(Por Jerónimo Granero, enviado especial) El seleccionado argentino jugó un partido perfecto hasta los 32 minutos del segundo tiempo con una superioridad abrumadora sobre Francia pero en un instante se topó de frente con el 2-2 que lo obligó a sacar el corazón para llevar la definición hasta los penales.
Que el sufrimiento no tape la gran final que jugó el equipo de Lionel Scaloni, quien una vez más acertó con el planteo inicial y borró de la cancha al defensor del título durante 77 minutos.
A partir del 2-2, el partido se rompió y perdió todo tipo de análisis pero allí apareció el poder de fuego del equipo campeón para ir en busca de la victoria que nuevamente se vio frustrada por la máquina futbolística que es Kylian Mabppé.
De arranque, el director técnico apostó por el desequilibrio individual de Ángel Di María por izquierda y la jugada fue un pleno.
El rosarino, quien habitualmente se había movido por la derecha durante el Mundial, se paró en el sector de Jules Koundé y con su desequilibrio fue lo más peligroso de la Argentina en el ataque.
La elección no fue al azar ya que Koundé es habitualmente zaguero y no siente tanto el lateral y Dembelé es un extremo habilidoso y distraído con la marca.
El DT también mantuvo a Nicolás Tagliafico desde el inicio y fue una muralla en el lateral izquierdo.
En parte por la gran actuación del ex Banfield e Independiente, Didier Deschamps sacó a Ousmane Dembelé antes del primer tiempo.
El extremo de Barcelona también le había cometido la falta del penal a Di María, quien estuvo intratable para los franceses hasta que se agotó físicamente.
En el aspecto defensivo y para contrarrestar el 4-2-1-3 de Francia, Argentina repartió las marcas con Messi suelto, entre Enzo y Julián tomaron a Tchouaméni, Molina estuvo con Mbappé apoyado con De Paul, Tagliafico con Dembelé, mientras que Alexis Mac Allister se quedó con Antoine Griezmann.
Di María fue la clave del ataque argentino con su explosión en el uno contra uno frente a Koundé y por allí llegó la apertura del marcador, porque primero le enganchó al defensor y luego fue derribado por Dembelé cuando ingresaba al área.
El equipo creció con la ventaja y manejó la pelota con paciencia ante la pasividad de Francia que no asumía el golpe del gol en contra.
La presión de los franceses no era tan efectiva como en los primeros minutos y la Argentina aprovechó esos minutos de desconciertos con el contraataque letal que terminó en el gol de Di María.
En cuatro toques el equipo salió del fondo por la derecha y la finalización llegó por la izquierda.
La baja del equipo se puede explicar con la salida de Di María ya que le quitó frescura y el arco de Lloris quedaba cada vez más lejos.
De todos modos, Argentina manejaba la pelota y Francia no generaba peligro pese a la presencia de los cuatro delanteros.
El descuento llegó cuando Argentina estaba con la posesión en el sector derecho y le pasó algo similar que a Francia. En dos pases quedó Kolo Muani mano a mano con Otamendi y al experimentado zaguero no le quedó otra que bajarlo cuando el delantero entraba al área.
El rápido empate nació en una pelota que Messi pierde en el sector izquierdo sin opción de pase justo donde estaba ubicado Di María.
De la prórroga se destaca la gran actitud del equipo en el primer tiempo con el aire fresco que aportaron Gonzalo Montiel y Leandro Paredes más la potencia ofensiva de Lautaro Martínez que tuvo tres situaciones y participó en el gol de Messi que parecía que era el broche de oro.
Sin embargo, llegó una vez el sufrimiento y con el 3-3, Argentina estuvo cerca de perder y de ganar en menos de un minuto.
Con fútbol, al principio, y con el corazón después, Argentina consiguió su tercera Copa del Mundo.
(Enviados especiales).- Lionel Scaloni lloró, se emocionó y se colgó la medalla de campeón del Mundo en Qatar 2022 pero su trabajo como líder ya tenía una gran parte del trabajo conquistado con la construcción de un grupo sólido que dejó una huella en la historia.
