SUELDO

Uno de cada tres argentinos planea cambiar de empleo

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Randstad, la compañía de talento líder a nivel global, presentó resultados de su último estudio, del que surge que el 33% de los trabajadores argentinos tiene intención de cambiar de empleo, y el 10% ha cambiado de trabajo efectivamente en el último semestre.

El estudio de Randstad analiza anualmente el comportamiento ante el cambio de los trabajadores en todo el mundo, y los resultados muestran que este comportamiento se ha mantenido bastante estable durante los últimos años en Argentina. En este sentido, al comparar estos resultados con los del año anterior, el porcentaje de trabajadores argentinos que manifiestan la intención de un cambio laboral ha descendido apenas 1 punto porcentual respecto a 2025 (33% vs. 34%), y el de quienes han concretado un cambio laboral ha descendido 2 puntos porcentuales respecto de la medición del año pasado (10% vs. 12%), mostrando una relativa estabilidad en los niveles de movilidad laboral.

Probablemente, el contexto de incertidumbre, la inflación y otros componentes de la macroeconomía local de los últimos años explican en parte una actitud más conservadora de los trabajadores, con menor intención de cambio y toma de riesgos en momentos en que la actividad económica y la demanda laboral no muestran señales de crecimiento sostenido.

Al analizar la intención de cambio por generaciones, el estudio muestra que los trabajadores más jóvenes son quienes muestran una mayor predisposición a buscar nuevas oportunidades laborales. Así, el 39% de los integrantes de la generación Z tiene planificado cambiar de empleo en los próximos meses, seguido por el 35% de los millennials. Entre los trabajadores de mayor edad, la intención de cambio desciende al 23% entre los integrantes de la generación X y al 19% entre los baby boomers.

Sobre estos resultados, Andrea Avila, CEO de Randstad para Argentina, Chile, México y Uruguay, afirmó: “Aunque los niveles de movilidad laboral muestran estabilidad, una parte considerable de los trabajadores continúa evaluando nuevas alternativas de desarrollo profesional. Esto representa una oportunidad para que las organizaciones revisen y fortalezcan su propuesta de valor, atendiendo las expectativas y necesidades del talento para generar mayores niveles de compromiso y fidelización”.

Razones para el cambio

El Randstad Employer Brand Research 2026 también profundiza sobre los factores que impulsan las decisiones de cambio laboral del talento. Así, la baja remuneración se consolida como la razón principal para renunciar a un trabajo para los trabajadores argentinos (50%), un factor que toma mayor preponderancia en un contexto de aumento de los costos de vida.

Completan el listado de las principales razones que llevan a los trabajadores a dejar un trabajo: la falta de oportunidades de desarrollo profesional (36%), un balance insuficiente entre el trabajo-vida personal (27%) y un ambiente de trabajo negativo (26%), entre otras.

Al analizar los motivos que llevan a los trabajadores argentinos a dejar un trabajo por grupos etarios, las generaciones más jóvenes consideran más importante mejorar el balance trabajo vida personal (29% vs. 24% de los grupos de mayor edad) mientras que las generaciones mayores son más propensas a renunciar cuando se sienten insuficientemente remuneradas y perciben falta de equidad en los salarios e incentivos laborales (22% vs. la media de 18%).

Al analizar los motivos de renuncia por géneros, las mujeres indican el salario como motivo de renuncia con mayor frecuencia que los hombres (52% vs. 48%), mientras que los hombres son más propensos a renunciar por falta de interés en el trabajo o por un liderazgo deficiente.

Brecha entre expectativas y realidad

Más allá de las particularidades observadas según edad o género de los participantes, los resultados del estudio muestran una estrecha relación entre los factores que impulsan la intención de cambio laboral y los atributos que los trabajadores consideran más importantes al momento de definir a un empleador ideal.

En este sentido, los argentinos señalan mayoritariamente al salario y beneficios atractivos como el principal atributo del empleador ideal (70%), seguido por un ambiente laboral agradable (67%) y oportunidades de desarrollo profesional (63%).

Sin embargo, el estudio evidencia una brecha entre las expectativas de los trabajadores y la percepción sobre sus empleadores actuales. Mientras que el factor salario y beneficios se posiciona como el atributo más valorado a la hora de definir al empleador ideal, su peso relativo desciende significativamente cuando los trabajadores evalúan a sus empleadores actuales. Del mismo modo, el factor oportunidades de desarrollo profesional, que se ubica entre los atributos más valorados por el talento, no logra igual performance cuando los encuestados analizan la propuesta de valor de su empleador actual.

“Es importante ver a estos factores como un todo, como un mix donde cada empresa, en base a sus valores, su cultura, su estructura organizacional y los estilos de liderazgo que promueve, arma la combinación que mejor la representa. Y estos factores son apenas el principio, ya que el talento tiene hoy expectativas multifacéticas y mucho más amplias y personales, por eso, cuando hablamos del trabajo, en las organizaciones empezamos a hablar de realización personal, de bienestar e incluso de felicidad”, puntualizó Andrea Avila.

Los resultados del Randstad Employer Brand Research 2026 muestran que, más allá de la estabilidad observada en los indicadores de movilidad laboral, las organizaciones enfrentan el desafío de seguir fortaleciendo aquellos atributos que los trabajadores consideran más relevantes para su desarrollo profesional y bienestar, con el objetivo de atraer, comprometer y fidelizar al talento.

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El sueldo no alcanza: 56,4% de los hogares se endeuda y más de la mitad no llega al día 20 del mes

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Casi seis de cada 10 hogares argentinos toma deuda para gastos cotidianos, pagar la tarjeta de crédito, cancelar otras deudas, abonar servicios, comprar bienes para el hogar o pagar el alquiler, entre otros. De esta manera, se reconfigura el mapa del endeudamiento familiar: de herramienta financiera a mecanismo de subsistencia. En este escenario crece la desaprobación del Gobierno nacional.

El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora de marzo mostró que el endeudamiento de los hogares se consolidó como la principal respuesta frente al deterioro de los ingresos: el 56,4% tomó crédito en los últimos seis meses y, dentro de ese grupo, casi 9 de cada 10 ya presentó dificultades para pagarlo. Lejos de estar asociado a decisiones de inversión, el crédito se orientó mayormente a cubrir gastos básicos, en un contexto donde el 83,9% afirmó que su salario no le gana a la inflación y más de la mitad de la población no logra llegar al 20 de cada mes. El fenómeno describe un cambio en la función de la deuda: deja de ser una herramienta financiera y pasa a convertirse en un mecanismo de subsistencia.

Este comportamiento no aparece de manera aislada, sino que se inserta en una percepción social más amplia de fragilidad. Más del 53% de la población se representa como clase baja no sólo como una definición identitaria, sino como la expresión de una experiencia económica concreta, que también se refleja en la evaluación del contexto general: cerca de 6 de cada 10 consideran que la situación del país es mala o muy mala. En ese marco, las decisiones económicas de los hogares se reorganizan bajo una lógica defensiva, donde el objetivo deja de ser mejorar la posición económica y pasa a ser sostener niveles mínimos de consumo.

El endeudamiento se vuelve entonces parte de la dinámica cotidiana. No aparece como un evento excepcional, sino como un recurso recurrente para compensar la pérdida de poder adquisitivo. Cuando el ingreso no alcanza, el crédito completa lo que falta. Y cuando el crédito se acumula comienzan las dificultades para pagarlo. Esta secuencia, que se repite de manera extendida, explica por qué el nivel de problemas de repago es tan elevado: no responde a un shock puntual, sino a un uso sistemático del endeudamiento como sustituto del ingreso corriente.

La información sobre el destino de esos créditos refuerza esta lectura. Los principales usos están concentrados en gastos cotidianos, pago de tarjetas y cancelación de otras deudas, lo que indica que el financiamiento no se orienta a generar ingresos futuros, sino a cubrir necesidades presentes. En términos sociales, esto implica que los hogares no sólo enfrentan restricciones en el presente, sino que además trasladan esas tensiones hacia adelante, comprometiendo ingresos futuros para resolver consumos actuales.

En conjunto, los datos describen un mecanismo de ajuste a nivel de los hogares que se articula en cuatro etapas: caída del poder adquisitivo; dificultad para sostener el consumo mensual; recurso al endeudamiento para cubrir esa brecha, y creciente incapacidad para cumplir con esas obligaciones. Este circuito no es marginal, sino mayoritario, y define una forma específica de funcionamiento económico en la que el crédito reemplaza parcialmente al ingreso como fuente de equilibrio. El resultado no es sólo financiero, sino también social: una economía donde la vulnerabilidad deja de ser una condición transitoria y comienza a estructurar las decisiones cotidianas de una parte significativa de la población.

En paralelo al deterioro de los ingresos y al avance del endeudamiento como mecanismo de subsistencia, también crece la distancia entre la experiencia económica cotidiana y las estadísticas oficiales. En marzo, el 65,8% de la población consideró que el dato de inflación publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (INDEC) no reflejó adecuadamente la variación de precios que percibió en su vida diaria. No se trata sólo de una discusión técnica sobre índices, sino de una brecha cada vez más visible entre el número oficial y la economía vivida en los hogares.

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UTA hará paro si no se pagan sueldos y aguinaldos el cuarto día hábil de diciembre

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El sindicato ratificó que el gremio se encuentra “en estado de alerta” por la amenaza de las empresas de transporte de pasajeros de pagar los salarios y los aguinaldos en cuotas.

Los choferes de colectivos pararán en las líneas que no abonen el sueldo el cuarto día hábil de diciembre, según lo anunció hoy el secretario de Prensa de la Unión Tranviarios Automotor (UTA)Mario Caligari.

Según supo Noticias Argentinas, las empresas están denunciando que no pueden abonar en término porque no reciben del Gobierno los subsidios establecidos para el sector en tiempo y forma, a lo que la UTA respondió: “Nosotros no financiamos el sueldo ni los aguinaldos”.

Caligari dijo en diálogo con Splendid AM 990 que desde el gremio declararon “el estado de alerta” y advirtieron al sector patronal que “en cada empresa que el cuarto día hábil no pague los salarios se va a parar”, y atribuyó las quejas sobre los subsidios a que “el síndrome del llanto lo tienen desde toda la vida”.

Pagar por trabajar

Si fuese por los empresarios nosotros tendríamos que estar pagando para trabajar. Pero la realidad es que lo que dicen de que el subsidio no les llega no tiene nada que ver con nosotros, porque son ellos los que tratan ese tema con el Gobierno”, advirtió Caligari.

Puntualizó que los choferes “trabajan los 30 días del mes y los 365 días del año y necesitan recibir el salario en tiempo y en forma, como corresponde y como está establecido. No puede ser que sigamos el día el día 30 y nos digan, No tenemos plata para pagar´´”, subrayó.vrdhJQ

El gremialista aseguró que desde el sector empresario quieren financiar “los aguinaldos a lo largo de seis meses”, ante lo cual enfatizó: “De ninguna manera, no es esa la forma”.

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Los salarios aumentaron 5% en abril y volvieron a perder frente a la inflación

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El índice de Salarios volvió a perder contra el IPC. El indicador acumula una suba de 20,6% respecto de diciembre previo, por debajo del 23,1% que es la inflación acumulada del 2022.

Los salarios subieron 5% en términos nominales durante abril, según informó el INDEC este jueves. De esta manera, los ingresos de los trabajadores perdieron contra la inflación que se ubicó en el 6%. La última medición había estado por encima del IPC por primera vez desde noviembre del año pasado.

El único sector que se ubicó por encima del aumento general de precios fue el sector privado no registrado con una variación del 7,1%, que a su vez acumula un 18,5% en el año y un 49,4% anual, lo que implica bastante retraso con respecto a las otras áreas.

Por su parte, el sector privado registrado tuvo un aumento en abril del 5,6%, con un acumulado en el año de 21% y una variación interanual del 57,7%. En cuanto al sector público subió 2,7% en la medición mensual, un 21,3% en lo que va del 2022, y a nivel interanual el 65,6%. Conjuntamente marcaron una suba del 4,5% en abril, un 21,1% en la variación acumulada y un 60,5% en la interanual.

“La alta y persistente inflación de los últimos años está dejando un saldo muy negativo para el poder adquisitivo de los trabajadores argentinos. En los últimos 5 años la inflación se mantuvo en niveles anuales cercanos al 50%, no pudiendo el salario al menos evitar perder contra los precios. Es esencial un consenso político y económico para que esta dinámica cambie lo antes posible”, aseguró la economista, Nadin Argañaraz.

En términos interanuales, el Índice de salarios mostró un crecimiento del 58,4%, como consecuencia de aumentos del 57,7% en el sector privado registrado, del 65,6% en el sector público y del 49,4% en el sector privado no registrado.

En el primer cuatrimestre de 2022, los trabajadores privados registrados y los públicos “perdieron el equivalente al 70% de un sueldo promedio mensual de 2017”, amplió Argañaraz y confirmó que en cuanto a los informales, “son los que más pierden con la inflación, perdieron el equivalente al 90% de un sueldo mensual”.

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Para que el pago igualitario deje de ser una efeméride y se convierta en una realidad

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Escribe Lucía Gutiérrez* – En Argentina aún tenemos entre nuestras efemérides el Día del Pago Igualitario, ya que las mujeres trabajamos -en promedio- 1 año y 3 meses para obtener el mismo salario que ganan los varones en un año de trabajo.

Además de sufrir en mayor proporción el desempleo y la precarización laboral, las mujeres ganan -a nivel general- un 29% menos que los varones. Esta situación se agrava en los casos de las asalariadas informales, cuya brecha se estima alcanza un 35,6% .

La desigualdad laboral y de ingresos afecta aún más a las personas travestis y trans: según la Primera y única Encuesta sobre Población Trans, Travestis, Transexuales, Transgéneros y Hombres Trans (INADI e INDEC, 2012), sobre una muestra de 209 personas, el 80% expresó dedicarse a actividades vinculadas a tareas informales de precaria estabilidad, y no contar con obra social o prepaga.

Dentro del hogar, las mujeres realizamos el 76% de las tareas domésticas y de cuidados no remuneradas. Para ello, se destinan en promedio 6,4 horas diarias. De acuerdo a la “Encuesta sobre trabajo no remunerado y uso del tiempo” publicada por INDEC en 2014, una mujer que trabaja fuera del hogar destina aún más tiempo a estas tareas que un varón desempleado .

La crisis generada por la pandemia de Covid 19 recrudeció los problemas preexistentes y amplió aún más esta desigualdad. Se produjo un retroceso de dos décadas en la actividad económica de las mujeres: Más de 400 mil trabajadoras de casas particulares perdieron su empleo y quienes tenían empleos informales también perdieron su fuente de ingresos.

Ante esta situación, el gobierno nacional puso en marcha una serie de medidas sensibles al género e incentivó activamente la participación de las mujeres en la recuperación económica y productiva.

El programa ACOMPAÑAR, dirigido a mujeres y LGTB+ en situación de violencia de género; el Reconocimiento de Aportes por Tareas de Cuidado; el programa Registradas, que apunta a fortalecer a las trabajadoras domésticas de casas particulares, el sector más feminizado de la economía y que emplea a más mujeres; la moratoria previsional que alcanzó a más de 2,5 millones de mujeres; la ampliación de la Asignación Universal por Hijo (AUH), la Asignación por Embarazo para Protección Social (AUE) y las Pensiones No Contributivas a Madres de 7 ó más hijos. Al mismo tiempo, el Ministerio de Desarrollo Social reforzó el alcance de la Tarjeta AlimentAR y amplió el Programa Nacional Potenciar Trabajo.

Como consecuencia de estas y otras medidas, entre 2020 y 2021 los niveles de desocupación entre las mujeres bajaron de 11,9% a 7,7%, el valor más bajo registrado desde 2016. Entre las jóvenes, donde los niveles de desocupación son tradicionalmente más altos, el porcentaje de desocupadas bajó casi 10 puntos, de 26% a 16,2%.

Cerrar las brechas de desigualdad por género es un trabajo que debe ocupar las agendas estatales y privadas. ¿Pero quién liderará el proceso? Como muestra significativa, si tenemos en cuenta que en Argentina únicamente 2 gobernaciones provinciales están a cargo de mujeres y que sólo el 11,5% de los puestos del Comité Ejecutivo de la Unión Industrial Argentina (UIA) es ocupado por mujeres, la urgencia por consolidar posiciones de conducción en manos de mujeres aparece como una deuda de nuestro sistema político y productivo. Tal vez así, el pago igualitario dejará de ser una efeméride para convertirse en una realidad.

Escribe Lucía Gutiérrez*, maestranda en Políticas Públicas (UNSAM), docente (UBA, UNPAZ); María Julia López, abogada del trabajo y la seguridad Social (UBA) y Florencia Penén, profesora de Lengua y Literatura (ISP JVG), integrantes de la Usina de Estudios Políticos, Laborales y Sociales (UEPLaS).

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