VINO ARGENTINO

Vinos argentinos: menor consumo mundial y menor participación

Compartí esta noticia !

El vino argentino enfrenta un problema que excede la caída del consumo mundial. El mercado internacional se hizo más pequeño, pero el país también perdió capacidad para competir dentro de ese escenario: después de haber concentrado cerca del 4,7% de las exportaciones globales en 2008, su participación retrocedió hasta el 2,1% en 2025.

La advertencia surge del Informe de Coyuntura del IERAL Regional Cuyo, elaborado por los economistas Gustavo Reyes y Jorge Day. El análisis toma como referencia la evolución de las exportaciones mendocinas de vinos varietales fraccionados —segmento que incluye al Malbec— y expone un deterioro simultáneo en cantidades, precios y presencia internacional.

Según Reyes y Day, durante el primer semestre de 2026 Mendoza exportó 36% menos volumen de vinos varietales fraccionados que en 2010. El precio real obtenido también quedó 7% por debajo del registrado aquel año.

Los autores identifican dos etapas claramente diferenciadas. Después del fuerte crecimiento exportador de comienzos de siglo y de los máximos alcanzados durante los primeros años de la década pasada, la actividad ingresó en una fase de estancamiento y, posteriormente, de caída.

El retroceso estuvo explicado principalmente por las menores cantidades vendidas. Los precios reales habían aumentado 24% hasta mediados de la década pasada, pero luego perdieron terreno y terminaron ubicándose por debajo de los niveles de 2010.

Más litros, pero menos valor

Los datos recientes muestran una recuperación parcial, aunque con una composición que limita su impacto económico. Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones argentinas de vino crecieron 14% en volumen, pero apenas 3% en valor. El precio medio disminuyó cerca de 10%.

Reyes y Day explican que parte del crecimiento en litros estuvo asociado al mayor dinamismo de los vinos a granel. Por eso, el aumento del volumen exportado no se tradujo en una recuperación equivalente de los ingresos ni modificó la tendencia negativa que enfrentan los vinos fraccionados mendocinos.

La conclusión es directa: vender más litros no necesariamente significa recuperar valor. Para mejorar el desempeño externo, el sector necesita aumentar tanto su participación internacional como el ingreso obtenido por cada unidad vendida.

El consumo mundial cayó 15%

El escenario internacional tampoco ofrece demasiado margen. El consumo mundial de vino descendió desde aproximadamente 244 millones de hectolitros en 2017 hasta 208 millones en 2025. La contracción fue del 15% en ocho años.

El informe señala que China tuvo un papel importante en ese retroceso. Si se excluyera al gigante asiático, la disminución del consumo mundial habría sido del 10%.

El comercio internacional también perdió dinamismo durante los últimos tres años. Aunque las importaciones mundiales de vino se duplicaron en poco más de dos décadas y llegaron a superar los 100 millones de hectolitros en sus mejores períodos, actualmente se encuentran por debajo de aquellos máximos.

Ese contexto explica una parte del deterioro argentino, pero no todo. El país no solamente vende dentro de un mercado mundial menos dinámico: también recibe una porción mucho menor de esas compras.

De casi 5% del mercado mundial a apenas 2,1%

A comienzos de este siglo, la Argentina representaba alrededor del 1,3% de las exportaciones mundiales de vino. Tras la salida de la convertibilidad, ganó competitividad y alcanzó una participación máxima cercana al 4,7% hacia finales de la década del 2000.

Desde entonces comenzó una tendencia descendente, interrumpida por recuperaciones transitorias, que llevó la cuota argentina hasta aproximadamente el 2,1% en 2025.

“Argentina no sólo enfrenta un mercado mundial menos dinámico: también capta actualmente una proporción mucho menor del comercio internacional que en sus mejores años”, sostienen Reyes y Day.

Los casos de Estados Unidos y Brasil, responsables del 24% y el 15% de las exportaciones argentinas de vino, respectivamente, permiten observar las diferentes dimensiones del problema.

Estados Unidos compra menos y la Argentina pierde participación

Las importaciones estadounidenses de vinos fraccionados cayeron 32% durante los últimos once años, al comparar los primeros semestres de cada período. Se trata, por lo tanto, de un mercado que efectivamente perdió volumen.

Sin embargo, la Argentina también retrocedió dentro de esas compras. Su participación había avanzado desde el 1,8% de comienzos de siglo hasta un máximo del 8,2%, pero cayó posteriormente hasta el 3,7% en 2026.