Desde que asumió el cargo después de la frustrante experiencia en el Mundial de Rusia 2018, Scaloni siempre repitió que tenía el objetivo de que el seleccionado vuelva a ser “de todos”.
El exfutbolista que se educó en la Selección durante la época de José Néstor Pekerman primero se armó su grupo de trabajo con personas que hablen su mismo idioma futbolístico.
Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala junto al analista Matías Manna conformaron el cuerpo técnico que encabezó la renovación de un plantel que se había desgastado después del Mundial de Rusia 2018.
La primera decisión fue darle un respiro a Lionel Messi que había padecido su cuarta Copa del Mundo por los conflictos internos que se habían producido antes y durante el ciclo de Jorge Sampaoli.
Con una convocatoria llena de caras nuevas, Scaloni encaró una gira por Estados Unidos con amistosos ante Guatemala y Colombia.
El ojo del cuerpo técnico fue clave ya que muchos de esos futbolistas transcurrieron todo el ciclo y hoy llegaron a lo máximo en Qatar 2022.
El primer partido de Messi con Scaloni fue un duro 1-3 ante Venezuela que casi pone en duda la continuidad del entrenador que todavía tenía la etiqueta de interino.
En la Copa América de 2019, un ratificado Scaloni formó el primer grupo con Messi a la cabeza y solo acompañado por Ángel Di María, Sergio Agüero y Nicolás Otamendi de la “vieja guardia”.
Sin embargo, estos se empezaron a mezclar con tres piezas claves para la unión grupal: Rodrigo De Paul, Leandro Paredes y Giovani Lo Celso.
Casualmente los integrantes de la base del mediocampo del equipo fue determinante para la conexión generacional que logró tomar con naturalidad compartir equipo con el ídolo con el que habían crecido viendo por televisión.
Con la ratificación de Scaloni después del tercer puesto en Brasil con apoyo de Messi incluido, el cuerpo técnico siguió con su objetivo y consolidó al grupo para las Eliminatorias y la Copa América 2021 que incluyó a un cuarto integrante de la “banda” de Messi: Alejandro “Papu” Gómez.
“Logramos que Messi sienta que es uno más”, destacó el DT tiempo después del título que cortó la racha de 28 años del seleccionado.
Luego de un camino casi perfecto al Mundial más la conquista de la Finalissima contra Italia en Londres, Scaloni tenía la difícil misión de armar la lista para Qatar 2022 con solo 26 futbolistas.
Las lesiones se interpusieron en el camino y Scaloni debió tomar decisiones difíciles que no resquebrajaron esa fortaleza grupal.
La ausencia de Lo Celso y las bajas a último momento de Nicolás González y Joaquín “Tucu” Correa se asumieron como una resolución necesaria que debía tomar el líder del plantel para el bien del equipo.
El “triunfo” personal de Scaloni se concretó antes de la final contra Francia porque muchos de los “chicos”, como él les dice, que pasaron por su ciclo estuvieron en la tribuna como hinchas.
La Copa del Mundo dejará a Scaloni en la historia pero la construcción de este grupo que hizo disfrutar a Messi, con 35 años, será la otra gran medalla que se colgará el entrenador de Pujato.
(Por Fernando Bianculli, enviado especial).- En una noche para el infarto, con “Lio” Messi en esplendor, Argentina se coronó campeón mundial por tercera vez en su historia, a 36 años de la gesta de México ’86, luego de vencer a Francia por 4-2 en la definición por tiros penales de una increíble final de Qatar 2022, empatada 3-3 al final de 120 minutos.
La selección estuvo dos veces a tiro de ganar el partido, en el tiempo regular y el extra, pero un intratable Kylian Mbappé, autor de un triple, elevó a niveles imposible el dramatismo del desenlace.
En la tanda de penales Argentina anotó sus cuatro remates (Lionel Messi, Paulo Dybala, Leandro Paredes y Gonzalo Montiel), “Dibu” Martínez tapó el disparo de Kingsley Coman y Aurélien Tchouaméni desvió el suyo.
