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Crisis de la yerba: la solución está en la mesa imperfecta

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9 a 3. Una goleada. Los números reflejan una diferencia abultada. Contundente. Obedecen a una de las últimas votaciones en el seno del Instituto Nacional de la Yerba Mate, el organismo encargado de regular y custodiar la cadena productiva para que haya un equilibrio en la distribución de la renta y medidas de protección para los eslabones más sensibles.

¿Qué se votaba? Una semana antes de que se vuelva a enviar la definición del precio al laudo de la Nación, a instancias de la Provincia, se puso sobre la mesa una propuesta de suspender la zafriña de marzo, una época con escaso movimiento de la producción y con una incidencia menor en los volúmenes, pero suficiente para equilibrar la sobreoferta de materia prima.

De los 240 secaderos en actividad, menos de 20 operan durante la zafriña y manejan entre trece y 16 millones de kilos mensuales, contra 130 millones de kilos en el momento más fuerte de la cosecha.

Fue un martes.

Pero los directores pidieron “tiempo” para analizar la propuesta. Aceptaron votar el miércoles, pero ya volvieron con la decisión tomada. 9 a 3.

Una nueva oportunidad perdida para equilibrar la oferta y hacer uso de las herramientas que posee el INYM desde su génesis.

Sin embargo, el resultado no sorprende. El precio se define generalmente en el ministerio de Agricultura de la Nación por falta de acuerdo. En el INYM hay una propensión a desdeñar las demandas de la producción, el eslabón más desprotegido, que a su vez arrastra a los trabajadores rurales, con apenas un lugar en la mesa, pero, llamativamente, algunas veces votando en contra de sus intereses.

Apenas tres votos a favor de suspender la zafriña: el del gobierno de Misiones, que había impulsado la medida y los dos representantes de la producción, Guido Lagier y Jorge Haddad.

Los del Gobierno y la producción correntina votaron en contra, lo mismo que los de las cooperativas de ambas provincias y los del sector industrial.

Llama la atención que algunos sectores voten en contra de sus propios intereses. Pero el resultado no sorprende. Es más o menos como viene operando el INYM desde hace varios años.

Nacido en 2002 al calor de una protesta histórica de los productores yerbateros de Misiones, en una crisis de precios mucho más profunda que la actual, el organismo que debía proteger los intereses de toda la cadena, fue perdiendo en el camino la esencia de su origen.

Los precios casi nunca se fijaron en Misiones y desde hace varios años vienen estando por debajo de las expectativas de los productores –incluso menores a los costos reconocidos por el mismo INYM, lo que viola la ley-.

Ahora se sostiene que la crisis yerbatera responde a una sobreoferta de materia prima, combinada con una caída de la demanda externa e interna. Pero es la coyuntura. El problema es estructural y de vieja data.

La ley es determinante. En su artículo 8 señala que el INYM puede implementar las medidas que resulten necesarias para facilitar el equilibrio entre la oferta y la demanda. El noveno es más claro: puede fijar el calendario de cosecha, (no solo sugerir como en la última resolución) y limitar nuevas plantaciones. Y puede aplicar cupos de cosecha con un sistema progresivo de mayor a menor.

Es decir, la mesa del INYM tiene las herramientas desde la ley original para planificar a futuro y tomar las decisiones que sean necesarias para anticiparse a una superproducción.

La ley es diáfana. El INYM debe realizar y compilar estadísticas, censos y relevamientos de la producción, elaboración, industrialización y comercialización y consumo de la yerba. Desde 2002 figura en la ley.

Sin embargo, hasta ahora se viene postergando la conclusión de un censo para saber con exactitud cuántos productores hay y cuánto producen. Dos meses, tres, seis. Supuestamente estará en estos días. 

También puede el organismo rector de la actividad, crear registros para la identificación de la producción, elaboración, industrialización y comercialización de la yerba mate.

Asimismo, tiene facultades para mediar ante las instituciones que correspondan a los efectos de atender los intereses del trabajador del sector o incluirlo en los beneficios del fondo de desempleo nacional.

En la última protesta que ocurrió en Posadas, el directorio se desentendió de la protesta de tareferos y fue la Provincia la que tuvo que hacerse cargo. Pero está en la ley.

El 90 por ciento de la producción yerbatera está concentrado en Misiones. Sin embargo, en el directorio del INYM hay cinco representantes de Corrientes. Las Marías es la firma principal, junto a una cooperativa. El Gobierno de esa provincia, como es lógico, defiende los intereses de la compañía.

No sólo es desproporcionado el reparto de poder en la mesa yerbatera. Las Marías tiene una enorme influencia en productores, secaderos y cooperativas de Misiones, a los que les compra la materia prima. Y votan de acuerdo a sus intereses.

Con el diez por ciento de la producción en Corrientes, Las Marías concentra el 44 por ciento del volumen de yerba elaborada.

La riqueza yerbatera que se produce en Misiones, termina siendo más generosa cruzando la frontera.     

Está claro que un precio menor para la materia prima beneficia directamente a Corrientes –y un poco a un grupo de grandes industrias misioneras- en detrimento de los casi 20 mil productores misioneros. Allá casi no hay productores, por lo que no hay un problema social. Hay un gran productor-comprador que se beneficia con los bajos precios. Incluso se han denunciado operaciones trianguladas para la compra a través de empresas inscriptas en otras provincias. Pero la yerba termina en Corrientes.   