En Estados Unidos se combinaron así dos fenómenos negativos: la contracción general del mercado y la pérdida de cuota argentina.

El informe considera que la prioridad comercial para las bodegas debería ser defender la participación conseguida, antes que apostar exclusivamente por un crecimiento del volumen en un mercado que se encuentra en retroceso.

Brasil creció, pero el vino argentino no lo acompañó

El caso brasileño resulta todavía más elocuente. A diferencia de Estados Unidos, las importaciones de vinos fraccionados de Brasil muestran una expansión sostenida.

Medidas en dólares constantes —descontando la inflación estadounidense—, las compras pasaron de unos 44 millones de dólares hacia finales de la década de 1990 a cerca de 299 millones durante los primeros siete meses de 2026.

Las exportaciones argentinas también aumentaron, pero lo hicieron a un ritmo menor que el mercado. La participación nacional había alcanzado aproximadamente el 26% a mediados de los años 2000, luego descendió hasta alrededor del 15% y finalmente se recuperó hasta el 19% en 2026.

Para los autores, en Brasil no puede atribuirse la pérdida de participación a una caída de la demanda. El mercado compró mucho más vino, pero la Argentina no logró acompañar plenamente ese crecimiento.

Por esa razón, Reyes y Day identifican a Brasil como la principal prioridad comercial: existe una demanda creciente y el desafío consiste en recuperar la cuota perdida frente a otros países proveedores.

El dólar ayuda, pero no resuelve todo

El tipo de cambio aparece como una pieza importante de la explicación. Después de la salida de la convertibilidad, el encarecimiento real del dólar favoreció la competitividad y coincidió con el avance argentino en el mercado mundial.

A medida que esa ventaja cambiaria se redujo, el país comenzó a perder participación. En julio de 2026, el tipo de cambio real oficial equivalía a aproximadamente 1.537 pesos medidos a precios de ese mismo mes. Era superior al de períodos de fuerte atraso cambiario, como 1996 o 2016, pero se encontraba lejos de los niveles posteriores a 2002.

Un dólar real más barato encarece en moneda extranjera los costos laborales, productivos y logísticos. Estos últimos tienen una incidencia especialmente relevante en un sector exportador alejado de los principales mercados internacionales.

Sin embargo, Reyes y Day remarcan que la correspondencia entre el valor del dólar y las exportaciones no es perfecta. La competitividad también depende de los costos internos, la logística, el posicionamiento de las marcas, la estrategia comercial y la capacidad de adaptación de las propias empresas.

Nuevos consumidores, nuevos vinos

El informe incorpora otro factor: el cambio en las preferencias internacionales. Referentes de la actividad observan una mayor demanda de vinos blancos, rosados, productos frescos, alternativas de menor graduación alcohólica y nuevos formatos de comercialización.

Al mismo tiempo, algunos tintos tradicionales de precio medio enfrentan una demanda más débil. Si las bodegas argentinas reaccionan lentamente a estas tendencias, pueden seguir perdiendo participación incluso sin un nuevo deterioro cambiario.

La vitivinicultura enfrenta así un doble desafío. Por un lado, debe operar dentro de un mercado mundial más pequeño. Por otro, necesita recuperar competitividad para captar una proporción mayor de las compras internacionales.

Para los autores del IERAL, la salida no pasa únicamente por exportar más litros. También exige recuperar valor por litro, adaptar la oferta a las nuevas preferencias, fortalecer la estrategia comercial y reducir las desventajas de costos y logística.

El diagnóstico deja una señal incómoda para la industria: el mundo toma menos vino, pero la Argentina retrocedió incluso en mercados que siguieron creciendo. El dólar puede brindar una ayuda, aunque ya no alcanza como única estrategia para recuperar el terreno perdido.

Compartí esta noticia !

Juanfa Suárez y la herencia del tiempo: una historia de vino, familia y territorio

Compartí esta noticia !

Juanfa Suárez, productor vitivinícola y viticultor, representa la cuarta generación al frente de Finca Suárez, un proyecto familiar que comenzó hace más de un siglo de la mano de su bisabuelo. La bodega se especializa en vinos elaborados exclusivamente con uvas propias de Paraje Altamira, en el sur del Valle de Uco, una zona que Juan define como “muy especial, de vinos de calidad”.

