Unión Europea

¿Los acuerdos comerciales mejoran la balanza comercial de la Argentina?

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En la actualidad, Argentina participa de 20 acuerdos comerciales vigentes realizados directamente con países o a través del MERCOSUR. Es la primera vez que nuestro país participa de un acuerdo con el continente europeo. ¿Qué podrá pasar con las exportaciones e importaciones de Argentina luego del acuerdo MERCOSUR-UE y los rumores de un acuerdo con Estados Unidos? El profesor Eduardo Fracchia del IAE Business School, la escuela de negocios de la Universidad Austral, analiza la situación.

 

Análisis del economista Eduardo L. Fracchia, director del Área de Economía del IAE Business School de la Universidad Austral:

Tips de los acuerdos comerciales vigentes:

  • 20 acuerdos comerciales vigentes desde 1990 hasta 2018.
    • 13 fueron acuerdos a través del MERCOSUR.
    • 6 fueron acuerdos bilaterales.
    • 1 fue sobre la incorporación a la OMC.
  • De los 28 años analizados, 10 acuerdos se produjeron durante el período 2002-2010, que coinciden con el período más positivo de la balanza comercial entre 2002-2012.
  • Argentina nunca hizo acuerdos directos con países por fuera de Latinoamérica.
  • A través del MERCOSUR se había llegado a realizar acuerdos con países de Asia y Áfríca, pero nunca con Europa.
  • Durante el Kirchnerismo fue el período en el que Argentina participó de más acuerdos comerciales, 8 en total. El otro período de varios acuerdos fue el de Menem, con 7 acuerdos.

Reflexiones del profesor Eduardo Fracchia: 

  • “No hay que esperar una apertura inmediata, el 60 % de la oferta del Mercosur se irá desgravando en un período de transición de 10 años, que se considera un lapso prudencial y más prolongado que el de la Unión Europea con otros países con los que hicieron TLC”.
     
  • “Para firmas de tamaño grande puede haber más efectos potenciales de mejora, las pymes corren un riesgo si no se encaran las reformas pendientes: laboral, tributaria y previsional”.
     
  • “En lo que se refiere al comercio de bienes se negocian plazos de disminución progresiva de aranceles. La supresión de aranceles en industria de alta tecnología introduce riesgos para una parte de la estructura productiva nacional”.
     
  • “La discusión de reglas de origen es clave para impedir que los productos que vienen de naciones con salarios reducidos, por ejemplo, de Asia entren en la región como si fueran producidos en Europa. Hay una predisposición europea a terminar con los regímenes de draw back y de admisión temporaria que utilizan países del Mercosur”.
     
  • “El equipamiento eléctrico es un rubro sensible y también la maquinaria agrícola donde Argentina tiene potencial, son sectores de vocación exportadora por parte de Europa”.
     
  • “Europa es un socio relevante, el 16 % de las exportaciones del bloque van a Europa en el promedio de los últimos 5 años. Se importa un porcentaje similar. El núcleo de lo importado tiene que ver con sector metalmecánico, químico, autopartes, farma. El cluster de cereales y oleaginosas es el núcleo de lo exportado y le siguen los productos alimenticios”.
     
  • “Europa suprimirá aranceles por el 94 % de lo que envía como exportación al Mercosur y le dará un trato preferencial al 6 % restante, Por otra parte, Mercosur eliminará aranceles para el 90 % de los productos provenientes de Europa”.
     
  • “Nuestro Mercosur que suscitó enorme entusiasmo entre 1991-1999 se ha apagado, y en los últimos 20 años no ha supuesto una plataforma de integración con el mundo. En esta circunstancia tenemos una oportunidad para salir de nuestra mirada provinciana”.
     
  • “El proceso ha resultado muy largo. Hubo un estancamiento por momentos, el kirchnerismo lo apoyó y Macri junto con Bolsonaro le dieron el remate final. Seguramente no será un avance lineal, y habrá avances y retrocesos. Es un paso relevante en particular en tiempos de proteccionismo mundial tanto en Europa como en Estados Unidos”.
     
  • “Hay reacciones ideológicas prematuras frente al tema y un temor instintivo a relacionar apertura con Martínez de Hoz y Cavallo Menem con cierre de fábricas y emprendimientos. A Chile le ha ido muy bien con sus TLC y también a México. El acuerdo nos exige coherencia y puede tirar para arriba de la estructura productiva y de la competitividad”.
     
