Se iniciaron los trabajos de colocación de capa asfáltica sobre la calzada del Puente de la Integración Paraguay-Brasil. Este procedimiento durará unos días, de acuerdo con el comportamiento del clima. Asimismo, prosiguen las demás tareas de terminación de la obra.
El asesor de la Dirección de Coordinación de Itaipu, Pánfilo Benítez, explicó que para los trabajos se está utilizando mezcla caliente que se compacta con vibraciones.
“Lo extraordinario es la compactación dinámica que es con vibración, muy fuerte; pero es la forma en la que se debe hacer una carpeta asfáltica sobre una base rígida que es el hormigón, entonces se compacta vibrando esa capa asfáltica”, explicó.
Comentó que se aplicarán dos capas sobre la calzada para que se compacte bien la mezcla. Sobre el punto dijo que en el primer día de trabajo se completó media calzada del puente con la primera capa; posteriormente se colocará la carpeta rodadura.
“Este trabajo es rápido, se terminará una capa en aproximadamente dos días, si el clima ayuda serían 4 o 5 días de trabajo en total, con la terminación de la carpeta asfáltica, la parte de la loza de aproximación y los detalles del asfaltado que deben llevar en la junta, dilatación y demás”, precisó.
Con relación al avance general de la obra, Benítez dijo que se encuentra a buen tiempo y en la última etapa. Indicó que para noviembre se prevé instalar las barandas de seguridad y también realizar la prueba de carga, ensayo de vital importancia porque determinará el buen funcionamiento de la superestructura que conectará a las ciudades de Presidente Franco y Foz de Yguazú.
Igualmente, comentó que, una vez finalizada la colocación de barandas y señalizaciones, como también las pruebas requeridas, se procederá a la instalación del sistema de iluminación, que sería el último paso previsto en el cronograma de trabajo.
El Puente de la Integración se convierte en el segundo puente internacional entre Paraguay y Brasil, luego de 57 años de haberse inaugurado el Puente de la Amistad.
La obra es del tipo mixto (hormigón y metal) atirantado, tiene 760 metros de largo, con columnas principales de 180 metros de altura y con un vano central (espacio que queda entre los dos pilares por donde pasa el cauce de navegación del río) de 470 metros de ancho y más de 60 metros de alto sobre crecidas máximas de agua.
En el vecino país destacan que producción forestal puede convertirse en tercer hito que impulse desarrollo económico del Paraguay.
La oleada de demandas en toneladas de madera llegará al Paraguay de manera positiva, por lo que la industria forestal se prepara no solo con más plantaciones, sino también con capacitación a recursos humanos, resaltaron en el espacio Plaza Pública Dende.
En la oportunidad, en que se analizó el tema “El sector forestal como futuro de nuestra economía”, con la moderación de Yan Speranza y editorialización de Alberto Acosta Garbarino, participaron el empresario del sector forestal y miembro del Fepama, Raúl Gauto y el director jurídico del Infona, Víctor González.
Recordaron que Paraguay pasó de tener una industria extractiva maderera a una industria de producción forestal con la plantación de árboles de eucalipto.
Agregaron que este cambio se dio luego a que empresas internacionales como Shell, primero, hace aproximadamente 30 años, apostará por la investigación y el desarrollo forestal maderero, y a ella se sumara la empresa Desarrollo Maderero, que fueron artífices de la transformación a gran escala del proceso de plantación forestal en el país, sin dañar el medioambiente y coadyuvando el desarrollo sostenible del Paraguay.
Además, mencionaron que de plantaciones forestales y capacitación de recursos humanos, Shell inició un programa de biotecnología muy importante, mediante el cual hoy día disponen clones en el Paraguay que se están utilizando para comercialización.
Fue precisamente “esa inversión en biotecnología realizada por esta empresa la que permitió plantar una especie de eucalipto adaptada a nuestro suelo, la cual requiere menor cantidad de agua que otras especies del mundo”.
Sostuvieron que las industrias que procesan esta materia prima están mayoritariamente en la Región Oriental. En el Chaco no existe prácticamente industria forestal, ya que allí se necesita desarrollar en conjunto las plantaciones forestales con las industrias forestales.
