Ucrania

¿Es posible una Rusia sin Putin? No por ahora

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Oleg Kashin (@KSHN) es periodista y autor de Fardwor, Russia! A Fantastical Tale of Life Under Putin.. ¿Qué es más fácil de imaginar, que Vladimir Putin declare de pronto el fin de la guerra a Ucrania y retire sus tropas, o que una Rusia sin Putin revise sus políticas, termine la guerra y empiece a construir relaciones con Ucrania y Occidente sobre una nueva base pacífica?

Es una pregunta difícil de responder. La guerra en Ucrania es, hasta cierto punto, fruto de la obsesión personal de Putin, y no es muy probable que acceda voluntariamente a ponerle fin. Lo cual nos deja con la otra posibilidad: Rusia sin Putin, y donde todas las esperanzas de una Rusia pacífica pasan por un cambio de poder en el país.

Eso también parece bastante improbable. Tras seis meses de guerra, no parece que el poder de Putin sea menos sólido que en tiempos de paz. Sus índices de aprobación son altos, y no tiene ni un solo opositor en Rusia cuya voz se pueda oír. De sus dos principales sucesores potenciales —Mijail Mishustin, el primer ministro, y Alekséi Navalny, líder de la oposición—, uno está atado por su lealtad al presidente y el otro está en la cárcel. Para que uno de los dos llegue al poder, Putin tendría que marcharse. Pero, salvo por un repentino cambio de opinión o una urgencia médica, no se irá a ninguna parte. El sucesor de Putin podría ser perfectamente Putin.

Es una perspectiva deprimente, que a muchos les resulta difícil aceptar. ¿Por qué no hay nadie entre la élite en el poder que, ante un presidente que está llevando su país a la ruina y los graves perjuicios que les está causando la guerra a ellos mismos, presione por la destitución de Putin?

¿Dónde están los valientes demócratas o funcionarios que, por el bien de su clase y de su país, se las ingenien para expulsar al presidente? Esas preguntas, a las que se suele dar voz en Occidente, son más un lamento que un aliciente para el análisis. Pero la respuesta está ahí, al alcance de la mano.

Durante años, los críticos dentro y fuera de Rusia han recurrido sobre todo a un tema para impulsar la oposición contra Putin: la corrupción. Por un tiempo ese enfoque logró algunos avances, sobre todo en manos de Navalny, cuyos videos, muy bien producidos, en los que documentaba la corrupción de la élite dirigente —incluido Putin—, parecieron hacer mella en la popularidad del presidente.

Sin embargo, la corrupción es el pegamento que mantiene unido el sistema, no el catalizador para derribarlo. Al sustentar su poder en el latrocinio de sus subordinados, Putin no estaba tratando de asegurar la comodidad y el bienestar de estos, precisamente. Es más probable que quisiera atar a la clase dirigente a un sistema conspiratorio de responsabilidad compartida, y garantizar así su solidaridad absoluta. En estas condiciones de complicidad, nadie podría dar el paso y desafiar al presidente.

Para ser estrictos, no es del todo correcto llamar corrupción a dicho sistema. La corrupción conlleva una desviación de la norma, mientras que en la Rusia de Putin la norma es precisamente que los funcionarios vivan de un dinero de origen dudoso. Si se siguiera la ley al pie de la letra, casi todos los ministros o gobernadores rusos podrían acabar en la cárcel. Sin embargo, en la práctica, Putin siempre ha aplicado la ley a discreción. Cada vez que uno de sus subordinados influyentes era acusado de corrupción, lo que ante todo se preguntaba la gente era cuál sería el motivo político oculto por el que lo habían detenido.

Así fue en el caso del exministro de Desarrollo Económico, Alekséi Ulyukayev, quien fue acusado de aceptar sobornos tras su enfrentamiento con Ígor Sechin, el influyente director ejecutivo del gigante petrolero ruso Rosneft y amigo de Putin. También ocurrió con varios gobernadores, entre ellos Nikita Belij, quien durante un tiempo lideró un importante partido de la oposición, y Serguéi Furgal, cuya victoria en unas elecciones contravino los deseos del Kremlin y fue puntualmente acusado, no de corrupción, sino de asesinato.

Lo que se llama corrupción en Rusia sería más correctamente descrito como sistema de incitación y chantaje. Si eres leal y el presidente está satisfecho contigo, tienes derecho a robar, pero, si eres desleal, te mandarán a la cárcel por robo. No es de extrañar que en las últimas décadas solo unas pocas personas de dentro del sistema de Putin hayan hablado públicamente contra dicho sistema. El terror siempre es más persuasivo que cualquier otra cosa.