La historia de Finca Suárez es la de una construcción intergeneracional. Su bisabuelo fundó la finca; su abuelo implantó viñedos en la década de 1950; su padre volvió a plantar a fines de los años noventa, tras la crisis que atravesó la actividad en los setenta; y Juan comenzó a elaborar vinos alrededor de 2010, aportando una nueva mirada sin perder el vínculo con la tradición familiar.

Músico de formación académica, Juan describe su desembarco en el mundo del vino como un proceso “muy orgánico y lento”. Vivía en Buenos Aires, daba clases en el Conservatorio Manuel de Falla y desarrollaba una carrera profesional como trompetista. Sin embargo, cada verano regresaba a Mendoza para participar de la vendimia. Con el tiempo, la pasión por la viticultura terminó inclinando la balanza. “Me acuerdo el día que dije: ‘Okay, ya no estoy más en el mercado de la música’”, recuerda al evocar el momento en que vio a antiguos compañeros tocar con otro músico ocupando su lugar.

En 2017 dio un paso más y creó Rocamadre junto a su pareja, Cecilia Durán. Aunque el proyecto también tiene su base en Altamira, se diferencia de Finca Suárez porque incorpora uvas provenientes de otras zonas del Valle de Uco. Juan explica que Rocamadre surgió de la “necesidad de tener mi propio proyecto” y que, con el tiempo, terminó convirtiéndose en una efectiva estrategia comercial.

La convivencia de ambas marcas les permitió ampliar mercados y diversificar canales de comercialización. “Podemos ocupar más espacio de góndola, llegar a más lugares y, al trabajar con distintos importadores en un mismo mercado, contar con equipos de venta más amplios para nuestras marcas”, resume.

La búsqueda del detalle

Tanto Finca Suárez como Rocamadre poseen identidades propias y un amplio portfolio de etiquetas. Uno de los aspectos que más destaca Juan es la posibilidad de elaborar vinos muy distintos a partir de parcelas cercanas e incluso de un mismo viñedo.

Un ejemplo es el Chardonnay. En apenas dos hectáreas de una misma finca producen tres vinos diferentes. La explicación surgió a partir de un estudio geológico realizado en 2020, que permitió comprender la extraordinaria heterogeneidad de los suelos de Altamira.

Para Juan, interpretar esas diferencias y expresarlas en cada botella constituye la máxima forma de generación de valor. “Es lo máximo en valor agregado que podemos hacer”, sostiene.

La cercanía a la Cordillera de los Andes también juega un papel determinante. Allí aparecen suelos antiguos, ricos en carbonato de calcio, un componente conocido localmente como “caliche”, que se ha convertido en una de las señas de identidad de Altamira y en una característica distintiva de sus vinos de parcela.

El arte como puerta de entrada

La búsqueda de identidad no se limita al vino. También se expresa en el diseño de las etiquetas.

En Finca Suárez, el trabajo visual está inspirado en la técnica de “paper cut” desarrollada por la artista Cecilia Farías, con ilustraciones que Juan define como “más juguetonas y algo más literales”.

Rocamadre, en cambio, adopta una estética más conceptual y poética. “Habla del origen, que para nosotros es fundamental, pero lo hace de una manera casi poética, casi como un haiku”, explica.

Para Juan, el diseño cumple un papel decisivo en la relación inicial con el consumidor. “La primera botella la vendemos con la etiqueta, de eso no hay ninguna duda. Si no conocés el vino, tiene que tentarte por los ojos. No hay otra entrada”, afirma.

Mercados y desafíos

Actualmente, Estados Unidos constituye el principal mercado para ambas marcas, seguido por Brasil y Argentina.

Entre Finca Suárez y Rocamadre producen alrededor de 100.000 botellas por año. Aproximadamente la mitad se comercializa en el mercado argentino, mientras que el resto se destina a la exportación.

A pesar de las dificultades económicas que atraviesa el país, Juan observa oportunidades en el escenario internacional. Incluso considera que la llegada de vinos importados a Argentina puede convertirse en un estímulo para elevar estándares de calidad.

“Nos va a dejar mejor posicionados a los que hacemos las cosas bien”, asegura.

El Semillón y la fuerza de la memoria familiar

Aunque reconoce un profundo afecto por todos los vinos que elabora, hay uno que ocupa un lugar especial: el Semillón.

