hace sentir omnipotente. Estanos hablando de un psicópata, eso no se cura no acepta un no por delante y toma a la mujer como objeto”, describió en Red Ciudadana Edgardo Aló.

El miedo de la sociedad es lógico, es justificado. Es entendible que ninguna mujer quiera compartir espacio público o privado con él. Es una amenaza y lo será siempre. Tenemos como sociedad la oportunidad de involucrarnos activamente y por primera vez quizás evitar un daño irreparable como el que sufrió, sufre y sufrirá la familia de Carolina, la única víctima en toda esta historia.

Fabián Tablado está buscando una nueva oportunidad en Posadas y debemos preguntarnos, ¿una nueva oportunidad para qué?

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En la Argentina cada 34 horas muere una mujer por violencia machista

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Hoy es el Día Internacional de la Erradicación de la Violencia Contra las Mujeres. Datos del Observatorio de las Violencias de Género, reflejan que desde el 1 de enero al 20 de noviembre hubo un femicidio cada 34 horas en el país.  En total fueron 229 femicidios en lo que va del 2021.

Los datos tienen peso propio si pensamos que detrás de cada estadística hay una mujer que pidió auxilio, gritó, lloró, sufrió en soledad por ella y sus hijos, se desesperó, suplicó, pero fue asesinada

Se indica un repunte de los casos de violencia hacia octubre y repiten patrones como que en el 40% de los casos los agresores fueron las parejas, en el 27% ex parejas, del entorno familiar o conocidos.

En cuanto al lugar donde fueron asesinadas, en el 33,2% sucedió en la propia vivienda de la víctima, en el 28,4% la vivienda compartida, en el 2,6% en la vivienda del agresor.

En el mapa de violencia, Misiones aparece con tres casos de femicidio, siendo provincia de Buenos Aires la que más casos registró con 86

Un informe de Naciones Unidas revela que casi 1 de cada 3 mujeres ha sufrido abusos a lo largo de su vida. En tiempos de crisis las cifras aumentan, afirman, como se vio durante la pandemia de COVID-19 y las recientes crisis humanitarias, conflictos y desastres climáticos.

Un nuevo informe de ONU Mujeres, basado en datos de 13 países desde la pandemia, recoge que 2 de cada 3 mujeres padecieron alguna forma de violencia o conocían a alguna mujer que la sufría. Por desgracia, solo 1 de cada 10 dijo que recurriría a la policía en busca de ayuda. A su vez, se llegó a la conclusión que estas mujeres tienen más probabilidades de enfrentarse a situaciones de pobreza y escasez de alimentos.

En vano son las marchas multitudinarias del #NiUnaMenos si cuando se apagan las luces de las cámaras de televisión, hay hombres que siguen golpeando hasta matar

La violencia de género en todas sus formas, pese a las insistencias de las distintas organizaciones, los colectivos y del compromiso social por lograr presupuestos acordes al trabajo que se necesita para la atención, asistencia, medidas posteriores y de contención social y emocional de las víctimas, aún está lejos de encontrar un camino de solución.

La pandemia del Coronavirus no hizo más que profundizar los datos que tienen peso propio, si pensamos que detrás de cada estadística hay una mujer que pidió auxilio, gritó, lloró, sufrió en soledad por ella y sus hijos, se desesperó, suplicó, pero fue asesinada.

Detrás de cada estadística hay niños que se quedaron sin mamá. En el 60% de los casos, son menores de edad. En vano son las marchas multitudinarias del #NiUnaMenos si cuando se apagan las luces de las cámaras de televisión, hay hombres que siguen golpeando hasta matar. Si no se comprende que una medida de restricción es insuficiente sin control para con alguien que está decidido a asesinar porque siente que no tiene nada que perder.

Hoy, es un día para reflexionar, visibilizar, denunciar, asistir, comprometerse, actuar;  para que mañana se llegue a tiempo de evitar muertes por violencia machista.

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#NiUnaMenos: En 2020 hubo 12 mujeres asesinadas en Misiones

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A seis años de la primera movilización bajo la consigna #NiUnaMenos, las estadísticas demuestran que sigue haciendo falta coordinar y redoblar esfuerzos para acudir en la urgencia, bajar los índices de violencia y evitar el femicidio.

En 2020, la policía de la provincia recepcionó más de 22 mil denuncias por violencia de género y familiar.

Los datos muestran además que hubo 12 mujeres asesinadas y en seis de esos casos la justicia los caratuló como femicidios.