La guerra tenía el potencial de alterar radicalmente este cálculo. La clase dirigente, que debe la adquisición de su riqueza a su posición en el poder, se las está viendo ahora con una nueva realidad: sus propiedades en Occidente han sido o bien confiscadas o bien sometidas a sanciones: se acabaron los yates y las villas, y no hay lugar al que escapar. Para muchos funcionarios y oligarcas cercanos al gobierno, esto significa el derrumbe de todos sus planes vitales y, en principio, cabe suponer que no hay ni un solo grupo social en Rusia más descontento con la guerra que los cleptócratas de Putin.

Pero hay un inconveniente: intercambiaron sus derechos como actores políticos por esos mismos yates y villas. La intriga fundamental de la política rusa está vinculada a ese hecho. La aventura militar de Putin ha tenido un devastador efecto en la vida del poder establecido, en el que siempre se ha apoyado. Pero las élites, impedidas por su dependencia del poder para mantener su riqueza y su seguridad, no se ven en condiciones de decirle no a Putin.

Eso no significa que su descontento no salga a la luz. El ministro de Finanzas, Antón Siluanov, habló públicamente sobre las dificultades de cumplir con sus obligaciones en las nuevas circunstancias. Alekséi Kudrin, presidente del órgano que audita las finanzas del Estado y muy próximo al Kremlin, explicó en una reunión con Putin que la guerra había llevado la economía de Rusia a un callejón sin salida. E incluso el presidente del monopolio militar-industrial del Estado, Serguéi Chemézov, escribió un artículo sobre la imposibilidad de llevar a cabo los planes de Putin. Sin embargo, sin un peso político que las respalde, esas opiniones no merecen interés para Putin, ni entrañan ningún peligro para él.

Es cierto que de las guerras suele salir una nueva élite entre los oficiales y generales, que podría amenazar el gobierno del presidente. Pero esto no está pasando todavía en Rusia, posiblemente porque Putin está intentando impedir que sus generales adquieran demasiada fama. Los nombres de las personas que están al mando de las tropas rusas en Ucrania se mantuvieron en secreto hasta finales de junio, y la propaganda sobre los “héroes” de guerra prefiere publicar reportajes sobre los que han perdido la vida y ya no pueden manifestar ambiciones políticas. En cualquier caso, Putin se ha rodeado de su personal de seguridad predilecto, cuya lealtad hacia él está fuera de toda duda.

Dada esta situación, los funcionarios de Rusia no pueden hacer mucho más que esperar. Podrían intentar realizar por su cuenta alguna maniobra discreta, que incluyera negociar al margen con Occidente, pero, hasta ahora, no hay indicios de que haya corredores humanitarios para las élites rusas. Aunque alguien —por ejemplo, un oligarca cercano a Putin, como Roman Abramovich— lograra llegar a Occidente, lo único que le esperaría allí serían bienes confiscados y sospechas. Comparado con eso, incluso la paranoia de Putin podría ser preferible.

Si los miembros de la élite dirigente son incapaces de derrocar a Putin, ¿quizá podrían hacerlo las clases medias profesionales, entonces? Pero las perspectivas ahí también son sombrías. Para quienes salgan a criticar la guerra, es muy instructivo observar la suerte que corrió Marina Ovsyannikova, productora del Canal 1 de la televisión estatal. Tras protagonizar una protesta de gran calado —durante la emisión en directo de un popular programa noticioso de la noche, apareció detrás de la presentadora sosteniendo un cartel que decía: “Paren la guerra”—, huyó del país para evitar la detención, dejando a su familia en Moscú.

Vagó durante meses por Europa, sometida a numerosas acusaciones, y no importó lo impresionante que fuera su protesta: sigue siendo, ante todo y sobre todo, un engranaje en la máquina de propaganda de Putin. Regresó a Rusia, donde fue detenida y multada varias veces, acusada de difundir información falsa, y su casa fue registrada. Sus antiguos compañeros de los medios y, en general, la clase media profesional, seguramente entiende que no tiene sentido imitar sus actos. Que es mejor esperar a que pase la guerra, tranquilamente en sus trabajos, que arriesgarse a la ruina y la infamia.

En el ámbito popular, las cosas no son mejores. Las prometedoras manifestaciones iniciales contra la guerra han sido completamente sofocadas por la amenaza del encarcelamiento. Las declaraciones públicas críticas, y más aún los mítines o las manifestaciones de protesta, son ahora imposibles. El régimen, ejerciendo la represión, tiene la situación interna bajo absoluto control.

