Violencia de Género

Ni Una Menos volvió a las calles de Misiones en medio de la conmoción por los casos de Dulce Candia y Agostina Vega

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A once años de la irrupción de Ni Una Menos en la agenda pública argentina, cientos de personas volvieron a ocupar las calles de Posadas para reclamar políticas efectivas contra la violencia de género y exigir justicia por las víctimas de femicidio. La movilización de este 3 de junio estuvo atravesada por la conmoción generada por los recientes asesinatos de Dulce María Beatriz Candia, en Eldorado, y de Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en Córdoba, dos casos que reactivaron el debate sobre la capacidad del Estado para prevenir situaciones extremas de violencia.

La marcha misionera se desarrolló en paralelo a las movilizaciones realizadas en distintos puntos del país, en una fecha que ya forma parte del calendario político y social argentino. Sin embargo, el contexto actual le otorgó una carga simbólica particular. Los nombres de Dulce y Agostina estuvieron presentes en carteles, pancartas y discursos, junto al reclamo histórico que dio origen al movimiento en 2015 tras el femicidio de Chiara Páez.

La concentración comenzó en el Mástil de la avenida Uruguay y avanzó hacia la Plaza 9 de Julio, donde se realizó el acto central. Durante el recorrido, las organizaciones feministas realizaron intervenciones frente a organismos públicos vinculados a la salud, la seguridad y la asistencia social, señalando la necesidad de fortalecer los dispositivos de prevención y acompañamiento de víctimas.

Las fotografías de Dulce Candia y de Soledad Machuca, víctima de femicidio en febrero de 2025, encabezaron parte de la movilización. Familiares de Machuca fueron los primeros en tomar la palabra en una jornada marcada por testimonios, reclamos y críticas a los retrocesos que, según las organizaciones convocantes, se registran en materia de políticas de género.

Una década de movilización y una problemática persistente

Las cifras difundidas por el Observatorio Nacional de las Violencias de Género “Mujeres, Disidencias, Derechos” de Mumalá reflejan que, pese a la visibilización alcanzada por el movimiento, la violencia letal contra mujeres y diversidades continúa siendo uno de los principales desafíos sociales del país.

Entre el 1 de enero y el 30 de mayo de 2026 se registraron 105 femicidios en Argentina, equivalente a una mujer asesinada cada 35 horas. El informe incluye 80 femicidios directos, cinco femicidios vinculados, tres trans-travesticidios, cinco suicidios femicidas, cinco muertes violentas asociadas al género, un crimen de odio y doce casos relacionados con contextos de narcotráfico y crimen organizado.

La dimensión del fenómeno se amplía al considerar los 420 intentos de femicidio registrados durante el mismo período y otros 14 casos que permanecen bajo investigación judicial. Desde la primera marcha del 3 de junio de 2015 hasta mayo de este año, el observatorio contabilizó 3.096 femicidios en todo el país.

Misiones, entre los focos de preocupación

Dentro del escenario nacional, Misiones exhibe indicadores que generan preocupación tanto en organizaciones sociales como en organismos estatales. En lo que va de 2026 se registraron dos femicidios y un travesticidio, mientras que los intentos de femicidio ascienden a 51 casos.

La provincia además arrastra un antecedente alarmante. Durante 2025 se contabilizaron once femicidios, la cifra más alta de los últimos seis años. Paralelamente, se registraron 31.432 denuncias por violencia familiar y de género, un promedio de 86 por día.

La tendencia no muestra señales de reversión. Solo entre enero y mayo de este año se registraron 14.003 denuncias, lo que representa cerca de 93 presentaciones diarias ante organismos competentes.

Desde Mumalá advierten que existe una creciente desconfianza hacia los mecanismos institucionales de protección. Según la organización, muchas víctimas optan por no denunciar porque consideran insuficientes las respuestas estatales o temen represalias. En paralelo, desde el Gobierno provincial sostienen que también persiste un déficit de compromiso social para reportar situaciones de violencia, pese a que la legislación vigente permite realizar denuncias con reserva de identidad.

El rostro detrás de las estadísticas

El informe nacional también permite identificar patrones que se repiten en gran parte de los casos. El 60% de los femicidios fue cometido por parejas, ex parejas o familiares. El 67% ocurrió dentro de la vivienda de la víctima y un tercio de las mujeres convivía con su agresor al momento del crimen.

La edad promedio de las víctimas fue de 39 años, mientras que los agresores tenían en promedio 41 años. Cuatro de cada diez mujeres asesinadas eran madres y al menos 73 niños, niñas y adolescentes quedaron sin madre durante los primeros cinco meses del año.

