PLAYADITO

Ruta de la Yerba Mate: El abrazo yerbatero llegó a Liebig y sigue creciendo

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La Asociación Ruta de la Yerba Mate sigue creciendo como una agrupación que aglutina cada vez a más empresas, emprendimientos y proyectos relacionados con el otrora llamado “oro verde”.
Ayer se realizó en Colonia Liebig una nueva reunión de la ARYM que aglutinó a gerentes y dueños de yerbateras, emprendedores turísticos, y hasta un productor de cerveza artesanal con mate y otro de licor de yerba mate.
Los anfitriones fueron, anda más y nada menos que los responsables de la Cooperativa Liebig, que con su marca Playadito es la firma de mayor crecimiento de los últimos diez años en este competitivo mercado. Hubo una recorrida por las instalaciones del secadero y la planta de envasado. También por el museo de la yerba que tiene la cooperativa.
Luego se ofreció un asado en el Club Juvenil de la Cooperativa Liebig. “Estamos muy contentos de participar de la Ruta de la Yerba Mate y pensar en estrategias para crecer todos juntos”, dijo Ricardo Handziak, el presidente de la Cooperativa.
Antes del almuerzo se comunicaron los avances más importantes que está logrando la ARYM.
“La semana pasada tuvimos una reunión en la Casa Rosada donde funcionarios de la Presidencia nos comunicaron el fuerte apoyo del presidente Macri a la ARYM”, comentó a Economis, Alejandro Gruber, el impulsor de esta asociación y la cara visible.
La Ruta de la Yerba Mate busca ser declarada Patrimonio Mundial por parte de la Unesco, y en este sentido, Presidencia prometió el apoyo para las gestiones diplomáticas de alto nivel.
Otra novedad interesante fue la incorporación del Correo Argentino a la ARYM. Ayer en Liebig estuvo presente un alto funcionario del Correo Argentino que vino de Buenos Aires y los gerentes zonales de Corrientes y Misiones.
El Correo está comenzando a trabajar con algunas empresas para ofrecer soluciones de transporte y logística para embarques de yerba mate al exterior y quiere seguir creciendo en este rubro. Ofreciendo transporte, almacenaje y logística.
 
Economis recorrió la planta de envasado de Playadito, la marca que más creció en los últimos años en el competitivo mercado yerbatero.


 

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¿Qué pasaría si mañana se libera el mercado de la yerba mate?