Resaltaron que el eucalipto acapara el 98% del mercado, si bien hay plantaciones de pino y otras variedades, debido a que la industria encontró que es un sucesor bastante parecido al cedro y otras maderas, y tiene menor costo de producción.
A ello se suma que las nuevas tecnologías de manejo permiten que ya no se quiebre como antes, posee alta supervivencia en el vivero y en el campo, crece por día 1,5 centímetros y, a veces, hasta 2 centímetros. Además genera mucha madera barata de producir, entre otras ventajas.
Afirmaron, que Paraguay, junto a Laos, son los dos países en el mundo donde más crece la vegetación. Nuestro país está asentado en una cuenca fotosintética muy potente, donde la energía del sol combinada con el agua y con el suelo genera uno de los lugares donde más crece la madera en metros cúbicos por superficie.
Para el empresario Raúl Gauto es inexorable que Paraguay se convierta en un país agropecuario forestal, pues es el complemento ideal sobre todo con la producción ganadera que hoy tiene pasturas naturales o pasturas degradadas, porque diversifica y aumenta su capacidad de ingreso.
Mencionó, que otra ventaja de la producción forestal es que por cada 10 a 12 hectáreas de una plantación de eucalipto se genera empleo para una familia. Si la plantación forestal es para producir madera, se requiere mayor mano de obra, mientras que para biomasa (leña, chips o pellets) se precisa una menor cantidad de mano de obra.
También comentó, que incluso se está haciendo discriminación positiva a grupos de mujeres que realizan trabajos de combate de hormigas, podas bajas de dos a seis metros, plantaciones o fertilización. “Es decir, trabajos sencillos y de poco esfuerzo físico, y lo hacen con una rigurosidad y una meticulosidad hasta superior a la de los hombres y hay un impacto interesante”, resaltó.
Una industria de celulosa necesita 200.000 hectáreas de plantación de eucalipto y la producción de celulosa es insumo para unas 200 industrias diferentes, aproximadamente. La celulosa es una materia prima muy interesante, porque permite hacer telas viscosas, barnices, combustible, papel, pañales, vasos, excipiente para pastillas y alimentos dietéticos, entre otros.
Gauto señaló que la instalación de Paracel permitirá la venida de industrias que se instalarán cerca la planta de producción de la materia prima. No obstante, advirtió que al demandar mucha plantación para la producción, podría afectar a los silos utilizados para el secado de maíz o la soja, que necesitan algún tipo de fuente de energía para este proceso.
A la par de la producción forestal, el sector privado puede generar un mercado secundario, con lo cual no tendrá que esperar 10 a 15 años para acceder al dinero invertido, sino que a los 4 años se pueda vender ese bosque.
Una de las líneas en las que está trabajando el sector privado guarda relación con la creación de un fondo ecoforestal, a través de la casa de Bolsa Cadiem, que permite a las personas destinar, por ejemplo, G. 30 millones, G. 50 millones o G. 100 millones y comprar una cuota de parte de un fondo de USD 6 millones.
“Nosotros tenemos que generar las herramientas, facilidades y seguridades. Con este fondo instalado es una de las pocas plantaciones forestales que va a tener un seguro forestal, porque, la gente le tiene miedo al incendio y si bien no es un riesgo muy grande, tranquiliza a posibles inversiones. Aparte de eso, tenemos que fortalecer la certificaciones, hacer las mejores prácticas, capacitación. Hay mucho trabajo por hacer desde el sector privado para levantar el estándar y que esto también atraiga a los grandes fondos internacionales que están mirando a Paraguay con mucho interés y creo que apenas Paraguay tenga grado de inversión nos vamos a sentir inundados de recursos para plantaciones forestales”, aseguró.
Mientras, que el titular del Dende, Alberto Acosta Garbarino, comentó que en Paraguay ocurrieron dos grandes hitos que dieron impulso a la economía: la construcción de la represa de ITAIPU y la producción de soja. Añadió que hoy el país está ante un tercer hito que puede marcar el crecimiento para los próximos años, como es la construcción de la planta de celulosa en el norte del Paraguay, con una inversión de más de US$ 3.200 millones.