La conexión es tanto técnica como emocional. Juan recuerda a su abuelo sosteniendo que quien lograra elaborar un gran Semillón en La Consulta -la zona donde se encuentra la finca- estaría produciendo uno de los mejores vinos blancos de Argentina. Esa convicción llevó a la familia a plantar Semillón en 2013 y elaborar su primera cosecha en 2016.

Tiempo después, mientras revisaba un libro escrito por su bisabuelo Leopoldo Suárez en 1911, encontró una referencia que lo conmovió profundamente: “Leopoldo Suárez en 1911 dice que el Semillón es la mejor uva blanca para Mendoza”.

El hallazgo confirmó una intuición transmitida durante generaciones y reforzó la idea de continuidad que atraviesa toda la historia familiar.

Un proyecto pensado en generaciones

Padre de dos hijos, Juan entiende la viticultura como una actividad donde el tiempo tiene una dimensión distinta. Por eso define a Finca Suárez como un verdadero “consorcio intergeneracional”.

En una industria donde las decisiones tomadas hoy pueden verse reflejadas recién décadas después, el valor de la paciencia, la transmisión de conocimientos y el arraigo territorial adquieren una importancia central.

“Valorar el tiempo, la paciencia, las generaciones y los lugares” es, para Juan, una de las claves que hacen de la viticultura una actividad tan apasionante como compleja. Una filosofía que atraviesa más de cien años de historia familiar y que continúa proyectándose hacia el futuro desde los suelos calcáreos de Altamira.

Compartí esta noticia !

Mate, vino y asado: dos consumos emblema cayeron en el arranque del año y solo el vino logró sostenerse

Compartí esta noticia !

El primer trimestre de 2026 dejó una postal incómoda para tres productos profundamente asociados a la identidad argentina: el mate, el vino y el asado. La comparación interanual muestra que dos de esos consumos emblemáticos retrocedieron en el mercado interno. La yerba mate cayó 2,1% y la carne vacuna sufrió una contracción mucho más pronunciada, de 10%, mientras que el vino logró escapar a la tendencia general con una mejora de 1,5%.

El dato no es menor porque permite leer, detrás de productos cotidianos, el pulso del poder de compra, la presión de los precios y las tensiones productivas de cada cadena. En el caso de la yerba mate, las salidas a mercado interno desde los molinos totalizaron 64.970.974 kilos entre enero y marzo de 2026, frente a los 66.376.744 kilos del mismo período de 2025. La diferencia equivale a una retracción de algo más de 1,4 millones de kilos en el trimestre.

El indicador de salidas a mercado interno es uno de los más utilizados para aproximarse al comportamiento del consumo en góndola, ya que comprende tanto los envíos a centros de distribución de las firmas yerbateras como las compras de mayoristas, hipermercados y supermercados. La caída se da en un contexto particular para la cadena yerbatera: mientras el consumo interno aflojó, la producción primaria mostró una recuperación. Según las declaraciones juradas presentadas ante el Instituto Nacional de la Yerba Mate, entre enero y marzo se procesaron 80.847.651 kilos de hoja verde, contra 65.018.623 kilos en el mismo trimestre del año pasado.

Mate, vino y asado: consumo interno en el primer trimestre de 2026

Variación interanual frente al primer trimestre de 2025

Producto Volumen 2026 Variación interanual Lectura
Yerba mate 64.970.974 kilos -2,1% Cayeron las salidas al mercado interno, pese a una mayor cosecha de hoja verde.
Vino 166.781.500 litros +1,5% Fue el único de los tres consumos que logró crecer en el trimestre.
Carne vacuna 512.826 toneladas -10,0% La caída más fuerte: menor oferta, más exportaciones y precios al alza.
Fuente: elaboración propia en base a datos del INYM, INV y Ciccra citados en el relevamiento.

Ese contraste marca una de las tensiones centrales del sector: más hoja verde procesada no necesariamente implica mayor tracción del mercado interno. Para Misiones, principal provincia productora del país y territorio donde la yerba mate no es solo un hábito cultural sino una economía regional estratégica, el dato confirma que la discusión de fondo no pasa únicamente por el volumen cosechado, sino por la capacidad de ordenar precios, sostener rentabilidad primaria y recuperar dinamismo de consumo en un mercado golpeado por la pérdida de poder adquisitivo.