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La pertinaz insistencia del presidente Mauricio Macri en avanzar en la desregulación del mercado de la yerba mate, obligó a todos en el sector a hacerse la pregunta ¿qué pasaría mañana si hay mercado y precios libres? Las respuestas, claro, están teñidas por sus propias realidades o por cuestiones políticas. Pero hay coincidencias en el diagnóstico: productores e industriales, más algunos funcionarios del Gobierno provincial, coinciden en que en lo inmediato el precio puede mantenerse estable o incluso aumentar, porque este año puede haber un faltante de yerba mate, ya que se cosecharían unos 720 millones de kilos de hoja verde, insuficientes para reponer el stock.
Si el pronóstico se extiende un poco más en el tiempo, ya nadie tiene tantas certezas. Algunos advierten que se irá hacia una nueva concentración económica y a una “migración” hacia la miseria de pequeños productores por la venta de chacras que perderán su valor.
Los representantes de la industria sostienen que si mañana Macri decretara la desregulación, la yerba subiría de precio por faltante de materia prima. Pero admiten que “hay que trabajar mucho” para que no haya consecuencias sociales de mediano plazo. “Se debe proteger al pequeño productor que es el corazón de la actividad, cada uno de nosotros primero fue un productor. Pero primero hay que definir hoy qué es un pequeño productor. Porque si no, estamos defendiendo precios que terminan premiando la ineficiencia”, sostienen en el sector industrial.
Pero insisten en que una libre competencia favorecerá al sector. “Los radicales fracasaron con la idea de que el Estado podía manejar el mercado. (La última vez que fue Gobierno, en 1986, Ricardo Barrios Arrechea impulsó la estatización de toda la cadena para promover un mayor consumo y acudir en socorro de pequeños molineros que no podían competir en el mercado por falta de capacidad empresaria y financiación. Con la Ñande Yerba el Estado se había convertido en comprador, contratista, adjudicador, publicitario y vendedor de yerba mate). En los últimos años poco se hizo por proteger a los más pequeños”, recordó un representante industrial.
En el sector hacen hincapié en que toda la cadena está en problemas y por eso cuestionan a los representantes de Cambiemos por haber llevado a la reunión con el Presidente al representante de una cooperativa correntina y al titular del INYM, que pintaron una realidad positiva que no es la de todo el sector. El sector industrial apunta especialmente a Playadito, por el modelo de negocios y la competencia con Misiones, donde es distinta la política impositiva. La marca correntina es la que más crece en el mercado, junto a Molinos, asociada a Ramón Puerta
Por eso, consideran, hay que premiar la “eficiencia”, ya que los costos están fijados de acuerdo a parámetros perimidos. “Hoy  casi nadie cosecha menos de 7.500 kilos por hectárea y un secadero chico procesa 3.500 kilos por hora y los costos se definen en función del que solo cosecha 4.500 kilos”, explican.
Los que cosechan por debajo de esos valores deberían ser protegidos, pero con planes de diversificación que incluyan, por ejemplo, la plantación de madera o producción silvopastoril. Nada que no se haya intentado.
Otros actores defienden la grilla de costos estimada en base a 4.500 kilos, ya que si hay una producción de 720 millones de kilos en 166 mil hectáreas, da una producción de 4.337 kilos por hectárea. La trampa es que muchos no cosechan su yerba, sino que la compran más barata.
En el Gobierno provincial ratificaron su postura en contra a la desregulación y sostienen que solo favorecerá la concentración y mayores beneficios para quienes tienen toda la cadena integrada.
La posición política es idéntica entre productores, Gobierno y la UATRE. En la mesa de competitividad que sesionó en Buenos Aires, el representante de los trabajadores rurales le dijo al ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere: “Ni lo sueñe. Los tareferos pasamos los peores momentos de la historia con la desregulación”. Etchevehere, quien tenía a la firma el decreto en diciembre pasado, captó la indirecta. En las últimas horas se comunicó con el Gobierno provincial para calmar las aguas, a sabiendas de que el rumbo ya fue marcado por el Presidente, como admitió el secretario de Agricultura Familiar de la Nación, Santiago Hardie.  
En la industria, en cambio, avalan la desregulación, pero no sin antes diseñar una red de contención que proteja al pequeño productor –diferenciar entre quienes tienen cinco hectáreas con quien tiene cien- y tareferos. Y advierten que no solo el pequeño productor está hoy en dificultades, sino varios eslabones más de la cadena.
Curiosamente, en Cambiemos Misiones hay posiciones encontradas en cuanto al camino a seguir e incluso Alberto Re, presidente del INYM, se pronunció en contra de la desregulación. El radicalismo anticipó su rechazo y en el PRO no quieren saber nada con una pronunciación pública que pueda afectar el camino hacia 2019. Saben que la medida será resistida por los productores que tienen frescas en la mente las consecuencias de la desregulación yerbatera decretada el 31 de octubre de 1991, días antes de que asuma la Gobernación Ramón Puerta –hoy embajador de Cambiemos-.
El menemismo de entonces estaba decidido a romper las cadenas del Estado que podían restringir la competencia mediante el control de plantaciones y fijar cupos de producción, para “contribuir” de esta manera al aumento de la competitividad del sector. El texto de aquel decreto de Carlos Saúl Menem no puede ser más idéntico con los argumentos del Presidente actual a favor de la desregulación. “Ningún mercado funciona regulado”, sorprendió Macri durante la cumbre de Iguazú.
Después de la firma del decreto de desregulación y tras unos meses de bonanza, con precios relativamente estables, la crisis yerbatera estalló con la caída de precios y una enorme concentración económica.