Se repite un patrón. En más del 50% de los casos de violencia el agresor es la pareja o ex pareja de la víctima.

“Ni una menos nació ante el hartazgo por la violencia machista, que tiene su punto más cruel en el femicidio”.

Así empieza la carta del movimiento “Ni una menos”, publicada en su página web.

“Nos están matando”, escribió en ese entonces la periodista Marcela Ojeda en Twitter. Y muchas otras colegas y mujeres de otros sectores se sumaron al repudio.

La última de esa serie de muertes fue la de Chiara Páez, una adolescente de 14 años que estaba embarazada y que falleció por los golpes que le dio su novio, Manuel Mansilla de 16 años, en Rufino, Santa Fe.

Su desaparición el 9 de mayo de 2015 conmocionó y movilizó a la ciudad de unos 20.000 habitantes que salió a buscarla por cada rincón.

Su cuerpo apareció al día siguiente enterrado en la casa de los abuelos de su novio luego de que él confesara el crimen. En 2017 fue condenado a 21 años y medio de prisión.

En éstos años de acuerdo al Observatorio de las Violencias de Género, hubo en el país 1717 femicidios, un femicidio cada 31 horas. En el 60% de los casos el agresor es la pareja o ex pareja de la víctima.

La Oficina de la Mujer (OM) de la Corte Suprema de Justicia durante el 2020, registró que un femicidio cada 35 horas es perpetrado en la Argentina, 8 de cada 10 casos ocurren en un contexto de violencia doméstica y 8 de cada 10 víctimas tenían un vínculo previo con su asesino.

El Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina estableció que el año pasado hubo un total de 251 víctimas directas en nuestro país, entre ellas 6 consideradas travesticidio/transfemicidio, y 36 femicidios vinculados.

En tanto, para la organización MuMalá-Mujeres de la Matria Latinoamericana, entre el 1 de enero y hasta el 30 de mayo de este año, hubo 94 femicidios, entre ellos 15 vinculados y 4 trans-travesticidios, lo que significa una cada 38 horas.

Según MuMalá, en lo que va del 2021 se cometieron 143 muertes violentas de mujeres, travestis y trans, lo que registró una cada 25 horas.

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A cinco años del #NiUnaMenos, ¿qué cambió?

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Hoy se cumplen cinco años del primer grito para frenar los femicidios en la Argentina. Sin embargo, los números siguen mostrando que el flagelo de la violencia machista necesita de decisiones más fuertes para lograr resultados concretos.

NiUnaMenos sigue siendo un pedido desesperado para que los casos de violencia hacia la mujer dejen de ser sólo estadísticas.

En la Argentina, entre el 1 de enero y el 31 de mayo de este año, la cifra de femicidios llegó a 124. Una víctima cada 29 horas, de acuerdo a datos del observatorio Mumalá. El 20 por ciento de las víctimas había realizado denuncias previas. 151 niños, niñas y adolescentes sin quedaron sin mamá. En el 41 por ciento de los casos fue su pareja. En el 22 por ciento su ex pareja.

Desde aquella primera marcha multitudinaria del #NiUnaMenos que nació en el país y se replicó por varias ciudades del mundo, algo cambió. Dejamos de hablar de crimen pasional para hablar de femicidios. Comprendimos que a las mujeres las matan por su condición de mujer. Que no se limita a un problema de pareja y que debemos involucrarnos. Que debemos denunciar. Que debemos visibilizar. Que no les gusta que les peguen como solíamos escuchar. Que muchas veces se quedan al lado de su agresor por miedo, dependencia económica y para resguardar a sus hijos. Que son violentadas psicológicamente primero, y físicamente después.

En Misiones se creó la línea 137 que depende del Ministerio de Gobierno para atender la emergencia, y hay a través del Poder Judicial un seguimiento de los casos desde su denuncia hasta la decisión del juez. Pese a todo la violencia extrema sigue. La decisión firme de matar sigue. Y aun se avanzó poco en concentrar los esfuerzos en el agresor. En entender su motivación para asesinar a su pareja, ex pareja, o mamá de sus hijos. Y frenarla a tiempo.

El contexto de aislamiento por la pandemia del Coronavirus resulta complejo para las víctimas. Sin ir más lejos, bajó 50 por ciento la judicialización de los casos de violencia. Las mujeres temen salir a hacer la denuncia por la cuarentena. Por eso más que nunca la sociedad debe comprometerse y denunciar, llamar al 911, a la línea 137 o a cualquier comisaría.

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