OBISPO DE POSADAS

“La Educación Sexual la venimos trabajando desde hace muchos años en la diócesis”, dijo el Obispo Martínez

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Por primera vez desde que estalló la crisis en el colegio Roque González por las denuncias de acoso y abuso sexual dentro de la institución, el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, dio su mirada sobre el conflicto y la necesidad de fortalecer la educación sexual en las escuelas, ya que no se trata de un caso aislado, sino que disparó otras demandas de estudiantes, como en el colegio Santa María.

En diálogo con radio Tupa Mbaé abordó el tema de educación sexual en las escuelas de la diócesis. “Como obispo de la diócesis quiero expresar también que la Educación Sexual Integral es un tema que venimos trabajando desde hace muchos años en la diócesis. Creo que después se dan situaciones, la gente escucha problemas concretos que suceden en algunas escuelas, como lo que se dio en el colegio San Roque González, ahora se dio también en el colegio Santa María. Son temas que, obviamente, las instituciones tendrán que acompañar, problemas puntuales que se han dado ahí y que corresponde a las instituciones”, indicó el prelado.

Agregó que “de hecho, hemos planteado en el Instituto Montoya, formaciones de todo un año, los sábados a la mañana, los viernes a la tarde, para los docentes, para formarlos en el tema de la sexualidad”.

Martínez también expresó que “algunas cosas han dolido, y en lo personal también me han dolido. Transferir estas situaciones puntuales a decir “esto pasa porque no se da el tema de ESI”.

“El mismo ministro (Miguel Sedoff) dijo algunas expresiones, para mí, en su rol de ministro de la educación pública tanto estatal como privada, de una forma muy ligera. Decir que en las instituciones privadas confesionales no dan la perspectiva de género, culpabilizando a los idearios, la verdad que es un poco ligera esa expresión. […] Cuando nosotros nos hemos esforzado en dar el tema de la educación sexual y lo estamos dando, y tenemos materiales que son públicos, trabajados. Y decir que la perspectiva de género es incompatible con los idearios, es una negación primero a la ley, y a la realidad de los contenidos”.

El obispo puso de relieve que es política asumida la educación sexual: “Quiero ratificar que esto que hacemos, el tema de los idearios y la perspectiva de género, tratando de articular, lo hacemos con el respaldo de la ley. Quiero subrayar esto, para nuestra audiencia, las familias que nos escuchan, muchos de los funcionarios, ministros, mandan a nuestras escuelas a sus hijos”.

Y destacó que “en la ley 26.150 que es de octubre del 2006, el artículo 5 especifica que todas las provincias, regiones, tienen que implementar la Educación Sexual Integral. Pero dice, cada comunidad educativa, considerando el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adopción de las propuestas a su realidad sociocultural en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”.

Añadió, “esto es muy importante decirlo. Nosotros creemos que es muy bueno, por eso hemos trabajado muchos aspectos de la perspectiva de género […] de lo cultural, tratando de quitar algunos estereotipos, que en lo cultural generan un daño a la comprensión del varón, la mujer, de sus roles. Lo cual es cierto, porque a veces hay estereotipos, es decir, costumbres o mandatos que se vienen dando en lo cultural, que hay que erradicar, que tenemos que trabajarlos”.

Pero hizo hincapié en que “vivimos en una sociedad democrática, justamente hablamos de la diversidad, y es bueno que la democracia no uniforme. Cuando autoritariamente una ley pretende uniformar y achatar la diversidad de los idearios, de las culturas y de la libertad religiosa, estamos fritos, caemos en una especie de dictadura. Y las ideologías se transforman en dictaduras, y de esto tendríamos que tener mucho cuidado. Nosotros convivimos con la diversidad”.

Desde la educación católica, insistió, “con las escuelas ligadas a la red del obispado de nuestra diócesis, estamos trabajando fuertemente estos temas. Por eso nos duele la ligereza con que hubo afirmaciones en este tiempo, como que en lo confesional y por culpa de los idearios no se puede hablar de ESI. Me parece que eso es muy ligero, no es responsable. Los funcionarios tienen que ser muy respetuosos de la diversidad cultural, religiosa y de posturas. Con estas expresiones no nos han respetado, y no han respetado el esfuerzo que hemos hecho en las escuelas hablando de sexualidad. Otra funcionaria dijo, ´si, en las escuelas religiosas les cuesta hablar de sexo´. Esos sí son estereotipos, porque supone que, porque es escuela religiosa, está prohibido hablar de sexualidad. Es un error olímpico”.