La liberalización de la producción permitía plantar cuantas hectáreas de yerba se quisiera. Se eleva a partir de entonces tanto la superficie implantada como el volumen de la producción total y a partir de 1996 caen abruptamente los precios de la materia prima: el kilogramo de hoja verde que en 1990 se pagaba a un promedio de 0,19 centavos, se paga todavía en 1995 a 0,17 pero experimenta a partir de este punto una caída libre hasta los 0,06 centavos de 1999. En cambio, según un trabajo del doctor en Ciencias Sociales Víctor Rau, durante el mismo período, la evolución de precios de la yerba mate elaborada para el consumo registra un saldo positivo, con el consecuente incremento en los márgenes de ganancia de las industrias molineras y las empresas comercializadoras.
Hugo Sand recuerda que a fines de 1998 ya había productores en la quiebra y dispuestos a dar la lucha. Dos años después se sumó él, quien sería uno de los protagonistas del primer tractorazo que “sitió” la capital misionera desde el 12 de junio de 2001 y por 17 días. La protesta se repitió con mucho más potencia y por 53 días desde el 29 de mayo de 2002, meses después de haberse aprobado la ley de creación del Instituto Nacional de la Yerba Mate que, desde entonces ha tenido menos éxitos que fracasos en la resolución de los problemas yerbateros.
Sand tiene la barba más blanca que entonces, pero el mismo dejo de desazón que lo convirtió en líder de la protesta: “Lo que va a pasar es una enorme migración desde las chacras a las villas miserias de la ciudad porque habrá más pobreza y las chacras se van a malvender. Vamos a volver a 2001”, dice de un tirón cuando se le pregunta sobre la temida desregulación.
“Si sucede, lo veo muy mal. Los grandes ganadores serán Las Marías y un grupo de grandes terratenientes. Esto va en contra de las economías regionales”, explica.
Sand traza un paralelismo entre la actualidad y la germinación de aquel tractorazo fundacional. “Empezamos a pelear por los bajos precios, cobrábamos en vales de comida, en vales de combustible. Íbamos a Brasil a canjear los vales por comida. Yo comencé en 2000, pero antes estaban Pico Zadorozne, Pedro Angeloni. La crisis se inició cuando se liquidó la Crym (Comisión Reguladora de la Yerba Mate) y explotó con los bajos precios. Cobrábamos menos de cuatro centavos y pedíamos 17 y nos dieron 13,5 por kilo de hoja verde”, rememora.
Sand no cree que la desregulación provoque una suba de precios como aseguran los especialistas técnicos. “No falta yerba y ni siquiera pagan el precio oficial. Lo hacen figurar, pero no se cumple”, se lamenta.
Mucho más joven, pero líder agrario actual, Cristian Klingbeil sostiene que la industria siempre tira la pelota afuera. “Con el té dicen que son los de afuera los que marcan el precio. Con la yerba, que son los supermercados e hipermercados. El problema es que teniendo un precio de referencia, te pagan por debajo porque las cadenas tiran para abajo. Pero si no existe precio mínimo, la yerba en góndola va a estar 30 pesos porque los supermercados dicen que debe valer eso y de ahí para abajo, desparramar lo que sobra. Insistimos en que debe haber un tercer precio, que es a salida de molino no que nos saquen los dos precios que tenemos. Va a ser complicado si se desregula, porque no queremos repetir lo vivido en los 90, cuando destruyeron el mercado. Ya pasamos por eso, dejar la yerba en planta porque cosechar era más caro. No queremos repetir la historia”, indicó el joven productor de 33 años.  
Por su parte, Julio Peterson, presidente de la Asociación Civil de Productores Yerbateros de la zona Norte, afirmó que la desregulación del mercado yerbatero provocará una guerra campal entre pobres. “Va a afectar al productor, el sector más vulnerable de la cadena, no va a haber forma de sostener esa realidad. Hay 50 mil familias que viven del sector. No es la economía de la Pampa húmeda, las primeras que se van a fundir van a ser las cooperativas, y por ende nos van a arrastrar a nosotros. Va a traer más pobreza”.
Peterson reflexionó que el Inym “tiene sus errores, pero por lo menos garantiza un precio que cubre los costos. Si así estamos fijando precios imagínense como vamos a estar si se desregula el mercado”.
Insistió en que una medida de esas características “traerá miseria, pobreza. Esto es inaceptable, no podemos dejar que en gobierno central del presidente Macri tome una decisión así”.
La movilización parece estar a la vuelta de la esquina. Este miércoles habrá una reunión en Posadas con todas las asociaciones para analizar el escenario. Paradójicamente, Sand insiste en que la herramienta que hay que defender es el INYM.
Los socios menores de Cambiemos también se expresaron en contra de la desregulación. El radicalismo, antes de que el Presidente anunciara públicamente su deseo, sostuvo en un documento que quienes insisten con la idea “son los mismos de siempre, que con la crisis y a pérdida de la mayoría de los productores hicieron pingües negocios en un mercado desregulado”. El documento lleva la firma de Raúl Solmoirago, la actual diputada provincial Anita Minder, el ex diputado provincial Germán Bordón, el presidente de la Convención Provincial, Lic. Ruben ‘Pili’ Bravo, y Angel Darío Grespani, miembro de la mesa del Comité Central Provincial de la UCR.
El ex diputado de Vanguardia Radical, Hugo Escalada también está en contra de la desregulación, pero tiene otros argumentos. “El escenario no cambiaría mucho porque los molinos pagan hoy lo que quieren y como quieren. Pese a que existe la ley NO se cumple y si no se cumple es cómo que esté liberado el negocio. Primero hay que modificar la ley del INYM o derogarla y necesitan mayoría. Fue una trampa para los productores, pero tienen que entender que hay que cooperativizar a los pequeños como lo es Playadito. No hay otra solución. El Estado si quiere proteger al pequeño debe ayudarlo a asociarse y apoyarlo técnica y financieramente. No entienden que tienen que asociarse para sobrevivir a los elefantes”, opinó.