“Paraguay tiene todas las condiciones para que este sector se desarrolle y crezca muy rápidamente. El elemento más importante para que se instalen estas plantas es la rapidez con que se pueden plantar los árboles, que son la materia prima para la industria celulosa”, afirmó.
El desarrollo del mercado forestal en nuestro país está incentivando también a que un productor en el Chaco haya confinado 30.000 hectáreas de excedente de bosques para el mercado de carbono, un nuevo mercado en expansión y que se estima que en los 10 años siguientes será un commodity que superará a la carne y a la soja. Para acompañar este nuevo mercado, el Poder Ejecutivo presentó un proyecto de ley que lo regule e incentive.
Por su parte, Víctor González señaló que una de las políticas impulsadas por el Infona para acompañar el crecimiento de la industria forestal es destrabar cualquier trámite relacionado con la actividad de plantación forestal o incentivar al sector financiero para brindar apoyo al sector, garantizando el desarrollo sostenible.
«Hoy en el Chaco no se pueden hacer desmontes en más de 100 has. Tenemos un 85% de habilitaciones encuadradas en el marco legal», explicó el mencionado director jurídico.
Infona trabaja en conjunto con el Banco Central del Paraguay (BCP) para que los certificados de “vuelo forestal” (Derecho Real de Superficie Forestal, establecido en la Ley Nº 4890/13), se puedan constituir en una garantía real y que la banca de primer y segundo piso tengan la obligación de aceptarlos. El vuelo forestal es un formato de arrendamiento especial, donde en un terreno de 1.000 hectáreas se delimitan 300 hectáreas de terreno de “vuelo forestal” que se inscribe en el Registro Público y se convierte en garantía real, reemplazando a la garantía hipotecaria si es que se necesita acceder a un crédito.
Finalmente, agregó que se cuenta con un impacto social muy grande a través de la generación de empleo en torno al sector, y en función a eso está todo este potencial enorme de desarrollo que tiene. “Parece que están dadas las condiciones para que este sea un sector que tenga un fuerte desarrollo y donde realmente al sector privado le puede ir muy bien y también por lo tanto al país”, culminó.
Desde la Confederación Económica de Misiones (CEM) expresaron su preocupación tras el anuncio de reducción de impuestos en zonas fronterizas con nuestra provincia por parte del gobierno paraguayo y llamaron a que “las autoridades nacionales actúen en consecuencia considerando los perjuicios que una medida de este tipo ocasionará a la sociedad misionera”.
“Es imprescindible contar con las herramientas que permitan ser competitivos”, expusieron desde la entidad gremial empresaria y agregaron que “las expectativas deben transformarse en hechos reales y concretos con la celeridad que se exhibe en las decisiones que toman los países vecinos en las zonas de frontera”.
Por otra parte, aseveraron que “pese a los permanentes y justificados reclamos, ante la necesidad de que Misiones reciba un tratamiento diferenciado respecto de otros distritos, se siguen obviando sus fundamentos”.
Respecto de esta postura, desde la CEM manifestaron que “es imprescindible que las autoridades nacionales apliquen las normativas que sean necesarias como es el caso de la pendiente reglamentación del artículo 10 de la ley Pyme y den curso a la implementación de una zona aduanera especial (artículo 126) que fue incorporada al proyecto de Presupuesto Nacional 2023 por gestión de nuestros representantes provinciales, acción de la que remitimos nuestro beneplácito”.
Considerando que “con las actuales condiciones será imposible hacer frente a las asimetrías que se profundizarán con las zonas francas en Paraguay”, la CEM comenzará a trabajar con las entidades nacionales que integra para visibilizar esta “situación que atenta contra la economía provincial”.
El presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, anunció este viernes que su país reducirá el impuesto al valor agregado (IVA) y el impuesto selectivo al consumo (ISC), para los productos electrónicos y de tecnología en las zonas fronterizas con Argentina y Brasil, a fin de impulsar el turismo de compras.
Abdo Benítez detalló que para la reducción de impuestos firmó un decreto que entrará en vigor en noviembre próximo. En concreto, el mandatario indicó que el IVA diferenciado previsto en el régimen de turismo pasará de 1,5 % a 1 % en noviembre y posteriormente se reducirá de 1 % a 0,5 % en diciembre.
