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La UIA advierte caída en producción y ventas en más del 50% de las fábricas

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La Unión Industrial Argentina (UIA) difundió este miércoles un dato que agrega presión al frente económico del Gobierno: el 53,3% de las empresas redujo su producción y el 54,7% registró caídas en ventas internas durante enero de 2026. El Monitor de Desempeño Industrial (MDI) se ubicó en 36,5 puntos, con una baja de 7,5 puntos respecto del relevamiento anterior y 5,6 puntos menos que en enero del año pasado.

La publicación llega días después del duro cruce entre la central fabril y el presidente Javier Milei tras la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. En ese contexto, el informe no es solo estadístico: funciona como respuesta institucional y señal política en medio de una discusión abierta sobre competitividad, apertura comercial y costos locales. ¿Se trata de un diagnóstico técnico o de una advertencia en plena disputa por el rumbo industrial?

Producción en retroceso y mercado interno debilitado

El relevamiento muestra un deterioro generalizado. Más de la mitad de las firmas consultadas reportó una caída en su nivel de producción frente al promedio del cuarto trimestre de 2025. En ventas internas, apenas el 13,3% registró aumentos, uno de los valores más bajos de la serie histórica.

En exportaciones, el 30% de las empresas informó descensos y el 14,3% incrementos, sin cambios significativos frente a encuestas anteriores. El dato revela que la debilidad no se limita al mercado doméstico, aunque la demanda interna sigue siendo el principal factor de contracción.

El estudio también expone tensiones financieras. El 45,6% de las compañías tuvo dificultades para cumplir con al menos uno de sus compromisos: salarios, proveedores, servicios públicos, impuestos o deudas financieras. Dentro de ese grupo, el 5,4% acumuló atrasos en todos los rubros. Las consecuencias fueron directas: el 39,8% afrontó mayores costos financieros e intereses y el 38,1% recurrió a financiamiento de corto plazo.

Empleo, PyMEs y presión importadora

El impacto en el empleo industrial aparece como moderado pero persistente. El 22,2% de las empresas redujo su plantel. Entre ellas, el 50% aplicó disminución directa de personal, el 41,4% recortó turnos y el 22,9% implementó suspensiones. En la proyección a doce meses, el 26% prevé nuevas reducciones y el 19,4% anticipa aumentos.

Las PyMEs muestran mayor fragilidad en producción y ventas. El Índice de Difusión fue de -43,3 puntos en micro y pequeñas empresas frente a -34,8 en medianas y grandes para producción. En ventas, la brecha se amplía: -46,5 contra -30,8 puntos. En empleo, el ajuste fue más marcado en medianas y grandes (-18,5) que en micro y pequeñas (-13,3).

El dato que reconfigura el debate es la preocupación por las importaciones. La dificultad para competir con bienes importados pasó de no registrarse en octubre de 2024 a representar el 19,4% en enero de 2026. En paralelo, la caída de la demanda interna continúa como principal problema, mencionada por el 46,1% de las empresas. Los costos, que en enero de 2025 lideraban con 40,6%, descendieron al 19,7% y dejaron de ocupar el primer lugar.

La combinación de apertura comercial y apreciación cambiaria aparece en el centro de la discusión. Para el sector industrial, la presión externa crece mientras el mercado interno no reacciona.

Correlación de fuerzas y agenda económica

El informe fortalece la posición negociadora de la UIA en su disputa con el Ejecutivo. La central fabril instala en la agenda pública un cuadro de deterioro productivo que interpela directamente la estrategia económica del Gobierno. A la vez, el oficialismo mantiene su crítica sobre precios internos y competitividad estructural.

En términos políticos, el diagnóstico condiciona el debate legislativo y la agenda de reformas. Si la caída se profundiza, la presión por medidas sectoriales o ajustes en la política comercial podría intensificarse. También impacta en la gobernabilidad económica: menos producción y empleo tensionan la recaudación y el consumo.