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El crecimiento de Playadito y la Cooperativa Liebig, reflejado en una nota en La Nación

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El diario La Nación publicó el día de hoy la historia de la Cooperativa Liebig, que creció mucho en el mercado yerbatero y hoy es la segunda marca de la Argentina. A continuación reproducimos la nota.

El mercado de la industria yerbatera engaña a muchos observadores. Los cuarteles generales de estas empresas están siempre en localidades tranquilas, apacibles, de Misiones o el norte de Corrientes: Virasoro, Apóstoles, Liebig o Santo Pipó. Cualquiera que llega con el acelere de la ciudad se encuentra con la calidez y los modos tranquilos de estos pueblos donde a la siesta no vuela una mosca.

Sin embargo, bajo esa fachada bucólica se concibe, ejecuta y desarrolla una de las industrias de consumo masivo más competitivas que existen en la Argentina. Un mercado donde los que tallan son los 8 o 10 jugadores de siempre, que se esfuerzan cada año por ganar un punto o dos en su cuota de mercado. A esos nombres conocidos como Rosamonte, Taragüi, Amanda, Nobleza Gaucha o CBSé hace unos años les apareció un “cuco” que no para de crecer a un ritmo pocas veces visto. Se trata de la Cooperativa Liebig, más conocida como Playadito, porque así se llama la marca que irrumpió hace unos años entre los grandes y acaba de consolidarse como la segunda entre las más vendidas del país. Terminó 2017 en ese lugar por segundo año consecutivo, según datos del INYM. Solamente superada por Las Marías (Taragüi y Unión), que lidera el mercado desde hace más de 40 años.
Ricardo Handziak es desde hace siete años el presidente de la cooperativa, que reúne a 121 socios. En tanto, Gustavo Quatrín ostenta el cargo de gerente general desde hace 27 años y, lo más sorprendente, lo ocupa desde que tiene 25. Al mismo tiempo que dialogaban con LA NACION, Quatrín no paró de firmar una pila de cheques, dar algunas indicaciones a un colaborador que entraba cada tanto y relojear algún mensaje en el celular.