En su última noche mundialista, Messi abrió el marcador de penal a los 23 minutos del primer tiempo y Ángel Di María, otra de las grandes figuras, estiró la cuenta a los 32 de la misma etapa.
Mbappé forzó el tiempo extra con un doblete a los 35 y 36 minutos del segundo tiempo y luego quiso los penales cuando empató 3-3 a los 117, en el segundo suplementario, después de que Messi consiguiera el 3-2 a los 109, en un mano a mano colosal entre las dos celebridades del fútbol planetario.
Más de 80.000 fanáticos de Argentina deliraron en el estadio Lusail por la esperada conquista de la selección y elevaron a Messi al plano celestial de Diego Maradona, figura omnipresente en la memoria del hincha durante toda la competencia.
Argentina, campeón ’78 y ’86, se consolidó como el cuarto país más ganador de la Copa Mundial de la FIFA después de Brasil (5), Italia y Alemania, que suman 4. Francia se quedó con 2.
La “Scaloneta”, que ya suma tres títulos por la conquista previa de la Copa América y la Finalissima, cortó con una racha de dos décadas sin consagraciones de equipos sudamericanos.
Sin más detalles, Scaloni avisó el día previo que sabía cómo jugar el partido, qué formación disponer y qué dibujo táctico utilizar. Lo ocurrido hasta el minuto 80 fue una clara demostración que el entrenador proyectó la final a la perfección, con una soberbia actuación colectiva de un equipo plenamente consciente de la oportunidad.
Di María fue titular por primera vez en la fase final de Qatar 2022 y se convirtió en un factor clave para el desenlace del partido. Abierto por la izquierda, el rosarino se transformó en el receptor de un mediocampo fino para la circulación de la pelota y concentrado para ganar todos los duelos en su sector.
Argentina le quitó la pelota a Francia en el primer tiempo (49 por ciento de posesión contra 36), tuvo una circulación rápida, supo explotar los espacios y golpeó en sus momentos. Di María perdió una buena chance en posición de gol a los 16 minutos con un remate defectuoso pero no se dejó ganar por la frustración.
Por su sector, la izquierda, generó la jugada del penal cometido por Dembelé, a quien Didier Deschamps castigó con un cambio a los 40 minutos, al igual que al otro ausente (Olivier Giroud).
Messi, por cuarta vez en el campeonato, facturó la pena máxima con engaño al arquero Lloris y el desarrollo de la final se inclinó definitivamente hacia un equipo con deseo de campeón.
Mbappé, bien controlado por Nahuel Molina y De Paul, casi que no tenía participación en la banda izquierda, por lo que se desplazó al centro del ataque cuando salió Giroud. Griezmann, otro hombre clave en Francia durante todo el Mundial, no encontraba su lugar en la cancha, incomodado por un Enzo Fernández patrón.
La confianza y la fluidez del juego argentino aumentó pasada la media hora y se cristalizó con un contraataque de ensueño, a un toque, con cada movimiento que pedía la jugada. Con Francia adelantado en el campo, Messi, Julián, Alexis y Di María combinaron a la carrera en 40 metros para un gol de antología.
Delirio total en Lusail. Argentina, apoyada por 80 mil hinchas, en un estado de gracia, con todos sus jugadores a nivel de excelencia frente a un rival minimizado. Esa fue la sensación que dejó la primera parte.
En la segunda el desarrollo mantuvo esa tendencia, con posibilidades de conseguir el tercero, hasta que comenzó otro partido, completamente inesperado por lo visto hasta ese momento.
Un penal cometido por Otamendi, en una de sus pocas fallas en el Mundial, reavivó el espíritu francés con un Mbappé obstinado en arruinarle la noche de su vida a su compañero del Paris Saint Germain.
Un minuto después del descuento, tras combinar con Thuram, Mbappé sacó un latigazo que se transformó en el suplicio del 2-2 y dejó a su equipo perfilado anímicamente para la victoria, que pudo llegar por el agotamiento del equipo de Lionel Scaloni.