Uno de los datos más sensibles es el vinculado al acceso a los sistemas de protección. Apenas el 9% de las víctimas había denunciado previamente a su agresor, el porcentaje más bajo desde que comenzaron los registros sistemáticos hace once años. Entre quienes sí habían denunciado, tres de cada cuatro contaban con medidas de restricción y solo una minoría disponía de botón antipánico.

“Hoy levantamos la voz por Dulce y por Agostina”

Durante el acto central en Posadas, Carla Talavera, referente provincial de Mumalá, recordó que el movimiento nació tras el femicidio de Chiara Páez y señaló que, pese a los avances logrados durante la última década, persisten situaciones que evidencian falencias estructurales.

“Hoy levantamos la voz por Dulce, por Agostina y por todas las pibas que nos arrebató la violencia machista”, expresó ante los manifestantes.

La dirigente remarcó además que el observatorio de la organización continúa siendo una herramienta clave para visibilizar una problemática que, según sostuvo, algunos sectores intentan relativizar. “Sabemos que en lo que va de 2026 hubo tres femicidios y 51 intentos de femicidio en Misiones. Son 51 vidas que hoy están en riesgo”, afirmó.

Una disputa política que también atraviesa la agenda de género

La conmemoración de los once años de Ni Una Menos se produjo además en un contexto de creciente polarización política sobre las políticas de género. Mientras las organizaciones feministas reclamaron la restitución de recursos destinados a prevención, asistencia y protección de víctimas, desde sectores del oficialismo nacional defendieron la estrategia de seguridad basada en el endurecimiento de las penas y cuestionaron la orientación de las políticas implementadas durante los últimos años.

La discusión refleja una disputa más profunda sobre el rol del Estado frente a la violencia de género y sobre la eficacia de los instrumentos creados desde 2015. Sin embargo, más allá de las diferencias políticas, los números continúan imponiendo una realidad difícil de ignorar.

A once años de aquella movilización que transformó para siempre la conversación pública sobre la violencia machista en Argentina, las calles volvieron a expresar un reclamo que sigue vigente. Los nombres cambian, los casos se acumulan y las estadísticas crecen. Pero el mensaje permanece inalterable: que ninguna mujer más sea asesinada por razones de género. Que el “Ni Una Menos” deje de ser una consigna y se convierta, finalmente, en una realidad.

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Ni Una Menos: la violencia contra las mujeres es un problema estructural para una amplia mayoría social

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A once años de la primera marcha del Ni Una Menos, la consigna que sacudió a la Argentina en 2015 conserva una centralidad incómoda: para la mayoría de la sociedad, la violencia contra las mujeres no es una suma de hechos aislados, sino una trama persistente, estructural y todavía abierta.

Una encuesta nacional de la consultora Zuban & Córdoba, realizada entre el 1 y el 3 de junio de 2026 sobre 1.200 casos, muestra que el 72,2% de las personas consultadas considera que la violencia contra las mujeres es “un problema estructural en la sociedad”. Apenas el 21,4% la define como “un problema de casos aislados”, el 3,6% sostiene que no es un problema relevante y el 2,8% no sabe.

El dato principal no está sólo en la magnitud de la respuesta mayoritaria, sino en la brecha de percepción por género. Entre las mujeres, el diagnóstico estructural trepa al 84,2%. Entre los varones, baja al 60,1%. La diferencia es de 24,1 puntos porcentuales: una distancia que revela que el consenso existe, pero no se distribuye de manera pareja. Las mujeres leen con mucha más nitidez la dimensión sistémica de la violencia; entre los varones, en cambio, casi un tercio todavía la interpreta como una sucesión de casos aislados.

La encuesta también preguntó si el “Caso Agostina” refleja un problema generalizado de violencia contra las mujeres en la sociedad argentina. El 61,9% respondió que sí, el 35,4% que no y el 2,7% no sabe. Nuevamente, la diferencia por género es determinante: el 74,7% de las mujeres vincula el caso con una problemática generalizada, contra el 48,4% de los varones. Entre ellos, incluso, la respuesta negativa es levemente mayoritaria: 49,3%.

Ese cruce es clave para leer el clima social once años después del grito de Ni Una Menos. La sociedad argentina no abandonó la preocupación por la violencia machista, pero la lectura del fenómeno sigue atravesada por experiencias desiguales. Para las mujeres, los casos resonantes no aparecen como anomalías; se inscriben en una continuidad. Para una parte importante de los varones, en cambio, todavía pesa la idea del episodio excepcional.

