Ucrania

Nuevos vínculos comerciales con Ucrania en el sector maderero

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Por Mercedes Omeñuka, presidenta de la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA). La reciente visita de una delegación gubernamental ucraniana a la Argentina marca un hito significativo en las relaciones comerciales entre ambos países. Encabezada por la Primera Viceprimera ministra y ministra de Economía de Ucrania, Yuliia Svyrydenko, y el ministro de Industrias Estratégicas de Ucrania, Oleksandr Kamyshin, esta misión tuvo como objetivo explorar nuevas oportunidades de cooperación económica y comercial. En este contexto, resulta crucial reflexionar sobre la importancia de fortalecer los vínculos comerciales, particularmente en el sector maderero, con Ucrania.

La reunión organizada por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios y la Embajada de Ucrania en la Argentina, a la que tuve el honor de asistir, dejó en claro la necesidad urgente del país europeo de contar con madera y otros productos de nuestra cadena industrial. Esta demanda abre una ventana de oportunidad para la industria maderera argentina, que puede posicionarse como un socio estratégico en el abastecimiento de recursos esenciales para la reconstrucción y desarrollo de Ucrania.

El sector maderero argentino tiene una larga tradición de calidad y sostenibilidad. Nuestra industria no solo es capaz de satisfacer la demanda interna, sino que también tiene el potencial de expandirse significativamente en mercados internacionales. La colaboración con Ucrania podría impulsarnos a desarrollar aún más nuestras capacidades productivas, mejorar la tecnología y optimizar los procesos de manufactura, lo que beneficiaría a toda la cadena de valor de la madera en Argentina.

Además, es importante destacar que las provincias de Misiones y Corrientes, una región con una significativa población de descendientes de ucranianos, tiene un papel fundamental en esta ecuación. Esta región no solo es un centro clave de la producción maderera, sino también de otros productos agrícolas como el té y la yerba mate. La integración comercial con Ucrania podría fomentar un intercambio económico equilibrado y sostenible, aprovechando las fortalezas de ambas naciones.

Durante la mesa de diálogo, se discutieron múltiples aspectos de cooperación que van más allá del intercambio de bienes. La intención es establecer proyectos de inversión conjunta, fomentar el intercambio de tecnología y conocimientos, y desarrollar proyectos que impulsen el crecimiento económico bilateral. La creación de la Comisión Intergubernamental Mixta Ucraniano-Argentina sobre Comercio y Cooperación Económica es un paso concreto en esta dirección, y su reunión prevista para octubre en Buenos Aires promete abrir nuevas vías de colaboración.

Es imperativo también considerar el contexto global. En un mundo cada vez más interconectado, la solidaridad y la cooperación internacional son fundamentales para enfrentar desafíos comunes. La reconstrucción de Ucrania, devastada por la guerra, es una tarea monumental que requiere el apoyo y la colaboración de la comunidad internacional. Argentina, a través de su sector maderero y otros productos industriales, puede desempeñar un rol crucial en este proceso.

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La tensa estabilidad libertaria: la imagen de Milei está blindada, pero hay fuerte rechazo a sus banderas

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El Presidente Javier Milei tiene un 47% de imagen positiva. Una suba bastante sólida desde el estudio de marzo de la consultora Zuban Córdoba. Los principales indicadores de la gestión no han sufrido grandes cambios. El Gobierno logró consolidarse en un margen de positividad del 45-50% que, aunque es menor que el de otras gestiones para esta misma altura (en marzo del 2020, Alberto Fernández rozaba los 60% de aprobación) es lo suficientemente sólido como para concluir que Javier Milei sigue contando con un saludable acompañamiento

social.

Continuando con el paralelo con gestiones anteriores, para los 100 primeros días de gestión todos los gobiernos suelen tener ya distintas acciones o iniciativas que cuentan con un buen nivel de apoyo social. Mauricio Macri era valorado en abril del 2016 por la salida del cepo. Alberto Fernández tenía a su favor el incipiente manejo de la pandemia que acababa de estallar. No parece ocurrir lo mismo con el gobierno actual.