La ley del INYM también es clara en cuanto a los precios. El cálculo nunca podrá ser inferior al importe que resulte necesario para desarrollar la actividad productiva, incluyendo cargas impositivas, laborales y previsionales, incluyendo una rentabilidad razonable. En varias oportunidades se fijó un precio por debajo de los valores pretendidos por los productores e incluso, menores a la grilla de costos oficial.

El Centro de Transacciones, una prioridad para la Provincia que le daría transparencia a las operaciones y que ahora cuenta con el aval del ministro de Agricultura, Ricardo Buryaile, figura, en realidad, entre las partes fundantes del INYM: aparece en el artículo 32, inciso e la “implementación y operación de un centro de Transacción de la Yerba Mate”. Pasaron quince años.  

No es el único lapsus temporal de la mesa yerbatera. El 21 de junio de 2007 se declaró el “acompañamiento” del INYM a la propuesta de modificación de la normativa del Código Alimentario Nacional que establece que “la fracción que pasa por el tamiz 40 será considerada hojas” por un sistema que determine la cantidad de palo mediante el método de fibra cruda o determinación de contenido de fibra bruta. De este modo, se conseguiría bajar el porcentaje de palo y absorber una mayor cantidad de hoja verde. El 19 de enero, una década después, el INYM decidió ratificar… lo mismo. Diez años.

No fue un olvido. Desde la vecina provincia hubo fuertes presiones para que esto no ocurra.

Otra resolución del 8 de este mes, es incluso más preocupante para los eslabones más débiles de la cadena. Apurado por la necesidad de dar transparencia en el mercado, como reclaman productores y el Gobierno de Misiones, el organismo decidió que para el 31 de julio de este año, todos los secaderos deberán contar con una constancia de aprobación de balanza emitida por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial. Los que no cuenten con la balanza, podrán ser multados con el valor de hasta un millón de kilos de hoja verde.

¿Qué significa esto? Buena parte de los secaderos no cuenta con una balanza certificada y sí con otros tipos de mecanismos de medición. Solo las grandes firmas tienen balanzas del INTI.

En Misiones hay un solo operador autorizado a certificar las balanzas y asegura que no hay tiempo físico para que los secaderos cumplan con la norma. En este contexto, una multa semejante, sería la ruina y se favorece la concentración, algo que supuestamente el INYM, en su plan estratégico, advierte que hay que frenar.  

El Gobierno provincial instaló tres puntos de pesaje con balanzas electrónicas certificadas por el INTI para que operen como prueba del Centro de Transacciones. Así se puede seguir on line durante las 24 horas el movimiento de la actividad yerbatera y comparar con las operaciones bancarizadas. El sistema está en funcionamiento.

El estallido de la crisis no es culpa, claro, de las personas que ocupan los cargos. Ni de la yerbatera correntina que juega el juego que le conviene. Es en realidad, un laissez faire, laissez passer que fue resultó en tiempos de vacas gordas y precios elevados. Los productores que forjaron una enorme herramienta de transformación, ven pasar los años sin cambios profundos. Cuando el dinero fluye, no hay quejas y crece la venta de camionetas y tractores. Cuando falta, se los nota incómodos en un estudio de televisión porteño o repartiendo bolsitas de yerba en Plaza de Mayo, mendigando una audiencia con el Presidente, pero aceptando como mediador al Momo Venegas, que se enteró hace apenas unas horas de los padecimientos de sus representados.

El secretario general de la Uatre se convirtió en portador de una promesa de dudoso cumplimiento: según transmitió a los productores, el presidente Mauricio Macri garantizó un fondo de 1.500 millones de pesos para financiar la cosecha y que los productores cobren el valor fijado a través del Banco Nación, que recibiría los cheques hasta 180 días y pagaría en efectivo sin cobrar intereses.

Lejos está de ser una solución de fondo. Es apenas coyuntural. Ese dinero alcanzaría para una sola cosecha a valores actuales. Peor aún. Con dinero del Estado se estaría cubriendo el incumplimiento de las grandes industrias que son las que no pagan el precio oficial.

Los prometidos 1.500 millones servirían para pagar los intereses de las operaciones. No soluciona el problema de la yerba excedente que los grandes jugadores seguirán sin comprar o lo harán ofertando menores precios. El cheque a largo plazo suele venir acompañado por precios más bajos.

Hasta hace apenas unos días, la Nación decía que no contaba con el dinero para comprar la canchada extra en el mercado, por un valor estimado en mil millones de pesos.

Sería mejor cumplir con la ley. Pero como contó un intendente que participó de una reunión la semana pasada con los lugartenientes de Buryaile, desconocían los pormenores de la norma.   

Ante la crisis, queda en evidencia que no hay un equilibrio en la cadena y que el mercado, sin regulaciones firmes, tiende a concentrarse y engullir a los pequeños productores. Ya pasó en los 90, durante los años del libre mercado neoliberal. La hoja verde valía 0,20 centavos –vaya paradoja, de dólares, gracias a la Convertibilidad-. Menos que un chicle. Las chacras, apenas unas monedas más.  

Las fallas del INYM no deben servir de excusa, sin embargo, para despreciarlo como herramienta transformadora. Pero debe ser utilizado fervientemente por los principales interesados en un cambio: los misioneros.