El tercer dato fuerte del estudio apunta a la demanda de herramientas institucionales: el 92,6% cree que debería existir en Argentina un registro de dominio público de ofensores sexuales. El rechazo es marginal, de apenas 3,5%, mientras que el 3,9% no sabe. También aquí el apoyo es transversal, aunque más alto entre mujeres: 95,2%, frente al 90,3% de los varones.

La lectura política y social del relevamiento es precisa: el Ni Una Menos no quedó congelado como una fecha de calendario ni como una consigna de movilización urbana. Once años después, su núcleo de sentido sigue activo en la opinión pública. La mayoría reconoce la violencia contra las mujeres como una cuestión estructural y reclama respuestas estatales más firmes. Pero el informe también advierte una fractura persistente: el problema se ve con distinta intensidad según el lugar desde donde se lo vive.

En esa brecha se juega buena parte del desafío. La Argentina parece haber incorporado el lenguaje de la violencia de género, pero todavía discute su profundidad. La mayoría ya no la minimiza. Sin embargo, una porción considerable, especialmente entre varones, continúa interpretándola como una serie de hechos aislados. A once años de aquella primera marcha, el Ni Una Menos conserva vigencia precisamente por eso: porque logró instalar una verdad social, pero esa verdad aún no terminó de convertirse en una conciencia común.

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A once años de Ni Una Menos: hubo 105 femicidios en el país y Misiones acumula tres casos en 2026

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A once años de la irrupción del movimiento Ni Una Menos en las calles argentinas, las estadísticas continúan exhibiendo la persistencia de una de las problemáticas sociales más graves del país. Agostina Vega en Córdoba y Dulce María Candia en Eldorado son nombres que hoy duelen por la cercanía en el tiempo, pero entre el 1 de enero y el 30 de mayo de 2026 se registraron 105 femicidios en Argentina, lo que equivale a una mujer asesinada cada 35 horas, según el informe especial difundido por el Observatorio Nacional de las Violencias de Género “Mujeres, Disidencias, Derechos” de Mumalá.

La cifra incluye 80 femicidios directos, cinco femicidios vinculados, tres trans-travesticidios, cinco suicidios femicidas, cinco muertes violentas asociadas al género, un crimen de odio y doce casos vinculados a contextos de narcotráfico y crimen organizado. Además, se contabilizaron 420 intentos de femicidio y otros 14 casos que permanecen bajo investigación judicial. En Misiones, según los datos de Mumalá, en lo que va del año, hubo 51 intentos de femicidio. 

Desde la primera marcha masiva del 3 de junio de 2015 hasta el 30 de mayo de 2026, el observatorio contabilizó 3.096 femicidios en todo el país, una cifra que expone la magnitud acumulada de la violencia letal contra las mujeres y diversidades en Argentina.

Misiones: dos femicidios y un travesticidio en cinco meses

Dentro de ese escenario nacional, Misiones aparece entre las provincias que registraron hechos de extrema gravedad durante los primeros cinco meses del año. Según los datos relevados, la provincia acumula dos casos de femicidio y un homicidio por odio a la identidad de género (travesticidio).

El caso más reciente que conmocionó a la provincia fue el de Dulce María, incluido por Mumalá entre los hechos que reflejan las falencias estructurales en materia de prevención, protección y acompañamiento de víctimas de violencia de género.

Pero la violencia no se expresa únicamente en los casos letales. Entre el 1 de enero y el 31 de mayo de este año, Misiones registró 14.003 denuncias por violencia familiar y de género, una cifra que equivale a un promedio de casi 93 denuncias por día.

Los datos adquieren aún mayor relevancia al observar la evolución reciente. Durante 2025 se contabilizaron 31.432 denuncias, lo que representó un incremento cercano al 6% respecto al año anterior. El promedio diario alcanzó las 86 denuncias y las mujeres continuaron siendo las principales víctimas en más del 79% de los casos registrados.

El año pasado también dejó una marca alarmante: con 11 femicidios, Misiones registró la cifra más alta de los últimos seis años.

Desde Mumalá sostienen que la caída en los niveles de denuncia refleja una pérdida de confianza en los mecanismos institucionales de protección. La organización advirtió que muchas víctimas no recurren a los organismos estatales porque no se sienten escuchadas ni protegidas. 

