Ucrania

Por qué algunos quieren traicionar a Ucrania

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Así que el gobierno federal no se cerró durante el fin de semana, aunque puede que tengamos que volver a pasar por todo este drama dentro de seis semanas. Kevin McCarthy, el presidente de la Cámara de Representantes, acabó haciendo lo obvio: presentar un proyecto de ley de financiación que sólo podría aprobarse con los votos demócratas, porque los de línea dura de su propio partido no aceptarían nada factible. Y el proyecto de ley no incluía ninguno de los recortes de gastos que los republicanos han estado exigiendo, excepto una cosa grande y mala: un recorte de la ayuda a Ucrania.

Los demócratas parecen haber aceptado este proyecto de ley porque esperan conseguir una votación separada sobre la ayuda a Ucrania; el presidente Biden ha indicado que cree que tiene un acuerdo con McCarthy a tal efecto. Espero que tengan razón.

Pero, ¿por qué las cosas han salido así? Michael Strain, del derechista (pero en su mayoría no MAGA, Make America Great Again) American Enterprise Institute, ha llamado a la confrontación fiscal el “cierre ‘Seinfeld’”, es decir, un cierre por nada. Es una buena frase, pero si vamos a hacer referencias a la cultura popular, creo que sería mejor llamarlo el cierre “Red”, como en la gente que grita “¡Estoy enfadadísimo, y no voy a aguantar más!”.

Nada menos que un golpe de estado puede satisfacer esta rabia incipiente. Pero McCarthy evidentemente pensó que podría reducir la reacción contra su acuerdo con los demócratas traicionando, o al menos fingiendo traicionar, a Ucrania. Eso es claramente algo que MAGA quiere. Pero, ¿por qué?

A pesar de lo que puedan pretender voces anti-Ucrania como Elon Musk, no se trata de dinero.

Los partidarios de la línea dura de la derecha, tanto en el Congreso como fuera de él, afirman estar molestos por la cantidad que estamos gastando en apoyar a Ucrania. Pero si realmente les importara la carga financiera de la ayuda, harían el mínimo esfuerzo necesario para que las cifras fueran correctas. No, la ayuda a Ucrania no está socavando el futuro de la Seguridad Social, ni imposibilitando la seguridad de nuestras fronteras, ni consumiendo el 40% del PIB de Estados Unidos.

¿Cuánto estamos gastando realmente en apoyar a Ucrania? En los 18 meses posteriores a la invasión rusa, la ayuda estadounidense ascendió a 77.000 millones de dólares. Puede parecer mucho. Es mucho comparado con las ínfimas sumas que solemos destinar a la ayuda exterior. Pero el gasto federal total asciende actualmente a más de 6 billones de dólares al año, o más de 9 billones cada 18 meses, por lo que la ayuda a Ucrania representa menos del 1% del gasto federal (y menos del 0,3% del PIB). La parte militar de ese gasto equivale a menos del 5 por ciento del presupuesto de defensa de Estados Unidos.

Por cierto, Estados Unidos no está soportando en absoluto la carga de ayudar a Ucrania en solitario. En el pasado, Donald Trump y otros se han quejado de que las naciones europeas no gastan lo suficiente en su propia defensa. Pero en lo que respecta a Ucrania, los países e instituciones europeos han asumido colectivamente compromisos de ayuda sustancialmente mayores que los nuestros. En particular, la mayor parte de Europa, incluyendo FranciaAlemania Gran Bretaña, ha prometido una ayuda que es mayor como porcentaje del PIB que el compromiso de Estados Unidos.

Pero volvamos a los costes de la ayuda a Ucrania: teniendo en cuenta lo pequeña que es una partida presupuestaria de ayuda, las afirmaciones de que la ayuda a Ucrania de alguna manera hace que sea imposible hacer otras cosas necesarias, como asegurar la frontera, no tienen sentido. Los tipos de MAGA no son conocidos por hacer bien sus números o, para el caso, por preocuparse de si hacen bien sus números, pero dudo que incluso ellos crean realmente que los costes monetarios de ayudar a Ucrania son inasumibles.

los beneficios de ayudar a una democracia asediada son enormes. Recordemos que, antes de la guerra, Rusia era considerada una gran potencia militar, que la mayoría de los estadounidenses veía como una amenaza crítica (y cuyo ejército no despierto algunos republicanos exaltaban). Ahora esa potencia se ha visto humillada.