“Creo que no hay que ser ligeros ni irresponsables, para tener una convivencia sana”, culminó el obispo Martínez.

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Cristo Rey

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo [21 de noviembre de 2021]

Con la celebración de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, culminamos el año litúrgico. Desde el próximo domingo empezaremos a prepararnos para celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús y lo haremos durante varias semanas en el llamado tiempo de Adviento.

Esta celebración de Cristo Rey puede confundir a varios, asociando esta denominación con el poder y la fastuosidad de los reyes de este mundo. En la época de Jesús tampoco entendieron demasiado qué tipo de reinado tenía Jesús y cómo era su Reino. Pilato en el Evangelio de este domingo (Jn 18,33b-37), expresa lo confundido que estaba sobre la realeza que tenía el Señor. «Pilato le dijo ¿Entonces tú eres Rey? Jesús respondió: tú lo dices. Yo soy Rey» (Jn 18,37). De todas maneras, el Señor explica a Pilato, algo que seguramente por su ceguera espiritual y su alejamiento de Dios no podía comprender: «Mi realeza no es de este mundo». (Jn 18,35)

Es cierto que en general la ceguera e incomprensión sobre el reinado de Jesús, es también una incomprensión sobre la misión de la Iglesia, es decir, de todos los bautizados. La imposibilidad de captar por dónde pasa el verdadero Reino, está ligada al alejamiento de Dios. Para percibirlo es necesaria una cierta mirada de fe. Es clave recordar que como Iglesia y como cristianos debemos seguir apostando en la cotidianidad, no al éxito, ni a triunfalismos pastorales, sino a la fidelidad, al seguimiento de Cristo, el Señor, que siempre implica el tomar la cruz de cada día, considerando que el discipulado debe ser siempre pascual. El Apóstol Pablo en la carta a los Filipenses nos señala el camino que la Iglesia debe guardar mirando a Jesucristo, el Señor: «Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús. El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz». (Flp 2,5-8)

Este domingo retomamos la tradición de ir todos a Loreto en una nueva peregrinación a nuestro Santuario, que el año pasado fue acotada por la pandemia. Allí celebramos la memoria de tantos hombres y mujeres que evangelizaron en estas tierras, como los mártires Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez, Juan del Castillo, y el Padre Antonio Ruiz de Montoya, que junto a miles de indígenas vivieron una experiencia inédita en las Reducciones Jesuíticas.

En Loreto alimentamos nuestro ánimo en la memoria, pero también en los sufrimientos, en el martirio y en la vitalidad de estos testigos del pasado. Ellos nos fortalecen en la esperanza, para sobrellevar las dificultades, las persecuciones y las luchas de nuestro tiempo.

En esta reflexión quiero subrayar la importancia que tiene la peregrinación a nuestro Santuario diocesano de Loreto en la que participan muchas personas que se movilizan caminando, en autos, colectivos y bicicletas desde las distintas parroquias, escuelas y comunidades de nuestras zonas pastorales, saliendo conjuntamente desde Leandro N. Alem, Jardín América y Posadas. La Misa central es concelebrada con todos los Sacerdotes y Diáconos de la Diócesis, junto con nuestros consagrados, seminaristas y todo el Pueblo de Dios.

En la casa de Nuestra Madre de Loreto realizamos este momento único en el año donde como Pueblo de Dios en nuestra Diócesis de Posadas, llevamos nuestro agradecimiento a Dios por su presencia de tantas maneras en la tarea evangelizadora que Él nos encomendó.

También llevamos nuestros dolores, peticiones, inquietudes y sufrimientos. Todo lo ponemos a los pies de Nuestra Madre de Loreto y bajo la intercesión de nuestros mártires de las misiones. En ellos vemos ejemplos de entrega que nos permiten decir en el hoy de nuestra historia que nosotros , como ellos, queremos también ser testigos, discípulos y misioneros en esta porción de la Iglesia en nuestra provincia de Misiones.

Junto a nuestra Madre de Loreto en su Santuario le pedimos a Dios por nuestra Iglesia diocesana, por la tarea evangelizadora y por cada una de nuestras intenciones.