Se preguntó en este estudio por el manejo de la epidemia de  dengue. Un 60% cree que el mismo fue inadecuado y un 65% cree que el gobierno debería comprar vacunas y repelentes de forma masiva. Idea que, por supuesto, va en contra del marco ideológico del gobierno.

Otras medidas que se encuentran en estudio o ya fueron anunciadas tampoco logran cosechar adhesión. La inmensa mayoría está en contra de reinstalar el impuesto a las ganancias o de enviar tropas argentinas a Ucrania.

El mismo dato probablemente vale para cualquier tipo de intervención en el conflicto de medio oriente, al margen de cualquier necesario repudio a las agresiones entre Estados.

La posible baja de la edad de imputabilidad y el despido de 15.000 empleados estatales son las únicas que logran perforar el piso del 40%. Aunque en el caso de la segunda, sigue cosechando un rechazo mayor al 50%.

La educación pública es probablemente la categoría en la que más problemas puede tener el gobierno en términos de opinión pública. Un abrumador y mayoritario 86% coincide con la idea de que se trata de un derecho que debe ser defendido

Los gobiernos también deben ser juzgados por su capacidad de reaccionar y cambiar de dirección cuando es necesario. ¿Reconsiderará el gobierno su postura con la educación pública si las manifestaciones de este mes se vuelven masivas y el tema toma la agenda por asalto?

La economía aparece como la gran protagonista en la valoración del gobierno. La gestión de Javier Milei será juzgada por ese aspecto. Dados a elegir entre bajar la inflación o aumentar los salarios, los argentinos quedan divididos a la mitad. Es un dato que desnuda uno de los grandes dilemas que el gobierno deberá resolver en el corto plazo: la tensión entre la baja de la inflación y la puja salarial.

Dilema al que hay que agregarle un condimento extra. La mayor baja de la imagen positiva del gobierno se dio en diciembre luego de la devaluación y el fogonazo inflacionario. En tan solo días el oficialismo pasó de un robusto 54% a un 42%. ¿Qué va a pasar con ese mismo indicador si en las próximas semanas la suba de tarifas genera un nuevo shock en el aumento de precios?

Ese es el problema de los consensos precarios. Pueden ser alterados por el más mínimo cambio de humor.

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Todos contra Putin, ¿podrán?

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Tan solo siete días bastaron para que el tablero geopolítico de Europa sea pateado con total fiereza. Ataques ucranianos, amenazas nucleares y entrevistas controversiales, nos vuelven a dejar al filo del peligro de una guerra mundial.

El bastonazo lo largó Ucrania. El ejército de Zelenski comenzó hace varios días ya, una serie de ataques estratégicos sobre el mapa ruso. Más de 10 regiones se vieron afectadas en el marco de una lluvia de drones de combate. Lo más significativo del asunto, es que estos ataques tienen un enfoque estratégico, muy lejos de una simple guerra de choque. Ucrania está atacando las fibras sensibles de la energía rusa. Centrales eléctricas y refinerías de petróleo son las principales entidades que han sido centro de hostilidades con banderas ucranianas. Las mismas, a las claras, proliferaron en el espacio aéreo ruso, lo cual es preocupante para el Kremlin.

Detrás de las peripecias bélicas ucranianas, está Estados Unidos. El país de Biden se ha mega endeudado para poder respaldar a Ucrania y que esta contienda no sea una nueva estrella en la chaqueta de comandante de Vladimir Putin. Esto es algo que fue denunciado por el propio ejército ruso al dar con el origen de los drones que utilizan, como así también el resto de los armamentos, en esta intromisión en Rusia.