1 – Transformar tres crisis en tres oportunidades.

Handziak y Quatrín afirman que interpretan este auspicioso presente como el resultado de la respuesta a tres grandes crisis, a través de tres generaciones de socios en sus 91 años de historia.
En primer lugar, la crisis en Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial, que dio origen a la cooperativa, cuando sus fundadores emigraron en grupo organizado desde las ciudades de Karlsruhe y Pforzhein. En segundo lugar, a una de las cíclicas crisis de precios de materia prima (año 1979 ), cuando los hijos de los fundadores respondieron instalando el molino para llegar directamente al consumidor con un producto elaborado. La tercera crisis fue la amenaza a su liderazgo regional (1995), coincidente con un período de sobreoferta de materia prima y precios bajos. Ahí fue cuando Playadito hizo un clic y comenzó a pensar en jugar en las “ligas mayores” del negocio yerbatero. En ese caso fueron los nietos los que respondieron con determinación, y ahí decidieron crecer y llegar a tener presencia nacional.
En Playadito afirman que supieron “transformar las crisis en oportunidades” y, con gestión y una cuota de buena suerte, lograron alcanzar resultados que están “por sobre los mejores sueños”, agregan a dúo. Si bien las limitaciones de presupuesto son una restricción evidente en los comienzos de un emprendimiento, el malabarismo de los recursos económicos -siempre escasos- no debiera descuidar nunca la importancia de un plantel con los empleados más calificados que se puedan lograr.

2 – Saber tomar decisiones.

Sin dudas, una de las claves del éxito de Playadito es que sus socios saben tomar decisiones por el bien de la cooperativa, dejando las pequeñas diferencias o incluso cuestiones de ego de lado. Handziak comentó que durante la Segunda Guerra Mundial había simpatizantes de ambos bandos en la contienda y para evitar que “la grieta” se instalara entre ellos y perjudicara a la cooperativa los socios pusieron como presidente a una figura neutral. A Quatrín, por ejemplo, lo enviaron a hacer un MBA (Master in Business Administration) en el IAE hace 20 años. Desde este pequeño pueblito correntino, los productores no dudaron en “distraer” durante un año y medio a su gerente general, que debía viajar cada semana para tomar el curso los viernes en el campus de Pilar. A muchas multinacionales les hubiera costado tomar esa decisión con su ejecutivo principal.

3 – Concebir el negocio desde la calidad.

Otra clave que hace distinta a Playadito es la forma de concebir el negocio yerbatero. Durante años este negocio tenía varias similitudes con el petrolero. Hay varias marcas, pero el proceso de producción, el producto y el precio deben ser más o menos iguales. Últimamente hay una tendencia que tiende a ver el negocio yerbatero con un mayor parecido al de la industria del vino, donde un consumidor paga el doble o el triple sin chistar, porque su calidad así lo amerita. En la yerba no hay tanta diferencia de precios, pero sí es clave para captar al consumidor “sacárselo” a algún competidor y crecer.

4 – Invertir siempre.