Argentina empezó de cero en el tiempo extra, renovó fuerzas y contó con tres chances de Lautaro, errático en la definición pero partícipe para asistir a Messi en el tercer gol que parecía el definitivo.
Sin embargo, una mano de Gonzalo Montiel puso a Mbappé nuevamente cara a cara con “Dibu” y el delantero no falló para coronar un hat trick que le permitió quedar como máximo anotador del Mundial con 8 tantos.
En los penales, con la hinchada argentina de fondo, el equipo no falló, “Dibu” Martínez se agrandó y sucedió lo esperado por todo el mundo del fútbol: Argentina y Messi, al fin, campeones del mundo. “Vamos Argentina la c… de su madre”, dijo Messi, elegido como el mejor jugador del Mundial, en un mensaje a todo el estadio que deliró con la conquista.
Emiliano “Dibu” Martínez, el arquero de la selección argentina campeona del mundo en Qatar 2022, afirmó luego de ganar por los penales 4 a 2 a Francia , en el tiempo regular fue empate 3 a 3, que hizo lo suyo, “lo soñado”.
“Otra vez la peleamos, nos empatan el partido, era el destino sufrí, nos pusimos tres a dos y nos empatan, después hice lo mío, lo que soñé (atajar el penal de Kingsley Coman), no tengo palabras” para agradecer.
En los penales el “Dibu” dijo que estuvo “tranquilo, se lo debía a mis compañeros, no pude atajar los tres goles y después hice todo bien”, expresó el arquero del Aston Villa de Inglaterra. Por último le dedicó el triunfo a los compañeros “de Inglaterra”.
Argentina, nuevo campeón del mundo, le ganó en los penales a Francia por 4 a 2, luego de igualar 3 a 3 el partido en tiempo regular y sumó su tercer campeonato mundial en su historia, después de Argentina 78 y México 86.
El mediocampista Enzo Fernández aseguró que “no tiene precio” haber obtenido la Copa del Mundo en Qatar luego del triunfo por penales ante Francia por 4-2, tras el empate 3-3 en tiempo suplementario.
“No tiene precio ganar un Mundial con mi país, no voy a olvidar nunca más en mi vida este momento, porque además estoy con toda mi familia”, dijo Fernández en declaraciones a TyC Sports.
“Se lo dedico a mi familia, que están en la tribuna. Hicieron un gran viaje. Y también se lo dedico al grupo de jugadores”, cerró el ex River Plate.
Enzo Fernández fue titular y con 21 años ganó su primera Copa del Mundo.
Por su parte, Rodrigo De Paul aseguró que “somos justos ganadores”, tras el triunfo de Argentina 4 a 2 en la definición por penales ante Francia, que le permitió al seleccionado albiceleste quedarse con el título de campeón del Mundo en Qatar por tercera vez en su historia.
“Nacimos para sufrir, vamos a sufrir siempre, pero vale la pena. No me lo olvido más de este día”, indicó De Paul, tras la finalización del partido en el que Argentina se coronó campeón del Mundo.
El volante añadió que “hay que sufrir para poder gozar, somos justos ganadores. Para ser campeón hay que ganarle al último campeón y hoy lo hicimos”.
“Amo a todos los argentinos. Los dejamos en al cima del Mundo. Ojalá todo el país esté tan feliz como nosotros. No lo puedo creer pero somos justos campeones”, completó De Paul.
Está a la vista de todos, que el mundial de fútbol está en boca de todos los argentinos. Tiene que ver con nuestra idiosincrasia, nuestra cultura y nuestra herencia que hacen al pueblo argentino. Es una cita en donde el análisis social es inevitable, entendiendo la gran cantidad de situaciones geopolíticas e históricas que salen a flote. En los mundiales todos hablan y se habla de todo.
