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Diputado de Cambiemos por Misiones también quiere suspender las Paso

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El diputado nacional Alfredo Schiavoni (Pro Misiones) presentó un proyecto para unificar las elecciones nacionales, provinciales y municipales en todo el territorio nacional para el mismo día, a la misma hora, para todas las categorías y utilizando boleta única de papel, sin utilizar las elecciones primarias abiertas y obligatorias.

De esta manera, asegura el legislador, se producirá “un verdadero ahorro fiscal en los tres niveles de la administración”.

Asimismo, opinó que “es inútil suspender las PASO para ahorrar, y que al mismo tiempo los gobernadores anticipen o desdoblen los comicios provinciales. En todos los casos se duplica el gasto aunque la fuente de financiamiento sea distinta”.

“Si de verdad quieren ahorrar, y solo por esta vez, votemos todos juntos y con boleta única de papel, todo lo demás es hipocresía kirchnerista”, aseguró Schiavoni.

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Diputado del PRO pide que autores de delitos de lesa humanidad puedan tener prisión domiciliaria

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El diputado nacional del Frente PRO y presidente de la comisión de Defensa, Alberto Asseff, presentó hoy un proyecto de resolución por el cual propone que el Poder Ejecutivo Nacional por intermedio del Ministerio de Justicia de la Nación “extreme las medidas -dentro de sus facultades constitucionales- para asegurar la igualdad de derechos para todas las personas encartadas, sea con prisión preventiva o con condena, aplicándoseles las normas vigentes y constitucionales”, en referencia a los imputados y condenados por delitos de lesa humanidad.

La iniciativa, de carácter declamativo por tratarse de un proyecto de resolución, lleva también las firmas de los diputados Pablo Torello (PRO) y Carlos Zapata (Ahora Patria), ambos del interbloque Juntos por el Cambio.

“En el escenario actual podemos ver que el Poder Ejecutivo detenta poder y busca seguir haciéndolo, y para ello necesita la simpatía de los sufragistas, a quienes no les alcanza ya la aplicación de planes y subsidios monetarios. Para peor los amenaza cotidianamente una inflación que literalmente corroe los ingresos”, señaló el diputado Asseff en los fundamentos de la iniciativa.

“El enemigo revivido del gobierno de turno -los acusados de delitos de lesa humanidad- debe ser castigado, para lograr así la simpatía del sufragista, quien está demasiado ocupado intentando sobrevivir, subsistir”, añadió en el texto el diputado del PRO.

Consultado por una radio bahiense sobre el posible riesgo de fuga de los autores de esos delitos, el diputado del PRO hizo hincapié en que “es imposible la reincidencia por razones de la edad” y manifestó que “no podemos conjeturar sobre la autoría intelectual de un genocidio en 2022”.

En el año 2022 hay otros genocidios: el genocidio…vamos a decir por extensión el genocidio de la inflación, el genocidio de la pobreza, el genocidio de la droga y de las adicciones que crecen; ahí sí podemos hablar de genocidio. No hay genocidio. Acá no hay una banda política que haya tomado las armas y esté así generando terror” continuó.

Y apuntó: “Estamos hablando de gente enferma en serio, porque yo tengo el informe que el Servicio Penitenciario Nacional me mandó a mi despacho hace 6 o 7 años cuando pedí en ese momento ese informe, el 95% de los presos por delitos de lesa humanidad tiene patologías graves”.

“No hay ningún riesgo de fuga”, remarcó; aunque reconoció que “siempre hay una excepción a la regla”, cuando se le mencionó la reciente captura del genocida prófugo Roberto Carlos Brunello.

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García Blanco: “La Boleta Única exige un debate que contribuya a fortalecer a la democracia”

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La secretaria de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior, Patricia García Blanco, rechazó hoy la posibilidad de implementar una Boleta Única de Papel al señalar que un cambio de esa magnitud “exige un debate profundo, pleno e integral que contribuya a fortalecer aún más la democracia” y recalcó que “una reforma política no puede hacerse a las apuradas y menos para imponer una agenda”. 

“Desde 1983 a la fecha, las elecciones nacionales se desarrollan con total normalidad, hay una alta participación electoral, hay alternancia en el Gobierno y los resultados nunca fueron judicializados. El sistema de boletas partidarias ha funcionado de manera eficaz durante todos estos años, es un sistema imparcial que se basa en la fiscalización cruzada, ha legitimado a todos los ganadores en todos los niveles y ha dado una pacífica alternancia entre las fuerzas políticas”, subrayó García Blanco durante su participación en el plenario de las comisiones de Asuntos Constitucionales, Justicia y Presupuesto de la Cámara de Diputados de la Nación en donde se discute el proyecto de Boleta Única Papel. 