La medida, argumentó, busca “darle un aliciente” al turismo de compras en las zonas limítrofes, que aseguró fue uno de los sectores más afectados por los cierres de fronteras, la depreciación de la moneda argentina y brasileña y la reducción en el comercio.
“Todo es una estrategia del Gobierno nacional para poder ayudar y para poder mitigar y generar una contención a todos los sectores que hoy están en proceso de recuperación”, sentenció el presidente paraguayo.
Además, informó que se reducirá el impuesto selectivo al consumo a “algunos productos de tecnología, teléfonos celulares y electrónica”, con el fin de apoyar a estos “sectores que se vieron afectados en estos años de pandemia”.
📃 A través de los decretos N°. 8047/22 y N°. 8048/22 se redujeron el IVA e ISC para determinados productos 👇 pic.twitter.com/YkOnd8GVKE
En ese contexto, el gobernante aseguró que estas medidas servirán como un “plan piloto” cuyos resultados en términos de formalización y recaudación se evaluarán en enero, cuando se definirá si se mantienen “por más tiempo”.
Por su parte, el viceministro paraguayo de Tributación, Óscar Orué, precisó que la reducción del ISC será del 50 % para los rubros de electrónica y celulares, al ser productos “muy demandados” en las zonas de fronteras.
La reforma fiscal, aunque acotada en el tiempo, refuerza el reclamo de Misiones para crear una Zona Aduanera Especial y no depender de tipos de cambio ni de coyunturas en los países vecinos. “Esta medida tiene su correlación en el hecho de que el tipo de cambio es más favorable a los argentinos que a Paraguay o Brasil. Esta medida que está sacando Paraguay es para fortalecer el consumo de las ventas en ese país a través de la compra de extranjeros, como por ejemplo los argentinos”, señaló el ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, en declaraciones al diario Primera Edición.
En este punto se refirió a la zona aduanera especial para Misiones y remarcó que “esta normativa que está sacando Paraguay refuerza el pedido de Misiones y de que necesitamos un régimen distinto”.
Santi Carneri, Diálogo Chino. Vuelan cuervos al atardecer, el coche abandona el asfalto y circula por un camino de tierra seca que cruzan pequeños lagartos y zorros. En los costados hay charcos de lluvia y matorrales, también cactus de cinco metros de alto y árboles jóvenes que ocultan una valla de alambre y madera de una estancia ganadera tan grande que es imposible verla completa:
“Toda esta zona se deforestó ”, dice Tagüide Picanerai, un líder del pueblo indígena ayoreo, mientras conduce hacia su comunidad, Chaidí, que significa “refugio” en su idioma materno. “Acá se ve que están tirando abajo los pequeños bosques que quedaban. Sabemos que esto mata la biodiversidad y, lentamente, el mundo ayoreo”.
Chaidí es una aldea de casas de madera rodeadas de bosque, una de las zonas más vírgenes del Gran Chaco, el segundo bosque más extenso de América del Sur después de la Amazonía y que conecta con el Pantanal brasileño, el mayor humedal del mundo.
Una casa de la comunidad ayoreo de Chaidí, en el Alto Paraguay, a unos 700 kilómetros de Asunción. Varios habitantes de la comunidad viven en aislamiento voluntario en el bosque (Imagen: Santi Carneri / 2014)
Picanerai es nativo de este inmenso pero desconocido bioma, en parte árido y en parte húmedo que, con 1,1 millón de km2, ocupa la mitad de Paraguay, un tercio de Bolivia, un buen pedazo de Argentina y un poquito de Brasil. Es un territorio el doble de grande que Francia.
Los ayoreo son el único pueblo que vive en aislamiento voluntario en América fuera de la cuenca amazónica. Su derecho a la autodeterminación está consagrado por la legislación interamericana, pero son uno de los pueblos más amenazados y afectados por la deforestación, impulsada por la ganadería y la agricultura a gran escala.
El Gran Chaco está en plena transformación y muy pronto, un nuevo proyecto vial podría cambiarlo drásticamente.