Los mundiales en clave histórica
Como en cada actividad humana, la política se encuentra intrínsecamente relacionada con el fútbol. Es así como ya el segundo mundial estuvo inmerso en un contexto realmente oscuro. Nos remonta hasta el mundial de 1934 en Italia, donde el campeón fue Italia justamente. ¿Quién gobernaba en Italia? Si, Benito Mussolini. Es una obviedad decir que, en el régimen fascista, en donde las libertades se encontraban completamente suprimidas y la militarización en la sociedad era moneda corriente, la corrupción futbolera era moneda corriente. En 1938, mundial siguiente que tuvo a Francia como anfitrión, también tuvo a la azzurra fascista como campeona. Aquí también, el peso político inclinó la balanza para el país de Mussolini. Austria no pudo participar porque fue anexada por la Alemania nazi y Uruguay no participó por boicotear lo sucedido en Europa.
En 1950, la sede estuvo en América por los desmanes europeos en la Segunda Guerra Mundial y el proceso de reconstrucción del viejo continente. Alemania y Japón no pudieron participar por las sanciones posguerra y la Unión Soviética no aceptó la invitación. En 1974, Alemania Occidental fue el encargado de organizar la copa del mundo y en un contexto verdaderamente “picante”: la Guerra Fría. De esta forma, Europa se encontraba dividida por la cortina de hierro que separaba al comunismo del capitalismo, materializado con el muro de Berlín. Dos Alemanias, la República Federal (respondía a EE.UU.) y la República Democrática (respondía a la URSS). Este mundial tuvo el extraño hito en el que las Alemania se enfrentaron. Fue el 22 de junio de 1974, en el estadio y en las adyacencias volaban helicópteros, había perros olfateando explosivos y un enorme despliegue de seguridad. El encuentro por fase de grupo terminó con Alemania Oriental venciendo por 1 a 0 a la Alemania Occidental. Un triunfo que fue celebrado como si hubiese sido orquestado por el mismísimo Partido Comunista. Increíblemente, la República Federal Alemana terminó coronándose en esta copa mundial.
En 1978 tenemos que hablar de Argentina. Nuestro país bajo la cúpula militar del Proceso de Reorganización Nacional y el terrorismo de Estado como leitmotiv, organizaron esta copa en donde el anfitrión salió campeón, con una dudosa victoria 6 a 0 a Perú. En el Monumental, la caprichosa rodaba por el verde césped, mientras que, en cercanías, el régimen represor secuestraba, torturaba y desaparecía personas. El próximo mundial fue en España, en 1982, y fue la prueba de fuego de la reconstrucción de este país luego del franquismo. El saldo terminó derivando en que fue uno de los mundiales con mayor cobertura periodística de la historia, sobre todo, entendiendo la previa experiencia en Argentina en 1978. Llegó México 86’ y el Diego vengó a los pibes de Malvinas. En 1982, la nefasta Junta Militar en Argentina, llevó a nuestro país a confrontar contra Reino Unido por las islas que, históricamente fueron argentinas, más allá de la ocupación británica. El saldo fue la pérdida de 649 soldados argentinos y la derrota bélica. Cuatro años después, el azar hizo que Argentina se cruce con Inglaterra en instancias eliminatorias. Diego Armando Maradona pasó a las páginas de los libros de historia, donde hizo dos de los goles más recordados de todos los tiempos. El gol del siglo, gambeteando a cuanto “pirata” se cruce, transformando su jugada en la anotación más perfecta del fútbol mundial. Y también hizo el gol más humano, el de la trampa, el del “pícaro”, el gol con la mano, conocido como “la mano de Dios”. Hasta el día de hoy, ese partido se toma con una enorme connotación política, siendo el hecho futbolístico con mayor carga emocional y geopolítica de la historia nacional. Argentina salió campeón de ese mundial.
Italia albergó la copa del mundo en 1990. Esta competición tuvo a Alemania como campeona, pero, curiosamente se da en un contexto inusitado: la reunificación alemana. En 1989, se derrumbó el muro de Berlín y comenzó el proceso en donde los alemanes se volvían a unir, anticipando la inevitable caída de la Unión Soviética. El triunfo de la selección teutona significó la celebración de un país que sufrió durante décadas, el impersonalismo político e ideológico que separó a una sociedad entera. Como dato de color, la selección argentina jugó contra dos países que, para el próximo mundial, no existían más: la URSS y Yugoslavia.