Las expectativas reflejan un enfriamiento del optimismo empresario. El 47,8% prevé mejoras en su situación económica, frente al 60,4% del relevamiento anterior. Sobre el contexto nacional, el 51% espera avances, contra el 68,6% previo. La tendencia es descendente.

Un escenario en disputa

La industria atraviesa un momento delicado, atravesado por estacionalidad de enero pero también por señales de desaceleración persistente. El Gobierno sostiene su estrategia de apertura y disciplina macroeconómica; la UIA advierte sobre el impacto en producción y empleo.

En las próximas semanas será clave observar si el deterioro se mantiene en febrero y marzo, meses menos afectados por paradas de planta. También si el diálogo institucional se recompone o si la tensión escala hacia un conflicto más abierto en el Congreso y en la agenda pública.

La discusión ya dejó de ser técnica. Se convirtió en un debate de poder sobre el modelo productivo y el equilibrio entre apertura, competitividad y protección del entramado industrial. El resultado todavía está en construcción.

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Sin industria no hay Nación: fuerte réplica de la UIA a Milei y pedido de diálogo de los empresarios de AEA

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La industria responde a Milei y reclama respeto en plena transición económica

La reacción del sector industrial al discurso del presidente Javier Milei en la apertura de sesiones del Congreso fue inmediata. Tras una reunión de su junta directiva, la Unión Industrial Argentina (UIA) difundió un duro pronunciamiento en el que advierte sobre la situación crítica que atraviesan numerosas empresas y reivindica el rol estratégico de la industria en la economía nacional.

En un comunicado cargado de contenido político, la entidad apeló incluso a la historia institucional del país al citar al presidente liberal Carlos Pellegrini (1890-1892), recordando su célebre definición: “sin industria no hay nación”. Con esa referencia, la UIA buscó reforzar su mensaje de preocupación por el presente productivo y por el clima de tensión que se instaló entre el Gobierno y parte del empresariado.

El documento expresa la “preocupación por la situación de diversos sectores industriales y de distintas provincias” y advierte que muchas empresas, especialmente pequeñas y medianas, enfrentan un escenario complejo caracterizado por bajo nivel de actividad, presión fiscal elevada, dificultades de financiamiento y caída del empleo.

En ese marco, la entidad introdujo una frase que, sin nombrar al Presidente, fue interpretada como una respuesta directa a los cuestionamientos formulados desde el Gobierno hacia empresarios y dirigentes industriales. “El respeto es condición básica del desarrollo. Respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país”, señala el texto.

El Norte productivo, entre las mayores preocupaciones

Uno de los puntos más sensibles del comunicado se refiere a la situación de las provincias del Norte argentino. Los representantes de las uniones industriales de esa región solicitaron a la conducción nacional de la UIA impulsar medidas de estímulo a la actividad.

Según el diagnóstico de la entidad, la región integrada por Catamarca, Chaco, Corrientes, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Santiago del Estero y Tucumán —que reúne cerca de una cuarta parte de la población del país— exhibe los niveles de poder adquisitivo más bajos de Argentina y una escasa densidad de empleo privado formal, lo que deriva en una elevada dependencia del empleo público.

La advertencia no es menor: para el sector industrial, las asimetrías regionales se han profundizado en los últimos años y requieren políticas específicas que permitan equilibrar las condiciones de competitividad.

El peso de la industria en la economía

La UIA también buscó reforzar su argumento con cifras estructurales. De acuerdo con la entidad, la industria representa el 19% del producto interno bruto argentino y aporta el 27% de la recaudación fiscal nacional. Además, genera de manera directa cerca del 19% del empleo formal —unos 1,2 millones de trabajadores— y moviliza otros 2,4 millones de puestos indirectos a lo largo de la cadena productiva.

En total, más de 3,6 millones de empleos dependen directa o indirectamente del entramado industrial. “Detrás de cada fábrica existe un capital social construido por empresarios y trabajadores”, subraya el comunicado.

Apoyo a las reformas, pero con advertencias

A pesar del tono crítico en algunos pasajes, la UIA también reconoce avances en la estrategia económica del Gobierno. El documento destaca el equilibrio fiscal alcanzado, la desaceleración inflacionaria, la actualización del marco laboral y la apertura de la economía como reformas estructurales largamente postergadas.

Sin embargo, la entidad advierte que la transición hacia un nuevo esquema económico implica un proceso de adaptación “profundo y no homogéneo”, especialmente para sectores que compiten directamente con el exterior y que enfrentan costos financieros, logísticos e impositivos superiores a los estándares internacionales.

Por eso, el sector industrial insiste en avanzar en una agenda que reduzca las distorsiones acumuladas durante décadas y permita mejorar la competitividad de las empresas.

La salida de Diego Coatz y las lecturas políticas

El comunicado de la UIA estuvo acompañado por otro movimiento que no pasó desapercibido: la salida del economista Diego Coatz como director ejecutivo de la entidad, cargo que ocupaba desde hacía dos décadas.

Coatz fue durante años el responsable de los informes de coyuntura que analizan la evolución del sector industrial. Su salida abre diversas interpretaciones dentro del mundo empresario. Mientras algunas voces señalan que responde a un proceso interno de reorganización, otras interpretaciones la vinculan con las tensiones generadas por diagnósticos económicos que desde el Gobierno consideran excesivamente críticos.

El mensaje de la Asociación Empresaria Argentina

La respuesta del empresariado no se limitó a la UIA. La Asociación Empresaria Argentina (AEA), que reúne a los dueños y principales ejecutivos de las mayores compañías del país, también difundió un pronunciamiento.

En su comunicado, AEA destacó el papel central de las empresas privadas en el desarrollo económico y social, recordando que son responsables de la mayor parte de la producción de bienes y servicios, de la generación de empleo, de las exportaciones y del sostenimiento del Estado a través del pago de impuestos.

La entidad valoró medidas del Gobierno como el equilibrio fiscal, la reducción de la emisión monetaria y la intención de disminuir la presión tributaria sobre el sector formal. Sin embargo, también enfatizó la necesidad de construir un diálogo “constructivo y respetuoso” entre el sector público y el privado para remover los obstáculos al desarrollo y facilitar la llegada de inversiones productivas.

En un clima político cada vez más polarizado, la reacción de las principales organizaciones empresarias marca que el debate sobre el rumbo económico no se limita al plano legislativo o partidario. También atraviesa el vínculo entre el Gobierno y uno de los actores centrales del sistema productivo argentino.

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La UIA y sus vergonzosas acciones antindustriales

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Hace muy pocos días que una delegación de la UIA (de supuesto alto nivel institucional), mantuvo una vergonzosa reunión, de muy cómplice y genuflexa postura, precisamente con el ministro Caputo, uno de los principales integrantes de la actual tríada ferozmente industricida (Milei-Caputo-Sturzenegger), quien con sornas claramente burlonas en sus opiniones, y mentiras alevosas, lleva a cabo la destrucción sistemática de todo el entramado industrial y tecnológico nacional, del cual llegamos a estar orgullosos los argentinos.
Demostrando ignorancia extrema de la realidad socio económica argentina, o carencia de elementales conocimientos de Economía, y cobardía para no plantarse con dignidad ante las políticas ferozmente industricidas, optaron por reclamar nimiedades, de muy pobres o nulos efectos ante el vendaval destructivo libertario – neoliberal; mientras que en cambio omitieron totalmente las causas principalísimas y muy evidentes del industricidio en perpetración, que con toda intencionalidad y evidente desprecio por nuestro país y su futuro, perpetran con todo sadismo libertarios y sus secuaces.

Argentina está gravemente agredida por las intencionales políticas destructivas de todo nuestro tejido socio económico, y forzada a una brutal primarización económica, además de las genuflexas acciones de política exterior subordinada a las potencias anglosajonas y sus aliados/subordinados directos, que nos ponen en el triste rol de colonia dócil e inerme, en curso de desguace total.
Los muy “modositos” representantes de la UIA reunidos con Caputo, dando sobradas muestras de ejercer un rol de miserable subordinación a los alevosos industricidas, omitieron por completo las perversas acciones principales que Milei y secuaces perpetran para exterminar por completo el antes dinámico y poderoso Sector Industrial Argentino.
Ni una palabra dijeron los representantes de la UIA -según trascendidos periodísticos- de las medidas de industricidio premeditado perpetrado por el gobierno nacional con sádica crueldad, el cual evidentemente goza ante el daño y sufrimiento causados; lo cual va en línea con el odio libertario hacia el Estado.
Lo esencial, “casualmente” omitido por los representantes de la UIA ante Caputo, se cita seguidamente:

  • La brutal y creciente avalancha de importaciones, muchas a precios de dumping, que ahogan a la producción nacional. ¡Ningún país serio y con criterio de grandeza nacional, regala su mercado interno a productos extranjeros!
  • El artificial alto valor de nuestra moneda, sostenido desde el gobierno libertario, el cual además de sostenerse en base a un demencial endeudamiento externo, produce un encarecimiento sádicamente premeditado de toda la producción nacional, siendo otro factor que impide competir contra la avalancha de importaciones…¡las que incluso destruyen las producciones primarias de Argentina, siendo que importamos masivamente desde naranjas, a yerba mate y otros alimentos que acá producimos!
  • La miseria generalizada, que se extiende sin pausa, cuan tenebrosa mancha de aceite que todo lo tapa, destruye el poder adquisitivo de nuestra población, lo cual produce bajas acentuadas en prácticamente todos los rubros comerciales, achicando más aún el mercado interno para nuestra industria.
  • El crédito bancario, además de muy caro ante el accionar perversamente negativo de las operaciones de “carry trade”, que fomentan el endeudamiento externo golondrina, con divisas que entran para volcarlas en pesos a tasas muy altas, y luego fugarlas al exterior. ¡Timba financiera y endeudamiento descomunal, tal como ya lo hicieron Caputo y Sturzenegger en el gobierno de Macri! – Financiar inversiones industriales es una operatoria que no existe hoy en el sistema bancario argentino – .
  • Poco después, ante el cierre de la emblemática productora de neumáticos Fate, solo hubo una muy tibia “preocupación” de la UIA. ¡Eso es complicidad encubierta y cobardía cívica! Esa postura cobarde y/o cómplice, viene de lejos, según parece.
    Apenas comenzado el destructivo y anti industrialista gobierno libertario, el entonces presidente de la Unión Industrial Argentina, Funes De Rioja mostró sus “habilidades discursivas” para evitar “cuidadosamente” (léase con sutil complicidad), toda crítica al claro perfil destructivo en general, y en particular acentuadamente anti industrial del gobierno libertario.
    Al mismo directivo de la UIA se le atribuye la nefasta frase con la que definió -y acepto en forma sumisa y cómplice- la perversa orientación que tempranamente mostraba el gobierno de Milei y sus secuaces, al comparar la situación de Argentina con el rumbo de colisión del Titanic, cuando marchaba raudamente hacia la trágica colisión y naufragio, al expresar en el marco de una
    reunión reservada “no hay botes salvavidas para todos”. Ni se preocupó por presionar para cambiar tan nefasta orientación anti industrial, como lo demuestran los densos silencios cómplices y los hechos de brutal industricidio.
    De por si es altamente significativo, que la UIA no haya estado conducida por un empresario industrial o un ingeniero de clara formación y actividad vinculada a la industria; mientras que Funes De Rioja, siendo abogado, la presidió.
    Esos cambiados o raros roles, de un abogado laboralista puesto a comandar el supuesto ente industrial por excelencia, está en línea con la negativa prédica de muy limitado horizonte mental del liberalismo económico, que solo parece empeñado en reducir costos laborales y precarizar las condiciones de trabajo, llevándolos a niveles de servidumbre, mientras que algunos empresarios industriales demuestran que en vez de invertir en equipamiento y tecnología, muestran la mediocre avidez de fugar divisas, o de “diversificarse” comprando campos o invertir en operaciones rentísticas o especulativas.
    Liberalismo económico doctrinario, que en particular en Argentina, en las tres o cuatro décadas de bonanza, de fines del siglo XIX y comienzos del XX, en los que los altos precios de las materias primas que exportábamos, hubiesen permitidos solventar un fuerte y diversificado desarrollo nacional, creando una sólida base industrial y tecnológica, y una territorialmente amplia y diversificada infraestructura que hubiese integrado, desarrollado y poblado nuestro extenso y en general marginado territorio, en el cual solo parecían importar la centralista y egoísta gran ciudad puerto, y la feraz muy productiva Pampa Húmeda.
    Yendo más atrás en el tiempo, en su trayectoria institucional, bastante prolongada, por cierto, la Unión Industrial Argentina no evidenció abundar en muestras claras del elemental patriotismo, virtud que debe ser implícita en todo argentino bien nacido. Las prédicas nefastas y acciones del establishment ultra conservador en lo político, y ultra liberal en lo económico, se oponían de hecho a nuestra industrialización, e incluso entorpecían y denostaban el desarrollo local de las ciencias duras, oponiéndose a implementar carreras universitarias de ingeniería.
    Analizando antecedentes de esa más que centenaria institución, surgen datos que explican su patológica adhesión al nada pro industrial liberalismo económico extremo.
    La UIA fue creada en 1887, en pleno auge del poder del mitrismo y sus sucesores, período en el cual básicamente por el nefasto accionar de Mitre y Sarmiento, se instrumentaron las condiciones para la creación y consolidación de la poderosa oligarquía agropecuaria, la cual con el pleno respaldo del Estado, cooptado por esos intereses, consolidó la apropiación de muy extensas porciones del muy fértil territorio de la Pampa Húmeda.
    Su primer presidente fue Antonino Cambaceres, político destacado del régimen ultra conservador y socialmente excluyente, de aquella Argentina semi feudal. Fue terrateniente, cuya principal actividad era el manejo de sus dos estancias, y no desarrolló ninguna actividad industrial destacada por su complejidad ni importancia relativa.
    Todo parece indicar que la UIA no se desprendió de la fuerte y muy negativa impronta ultra liberal, en cuyo contexto nació; la cual en los hechos es contraria a la decidida industrialización.
    Por algo Perón, al apuntalar un decidido accionar industrialista y de desarrollo tecnológico nacional, apoyó la creación de la Confederación General Económica, en 1953; siendo un ente de fuerte accionar industrialista y de apoyo a las pequeñas y medianas empresas de capitales nacionales.
    Esa experiencia se repitió en la tercera presidencia del carismático líder, volviendo a tener un rol activo de CGE; todo lo cual cambió para peor, con el muy nefasto “proceso”, con el cual la “oligarquía vacuna” (la Sociedad Rural y su entorno) estuvo muy de acuerdo.
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La UIA presentó a Caputo un plan para reactivar la economía y aliviar la presión fiscal

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La Unión Industrial Argentina (UIA) se reunió este viernes con el ministro de Economía, Luis Caputo, para acercarle un conjunto de propuestas orientadas a reactivar la actividad, aliviar los costos productivos y fortalecer la competitividad de la industria nacional en un contexto de estancamiento y creciente presión importadora.

El encuentro se produjo en medio de señales de preocupación dentro del empresariado. “Si no se reactiva el consumo, si no hay crecimiento, el programa económico no aguanta y esto termina mal”, deslizó uno de los principales hombres de negocios del país, reflejando un malestar que, aunque en voz baja, se repite en distintos sectores.

Tras la reunión, Caputo destacó el diálogo con el titular de la UIA, Martín Rappallini, junto a Rodrigo Pérez Graziano y Eduardo Nougués. Señaló que conversaron sobre la reforma laboral -en particular el Fondo de Asistencia Laboral (FAL)-, la reducción de los costos vinculados a la litigiosidad laboral, el régimen de nuevo empleo que baja los aportes patronales al 2% durante cuatro años y el RIMI para PyMES.

El ministro consideró que estos cambios, sumados a la ley de Inocencia Fiscal, serán “fundamentales para navegar de la mejor manera posible la transición hacia este nuevo modelo de país”, con foco en creación de empleo, mejora salarial y mayor apertura comercial. También subrayó la necesidad de reducir la carga impositiva “principalmente en provincias y municipios” para mejorar la competitividad industrial.

Un escenario de estancamiento

La reunión se dio en un contexto complejo para la actividad. Según Eco Go, la economía se estancó en 2025: los niveles de noviembre se ubicaron en línea con los de un año atrás y diciembre habría vuelto a caer. Si bien el promedio anual mostró un crecimiento de 4,1%, ese resultado respondió en gran parte al arrastre estadístico de 2024.

En la industria, la utilización de la capacidad instalada fue del 53,8% en diciembre, por debajo del 56,7% registrado doce meses antes, un nivel ya considerado bajo por el sector.

Las propuestas de la UIA

La central fabril trabaja en un proyecto de ley orientado a reducir la presión tributaria y mejorar la competitividad. Entre las principales iniciativas presentadas al ministro se destacan:

  • Rebaja de costos laborales no salariales, incluyendo la posibilidad de computar aportes patronales a cuenta del IVA, complementando el incentivo del 4% previsto en la nueva legislación laboral para nuevos empleos.
  • Sistema de financiamiento en cuotas para estimular el consumo, similar al Ahora 12 pero sin subsidio estatal.
  • Medidas para fomentar exportaciones, como la eliminación de derechos de exportación pendientes y el aumento de reintegros, especialmente para manufacturas de origen industrial y alimentos.
  • Incentivos para la construcción, mediante devolución del IVA en compras de insumos realizadas con tarjeta de crédito y débito.
  • Alivio financiero para PyMES, incluyendo el uso de fondos del FAL y esquemas de crédito para capital de trabajo y consumo con garantía del hogar.
  • Refuerzo de controles ante subfacturación de importaciones, en un contexto de sobrecapacidad global y desvíos de comercio.
  • Agilización en la devolución de saldos acumulados y suspensión de embargos para PyMES, como herramientas de alivio fiscal.

Uno de los ejes centrales es la reducción integral de la carga tributaria, tanto a nivel nacional como provincial. Los industriales sostienen que, sin una baja coordinada de impuestos, la apertura económica podría acelerar la pérdida de competitividad y fomentar la relocalización de empresas en países con menor presión fiscal. Como ejemplo, mencionan la dificultad para desarrollar un polo audiovisual local frente a incentivos más atractivos en Uruguay o Colombia.

Desde Economía se comprometieron a analizar las propuestas y continuar el diálogo técnico.

Sectores en tensión

La preocupación empresarial responde a una realidad concreta en varias ramas industriales.

El sector textil es uno de los más golpeados por la apertura importadora y la caída del consumo. Desde la actividad sostienen que la elevada presión impositiva, en una cadena de valor extensa, distorsiona precios y resta competitividad frente a productos extranjeros o a circuitos informales.

En la siderurgia, fuentes sectoriales reportan caídas de hasta 50% en ventas, producto de la combinación entre apertura y retracción de la demanda interna. En neumáticos, estimaciones privadas indican que las importaciones ya representarían cerca del 85% del mercado.

El consumo masivo tampoco escapa a esta dinámica, con una competencia importada que comienza a desplazar producción nacional en distintos rubros.