En el Gobierno provincial también sostienen que también hace falta más compromiso social en la denuncia de los casos. El porcentaje más alto es de las propias víctimas o de algún familiar directo. Solo 0,2 por ciento hace una denuncia sin ser familiar directo, pese a que la ley provincial de Violencia Familiar y de Género, admite las denuncias con reserva de identidad, precisamente para que no haya problemas con los vecinos de las víctimas. 

El perfil de los femicidios

El informe de Mumalá permite reconstruir algunas características recurrentes detrás de estos crímenes.

El 60% de los femicidios fue cometido por parejas, ex parejas o familiares de las víctimas. El 67% ocurrió dentro de la vivienda de la mujer asesinada, mientras que el 32% convivía con su agresor al momento del hecho.

La edad promedio de las víctimas fue de 39 años, mientras que la de los agresores alcanzó los 41 años. El 40% de las mujeres asesinadas eran madres y al menos 73 niños, niñas y adolescentes quedaron sin madre como consecuencia directa de los femicidios registrados este año.

Otro dato preocupante surge de la relación entre violencia extrema y acceso al sistema de protección. Apenas el 9% de las víctimas había denunciado previamente a su agresor. El porcentaje representa el nivel más bajo de los últimos once años y se encuentra muy por debajo del promedio histórico del 17%.

Entre quienes habían realizado denuncias, el 75% contaba con medidas de restricción y apenas el 12% disponía de botón antipánico.

En el marco del undécimo aniversario de Ni Una Menos, el colectivo volvió a reclamar la declaración de la Emergencia Nacional en Violencia de Género, la restitución de recursos destinados a políticas de prevención y asistencia, y medidas concretas frente a los discursos de odio y las expresiones negacionistas sobre la violencia machista.

A once años de aquella multitudinaria movilización que modificó la agenda pública argentina, los números muestran que el fenómeno continúa siendo una deuda pendiente. Las estadísticas nacionales, junto con el récord de femicidios y el elevado volumen de denuncias registrado en Misiones, reflejan que la violencia de género sigue constituyendo uno de los principales desafíos sociales y de derechos humanos del país.

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Se derrumba el mito de la avalancha de falsas denuncias: Misiones registró apenas 47 en tres años

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Mientras el Senado avanza en el debate del proyecto impulsado por la senadora Carolina Losada para endurecer las penas por falsas denuncias y falso testimonio, un relevamiento federal elaborado por el Observatorio de Violencia de Género de los Ministerios Públicos concluyó que ese delito representa apenas el 0,09% del total de causas penales registradas en la Argentina.

El informe, elaborado en el marco del expediente legislativo S-0228/2025, introduce una fuerte discusión jurídica y estadística sobre la proporcionalidad de la reforma penal propuesta. El estudio abarcó más de 8,25 millones de investigaciones penales iniciadas entre 2023 y 2025 en 17 jurisdicciones del país y determinó que las causas por falsas denuncias alcanzaron apenas 7.517 expedientes en tres años.

Desde la perspectiva técnica del Observatorio, el dato “refuta empíricamente la premisa central del proyecto de ley”, al sostener que no existe evidencia de una proliferación de falsas denuncias que justifique un agravamiento de penas.

En el caso de Misiones, el informe registró 47 causas por falsas denuncias durante el período 2023-2025. De ese total, solo tres correspondieron a expedientes vinculados a violencia de género o intrafamiliar, mientras que 34 estuvieron asociados a conflictos de otra índole y 10 no pudieron clasificarse por falta de datos suficientes.

El documento aclara además que Misiones logró clasificar el 78,7% de sus expedientes, un nivel de desagregación superior al de varias provincias y superior incluso al de jurisdicciones con sistemas judiciales de mayor tamaño.

El relevamiento pone especial énfasis en una cuestión metodológica central para el debate jurídico: la mayoría de los sistemas judiciales provinciales todavía no cuentan con herramientas suficientemente robustas para discriminar con precisión el tipo de conflicto antecedente de las falsas denuncias. En términos prácticos, el Observatorio sostiene que el principal déficit detectado es de información estadística y trazabilidad procesal, no de escala criminal.

Aun así, el proyecto impulsado por Losada avanzó en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales del Senado con una propuesta de modificación integral del Código Penal. La iniciativa plantea elevar las penas por falsa denuncia de los actuales dos meses a un año de prisión a un rango de uno a tres años, y hasta seis años cuando las acusaciones involucren violencia de género, delitos sexuales o menores de edad. También endurece las sanciones por falso testimonio, que podrían alcanzar hasta ocho años de cárcel.