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Camino de Solidaridad y Generosidad

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 32o durante el año [07 de noviembre de 2021]

El pasado fin de semana hemos iniciado en la diócesis el proceso sinodal en comunión con el camino que está transitando toda la Iglesia. Con una profunda invocación al Espíritu Santo en el Consejo de Pastoral ampliado y con la celebración de la Misa en la Catedral nos hemos puesto en marcha. Este acontecimiento será una ocasión providencial para revisar nuestro caminar juntos y hacer resonar el Evangelio de Jesús con nuevas fuerzas.

El documento preparatorio del Sínodo nos recuerda que «la sinodalidad representa el camino principal para la Iglesia, llamada a renovarse bajo la acción del Espíritu y gracias a la escucha de la Palabra. La capacidad de imaginar un futuro diverso para la Iglesia y para las instituciones a la altura de la misión recibida depende en gran parte de la decisión de comenzar a poner en práctica procesos de escucha, de diálogo y de discernimiento comunitario, en los que todos y cada uno puedan participar y contribuir. Al mismo tiempo, la opción de “caminar juntos” es un signo profético para una familia humana que tiene necesidad de un proyecto compartido, capaz de conseguir el bien de todos. Una Iglesia capaz de comunión y de fraternidad, de participación y de subsidiariedad, en la fidelidad a lo que anuncia, podrá situarse al lado de los pobres y de los últimos y prestarles la propia voz. Para “caminar juntos” es necesario que nos dejemos educar por el Espíritu en una mentalidad verdaderamente sinodal, entrando con audacia y libertad de corazón
en un proceso de conversión» (Documento preparatorio del Sínodo, 9).

El Evangelio de este domingo nos da una clave indispensable para emprender este camino. La imagen de una viuda de condición humilde que coloca dos pequeñas monedas de cobre como limosna nos enseña la actitud de entrega generosa de la propia vida. «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir» ((Mc 12,44), dice Jesús.

Lamentablemente en un mundo tan mercantil, atravesado por el materialismo que promueve un creciente individualismo, cuesta entender que actitudes como la de esta viuda del Evangelio son necesarias para construir un mundo más justo, más fraterno y más solidario. Justamente la solidaridad es la que debemos hacer florecer en los momentos donde todo parece diluirse y perder consistencia. «La solidaridad se expresa concretamente en el servicio, que puede asumir formas muy diversas de hacerse cargo de los demás. El servicio es en gran parte, cuidar la fragilidad.

Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. En esta tarea cada uno es capaz de dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles» (cfr. Fratelli Tutti, 115).

Damos gracias a Dios porque en nuestro pueblo se conservan todavía estas actitudes profundamente enraizadas de la solidaridad y la generosidad. Estas mismas actitudes tendremos que poner en acción en este proceso de camino sinodal. La comunión, la participación y la misión deben estar impregnados de generosa entrega paras ser fecundos.

«Nuestro “dar” a Dios en la oración y a los demás en la caridad debería huir siempre del ritualismo y del formalismo, así como de la lógica del cálculo, y debe ser expresión de gratuidad, como hizo Jesús con nosotros: nos salvó gratuitamente, no nos hizo pagar la redención. Nos salvó gratuitamente. Y nosotros, debemos hacer las cosas como expresión de gratuidad. Por eso, Jesús indica a esa viuda pobre y generosa como modelo a imitar de vida cristiana […]

Cuando nos sentimos tentados por el deseo de aparentar y de contabilizar nuestros gestos de altruismo, cuando estamos demasiado interesados en la mirada de los demás pensemos en esta mujer […] nos ayudará a despojarnos de lo superfluo para ir a lo que realmente importa, y a permanecer humildes». (Papa Francisco, ángelus 11.11.2018).

Contemplando con Jesús la bella imagen que el Evangelio nos presenta pidamos crecer en solidaridad y generosidad para superar el egoísmo y el individualismo que enferman nuestro corazón y envenenan nuestra sociedad.

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.