El vino fue la excepción entre los tres productos relevados. Las ventas al mercado interno alcanzaron 166.781.500 litros en el primer trimestre de 2026, con una suba interanual de 1,5%. Marzo resultó decisivo para explicar ese desempeño: las ventas llegaron a 60,3 millones de litros, con un incremento de 8,4% frente al mismo mes de 2025.

Dentro de ese universo, el vino sin mención varietal concentró el 72,9% del volumen total del trimestre y creció 5,8% interanual. En cambio, los varietales retrocedieron 10%. Por envase, la botella explicó el 60,3% del total despachado y aumentó 1,1%, mientras que el tetra brik avanzó 4,8%. La damajuana y el bag in box quedaron en terreno negativo, con caídas de 27,9% y 42,2%, respectivamente.

La carne vacuna mostró el deterioro más fuerte. El consumo aparente en el mercado interno fue de 512.826 toneladas res con hueso entre enero y marzo, 10% menos que las 569.491 toneladas del primer trimestre de 2025. En términos absolutos, la contracción fue de 56.665 toneladas.

La explicación combina menor oferta, más exportaciones y precios más altos. Según los datos citados de Ciccra, la producción de carne vacuna fue de 700.185 toneladas res con hueso, 5,1% por debajo del mismo período del año anterior, mientras que las exportaciones crecieron 11,4%. Esa doble dinámica redujo el volumen disponible para el mercado local. Al mismo tiempo, la faena cayó 7,6% interanual, hasta 2,973 millones de cabezas.

La presión se trasladó a los mostradores. En marzo, el rubro carnes y derivados aumentó 6,9% mensual y 55,1% interanual en el Índice de Precios al Consumidor. El asado subió 68,9% frente a marzo de 2025; la paleta, 66,5%; el cuadril, 64,7%; y la carne picada común, 63,2%.

La foto del trimestre sintetiza tres realidades distintas. La yerba mate produjo más, pero vendió menos en el mercado interno. El vino encontró un piso de recuperación apoyado en marzo y en segmentos de mayor volumen. La carne, en cambio, quedó atrapada entre menor disponibilidad, recomposición del precio de la hacienda y un consumidor que ajusta cantidades frente a valores de góndola cada vez más exigentes.

Para la economía real, el dato tiene una lectura más amplia: cuando caen consumos tan incorporados a la mesa cotidiana, el problema excede a cada cadena productiva. Habla de ingresos tensionados, precios relativos en movimiento y hogares que recalculan incluso en bienes de fuerte arraigo cultural. En la Argentina de 2026, ni los consumos más identitarios quedan al margen del ajuste del bolsillo.

Compartí esta noticia !

Convenio histórico de cooperación entre la yerba mate, el vino y la carne argentina

Compartí esta noticia !

El Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), la Corporación Vitivinícola Argentina, el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y el Ministerio de Agroindustria de la Nación firmaron hoy un convenio de cooperación para promover el desarrollo y el consumo nacional e internacional de los tres productos más representativos de la producción nacional.

Productos de origen local y calidad global como la yerba mate, el vino y la carne vacuna argentina se unen para articular una visión conjunta y trabajar en el desarrollo de mercados a través de la promoción. El acuerdo reconoce a la promoción como una herramienta para competir en los mercados internacionales y entiende la necesidad de transmitir la esencia de lo argentino a través de su tradición, su cultura y sus productos.

La firma del convenio se llevó a cabo en la sede del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina en Buenos Aires y representaron a las instituciones sus máximas autoridades: Ulises Forte (IPCVA), Ángel Leotta (COVIAR), y Alberto Re (INYM), en tanto que por el Ministerio de Agroindustria de la Nación estuvo presente Ricardo Negri, Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca.

Como cierre de la firma, Ricardo Negri expresó que es “un convenio histórico porque son tres cadenas que nos unen a lo nuestro, fundamentales para la argentinidad y están presentes en cada una de nuestras casas”. Y agregó que “nuestro desafío a mediano y largo plazo tiene que ver con dejar de vender productos y empezar a vender experiencias”.

“Poder ser el supermercado del mundo es el mejor vector de desarrollo y de generación de empleo en cada una de las provincias y de cada uno de los sistemas productivos”, consideró.

“El Ministerio va a acompañar el proceso que tiene que ver con estas tres cadenas y en la medida que hayan más acuerdos vamos acompañar con más ganas, pero esto va a depender del INYM, el Ipcva y la Coviar, porque si no está en la agenda de todos los días no va a pasar, así que hagamos que estén en la agenda de todos los días”, enfatizó el funcionario.