La OTAN juega su rol, y hay que separarla de los propios intereses de Estados Unidos, más allá de que el país sea, básicamente, el gerente de la alianza militar. Antes de esta contraofensiva sorpresiva de Ucrania, OTAN anunció oficialmente el ingreso de Suecia a la misma, logrando con esto, el cerco nórdico del grupo bélico. No es casualidad que los ataques en Rusia tengan lugar después de ese acontecimiento. Además, la Alianza Atlántica, comenzó una movilización importante en los países europeos que rodean a Rusia, a modo de retaguardia sobre cualquier represalia evidentemente fuerte que tome Putin. 

Otro factor para ver este intento de desestabilización hacia el poder concentrado del Kremlin, se ve por las fuerzas internas que están cooperando con Ucrania. Se trata de la Legión de la Libertad para Rusia. Estos opositores son un hueso duro de roer. No se trata de simples manifestantes urbanos de clase media con sendas aptitudes para hacer pancartas, se trata de patrullas callejeras con formación semi – profesional en el campo de batalla. Muchas veces cuentan con militares de profesión y con ayuda de armamentos que provienen de afuera. Ellos han sido los responsables de poder allanar el camino por la zona sur de Rusia. 

El ideario ucraniano es, aparentemente, claro. Buscan llegar a Moscú. Si me preguntan a mi, es bastante utópico y arriesgado. Hitler y Napoleón lo intentaron en el pasado y no solo fracasaron, sino que fueron contiendas que marcaron el comienzo del fin de sus regímenes. Es cierto, los tiempos son otros, pero la idiosincrasia es la misma. Rusia siempre que esté unida, será una potencia inclaudicable. Ya sea de la mano de Iván El Terrible, Catalina La Grande, Lenin, Stalin o Putin, el gigante ruso es el gran contrapeso europeo. En ese sentido, un asedio a Moscú sería de mil maneras complicado, ya que gran parte del poder estratégico se concentra ahí. De igual manera, Rusia es una mega potencia nuclear, y detrás de ellos están sus siempre temerarios amigos o colegas, China, Corea del Norte, Irán, e India, entre otros. ¿Estados Unidos es capaz de librar una guerra mundial con Ucrania como chivo expiatorio? La respuesta los asombraría. 

Además de ello, Macron tuvo la (in)sensatez de anunciar, otra vez, su intención de enviar tropas francesas a combatir a Rusia, dando un respaldo unánime a Ucrania y con un mensaje concreto: “Si Rusia gana la guerra, ya no tendremos seguridad en Europa”.

Saliendo por un momento de Europa, el curso de una posible guerra expansiva con Rusia dependerá de la elección presidencial estadounidense. Este año deberán decidir entre la continuidad de Biden o el regreso de Trump, reversionando los últimos comicios presidenciales en el gran país del norte. La política de Biden fue un fracaso absoluto. Su intromisión en Ucrania, la inacción en Gaza, la omisión de los levantamientos africanos y el estallido talibán en Afganistán, son uno de los tantos conflictos que le juegan en contra al actual presidente. Sumado a que están muy entretenidos, en el Congreso de Estados Unidos, con la idea de prohibir TikTok, tras ser acusado de aplicación que sirve para el espionaje chino, como si no tuvieron algo más importante de lo cual ocuparse. Y del otro lado, un Donald Trump acorralado por denuncias variopintas, pero con la promesa de terminar con la guerra en Ucrania como primera gran medida en materia de política exterior. Nuevamente, el simple voto de un ciudadano estadounidense puede decidir parte del curso de la humanidad.

Hasta aquí, todo parece ser el caldo de cultivo ideal para un proceso de desestabilización de Putin: la OTAN robustecida, Ucrania en faceta ofensiva, la muerte de Alexéi Navalny (opositor al régimen de Putin) y una política interna rusa que se decide en las urnas. Sinceramente, son todos los tópicos necesarios para poder declinar interna y externamente a un gobierno, pero la gran pregunta es, ¿pueden?