Pero hasta para eso hay pequeñas trampas. El estatuto definido por los directores estableció que para poder ocupar una silla en esa mesa, el elegido debe representar a una entidad con cuatro años de antigüedad. Pasa una vida y hasta el Gobierno puede cambiar en cuatro años.

Es posible que el Gobierno provincial pida explicaciones por esa resolución del INYM y que intente modificarla.

Misiones debe –y que no se entienda esto como una guerra geográfica- proteger su economía y sus intereses. Hay que saber ocupar los espacios.

Para tener una dimensión de lo que importa la yerba mate en Misiones, van unos números. El gobernador Hugo Passalacqua oficializó la sugerencia de la Provincia para que la yerba valga 50 centavos de dólar.  De transformarse en realidad, tendría un enorme impacto económico.

Si se mantuviera el mismo ingreso de hoja verde a los establecimientos de la Misiones, según las declaraciones juradas de los operadores ante el INYM del 2016, se alcanzó los 707.267.262 kilogramos, los recursos en (por medio de los productores) se incrementarían en 1.959.130.315,74 pesos (+54%), pasando de 3.607.063.036,2 (si se mantuviera el precio de $ 5,1) a 5.566.193.351,94 (teniendo en cuenta el 50 por ciento de los 15,72 pesos por el valor del dólar vigente al cierre de las operaciones de este viernes). Dos mil millones de pesos más, en manos de productores y con un inmediato efecto derrame en la economía.

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La negación como estrategia

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¿Qué trajo la desubicada esta?, preguntó, sonriente, Mauricio Macri en medio de los aplausos del final.

“Es de Misiones. Yerba”. Contestó Emilio Monzó, presidente de la Cámara de Diputados sin saber que el micrófono estaba prendido.  

Sobre el final, un pequeño desliz durante la Asamblea Legislativa, se convirtió en un dato político. La desubicada es la diputada misionera Cristina Britez y lo que le entregó al Presidente fue un paquete de medio kilo de yerba, como el que afuera regalaban los productores misioneros para hacer visible su protesta por los bajos precios que reciben.

Macri no pareció estar enterado del reclamo y exhibió el paquete como un trofeo para las fotos. No era un regalo. Era una señal de protesta.  Pero el discurso estuvo blindado a cualquier mención de reclamos o alertas por los daños colaterales de un modelo económico que fue ratificado insistentemente.

El Presidente volvió a usar la retórica electoral para sostener sus acciones de Gobierno. Puso en evidencia que en las urnas se pone en juego la continuidad del cambio o el regreso del pasado. Es él o Cristina. Una polarización sin matices y que en esa lectura, no admite jugadores intermedios.

El problema es que se trató ya del segundo discurso ante la Asamblea –el tercero sumando el día de su asunción- y todavía no pudo exhibir señales de un cambio positivo. La mayoría de los indicadores sociales y económicos retrocedieron sensiblemente, en forma inversamente proporcional a los “errores” del Gobierno.  Abundaron, sin embargo, las menciones optimistas. A futuro. En potencial. Ya vamos a llegar.

Menciones de datos sueltos para graficar un todo que no es –nunca lo es- lineal. “Con las obras que hicimos en el aeropuerto de Tucumán la exportación de arándanos creció un 58 por ciento”, leyó, exultante, el Presidente. El l Comité Argentino de Arándanos puso un poco de claridad.  Ese 58 por ciento no es representativo de lo que sucede en el sector. Entre 2015 y 2016 hubo un incremento del 15 por ciento en los volúmenes exportados, pero fue el peor año del producto por los precios en destino y la disparada de los costos de producción.

En realidad, aunque fue una promesa de campaña, no hay economía regional a la que le esté yendo particularmente bien. La combinación de dólar bajo y suba de tarifas ha socavado la posibilidad de competir en el exterior y el consumo interno sigue estando en terapia intensiva, aunque en febrero haya mostrado que mantiene signos vitales. La recaudación del IVA creció por encima de la inflación.

La economía regional misionera, por caso, está en problemas. La yerba mate padece de bajos precios y caída del consumo. La forestoindustria no puede exportar y teme el impacto de una mayor apertura de las importaciones.

En Corrientes, una textil adelanta las vacaciones de enero de 2018 y ya advirtió a sus empleados que no habrá aumentos de salarios. Congelados. La Federación Económica de la Ciudad de Buenos Aires (Feciba), en base a datos oficiales, se perdieron en el sector un total de 151.433 puesto de trabajo durante el primer bimestre de este año.

Mientras el país no puede exportar, crece el déficit de balanza comercial por los productos que ingresan de otros países. Como sostiene el ministro de Producción Francisco Cabrera, no se trata de una “avalancha” de importados. Pero la balanza está muy inclinada.

La dinámica del comercio bilateral confirmó las dos tendencias claras de los últimos meses: un aumento interanual en el comercio bilateral, con incrementos tanto de las exportaciones como de las importaciones, y un creciente déficit bilateral.

Así, el comercio bilateral sumó USD 1.908 millones, un 12,8% más que durante el mismo mes del año pasado y el mayor registro para un mes de febrero desde Feb-2014. De esta manera, el comercio bilateral marcó el cuarto mes consecutivo de aumentos interanuales, con el agregado de que el alza se dio tanto en las exportaciones argentinas a Brasil como en las importaciones de Argentina desde Brasil.