En ese marco, indicó que  “la boleta única genera que el votante desconozca la oferta electoral completa al momento de elegir, otorga mayor exposición a las cabezas de listas, desvaloriza a la agrupación política y personaliza a los candidatos”. Por el contrario, remarcó que “la boleta partidaria garantiza información accesible y completa para el electorado” y además “sirve para la planificación, el reconocimiento y la publicidad de las agrupaciones políticas”. 

“Hoy en día el electorado cuenta con el conocimiento pleno del proceso de votación. Eliminar la boleta partidaria vulnera el derecho de los electores a conocer acabadamente a la oferta electoral delegando esta responsabilidad en la difusión de los medios de comunicación. La boleta partidaria permite una fiscalización y un escrutinio de votos en forma rápida, en cambio, la fiscalización y el conteo en la boleta única lo complejiza y genera confusión al momento del conteo de votos”, indicó la funcionaria del Ministerio del Interior que conduce Wado de Pedro.

En esa línea, indicó que “hay riesgo enorme de perjudicar un sistema electoral que funciona y justo en el momento en que se va a elegir quién va a presidir la Nación” por lo que indicó que la modificación del sistema de boletas “sería imprudente”.

Y cerró: “Todas las fuerzas políticas en este país han ganado elecciones siendo oposición y han perdido elecciones siendo Gobierno. Está claro que la única incertidumbre existe en el resultado de los comicios y eso es lo normal. Que haya ahorro de dinero no garantiza reducción de costos; tampoco hay un diagnóstico sobre la logística que es requerida y, además, la Boleta Única no termina con las listas sabanas”.

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Vidal prometió reforma laboral y descartó alianza con Milei

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El senador Humberto Schiavoni presentó junto a María Eugenia Vidal y Luciano Laspina el Centro de Estudios Federales, un nuevo think thank para elaborar propuestas de campaña sobre el federalismo en la Argentina. En la previa los dirigentes del PRO mantuvieron una charla con los medios misioneros.

La actual diputada nacional y ex gobernadora de Buenos Aires dijo que no debe existir diferencias entre las provincias y la ciudad autónoma de Buenos Aires y las demás Provincias, para preguntarse con cuánto “se está quedando el gobierno nacional de la recaudación”.

Y dijo que está recorriendo las provincias con el propósito de debatir en torno del federalismo, la sábana corta y porqué no se crece. Aseveró que “la Argentina hace 80 años que no crece y solo lo hizo en unos 5 años seguidos”. Consideró que el país debe pensar un programa de desarrollo para que todas las provincias puedan mejorar su actividad económica, pero no dijo cuáles serían las medidas necesarias.

Indicó que recorrerá pequeños y grandes productores de yerba mate y té, una planta celulosa, luego de haber visitado ya un aserradero. Luego dijo que “uno de los principales reclamos que recibí es la doble tributación por aduana que me parece que tenemos que discutir” en Misiones.

Al ser consultada si dentro del plan de mejora del país es necesaria una reforma laboral y previsional, indicó que “claro que es necesaria una reforma laboral, porque la Ley que tenemos es vieja”. Consideró que la concepción laboral que plantea la ley vigente no condice con las necesidades actuales y menos con el futuro del trabajo.

Vidal volvió a compartir el ejemplo laboral de su madre que desarrolló su carrera laboral en una misma empresa. Cosa que no se condice con la actualidad. Remarcó que “en la actualidad solo el 30% de los trabajadores esta en el mercado formal de empleo, el resto o son empleados públicos o son informales”.

“Tenemos que dejar de discutir en base a prejuicios ideológicos y eslóganes rápidos. Tenemos un problema en Misiones, donde solo hay un 5% de desempleo, pero si uno es padre de un joven de entre15 a 25 años sabe que su tasa de desocupación es del 18% por ciento y esto no pasa solo en Misiones. La tasa de desocupación triplica la promedio en jóvenes en todo el país”, graficó Vidal.