El inesperado éxito de la resistencia ucraniana a la agresión rusa también ha puesto sobre aviso a otros regímenes autocráticos que podrían haberse visto tentados a emprender guerras de conquista de que las democracias no son tan fáciles de invadir. No es por exagerar, pero los fracasos de Rusia en Ucrania seguramente han reducido las posibilidades de que China invada Taiwán.

Por último, lo que incluso los republicanos solían llamar el mundo libre se ha visto claramente reforzado. La OTAN ha estado a la altura de las circunstancias, confundiendo a los cínicos, y está sumando miembros. Las armas occidentales han demostrado su eficacia.

Estos son grandes beneficios para unos gastos que son una pequeña fracción de lo que gastamos en Irak Afganistán, y no olvidemos que los ucranianos están luchando y muriendo. ¿Por qué, entonces, los políticos de MAGA quieren aislar a Ucrania?

La respuesta es, por desgracia, obvia. Digan lo que digan los republicanos de línea dura, quieren que gane Putin. Consideran que la crueldad y la represión del régimen de Putin son características admirables que Estados Unidos debería emular. Apoyan a un aspirante a dictador en casa y simpatizan con dictadores reales en el extranjero.

Así que no prestes atención a todas esas quejas sobre cuánto estamos gastando en Ucrania. No están justificadas por el coste real de la ayuda, y a la gente que dice estar preocupada por el coste no le importa realmente el dinero. Lo que son, básicamente, es enemigos de la democracia, tanto en el extranjero como en casa.

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¿Put-in o Put-out?

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Las últimas semanas fueron claves para revelar el nuevo curso de la guerra en Ucrania. Un fuego cruzado que ya golpea las puertas de Moscú y deja al descubierto la duda: ¿Putin se está debilitando?

Una de cal y una de arena para Rusia. La buena noticia fue que hace algunas semanas nada más, el Jefe de la Compañía Wagner anunció la toma del 100% de Bajmut. Este enclave ucraniano es de suma importancia para las pretensiones bélicas rusas, entendiendo que es un punto estratégico para la movilidad y el rearme de tropas. Sin embargo, eso solo fue el ojo de la tormenta. De manera consecutiva, el grupo de mercenarios anunció su retiro de esa ciudad y el líder terminó propinando una serie de críticas ante el mal ensamble del ejército ruso. Acto seguido, casi como reprimenda, los ataques en Belgorod por un grupo de saboteadores llamados “Legión para la libertad de Rusia”, y un aluvión de drones de guerra que tuvieron como objetivo a Moscú. Este último hecho es sumamente fuerte, más allá de que no hubo fallecidos, fue un mensaje crudo al mundo.

Con el asedio a la capital rusa, la fragilidad del Kremlin quedó al descubierto. Moscú fue, justamente, el enclave que marcó el fin de grandes incursiones bélicas en la historia. Fue el lugar a donde ni Napoleón Bonaparte ni Adolf Hitler pudieron llegar. Lo simbólico de esto es directo, Ucrania con el apoyo económico y bélico de las potencias occidentales es capaz de propiciar un golpe de knockout al país de Putin. Asimismo, esto solamente reafirma la teoría de que esta guerra dejó de ser entre Ucrania y Rusia hace tiempo, para transformarse en un conflicto híbrido entre Occidente y Rusia.

Bajo este contexto se encuentra el mandamás ruso. Putin, quien siempre tuvo una mano de hierro para resolver conflictos y ganar guerras, hoy pareciera débil y aislado. El mandatario sabe que una dotación de misiles nucleares puede destruir a Ucrania por completo, pero nadie estaría de acuerdo con eso. Lo más probable es que esa acción sea el desencadenante de una guerra mundial. Ni siquiera China, máximo aliado del Kremlin, está de acuerdo con una guerra de semejante magnitud, ya que paralizaría la economía mundial. En este último punto es donde Xi Jinping está llevando adelante su propia guerra comercial con Estados Unidos, y con un proceso global creciente y tendiente a la desdolarización, Pekín no permitiría que Rusia de semejante golpe.