Por su parte, las importaciones argentinas desde Brasil crecieron 18,3% durante febrero con respecto al mismo mes de 2016, alcanzando un valor de compras de USD 1.271 millones. En base a estos resultados, el saldo comercial volvió a reflejar un aumento del déficit bilateral, alcanzando USD 634 millones en el mes; el mayor déficit en un mes de febrero desde Feb-2012 

Macri y su equipo económico tienen para celebrar sí una caída en el ritmo de la inflación. Pero esa meta, que este año es aún más ambiciosa, choca con las propias acciones del Gobierno. Los tarifazos conspiran contra los precios bajos y la apuesta al consumo en un año electoral, empujará los precios hacia arriba. Una encrucijada difícil de resolver.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, mira el vaso medio lleno y asegura que la recesión ha terminado. “Hay que tener una mirada amplia sobre la competitividad y, en ese contexto, la foto que tenemos hoy es mucho mejor que la que teníamos hace un año y medio atrás”, señaló desde Mendoza. Pero al mismo tiempo prometió un mayor ajuste en las cuentas públicas como herramienta para bajar la inflación. “Ustedes saben que las provincias están alcanzadas por una ley de responsabilidad fiscal que fue sancionada hace muchísimos años, estaba suspendida y cobró vigencia de nuevo en el presupuesto del año 2017, pero es una ley  que a nosotros no nos deja conforme porque tiene techos al crecimiento del gasto demasiado elevados y permite que el gasto vaya con el PBI nominal, con lo cual no baja nunca en términos de producto y entonces no se pueden bajar impuestos, no se puede bajar la presión impositiva”, sostuvo.

Además, agregó que están trabajando en el Consejo de Responsabilidad Fiscal junto con el Ministerio del Interior, Rogelio Frigerio, y los ministros de Hacienda provinciales para adaptar esa ley a criterios más restrictivos en los cuales el gasto corriente pueda mantenerse en términos reales; y crecer el gasto de capital. 

Por eso se entiende el choque con los gremios estatales que reclaman subas salariales que permitan recuperar el poder adquisitivo del año pasado, cuando la inflación fue superior al 40 por ciento. El Gobierno se ajusta a una pauta inflacionaria para este año, estimada en 17 por ciento, pero de muy difícil cumplimiento según la mirada de analistas privados y de diverso color político.

“No obstante, la “sensación térmica” de la reactivación puede no coincidir con los datos objetivos, debido a que este rebote convive con los cambios estructurales que intenta el gobierno, por los cuales se retiran subsidios de las tarifas, se sincera el costo del dinero y se admite algo más de competencia en los mercados. El problema está en que, sin esos “ruidos” que alteran el corto plazo, quedaría trunca la transición hacia un crecimiento sustentable más adelante”, asegura Jorge Vasconcelos, uno de los economistas estrella de la Fundación Mediterránea a la que no se puede acusar de opositora y que incluso ha colocado a varios de sus hombres en las filas del Gobierno.

Ajuste con necesidades electorales. Un contraste a la vista. Por eso, la apelación de nosotros o el pasado, no es casual.

Es el llamado al núcleo duro de los simpatizantes del Gobierno a sostener el rumbo. Es la convocatoria a “voluntarios” para que cubran las vacantes de los docentes en huelga. Es la demonización de los dirigentes que convocan al paro desde la CGT.

Sin embargo, el tiempo de romance parece haberse terminado. El propio Presidente tocó la campana de largada del tiempo político electoral. Los aliados circunstanciales comienzan a ver ahora sus propias necesidades y advierten que seguir siendo laderos puede generar daños permanentes en sus propias ambiciones.

Las elecciones ya están a la vuelta de la esquina. El conflicto no es buen compañero para el último tramo hacia las urnas.

Macri parece no poder evitar el choque con docentes y la CGT. En las provincias, los gobernadores buscan desactivar conflictos antes de que estallen.

El mandatario de San Luis, Alberto Rodríguez Saá rompió el esquema con aumentos salariales que van del 40 al 60 por ciento de acuerdo a las categorías. Lo hace para diferenciarse, pero también porque puede. Es una provincia relativamente chica con buena coparticipación y regalías por la minería. Cuenta con recursos suficientes y evidentemente, una buena administración.

En Misiones, la oferta salarial está adecuada al contexto. Pese a ser una de las provincias menos beneficiadas en el reparto de coparticipación, el Gobierno acordó una suba salarial del 18 por ciento en blanco –al básico y con adicionales remunerativos-. Los principales gremios aceptaron la oferta y con los docentes, el jueves seguirán las negociaciones, atadas a lo que suceda en el ámbito nacional.

En Misiones la mesa paritaria sigue abierta con el compromiso de revisar los acuerdos en noviembre, dependiendo de lo que suceda con la inflación.

De este modo, aunque todavía quedan algunos gremios por formalizar, la masa salarial del Estado aumentará en más de 150 millones de pesos por mes. El incremento a los docentes significará una erogación mensual de más de 66 millones de pesos más, mientras que el resto de los estatales demandará otros 85 millones de pesos.

Hay responsabilidad en la oferta y en la actitud de los gremialistas. La buena salud de las cuentas públicas es primordial para preservar la economía y la acción del Estado.

Cuando la desmesura se apodera del Estado, las consecuencias son peligrosas. El paro de los municipales de Posadas es un dato de esa realidad. Los sindicalistas arrancaron con un pedido de aumento del 60 por ciento y obviamente rechazaron la oferta del 15 por ciento. La basura se acumuló por varias horas en la ciudad, con olores nauseabundos y la negativa del sindicato a negociar.