El factor que sí amenaza gravemente la fuerza de Putin hoy es el ejército ucraniano. La única posibilidad de producir un cambio en la situación política de Rusia son las pérdidas en el frente, como bien atestigua la historia rusa. Tras la derrota en la guerra de Crimea de mediados del siglo XIX, el zar Alejandro II se vio obligado a introducir reformas radicales. Lo mismo ocurrió cuando Rusia perdió la guerra con Japón en 1905, y lo que en gran medida impulsó la perestroika en la Unión Soviética fue el fracaso en la guerra de Afganistán. Si Ucrania logra infligir un gran número de pérdidas a las fuerzas rusas, podría desencadenarse un proceso similar.

Sin embargo, a pesar de todo el daño causado hasta ahora, ese giro de los acontecimientos parece muy lejano. Por ahora y en el corto plazo, es Putin —y el miedo de que sin él las cosas irían peor— quien gobierna Rusia.

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El despertar del dragón asiático

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Asia se transformó en la zona con mayor concentración de tensión militar en los últimos días, desplazando, en gran parte, a la Guerra en Ucrania desde la óptica de los medios internacionales. Las razones son lógicas, nuevamente se abrió un capítulo de un viejo conflicto entre China y Taiwán, con un disparador que suma a un actor en esta disputa: Estados Unidos.

2022, un año conflictivo 

No conforme con las conflagraciones y frentes de batalla ya abiertos en el mundo, se suma esta situación de completa tensión en la región del indo–pacífico. Pero hubo un condicionante externo que encendió la mecha de una bomba que tiene fecha de explosión. Nancy Pelosi fue la encargada de recrudecer este conflicto. La presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, decidió llevar adelante una gira diplomática por varios países asiáticos, que son considerados estratégicos y aliados por parte de Washington. Sin embargo, las suspicacias comenzaron cuando Pelosi y su entorno dieron a conocer la intención de visitar Taipéi, poniendo la mirada de Xi Jinping sobre esta particular gira de la política estadounidense en Asia. 

Ahora bien, antes de proseguir con el disparador de Nancy Pelosi, es menester comprender que China y Taiwán tienen una gran disparidad política e ideológica. En principio, esto se remonta a fines de la Segunda Guerra Mundial, precisamente en 1945 y con la confirmación total de la separación de Taiwán de la China continental en 1949, en donde la Revolución maoísta tuvo su rol de preponderancia, en el cual Taiwán se abroqueló ideológicamente cerca de los valores y formas políticas occidentales. 

Desde entonces, Taipéi siempre fue una obsesión para Pekín, en el marco de la reunificación de la China insular con la China continental, aunque fue la gran reforma de 1970, la que le dio la capacidad económica y armamentística a la República Popular de poder planificar, a largo plazo, la recuperación de Taiwán. De hecho, en el marco de la planificación territorial, Taiwán se encuentra como parte de China para antes de 2050, lo cual nos dice algo: Pekín va a invadir y conquistar a Taiwán en algún momento, solo que no se sabe cuándo, pero es un hecho

Volviendo a la situación de conflictividad generada por la visita de Nancy Pelosi a Taiwán, la respuesta de China fue abrumadoramente inmediata. Xi Jinping desplegó gran parte de su poderío militar en forma de ejercicios militares. Las acciones armamentísticas tuvieron condimentos que hacen pensar en una posible escalada del conflicto y con una planificación milimétrica. El régimen chino no claudicó a la hora de demostrar sus poderosos misiles, sus cazas y sus buques de guerra. 

China es uno de los países con mayor despliegue militar, desde lo armamentístico hasta lo humano. A esto se le suma una constante violación del espacio aéreo y marítimo de Pekín sobre Taiwán, incluso durante la breve estadía de Nancy Pelosi en Taipéi. Un agregado que termina siendo materia de críticas, es que el poderoso ejército de Xi Jinping, llevó adelante sus ejercicios militares con fuego real, lo cual nos lleva al concepto de planificación milimétrica. Esto cobra sentido cuando se piensa en el ordenamiento, casi a rajatabla, de no tener margen de error por parte de los jefes de ejército y comandantes chinos, ya que un mínimo cálculo errado, podría provocar no solamente la destrucción casi masiva de alguna zona extranjera, con inocentes inclusive, sino ser el condicionante perfecto para un nuevo y enorme cataclismo mundial, expresado en una enorme guerra mundial. Ya lo dijo Xi Jinping, “si juegan con fuego, se van a terminar quemando”.  