“Es un negocio donde hay que invertir mucho, por cada peso que querés facturar el año que viene tenés que invertir un peso hoy, por ejemplo en galpones y, sobre todo, en stock. El consumidor quiere por lo menos un año de estacionamiento de la yerba mate”, explica Quatrín. “Tenemos mucho dinero invertido en materia prima, vos viste los grandes galpones, pero la relación es de 9 a 1, el 10% de la inversión es el galpón, el 90% está en la yerba (canchada, es decir, con un primer secado) que tenemos stockeada adentro”, completa Handziak.

5 – Apostar a la publicidad no tradicional.

Otra particularidad que tiene Playadito es que la marca fue prendiendo en la gente sin las megainversiones publicitarias que hacen algunos competidores. Ellos optaron por un trabajo de hormiga, con fuerte presencia en el interior del país, en cada feria o fiesta popular, como un encuentro de doma o un festival de chamamé. “Tenemos el embajador Playadito”, dice Handziak, que no quiere dar demasiados detalles de cómo funciona y se ríe.

Potencia correntina

Orígenes: La Cooperativa Liebig nació en 1926 y en la actualidad cuenta con 121 socios de Corrientes y Misiones

Marca: La cooperativa se hizo fuerte con su marca Playadito. El nombre se inspiró en Playadito, un paraje cerca del pueblo de Liebig, en Corrientes, que es conocido por la forma plana de su terreno.

Crecimiento: En los últimos años acumuló un crecimiento promedio del 14% y hoy es la segunda yerbatera del país, con una participación de mercado del 12 por ciento.

Competencia: El mercado local está dominado por todas marcas históricas del rubro como Rosamonte, Taragüi, Amanda, Nobleza Gaucha y CBSé.

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Playadito, la cooperativa yerbatera que se metió entre las grandes

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El mercado de la industria yerbatera engaña a muchos observadores. Los cuarteles generales de estas empresas están siempre en localidades tranquilas, apacibles. Virasoro, Apóstoles, Liebig, Monte Carlo, Santo Pipó, Oberá o Andresito. Cualquiera llega con el acelere de la ciudad y se encuentra con la calidez y los modos tranquilos de estos pueblos donde a la siesta no vuela una mosca, donde uno camina unas pocas cuadras y el ejido urbano da paso a un oasis verde.

Sin embargo, las apariencias engañan. Bajo esa fachada bucólica se concibe, se ejecuta y se desarrolla una de las industrias de consumo masivo más competitivas que existen en la Argentina. Un mercado donde los que tallan son los 10 ó 12 jugadores de siempre que se esfuerzan cada año por ganar un puntito o dos en su cuota de mercado. Es un mercado durísimo, y así como pueden ganar, pueden perder. Entonces, al otro año ya quieren recuperarlo.

No es para menos, se trata del producto más popular de la Argentina, el que está en más hogares que ningún otro. Las  empresas yerbateras pelean día a día cada centímetro de góndola en un supermercado porteño, un “chino” del Conurbano bonaerense o en un almacén de un pueblito perdido en las sierras.  Es un mercado maduro -crece poquísimo cada año- pero esto también engaña.

Hay negocios maduros que necesitan “cuidadores”, gerentes que no se manden ninguna macana grande y con eso alcanza. No es el caso del competitivo mundo de la yerba mate.

Acá nadie se puede dormir en los laureles. Si uno gana, en un mercado maduro, casi siempre es porque otro perdió. Esa competencia perfecta impulsa a mejorar, invertir y tratar de acertarle a la fórmula del éxito, que es mucho más compleja de lo que parece a simple vista.

Ahora bien, a todos esos nombres conocidos como Taragûi,  Rosamonte,  Amanda, Nobleza Gaucha, Cruz Malta ó CBSé, desde hace unos años les apareció un “jugador” que no para de crecer. Sorprende a todos, porque crece y crece fuerte y en forma sostenida, una rareza en un mercado súper peleado donde cualquier firma se da por hecha si un par de años avance un poco y a los siguientes no pierde. Pero esta empresa es distinta. Todos la miran y se preguntan: “¿Hasta dónde piensan llegar?”.