La demanda salarial puede ser legítima. Pero debe tener en cuenta el escenario. Posadas es la capital de Provincia con menos coparticipación por habitante del país. En general, en el resto de las ciudades la coparticipación forma parte del 60 por ciento de los ingresos del municipio. En la capital misionera es solamente del 35 por ciento.

Las cuentas de la Municipalidad de Posadas están agotadas, por una combinación de recesión y asimetrías con Paraguay. El presupuesto está casi destinado a pagar sueldos y el Concejo Deliberante demanda una enorme e injustificada cantidad de recursos. El promedio del gasto en el Concejo Deliberante en cualquier ciudad de Argentina es de aproximadamente el  3 por ciento.

“Acá en Posadas este cuerpo le demanda al municipio un 27 por ciento, es decir, está casi diez veces por encima del promedio de todo el país. Para que tomen dimensión de lo que hablo, este Concejo gasta más que los de Corrientes, Paraná y Santa Fe juntos, con una población inferior”, reveló el intendente Joaquín Losada en la apertura de sesiones del Concejo.

Entre el 2015 y el 2016, el legislativo incrementó sus gastos en un 50 por ciento mientras que el municipio, con los servicios que brinda, lo hizo en un 22 por ciento. Del presupuesto total de la ciudad  un 80 por ciento  está destinado a salarios, y el Concejo gasta un tercio del total de dicha masa salarial. Está claro que si no se corrige esta situación, cualquier demanda salarial será inviable.  Si no hay reactivación económica, no habrá recurso que alcance. Pero cuando lo haya, habrá que pensar con racionalidad.

La premisa del Gobierno sigue siendo fortalecer el misionerismo. El gobernador Hugo Passalacqua dio una señal clara en medio del conflicto yerbatero por los bajos precios. Tomó la idea del presidente de la Legislatura, Carlos Rovira, y sugirió que el precio de la hoja verde sea fijado en 50 centavos de dólar. No es apenas elevar el precio, como reclaman los productores, sino generar un enorme efecto derrame en la economía de Misiones. Si se toman los kilos de cosecha a diciembre del año pasado, los productores podrían recibir en forma directa 1.959 millones de pesos más, pasando de 3.607.063.036,2 pesos a  5.566.193.351,94  pesos.

Claro, no es la solución definitiva para la problemática yerbatera, que necesita reformas de fondo en las que debe incidir mucho más fuerte la opinión de los misioneros, donde se produce el 90 por ciento de la yerba mate de la Argentina. Pero un volumen de dinero semejante, aparejado a la pulseada por recibir mayores recursos de coparticipación, pueden tener un enorme efecto dinamizador en la economía de Misiones.

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Yerba a 50 centavos de dólar: los ingresos de los productores aumentarían en dos mil millones de pesos

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El gobernador Hugo Passalacqua sentó posición con claridad en medio del conflicto yerbatero. “Ratificamos una vez más nuestra postura de defender la producción y sobre todo, al pequeño productor”, dijo después de una reunión del gabinete económico. Después, abundó: retomó una idea expuesta el año pasado por el presidente de la Legislatura, Carlos Rovira, y sugirió que el precio de la materia prima debe valer 50 centavos de dólar, algo así como 7,50 pesos, bastante alejado de los 5,10 pesos que los productores no logran cobrar actualmente.

Al margen de las discusiones sobre las responsabilidades en el incumplimiento de los precios, desde hace un tiempo se observa una pérdida del poder adquisitivo de los productores que va más allá de poder cobrar lo pactado.

Al observar la evolución del precio de la hoja verde puesta en secadero según los diferentes incrementos efectuados, ya sea mediante el laudo nacional (gran parte de los casos) o por resolución del directorio del INYM, el precio de diciembre del 2014 al mes de enero de 2017, se incrementó nominalmente en un 29,11 por ciento pasando la tonelada de 3.950 pesos a  5.100 pesos (a partir de octubre de 2016). Ese aumento está claramente por debajo de la inflación observada mediante mismo lapso temporal (+75 %), por lo que el pequeño productor tuvo una caída en su ingreso real por kilogramo de cosecha de alredor del 26,23 por ciento.

La propuesta del Gobernador, que gira en torno claramente del lado del productor, por su visión integradora y a fin de mejorar la actual distribución del ingreso en la economía yerbatera, sugiere que el precio de la hoja verde pase a estar $ 7,87, que corresponde al 0,5 u$s por dólar, representando así, un incremento del 54 % de la hoja puesta en secadero.

La iniciativa del Gobierno provincial en relación a la potencial determinación del laudo nacional, implicará en primer lugar, una recuperación del poder adquisitivo perdido por los pequeños productores, y en segundo lugar, al determinarse en función al dólar, el mismo quedará atado a la variación de la cotización del dólar que favorecerá su rentabilidad.

Asimismo, dicha propuesta tiene como eje la distribución del ingreso, concentrada gran parte en los intermediarios (cadenas de supermercados, entre otros), partiendo de que la producción de la yerba mate (hoja verde), es principalmente realizada por pequeños productores, que son propietarios de tierras menores a 20 hectáreas, y que conforme a los datos del INYM los mismos ascienden a 16.842 productores representando el 90,47 por ciento del total (18.615 productores) y que a su vez tienen una participación del 54,43 por ciento del total de hectáreas cultivadas.