Siguiendo con estos enfrentamientos “extraños” de Argentina en mundiales, en 2006 fue la única vez que un país inexistente jugó un mundial y se enfrentó a la albiceleste. Se trata de Serbia y Montenegro, esta unión se disolvió cuatro días antes del arranque del torneo y no había tiempo de cambiar las cosas en la FIFA. Este país inexistente, remanente de la descomposición yugoslava, jugó contra Argentina y fase de grupos en donde cayó por 6 a 0 ante el combinado dirigido por José Pékerman.
Luego de este derrotero por los contextos históricos de copas del mundo que tuvieron particularidades que se explican desde la dinámica geopolítica, está claro que el fútbol es un escenario de disputa de poder. Aquí, la corrupción pesa, el racismo existe, el dinero mueve montañas y los poderosos buscan aplastar a los débiles. Los países que, históricamente, fueron sometidos por el colonialismo, el imperialismo y la dominación extranjera, sacan partida y buscan vengar a sus antepasados con hazañas deportivas. Negar que el fútbol es el lugar perfecto para que las voluntades populares tomen el control, es negar la verdadera democracia emocional, en donde el sentir del pueblo es quien dirime el humor de una nación. De fútbol, política y religión si hay que hablar. A veces, indivisibles una de otras.
Acaba de trascender la noticia de que Mauricio Macri, como presidente de la Fundación FIFA, ha beneficiado con un viaje al Mundial de Qatar a cuatro alumn@s y un docente de un exclusivo colegio privado (Pilgrims’ College, fundado en 1982), con sedes en San Isidro y General Pacheco. Dicho colegio, que imparte formación católica, y a la cual asistieron hijos de Jorge Macri y de Esteban Bullrich, entre sus objetivos señala que busca “acompañar a los alumnos en el crecimiento y la maduración de su Fe, invitándolos a encontrarse con Jesús”.
Por cierto, esta decisión de Macri no constituye un hecho ilícito, aunque sí es demostrativa de sus posicionamientos y de sus relaciones amistosas. Podría caber la pregunta, por ejemplo, acerca de por qué algún colegio de Villa Fiorito, donde nació el gran jugador Diego Maradona, no recibió ese regalo.
El director general del colegio, de la sede San Isidro, es Maximiliano Gulmanelli, lo cual me llevó a recordar un desgraciado episodio acontecido en la Villa 31 de Retiro, hace ya muchos años, en marzo de 2012.
En efecto se trataba de un grupo de niños que vivía en esa villa y concurría a una escuela primaria dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, distante a unas 30 cuadras de sus casas. Las diversas dificultades que se les presentaban para asistir a la escuela (de seguridad ante el tránsito, de colectivos que no les paraban en el barrio, de costos económicos) llevó a sus padres a reclamar, desde hacía dos años, que el gobierno de Mauricio Macri (jefe de gobierno de CABA en ese entonces) les asignara dos micros para el traslado de sus hijos. El gobierno del partido PRO se negó firmemente a las reiteradas solicitudes de los vecinos y ello concluyó con una movilización que interrumpió y cortó el tránsito vehicular en esa zona del barrio de Retiro.
La irrupción en las calles de las familias desoídas por la pertinaz insensibilidad social del gobierno de Macri sacudió irremediablemente la modorra y el retardo clásico (ante este tipo de necesidades) que caracterizan a los funcionarios del PRO.
Y, entonces, apareció en el firmamento Maximiliano (Max) Gulmanelli (el actual director general del colegio de San Isidro, beneficiado por Macri), para negociar alguna alternativa de resolución del ya muy dilatado problema. Max, que era en ese entonces el director general de Educación de Gestión Estatal del Ministerio de Educación de la ciudad, citó a los padres y, en la sala del ministerio donde estaban reunidos para dialogar y conciliar posiciones, los rodeó con agentes de la Policía Metropolitana. Se trataba del mismo ministerio en el cual Macri había designado en 2009 a Abel Posse, aquel cónsul de dos dictaduras, en reemplazo de Mariano Narodowski que tenía empleado en su cartera al célebre espía Ciro James.