Del otro lado está Putin, un viejo zorro de la real politik, un hombre de hierro formado como agente de la KGB en la Unión Soviética y con varias guerras ganadas en su haber. No se trata de un comandante improvisado ni mucho menos. Si la respuesta debe ser rápida es “no”. No podrán tumbar tan rápidamente a Putin, aunque si desgastar aún más a su gobierno, quien a fuerza de represión interna mantiene gran parte de la cohesión social. 

La historia rusa indica que los fines de las grandes épocas estuvieron marcadas por el fin de sus líderes. Sus muertes determinaron una caída indefendible en el escenario internacional, sea en la época que sea. El personalismo es la forma de gobernar en ese país, aparentemente, y hasta que Putin no se vaya de este plano físico, el poder seguirá estando allí. Esto no quita que una renuncia o una salida del gobierno por problemas de salud no pueda darse, pero de seguir la lógica, el zar del Siglo XXI, seguirá dominando Rusia y siendo la gran cara visible de la multipolaridad.

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El mundo según Milei

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Argentina dio un vuelco ideológico, y con él, también un giro en las relaciones exteriores. ¿Qué le depara al país con la conducción nueva? La región, Estados Unidos, China, la Unión Europea, Rusia, Medio Oriente y hasta África, esperan por el nuevo orden de la Casa Rosada.

El actual mandatario, un anarco-capitalista que se denomina como “libertario” y es producto moldeado en la parafernalia tiktokera y mediática, se mostró desde siempre como un defensor a ultranza del capitalismo y su significante vacío de la “libertad”. Asimismo, el comunismo y el socialismo parecen ser las némesis de “Javo”. Desde el vamos, Mr. Milei aclaró que nunca haría tratos con países de izquierda y que se alinearía desde el primer minuto con el orden hegemónico occidental. 

Claro está, que Milei decía esto cuando era un exótico panelista de televisión y hasta, inclusive, en su rol como candidato presidencial, pero la cosa cambió. Hoy está sentado en el sillón de Rivadavia y el mundo espera por cuestiones específicas. Sin ir más lejos, la región. Paraguay y Uruguay, por connivencia ideológica se ven muy esperanzados por hacer negocios con la nueva Argentina de Milei, pero la gran incógnita es Brasil. Milei se cansó de denostar al vecino país bajo la conducción de Lula, pero es el principal socio comercial de nuestro país. Cortar relaciones con Brasilia es solamente un decir demagógico, ya que separar este matrimonio geopolítico sería una catástrofe para nuestra golpeada economía, además de que como provincia compartimos la mitad de la frontera con Brasil. 

Más arriba, la alineación con Estados Unidos y el eje Occidental. Milei fue muy claro y habló de una cercanía casi carnal con Washington y Tel Aviv, a tal punto de que quiere mudar la embajada argentina a Jerusalén, un hecho que, más allá de los simbólico, es una posición totalmente gravitante en cuanto a relaciones internacionales. El posicionamiento pro Estados Unidos, también tiene como ingrediente al FMI. La gran deuda nacional, tomada en los años de Macri, es hoy un dilema que el gobierno de Alberto Fernández no supo resolver, y con lo que Massa no logró conciliar. Ahora es Milei y su “cintura política”, aunque todo indica que el ajuste no es un problema para el gobierno del libertario electo. 

En ese mismo eje Occidental, es obvio que el apoyo explícito del oficialismo a Israel y sobre todo en este conflicto bélico en ciernes. En el mismo apartado, ingresa Ucrania, país beligerante que también recibió el espaldarazo público de Milei, a tal punto de que Zelenski dejó su tierra natal, que se encuentra en guerra, para venir a su asunción. Es sabido que, posiblemente, Argentina no tenga nada que darle ni a Israel ni a Ucrania. De hecho, el primero de ellos no necesita nada. Pero esta posición es un claro mensaje al Nuevo Orden Mundial del posicionamiento presidencial, en donde busca ser un débil escudero de los intereses de Estados Unidos. A esta altura, el argumento de “defender la democracia” ya no vale ni en las redes sociales. Todo esto, va más allá de que los civiles israelíes y ucranianos padezcan severamente estos conflictos, y cae de maduro que Rusia y los enclaves palestinos no son del agrado del mandatario nacional. 