De concretarse el aumento, con el mismo ingreso de hoja verde a los establecimientos de Misiones, según las declaraciones juradas de los operadores ante el INYM del 2016, que alcanzó a los 707.267.262 kilogramos, el ingreso provincial (por medio de los productores) se incrementaría en 1.959.130.315,74 (+54 por ciento), pasando de 3.607.063.036,2 pesos (si se mantuviera el precio de 5,1 pesos) a 5.566.193.351,94 pesos (teniendo en cuenta el 50 por ciento del dólar vigente a la fecha 15,72 pesos).



 

Se puede observar en el gráfico precedente, que la evolución del precio de la hoja verde puesta en secadero, estuvo por debajo de la variación de los precios y de la variación del tipo de cambio (cotización del dólar), siendo esta última superior a los demás, particularmente después del salto que se dio tras el levantamiento del cepo cambiario en diciembre/15, por lo que, si el precio de la hoja verde hubiera estado en función al dólar desde dic/14, los productores hubieran tenido un incremento del poder adquisitivo del 6 % en tal horizonte.
 

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Advierten que el precio de la yerba en góndola es 11,5 veces mayor al valor que debería recibir el productor

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El precio de venta al público del paquete de un kilogramo de yerba mate promedia los $ 58,98, valor que es 11,5 veces mayor a los $ 5,10 que deberían recibir los productores yerbateros, de acuerdo con lo establecido por el Instituto Nacional de la Yerba Mate.

 Incluso si se toma el valor de $ 3 por kilo de hoja verde puesta en secadero, que los yerbateros dicen que están percibiendo, la diferencia con el precio en góndola se estira a 19,5 veces.

“El Instituto debe fiscalizar a cuánto se vende el kilo de yerba mate en las góndolas y jamás lo hizo”, destacó a Télam el presidente de la Federación Agraria de Misiones, Jorge Butiuk, durante la protesta que los productores misioneros realizar el jueves en Plaza de Mayo, donde repartieron de manera gratuita 30.000 paquetes para concientizar a la población acerca del bajo precio que reciben por el producto.

Por su parte, un relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) puntualizó que “los precios de góndola tuvieron una evolución muy por encima de la de los valores al productor” en los últimos tiempos.

 

“Mientras el precio de la hoja verde puesta en secadero aumentó en el período que va de setiembre de 2016 a enero de 2017 en el orden del 6,25% y la canchada en 6,49%, los precios en góndola crecieron 12,15%, es decir, casi el doble”, puntualizó el análisis del centro de estudios constituido por economistas y politólogos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

A todo esto, el Instituto Nacional de la Yerba Mate resolvió ampliar la suspensión de las actividades de cosecha y secanza de hoja verde de yerba mate, por este año, durante septiembre, octubre y noviembre.

Lo hizo a través de la Resolución 29/2017 publicada este viernes en el Boletín Oficial, donde precisó los motivos por los cuales sumó un mes a los de octubre y noviembre, que desde 2007 venían siendo los meses en que estaba suspendida la cosecha y la secanza.

El Instituto indicó que en estos meses se registró un periodo “de mayor brotación, floración y formación de frutos y semillas” que “compromete la calidad final de la materia prima”, y alertó que eso “influye negativamente en el producto yerba mate canchada”.

En cuanto a la diferencia entre el valor que recibe el productor y el precio en góndola, actualmente en 11,5 veces, CEPA precisó que “esa relación era de 10,44 veces en noviembre de 2015”.

En ese momento, el valor por kilo de hoja verde puesto en secadero era de $ 4,27; y el precio al público de $ 44,57.

Mientras el valor que recibe el productor aumentó desde noviembre de 2015 a la fecha, 19,43%; el precio que paga el público creció 32,33%.

Si se toma el valor que dicen recibir los productores, de $ 3 por kilo de hoja, daría una pérdida de 29,75%, frente a lo que percibían en noviembre de 2015.

La producción de hoja verde en 2016 fue de 819.052,57 toneladas, cifra que fue 1,08% superior a las 810.235,35 toneladas de 2015, de acuerdo con los datos del Instituto.

En tanto, la salida de yerba mate al mercado interno pasó de 250.154,79 toneladas en 2015, 252.136,10 toneladas en 2016, lo que representó un aumento de 0,79%.

Estos números dan por tierra con los argumentos de la industria de que de un año a otro hubo un exceso de producción, que justificaría una baja en los valores que reciben los yerbateros.

“Solamente pedimos un precio justo para poder subsistir. Ayúdennos y nosotros vamos a hacer que nuestro país sea aún más grande”, aseguraron los productores en el volante que repartían en Plaza de Mayo.

En este marco, el Instituto envió el miércoles último a laudo la fijación de los precios para la materia prima, que deberán regir para el periodo que va de abril a setiembre de este año.