Los que están en el mercado ya saben de quién se trata. En Economis pensamos que ya es hora de ir presentando Playadito. Cuyo nombre correcto es Cooperativa Agricola de la Colonia Liebig. No podíamos dejar pasar nuestro primer año de vida como un medio dedicado a la economía y las empresas de la región sin visitar la base de operaciones de Playadito y conocer de primera mano esta historia sorprendente. Así que un caluroso lunes de diciembre recorrimos los 70 kilómetros hasta Liebig, esa pequeña localidad correntina pegadita a Apóstoles que casi podría ser misionera.

Playadito irrumpió como un jugador importante en el negocio yerbatero hace ya más de una década, pero en los últimos años consolidó un crecimiento sostenible y empezó a desafiar y a superar a los cinco grandes y siguió subiendo. Gigantes como Rosamonte, Nobleza Gaucha o Amanda hoy la miran desde atrás.

En unos días más, Playadito cerrará el 2017 con otro año de crecimiento fuerte. Es la segunda marca del país, sólo superada por Las Marías (Taragûí y Unión), que lidera el mercado desde hace más de 40 años. Obviamente, en Virasoro –distante unos 50 kilómetros de Liebig por la ruta 14- la miran de reojo, como esos corredores de maratón que van primeros desde la largada pero empiezan a perder terreno con un segundo que viene achicando a paso firme. Es el segundo año consecutivo que Playadito finaliza como la segunda yerbatera del país.

Tres crisis, tres generaciones

En Liebig, dialogamos con Ricardo Daniel Handziak -57 años, nacido en la localidad bonaerense de Ramos Mejía. Handziak es el presidente de la Cooperativa y va por su 8° mandato, es la cara visible de esta organización que tiene 121 productores asociados.

Minutos después se sumó a la charla el ocupante de la sencillísima oficina donde se realizará la entrevista, Gustavo Quatrín, su gerente general. Al mismo tiempo que nos dio la nota, no paró de firmar una pila de cheques, dar algunas indicaciones a un colaborador que entraba cada tanto y contestar algún mensaje por WhatsApp.

Gustavo (54), es un santafecino, oriundo de Arroyo Ceibal, un pequeño pueblo rural cercano a Reconquista. Contador recibido en la UNNE (Chaco) y con un MBA en el IAE, arrancó en Liebig a los 24. Su historia es sorprendente, porque apenas 3 años después lo designaron gerente general, con apenas 27 años.

Sin dudas, una de las claves del éxito de Playadito es que sus socios han tomado y toman decisiones por el bien de la cooperativa, sabiendo componer aún en las diferencias.

Durante más de una hora dialogamos con Ricardo y Gustavo sobre las razones para el crecimiento de Playadito en un mercado tan maduro y competitivo como el de la yerba mate. Por momentos fue como preguntarles por la fórmula de la Coca-Cola y supieron gambetear con picardía y habilidad aquellos temas comerciales que prefieren no ventilar en una entrevista periodística.

Handziak y Quatrín afirman que interpretan el presente como el resultado de la respuesta de tres grandes crisis, a través de tres generaciones.

En primer lugar, a la crisis en Alemania posterior a la primera guerra mundial, que dio origen a la Cooperativa, cuando sus fundadores emigraron en grupo organizado desde las ciudades de Karlsruhe y Pforzhein. En segundo lugar, a una de las cíclicas crisis de precios de materia prima, (año 1979 ), cuando los hijos de los fundadores respondieron instalando el molino para llegar directamente al consumidor con un producto elaborado. Eligieron como marca Playadito, que es el nombre de un paraje cercano al pueblo y es designado así por la forma del terreno.

La tercera crisis fue la amenaza a su liderazgo regional (1995) coincidente con un período de sobreoferta de materia prima y precios bajos. En este caso fueron los nietos los que respondieron con determinación, y ahí decidieron crecer y llegar a tener presencia nacional para ser una empresa más competitiva y sustentable.