Por otro lado, el brutal ejército ejemplar de Rusia (heredero del poderío soviético) no parece ser lo que nos han contado. Sin embargo, el problema no es táctico, el problema es social. Los rusos no están encomendados a llevar adelante una guerra hasta las últimas consecuencias contra Ucrania, como si lo hicieron contra los Chechenos, por razones obvias. Chechenia y el islam fueron vendidos como los grandes enemigos de la construcción del Estado y la idiosincrasia rusa, ante ello, el motus propio fue defender una “patria” construida. Además de ello, los atentados en Rusia fueron motivo suficiente como para tener la decisión de combatirlos. Con Ucrania no pasa eso, al menos hasta ahora. Si Zelenski decide que puede atacar a Moscú y lo hace efectivamente, la capacidad máxima del motor bélico ruso si podría estallar, y si algo demostró la historia, es que cuando Rusia se toma las cosas en serio, las cumple.

Hay otra hipótesis interesante: la guerra de desgaste. Este punto es llamativo, porque involucra la idea de que Rusia está luchando a “media máquina” sin pretensiones inmediatas de ganar las batallas y ocupar un lugar, sino que extenderla lo máximo posible para debilitar al contrincante. Contra todo pronóstico, el rival no es Ucrania, por más disonante que parezca. En este apartado, el antagonista es Occidente, entendida por el resto de Europa y Estados Unidos. Pensarlo de esta manera nos lleva a reflexionar en cuanto se empobreció el viejo continente desde que arrancó la contienda bélica. Los europeos, dueños inasequibles del dedo acusador, se quedaron sin gas, con poco combustible y con una inflación galopante que preocupa a los especialistas. El europeo de a pie está cada día más empobrecido, a causa de una guerra que es financiada por sus propios líderes en Ucrania.

En Estados Unidos, la inflación es creciente, es una realidad. Pero el verdadero golpe que asestó Putin a la Casa Blanca es que demostró la incapacidad de prever una guerra, más allá de toda suspicacia. Por otra parte, hay algo que es cierto, y es que Estados Unidos está invirtiendo mucho dinero en esta conflagración. Léase “inversión”, comprendiendo que una victoria de Ucrania simbolizaría el principio del fin de Putin en Rusia y con ello, nuevos mercados y expansión hegemónica del Tío Sam. Además, EEUU podría posicionarse como el gran acreedor de la reconstrucción económica de Europa, e inclusive con un “Plan Marshall” para Ucrania. A los yankees no les fue mal cada vez que hicieron negocios con la guerra.
Putin parece no tener alternativa. Quizás con un régimen desgastado y sin un sucesor fuerte a la vista, todo indica que la guerra seguirá su curso hasta que puedan aparecer tres escenarios:
A) Rusia gana la guerra a como dé lugar y con ese resultado termina ocupando el este ucraniano;
B) El ejército ruso emprende su retirada y con ello la victoria ucraniana y el declive de Putin;
C) Un tratado de paz mundial pone fin al fuego cruzado y comienza una nueva era de cortina de hierro, teniendo a Ucrania y Bielorrusia como los enclaves defensores de dos modelos políticos.

Putin, el inquebrantable líder ruso, ex agente de la KGB, un hombre con una disciplina absoluta y uno de los pocos políticos criados en la Guerra Fría, parece despedirse poco a poco del escenario global. Pase lo que pase, las cartas están echadas. Una derrota lo fulmina y una victoria lo transforma en un mártir ruso. Sin embargo, todo indica que esta es la última gran jugada del mandatario, por su avanzada edad y por la magnitud que tomó esta guerra. El mundo tendrá que comenzar a acostumbrarse a una Rusia sin Putin y a una geopolítica donde no hay héroes ni villanos, solo intereses.