La Unión Europea está en veremos. Hace tiempo que se está estirando el famoso acuerdo entre Bruselas y el Mercosur, y, aparentemente, hay un tema en agenda que podría ser un escollo para Milei, y que a mandatarios como Macron le preocupa: el ambientalismo y el cambio climático. 

El presidente argentino es un negacionista confeso de este último concepto. Es obvio que, al vivir en un multilateralismo latente, hay que comerciar con todos, aunque lo climático es algo de relevancia para los europeos. Otra vez, la cintura política de Milei será clave. 

China… ¡qué tema para Javo! El actual mandatario argentino había tenido declaraciones muy duras contra el gobierno de Xi Jinping. Sin embargo, todo cambió a horas de asumir. Milei terminó acercándose al gobierno chino por cuestiones económicas. China es la segunda economía más grande del mundo, lo que significa un cúmulo vital de inversiones, sobre todo para un proceso de desregulación económica que plantea su gobierno, al menos a priori. Asimismo, el swap con China es clave para la recuperación de la pálida economía argentina. Pelearse con Xi Jinping no es, ni por asomo, una opción. ¿Comunismo afuera? Claro que no. 

Hasta África espera por el giro diplomático de Milei, ya que el sur global hoy en día cambió y ese continente comenzó a tener mayor relevancia en el entramado internacional. Hablando de alianzas estratégicas, ¿qué pasa con el BRICS? Milei y su gente fue tajante con el no ingreso al bloque de economías emergentes, sin embargo, habrá que esperar hasta el 1 de enero para saber si la postergación es una realidad o no. Si no ingresa, Argentina queda mal parada en términos diplomáticos, ya que estas alianzas son transversales a los gobiernos y también a las tendencias ideológicas. Lo importante es hacer negocios. En contraste a esto, Mr. Javo plantea el ingreso a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Se trata de un bloque de 38 países de prosperidad económica bajo el ala y la tutela de Estados Unidos. El club de los países ricos, como denominan a la OCDE, garantiza una transformación económica en 25 años como promedio, aunque su ingreso es muy complejo. Además de exponer garantías económicas, institucionales y de bienestar social, hay que pagar 200 mil euros al año por la membresía. El proceso de ingreso dura aproximadamente 6 años y es un viejo anhelo de Macri.

Equidistante a la visión internacional del gobierno de Alberto Fernández y lo que había cosechado Cristina Fernández y Néstor Kirchner, el gobierno de Milei, en cuanto a política exterior, parece encaminarse a un tutelaje total bajo Estados Unidos. ¿Está mal? No, en absoluto. Lo que sería imprudente es mantener relaciones carnales con ese país. Esta receta está demostrada que no funciona para los menos poderosos. Y, por otro lado, Milei es uno de los mandatarios que más interesado se encuentra por la política internacional, al menos en los últimos tiempos. El tablero geopolítico parece ser clave para Javo y su “ajustado” gabinete, aunque siempre va a cargar con la piedra de Malvinas por su nefasta admiración a Margaret Thatcher, la criminal de guerra británica. 

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El G7 pide “pausas” en los ataques de Israel en Gaza y reafirma su apoyo a Ucrania

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Los cancilleres del G7 expresaron hoy su apoyo a pausas y corredores humanitarios en la ofensiva de Israel contra Hamas en la palestina Franja de Gaza, pero sin pedir un alto el fuego, al tiempo que ratificaron su apoyo a Ucrania en la guerra con Rusia.

