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Presupuesto con previsión, pero sin respaldo nacional

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Misiones ya tiene presupuesto para el año 2026 y vuelve a ser, una vez más, la primera provincia del país en contar con el instrumento económico más importante para una administración provincial. En resumidas cuentas, este presupuesto contempla erogaciones por más de cuatro billones de pesos, un incremento del 25% anual y una fuerte priorización de los servicios sociales, que concentran el 70% del gasto.

Con esto, Misiones ya dispone de un marco general para llevar adelante sus prioridades de gestión en el próximo año, aunque vuelve a estar presente la necesidad del acompañamiento nacional para el financiamiento de programas claves a desarrollar en los territorios. No cabe duda de que, a la luz de los antecedentes, el equipo económico provincial descuenta que no habrá grandes cambios en la relación Nación–Provincias, caracterizada en estos casi dos años de gestión libertaria como, lisa y llanamente, un abandono hacia los subnacionales. Los datos lo confirman: hace apenas unos días se conocieron los números relativos a las transferencias nacionales extracoparticipables (las no automáticas), que vuelven a demostrar que Misiones es, y por lejos, la provincia más perjudicada en el reparto de estos fondos. Vayamos a las cifras.

En septiembre, Misiones recibió el mayor monto en lo que va del año: fueron $5.939 millones, explicados principalmente por un ATN de $4.000 millones otorgado a partir de un pedido formal de la provincia, producto de la emergencia hídrica. A priori, fue una buena noticia que la gestión nacional haya tenido la consideración de habilitar esos recursos, que representan un impacto significativo (aunque menor a lo que sostienen algunos críticos) para las arcas provinciales. Sin embargo, incluso con un “buen septiembre”, el 2025 sigue mostrando un resultado altamente preocupante para este concepto en Misiones: en lo que va del año captó apenas $14.483 millones por esta vía, lo que equivale a una caída del -38,6% frente al mismo período de 2024, que ya había sido malo (en ese momento la merma fue de -80,8% contra 2023). Es decir: en 2024 se llegó a un piso; en 2025, al primer subsuelo. Y el problema es que todavía queda un segundo subsuelo.

Para poner en perspectiva esta baja de aportes nacionales no automáticos: apenas seis provincias en todo el país presentan caídas interanuales en 2025 y Misiones es una de ellas; pero peor aún, la reducción en la tierra colorada es la más fuerte de esas seis. Esto implica, a precios actuales, una pérdida estimada de casi $10.000 millones para la provincia.

Si la comparación se hace contra 2023, la situación es todavía más crítica: la baja alcanza el 88,2%, la quinta más alta del país, lo que significa que, de nuevo a valores actuales, Misiones dejó de percibir unos $115.464 millones respecto de aquel año.

A esto debe sumarse, necesariamente, otra muy mala noticia proveniente del frente de los recursos nacionales automáticos: en septiembre tuvieron un mes para el olvido y cayeron 10,0% real interanual, lo que generó para la provincia una pérdida de unos $18.000 millones sólo en ese mes. Sobre este punto conviene resaltar algo importante que no fue demasiado difundido en los últimos días: una de las principales razones de esta baja se encuentra en el impuesto a los Bienes Personales, que se desplomó un 92%. ¿La causa? En 2024 se aplicó el Régimen Especial de Ingreso del Impuesto sobre los Bienes Personales, creado por la Ley 27.743 de “Medidas Fiscales Paliativas y Relevantes”, que permitió a personas humanas y sucesiones indivisas cancelar de manera anticipada y con carácter liberatorio el tributo correspondiente a los períodos fiscales 2023 a 2027 inclusive.

El esquema consistió en un pago único de un monto determinado en función de los bienes declarados al 31 de diciembre de 2023, aplicando alícuotas reducidas respecto de las vigentes en el régimen general y eliminando el diferencial sobre activos en el exterior. La adhesión otorgó beneficios relevantes a los contribuyentes y, al mismo tiempo, representó una inyección inmediata de recursos al Tesoro, concentrada en septiembre de 2024 cuando ingresó el 75% de la recaudación prevista. Pero, en paralelo, esto implicó un efecto contractivo en la recaudación futura, ya que los contribuyentes adheridos quedaron liberados de ingresar el impuesto durante cinco ejercicios. En otras palabras, el Estado dejó de percibir lo que hubiera recaudado de manera corriente, generando un bache en los ingresos tributarios y condicionando la disponibilidad de recursos. En resumen: se “sobrerecaudó” en el presente a costa de menores recursos en el futuro.