La otra arma china 

Más allá de lo pura y exclusivamente militar, Pekín cuenta con un arma fulminante y que, inclusive, les preocupa mucho más a los países que están mirando de reojo este conflicto. En este sentido, China tiene la botonera de la economía mundial. ¿Qué significa esto? Básicamente, si Pekín decide dar un salto en la economía global o poner alguna piedra en el zapato del aparato productivo a nivel global, se puede provocar un freno a las finanzas y comercios internacionales. Este panorama sería verdaderamente desolador, ya que sería el empujón de declive económico de la globalización que impera en el mundo. A un mercado golpeado por la pandemia de COVID – 19, la Guerra en Ucrania, la crisis energética, sumarle un enfriamiento de la economía mundial por parte de China podría marcar el cambio en el paradigma o la matriz productiva de todo el globo. 

Teniendo en cuenta esto, China ya aplicó sanciones económicas, mínimas a comparación del verdadero daño que le puede causar a Taiwán y a occidente. La medida primaria que tomó la mesa chica de Xi Jinping fue prohibir la exportación de arena, cítricos y pescados hacia Taiwán. Pareciera ser no tan sobresaliente esto, sin embargo, hay que leer entre líneas. La política internacional se mide, en gran parte, por el tráfico de influencia entre grandes potencias, y si hablamos de oriente, es China el gran estado hegemónico. Esto significa que, en un potencial enfrentamiento o posicionamiento de países en el conflicto China-Taiwán, gran parte estará bajo las filas de Pekín. De hecho, Emiratos Árabes, India y Rusia, se pronunciaron a favor de las decisiones del régimen chino. Esto justamente ocurre por la magna presencia económica de China en prácticamente todo el mundo.

 El gigante rojo de Asia es el país con mayor presencia en la cadena productiva y comercial a nivel mundial, financiando deudas externas, posicionando productos en todos los mercados, e inclusive siendo acreedor de bonos de diversos países. Esa es la verdadera carta que tiene Xi Jinping, ya que, en un eventual conflicto directo, sería difícil que muchos países impartan sanciones, como si fue el caso contra Rusia, entendiendo que un simple estornudo de China, y la economía entera se desmorona. El as de espada lo tiene Pekín.  

El tío Sam en Asia

Ante todo el panorama de dominio político, económico y militar de China, pareciera que no hay muchas explicaciones válidas para comprender la acción de Nancy Pelosi de provocar semejante desequilibrio geopolítico en el indo-pacífico. Sin embargo, la respuesta está en Washington. En noviembre de este año, Estados Unidos se juega las bancadas del Senado en elecciones, y una imagen positiva, es más que importante en este contexto. De esta forma, la gira de Nancy Pelosi por Asia, su cercanía a Taiwán y su provocación a China, no es otra cosa que simplemente la creación de una imagen de política exterior dura por parte de Estados Unidos. Esta se lleva adelante a partir del evidente fracaso y debilitamiento de la gestión Biden en materia internacional con el estallido de la Guerra en Ucrania, el retorno de los talibanes al poder en Afganistán y las constantes oleadas de migrantes centroamericanos que buscan ingresar a Estados Unidos. En este sentido, es explícita la necesidad de los demócratas de demostrar “valentía” a nivel internacional para mejorar su imagen y Nancy Pelosi lo llevó casi al extremo con su arriesgada visita a Taipéi. Por otro lado, no es novedad que los demócratas acarreen estos desequilibrios geopolíticos, de hecho, casi como en su génesis ideológica, está el hecho de posicionar a Estados Unidos como la gran potencia en el extranjero, respondiendo a las misivas del destino manifiesto. A esto se le suma la diferencia con los republicanos. Este partido siempre aboga por mantener un equilibrio en el interior de sus fronteras, con un fortalecimiento de las industrias nacionales, salvo el caso de Ronald Reagan. 

World’s on fire 

La motivación de un país enorme como Estados Unidos de mantener el poder de su clase política dirigente puede devenir en un desastroso escenario militar internacional. Jugar con China es jugar con fuego, y aquí ingresa también Latinoamérica. Esto se remite, no al panorama bélico, sino a las consecuencias económicas. Un enojo de Xi Jinping puede profundizar los males de la economía latinoamericana, más allá de los índices de pobreza y bajo ritmo de crecimiento y desarrollo económico. Si China encausa una guerra, gran parte de esos capitales que se encuentran distribuidos en la región, podrían concentrarse en Pekín, y con eso desfinanciamiento de una gran cantidad de industrias y obras en América Latina, que, dicho sea de paso, es un escenario interesante a nivel comercial para China. 