En Playadito afirman que supieron “transformar las crisis en oportunidades”, y con gestión y una cuota de buena suerte, lograron alcanzar los resultados que están “por sobre los mejores sueños”, resumen Handziak y Gustavo. “Una hermosa historia para contar”, agregan a dúo.

Otra clave importante que tiene que ver con el negocio de Playadito es la forma de concebir el negocio yerbatero. Durante años las empresas pensaron el negocio como una industria parecida a la petrolera. Es decir, hay varias marcas, pero el proceso de producción es más o menos el mismo y, sobre todo, el precio en “surtidores” también tiene que ser más o menos parecido.

Últimamente hay una nueva tendencia que tiende a ver el negocio yerbatero con un mayor parecido al de la industria del vino. Una persona que gusta del buen vino es capaz de pagar el doble o el triple por un Malbec sin chistar, porque su calidad lo amerita.

En rigor de verdad, la industria yerbatera tiene un poco de estas dos “escuelas”. Al final del día son las dosis exactas de uno y otro enfoque las que apuntalan el éxito de una marca como Playadito. Ellos apuestan fuerte a la calidad de la yerba, a esa fórmula mágica de tiempo de estacionamiento, de combinación de palo, polvo, hoja y humedad que hacen a un producto único. En este negocio es común que algunas firmas penalizan la calidad por abaratar costos y ganar el favor en la góndola por el precio. En Liebig lo consideran un error caro.

En plena guerra de precios, Playadito es un producto al que los consumidores le reconocen un mayor valor. Handziak y Quatrín afirman que no “hay un escenario de guerra de precios”, sino “la simple respuesta a un hecho en el cual la cantidad ofrecida supera en alguna medida en los hechos, y en expectativa a la demanda de los consumidores”.

“Es una actividad en donde hay que invertir mucho, por cada peso que querés facturar el año que viene tenés que invertir un peso hoy, en equipos, instalaciones y stocks”, explica Ricardo.

Entrando a Liebig desde la ruta nacional 14 y sobre la ruta provincial 71, antes de llegar al pequeño pueblo donde están las oficinas de la cooperativa, se observa un predio industrial dominado por los grandes edificios donde se guarda la yerba mate canchada y se observa la estructura de la futura planta de molino y envasado, que se encuentra en construcción “para dar respuesta al fuerte crecimiento, que se espera esté funcionando en el 2019”, dice Handziak.

Otra particularidad que tiene Playadito es que la marca fue creciendo sin pausa, a lo largo de los últimos 38 años,  desde el Litoral, en donde primero fue líder, a todo el país. La estrategia de comunicación se apoyó muy fuerte en la cultura y la música que identifica a Corrientes,  el chamamé. “Playadito siempre está  presente en festivales, fiestas populares y  ferias con la popular Embajada Playadito”, detalla Ricardo.

Al cabo de dos horas de dialogar con las dos caras visibles de esta sorprendente cooperativa que tiene 121 socios, 237 empleados y 91 años de historia, nos vamos con la idea de que su éxito es una combinación de todos estos factores: Las enseñanzas de los precursores -sobre todo de sus errores y contramarchas-, y el legado de la cultura del esfuerzo, la dedicación y el trabajo en un equipo donde nadie se la cree.

 

Algunos números de Playadito

121 Asociados

237 empleados directos

91 años de vida (fundada el 19/12/1926)

2º yerbatera del país (ventas al mercado interno)

150% es lo que creció en los últimos 9 años. Un índice de crecimiento inédito en un mercado maduro y competitivo como el de la yerba, que creció 14% en el mismo período.

12% del mercado interno 2017 (250 millones de kilos)

¿Qué es Playadito? Un paraje cerca del pueblo de Liebig, que por las playadas del terreno adquirió ese nombre.

 

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