OBISPO DE POSADAS

La gran semana

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el Domingo de Ramos [10 de abril de 2022]

Durante la Semana Santa que iniciamos actualizaremos en nuestras celebraciones litúrgicas lo que aconteció hace casi dos mil años en Jerusalén. Muchas veces creemos que nuestro momento es el peor, pero en la historia, cada situación vivida ha tenido sus graves problemas. No era fácil el contexto en donde se vivió la Pascua del Señor. Tanto por la dominación del Imperio Romano, como por la complejidad de la religiosidad de los judíos y los paganos. En Jerusalén transcurrieron los días y hechos cruciales de nuestra fe. Jerusalén nos evoca el pasado histórico y el futuro escatológico. Aunque lamentablemente siempre abundan los conflictos, Jerusalén nunca dejó de ser una tierra cargada de historia, misterio y sobre todo de fe. Es ahí en Jerusalén donde Jesucristo va a vivir la Pascua. Esta va a ser su Pascua, nuestra Pascua y la Pascua de la humanidad.

En este domingo celebramos la entrada mesiánica a Jerusalén (Lc 19,28-40). Jesús montado sobre un pobre burro, es el rey humilde que contradice el poder romano y religioso de los judíos que no entendían la presencia de Dios. Leeremos también la pasión del Señor y su muerte. Con la lectura de estos textos nos prepararemos para las diversas celebraciones de la Semana Santa. El jueves 14 a las 9.00 h. nos reuniremos en la Parroquia San Miguel Arcángel de Cerro Azul, con todos los sacerdotes de la Diócesis y el pueblo de Dios que irá hasta allí para acompañarnos y celebrar la Misa Crismal. Esta Misa lleva este nombre porque realizaremos la bendición de los distintos óleos y el Santo Crisma, aceites sagrados que usamos en la distribución de los Sacramentos durante el año. También en esta Eucaristía los sacerdotes renovaremos nuestras promesas sacerdotales. Renovamos el agradecimiento por el llamado que Dios nos ha hecho a ser apóstoles y amigos.

En la misa del jueves por la noche, los cristianos nos reunimos a celebrar la institución de la Eucaristía, del sacerdocio y del servicio con el gesto del lavatorio de los pies. Esa noche presidiré dicha Misa en las Reducciones de San Ignacio Miní, a las 19.00 h. con la peculiaridad de que la musicalización será con letras originales de nuestros músicos populares misioneros. Después, siguiendo los textos de la Palabra de Dios nos encaminamos a participar en el «Vía Crucis», en el juicio y la muerte del que fue crucificado el Viernes Santo. Ese día a las 8.30 h. celebraremos el Vía Crucis en un lugar emblemático e histórico para nuestra región, en la vía procesional de Loreto. Allí se reunían a celebrar el Vía Crucis los indígenas de todas las reducciones vecinas. Con esta celebración estaremos recuperando un lugar que hace a nuestra fe, memoria e identidad. A las 13.00 h., celebraremos la Adoración de la Cruz, en el Parque temático de la Cruz, en el Cerro de Santa Ana. Llevando a ese lugar los dolores y sufrimientos de nuestra memoria como región, los dolores de ayer, de hoy y de los de cada uno, para transformarlos en esperanza pascual.

El sábado por la noche la Misa empezará en la oscuridad, y el cirio encendido será la luz de Cristo, la esperanza y la vida que ilumina las tinieblas. Los aleluyas expresarán el triunfo de la vida, sobre la muerte, porque Cristo, el que murió, ¡Resucitó! La liturgia Pascual nos invita a que nosotros también subamos a Jerusalén para vivir nuestra Pascua.

Muchos al escuchar: Semana Santa o Pascua, lo asocian solamente a vacaciones o a diversión. Como muchos contemporáneos de Jesús, no captan ni entienden el sentido profundo y la posibilidad que Dios quiere regalarnos de vivir la conversión y la Pascua. Hoy corremos el riesgo de que el secularismo nos lleve a vaciar de contenido aquello que celebramos. El secularismo es una forma de ateísmo práctico.

No discute la existencia de Dios, la omite y vacía de valores que son fundamentales a la dignidad humana. No está mal que algunos quieran tomarse un descanso de la rutina diaria, pero esto debe convivir con nuestro compromiso cristiano de participar y vivir la Pascua y las celebraciones, para renovar la fe.