Seguramente los papás y mamás de los niños se habrán sentido “cálidamente” protegidos y contenidos por la policía que el funcionario Max ordenó ingresar. Nada garantiza mejor el diálogo sincero y productivo de los ciudadanos con sus gobernantes que la presencia de policías en una reunión, resoplándole a uno en la nuca, mientras intenta articular argumentos para reivindicar necesidades no satisfechas. Y eso ocurrió, en marzo de 2012 en la CABA, en democracia.
Si se hubiera tratado de una reunión con padres de escuelas privadas, confesionales o no, ¿el gobierno de Macri los hubiera rodeado con policías, mientras dialogaban?
Precisamente el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, ¿inducía (y/o induce), con ese tipo de prácticas policíacas, a fortalecer el prejuicio clasista y estigmatizante de que los pobres serían agresivos y violentos?
Los padres de los niños a quienes no se les asignaban dos colectivos para poder concurrir a estudiar, ¿cómo se habrán sentido ante semejante maltrato y autoritarismo? El retrógrado accionar de Gulmanelli, ¿habrá incentivado en ellos una posible reacción de violencia simétrica a la que recibieron?
Las familias vulneradas, ¿habrán podido confiar en el diálogo, como mecanismo fértil y maduro para la resolución de conflictos en democracia? ¿Les habrán brindado confianza ese tipo de instituciones y ese tipo de dirigentes?
Gulmanelli, ya entonces, no era un joven funcionario sin antecedentes. Graduado en el Consejo Superior de Educación Católica (Consudec) y en la Universidad Católica de Santiago del Estero, fue -desde 2004 hasta 2008- asesor de Santiago de Estrada (secretario de Estado de las dos últimas dictaduras; embajador de Alfonsín ante El Vaticano, y secretario de Seguridad Social de Menem) en la vicepresidencia 1ª de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Fue miembro fundador de la Red Luján, de dirigentes políticos cristianos; secretario del Departamento de Escuelas Parroquiales del Arzobispado de Buenos Aires, y director y rector de diversos institutos y colegios católicos. Entre 2008 y 2009 fue jefe de Despacho de la vicejefatura del Gobierno de la Ciudad. Desde 2010, fue conductor -junto al sacerdote Guillermo Marcó- del programa “Entre el cielo y la tierra”, de Radio Rivadavia. Conductor, también, del programa “Siempre hay más”, en Canal 21, perteneciente al Arzobispado de Buenos Aires. Presidente de la Fundación Fragua, con sede en la Capital Federal, desde 2009. Completando sus relevantes antecedentes, fue coordinador general de Hogares de la Fundación Felices los Niños, dirigida por el padre Julio César Grassi, condenado a 15 años de prisión por abuso sexual de adolescentes, que estaban internados en el “hogar” de la propia fundación.
Tanta tradición “cristiana” no le impidió a Gulmanelli violentar, discriminar y estigmatizar a los padres de los niños pobres, rodeándolos durante aquella entrevista de conciliación con agentes de la Policía Metropolitana, mientras intentaban acordar una solución al conflicto.
Macri, como jefe de gobierno porteño, y honrando su visión de la amistad, no decidió la sustanciación de un inmediato sumario y la remoción del director general Gulmanelli del cargo, que pertenecía, nada más y nada menos, que al área de educación.
Gulmanelli, hoy, es el director de este distinguido colegio favorecido por Macri, quien -desde el Club Boca Juniors, desde el gobierno de la CABA, desde la Presidencia de la Nación, desde la Fundación FIFA- siempre ha demostrado una lealtad inquebrantable, y en ocasiones obscena, para con sus amigos.
* Norberto Alayón es profesor consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).