  • “Es muy preliminar realizar afirmaciones fundadas sobre el tema, ya que depende de la aprobación de los parlamentos y de la letra chica de los acuerdos. En líneas generales dado que Brasil y Argentina son de las economías más cerradas del mundo en una ratio de exportaciones más importaciones divididas por el producto, la noticia es más que relevante”.
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Macri pasó de la «lluvia de inversiones» a la catarata de importaciones

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La quita de aranceles a los productos de la Unión Europea provocará una catarata de importaciones, justificada por el gobierno de Mauricio Macri bajo la perimida excusa de fomentar la «competitividad». Del Pacto Roca-Runciman al acuerdo Mercosur-UE se repite el esquema más antiguo sobre el modelo productivo nacional, que otra vez se vuelve más primario y agrega menos valor.

Foto: Presidencia

“No exportemos cuero exportemos zapatos” 

                                                                         Manuel Belgrano (1802)

El acuerdo de libre comercio entre lo que queda del Mercosur y la Unión Europea, que el gobierno de Mauricio Macri anunció como si se tratara de una gran noticia para los argentinos y cuya letra fina aún se desconoce, reafirma una vez más el rol de economía subordinada que las elites económicas criollas vienen proyectando desde los inicios mismos de la historia argentina. 

Ante las alarmas y las críticas que despertó la noticia, el ministro Dante Sica dio el mismo argumento que se utilizó durante la última dictadura militar y luego durante la década menemista: “para competir con el mundo deberemos mejorar la productividad y la eficiencia”. El acuerdo le pone fin al 91% de los aranceles que el Mercosur le imponía a los productos europeos, es decir que lejos de la lluvia de inversiones prometida en 2015, lo que va a llegar es una catarata de importaciones de productos que tendrán una consecuencia ruinosa sobre la industria argentina. Además el cinismo radica en que sin créditos y en una prolongada crisis, la única y verdadera reconversión posible es cerrar las persianas. Lo más llamativo es que el contexto mundial no es de apertura y libre comercio, sino de proteccionismo y competencia cerrada. 

También se le permitirá a las empresas europeas competir en las licitaciones para las obras públicas, sin ventajas para las nacionales. Cuando se encuentran en el mercado mundial un poderoso y un débil, el libre comercio es la garantía de una injusticia. 

Es la confrontación más vieja y la discusión más perimida con la que contamos, y sin embargo, otra vez nos la presentan como panacea, aquellos que pensaron que este gobierno encarnaba una derecha moderna por el solo hecho de su uso eficiente de los medios de comunicación y de las tecnologías de las redes sociales, tal vez entiendan el sentido profundamente anticuado de las políticas que pregona Cambiemos con un breve vistazo por la historia. 

Luego de la profunda crisis mundial desatada desde el desplome de la Bolsa de Nueva York en 1929, las grandes potencias económicas del mundo cerraron sus economías, el discurso proteccionista barrió casi por completo las ideas de libre comercio y se cerraron sobre si mismas. Las elites argentinas entraron en desesperación al comprobar que su principal comprador, la Corona Británica, se reunió en Ottawa con los integrantes de la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth), el conjunto de países vinculados por lazos históricos y culturales con Gran Bretaña, casi todas sus ex colonias. Estas le reclamaron un trato preferencial frente a la crisis: querían prioridad para venderle materias primas. El principal perjudicado era Argentina. Así es que en 1933, en Londres, se firmó un acuerdo entre el vicepresidente argentino Juliuo Argentino Roca (h) y el encargado de negocios inglés Walter Runciman. En su alegría desbordante ante la firma del tratado, el vicepresidente argentino no dudó en decir: “La geografía política no siempre logra en nuestros tiempos imponer sus límites territoriales a la actividad de la economía de las naciones. Así ha podido decir un publicista de celosa personalidad que la Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico”. La famosa integración al mundo desde esta particular visión.

Las condiciones que impuso este pacto fueron entre otras: a cambio de que Inglaterra no disminuya sus compras la Argentina se comprometía a que la carne se compre en un 85%  exclusivamente vía frigoríficos ingleses el 15% restante con frigoríficos argentinos que no persigan fines de lucro. EN su momento el senador Lisandro de la Torre denunció “En estas condiciones no podrá decirse que Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer en sus dominios semejantes humillaciones”. Además se le quitaban los impuestos al carbón inglés perjudicando al petrólea argentino y la recaudación impositiva. Se le debió dar trato privilegiado a las inversiones inglesas incluso por sobre las argentinas. Y se debían contratar préstamos con instituciones bancarias de la Corona. Pero aún más humillante fue que se realizaron clausulas secretas. Una estuvo vinculada con el transporte público: los ingleses tenían en Argentina taxis y subterráneos, pero les había surgido la competencia de un invento criollo “el colectivo”, el tratado le otorgó a los ingleses el monopolio del transporte por 56 años. El escándalo fue tan descomunal que esta ley casi no se aplicó. La otra clausula secreta fue la creación del Banco Central, donde se le otorgó a la banca inglesa el control financiero del país. Se le impusieron obligaciones al Estado argentino como poner la mitad del capital, pero no tenía derecho a tener la mayoría del directorio. Se favoreció en impulsó el endeudamiento externo. 