Este tiempo fuerte de Semana Santa y Pascua, es una oportunidad para que todos, pero especialmente los cristianos y en particular aquellos que tenemos distintas responsabilidades dirigenciales y sociales, realicemos un profundo examen de conciencia, sobre cómo vivimos el llamado a la santidad, en el servicio de nuestra condición de ciudadanos. Acompañar a Jesucristo, el Señor, en estos días implica internalizar el camino, la verdad y la vida que el Señor quiere darnos.

Quiero subrayar la necesidad de participar en todas las celebraciones de Semana Santa. Esto llenará de sentido nuestras vidas y nos animará a renovarnos como hombres y mujeres pascuales, para que renovados en la fe podamos ser fermento de transformación social y globalizar la solidaridad.

Un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Volver a Jesús

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 4a domingo de Adviento [19 de diciembre de 2021]

Estamos próximos a celebrar la Nochebuena. El gozo del nacimiento de Jesús, el Dios con nosotros. En este domingo vamos terminando el tiempo del adviento, la espera y la expectativa de los contemporáneos de Jesús por la llegada del Mesías. El texto del Evangelio (Lc 1,39-45), nos propone «la Visitación» en la que Isabel se llena de gozo por la visita de María embarazada: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!»

Sabemos que vamos transitando caminos exigentes. En nuestra vida cotidiana nos encontramos con muchas circunstancias complejas, inquietudes, que no nos dejan discernir aquello que es importante. La Navidad, el nacimiento de Jesús en el pesebre, del Dios hecho hombre, nos permite comprender el lenguaje de Dios y ubicarnos en aquello que es central para responder mejor a tantas urgencias que nos agobian.

En reflexiones anteriores subrayamos la necesidad de evaluarnos, o bien de realizar un examen de conciencia, hecho con humildad desde la verdad de nuestras vidas, también desde el respeto a la verdad en los otros, y como base para construir sólidamente en nuestra sociedad. Este examen de conciencia en el adviento tiene como efecto principal la posibilidad de volver a Dios, y ponerlo a Jesucristo en el centro de nuestras vidas. De alguna manera nos puede ayudar a que no seamos cristianos que vivimos con un pesebre sin el Niño Jesús.

La Navidad es una oportunidad que tenemos como cristianos y como discípulos, de volver a tenerlo a Jesucristo, el Señor, como Aquel a quien queremos seguir. Aparecida nos señala: «En el seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de su vida. Hoy contemplamos a Jesucristo tal como nos lo transmiten los Evangelios para conocer lo que Él hizo y para discernir lo que nosotros debemos hacer en las actuales circunstancias» (DA 139).

Es cierto que muchos celebran la Navidad y se olvidan del nacimiento de Jesús vaciándola en su contenido central. Pero aún así debemos señalar que nuestra gente tiene una gran religiosidad, y la mayoría es cristiana. La Navidad es un tiempo oportuno para colocar a Jesucristo, el Señor en el centro de nuestras vidas y madurar la fe. En las capillas se multiplican los pesebres y las Misas navideñas. La fe necesita ser compartida, y requiere nuestro compromiso y búsqueda de comunión con otros hermanos que están en el mismo camino. El pesebre nos ayuda a convertirnos. Nos permite comprender aquello que necesitamos para ser amigos de Dios. Ante el pesebre descubrimos que para ingresar al camino que nos conduce a Dios debemos hacernos pequeños, y que la humildad es generadora de esperanza, en una sociedad excesivamente cargada de soberbia. Orando ante el pesebre comprendemos más profundamente la bienaventuranza: «Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los cielos». (Mt 5,3)

Una de las dificultades para recuperar la centralidad de Jesucristo, es el creciente subjetivismo e individualismo de la fe. Cuando nos pasa esto es porque fuimos acomodando la fe a nuestro parecer, afectos y criterios. Es una tendencia muy fuerte el adecuar la Palabra de Dios a lo que nos parece, porque su propuesta es exigente, pero siempre es el camino que nos lleva a la verdadera felicidad.

Al finalizar esta reflexión, próxima a la Navidad, no quiero dejar de tener especialmente presente a aquellos que padecen alguna forma de sufrimiento, a los que están presos, a los que padecen alguna enfermedad, o a aquellos que en la Nochebuena estarán en alguna sala de hospital, a los que están solos, a los que tienen poco para comer. El Señor los considera sus privilegiados y a ellos especialmente los invita a su mesa. Nosotros como cristianos también los queremos tener presentes en nuestro corazón y nuestra oración.