El Corredor Vial Bioceánico
Pocos saben de la enorme riqueza cultural y natural de esta tierra, pero menos saben del proyecto que Paraguay está llevando a cabo aquí: una obra insólita conocida como el “Corredor Vial Bioceánico”, que tendrá 544 kilómetros de asfalto y un nuevo puente entre Brasil y Paraguay para facilitar el tránsito rodado de un lado al otro del continente. El sueño de Colón, llegar a Asia.
Y también el sueño de los productores de soja de Brasil y los ganaderos de Paraguay de alcanzar más mercados asiáticos, atravesando el norte de Argentina y los puertos de Chile. Un tráfico hasta ahora lento, peligroso y muchas veces detenido por caminos de tierra y lodo de Paraguay.
Una máquina trabaja en el Corredor Bioceánico en el Chaco paraguayo. El proyecto es una iniciativa de cuatro países para mejorar la conectividad en toda Sudamérica (Imagen: Santi Carneri / Diálogo Chino)
Cuadrillas de trabajadores avanzan día tras día en la nueva carretera, casi todo el camino desde Asunción hasta las comunidades ayoreo está en plena ebullición: camiones, tractores, bulldozers y cientos de personas recorren la vía cavando, asfaltando y pintando.
Picanerai nació hace 34 años en Campo Loro, un asentamiento fuera del bosque, construido por religiosos de la misión evangélica hoy conocida como Ethnos 360, que forzaron a sus padres a abandonar su vida nómada y sus costumbres en la década de 1970. Dice Picanerai que los misioneros llamaron así al lugar porque los hombres y mujeres, como sus padres, obligados a punta de pistola a salir del bosque, no paraban de hablar, como los loros.
Tagüide Picanerai abre la puerta del territorio de Ayoreo, situado entre los departamentos de Boquerón y Alto Paraguay, en el Chaco paraguayo (Imagen: Santi Carneri / 2014)
La ausencia total de asfalto en la zona paraguaya del Gran Chaco, que hace frontera con Bolivia y Brasil, mantuvo hasta ahora el intenso comercio de materias primas por otros caminos. La enorme dificultad de atravesarlo sin conocerlo le valió el bautismo de la primera literatura colonial, y la del siglo XVIII en adelante, como “infierno verde” o “desierto”, “hostil”, “seco”, “árido”. Pero lo cierto es que no es así.
Puede que sea un bosque impenetrable para un forastero, pero no para los cientos de miles de personas que han vivido aquí desde antes de la llegada de los españoles.
El Gran Chaco: ‘Un ecosistema peculiar’
El Gran Chaco es un bosque de palmeras, jaguares, cactus, espinas y osos hormigueros; de caimanes (jacarés) y pumas y maderas preciosas como el palo santo. Un bosque continuo, de caminos polvorientos y pantanosos, dividido por fronteras políticas que no existen para la naturaleza y en cuatro ecorregiones que, sí, incluyen climas áridos, pero también bosques, humedales, estepas, ríos y lagunas, a veces secas.
Es un bosque de importancia vital para los pueblos indígenas que lo habitan y, como la Amazonía, para la fauna y la flora del mundo entero, cuenta a Diálogo Chino Andrea Weiler, bióloga y profesora de la Universidad Nacional de Asunción, en Paraguay.
“Es un ecosistema tan peculiar, tan único y tan extremo en su biodiversidad que está maravillosamente adaptada a condiciones extremas”, destaca esta investigadora especializada en el monitoreo de la fauna del Chaco, como los jaguares (yaguareté en guaraní, que significa “perro auténtico”) o los pumas.
El valor ecológico del Gran Chaco incluye 3400 especies de plantas, 500 especies de aves, 150 mamíferos, 120 reptiles y 100 anfibios. Muchos amenazados, como el jaguar, el pecarí de barba blanca, el oso hormiguero o el tapir.
“Al meter todas estas nuevas rutas habilitan zonas de tránsito mucho más intensivo y ese tránsito va a traer más fragmentación del bosque y más población, a medida que haya más asentamientos urbanos habrá más conflicto”, explica Weiler.
La reducción del bosque y de las presas de los grandes felinos, los atrae hacia las vacas. Weiler alertó que los ganaderos pagan a sus empleados entre 100 y 200 dólares por cada puma que cazan y el doble si es un jaguar, actividades penadas con 5 años de cárcel. Lo mismo o más que un salario mensual medio en la zona.