Uno de los puntos más sensibles del debate aparece precisamente en el eventual efecto disuasorio que podría generar sobre las víctimas. El Observatorio advierte que la evidencia disponible muestra el problema inverso al diagnosticado por el proyecto: la subdenuncia sistemática de delitos de violencia de género y abuso sexual.

El informe cita datos de la Encuesta de Prevalencia de Violencia y de estudios oficiales del Ministerio de Justicia que indican que el 77% de las mujeres que sufrieron violencia de pareja nunca realizó una denuncia y que el 88% de las víctimas de violencia sexual tampoco acudió al sistema judicial.

En ese contexto, el Observatorio advierte que agravar las penas para quienes denuncien hechos vinculados a violencia de género podría profundizar las barreras de acceso a la Justicia, especialmente en delitos de difícil prueba y alta vulnerabilidad probatoria.

El trabajo también introduce una observación jurídica relevante sobre la consistencia estadística del debate. El crecimiento de las causas registradas -que pasaron de 1.845 en 2023 a 3.142 en 2025- no necesariamente implica una expansión real del fenómeno, sino que podría responder a mejoras en los sistemas de registro, ampliaciones metodológicas o cambios en las estrategias procesales de litigación. Incluso con ese aumento, las falsas denuncias continúan representando menos del 0,1% del universo penal analizado.

Otro aspecto central del informe es la advertencia sobre las limitaciones del relevamiento. El Observatorio reconoce que no pudo determinar cuántas de las denuncias registradas terminaron efectivamente en condena judicial ni cuántas involucraban litigación estratégica en conflictos familiares o de género.

En paralelo, el proyecto de Losada ya comenzó a generar reacciones judiciales y políticas. Referentes de derechos humanos, entre ellos el exjuez Carlos Rozanski, promovieron denuncias penales contra la legisladora, mientras que la senadora radical respondió denunciando intentos de “amedrentamiento” contra quienes impulsan reformas legislativas.

La discusión, en definitiva, expone un debate jurídico más profundo: hasta qué punto el endurecimiento penal puede funcionar como herramienta preventiva sin afectar garantías de acceso a la Justicia en contextos de violencia estructural. Y allí, los datos estadísticos que ahora empiezan a emerger podrían convertirse en el principal campo de batalla legislativo.

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“Ella es Agustina”: la novela que desnuda el infanticidio y acusa a la indiferencia social

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Nació en Posadas, se formó como periodista en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales y encontró en la sección policiales su primera escuela de humanidad. Hoy, radicada en Barcelona, Susana Breska Sisterna publica Ella es Agustina, una novela negra basada en un infanticidio real ocurrido en Argentina en 2011.

No es un libro cómodo. Tampoco pretende serlo.

Susana comenzó a escribir en la infancia, pero fue el periodismo el que le dio método, mirada y responsabilidad. En 2010 ingresó a un medio gráfico misionero para cubrir policiales, una pasión que ya poseía cuando era estudiante. Allí aprendió que detrás de cada titular hay un entramado de heridas invisibles.

“No se trataba solo de narrar lo ocurrido. Era escuchar. Dar voz. Entender que cada testimonio implica una responsabilidad”, recuerda.

Uno de esos casos la marcó para siempre: el asesinato de una niña de cinco años a manos de su padre. Enero de 2011. Una de sus primeras coberturas.

El seguimiento periodístico se extendió durante cinco años, hasta la sentencia: juicio abreviado, reconocimiento de los hechos y cadena perpetua para el acusado.

La historia, sin embargo, no se cerró ahí.

La idea de escribir estuvo latente más de diez años. Recién en 2024, ya instalada en Barcelona, comenzó a redactar la novela.

“Quería que el recuerdo de Agustina no se apagara. Que el sufrimiento no nos resulte indiferente. Que no haya más Agustinas”.

La obra se inscribe en la novela negra, pero con un anclaje firme en la realidad. Los hechos centrales se apoyan en testimonios recogidos el día del crimen y durante el proceso judicial. La ficción aparece como herramienta para reconstruir escenas, atmósferas, silencios.

Porque, explica, no se trata solo de un crimen atroz, sino de la radiografía de un entorno social que permitió que ocurriera.

Los personajes: un espejo incómodo

Agustina es presentada como una niña dulce, frágil y curiosa. Su hermano Gabriel, de diez años, es uno de los personajes más potentes: el niño que intentó advertir sobre el horror que se gestaba en su casa. Nadie lo escuchó.