¡Feliz Navidad y hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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El valor de la pureza

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 2° domingo de Adviento [5 de diciembre de 2021]

Estamos caminando el tiempo del Adviento con el propósito de convertirnos y volver a Dios para celebrar bien la Navidad. En algunas reflexiones anteriores señalaba que para comprender el Reino que anuncia Jesucristo, el Señor, debemos entender el mensaje del «código de la cruz», es decir, el código de la pequeñez y de la humildad. En este tiempo nos preparamos para penetrar el misterio de Dios desde el pesebre de Belén. Dios se manifiesta en lo pequeño y desde ese ángulo podemos comprender más el misterio de Dios.

En este segundo domingo de Adviento el Evangelio (Lc 3,1-6), nos propone la figura de San Juan Bautista, el precursor del Señor. El texto nos dice de Juan: «como está escrito en el libro del profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor, allanen sus senderos” […] Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios».

El domingo pasado en el inicio del Adviento reflexionaba sobre el contenido de la esperanza cristiana, y cómo la expresión bíblica y litúrgica «Ven Señor Jesús», no implica que nos quedemos en la pasividad; esto sería una espera alienante y la esperanza cristiana por el contrario nos exige comprometernos con el presente y evangelizar nuestra cultura y tiempo. Por esta razón el documento «Jesucristo Señor de la historia» nos decía: «Los creyentes encontramos en nuestra fe un nuevo motivo para trabajar en la edificación de un mundo más humano. La esperanza en un futuro más allá de la historia nos compromete mucho más con la suerte de esta historia. ¡Cómo deseamos que esta esperanza activa empape la conciencia y la conducta de cada uno de nuestros hermanos!» (JSH 16).

El 8 de diciembre celebraremos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, fecha tan querida por el pueblo de Dios. En relación a esa celebración, habitualmente he tratado de reflexionar sobre el valor de la pureza, especialmente ligada a nuestros jóvenes. Debemos reconocer que el contexto no los ayuda demasiado. Desde las propuestas consumistas que bombardean en las programaciones de los medios de comunicación, hasta problemas que no sólo no terminan de resolverse, sino, por el contrario, se multiplican gravemente como el problema de la droga y alcohol.

Sabemos que en algunos lugares han trabajado algunas formas legislativas para cuidar a nuestros jóvenes y cada tanto se encuentran algunos cargamentos de droga, pero somos conscientes que este «mundo de la droga» sigue creciendo. Nos preocupa que cuando tocamos especialmente este tema que mata humanamente a muchos de nuestros jóvenes, quedan muchos silencios.

La droga no es el único mal que padecen nuestros jóvenes, hay muchos otros males como el alcoholismo, la promoción de una sexualidad promiscua, incluso en planteos educativos… todo esto fruto de una visión humana materialista y sin ninguna dimensión de lo trascendente. Sabemos que el ambiente influye en gran medida en la voluntad y la libertad de aquellos que en la adolescencia empiezan a realizar sus primeras opciones fundamentales.

En este contexto tendremos que acentuar con más fuerza el valor de la pureza como clave para la vida de nuestros jóvenes y para todas las edades. Incluso cuando planteamos la educación sexual integral en nuestras escuelas, tendremos que esforzarnos por introducir un poco más el valor de la ecología humana, el respeto y cuidado de nuestra propia naturaleza humana, la corporeidad, la biología y la sexualidad, así como erradicar el machismo que siempre es un flagelo cultural. Hablar de la pureza de vida, como una opción fundamental parece ir a contrapelo del consumismo que, con tal de ganar plata, no tiene escrúpulos en destrozar a los niños y jóvenes y la misma dignidad humana. Debemos subrayar que los mismos padres y educadores, como primeros responsables de nuestros jóvenes, necesitan ahondar sobre el valor de la pureza. La pureza es un valor que va más allá de lo sexual. ¡Qué maravilloso y testimonial es ver la pureza de una anciana, que ha vivido tantas cosas, que ha luchado tanto, que es madre, abuela y su rostro refleja en medio de sus arrugas, la pureza de vida!