Remarcó que la carga impositiva para tener un empleado en blanco es muy elevada, que los juicios laborales son un gran problema para las empresas y pueden significar el cierre de una pyme o un pequeño comercio. “Dejemos de esconder la verdad abajo de la mesa y de tener miedo de discutir lo que realmente tenemos que discutir, si sabemos que tenemos una ley vieja, que nuestros hijos no consiguen empleo, si sabemos que las pymes tienen un pie en el cuello por los impuestos, porque no ponemos el tema en discusión y lo hacemos seriamente. Esto solo no va a cambiar el mercado de trabajo, pero hay que discutir una reforma definitivamente”.

En tanto al ser consultada por la posibilidad de incorporar a Javier Milei a la coalición Juntos por el Cambio, remarcó que no es necesario. “Juntos por el Cambio es la única alternativa al Kirchnerismo. Lo digo porque en las ultimas tres elecciones hemos consolidado un piso del 40% de los votos y estamos en el octavo año de madurez de la coalición en la victoria y en la derrota”.

“Somos una coalición que ha ganado y ha perdido, lo digo porque hemos sido electos y hemos aprendido de nuestros errores y sabemos que aciertos debemos potenciar. Por ejemplo en esta provincia debemos ampliar la política aerocomercial con más obras como la del aeropuerto de Iguazú, que ahora perdió vuelos. O en la política contra el narcotráfico como la implementada por Patricia Bullrich. También aprendimos de las cuestiones que hicimos mal y por ello la gente no nos votó”.

“Tenemos muchos economistas como Laspina que me acompaña hoy, está Hernán Lacunza dentro del PRO, en el radicalismo tenemos a Martín Tetaz, a Martín Lousteau, hemos sumado a Ricardo López Murphy, no se cuantos espacios en Argentina pueden mostrar un equipo así. Que están armando un plan económico. En este país lo que menos necesitamos es más desorganización y desequilibrio, el cambio que viene por delante lo tenemos que hacer juntos, no como espacio político, sino juntos todos los argentinos, los políticos, la dirigencia y la gente, es muy complejo lo que tenemos por delante con la inflación y la pobreza. No podemos creer que puede haber un espacio o una persona que pueda resolver esto solo”.

El Centro de Estudios Federales fue presentado en un acto se realizó este lunes con la presencia de María Eugenia Vidal, ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires y diputada nacional y el también diputado nacional Luciano Laspina. El evento contó con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer de Alemania.

El Centro de Estudios Federales, que es presidido por el senador Schiavoni, se propone profundizar el debate en torno de una agenda del federalismo en el país, así como elaborar proyectos para impulsar polos de desarrollo regional, planificar inversiones con criterio federal y evaluar el presente y el futuro del régimen de coparticipación, entre otras cuestiones.

El CEF realizará seminarios, talleres, mesas redondas y otros eventos con la participación de especialistas y actores sociales, políticos y económicos de la Argentina y del exterior que puedan ofrecer experiencias comparadas.

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El PRO en su encrucijada: Que vuelvan los globos

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Por Julio Montero, Ilustración, Leo Achilli, revista Seúl. Estamos al borde del precipicio. Otra vez. Como en el Rodrigazo, como en la híper, como en el 2001. Y esta nueva crisis podría ser, como las anteriores, un punto de inflexión. No tanto por la inflación galopante y los inéditos niveles de pobreza, sino porque el ciclo populista parece agotado. Estuvieron 12 años, se fueron, volvieron. Modelaron el país a su imagen y semejanza y les siguen echando la culpa a otros, por supuesto: pero sus recetas ya no funcionan. Ni las económicas ni las discursivas. En el lenguaje de Laclau, estamos transitando un momento contra-hegemónico. La cadena de equivalencias K se está desintegrando: las reivindicaciones que la mantenían unida se desgajan una a una y van quedando vacantes, a la espera de nuevos liderazgos. Solo los fanáticos se mantienen firmes en la fábula. En la práctica esto significa que amplios sectores de la sociedad están preparados para depositar sus expectativas en un nuevo espacio y asumir nuevas identidades y nuevas agendas.