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Los buenos ejemplos nos dan esperanza

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 31o durante el año [31 de octubre de 2021]

En algunos días celebraremos un acontecimiento importante para la Iglesia, la «Solemnidad de todos los santos» y, al día siguiente, la «Conmemoración de todos los fieles difuntos». En estas dos celebraciones la Iglesia tiene presente a aquellos que han partido a la Casa del Padre. En el caso de los santos, son aquellos varones y mujeres que, como nosotros, experimentaron el llamado a la santidad y buscaron responder cumpliendo la voluntad de Dios en sus vidas. Varones y mujeres con nuestras mismas fragilidades y búsquedas, que la Iglesia, con la potestad de «las llaves» los ha declarado santos. Ellos son miles, a algunos los conocemos. A ellos les imploramos que, en la Casa del Padre, donde están, intercedan ante Él por nosotros y por nuestras peticiones. Al día siguiente rezaremos por todos los difuntos. Miles de personas rezarán en los cementerios y en las Iglesias, por sus seres queridos.

En esta reflexión dominical queremos subrayar la necesidad de recordar que todos estamos llamados a la santidad. Por ahí, equivocadamente podemos creer que la santidad es un llamado privilegiado para algunos. O bien, erróneamente pensamos que los santos fueron varones o mujeres que se caracterizaron solo por realizar grandes milagros y ser personajes cuyas vidas fueron siempre extraordinarias. En realidad, la santidad es un llamado para todos que debe ser asumido en la vida diaria, en cada opción, en la cotidianidad.

Es cierto que, aunque sabemos de la universal vocación a la santidad en la Iglesia, los contextos de nuestro tiempo hacen que las palabras «santidad» o «virtud», entre otras, tengan poca presencia en nuestra vida y en los nuevos espacios tecnológicos del mundo globalizado. Sin embargo, la virtud y la búsqueda de la santidad, que procuran tantas personas, aun con dificultades, hace que descubramos signos de esperanza.

Nosotros hemos percibido especialmente desde «Aparecida» que la Evangelización hoy, como ayer, requiere que renovemos nuestro compromiso de ser «discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida».

Tenemos que dar gracias a Dios porque en estos años hemos experimentado la gracia de contar con nuevos beatos y santos argentinos que se constituyen en modelos y ejemplo para animar la acción evangelizadora de la Iglesia. Ninguno de ellos la pasó fácil. De diversas maneras vivieron y asumieron la Pascua del Señor. Entre ellos, quiero resaltar la canonización de nuestro santo Cura Brochero, pastor y testigo de la entrega a Dios y a los hermanos. Él, que amó sin medida, murió de lepra por matear con las personas, sin mirar las consecuencias de estar cerca de los más sufrientes y marginados de su tiempo. También quiero agradecer a Dios la reciente beatificación de Fray Mamerto Esquiú en Catamarca, pastor que trabajó y fue dando su vida en la evangelización. Tanto bien nos hacen estos varones y mujeres para ayudarnos a asumir un compromiso cristiano valiente, pascual, que ame hasta dar la vida en nuestros días. Como otros tiempos, el nuestro también tiene cruces. Pero en ellos, en los santos, nos animamos a ser testigos pascuales de la esperanza.

También el próximo domingo 21 de noviembre, como todos los terceros domingos de noviembre, celebraremos una nueva peregrinación a Loreto, en donde tendremos especialmente presente la memoria de la evangelización realizada por muchos hace varios siglos, especialmente a nuestros santos Mártires de las Misiones que, con su vida y su sangre entregada en la misión por anunciar a Jesucristo, nos permiten asumir los desafíos presentes. La Iglesia en Misiones, con la fuerza y el gozo de vivir inserta en el corazón de las antiguas Misiones jesuíticas, es heredera del espíritu que animó a los misioneros a evangelizar los pueblos indígenas, y que se testimonia en las reducciones dispersas en su territorio. En estas tierras han plantado el Evangelio hombres y mujeres que vivieron la santidad, entre ellos san Roque González, san Juan del Castillo y san Alfonso Rodríguez, los Mártires de las Misiones.

Ese día suspenderemos todas las misas del domingo por la mañana para ir caminando, en bicicletas, autos y colectivos, y reunirnos y celebrar juntos a las 9 hs. la misa central en el Santuario de Loreto.

Pidamos este domingo que la memoria de los santos nos ayude a vivir hoy la santidad.

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.

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La fuerza del amor de Dios

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 27o durante el año [03 de octubre de 2021]

Hemos iniciado el mes de octubre que tradicionalmente lo dedicamos a rezar y reflexionar sobre la misión en la Iglesia. Cada año, el Papa nos deja un mensaje con ocasión de la Jornada Mundial de las Misiones.