La esperanza cristiana, porque tiene a Dios como su meta y absoluto, nos compromete a trabajar activamente con nuestra historia. Los jóvenes son el presente y el futuro y por lo tanto todo lo que invirtamos en ellos será un signo de esperanza.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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“La Educación Sexual la venimos trabajando desde hace muchos años en la diócesis”, dijo el Obispo Martínez

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Por primera vez desde que estalló la crisis en el colegio Roque González por las denuncias de acoso y abuso sexual dentro de la institución, el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, dio su mirada sobre el conflicto y la necesidad de fortalecer la educación sexual en las escuelas, ya que no se trata de un caso aislado, sino que disparó otras demandas de estudiantes, como en el colegio Santa María.

En diálogo con radio Tupa Mbaé abordó el tema de educación sexual en las escuelas de la diócesis. “Como obispo de la diócesis quiero expresar también que la Educación Sexual Integral es un tema que venimos trabajando desde hace muchos años en la diócesis. Creo que después se dan situaciones, la gente escucha problemas concretos que suceden en algunas escuelas, como lo que se dio en el colegio San Roque González, ahora se dio también en el colegio Santa María. Son temas que, obviamente, las instituciones tendrán que acompañar, problemas puntuales que se han dado ahí y que corresponde a las instituciones”, indicó el prelado.

Agregó que “de hecho, hemos planteado en el Instituto Montoya, formaciones de todo un año, los sábados a la mañana, los viernes a la tarde, para los docentes, para formarlos en el tema de la sexualidad”.

Martínez también expresó que “algunas cosas han dolido, y en lo personal también me han dolido. Transferir estas situaciones puntuales a decir “esto pasa porque no se da el tema de ESI”.

“El mismo ministro (Miguel Sedoff) dijo algunas expresiones, para mí, en su rol de ministro de la educación pública tanto estatal como privada, de una forma muy ligera. Decir que en las instituciones privadas confesionales no dan la perspectiva de género, culpabilizando a los idearios, la verdad que es un poco ligera esa expresión. […] Cuando nosotros nos hemos esforzado en dar el tema de la educación sexual y lo estamos dando, y tenemos materiales que son públicos, trabajados. Y decir que la perspectiva de género es incompatible con los idearios, es una negación primero a la ley, y a la realidad de los contenidos”.

El obispo puso de relieve que es política asumida la educación sexual: “Quiero ratificar que esto que hacemos, el tema de los idearios y la perspectiva de género, tratando de articular, lo hacemos con el respaldo de la ley. Quiero subrayar esto, para nuestra audiencia, las familias que nos escuchan, muchos de los funcionarios, ministros, mandan a nuestras escuelas a sus hijos”.

Y destacó que “en la ley 26.150 que es de octubre del 2006, el artículo 5 especifica que todas las provincias, regiones, tienen que implementar la Educación Sexual Integral. Pero dice, cada comunidad educativa, considerando el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adopción de las propuestas a su realidad sociocultural en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”.

Añadió, “esto es muy importante decirlo. Nosotros creemos que es muy bueno, por eso hemos trabajado muchos aspectos de la perspectiva de género […] de lo cultural, tratando de quitar algunos estereotipos, que en lo cultural generan un daño a la comprensión del varón, la mujer, de sus roles. Lo cual es cierto, porque a veces hay estereotipos, es decir, costumbres o mandatos que se vienen dando en lo cultural, que hay que erradicar, que tenemos que trabajarlos”.

Pero hizo hincapié en que “vivimos en una sociedad democrática, justamente hablamos de la diversidad, y es bueno que la democracia no uniforme. Cuando autoritariamente una ley pretende uniformar y achatar la diversidad de los idearios, de las culturas y de la libertad religiosa, estamos fritos, caemos en una especie de dictadura. Y las ideologías se transforman en dictaduras, y de esto tendríamos que tener mucho cuidado. Nosotros convivimos con la diversidad”.

Desde la educación católica, insistió, “con las escuelas ligadas a la red del obispado de nuestra diócesis, estamos trabajando fuertemente estos temas. Por eso nos duele la ligereza con que hubo afirmaciones en este tiempo, como que en lo confesional y por culpa de los idearios no se puede hablar de ESI. Me parece que eso es muy ligero, no es responsable. Los funcionarios tienen que ser muy respetuosos de la diversidad cultural, religiosa y de posturas. Con estas expresiones no nos han respetado, y no han respetado el esfuerzo que hemos hecho en las escuelas hablando de sexualidad. Otra funcionaria dijo, ´si, en las escuelas religiosas les cuesta hablar de sexo´. Esos sí son estereotipos, porque supone que, porque es escuela religiosa, está prohibido hablar de sexualidad. Es un error olímpico”.