Volviendo al plano provincial, este esquema modificó la estructura de recaudación y redujo de manera considerable la base imponible de los años siguientes, lo que repercutió en menores fondos para las provincias. Fue una medida del gobierno nacional en pos de cumplir su promesa de campaña de bajar impuestos, pero aplicada de una manera que produjo una merma muy fuerte para los subnacionales, en un contexto donde los demás tributos coparticipables vienen mostrando desempeños altamente débiles. Cuando analizamos la baja de la coparticipación u otros mecanismos automáticos, solemos atribuirla al estancamiento de la actividad económica, lo cual es cierto, pero no podemos obviar que también hubo decisiones de política fiscal nacional que impactaron directamente en la recaudación futura, buscando sobrerrecaudar en un momento puntual.

Este tipo de medidas, en el marco de la relación Nación–Provincias, deben ser necesariamente dialogadas y debatidas en un contexto federal: bienvenida la baja de impuestos, pero no a costa de cualquier cosa, como el financiamiento de los subnacionales que sostienen los servicios más esenciales de la sociedad. En la misma línea, recordemos que los fondos provinciales también se vieron afectados por otra medida nacional adoptada en esta gestión: la eliminación de la suspensión de la exención de los certificados de exclusión de la percepción en la Aduana, que redujo la recaudación de IVA. De nuevo: bienvenidas estas medidas, pero con coordinación.

En conclusión, es muy saludable que Misiones cuente, una vez más, con un presupuesto aprobado con tiempo para planificar mejor su ejecución, pero al mismo tiempo ningún presupuesto está blindado frente a decisiones que dependen del poder central y que pueden alterar las proyecciones. La denominada Mesa Federal que lanzó el gobierno nacional debe constituirse, en este contexto, no en una herramienta meramente coyuntural o electoral, sino en un instrumento permanente que permita avanzar de manera coordinada con las reformas, evitando que el peso recaiga desproporcionadamente sobre las provincias.

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“El Presupuesto expresa la racionalidad del modelo que Misiones cultiva hace años”

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Con la aprobación del Presupuesto General 2026, que asciende a más de 4 billones de pesos, Misiones se mantiene a la vanguardia en planificación fiscal al ser nuevamente la primera provincia del país en sancionar la ley de leyes, priorizando la inversión social, la educación, la salud y la infraestructura estratégica frente a un escenario nacional adverso.

La Cámara de Representantes de Misiones aprobó este jueves el Presupuesto General de la Administración Pública Provincial para el año 2026, por un total de $4.045.600.921.000. De esta manera, Misiones vuelve a ser la primera provincia de la Argentina en contar con su planificación económica-financiera para el próximo ejercicio.

En un contexto nacional complejo, marcado por la disminución de transferencias federales, el presupuesto aprobado prioriza la inversión social, con un 69,17% de las erogaciones destinadas a educación, salud pública y políticas de contención social. Asimismo, prevé un 9,8% de asignación a la obra pública y a la infraestructura estratégica, concebida como motor del desarrollo económico provincial.

A través de un mensaje difundido en sus redes sociales, el gobernador Hugo Passalacqua destacó que el presupuesto refleja “el compromiso tanto con el equilibrio fiscal como con el equilibrio social, premisas que se sintetizan en la figura de un Estado suficiente”. En ese sentido, subrayó que el modelo misionero “garantiza educación y salud pública de calidad para todos los misioneros, así como la contención social necesaria para cada ciudadano”.

El mandatario provincial también felicitó y reconoció “el trabajo realizado por todo el cuerpo legislativo, al presidente de la Cámara, Dr. Oscar Herrera Ahuad; y al diputado Ing. Carlos Rovira”, al tiempo que remarcó que el articulado aprobado “expresa la racionalidad del modelo que Misiones viene cultivando desde años”.

En su mensaje, Passalacqua sostuvo además que, frente a la falta de equidad en la distribución de recursos federales, “con inteligencia y cercanía los misioneros seguimos avanzando en paz, unidad y con nuestros propios esfuerzos”.

El gobernador estuvo presente en la sesión acompañado por representantes de su gabinete provincial, quienes siguieron el debate desde el recinto. Durante la jornada también participaron el presidente de la Cámara de Representantes, Oscar Herrera Ahuad; el diputado, Carlos Rovira; legisladores provinciales de los distintos bloques y funcionarios del Poder Ejecutivo, que acompañaron la votación del Presupuesto 2026.