Es decir que en función de los intereses de los sectores exportadores se sacrificó a la insipiente industria argentina y las arcas del estado. Las consecuencias para la economía nacional fueron ruinosas, el contexto político era el de la llamada “década infame”, y fue la salida predilecta, una y otra vez, que los exportadores quisieron imponer como proyecto de país.

Cada encuentro internacional deja en claro que las potencias no están abriendo sus economías, por el contrario, las cierran. Las condiciones del acuerdo que se conocen hasta ahora muestran que el compromiso alcanzado tiende a destruir los mercados internos de Argentina y Brasil. Con la misma astucia de siempre se denomina integración a lo que en los hechos es una subordinación. El emocionado ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Jorge Faurie, dijo que hace veinte años que nuestro país quería firmar un acuerdo con Europa y no lo había conseguido “Nosotros supimos hacerlo”. Tiene razón, las condiciones que exigían los europeos eran demenciales y nadie estaba dispuesto a concederlas. Macri si estuvo dispuesto desde el primer día pero el resto del Mercosur, sobre todo Brasil, no quería aceptar. La llegada de Bolsonaro a la presidencia y su política de apertura hiperneoliberal generaron las condiciones para que el acuerdo se haga posible. No se mide por la habilidad, sino por la disponibilidad a la entrega.

Son tantas y alevosas las coincidencias históricas: antes decían que éramos el granero del mundo, ahora el presidente Macri dijo que somos el supermercado del mundo. Generar trabajo y desarrollo argentino sigue siendo una asignatura pendiente.

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El saldo comercial bilateral con Brasil se ajusta nuevamente vía importaciones

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  • Según los datos del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil (MDIC), nuevamente en junio la balanza comercial bilateral mostró un virtual equilibrio, como ya había sucedido en mayo y abril. En efecto, en el sexto mes del año, las exportaciones argentinas a Brasil fueron de USD 828 millones mientras que las importaciones provenientes de Brasil alcanzaron USD 849 millones, resultando en un saldo comercial negativo de apenas USD 21 millones.  Con todo, los primeros seis meses de 2019 cerraron con un superávit comercial acumulado de USD 190 millones, que contrasta notablemente con el déficit de USD3,689 millones verificado en los primeros 6 meses de 2018 cuando en Argentina aún no había pegado de lleno la recesión. 

 

  • Particularmente, en junio las importaciones desde Brasil mostraron una caída interanual de 45.5%, en línea con los que se venía verificando como tendencia desde septiembre de 2018. Los mayores retrocesos se focalizaron en: automóviles de pasajeros, vehículos de carga, autopartes, laminados planos de hierro/acero, soja en grano, tractores, máquinas y aparatos para terraplenes (entre otros), indicó el MDIC. Es de destacar que las importaciones brasileñas desde Argentina cayeron en mayor medida que las originadas desde el Mercosur.

 

  • En cuanto a las exportaciones argentinas a Brasil que venían creciendo a tasas interesantes desde mediados de 2019 (con la sola excepción de febrero pasado), las mismas mostraron en junio una caída interanual de 19.7%, afectadas en buena medida por la elevada base de comparación que representó junio de 2018 (cuando las exportaciones habían crecido 23.6%). A nivel de productos, las reducciones en las ventas externas durante junio de 2019, se concentraron en automóviles de pasajeros, vehículos de carga, trigo en grano, polímeros plásticos, autopartes, combustible, leche y crema de leche, entre otros.

 

  • La retracción observada en el comercio bilateral entre ambas economías no sorprende. En efecto, ambos países atraviesan un contexto de debilidad económica. Mientras que Brasil la actividad está prácticamente estancada y se continúan revisando las proyecciones de crecimiento para este año, en la Argentina la actividad parece haber tocado piso (lo que augura que la caída de las importaciones comenzaría a moderarse en adelante) pero no se avizoran aún señales contundentes de haber comenzado la fase de recuperación. 
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La agenda estructural

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Las reformas estructurales han entrado al debate público sin muchas precisiones. Parecería que los principales actores políticos perciben que habrá que avanzar en reformas, sea porque los vecinos se mueven en esa dirección (Brasil ya aprobó una ambiciosa reforma laboral y está en el Congreso una profunda reforma previsional; en la campaña electoral de Uruguay se discuten detalles de posibles reformas también en esos dos campos), o porque ello abriría la puerta para convertir el stand by vigente con el FMI en un EFF que permite estirar los plazos de devolución del préstamo que tomó el gobierno actual, o porque varios analistas las consideran cruciales para aumentar la tasa de crecimiento de mediano plazo de la economía y reducir su volatilidad, en la medida en que permitan mejorar la solvencia fiscal.