Capitalizar esta ventana contra-hegemónica es crucial para convertirnos en una democracia inclusiva y madura. Fue la hegemonía peronista la que fraguó la Argentina que conocemos y el país solo cambiará cuando renueve sus imaginarios y su cultura pública. Como muchos han señalado, el autoritarismo anti-pluralista y el nacionalismo económico fueron una marca registrada del Partido Militar en sus dos variantes: la peronista y la supuestamente neoliberal (con Onganía, con empresas estatales, con intervención del tipo de cambio, inflación, déficit fiscal, plata dulce, etcétera.) El problema es que por una razón o por otra —por socialdemócratas de la Pampa húmeda, por demócratas de Nueva York, por pereza o por miedo a la nomenclatura— todos terminamos internalizando el pobrismo y el dogma del Estado presente. Esos son los 70 años de los que hablaba Macri mientras buena parte de la dirigencia miraba para otro lado y lo planteaba como su límite. ¡70 años culturales! La clase política también encontró su modesto lugar en la Argentina de las corporaciones. No iba a ser este niño rico el que les arruinara la fiesta.

Esos son los 70 años de los que hablaba Macri mientras buena parte de la dirigencia miraba para otro lado y lo planteaba como su límite. ¡70 años culturales!

Naturalmente, y contra lo que muchos creen, los verdaderos cambios culturales no se producen solos. A las condiciones objetivas, que en Argentina están maduras, o madurando, deben sumarse las condiciones subjetivas de las que hablaba Lenin y que tan bien teorizó Gramsci. Y esas condiciones subjetivas se generan mediante nuevos horizontes de sentido y nuevas gestualidades. El desafío para el arco democrático es imponer un relato propio que amalgame a los que abandonan el barco nacional y popular. Y, en lo posible, esa amalgama debe volverse estable y resistente a los sinsabores de una gestión que deberá cruzar el desierto. También habrá que reemplazar el léxico de la política y redefinir conceptos, sustituyendo la idea de justicia como distribución por un ideal de justicia como movilidad social ascendente, igualdad de oportunidades y progreso a través de las generaciones. A la Argentina de los planes y los subsidios habrá que contraponerle la de los inmigrantes y las clases medias reales o aspiracionales, sin correr como locos detrás de las encuestas y los focus groups. En las operaciones hegemónicas la oferta crea su propia demanda. El resto son burócratas de la política. ¿Existe en Argentina algún espacio capaz de asumir esta trascendental tarea?

EL PRO COMO PARTIDO DEL CAMBIO

En sus inicios, tal vez de manera deliberada, tal vez espontáneamente, el PRO se concibió como un espacio con ambiciones contra-culturales. Para bien o para mal, y más allá de los gustos, no se puede negar que el partido tuvo un impulso innovador. Se atrevió a romper los moldes de lo aceptado, tanto en el plano de las formas como de los contenidos. Y aunque por propia decisión dejó intacta la trama profunda de los símbolos, cultivó una sensibilidad distinta, con los globos de colores, el vecinalismo y los cierres de campaña estilo disco. Superficial y anti-político para muchos, el PRO fue altamente disruptivo para la política vernácula. Hizo política contra la política del bombo y el comité. Este espíritu renovador, me parece, es lo que explica por qué en pocos años el PRO consagró un presidente y se convirtió en el segundo partido a nivel nacional. De hecho, fue la alianza con Macri lo que salvó a un radicalismo que languidecía sin pena ni gloria y que iba camino de realizar su sueño: reducirse a una fuerza meramente testimonial sin capacidad de disputar el poder. Ese radicalismo que coqueteaba con Binner y jugaba al peronismo bueno de modales europeos fue el compañero de viaje perfecto para el populismo. Ahora les molesta ser “furgón de cola”. Era eso o la extinción.

Si el éxito del PRO tuvo mucho que ver con su estilo, ese estilo tuvo mucho que ver con Macri. Le pese a quien le pese. Llano y directo, Macri siempre logró ubicarse en la peligrosa pero redituable coordenada del outsider. Se atrevió a decir lo que muchos piensan pero callan por cobardía o convicción, y en muchos momentos logró conectar con sectores con los que la política tradicional no quería conectar: trabajo, mérito, competitividad y progreso fueron nociones clave en su mapa discursivo. Palabras malditas y olvidadas. Fue esa trama axiológica, sustantiva y potente, la que lo llevó al poder. Las tecnologías electorales y la revolución de la alegría fueron mero decorado de fondo. Fue Macri, no sus asesores; y fue lo que dijo, no lo que le enseñaron a callar.