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Blindaje social: Misiones es la primera provincia en contar con el Presupuesto aprobado

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La Cámara de Representantes de Misiones aprobó el Presupuesto 2026, un plan de inversiones que asciende a más de cuatro billones de pesos y que refleja la decisión política de preservar la inversión social, educativa y sanitaria en medio del ajuste y la incertidumbre económica nacional. Con un crecimiento del 25 por ciento, hubo leves modificaciones en los montos finales en comparación con el proyecto presentado por el Poder Ejecutivo, pero se mantuvo intacto el espíritu: priorizar las funciones básicas del Estado provincial y abrir espacio para políticas de innovación y desarrollo. El 70 por ciento de los recursos está destinado a las áreas sociales, con la inclusión del Fondo Provincial de Incentivo Docente, el Boleto Estudiantil Gratuito y otras coberturas a lo que dejó de financiar la Nación. La novedad es la autonomía financiera para la Procuración General de la Provincia. La sesión fue acompañada por el gobernador Hugo Passalacqua, acompañado por el vice Lucas Romero Spinelli y casi todos los ministros.

La cifra global de erogaciones previstas se ubica en torno a los 4,05 billones de pesos, mientras que los recursos estimados alcanzan 3,6 billones. La brecha de casi medio billón de pesos obliga a proyectar financiamiento adicional, aunque el presupuesto se presenta formalmente como equilibrado. Ese equilibrio depende, en los hechos, de la capacidad de acceder a crédito, de sostener la recaudación propia y de la coparticipación federal en un contexto de recortes desde la Casa Rosada -el último mes marcó una caída de casi el diez por ciento.

El reparto funcional del gasto confirma las prioridades. Educación y Cultura se llevan la mayor parte, con poco más de un billón de pesos, seguidas muy de cerca por Salud, que supera también el billón si se incluyen el Parque de la Salud Ramón Madariaga y programas descentralizados. Bienestar social ronda los 800 mil millones, lo que muestra el esfuerzo por mantener políticas de protección en un escenario de inflación persistente. Seguridad se ubica en unos 306 mil millones, en línea con el refuerzo de la infraestructura policial, mientras que el Desarrollo económico suma unos 350 mil millones, donde se encuadran programas de innovación, industria y apoyo a sectores productivos.

El Instituto de Previsión Social, clave para los jubilados provinciales, manejará más de 667 mil millones, mientras que el Parque de la Salud recibirá 440 mil millones. La Dirección General de Rentas contará con 162 mil millones, con el mandato de avanzar en su digitalización y en un esquema más moderno de fiscalización tributaria. Organismos más pequeños, como el Instituto Misionero de Biodiversidad o Infopro, mantienen partidas para sostener agendas estratégicas vinculadas al ambiente y al sector forestal.

El texto aprobado otorga facultades al Poder Ejecutivo para reestructurar partidas hasta un 10% del presupuesto, crear sociedades del Estado o de economía mixta, emitir instrumentos financieros vinculados a créditos de carbono, ajustar alícuotas impositivas y promover la economía del conocimiento con beneficios impositivos y subsidios. Estas cláusulas marcan la impronta de un modelo que busca flexibilidad y capacidad de reacción frente a un escenario económico cambiante.

En la lectura política, el Presupuesto 2026 se presenta como una apuesta a la previsibilidad del “modelo Misiones”. El oficialismo busca garantizar estabilidad y blindar áreas sociales y educativas, justamente las más golpeadas por el ajuste nacional. Paradójicamente, la oposición que en las últimas semanas pretendió mostrarse crítica del ajuste nacional, reiteró críticas al presupuesto provincial, que prioriza la Educación y las áreas sociales. La excepción fue el Partido Agrario y Social, que terminó votando la ley, merced a un trabajo puntilloso del diputado Christian Castro, el único de los legisladores de la oposición que mostró verdadero interés en cada artículo del Presupuesto. 

El neolibertario Javier Mela también acompañó la iniciativa por “responsabilidad”, aunque criticó el diseño y el tratamiento del proyecto, lo mismo que el PRO, que después de tres años de votar en contra, decidió aprobar el proyecto en sintonía con la posición nacional. El radicalismo, en cambio, mantuvo su tradicional voto negativo.