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Año I del inicio de la guerra: Así está el fútbol en Ucrania y Rusia

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Moscú (EFE).- No hay nada mejor para acallar las bombas que un partido de fútbol. Un año después la guerra en Ucrania sigue, pero el fútbol también. Con alarmas y refugios antiaéreos, pero la liga ucraniana se reanudará la próxima semana, como todos los años, tras el receso invernal. Hay pocos aficionados y muy poco dinero, pero el Shakhtar Donetsk mantiene bien alto el pabellón patrio.

Mientras, su vecino, el fútbol ruso, es desde febrero de 2022 un apestado a nivel internacional. Los más pesimistas creen que su ostracismo podría dejarle fuera incluso del Mundial de 2026, lo que armaría de munición a los que abogan por renunciar a Europa y jugar en Asia.

Rusia, un pozo sin fondo

El panorama del fútbol ruso es desolador. Sin apenas estrellas extranjeras, escasa afluencia de público a los estadios y presupuestos menguantes.

“La situación es muy difícil. No me creo que ya haya pasado un año. Nunca habíamos vivido algo igual. El nivel del fútbol en la liga rusa ha bajado mucho. Muchos extranjeros se marcharon”, comentó a EFE Alexandr Mostovói, uno de los mejores futbolistas rusos de los últimos 30 años que militó en Spartak Moscú y Celta de Vigo.

Además de que los clubes siguen excluidos de Europa, Mostovói recuerda que la selección nacional no ha podido jugar el Mundial de Catar y tampoco disputará la fase de clasificación de la Eurocopa de Alemania.

“El peligro está en que no podemos enfrentarnos a los mejores equipos y selecciones de Europa. En los últimos meses hemos jugado con equipos que están en el puesto 120 del ránking como Tayikistán o Uzbekistán y ni siquiera pasamos del empate a cero”, lamentó.

Para más inri, las autoridades han contribuido al caos al imponer a los aficionados la obligación de solicitar un pasaporte especial (el Fan ID) para acceder a los estadios. Dicha medida afectará a todos los equipos a partir de marzo. La reacción de los seguidores no se ha hecho esperar. Si varios clubes habían rechazado dicha iniciativa en 2022, ahora ya son quince de los dieciséis clubes los que han boicoteado dichos carnets.

El objetivo de dichos ID es reducir la presencia de grupos radicales, que han puesto en evidencia a Rusia en varias ocasiones por sus actos vandálicos, la última vez en la Eurocopa de Francia. No obstante, todas las asociaciones de aficionados de Rusia se han puesto de acuerdo a la hora de negarse al unísono a acudir al estadio. “El fútbol es para los aficionados, no para la policía” o “Los aficionados no somos delincuentes”, aseguran.

Varios opositores han denunciado que las autoridades han rechazado sus solicitudes Fan ID debido a sus críticas al Kremlin. Eso confirmaría las sospechas de la oposición de que la medida es una forma más de controlar a la población en medio de la campaña militar rusa en Ucrania. Sea como sea, la iniciativa ha reducido al mínimo la asistencia a los partidos de liga en Rusia, tendencia que la prensa local cree que se agravará a partir de la próxima semana.

El dilema asiático

La leyenda celtiña es pesimista. Mostovói cree que el ostracismo ruso podría prolongarse durante varios años. “¿Cinco años como los ingleses? Sí, me lo creo. Pero si te dicen diez años, pues también”, apuntó. “Lo que está pasando no es un país contra otro, sino un país (Rusia) contra todo el mundo”, insiste.

Ese temor a que el castigo se alargue en el tiempo es lo que precipitó la decisión de la Unión de Fútbol de Rusia (UFR) de buscar una alternativa en Asia. Con el argumento de que la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) había dado el visto bueno, estuvo a un tris de dar ese arriesgado paso a finales de diciembre pasado. El plan asiático de la UFR desató una auténtica guerra civil en el fútbol ruso entre los que estaban a favor y en contra. A grandes rasgos, los directivos estaban a favor, los futbolistas ni sabían ni contestaban, y las leyendas y la prensa se oponían.

Finalmente, imperó el sentido común. La idea no ha sido descartada totalmente, pero se han abierto varios meses de consultas con la UEFA y la FIFA para que Rusia sepa a qué atenerse. “Yo estaba en contra. Hay que aguantar un poco. Si te vas a Asia, no te dejarán volver a Europa”, señaló Mostovói.