Entre las virtudes que Macri le inyectó al PRO hay una que se destaca sobre el resto: durante mucho tiempo fue un partido sin vergüenza. No se avergonzaba de sí mismo pero, sobre todo, no se avergonzaba de sus votantes. Se atrevía a representarlos sin disimulos, sin culpa y sin ambigüedades. En eso el PRO fue muy distinto de la UCR, siempre obsesionada con el voto progresista de las grandes ciudades. Lamentablemente, ésta es una virtud que no todos cultivaron en el partido y que desapareció durante el gobierno de JxC. Como era de esperar, pronto llegó la factura. “Voto castigo”, le pusieron. Lo que se castigaba no era el fracaso de la gestión, sino la traición simbólica y la retórica misionera y pobrista.

¿PARTIDO DEL STATUS-QUO?

El PRO tiene una misión clara: reinaugurar la era de la Argentina liberal. No la era del liberalismo a secas, ni la del liberalismo libertario o el liberalismo de la UCeDé, sino la era de un liberalismo social que genere inclusión mediante la escuela pública y un Estado que actúe de manera selectiva y estratégica. Ese fue, con variantes y matices, el liberalismo del período constitucional que la reacción corporativa sepultó y que nadie quiso recuperar. No quisieron recuperarlo el “campo popular” ni la derecha conservadora. Pero tampoco quiso recuperarlo la UCR. En el fondo, los radicales nunca superaron la herida narcisista que les propinó el peronismo: todavía sueñan con volver a su lugar de gran partido popular. No por nada, en su momento de mayor esplendor concibieron la entelequia de un tercer movimiento histórico que los acercaba al General Perón. Sarmiento y Roca, los más progresivos de todos, no formaban parte de su panteón. Recelosos del mercado, proclives a las regulaciones, al Estado protector y al solidarismo, sólo lograron diferenciarse mediante un anodino programa institucionalista que condena a los corruptos y deja el resto como está. Mucho de Yrigoyen, mucho de Alfonsín, nada de Alem o Marcelo T. A veces es difícil diferenciarlos de Alberto: así lo ve Ricardito, hermano de la democracia, cómodamente instalado en su embajada de Madrid, dando clases de igualitarismo y cobrando en dólares.

Aquel impulso renovador que fue el sello originario del PRO es el que Juntos por el Cambio parece dispuesto a sepultar con pésimo timing y movidas de principiante. Justo en el momento de mayor desprestigio de la clase política desde 2001 la coalición se encadena al barco que se hunde, y en un error no forzado, casi infantil, lanza dardos al candidato que mejor canaliza el descontento y el ansia de cambio radical. No solo expele a su electorado sino que potencia activamente el clivaje que más lo favorece: el del mesías heroico que lucha contra la casta perversa. Milei de un lado, del otro todos los demás. Mitad del padrón. Sin embargo, no lo queremos: despreciamos a sus votantes, no nos hacemos cargo de su agenda. Alimentamos al monstruo que más daño nos puede hacer. Mientras Milei anuncia un plan de salida mágico e indoloro y ofrece una narrativa de reemplazo, JxC se regodea en la moralina y la interna. Milei no crece por lo que hacen o dicen los halcones; crece por lo que no dicen y no hacen las palomas. Y si no interpretan rápido el momento, va a seguir creciendo. Brutal, rudimentario, populista, para muchos Milei es el cambio: los otros solo están juntos.

Brutal, rudimentario, populista, para muchos Milei es el cambio: los otros solo están juntos.

En las decisiones que el PRO tome mientras el ciclo populista agoniza, se juega no sólo el futuro de la Argentina sino también el futuro de la coalición, su identidad y su supervivencia. El PRO puede mantener vivo el impulso transformador y conducir a JxC por el camino de la contra-hegemonía, dejando atrás a los que se aferran a sus bancas y su zona de confort. O puede, por el contrario, convertirse en el gran garante del statu quo: un amplio consenso con lugar para las corporaciones, los kirchneristas arrepentidos y la burguesía nacional de la prebenda. Evita seguirá en los billetes y la 9 de Julio, Darío en la TV Pública y los compañeros se quedarán con las universidades, la ciencia y la cultura. Esa película ya la vimos. No tuvo final feliz. No habrá problemas con los ex ministros de Cristina, ni con el amigo Massa, ni con los amigos del amigo Massa. Tampoco con los que votaron la ley de alquileres. El único excluido será el libertario de malos modales que los insulta. El outsider, el disruptivo: ¿el que más se parece a Macri? Ya lo dejaron claro: ahora Milei es el límite. ¿Se cerrará la grieta por asimilación de los polos? ¿Será, como decía el general, que al final somos todos peronistas?

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