Ni un desierto ni un idilio
El Gran Chaco no es un idilio ambiental, ni tampoco una tierra habitada solo por indígenas. En el lado argentino, hay plantaciones de soja y algodón transgénico hace dos décadas. En la parte brasileña, unos pocos estancieros son dueños de la mayoría del ecosistema. Y tanto del lado boliviano como paraguayo, miles de colonos menonitas de origen ruso, alemán, canadiense y mexicano se han asentado, generado industrias de extracción de madera, ganadería, leche, soja y algodón. También hay misioneros.
Dos guerras han atravesado este territorio en menos de 200 años. Primero la de la Triple Alianza (1864-1870), en que Brasil y Argentina destruyeron, ocuparon y recortaron Paraguay, —después, para hacer frente a las exigencias de los vencedores, Paraguay vendió las tierras “estatales” del Chaco en la bolsa internacional, privatizando bosques que eran territorio ancestral indígena. Más tarde, la guerra entre Paraguay y Bolivia de 1932 y 1935, que fue, en concreto, por el territorio chaqueño y dejó 60.000 bolivianos y 30.000 paraguayos muertos.
Y a los pueblos indígenas de la región asediados, reclutados o encarcelados, viendo cómo sus tierras seguían repartiéndose sin su consentimiento.
Hoy, Picanerai es uno de los principales actores políticos indígenas del Chaco. Habla ayoreo, español y se defiende en guaraní y portugués. Sobre su ancha espalda carga la responsabilidad de negociar con el Estado paraguayo acciones para prevenir la destrucción de las tierras comunales y los bosques donde viven sus familiares.
Trabajadores en el Corredor Bioceánico de Paraguay. El proyecto supondrá la colocación de unos 544 km de asfalto, atravesando regiones que hasta ahora solo tenían caminos de tierra (Imagen: Santi Carneri / Diálogo Chino)
Cada quince días, va y viene conduciendo un coche por los más de 500 kilómetros que separan su comunidad de Asunción, la capital de Paraguay, también conocida como “Puerta al Chaco” por ser la mayor capital cercana a este ecosistema. Antes, en 2015, cuando hice el primer viaje con él, llevaba unas diez horas, ahora que la mayoría es asfalto se hace en seis.
Si él y otros líderes no mantienen la presencia y presión en los tres poderes del Estado, sus tierras corren aún más peligro. Tala ilegal, cazadores furtivos, narcotráfico, misioneros y funcionarios públicos corruptos son algunas de sus principales amenazas.
“Lo que antes eran huellas de yaguareté ahora son marcas de las topadoras. Nuestros hermanos solo quieren que salvemos el bosque”, dice en idioma ayoreo Porai Picanerai, padre de Tagüide mientras talla un tortuga hecha de madera de palosanto en su casa en Chaidi.
Ingoi Etacori, un residente ayoreo en Chaidí, posa con un loro. Salió del aislamiento en el bosque en 2004, cuando los ganaderos abrieron una nueva carretera cerca de su antiguo hogar (Imagen: Santi Carneri / 2014)
Desde 2004, año del último contacto, ningún ayoreo ha vuelto a salir del bosque, pero en los 30 años anteriores unos 7.000 de ellos fueron forzados a abandonarlo. En la mayoría de los casos, obligados por la organización evangélica estadounidense Ethnos 360, que provocaron enfrentamientos y muertos, según relatos de los Picanerai y de la ONG inglesa Survival.
El nuevo corredor bioceánico atraviesa algunas de las comunidades ayoreo fuera del bosque, como las de Carmelo Peralta, ubicadas a orillas del río Paraguay, justo por donde pasa el puente que unirá Brasil y Paraguay. Solo el puente ha costado al gobierno paraguayo 103 millones de dólares y se suma a los 445 millones de dólares de asfalto y hormigón de la nueva carretera.
El orgullo paraguayo y el Chaco menonita
“Este puente y esta ruta bioceánica va a permitir a Paraguay ser un aliado estratégico para la producción competitiva, en la región y en el mundo”. Eso dijo en diciembre de 2021, el presidente paraguayo Mario Abdo Benítez, de Carmelo Peralta, anunciando el comienzo de las obras del puente.