Alberto Re compartió su entusiasmo por el acuerdo “porque estas tres producciones han logrado un lugar en la entidad nacional y están presentes en la mayoría de los hogares argentinos”. Asimismo destacó el rol del Ministerio como catalizador del convenio.

Ré se mostró muy confiado en que “estas acciones van a servir para un producto emblemático como la yerba mate y otros productos emblemáticos como lo son el vino y la carne”.

“Tenemos muy buenas esperanzas de que se pueda traccionar el consumo en el mercado interno y salir a buscar y lograr otros mercados”, concluyó Ré, en declaraciones a la prensa al término del acto.

Por su parte, Ángel Leotta afirmó que “es muy importante para la Corporación que administra el Plan Estratégico Vitivinícola 2020 asentado en tres ejes fundamentales: pequeños productores, mercado interno y externo, la promoción e investigación desarrollo e innovación” y destacó la gran expectativa al combinar tres productos emblemáticos de la cultura argentina.

Leotta explicó que “si siempre tenemos planes ambiciosos, tenerlos con dos productos tan emblemáticos como la carne y la yerba mate, colma todas las expectativas”.

“Vamos a tener que trabajar mucho, esto no queda en una firma, los equipos técnicos van a tener que trabajar bastante como para llevar acciones conjuntas entre las tres instituciones, y entre lo público y lo privado, viene muy bien, tenemos unas expectativas enormes, y la confianza en que a largo tiempo va a dar sus frutos”, completó Leotta.

A su turno, Ulises Forte remarcó que el convenio“tiene que ser el puntapié inicial para que entendamos que podemos caminar junto públicos y privados y con intercambio de opiniones podamos instalar los productos argentinos en el mundo”.

Forte afirmó a la prensa que “las expectativas son muy grandes”. “Si me decís que vamos a vender más carne, vino o yerba de un momento a otro no es así, es mostrar al mundo que en la Argentina somos capaces de trabajar juntos, tanto el sector público como el privado”, añadió.

“Estos son los tres productos más emblemáticos, la producción agropecuaria más federal que tiene el país, tres producciones que generan arraigo y federalismo, y sentido de pertenencia que no es poco”, remarcó Forte.

Las cadenas en números

Carne. Es la producción agropecuaria más federal del país ya que se realiza desde Jujuy hasta Tierra del Fuego. El stock bovino nacional es de 53,4 millones de animales. Las principales provincias ganaderas son Buenos Aires (18,6 millones), Santa Fe (6,1 millones) y Córdoba (4,8 millones).

La faena total de 2016 fue de 11,8 millones, una producción total de 2,66 millones de toneladas res con hueso. En cuento a las exportaciones en 2016 se vendieron 234 mil toneladas res con hueso al exterior, totalizando 1044 millones de dólares.

Los principales mercados para la carne vacuna argentina son según datos del primer trimestre de 2017 China 38%, Unión Europea 20%, Israel 15% y Chile 14%. El consumo en el mercado interno es de 55,5 kilogramos por habitante al año (2016)

Vino. La Argentina es el quinto productor mundial de vino y el décimo exportador, con una participación del 2,6% del comercio mundial. Las principales provincias productoras de vino son San Juan y Mendoza, concentrando el 60% y 34% de la producción, respectivamente. Otras provincias productoras destacadas son La Rioja, Salta, Catamarca, Neuquén y Río Negro.

La producción primaria se encuentra fuertemente distribuida. El área destinada al cultivo de vid comprende más de 224 mil hectáreas distribuidas en 25 mil viñedos y alrededor de 18.000 productores.

La Argentina se encuentra entre los 10 principales países consumidores de vino del mundo, alrededor del 80% del vino que se produce, se consume en el país.

Yerba mate. La Argentina es el principal productor mundial de yerba mate, seguido por Brasil y en tercer lugar Paraguay. Los tres países explican conjuntamente el 90% del volumen de producción mundial. La Argentina posee el complejo productivo más avanzado tecnológicamente.

El área actual de producción nacional abarca Misiones y el noreste de Corrientes. La cadena yerbatera incluye a unos 13.000 pequeños productores y 104 molinos y 209 secaderos. En 2016 el consumo interno fue de 252 mil toneladas.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin