El INASE otorgó títulos de propiedad para tres nuevas variedades de trigo desarrolladas por ACA
Avance en mejoramiento genético: inscriben nuevas variedades de trigo pan en el Registro Nacional de Cultivares
El Instituto Nacional de Semillas (INASE) autorizó la inscripción de tres nuevas creaciones fitogenéticas de trigo pan desarrolladas por la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA Coop. Ltda.) en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares. La medida, oficializada mediante la Resolución 71/2025, reconoce a las variedades ACA 607, ACA 319 y 765, otorgándoles los respectivos títulos de propiedad intelectual en cumplimiento con la Ley N° 20.247 y la normativa internacional vigente.
Las tres variedades de trigo pan (Triticum aestivum L.) fueron desarrolladas por ACA, una de las entidades con mayor trayectoria en innovación agropecuaria en el país. El reconocimiento del INASE implica su inclusión formal en el sistema de protección de obtenciones vegetales, lo que garantiza exclusividad en su comercialización y uso por un período determinado, incentivando la inversión en mejoramiento genético nacional.
Según consta en la resolución publicada en el Boletín Oficial, la inscripción se realizó tras verificarse el cumplimiento de los requisitos establecidos por la Ley de Semillas y su reglamentación, así como por el Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV), aprobado en Argentina por la Ley N° 24.376.
El dictamen técnico estuvo a cargo de la Dirección de Registro de Variedades del INASE, que avaló la procedencia del pedido de inscripción. Además, la Comisión Nacional de Semillas, en su reunión del 13 de agosto de 2024, según Acta N° 516, prestó conformidad para avanzar con el otorgamiento de los títulos de propiedad.
La decisión también recibió aval jurídico por parte de la Dirección de Asuntos Jurídicos del organismo. La medida se enmarca en las facultades conferidas al presidente del Directorio del INASE, Claudio Dunan, quien rubricó la resolución.
Este tipo de decisiones contribuyen a fortalecer la soberanía tecnológica en el agro, promoviendo la incorporación de germoplasma adaptado a las condiciones productivas del país y a los desafíos actuales del cambio climático, la competitividad internacional y las exigencias en materia de sanidad vegetal.
La inscripción de nuevas variedades no solo protege legalmente el desarrollo nacional, sino que también impulsa la adopción de tecnologías más eficientes y sostenibles por parte de productores y cooperativas de todo el país.
Con una oferta innovadora y una sólida base financiera, Bioceres se enfrenta a un panorama desafiante en el sector agrícola, pero las perspectivas para 2025 son positivas gracias a su diversificación y expansión global.
Ben Klieve, de Lake Street Capital Markets, uno de los analistas destacados de Wall Street que sigue a Bioceres, ha fijado un precio objetivo de US$13, mientras que Austin Moeller, de Canaccord Genuity, estima un potencial alcista del 42%, llevando la acción a US$9,5 desde los niveles actuales del 6 de enero. Ambos analistas anticipan un repunte de la acción para este año. Los objetivos fueron establecidos en noviembre, luego de los últimos resultados trimestrales de Bioceres, con un horizonte de 12 meses.
Bioceres, una de las tres únicas empresas argentinas que finalizaron 2024 en rojo en Wall Street, es reconocida mundialmente por sus semillas de soja y trigo resistentes a la sequía. A pesar de que 2024 fue un año de recuperación para el sector agropecuario argentino, clave para Bioceres, los márgenes de las empresas del rubro se vieron limitados por una fuerte caída en el precio internacional de la soja.
Proyecciones de EBITDA para 2025 En el primer trimestre fiscal de 2025, cerrado el 30 de septiembre de 2024, Bioceres reportó un EBITDA ajustado de US$8,5 millones, casi la mitad de los US$16,3 millones del mismo período en 2023. La empresa explicó que los resultados fueron impactados por el lento comienzo de la temporada de cosecha en Argentina, debido a retrasos en las lluvias y a un comportamiento conservador en las compras. Sin embargo, América del Norte y Brasil mostraron un desempeño positivo que ayudó a mitigar el bajo rendimiento en Argentina.
Klieve proyecta ingresos anuales de US$478 millones y un EBITDA de US$80 millones para 2025, mientras que Moeller estima ventas por US$465 millones y un EBITDA de US$83 millones, lo que implicaría un crecimiento del 6% en este indicador respecto al año anterior. Moeller destacó que el bajo desempeño de 2024 se debió a factores climáticos y biológicos, como las sequías asociadas al fenómeno de El Niño y un brote de chicharras en el maíz que redujo los rendimientos de los cultivos y afectó la demanda de insumos. Además, mencionó que Bioceres pospuso entre 1 y 2 años los ingresos relacionados con su tecnología HB4 de trigo resistente a la sequía, debido a la búsqueda de un socio distribuidor en Argentina.
Mejoras en el panorama productivo A pesar de los desafíos, las perspectivas para Bioceres en 2025-2026 son más optimistas. Según Moeller, el cambio de El Niño a La Niña ha mejorado las condiciones de lluvia en Argentina y Brasil. Klieve agregó que, aunque el retorno de las lluvias puede disminuir la necesidad inmediata de productos resistentes a la sequía, la demanda de estos sigue siendo estable, dado que los agricultores toman decisiones de siembra mucho antes de conocer las condiciones climáticas.
Klieve considera que el principal catalizador para un repunte en las acciones de Bioceres será la tecnología HB4, aunque estima que los mayores impulsores llegarán hacia 2026 o más adelante. En cuanto a la competencia, Klieve destacó que no conoce otras empresas con un rasgo biotecnológico tan específico como el HB4 para soja y trigo, lo que otorga a Bioceres una ventaja competitiva. La compañía continúa expandiendo su presencia global, logrando aprobaciones regulatorias clave para HB4 en mercados como Brasil y China.
Fortaleza financiera y expectativas de crecimiento A pesar de los desafíos de 2024, Bioceres mostró señales de fortaleza financiera al final del año, realizando pagos por US$20 millones relacionados con las obligaciones de su unidad Rizobacter. Esto la posiciona como la única gran empresa del sector que ha pagado sus deudas de manera puntual y que tiene suficiente liquidez para enfrentar los pagos del verano. Esta solidez contrasta con las dificultades del sector agrícola, donde los productores han mostrado reticencia a vender soja y maíz a precios actuales.
Mauro Mazza, analista de Bull Market Brokers, destacó que la compañía tiene un apalancamiento de entre 2,5 y 3 veces el EBITDA, lo que, aunque limita su flexibilidad, es adecuado para una empresa de este tipo. Para 2025, Klieve sugirió que Bioceres debería enfocarse en demostrar la estabilidad de su negocio, ya que si logra ejecutar su estrategia correctamente, podría experimentar una recuperación gradual en el valor de sus acciones. Bull Market Brokers mantiene una visión optimista, anticipando una posible recuperación de entre 30% y 35% en dólares, impulsada principalmente por una posible reducción de las retenciones en el sector agrícola.
Cautela por la naturaleza dual del negocio Aunque la mayoría de los analistas mantienen una perspectiva positiva para Bioceres en 2025, algunos permanecen cautelosos debido a la naturaleza dual del negocio, que combina el sector agrícola con la biotecnología. Ignacio Sniechowski, analista de Grupo Invertir en Bolsa, explicó que la empresa enfrenta desafíos relacionados con los largos tiempos de maduración e investigación propios de la biotecnología. Aunque hay demanda, los procesos de aprobación son lentos, lo que puede retrasar el crecimiento de la compañía. Esta dualidad entre los sectores agrícola y biotecnológico sigue siendo tanto una oportunidad como un reto para la empresa.
La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca y la Asociación de Semilleros Argentinas (ASA), mantuvieron hoy una reunión para profundizar en las transformaciones que el sector semillero aporta al país, en especial, a la adhesión por parte de Argentina a la UPOV 1991 (Unión Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales) en el marco del proyecto de ley ómnibus que el Gobierno envío al Congreso.
El secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Fernando Vilella, destacó el encuentro con el sector y enfatizó “la necesidad de transformar la realidad económica del país junto con el sector agroindustrial como parte fundamental de la solución”.
En este sentido, según un comunicado de la cartera rural, destacó el rol estratégico de la semilla y subrayó el reconocimiento de la propiedad intelectual como catalizador del progreso económico; de allí la propuesta de incorporar al proyecto de ley ómnibus la adhesión a UPOV 1991, a la vez que afirmó que duplicar las exportaciones implica un cambio en la matriz productiva, donde el sector privado desempeña un papel crucial.
Por su parte, el subsecretario de Fortalecimiento Productivo y Sustentable, Pedro Vigneau, señaló la importancia de “ofrecer a los productores la mejor tecnología genética disponible para aprovechar los recursos naturales del país”.
En la misma línea, presidente del Instituto Nacional de Semillas (INASE), Claudio Dunan, resaltó la importancia del organismo en el desarrollo de la bioeconomía y remarcó la necesidad de fortalecer su capacidad de fiscalización para proteger las inversiones en el desarrollo genético.
En cuanto al sector privado, el presidente de ASA, Nicolás Gear, expresó su apoyo a la iniciativa del gobierno de ingresar a la Argentina en UPOV 1991 destacando la importancia de la innovación y la sostenibilidad en el desarrollo agrícola y remarcó la necesidad de impulsar el crecimiento del sector y hacer especial hincapié en las virtudes del productor argentino.
Como parte de la comitiva de ASA estuvieron presentes también Juan Erdmann, Federico Garat, Horacio Oyhanarte (Bayer); Lisandro Galindez (Syngenta); Alejandro Fried (Gensus); Julián Echazarreta (ACA); Marcos Lorenzo (Don Mario); Ignacio Rosasco (Stine); Magdalena Sosa Belaustegui (BASF); Victoria Serigos (Corteva); Verónica Vallini (Limagrain); y Hugo Previgliano (RAGT).
La Reserva Vida Silvestre Urugua-í, un área protegida privada en la que se protegen 3.243 hectáreas de selva, la cuenca media del arroyo Urugua-í y una muy rica biodiversidad, fue registrada como Área Productora de Semillas de Especies Nativas.
A través del Registro de Áreas Productoras de Semillas de Especies Nativas (APSEN) se pone en valor la conservación de las especies de árboles nativos de la selva. Implica el compromiso de proteger el área que contenga árboles semilleros destacados de la selva, se busca darle identidad y trazabilidad a las semillas, como también habilita a quien lo obtiene a cosechar y comercializar las semillas con certificación de origen e identidad.
En el “Vivero Nativo de Vida Silvestre Andrés Johnson” se producen plantines que luego son empleados en las iniciativas de restauración de la selva misionera que realiza la Fundación Vida Silvestre Argentina. Desde 2008 realiza trabajos de restauración ecológica a través de la reforestación de árboles nativos en los márgenes de arroyos, para mejorar la cantidad y calidad del agua para el consumo y la producción de familias misioneras y, a su vez, favorecer la recuperación de corredores ecológicos para la fauna. En el vivero se producen plantines de más de 40 especies de la selva misionera (algunas de ellas: Araucaria, Lapacho, Palo rosa, Loro Negro, Cañafístola, Incienso, entre otros). Sólo entre 2019 y 2022 salieron del vivero Andrés Jonhson más de 51.400 plantines. Junto a más de 150 familias rurales de los municipios de Comandante Andresito y San Pedro, logramos plantar más de 214.000 árboles y restaurar más de 475 hectáreas de selva misionera a lo largo de casi 15 años.
“En un contexto de cambio climático, la selva es una aliada para enfrentar de la mejor manera los cambios que ello implica, en pos del bienestar y la calidad de vida de las personas. Desde Fundación Vida Silvestre creamos en el 2009 el vivero de especies nativas con el objetivo de proveer de plantines a las iniciativas de restauración. El vivero posee el nombre de Andrés Johnson, en homenaje a sus aportes y compromiso en la conservación y conocimiento de la naturaleza” mencionó Karina Schiaffino, especialista en áreas protegidas terrestres de la Fundación Vida Silvestre Argentina. Además, agregó “contar con semillas con certificación formal de procedencia es un logro muy importante para los viveros de especies forestales nativas, que cada vez crecen más en Misiones. Actualmente existe una demanda de plantas nativas por parte de productores que comenzaron a incorporar sistemas agroforestales en sus chacras. Propietarios que realizan enriquecimiento de sus montes y recuperación de bosques protectores de arroyos y nacientes, permitiendo mitigar el efecto del cambio climático, enfrentando de la mejor manera a las sequías. La cosecha responsable y venta de semillas de especies de árboles, constituye entonces una oportunidad para los propietarios con monte nativo o reservas privadas”.
Sobre la Reserva de Vida Silvestre Urugua-í
Se creó en 1997 para conservar un importante tramo de la cuenca media del arroyo homónimo, sector que había quedado excluido en el diseño del Parque Provincial Urugua-í, y una porción del paisaje natural, estableciéndose como un modelo de reserva natural privada y fomentando actividades de investigación, formación de recursos humanos y extensión a la comunidad. Desde sus inicios, Fundación Vida Silvestre administra la reserva. Desde allí, se contribuye a la conservación de un paisaje muy importante para poblaciones de animales amenazados como el yaguareté, el tapir y la yacutinga, junto con otras áreas protegidas provinciales y privadas. Se protege un tramo clave del arroyo que es beneficioso para las personas ya que provee de agua para la población, cultivos, recreación y generación de energía. Como también, es un espacio para generar conocimientos y capacitar a personas para el estudio y la conservación de la Selva Misionera. Su compra y creación fue realizada en conjunto con la empresa Arauco Argentina S. A. y es gestionada por la Fundación Vida Silvestre Argentina.
La herramienta para revertir la tendencia negativa de la producción agrícola, se sumó al uso de la edición génica, una técnica que reemplaza la evolución natural, acelerando los procesos con mayor precisión.
Desde hace décadas, la producción agrícola en el país hace uso de la biotecnología moderna, lo que permitió introducir genes de otras especias. Argentina fue de los primeros países en adoptar este tipo de tecnología e incluso la ley de Semillas y Creaciones Fitogenéticas de 1973, convirtiéndose en la pionera de la región. Hoy el mercado se encuentra en tendencia negativa, con un crecimiento menor frente al de países como Brasil.
La biotecnología consiste en utilizar técnicas de ingeniería genética para mejorar los cultivos. Esa calidad puede tener diferentes consideraciones: que el cultivo no pierda rendimiento ante problemas climáticos, el generar una mayor tolerancia a los factores adversos como sequías e inundaciones, así como también a enfermedades o plagas. También aumentar la productividad en una misma superficie de hectáreas.
Argentina que se sumó tempranamente al uso de la edición génica, técnica que reemplaza la evolución natural, acelerando los procesos y con mayor precisión. Esto tiene impactos en costos y aspectos regulatorios a novel local e internacional.
David Hughes, expresidente de la Asociación Argentina de Trigo y tesorero de Barbechando, sostiene la necesidad de actualizar la normativa, puesto que lo que se legisló hace 50 años hoy no alcanza para regular un escenario en el que la tecnología ha cambiado drásticamente: “Es impresionante todo lo que está ocurriendo. El desarrollo va a pasos agigantados tanto para el mundo vegetal como animal. Pero, al no tener una normativa adecuada a los tiempos de hoy, el país está perdiendo por todos lados. Falta una normativa que regule y promueva este tipo de investigaciones”.
Alfredo Paseyro, director ejecutivo de la asociación de Semilleros Argentinos e integrante del Consejo Agroindustrial Argentino, sostiene “Hoy en términos de soja y tasa de mejora genética, sacando la sequía, Argentina podría tener entre U$S4000 y U$S5000 millones por año, solo sumando más rinde a la misma unidad productiva. Hoy estamos 300 kilos abajo del promedio de Brasil por hectárea y la proyección es que en 10 años vamos a estar en 600 kilos abajo”.
Por otro lado, debe considerarse que los años y el dinero invertido en investigación y desarrollo no den los resultados esperados, o que simplemente el mercado no los acepte. Nada de lo que se produce en Argentina es exclusivo para el mercado interno, por lo que hay que entender de qué producto se trata y hacia dónde será exportado.
El maní, por ejemplo, tiene por destino el mercado europeo, pero la utilización de biotecnología en este producto no está aceptada por el mercado, ni por los consumidores. En cuanto a la soja, se realizan gestiones para que no haya barreras en China, su principal destino. Pero, si el mercado no acepta o si no es acorde a las regulaciones, puede haber pérdidas para el productor.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ha hecho importantes desarrollos con escaso presupuesto, por ejemplo, nuevas variedades de algodón y arroz. Ese material genético llega al mercado y la mejora es notable para toda la cadena productiva. También el Conicet y las universidades nacionales pueden aportar lo suyo, tal como sucedió con el trigo HB4, desarrollado por la Universidad Nacional del Litoral junto a la empresa Bioceres y aprobado en 2020.
“Pero el reconocimiento es bajo y el sistema no se retroalimenta” dice Paysero. Quien plantea que para recuperar la competitividad “se necesita un salto de 30% en la producción de soja. Hoy no llegamos al 2%”.
Hughes, agrega que se debe promover y proteger a la actividad ligada a la biotecnología, “es una inversión a riesgo que tenemos que reconocer. Hay que cuidar y proteger y retribuir esa inversión. A las empresas no les pagan acorde a ese riesgo, entonces no hacen inversiones. Así el mundo crece y nosotros no”.
Cualquier cambio en estos procesos puede requerir mucho tiempo hasta aplicarse. Por eso, dice Paseyro, se debe trabajar en toda la cadena productiva. Para que el beneficio lleve a una retroalimentación de todo el sistema.