Desde ahí, el nuevo asfalto traza una línea recta para conectar el estado brasileño de Mato Grosso con la provincia argentina de Salta. El ministro de Obras Públicas de Paraguay, Arnoldo Wiens, dijo a Diálogo Chino que la ruta será muy útil y podría traer más recursos a su país: “Solamente el estado de Mato Grosso produce cuatro veces más granos que toda la república de Paraguay. Si un cuarto de esa producción usa este corredor, ya supone el mismo volumen que Paraguay”.
Una mujer desembarca del Aquidaban, un barco de pasajeros que recorre el río Paraguay y conecta el Chaco y el Pantanal con Asunción. El Corredor Bioceánico pretende mejorar las conexiones en la región (Imagen: Santi Carneri / 2019)
La nueva carretera lleva asfalto al departamento de Alto Paraguay, una región que nunca tuvo caminos permanentes hasta que comenzaron las obras viales en 2019.
Un informe de la ONG Earthsight mostró en 2020 como empresas ganaderas brasileñas estaban deforestando ilegalmente porciones de la reserva Patrimonio Natural Cultural Ayoreo Totobiegosode. Earthsight señala en su investigación que el cuero procedente de la zona se ha utilizado por empresas europeas como BMW, producido por la Cooperativa Chortitzer, una gran empresa ganadera propiedad de la comunidad menonita de Loma Plata, donde termina la primera etapa del Corredor Bioceánico.
Vacas en una granja y escuela de la comunidad menonita cerca de Loma Plata. Sesenta y ocho vacas proporcionan 1.600 litros de leche al día, mientras que hay más de 800 reses dedicadas a la producción de carne (Imagen: Santi Carneri / Diálogo Chino)
Loma Plata es, junto a otras dos urbes menonitas, Filadelfia y Neuland, el corazón del Chaco paraguayo, que paradójicamente es mayoritariamente menonita, que han levantado un imperio ganadero y lácteo. Comunidades más o menos ortodoxas de este pueblo europeo errante, que huyó de Rusia y Alemania, se distribuyen por toda América desde los años 1930, casi sin mezclarse con la población local.
Berthold Penner tiene 32 años, nacionalidad alemana y paraguaya. Sus abuelos paternos nacieron en el Chaco, como él, pero su abuela materna llegó desde Alemania huyendo de la II Guerra Mundial. Él creció en una granja de la cooperativa.
Berthold Penner es de ascendencia alemana y paraguaya y enseña gestión agrícola en una zona menonita del Chaco. Dice que el Corredor Bioceánico “nos acerca a nuestros vecinos” (Imagen: Santi Carneri / Diálogo Chino)
Berthold estudió administración agropecuaria y hoy enseña en la misma zona a decenas de alumnos paraguayos y menonitas cómo hacer que las 68 vacas de la escuela den más y mejor leche (alcanzando los 1600 litros por día). También cómo conseguir que las 880 reses dedicadas a producción de carne no se estresen y sean tiernas, o cómo alimentarlas de forma equilibrada e, incluso, cómo ayudarlas a procrear. Relata con entusiasmo los detalles de su oficio mientras uno de los alumnos maneja un flamante tractor que reparte comida a los animales. Berthold se apoya en la valla de alambre y opina sobre el corredor bioceánico:
“La agricultura va a aumentar y toda la producción se va a poder sacar en tiempo y forma”, dice Berthold. “La bioceánica acerca a nuestros vecinos. Son 232 kilómetros menos de camino de tierra donde una lluvia te dejaba parado en el camino. Reduce el riesgo y aumenta la rapidez y seguridad de que el producto llegue a su destino”.
Los efectos de la nueva ruta Bioceánica se sienten también en las carreteras aledañas, como la Trans-Chaco, la que atraviesa Paraguay de Norte a Sur y conecta Asunción con Santa Cruz, Bolivia, dos ciudades parecidas porque están unidas por el Chaco, pese a la distancia geográfica que las separa. El gobierno paraguayo está ampliando esta carretera de dos a cuatro carriles y arreglándola en zonas que antes parecían más la superficie lunar.