En este contexto, la UIA busca instalar una agenda de reformas que combine reducción de costos, alivio impositivo y estímulos al consumo y la exportación, con el objetivo de evitar que el estancamiento derive en una crisis más profunda del entramado productivo.

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La UIA advierte que la presión impositiva absorbe hasta el 50% de los costos industriales

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La Unión Industrial Argentina (UIA) volvió a advertir que la elevada presión impositiva es el principal factor que explica la pérdida de competitividad de la producción local, en un contexto marcado por la apertura de importaciones y la persistencia de un esquema tributario que, según el sector, se mantiene sin cambios estructurales desde hace una década. El diagnóstico impacta de lleno en la discusión económica e institucional sobre costos, precios y capacidad exportadora de la industria nacional.

Una estructura de costos condicionada por la carga tributaria

Desde la UIA insisten en que la presión impositiva continúa siendo el principal obstáculo para que la industria argentina compita en igualdad de condiciones con los mercados externos. En declaraciones a Radio Rivadavia, Mauricio Badaloni, integrante de la mesa de la entidad por la región de Cuyo, sostuvo que la Argentina “mantiene la misma presión impositiva desde hace diez años”, un dato que, para el sector, explica buena parte de las dificultades estructurales que enfrenta la producción local.

Según el dirigente industrial, la estructura de costos de las empresas se encuentra fuertemente afectada por una carga estatal distribuida entre los niveles nacional, provincial y municipal, que encarece los procesos productivos y se traslada de manera directa al precio final de los bienes y servicios.

Las estimaciones del sector industrial son contundentes: entre el 40% y el 50% del costo de cualquier estructura productiva es absorbido por el Estado, a través de impuestos, tasas y contribuciones. Este nivel de incidencia fiscal, advierten desde la UIA, no solo reduce márgenes, sino que también limita las posibilidades de inversión, expansión y generación de empleo.

Apertura de importaciones y pérdida de competitividad

El reclamo de la UIA se da en un escenario de mayor apertura de importaciones, que expone con mayor crudeza las asimetrías de costos entre la producción local y los bienes provenientes del exterior. Desde la entidad sostienen que, sin una revisión profunda del sistema tributario, la industria nacional queda en desventaja frente a competidores que operan con menores cargas fiscales y estructuras más livianas.

Badaloni remarcó que esta situación impacta directamente en la capacidad exportadora y en el desarrollo de nuevos emprendimientos, al elevar los precios y reducir la competitividad sistémica. En ese marco, el debate sobre impuestos deja de ser sectorial para convertirse en un eje central de la política económica, con implicancias sobre el entramado productivo y el saldo comercial.

La preocupación industrial apunta a que la presión impositiva no solo afecta a grandes empresas, sino también a pymes y proyectos emergentes, que enfrentan mayores dificultades para absorber costos y sostener operaciones en un mercado cada vez más abierto y competitivo.

Críticas a la intervención estatal y el debate por la competitividad

Al referirse al caso Techint, Badaloni cuestionó la intervención del Gobierno en disputas comerciales entre privados, y planteó que el eje del problema no se encuentra en el comportamiento empresario, sino en el sistema tributario vigente. Según el directivo, la falta de competitividad es una consecuencia directa de un esquema impositivo que no fue corregido en la última década y que continúa gravando de manera excesiva a la producción.

Desde la UIA, el planteo se inscribe en una discusión más amplia sobre el rol del Estado, la presión fiscal y la necesidad de generar condiciones macroeconómicas e institucionales que permitan a la industria recuperar competitividad, ampliar exportaciones y sostener el empleo.

El mensaje del sector industrial vuelve a poner sobre la mesa un reclamo histórico: sin una reducción efectiva de la carga impositiva y una simplificación del sistema tributario, la apertura comercial profundiza las desventajas estructurales de la producción local, con impacto directo en precios, inversión y desarrollo productivo.

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