Los ministros del Grupo de los Siete (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) también instaron a China, tras una reunión de dos días en Japón, a a no respaldar a Rusia en la invasión de Ucrania.

“Apoyamos que haya pausas y corredores humanitarios para facilitar ayuda urgente, el movimiento de civiles y la liberación de los rehenes” capturados por el movimiento islamista palestino Hamas, dijeron los ministros en un comunicado conjunto.

Además, destacaron el “derecho de Israel a defenderse a sí mismo y a su pueblo, cumpliendo con la legislación internacional, para evitar que se repitan” ataques como el cometido por Hamas el 7 de octubre en suelo israelí.

“Instamos a Irán a abstenerse de apoyar a Hamas y de llevar a cabo más acciones desestabilizadoras en Medio Oriente, incluyendo el apoyo al Hezbollah libanés y a otros actores no estatales, y a utilizar su influencia en esos grupos para que las tensiones regionales se reduzcan”, agregaron los ministros en una declaración.

El Ejército israelí bombardea sin descanso la Franja de Gaza desde el 7 de octubre, cuando milicianos de Hamas lanzaron un ataque contra su territorio que dejó más de 1.400 muertos, la mayoría civiles.

El Ministerio de Salud en Gaza, un territorio gobernado por Hamas, aseguró que el balance en el enclave palestino supera las 10.300 muertes, entre ellos miles de niños.

La Franja está sometida a un asedio israelí, que cortó los suministros de agua, alimentos y carburante. La ayuda humanitaria en el enclave entra a cuentagotas.

Ayer, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, advirtió que no se reanudará el suministro de combustible a Gaza y que no habrá ningún alto el fuego hasta que los más de 240 rehenes retenidos por Hamas, entre ellos 21 de nacionalidad argetina, no sean liberados.

También afirmó que Israel asumirá “la responsabilidad general de la seguridad” en Gaza después de la guerra y que, hasta entonces, podría permitir eventuales “pausas tácticas” para liberar a los cautivos y facilitar la llegada de ayuda al territorio.

El secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, llamó hoy a Israel a no ocupar el enclave palestino, del que los israelíes se retiraron unilateralmente en 2005 tras colonizarlo casi cuatro décadas.

En declaraciones a la prensa tras la reunión, Blinken dijo que no debería producirse “ninguna reocupación de Gaza después del conflicto”.

Sobre la guerra en Ucrania, el G7 reiteró en el comunicado su “compromiso firme en que su apoyo a Ucrania en su lucha por su independencia, soberanía e integridad territorial nunca decaerá”.

“Además, instamos a China a no ayudar a Rusia en su guerra contra Ucrania, a presionar a Rusia para que pare su agresión militar y a apoyar una paz justa y duradera en Ucrania”, señalaron los cancilleres.

Asimismo, aplaudieron “la participación de China en el proceso de paz liderado por Ucrania”.

El ministro de Relaciones Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, intervino en la reunión del G7 por videoconferencia.

Previamente, el canciller japonés, Yoko Kamikawa, había apuntado que “incluso si las tensiones aumentan en Medio Oriente Medio, es importante para el G7 estar unido en enviar un claro mensaje a la comunidad internacional de que nuestro compromiso firme en apoyar Ucrania nunca vacilará”.

En el vigésimo mes de guerra y con la contraofensiva de Kiev intentando ganar terreno, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, se ha reunido regularmente con líderes occidentales para intentar disipar el cansancio alrededor del conflicto.

La ministra de Relaciones Exteriores alemana, Annalena Baerbock, había anticipado que los países del G7 estaban trabajando para ayudar a Ucrania ante un segundo invierno en el que prevén nuevos ataques rusos contra las instalaciones energéticas.

“Si nuestro respaldo a Ucrania decae ahora, [Rusia] lo explotará sin piedad, con consecuencias terribles para los ucranianos y los europeos. Otros actores en distintas partes del mundo sacarían también malas conclusiones”, dijo Baerbock.

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