Ucrania aguanta la tormenta perfecta

El Gobierno ucraniano entendió muy bien que el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes. Dio el visto bueno al inicio del campeonato en agosto. Pese a los masivos bombardeos aéreos rusos, los 16 equipos ucranianos disputaron 15 de las 30 jornadas de liga hasta la pausa invernal de diciembre.

Las alarmas aéreas tuvieron en vilo a jugadores, técnicos y aficionados, pero el deporte superó al miedo. A día de hoy, el Dnipró-1 encabeza la clasificación con 35 puntos, el todopoderoso Shakhtar es segundo con 30, los mismos que el histórico Dinamo Kiev.

El Dnipró-1 jugó sus partidos en los Cárpatos, uno de los lugares más seguros de Ucrania; el Shakhtar en Lviv, cerca de Polonia; el Dinamo y el Zorya de Lugansk lo hacen en el legendario estadio Lobanovski de la capital. La excepción es el histórico Chernomorets, que juega sus partidos en la misma Odesa, ciudad bañada por el mar Negro y también objeto cada cierto tiempo de los ataques enemigos.

Mientras Rusia no ve la luz al final del túnel, la selección ucraniana, que estuvo a punto de disputar el Mundial de Catar, iniciará el 26 de marzo la fase de clasificación para la Eurocopa. Viajará al mítico Wembley para enfrentarse a Inglaterra.

Mudryk, un milagro de venta

Los combates ahuyentaron a las principales estrellas extranjeras del campeonato. El Shakhtar, un sambódromo afinado desde hace años por una docena de brasileños, fue el más afectado por ese éxodo. Por suerte, Ucrania siempre ha sido cantera de grandes futbolistas, desde Blokhin a Shevchenko.

La última aparición fulgurante fue la de Mykhailo Mudryk. Su extraordinaria actuación en la fase de grupos de la Liga de Campeones, lo que incluyó dos partidos ante el Real Madrid, le pusieron en el escaparate. Un Chelsea metido en problemas no dudó en hacerse con sus servicios previo pago de 100 millones de euros.

Fue un negocio redondo para su dueño, Rinat Akhmétov, el hombre más rico de Ucrania al que las autoridades prorrusas han expropiado gran parte de sus activos en Donetsk. Con todo, Akhmétov decidió dedicar 1.000 millones de grivnas (unos 25 millones de euros) para ayudar a los combatientes y sus familias. El dinero se dedicará al tratamiento médico, la ayuda psicológica y la obtención de prótesis para los heridos en combate.

Akhmétov reconoció que su sueño es ganar trofeos en Europa con el Shakhtar, pero admitió que esto es imposible ahora, ya que “en Ucrania tiene lugar una guerra mezquina e injusta contra nosotros por parte de la Federación Rusa”. “Estoy convencido de que ganaremos la guerra. Jugaremos un partido amistoso con el Chelsea en el Donbás Arena en la ucraniana Donetsk. Debemos hacer todo lo posible para acercar ese día”, apuntó.

Mudryk apareció envuelto en una bandera ucraniana en su presentación con el Chelsea, club que perteneció hasta el pasado año al oligarca ruso Román Abramóvich.

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Datos a un año de la guerra entre Rusia y Ucrania

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5,9 millones de personas se han desplazado dentro del país desde el inicio del conflicto, otros 7,9 millones que han huido de Ucrania.

Imágenes de la guerra. Fotografía:RTVE

El alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Turk, expresó “esta guerra sin sentido ha repercutido en todo el mundo”, frase que enmarca su opinión sobre los costos humanos que ha dejado la invasión de Rusia a Ucrania, que además puede utilizarse en todos los contextos en los que ha impactado la guerra.

Turk compartió que, desde el 24 de febrero de 2022 hasta la fecha, hay cifras que hacen “más difícil encontrar un camino hacia la paz”. Desde el inicio de la guerra 8006 civiles murieron, otros 13287 civiles ucranianos resultaron heridos. Además, en el balance se cuentan 487 niños muertos y 954 heridos. La oficina de la ONU señaló que las armas explosivas de largo alcance, que los misiles balísticos y los ataques aéreos causaron cerca del 90,3% de las bajas civiles totales.