“Creo que no hay que ser ligeros ni irresponsables, para tener una convivencia sana”, culminó el obispo Martínez.

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Cristo Rey

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo [21 de noviembre de 2021]

Con la celebración de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, culminamos el año litúrgico. Desde el próximo domingo empezaremos a prepararnos para celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús y lo haremos durante varias semanas en el llamado tiempo de Adviento.

Esta celebración de Cristo Rey puede confundir a varios, asociando esta denominación con el poder y la fastuosidad de los reyes de este mundo. En la época de Jesús tampoco entendieron demasiado qué tipo de reinado tenía Jesús y cómo era su Reino. Pilato en el Evangelio de este domingo (Jn 18,33b-37), expresa lo confundido que estaba sobre la realeza que tenía el Señor. «Pilato le dijo ¿Entonces tú eres Rey? Jesús respondió: tú lo dices. Yo soy Rey» (Jn 18,37). De todas maneras, el Señor explica a Pilato, algo que seguramente por su ceguera espiritual y su alejamiento de Dios no podía comprender: «Mi realeza no es de este mundo». (Jn 18,35)

Es cierto que en general la ceguera e incomprensión sobre el reinado de Jesús, es también una incomprensión sobre la misión de la Iglesia, es decir, de todos los bautizados. La imposibilidad de captar por dónde pasa el verdadero Reino, está ligada al alejamiento de Dios. Para percibirlo es necesaria una cierta mirada de fe. Es clave recordar que como Iglesia y como cristianos debemos seguir apostando en la cotidianidad, no al éxito, ni a triunfalismos pastorales, sino a la fidelidad, al seguimiento de Cristo, el Señor, que siempre implica el tomar la cruz de cada día, considerando que el discipulado debe ser siempre pascual. El Apóstol Pablo en la carta a los Filipenses nos señala el camino que la Iglesia debe guardar mirando a Jesucristo, el Señor: «Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús. El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz». (Flp 2,5-8)

Este domingo retomamos la tradición de ir todos a Loreto en una nueva peregrinación a nuestro Santuario, que el año pasado fue acotada por la pandemia. Allí celebramos la memoria de tantos hombres y mujeres que evangelizaron en estas tierras, como los mártires Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez, Juan del Castillo, y el Padre Antonio Ruiz de Montoya, que junto a miles de indígenas vivieron una experiencia inédita en las Reducciones Jesuíticas.

En Loreto alimentamos nuestro ánimo en la memoria, pero también en los sufrimientos, en el martirio y en la vitalidad de estos testigos del pasado. Ellos nos fortalecen en la esperanza, para sobrellevar las dificultades, las persecuciones y las luchas de nuestro tiempo.

En esta reflexión quiero subrayar la importancia que tiene la peregrinación a nuestro Santuario diocesano de Loreto en la que participan muchas personas que se movilizan caminando, en autos, colectivos y bicicletas desde las distintas parroquias, escuelas y comunidades de nuestras zonas pastorales, saliendo conjuntamente desde Leandro N. Alem, Jardín América y Posadas. La Misa central es concelebrada con todos los Sacerdotes y Diáconos de la Diócesis, junto con nuestros consagrados, seminaristas y todo el Pueblo de Dios.

En la casa de Nuestra Madre de Loreto realizamos este momento único en el año donde como Pueblo de Dios en nuestra Diócesis de Posadas, llevamos nuestro agradecimiento a Dios por su presencia de tantas maneras en la tarea evangelizadora que Él nos encomendó.

También llevamos nuestros dolores, peticiones, inquietudes y sufrimientos. Todo lo ponemos a los pies de Nuestra Madre de Loreto y bajo la intercesión de nuestros mártires de las misiones. En ellos vemos ejemplos de entrega que nos permiten decir en el hoy de nuestra historia que nosotros , como ellos, queremos también ser testigos, discípulos y misioneros en esta porción de la Iglesia en nuestra provincia de Misiones.

Junto a nuestra Madre de Loreto en su Santuario le pedimos a Dios por nuestra Iglesia diocesana, por la tarea evangelizadora y por cada una de nuestras intenciones.

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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