La hoja de ruta que se abre para el próximo año refleja una Provincia que intenta sostener su esquema de inversión pública y protección social, con un ojo puesto en la innovación y la diversificación económica, y otro en la fragilidad del contexto nacional. “No son sólo números o estadísticas. Es la vida misma de los misioneros, que todos los días se levantan y hacen que las cosas sucedan”, expresó la diputada Suzel Vaider, presidenta de la comisión de Presupuesto. 

El gasto total previsto asciende a más de 4 billones de pesos (($4,045 billones, un poco menos que lo presentado por el gobernador Hugo Passalacqua). Los recursos estimados rondan $3,6 billones, lo que deja una necesidad de financiamiento cercana a los $490 mil millones, a cubrirse con instrumentos de crédito, financiamiento neto y operaciones financieras específicas.

La asignación por finalidad revela las prioridades de la gestión provincial:

  • Educación y Cultura: cerca de $1,02 billones, consolidándose como la mayor partida del presupuesto.
  • Salud: más de $1 billón, incluyendo al Parque de la Salud Ramón Madariaga y programas descentralizados.
  • Bienestar social: $768-800 mil millones según la versión, reflejando el peso de políticas de protección en un escenario económico adverso.
  • Seguridad: unos $306 mil millones, en línea con el fortalecimiento de fuerzas policiales y servicios de prevención.
  • Desarrollo económico: alrededor de $350 mil millones, donde se incluyen programas productivos, industriales y de innovación.

Organismos descentralizados y políticas sectoriales

Entre los entes con presupuestos específicos figuran:

  • Instituto de Previsión Social (IPS): $667.672 millones.
  • Parque de la Salud: $440.531 millones.
  • Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio) y Infopro, con montos menores pero estratégicos en la agenda ambiental y forestal.
  • Dirección General de Rentas (DGR): $161.994 millones, con mandato de avanzar en la digitalización fiscal.

Además, se crea un Fondo de Financiamiento Educativo Provincial vinculado a la coparticipación federal, lo que refuerza la autonomía en el sostenimiento del sistema educativo.

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Bosques en riesgo: el Presupuesto de Milei marca el desfinanciamiento más grave desde la sanción de la ley

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 La Ley 26.331 de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de los Bosques Nativos, sancionada en 2007, fue creada para equilibrar producción y conservación, y garantizar el uso sustentable de los bosques. Sin embargo, su implementación ha sido sistemáticamente desfinanciada. El proyecto de presupuesto 2026 presentado por el Poder Ejecutivo asigna apenas el 3,5% de lo que correspondería por ley, lo que representa el menor porcentaje desde su sanción. 

Según el artículo 31 de la Ley, el Fondo Nacional para el Enriquecimiento y la Conservación de los Bosques Nativos debería recibir al menos el 0,3% del presupuesto nacional. Para 2026, esto equivaldría a $444.207 millones, pero el proyecto asigna solo $15.843 millones. Además, el Programa Nacional de Protección de los Bosques Nativos recibiría $1.624 millones, un monto muy por debajo de lo necesario para garantizar el control, la restauración y el uso sustentable de estos ecosistemas.

“Argentina cuenta con más de 53 millones de hectáreas de bosques nativos. Con el presupuesto asignado, se destinarían apenas $298 por hectárea al año, es decir, $24 por mes para cuidar cada hectárea. Es imposible proteger nuestros bosques con estos recursos. Las provincias no pueden fiscalizar ni controlar, y los propietarios no reciben estímulos para usar de manera sustentable, conservar ni restaurar”, afirma Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina.

Los bosques nativos de Argentina siguen perdiéndose en zonas donde está prohibida la deforestación, en las cuales se avanza con el cambio de uso del suelo para actividades agropecuarias, forestales, urbanísticas y viales. A su vez, las áreas deforestadas ilegalmente y las que se han quemado, no están siendo restauradas como indica la ley, y la ausencia de un registro nacional de infractores limita las posibilidades de articular esta información con otros elementos de la política pública, que permita facilitar la disuasión y la sanción de los responsables.

“Desde Fundación Vida Silvestre realizamos este pedido todos los años, porque es algo que se repite en cada presentación del presupuesto nacional. Y aunque el proyecto de ley suele incorporar mejoras en su formulación, el monto asignado siempre termina siendo muy bajo e insuficiente a los fines de una correcta implementación de la ley. Excepto en los inicios de la implementación de la Ley, el presupuesto asignado nunca superó el 10% de lo que realmente correspondería, lo que evidencia una falta de voluntad política para cumplir con esta norma clave para la conservación”, afirma Jaramillo. 