 
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Cómo entender la raíz del conflicto yerbatero

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El sector se caracteriza por una oferta primaria atomizada con casi 18.000 productores donde 75% poseen entre 0 y 10 hectáreas, 239 establecimientos secaderos y 132 molinos. Sin embargo, la comercialización final de la yerba mate está oligopolizada en 12 empresas que se distribuyen alrededor de 90% del mercado y, de estas, las 5 más grandes concentran más de 50% de las ventas (Gortari, 2013). En 2016, particularmente durante el mes de abril de 2016 y con continuidad en el mes de junio del mismo año, tuvieron lugar sucesivas medidas de fuerza por parte de productores yerbateros en la provincia de Misiones, explicadas por la agudización de las dificultades para los pequeños productores desde el 10 de diciembre de 2015, en un escenario en donde ya persistían con anterioridad marcadas asimetrías entre actores. En aquel momento, entre las razones de los reclamos se indicó: “la falta de precio sostén, la operatoria en negro, el incumplimiento de los precios y la dilación en los pagos, de hasta 180 días”1 . En efecto, a finales de abril los productores interrumpieron la cosecha aproximadamente una semana reclamando el incumplimiento del precio pactado y el pago en efectivo por parte de los molinos, ya que se produjeron casos donde la modalidad de pago fue a plazo hasta 300 días inclusive. Cabe señalar como característica del complejo, el hecho de que la yerba en tanto producto no perecedero brinda, en efecto, la posibilidad de sostener medidas de fuerza. A esta situación se agregó el malestar por el bajo precio estipulado para la materia prima. Mediante la Resolución 72/2016 se fijó para el periodo abril-septiembre del corriente año el kilo de hoja verde en $ 4,803 (con una suba del 16,9% interanual y del 12,4% con respecto al periodo octubre-marzo) y el kilo de hoja canchada en $ 18,031 (suba del 18,8% interanual y del 14,2% con respecto a octubre-marzo).

Sin embargo, el laudo del Ministerio de Agroindustria de la Nación determinó en última instancia un precio menor al sugerido de acuerdo a los estudios de la estructura de costos del Instituto Nacional de Yerba Mate (INYM) que arrojaba un importe por encima de $ 5 el kilo de hoja verde puesto en el secadero. De esta manera los pequeños productores yerbateros no lograban cubrir sus costos.

Semejante situación colocó en conflicto a la Federación Agraria Argentina (FAA), que representa a los pequeños y medianos productores, con las autoridades del INYM por acordar precios de la hoja verde por debajo de los costos de la actividad. Según declaraciones de Jorge Botiuk, presidente de la delegación Misiones de la FAA, “no entendemos qué pasó, no sabemos por qué los representantes de la producción firmaron un precio de 5,10, cuando hace seis meses salimos a la ruta a exigir un precio mínimo de 5,20 pesos. En marzo estábamos todos convencidos que no podíamos cobrar menos de 5,20 y seis meses después, con toda la inflación que hubo, nuestros directores terminan firmando 5,10, no se entiende”. Los dirigentes de la FAA expresan además que ni siquiera se respetó la estructura de costos de producción (mano de obra, fertilizantes y combustible) realizada por los técnicos del INYM de 6,20 pesos para el kilo de hoja verde, fijando un precio muy inferior ($ 5,10) y que no supera el 6% de incremento en relación al precio fijado por el último laudo de Nación ($4,80).

Asimismo, al momento de dicho conflicto y para los primeros siete meses del año, en un contexto de caída del consumo de otros productos, la yerba mate tuvo un crecimiento casi nulo del 0,2% interanual2 , en ese período, los precios de góndola tuvieron una evolución muy distinta a los precios al productor. Mientras el precio de la hoja verde puesta en secadero aumentó para el período noviembre 2015 a junio 2016 al 12,41% y la canchada a 14,19%, los precios en góndola, según el relevamiento de CEPA-Indep, crecieron 16,40% a junio de 2016. La situación a inicios de 2017 Productores y tareferos (recolectores) de yerba mate denuncian que reciben sólo $2,80 a $3,20 y exigen que se les pague el precio fijado de $5,10 por kilo de hoja verde. Denuncian asimismo la inacción por parte del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) en lo referido a la fiscalización, lo que permite el mantenimiento de esta situación. El diagnóstico del INYM hace hincapié en un supuesto exceso de producción por lo que propuso extender a 3 meses la prohibición de la cosecha, suspender las plantaciones por el plazo de 2 años y que en la próxima cosecha se deje por lo menos un 20 por ciento de hoja verde en planta. El objetivo apunta a mejorar los precios del productor condicionando la cantidad de producción.

Sin embargo, se observa que no ha habido aumento de ingreso de hoja verde a secadero ni aumento en lo referido a salida a molino sino una sensible caída en las exportaciones. Otra causa del problema es el palo en yerba. Tal como menciona el presidente de la Asociación Civil Yerbateros del Norte, Julio Petterson, “el problema es que no se cumple con la fiscalización y por lo tanto se muele el palo, lo que genera un aumento del palo en paquete. Lo que pasa es que el INYM favorece a los grandes”. En este escenario, en 2016, el crecimiento de la cosecha de yerba mate fue apenas superior al del año 2015. Mientras que en el año 2015 el ingreso de hoja verde a secadero aumentó 3,5%, desde inicios de 2016 se presentaron caídas en varios meses respecto del año anterior, cerrando el año con un alza de 1,2%. 

 

Gráfico N° 1: Variación interanual en la cosecha de yerba mate.

Tal como se observa en el gráfico siguiente, la variación de 2016 en relación a 2015 ha sido de
0,79%, es decir, una evolución similar a la variación de la cosecha.