Este año, el texto bíblico del que parte la reflexión es: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20). Allí el Papa nos dice que: «Cuando experimentamos la fuerza del amor de Dios, cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de anunciar y compartir lo que hemos visto y oído. La relación de Jesús con sus discípulos, su humanidad que se nos revela en el misterio de la encarnación, en su Evangelio y en su Pascua nos hacen ver hasta qué punto Dios ama nuestra humanidad y hace suyos nuestros gozos y sufrimientos, nuestros deseos y nuestras angustias».

«La historia de la evangelización comienza con una búsqueda apasionada del Señor que llama y quiere entablar con cada persona, allí donde se encuentra, un diálogo de amistad (cf. Jn 15,12-17). Los apóstoles son los primeros en dar cuenta de eso, hasta recuerdan el día y la hora en que fueron encontrados: “Era alrededor de las cuatro de la tarde” (Jn 1,39). La amistad con el Señor, verlo curar a los enfermos, comer con los pecadores, alimentar a los hambrientos, acercarse a los excluidos, tocar a los impuros, identificarse con los necesitados, invitar a las bienaventuranzas, enseñar de una manera nueva y llena de autoridad, deja una huella imborrable, capaz de suscitar el asombro, y una alegría expansiva y gratuita que no se puede contener […]El amor siempre está en movimiento y nos pone en movimiento para compartir el anuncio más hermoso y esperanzador: “Hemos encontrado al Mesías” (Jn 1,41).

Con Jesús hemos visto, oído y palpado que las cosas pueden ser diferentes. Él inauguró, ya para hoy, los tiempos por venir recordándonos una característica esencial de nuestro ser humanos, tantas veces olvidada: “Hemos sido hechos para la plenitud que sólo se alcanza en el amor” (FT 68). Tiempos nuevos que suscitan una fe capaz de impulsar iniciativas y forjar comunidades a partir de hombres y mujeres que aprenden a hacerse cargo de la fragilidad propia y la de los demás, promoviendo la fraternidad y la amistad social (cf. ibíd., 67). La comunidad eclesial muestra su belleza cada vez que recuerda con gratitud que el Señor nos amó primero (cf. 1 Jn 4,19). […] Sin embargo, los tiempos no eran fáciles; los primeros cristianos comenzaron su vida de fe en un ambiente hostil y complicado.

Historias de postergaciones y encierros se cruzaban con resistencias internas y externas que parecían contradecir y hasta negar lo que habían visto y oído; pero eso, lejos de ser una dificultad u obstáculo que los llevara a replegarse o ensimismarse, los impulsó a transformar todos los inconvenientes, contradicciones y dificultades en una oportunidad para la misión. Los límites e impedimentos se volvieron también un lugar privilegiado para ungir todo y a todos con el Espíritu del Señor. Nada ni nadie podía quedar ajeno a ese anuncio liberador […] El libro de los Hechos de los Apóstoles nos enseña a vivir las pruebas abrazándonos a Cristo, para madurar la convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos y la certeza de que quien se ofrece y entrega a Dios por amor seguramente será fecundo.

Así también nosotros: tampoco es fácil el momento actual de nuestra historia. La situación de la pandemia evidenció y amplificó el dolor, la soledad, la pobreza y las injusticias que ya tantos padecían y puso al descubierto nuestras falsas seguridades y las fragmentaciones y polarizaciones que silenciosamente nos laceran. Los más frágiles y vulnerables experimentaron aún más su vulnerabilidad y fragilidad. Hemos experimentado el desánimo, el desencanto, el cansancio, y hasta la amargura conformista y desesperanzadora pudo apoderarse de nuestras miradas. Pero nosotros «no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Jesús como Cristo y Señor, pues no somos más que servidores de ustedes por causa de Jesús» (2Co 4,5). Por eso sentimos resonar en nuestras comunidades y hogares la Palabra de vida que se hace eco en nuestros corazones y nos dice: “No está aquí: ¡ha resucitado!” (Lc 24,6); Palabra de esperanza que rompe todo determinismo y, para aquellos que se dejan tocar, regala la libertad y la audacia necesarias para ponerse de pie y buscar creativamente todas las maneras posibles de vivir la compasión, ese “sacramental” de la cercanía de Dios con nosotros que no abandona a nadie al borde del camino».

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.

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