Juan Carlos y Analia reflejan el miedo silencioso. Lourdes, la madre, encarna la resignación de quien vive atrapada en la violencia de género. Cristina, líder religiosa del barrio, simboliza la fe que convive con la indiferencia.

Y Darío -apodado por los medios como “la bestia”- aparece como un joven con antecedentes penales desde la adolescencia, cuya violencia no fue sorpresa sino continuidad.

En esa construcción coral, la autora no apunta solo al agresor. Interpela a la sociedad. “Durante años quise contar la historia de Agustina para que su recuerdo viva, para que el sufrimiento no nos sea indiferente y para que no haya más Agustinas, víctimas de una sociedad violenta que mira y justifica sin intervenir”.

Más que un libro

Las opiniones que ha recibido se repiten: relato crudo, mirada periodística, historia que incomoda. Y ese es, quizás, su mayor mérito.

Ella es Agustina no busca entretenimiento. Busca conciencia. Funciona como espejo y como denuncia. Obliga a mirar lo que suele ignorarse: la violencia naturalizada, el machismo estructural, la pobreza, la desprotección.

¿Por qué cree que podría enganchar al lector esta historia, qué la diferencia de un libro convencional? 

Este relato exige ser contado, porque cada historia de sufrimiento es un llamado a la acción. La indiferencia es un cómplice silencioso que permite que el horror se instale sin que nadie lo cuestione. Aunque parezca una lucha titánica, cada pequeña victoria, cada voz que se eleva contra la violencia, representa un rayo de luz ante la oscuridad.

Ella es Agustina, es una cronista de lo innegable. Una invitación a mirar lo que muchos han querido ignorar. A través de sus páginas, el lector es interpelado, obligado a confrontar los horrores que se viven a diario, a reconocer que la indiferencia no es una opción.

Así, este relato se convierte en un espejo de la sociedad. Un reflejo que debería incomodar, que debería provocar vergüenza. Porque, aunque la rueda de la indiferencia gira, aún hay tiempo para cambiar su dirección. Este no es solo un libro; es un grito por la justicia, una súplica para abrir los ojos y tomar conciencia.

¿Quiénes son los protagonistas de su obra y qué les caracteriza a cada uno de ellos?

Debo aclarar que los nombres de los personajes son ficticios, excepto el de Agustina. Ella es presentada como una niña dulce, frágil y curiosa. 

Gabriel, el hermano mayor, impacta por su madurez impuesta. Tiene diez años y es uno de los personajes más valientes. Su coraje lo llevó a buscar ayuda, advirtió sobre el horror que se cernía en el interior de la casa, pero nadie, ni siquiera Lourdes, su madre, pareció escuchar.

Juan Carlos y Analia, también hermanos de Agustina, son niños silenciosos, reflejan el miedo en sus miradas.

Lourdes, la madre, vivía atrapada en una telaraña de resignación, víctima de violencia de género que parecía no tener fin. Ella muestra una resignación dolorosa ante el horror. 

Cristina, la líder religiosa del barrio, una mujer cuya fe parecía brillar intensamente. Sin embargo, al igual que los vecinos, decidió permanecer en la comodidad de su indiferencia. 

Dario, el asesino, apodado por los medios de comunicación como “la bestia”, es un sujeto agresivo cuyos antecedentes penales iniciaron a los 13 años. Se presenta como un joven de apariencia inofensiva que recurre a distintas formas de violencia e incluso torturas para causar daño y mantener su lugar de poder y autoridad. 

¿Cómo se puede conseguir el libro y dónde lo vas a presentar?

En marzo estaré en Argentina y allí será la primera presentación. Es muy importante para mí porque será en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, donde me formé como Licenciada en Comunicación Social. 

Estoy muy agradecida con el director del Departamento de la Carrera, Carlos García Da Rosa quien hizo posible la presentación. 

Posteriormente, en mayo, realizaré otra presentación en la biblioteca de Salvador Vives Casajuana de Sant Vicenç de Castellet, Barcelona. 

El libro se puede conseguir en tiendas virtuales como Amazon y Mercado Libre. También, está disponible en Ebook y audiolibro en portales.

El libro ya puede conseguirse en Amazon, Mercado Libre, en formato ebook y audiolibro.

Pero más allá de la plataforma, la intención es clara: que la historia circule. Que incomode. Que despierte.

Porque, como sostiene Susana Breska Sisterna, todavía estamos a tiempo de cambiar la dirección de la rueda de la indiferencia.

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