La agenda estructural incluye reformas en el campo laboral y previsional, en la apertura de la economía, en el sistema tributario y en la eficiencia del Estado en general. Los cambios en estas áreas son muy exigentes desde lo político por una razón sencilla: la mayoría de las reformas recortan privilegios cuyos beneficiarios tienen una gran capacidad de lobby para tratar de bloquearlas (beneficios concentrados en unos pocos cuyos costos están repartidos entre muchos).

Dadas las dificultades que enfrentó el gobierno a finales de 2017 para avanzar en algunos de estos campos, se puede entender que algunos actores coincidan con el título “hay que hacer reformas estructurales” pero que lo vacíen de contenido, sosteniendo que ya se ha resuelto el problema o poniendo en el centro de la discusión reformas que son relativamente fáciles de lograr, como el blanqueo laboral. Pero lograr la solvencia fiscal y mejorar la competitividad del sector privado requiere bastante más que títulos o blanqueos.

En los párrafos que siguen se analizan algunas de las reformas más relevantes a nivel nacional. Se excluyen la educación y la salud que son, mayormente, competencia de las provincias.

Apertura de la economía. La Argentina es una de las economías del mundo más cerradas al comercio internacional y este es uno de los factores que explican porqué las exportaciones son tan bajas en relación al PBI.

Ello aumenta la vulnerabilidad macro porque, ante un faltante de financiamiento, un salto de exportaciones no aporta mucho y se termina en una recesión profunda para reemplazar dólares financieros por comerciales. Seguramente será tema de discusión al comienzo de la próxima gestión presidencial reducir el arancel externo muy alto que tiene el Mercosur y tratar de cerrar el tratado de libre comercio con la Unión Europea.

Reforma laboral. El nivel de protección que cada país decide darle a sus trabajadores influye en los costos que pagan las empresas y ello puede afectar el empleo. Pero los problemas principales que enfrenta la Argentina no pasan por ahí, sino por el derroche en intermediarios que perciben un pago importante por sus “servicios”. Dos ejemplos claros son: a) la alta litigiosidad que resulta en pagos importantes para los abogados laboralistas y un costo importante para el Estado que financia el fuero laboral; y b) los fondos extras que perciben los sindicatos por encima del aporte voluntario de quienes deciden afiliarse.

Los costos de la alta litigiosidad entran en los costos de las empresas pero no benefician al trabajador. Una opción para reducirla es que las multas por pagar algo en negro (que, obviamente, en muchos casos no es comprobable) sean bajas para cualquier empleador que tiene registrados a sus trabajadores en el sistema previsional, que es la situación de muchísimas Pymes (digamos 5% en lugar del 200% actual) y que sean más severas para los que tienen trabajadores en la clandestinidad.

Una discusión aparte es el cómputo de la indemnización, ya que algunos países han reducido los 30 días por año de antigüedad que rigen en la Argentina. Los sindicatos argentinos, además de administrar las obras sociales -Alemania, país del cual se imitó el modelo de salud de la seguridad social, ya introdujo una profunda reforma hace una década-, reciben en muchos casos aportes extras para el gremio o para actividades que hace/supervisa el gremio. En los hechos, actúan como un impuesto al trabajo cuya recaudación se “privatiza”.

Por ejemplo, cualquier empresa de comercio hace un aporte adicional del orden del 15% sobre las cargas patronales y aportes personales para financiar un seguro privado de jubilación, actividades de capacitación y otros menores cuyos beneficios son bastante difusos, pero en los cuales el gremio es un actor central. Esto se replica en varios sindicatos que disfrutan de ingresos que aumentan el costo laboral sin que ello favorezca claramente a los trabajadores.

Además, las normas que regulan el empleo temporario en la Argentina son rígidas y costosas, en particular para resolver los casos de personas que desean trabajar una jornada reducida.

Reforma previsional. La Argentina gasta alrededor de 11% del PIB por año en jubilaciones y pensiones cuando se suman las 12 cajas provinciales no transferidas y la ANSES. Hay varios problemas de incentivos que resultan en regímenes especiales, entendiendo por tales a hacer menos aportes que otro trabajador que tiene un ingreso similar para obtener una jubilación parecida.