Datos proporcionados por Bloomberg Economics

Pero el coste humano de la guerra también impactó a casi 18 millones de personas que reclaman ayuda humanitaria, otros 14 millones que fueron desplazadas de sus hogares. La escuela de Economía de Kiev (KSE) estimó que la destrucción de infraestructura física del país llegó a los U$S137800 millones en diciembre de 2022.

Entre tanto el ministerio de Defensa del Reino Unido estimó que hay entre 175000 y 200000 soldados rusos muertos o heridos desde el comienzo de la invasión, con un número cercano a los fallecidos de 60000.

Las afecciones económicas de la guerra

La economía de Rusia se contrajo tan solo un 2,1% en 2022, un dato menor al 3,0% esperado por los analistas en los resultados de la Federación Rusa. La inflación del país fue de 13,8% y su déficit presupuestal fue de 2,0% el año anterior.

Bloomberg Economics

Aunque el gobierno ruso ha evitado un colapso de su economía, pese a las sanciones internacionales y a los topes de precios impuestos al crudo, Bloomberg Economics  calculó que la economía rusa perderá U$S190000 millones del PIB hacia el 2026.

Con este contexto el Fondo Monetario Internacional, en enero 2023 señaló que la guerra entre Rusia y Ucrania seguirá siendo un factor que frenará la economía de este año, como lo hizo en 2022.

Bloomberg Economics

La guerra junto con las altas tasas de interés para combatir la inflación, que en parte también produjo el conflicto, hará que el “crecimiento mundial registre un descenso  estimado del 3,4% en 2022 a 2,9% en 2023”, mientras que los niveles de inflación pasarían de “8,8% en 2022 a 6,6% en 2023”, de acuerdo con el informe de actualización de Perspectivas Económicas Mundiales.

El impacto en las cadenas de suministro y el comercio mundial

“El conflicto de Ucrania ha sustituido a la pandemia como principal factor de presión sobre el comercio internacional: por primera vez en 25 años, el comercio mundial crecerá en la próxima década a un ritmo inferior al del PIB global y se producirán cambiaos en los patrones comerciales tradicionales”, expresó Boston Consulting Group, en su informe publicado recientemente sobre la pandemia y la guerra.

La firma de consultoría prevé que el comercio mundial crezca a una tasa de solo el 2,3% anual hasta 2031, menos del 2,5% anual previsto antes de la guerra.

Junto a esto se destacan cambios en las relaciones comerciales internacionales, con la alteración del comercio entre la Unión Europea y Rusia, en los próximo nueve años la UE aumentaría su comercio con EEUU en U$S359 millones, impulsado por el aumento de las exportaciones energéticas de EEUU a Europa.

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Putin anuncia que Rusia suspende su participación en el último tratado de desarme nuclear con Estados Unidos

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El presidente ruso, Vladimir Putin, suspendió hoy la participación de su país en el único acuerdo bilateral de desarme nuclear que existe con Estados Unidos y acusó a las potencias occidentales de planar convertir el conflicto en Ucrania en un escenario de “confrontación global”, al brindar su discurso anual ante las dos Cámaras del Parlamento tres días antes del primer aniversario de la invasión.

“Rusia suspende su participación en el Tratado sobre la Reducción de Armas Estratégicas (conocido como New Start)”, dijo Putin en su mensaje a la Asamblea Federal y calificó de “un teatro de absurdo” los llamamientos de la OTAN a que su país “vuelva a cumplir” con el tratado y permita que los expertos occidentales inspeccionen las instalaciones militares y nucleares rusas en la actual situación de confrontación.

Firmado en 2010, este tratado es el último acuerdo bilateral de este tipo que vincula a ambas potencias.

Rusia ya había anunciado a principios de agosto la suspensión de las inspecciones estadounidenses previstas en sus instalaciones militares en el marco del acuerdo, asegurando actuar en respuesta a los obstáculos estadounidenses a las inspecciones rusas en Estados Unidos.

“Quieren infligirnos una derrota estratégica y atacan nuestras instalaciones nucleares, por lo que me veo obligado a anunciar que Rusia suspende su participación en el Tratado (New) Start”, declaró el presidente ruso.