Los bosques nativos son proveedores de servicios ecosistémicos esenciales: contribuyen a la mitigación y adaptación al cambio climático, facilitan la regulación hídrica, son hábitat de miles de especies, dan sustento a la vida de las comunidades locales y contribuyen a la seguridad alimentaria y el desarrollo económico. Son proveedores de materias primas, alimentos, agua potable, medicinas y sirven como reguladores de eventos extremos como inundaciones, la erosión y la calidad del aire. La pérdida de bosques ocasiona graves consecuencias sociales, ambientales y económicas, muchas veces, irreversibles, que atentan contra el bienestar de las personas y de muchas otras especies. 

“Conservar y utilizar sustentablemente los bosques nativos es una obligación legal y una oportunidad para el desarrollo económico y social. Necesitamos voluntad política, capacidad técnica y los fondos adecuados para implementar esta ley como corresponde”, agrega Jaramillo.

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Presupuesto 2026: equilibrio contable a costa del tejido social y las provincias

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El Gobierno nacional presentó el proyecto de Presupuesto 2026 con un relato de solvencia y disciplina que busca mostrarse como un blindaje fiscal frente a los mercados. Sin embargo, detrás de esa arquitectura aparecen supuestos macroeconómicos difíciles de cumplir y un corrimiento del ajuste hacia las provincias, la educación, la ciencia y los programas sociales.

El texto proyecta un crecimiento del producto de 5,4 por ciento en 2025 y de 5,0 en 2026, en abierta contradicción con las estimaciones privadas, que hablan de entre 3,6 y 4,4 por ciento, consigna un análisis del Centro de Economía Política Argentina. También imagina una desinflación vertiginosa: 24,5 por ciento a diciembre de 2025 y apenas 10,1 en 2026. La pieza más delicada está en el tipo de cambio: se prevé un dólar oficial de 1.325 pesos a fin de 2025 y de 1.423 a fines de 2026, lo que implicaría una apreciación en términos reales mientras la balanza comercial muestra un rojo acumulado de más de 16.400 millones de dólares en tres años. Aun con exportaciones récord de 112.695 millones de dólares, el resultado neto es un déficit externo que pone en cuestión la consistencia del plan.

El corazón del Presupuesto está en la regla fiscal, que prohíbe el déficit financiero y obliga a la Jefatura de Gabinete a recortar partidas discrecionales —salud, educación, programas sociales— si la recaudación no alcanza. Se suma la prohibición de gastos extrapresupuestarios y de adelantos del Banco Central para gasto primario, lo que concentra el poder de ajuste en el Ejecutivo. En paralelo, se flexibiliza el régimen de canje de deuda, eliminando la obligación de mejorar condiciones en los rescates, lo que abre margen para operaciones sin beneficio real para el país.

El costo social aparece en cada capítulo. Las transferencias a provincias caen en términos reales 39,1 por ciento frente a 2024 y 36,7 por ciento respecto de 2025, trasladando el peso del equilibrio a los presupuestos locales. La función Educación y Cultura se reduce 46,6 por ciento respecto a 2023; la infraestructura educativa, 86 por ciento; y organismos estratégicos como CONICET, INTA e INTI acumulan recortes de entre 40 y 50 por ciento. En lo social, la Prestación Alimentar retrocede 30 por ciento en dos años, la Agencia de Discapacidad recorta 27 por ciento desde 2023 y los hospitales nacionales exhiben caídas de hasta 6 por ciento interanual.

En seguridad social, las prestaciones previsionales apenas crecen 5,3 por ciento interanual, muy por debajo de la inflación esperada, y el complemento de bonos para jubilados se reduce a la mitad en términos reales. Además, el proyecto elimina la movilidad automática de las asignaciones familiares, lo que deja en manos del Ejecutivo la decisión de actualizarlas o congelarlas. Como si fuera poco, un artículo borra del mapa legal los pisos de inversión en educación, ciencia y defensa: el 6 por ciento del PBI para educación, el 1 por ciento en ciencia y tecnología y el FONDEF para equipamiento militar.

La política y la táctica parlamentaria también están contempladas. Si el Congreso aprueba el presupuesto, el Gobierno se garantiza una regla fiscal que legitima los recortes y refuerza la señal de disciplina ante acreedores. Si lo rechaza, la administración podrá manejarse con la prórroga del Presupuesto 2023, disponiendo discrecionalmente de recursos excedentes no ajustados por inflación, con el beneficio político de cargar la culpa a “la casta”.

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