Lo referido al mercado externo, asimismo, no sólo no significó un alivio de los pequeños productores de yerba mate sino que tuvo el efecto contrario. La quita de las retenciones y la devaluación no provocaron un despegue de las exportaciones del complejo yerbatero. Si bien el principal destino de la producción es el mercado interno, la sensible caída de las exportaciones tuvo impacto sobre el complejo yerbatero. Esta caída fue de 10 millones de kg, una retracción del 27% que significó la retracción de la participación de las exportaciones sobre el total de lo producido del orden de 3 puntos porcentuales, pasando de representar el 12% en los últimos tres años al 9% en 2016.

 

Es decir, no hay un problema relacionado con sobreproducción, ni siquiera con retracción sustancial del consumo local. Lo que se observa es que la caída de las exportaciones se resuelve ajustando el precio “de hecho” del eslabón más débil de la cadena, los productores primarios. El siguiente gráfico ilustra esta cuestión.

 

Gráfico N° 4: Yerba Mate a salida de Molino Mercado Interno y destinado a exportaciones 

En el cuadro precedente se observa que al considerar mercado interno más exportaciones, la evolución es claramente decreciente, pero exclusivamente como resultado de la caída de las exportaciones. La cuestión de los precios Además del reclamo mencionado por los productores, si en 2016 el mercado interno se caracterizó por el aumento del precio en góndola de la yerba mate, en un contexto de caída del poder adquisitivo y retracción del mercado de trabajo.

Al igual que durante las discusiones de 2016, en un contexto de escaso aumento de producción, los precios de góndola tuvieron una evolución muy por encima de la de los precios al productor. Mientras el precio de la hoja verde puesta en secadero aumentó en el
período septiembre de 2016 a enero de 2017 en el orden del 6,25% y la canchada en 6,49%, los precios en góndola, según el relevamiento de CEPA-Indep, crecieron 12,15%, es decir, casi el doble.
Asimismo, el precio de góndola se encontraba en enero de 2016 11,56 veces por encima del precio pagado al productor según el laudo. Esa relación era de 10,44 veces en noviembre de 2015, es decir, una apropiación de 11%.

 

Complejo de Yerba Mate – En este sector, caracterizado por una oferta primaria atomizada3 y comercialización final oligopolizada4 el conflicto se centra en las dificultades de los pequeños productores de recibir el precio fijado por el laudo del Ministerio de Agroindustria. – Dicho precio, fijado en octubre de 2016, ya se encontraba en aquel momento por debajo del costo determinado por el INYM, habiendo generado varios conflictos en el transcurso del año pasado por el reclamo de los productores acerca de la inviabilidad de la actividad. Dicho laudo aumentó los precios aproximadamente 10% pero insuficientes respecto de los aumentos de costos (productos químicos importados, salarios y transporte/gasoil). – A pesar del diagnóstico del INYM haciendo hincapié en un supuesto exceso de producción, se observa que no ha habido incremento de ingreso de hoja verde a secadero ni aumento en lo referido a salida a molino sino una sensible caída en las exportaciones. – El crecimiento de la cosecha de yerba mate fue apenas 1,2% superior al del año 2015, mientras que la variación de 2016 en relación a 2015 en lo referido a yerba Mate a salida de Molino ha sido de 0,79%. – Adicionalmente, las falencias en la fiscalización permite que se muela el palo, lo que genera un aumento del palo en paquete, lo que aumenta la rentabilidad de la industria a costa del precio del pequeño productor. – A pesar del “aumento de competitividad precio de la yerba” vía tipo de cambio y quita de retenciones5 , no hubo un despegue de las exportaciones del complejo yerbatero sino todo lo contrario. La caída fue de 10 millones de kg, es decir, una retracción del 27% en 2016. Adicionalmente y tal como se mencionó anteriormente, dada la alta concentración en la comercialización, en definitiva el beneficio derivado de la devaluación alcanzó solo a un pequeño sector. – Resulta llamativo el diagnóstico de exceso de producción ya que si bien el precio impuesto a los pequeños productores ha caído por debajo del laudado, los precios en góndola van en aumentado. Se observa entonces que el impacto de la caída de las exportaciones pretende hacerse pesar sobre el precio que “de hecho” se paga a los pequeños productores.

 

Por otro lado, el precio en góndola, como resultado de la devaluación de diciembre último, mostró una evolución por encima de la de los precios al productor. Mientras el precio de la hoja verde puesta en secadero aumentó en el período septiembre de 2016 a marzo de 2017 en el orden del 6,25% y la canchada en 6,49%, los precios en góndola, según el relevamiento de CEPA-Indep, crecieron 12,15%, es decir, casi el doble. Si se considera el período noviembre de 2015 a marzo de 2017, el aumento de precios de hoja verde puesta en secadero fue de 19,44% y la canchada en 21,60%, mientras que los precios en góndola, e incrementaron 32,33%. – Incluso con el kilo de hoja verde a $5,10, no caben dudas que en los primeros tramos de la cadena de producción el atraso en el precio continúa siendo insostenible, a sabiendas que en el eslabón comercial es dónde se dan los mayores márgenes de utilidad en la cadena yerbatera. Habiendo neutralizado Cambiemos la tarea de precio de referencia de “precios cuidados”, otro elemento importante de este nuevo laudo es el efecto traslado en la cadena de distribución y comercialización cuyo desenlace es siempre el incremento del precio final de la yerba mate en góndola con fuerte impacto económico por tratarse de un producto de consumo masivo.

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