Por otra parte, un conflicto también derivaría en poner todos sus esfuerzos económicos dentro de su frontera, y a colación de ello se podría generar un proceso de desabastecimiento en distintas zonas periféricas del globo, siendo que Pekín es uno de los grandes exportadores de productos de industria liviana e industria pesada. Más allá de la cuestión meramente bélica y de lo que sucede en otras latitudes del globo, hoy el mundo entero espera que Biden no enfade a Xi Jinping, y detrás de él lleguen represalias que paguemos todos.

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ONU: Cafiero reclamó un mayor compromiso a los países poseedores de armas de destrucción masiva y alertó por las instalaciones nucleares en Ucrania

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El canciller Santiago Cafiero participó en la sede de la Organización de las Naciones Unidas, en la ciudad de Nueva York, en el marco de la 10ª Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), de dos importantes eventos internacionales: la Reunión de Alto Nivel de la Iniciativa de Estocolmo, presidida por Alemania y Suecia, y Sitios Nucleares en Riesgo: los siete pilares de la protección y seguridad nuclear, que contó con la presencia del Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica, el diplomático argentino, Rafael Grossi.

Junto a la ministra Federal de Relaciones Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock; y de Relaciones Exteriores de Suecia, Ann Linde, altas autoridades de países miembros de la Iniciativa y numerosos adherentes, Cafiero destacó las coincidencias en materia de desarme nuclear por parte de una amplia mayoría de la comunidad internacional y resaltó que las medidas que ha propuesto la Iniciativa ayudarán a mejorar la seguridad internacional, bajar los niveles de tensión y avanzar en el camino del desarme nuclear transparente, verificable e irreversible.

Cafiero remarcó que “La Argentina cree en la necesidad de un mayor compromiso por parte de los Estados poseedores de armas nucleares a fin de avanzar en medidas concretas hacia el desarme nuclear” y enfatizó: “Los desafíos actuales, por complejos que se presenten, no deben ser motivo para pensar que no hay lugar para avanzar en el objetivo de un mundo libre de armas nucleares”.

“Nuestro país considera que la comunidad internacional debe continuar con el legítimo reclamo por la implementación efectiva de las disposiciones, evitando diluir su estado de incumplimiento a través de otros regímenes paralelos sobre disposiciones que ya tienen firme aceptación en el Tratado”, afirmó el Canciller argentino.

Posteriormente, el jefe de la diplomacia argentina participó del evento “Sitios nucleares en riesgo: los siete pilares de la protección y seguridad nuclear”, identificados por el Director General del OIEA, Rafael Grossi, quien participó del encuentro junto a los representantes de Suiza, Estados Unidos de América, Kazajstán, España y los Países Bajos. Cafiero recordó que preservar la seguridad de las instalaciones nucleares es un objetivo fundamental y resaltó las labores del OIEA. Además puso de relieve la importancia que tiene para la Argentina la contribución de los Siete Pilares como una herramienta para garantizar la seguridad física y tecnológica en cualquier lugar donde se ponga en peligro la integridad y el funcionamiento seguro de las instalaciones nucleares.

El Canciller argentino sostuvo que “la crisis que tiene lugar en Europa ha puesto de manifiesto las complejidades de los conflictos armados en territorios que cuentan con instalaciones nucleares. La Argentina ha expresado su preocupación por la situación imperante en Ucrania y, por ello, hace eco de los Siete Pilares que el Director General, Rafael Grossi, destacó durante la sesión de la Junta de Gobernadores del OIEA el pasado 2 de marzo”.

“Estos Siete Pilares sintetizan y visibilizan los conceptos centrales de un cuerpo normativo mucho más amplio de una manera sencilla y pragmática, y constituyen una herramienta valiosa para garantizar la seguridad física y tecnológica de las instalaciones nucleares, sea en el propio territorio de Ucrania o en cualquier otro lugar donde se ponga en peligro la integridad del funcionamiento seguro de instalaciones de este tipo” aseguró Cafiero.

Los Siete Pilares, identificados por el Director General del OIEA, en el contexto de la situación actual en Ucrania, abordan desafíos específicos para el funcionamiento seguro de las instalaciones nucleares. Los mismos son 1) mantener la integridad física de las instalaciones, ya sean los reactores, las piscinas de combustible o los almacenes de desechos radiactivos; 2) todos los sistemas y equipos de seguridad tecnológica y física deben permanecer en pleno funcionamiento en todo momento; 3) el personal de operación tiene que poder desempeñar sus funciones en materia de seguridad tecnológica y física y tener la capacidad de tomar decisiones sin presiones indebidas; 4) garantizar el suministro eléctrico desde el exterior a partir de la red para todos los emplazamientos nucleares; 5) cadenas y transporte ininterrumpidos de suministro logístico hacia y desde los emplazamientos; 6) sistemas eficaces de monitorización radiológica dentro y fuera del emplazamiento, así com o medidas de preparación y respuesta para casos de emergencia, y 7) comunicación fiable con el regulador y otras entidades.

“La Argentina cuenta con una extensa trayectoria de más de siete décadas en el campo de las actividades nucleares con fines pacíficos, y opera de forma segura sus instalaciones nucleares para fines de uso civil” explicó el Canciller y destacó que nuestro país continuará trabajando “con los demás Estados en pos de una energía nuclear segura, como el eslabón clave para el desarrollo armonioso de los pueblos y una garantía para la paz y la seguridad internacionales”.

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¿Quién bombardeó Odesa? ¿Rusia rompió el acuerdo o no?

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Türkiye y la ONU son los garantes del supuesto acuerdo entre Türkiye y Rusia para exportar granos. ¿Quién bombardeó Odesa?

Al menos dos misiles de crucero rusos Kalibr impactaron en Odesa, el único gran puerto que conserva Ucrania desde la invasión de Rusia, dañando la infraestructura, dijeron funcionarios ucranianos. Otros 2 de los misiles, que Rusia lanzó desde buques de guerra y submarinos, fueron derribados por las defensas aéreas, dijeron las autoridades.

La prensa de los países más cercanos a Ucrania respaldó esta denuncia y agregó: “Un punto de descarga de vagones y un almacén utilizado para cargar granos fueron destruidos en el ataque, según comerciantes internacionales de granos. El objetivo de los misiles era, probablemente, un astillero cercano, dijeron los trabajadores del puerto.”

“Rusia tardó menos de 24 horas en lanzar un ataque con misiles contra el puerto de Odessa, rompiendo su s promesas y socavando sus compromisos ante la ONU y Türkiye en virtud del acuerdo de Estambul”, dijo el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Ucrania, Oleg Nikolenko.

The Wall Street Journal:

  • “Rusia lanzó un ataque con misiles contra el principal puerto de exportación de granos de Ucrania, Odessa, dijeron funcionarios, horas después de firmar un acuerdo internacional para aliviar su bloqueo de la costa del Mar Negro y permitir el transporte seguro de granos y otros alimentos necesarios para aliviar una crisis alimentaria mundial que se avecina.”
  • “El ataque a Odessa pareció violar los términos del acuerdo negociado por las Naciones Unidas firmado por Rusia y Ucrania en Estambul el viernes 22/07, que estipulaba que ambos países se abstendrían de atacar instalaciones portuarias o barcos civiles utilizados para el transporte de granos, según una copia de el acuerdo (…). El secretario general de la ONU, António Guterres, condenó el ataque y dijo en un comunicado que todas las partes se habían comprometido a garantizar el movimiento seguro de los envíos de granos ucranianos.”

Türkiye

Sin embargo, el gobierno de Ankara, al igual que la ONU, no embistió contra Moscú, y no dieron por terminado el acuerdo.

La ONU (Naciones Unidas) y Tûrkiye, que articularon el acuerdo para exportar los cereales ucranianos, mantuvieron silencio.

Veamos el diario oficialista Daily Sabah, de Turkuvaz Media Group, editado por Ibrahim Altay: se limitó a publicar un despacho de la agencia estadounidense Associated Press:

“Türkiye dijo que estaba “preocupada” por los ataques al puerto ucraniano de Odessa el sábado, ya que Ucrania culpó a Rusia, mientras que el Kremlin negó haber atacado el puerto, todo un día después de que Moscú y Kiev firmaron un acuerdo patrocinado por Ankara y Naciones Unidas para reanudar las exportaciones de granos.

“Los rusos nos dijeron que no tenían absolutamente nada que ver con este ataque y que estaban investigando el tema muy de cerca”, dijo el ministro de Defensa turco, Hulusi Akar. “El hecho de que un incidente como este haya ocurrido después del acuerdo que hicimos ayer… realmente nos preocupa”.

“Sin embargo, seguimos cumpliendo con nuestras obligaciones en el marco del acuerdo alcanzado por nosotros”, agregó el ministro.

Más temprano, la oficina del secretario general d e la ONU, António Guterres, dijo que el jefe de la organización mundial condenó los ataques que, según informes de los medios, supuestamente se infligieron en el puerto de Odesa.”

Importa que Moscú responda estas 2 preguntas:

  • ¿Puede Rusia fundamentar que no fue un bombardeo propio contra el puerto de Odesa?
  • ¿Puede sostener Rusia un compromiso de que no volverá a suceder un bombardeo similar?

El precio del trigo

1 día después de que Türkiye y Naciones Unidas mediaran en el histórico acuerdo entre Rusia y Ucrania para desbloquear las exportaciones de cereales, los precios del trigo cayeron a niveles anteriores a la invasión rusa.

En Chicago, el precio del trigo para entrega en septiembre cayó 5,9% a US$ 7,59 por bushel, lo que equivale a unos 27 kilogramos (60 libras) y el cierre más bajo desde que Rusia invadió Ucrania el 24/02/2022.

En Euronext, los precios del trigo para entrega en septiembre cayeron 6,4% a US$

325,75 por tonelada. El acuerdo establece corredores seguros para que los barcos ucranianos entren y salgan de 3 puertos designados del Mar Negro en Odesa y sus alrededores.

Rusia y Ucrania juntos producen alrededor del 30% de las exportaciones mundiales de trigo.

Buques de guerra rusos bloquearon hasta 25 millones de toneladas de trigo y otros granos en los puertos de Ucran ia y Kiev colocó minas terrestres para evitar un temido ataque anfibio.

El precio del trigo

Un día después de que Türkiye y Naciones Unidas mediaran en el histórico acuerdo entre Rusia y Ucrania para desbloquear las exportaciones de cereales, los precios del trigo cayeron a niveles anteriores a la invasión rusa.

En Chicago, el precio del trigo para entrega en septiembre cayó 5,9% a US$ 7,59 por bushel, lo que equivale a unos 27 kilogramos (60 libras) y el cierre más bajo desde que Rusia invadió Ucrania el 24/02/2022.

En Euronext, los precios del trigo para entrega en septiembre cayeron 6,4% a US$

325,75 por tonelada. El acuerdo establece corredores seguros para que los barcos ucranianos entren y salgan de 3 puertos designados del Mar Negro en Odesa y sus alrededores.

Rusia y Ucrania juntos producen alrededor del 30% de las exportaciones mundiales de trigo.

Buques de guerra rusos bloquearon hasta 25 millones de toneladas de trigo y otros granos en los puertos de Ucran ia y Kiev colocó minas terrestres para evitar un temido ataque anfibio.

A pesar de la caída en los precios del trigo, los analistas expresaron su escepticismo sobre la capacidad del acuerdo para eludir las realidades del conflicto entre Rusia y Ucrania en medio de dudas sobre la voluntad de Moscú de implementar el acuerdo.

“Todavía soy escéptico y no creo que sea el único que cuestione que se moverá mucho grano”, dijo Michael Zuzolo, presidente de Global Commodity Analytics & Consulting. Pero Zuzolo dijo que los precios del trigo podrían no caer mucho más, dado que las condiciones de sequía están afectando la producción en otras partes de Europa.

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Rusia y Ucrania sellan acuerdo de exportación de cereales que aliviará la crisis alimentaria global

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Rusia y Ucrania firmaron hoy un acuerdo mediado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y Turquía para permitir la reanudación de las exportaciones al mundo de granos ucranianos y de cereales y fertilizantes rusos, y aliviar la crisis alimentaria global desatada por la guerra que contó con respuesta favorable de los mercados.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y el secretario general de la ONU, António Guterres, presidieron el acto de firma en Estambul y dijeron que el acuerdo reducirá la inflación global resultante del aumento del precio de los alimentos.

El ministro de Defensa de Rusia, Serguei Shoigu, y el ministro de Infraestructura ucraniano, Oleksander Kubrakov, firmaron documentos separados ante Guterres, mientras Erdogan presenciaba el acto.

La semana pasada, las partes alcanzaron un principio de acuerdo en torno a un plan de la ONU para exportar 22 millones de toneladas de granos y otros productos agrícolas que han estado bloqueados en puertos ucranianos del mar Negro por la invasión rusa.

“Hoy, hay un faro en el mar Negro, un faro de esperanza, un faro de posibilidades, un faro de alivio para un mundo que lo necesita más que nunca”, dijo Guterres después de la firma del pacto, que se firmó en vísperas de cumplirse cinco meses de guerra en Ucrania y que estará en vigor durante tres años, según una fuente del organismo familiarizada con el texto del acuerdo, citada por la agencia rusa de noticias Sputnik.

Erdogan dijo que el acuerdo ayudará a mitigar la seguridad alimentaria y a reducir la inflación en todo el mundo, que en Estados Unidos y muchos países de Europa ha llegado a niveles no vistos en décadas.

“Estamos orgullosos de haber sido útiles en esta iniciativa, que jugará un enorme rol a la hora de resolver esta crisis alimentaria global que ha estado en agenda durante tanto tiempo”, dijo el mandatario, citado por la agencia de noticias turca Anadolu.

El precio del trigo cayó fuertemente hoy en Chicago y en Euronext en reacción al acuerdo.

Ucrania y Rusia representan en conjunto 30% del comercio mundial de trigo.

“No lo esperaba para nada, dado que los rusos avanzan hacia el este y se acercan al puerto de Odessa”, dijo a la agencia de noticias AFP Michael Zuzolo, presidente de la firma de corretaje y análisis Global Commodity Analytics and Consulting.

En Euronext, media hora antes del cierre, el trigo se vendía a 327,25 euros la tonelada para entrega en septiembre, en caída de 6,7%.

Por su lado, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, se declaró hoy desesperanzado en que Rusia cumpla su parte del trato.

“La confianza de Canadá en la confiabilidad de Rusia es prácticamente nula. No han demostrado más que poca buena fe”, dijo Trudeau en una conferencia de prensa.

El bloqueo de los cargamentos y exportaciones de cereales y fertilizantes rusos impedidas por sanciones internacionales han disparado los precios de productos como el trigo y la cebada.

Los cereales ucranianos serán sacados por el mar Negro hacia el Mediterráneo a través del estrecho del Bósforo, en la ciudad turca de Estambul, y de allí irán a los mercados mundiales.

El acuerdo contempla el establecimiento de un centro de control en Estambul, con personal de la ONU y funcionarios turcos, rusos y ucranianos, que coordinará las exportaciones de granos, dijeron las autoridades.

Los barcos serán inspeccionados para garantizar que lleven cereales y fertilizantes y no armas.

Ucrania es uno de los mayores exportadores mundiales de trigo, maíz y aceite de girasol, pero la invasión de Rusia y el bloqueo de sus puertos han detenido su envío al exterior.

Parte del grano se ha estado transportando a través de Europa por ferrocarril, ruta y río, pero la cantidad es pequeña en comparación con las rutas marítimas.

En Estados Unidos, el vocero del Departamento de Estado, Ned Price, dijo que su país daba la bienvenida al acuerdo, en principio.

“Pero en lo que nos estamos enfocando ahora es en responsabilizar a Rusia por implementar este acuerdo y permitir que el grano ucraniano llegue a los mercados mundiales. Ha pasado demasiado tiempo de este bloqueo ruso”, dijo Price.

La Unión Europea, en tanto, instó a implementar de inmediato el acuerdo.

“El acuerdo de Estambul de hoy es un paso en la dirección correcta. Instamos a implementarlo de inmediato”, escribió jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, en su cuenta de Twitter.

Mientras el acuerdo se firmaba, las autoridades ucranianas informaban que en las últimas 24 horas murieron cinco personas en ataques rusos y que fueron rescatados tres cadáveres entre los escombros de una escuela bombardeaba en la ciudad de Kramatorsk.

El bombardeo a la escuela de la provincia de Donetsk llegó horas después de que otros ataques con misiles rusos mataran al menos a tres personas e hirieran a otras 23 en la ciudad de Jarkov, la segunda mayor de Ucrania, en el noreste, cerca del límite con Rusia.

“Los ataques rusos a escuelas y hospitales son muy dolorosos y reflejan que su verdadera meta es reducir a ruinas a estas ciudades pacíficas”, dijo el gobernador de Donetsk, Pavlo Kirilenko, en declaraciones televisadas.

Sin embargo, el vocero del Ministerio de Defensa ruso, el teniente general Igor Konashenkov, dijo que el ataque ruso había matado a más de 300 soldados ucranianos que usaban el edificio de la Escuela No. 23 en Kramatorsk como su base.

Agregó que otro ataque destruyó un depósito de municiones en la zona industrial de la ciudad sureña de Mikolaiv.

Desde la invasión rusa a Ucrania del 24 de febrero, la economía ha temblado en todo el mundo. Además de la crisis alimentaria desatada por el bloqueo de los puertos, las sanciones impuestas por Occidente contra Rusia, desataron una crisis energética que se le volvió en contra a Europa.

Uno de los países que más dependen del gas ruso es Alemania, que hoy salió al rescate de la debilitada empresa energética Uniper, el mayor importador de gas ruso al país, al adquirir el 30% de las acciones de la compañía.

Estrangulada por los precios del gas, que se dispararon por el conflicto, Uniper llevaba varias semanas pidiendo ayuda al Ejecutivo alemán.

Ahora, el grupo se beneficiará de un préstamo público de “hasta 7.700 millones de euros (7.821 millones de dólares)” en bonos convertibles obligatoriamente que eventualmente se convertirán en acciones, informó el canciller alemán, Olaf Scholz.

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