El principal régimen especial es el monotributo, pero hay otros (judiciales, docentes, futbolistas y servicio exterior). Aún dentro de un sistema de reparto es posible estimar las jubilaciones en función de lo aportado por cada uno a lo largo de su vida laboral. Ello resolvería varias injusticias que tiene el régimen actual y mejoraría los incentivos a aportar. A esto se agrega el problema de la edad jubilatoria (sobre todo de las mujeres) y la litigiosidad que resulta de prometer beneficios que no pueden sostenerse fiscalmente. Reforma impositiva.

El desafío es lograr los recursos para poder cumplir con los objetivos de la reforma de 2017 y evitar comportamientos oportunistas de los municipios que quedaron afuera de aquélla. Nótese que además de financiar las rebajas comprometidas a finales de ese año (y luego parcialmente suspendidas) hay que lograr ingresos para retrotraer el aumento en las retenciones. Reforma del Estado. A pesar de los avances en la reducción del peso del Estado en la economía, hay todavía mucho espacio para reducir “cantidades” reemplazando el ajuste por mayor inflación que en parte se hizo en 2019.

Hay opciones que van desde fusionar tareas que hoy hace cada ministerio hasta avanzar en despolitizar la asistencia social que sigue teniendo intermediarios y algunos abusos. Conclusión. La agenda de reforma es amplia y obviamente habría que complementarla con acciones de provincias y municipios. Son temas complejos y “políticamente” costosos pero que son cruciales para lograr mayor crecimiento, mayor empleo formal y mayor equidad. 

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Mora Alfonsín: “En estos acuerdos, gana el que mayor poder de mercado tiene y Europa tiene más que el Mercosur”

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El economista Leandro Mora Alfonsín vino a Misiones como director ejecutivo de la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines, invitada especial a la inauguración de la fábrica de viviendas de madera que se inauguró el viernes en Posadas, marcando un hito en la Argentina, con una inversión cercana a los diez millones de dólares. 

Apenas unas horas después de la apertura de la fábrica, se conoció la noticia del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, promocionado como un éxito por el Gobierno nacional, aunque todavía no se conocen todos los detalles técnicos. 

¿Qué opinión te merece el acuerdo?, le preguntó Economis

Si el objetivo es que un país produzca y comercialice más, está perfecto. El tema es la manera en la que se cerró este acuerdo que hace 25 años venía trabado porque no se ponen de acuerdo las partes en qué se quiere comercializar, y normalmente en estos temas gana el que mayor poder de mercado tiene, en este caso Europa tiene mucho más poder de mercado que el Mercosur y en ese sentido no es un acuerdo muy favorable para nuestros productos. 

¿Qué tiene de bueno esto? Que fomenta la competencia y muchos de estos aranceles van a estar listos recién dentro de doce años lo cual te da tiempo para competir. 

¿Cuál es el signo de pregunta de todo esto? Es si esa competencia se va a poder dar con lo volátil que es el país. Hay que dar un sendero de estabilidad para que la gente invierta, tecnifique, invierta en tecnología y en función de eso le compita mano a mano a Alemania. Es una pregunta para hacernos, y no sé si se tomó en cuenta a la hora de pisar tan rápido el acelerador al firmar el acuerdo. Va a traer cosas productivas en el largo plazo, por supuesto, pero las amenazas para el perfil productivo del Mercosur no son para nada un detalle

Y más en este contexto de crisis. 

Hoy estamos en una crisis muy fuerte y los efectos de esto se empiezan a ver de acá a doce años, no se puede  ver con los ojos de hoy. 

Viniste a Misiones por la fábrica de madera ¿Qué te pareció?

La industria de la madera tiene mucho para aportarle al desarrollo argentino porque es una industria que está subutilizada. Argentina produce 20 millones de metros cúbicos de madera de los cuales sólo se usan trece y el objetivo es el aprovechamiento integral del árbol. Y en función de eso, lo que hoy pasó en Misiones es fundamental, una fábrica de casas de madera. Una fábrica que aumenta un 40% la capacidad instalada argentina de vivienda industrializada sustentable.

Una inversión de 10 millones de dólares que 5 PyMEs misioneras asociadas hicieron en conjunto con todos los obstáculos que la corrida cambiaria impuso, una fábrica que sumará 2500 empleos entre directos e indirectos (a través de los aserraderos que la proveerán).

En un país que muestra un déficit habitacional del 25 % de los hogares (40% en el NOA), el uso de madera en la construcción propone soluciones a menor costo, veloces, sustentables y de calidad.

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