Putin pidió a las autoridades rusas que se mantuvieran “listas para los ensayos de armas nucleares” si Washington los realizaba primero. “Nadie debe alimentarse de ilusiones, la paridad estratégica podría verse alterada”, recalcó.

Putin sugirió que la OTAN se uniera al New Start para lograr un tratado justo, porque dentro de la alianza militar “Estados Unidos no es la única potencia nuclear”. “Francia y Gran Bretaña también tienen arsenales nucleares, los están perfeccionando, modernizando y apuntando contra nosotros”, subrayó, en declaraciones que reprodujo la agencia de noticias AFP.

Como primera reacción al anuncio, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, tildó hoy de “muy decepcionante e irresponsable” la decisión rusa de suspender el tratado de desarme nuclear New Start e insistió en que su país seguía “dispuesto” a hablar del tema.

“Lamento la decisión anunciada por Rusia”, dijo en sintonía el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Jens Stoltenberg.

“Más armas nucleares y menos control de armas hacen que el mundo sea más peligroso. Es la razón por la cual hemos trabajado tan duro para involucrar a Rusia en temas relacionados con el control de armas”, añadió.

En su discurso, Putin también acusó a los países occidentales de utilizar el conflicto en Ucrania para “acabar” con Rusia y los responsabilizó de planear convertirlo “en una fase de confrontación global”.

“Las élites occidentales no esconden sus objetivos de derrotar estratégicamente a Rusia que significa acabar con nosotros una vez y para siempre, planean transformar el conflicto local en una fase de confrontación global”, dijo, según las declaraciones reproducidas por la agencia de noticias Sputnik.

En ese marco, el líder del Kremlin manifestó que su país hizo todo lo posible para solucionar el conflicto “por la vía pacífica” antes de lanzar la ofensiva el 24 de febrero del año pasado.

“Hicimos todo lo posible para resolver este problema por la vía pacífica. Mantuvimos pacientemente negociaciones para una solución pacífica a este grave conflicto. Pero a nuestras espaldas preparaban otro escenario”, dijo en su mensaje en el centro de convenciones Gostini Dvor, en Moscú.

“No estamos en conflicto con el pueblo de Ucrania. Lo reitero. El propio pueblo ucraniano se convirtió en un rehén del régimen de Kiev y sus amos occidentales, que de hecho ocuparon este país en un sentido político, militar y económico”, dijo el mandatario.

El presidente ruso señaló que Estados Unidos y la OTAN “prepararon al régimen de Kiev bajo su dominio, a una Ucrania esclavizada por ellos para una gran guerra, y hoy lo admiten. Lo admiten públicamente, abiertamente, sin vergüenza”, aseveró.

Asimismo, aseguró que “EEUU y la OTAN desplegaron rápidamente sus bases militares, laboratorios biológicos secretos cerca de las fronteras” de Rusia, y durante las maniobras estudiaron el futuro teatro de operaciones militares.

Un alto funcionario estadounidense calificó hoy de “absurdas” todas las acusaciones de Putin.

“Nadie está atacando a Rusia. Es absurdo pensar que Rusia se encuentra bajo algún tipo de amenaza militar por parte de Ucrania o de cualquier otro país”, declaró el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, citado por la agencia de noticias AFP.

En su discurso, el presidente ruso también afirmó que seguía decidido, un año después del inicio de la ofensiva en Ucrania, a continuarla.

“Vamos a resolver paso a paso, cuidadosa y sistemáticamente, los objetivos que tenemos ante nosotros”, manifestó.

Ante la élite política del país y los militares que lucharon en Ucrania, agradeció también “a todo el pueblo ruso por su valentía y su determinación”.

Refiriéndose a las sanciones internacionales que afectan a Rusia, Putin estimó que los occidentales “no han llegado a nada y no llegarán a nada”, pues la economía rusa resistió mejor que lo que habían previsto los expertos.

“Hemos garantizado la estabilidad de la situación económica, protegido a los ciudadanos”, señaló Putin, estimando que Occidente no logró “desestabilizar” a la sociedad rusa.

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