El Gran Chaco, una tierra de extremos
Pero este desarrollo no parece acompañar a las comunidades indígenas con el mismo ímpetu que a los demás habitantes del Chaco. A 15 kilómetros de Loma Plata está El Estribo, una comunidad con 7.000 personas, la mitad niños y niñas, del pueblo indígena enxet, también defensores del bosque, pero más urbanizados por su cercanía a las ciudades menonitas.
Benigno Rojas, uno de los líderes de la comunidad Enxet de El Estribo: “En el Chaco hay problemas cuando hay sequía, y también cuando hay inundaciones”. (Imagen: Santi Carneri / Diálogo Chino)
Benigno Rojas tiene 79 años y más energía que los niños que juegan al piki-voley (mezcla de vóley y fútbol) frente a la escuela de la aldea.
Líder y luchador, Benigno camina decidido mientras acaricia una hoja verde de algarrobo. Me muestra los fastuosos samu’u, o palo borracho, que hay por todas partes y que florecen ofreciendo sus semillas al viento en forma de algodón blanco que cubre hojas, ramas y el suelo de tierra blanquecina.
“En el Chaco, cuando hay sequía hay problemas y cuando hay inundación, también”, relata Benigno.
Niños juegan en la comunidad indígena Enxet de El Estribo (Imagen: Santi Carneri / Diálogo Chino)
En el Chaco hay siempre esa dualidad extrema: ausencia total de lluvias durante más de cuatro meses, e incluso falta de agua para beber, o abundancia excesiva que convierte en pantanos los caminos, en imposible el acceso a hospitales, y a los mosquitos en el animal más presente. Pero también, máquinas arrasan 220.000 hectáreas por año de bosque del lado paraguayo y 150.000 por año del lado argentino.
La otra dualidad es la desigualdad económica y racial: a un lado las grandes estancias ganaderas de inversores paraguayos y extranjeros, así como las ciudades menonitas de inspiración alemana, con su agua corriente y electricidad aseguradas, con agricultores de grandes tractores verdes y ganaderos con cuentas y créditos bancarios. Al otro lado, las comunidades indígenas sobreviven con lo justo, casi sin apoyo estatal ni para asegurar la titulación de sus tierras y tomando agua de tajamares, como llaman a los pozos que acumulan agua de lluvia.
Benigno Rojas muestra una de las últimas reservas de agua de los tajamares, los pozos que recogen el agua de lluvia para beber cuando no hay otras fuentes (Imagen: Santi Carneri / Diálogo Chino)
Es septiembre de 2022 y la sequía afecta al Chaco desde hace más de cinco meses. Hay incendios en los lados argentino y boliviano que envuelven el ambiente con humo. En El Estribo, la comunidad de Benigno, se está a punto de terminar el agua potable comprada al Estado.
En Brasil, el Chaco es un bioma prácticamente desconocido conectado al Pantanal. Recientemente ha recibido una atención renovada gracias a una telenovela, llamada también “Pantanal”, que ha contribuido a sensibilizar sobre los problemas medioambientales del bioma, aunque nunca tanto como la Amazonía. La devastación del Chaco brasileño está directamente ligada a la devastación del Pantanal por el avance de la frontera agrícola en los últimos 40 años.
Desde Puerto Diana, en el lado paraguayo del río, se pueden ver los incendios forestales cerca de Puerto Mortinho, en Brasil, supuestamente provocados deliberadamente para despejar el terreno para la ganadería (Imagen: Santi Carneri / 2019)
María Liz Paya, del pueblo indígena yshy, vive a doscientos metros del río Paraguay, justo en frente de Brasil. En la entrada paraguaya al Pantanal, pero en su casa casi nunca hay agua potable. Es cocinera y vive en Puerto Diana, entre palmeras y cactus; entre caimanes, inundaciones y, últimamente, sequías. Mientras saca agua del río con un cubo que luego tendrá que potabilizar con cloro mira el bosque arder al otro lado del río, cerca de Puerto Murtinho, en Brasil.
“Es la estancia de un ganadero brasileño. Está quemando bosque para hacer lugar a las vacas”, dice Paya. “El fuego avanza cada año sobre la tierra de nuestros ancestros ¿qué futuro tendrán nuestros hijos?”