Día: 1 agosto, 2026

Exportaciones agro en máximos históricos: 69 Mt embarcadas entre enero y julio

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La agroindustria argentina volvió a marcar un récord en el frente externo, según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Entre enero y julio, las exportaciones de los principales granos y productos derivados alcanzaron 69 millones de toneladas (Mt), un volumen que supera en 11,3% al registrado en igual período del año pasado y deja atrás el máximo previo de 65 Mt de 2022.

El dato revela la fortaleza de la campaña 2025/26, pero también expone una particularidad relevante para el mercado: la producción creció mucho más que las exportaciones. Frente a 2022, los embarques acumulados avanzaron 6,15%, mientras que la producción se expandió 26%. En otras palabras, el agro logró colocar en el exterior un volumen inédito y, aun así, mantiene una oferta considerable para los próximos meses.

La magnitud de la absorción externa se observa especialmente en algunos cultivos. El trigo acumula exportaciones por 11,7 Mt, un 70% por encima del promedio de los últimos años, mientras que el girasol alcanzó 5 Mt, más del doble de sus despachos habituales. La combinación entre una cosecha excepcional y una demanda externa sostenida configura un escenario de elevada disponibilidad, con capacidad para seguir abasteciendo los mercados internacionales.

El otro dato que comienza a cambiar el escenario aparece en la comercialización interna. A la semana del 22 de julio, los principales cultivos habían comprometido el 52% de la cosecha 2025/26, ocho puntos porcentuales por debajo del promedio histórico del último cuarto de siglo. Sin embargo, las últimas semanas mostraron una aceleración, especialmente en las fijaciones de precios.

En soja, el volumen comercializado aumentó 4% semanal y las fijaciones crecieron 7,8%, hasta alcanzar 1,14 Mt. En maíz, las fijaciones llegaron a 1,39 Mt, con una mejora semanal del 5,2%. El mayor salto correspondió al trigo nuevo: las fijaciones aumentaron 30% en una semana, acompañadas por una expansión de 19,9% en el volumen comercializado.

La mejora en la comercialización estuvo acompañada por una recuperación de los precios locales. Al 29 de julio, la pizarra de soja alcanzó US$ 339,6 por tonelada, frente a US$ 328,2 a comienzos de mes, mientras que el maíz llegó a US$ 189 contra US$ 180,5. En ambos casos, la mejora rondó el 5,5%. Para el trigo nuevo, el futuro con vencimiento en diciembre cerró en US$ 222,5 por tonelada, casi 7% por encima del inicio del mes.

Misma cosecha, otra ventaja: el maíz argentino gana competitividad

El maíz concentra buena parte de la oferta disponible. Las lluvias retrasaron la cosecha, que alcanzó un avance del 82% a nivel nacional, casi diez puntos porcentuales por debajo del promedio de las últimas cinco campañas y siete puntos por debajo del ciclo anterior.

El retraso no impidió que el cereal pasara a dominar las descargas portuarias. Durante julio representó más de la mitad de los granos recibidos en los puertos, aunque la exportación todavía dispone de un volumen importante para colocar en el exterior.

El avance exportador del maíz se encuentra en 48%, levemente por debajo del promedio de los últimos cinco años, mientras que el mercado interno comprometió el 50% de la producción, frente al 57% habitual para esta altura del ciclo. La lectura conjunta de ambos datos permite dimensionar el excedente disponible para exportación.

La producción proyectada explica buena parte de esa ventaja. La campaña 2025/26 podría alcanzar 71,5 Mt de maíz, unas 11,5 Mt por encima del récord previo de 60,5 Mt. Ese salto, combinado con una mayor orientación de Brasil hacia el consumo interno de su propia producción, vuelve a colocar al maíz argentino en una posición privilegiada en términos de competitividad FOB.

La oportunidad, por lo tanto, no se limita al volumen cosechado. La oferta récord genera capacidad para abastecer una demanda externa elevada y, al mismo tiempo, permite que Argentina compita con precios atractivos en un mercado internacional donde otros factores comienzan a modificar las cotizaciones.

Chicago corrigió tras los máximos y el clima vuelve a marcar el pulso

El mercado internacional introdujo una cuota de cautela. Después de alcanzar máximos de dos años en soja y desde mayo en maíz, Chicago corrigió durante la última semana: la soja cayó 5% y el maíz 4%, presionados por las perspectivas de una mejora climática en las principales regiones productoras de Estados Unidos.

El mercado comenzó a descontar lluvias sobre el Medio Oeste estadounidense, un factor especialmente relevante para la soja, que atraviesa una etapa crítica de formación y llenado de vainas. La posibilidad de mejores condiciones hídricas redujo parte de la prima de riesgo climático que había impulsado las cotizaciones.

A ese factor se sumó la volatilidad del petróleo y la incertidumbre geopolítica. El Brent llegó a retroceder desde los US$ 95 hasta los US$ 84 por barril ante versiones de negociaciones en Medio Oriente, aunque posteriormente volvió a subir hasta los US$ 91 tras nuevos ataques cruzados.

Los fondos especulativos también aportaron presión bajista. Hasta el miércoles, las ventas alcanzaban unos 31.500 contratos de maíz y alrededor de 27.000 de soja, reflejando una posición vendedora que profundizó la corrección de los precios.

El trigo presentó una dinámica similar, aunque con un componente geopolítico más marcado. Luego de alcanzar un máximo de dos años, el contrato pasó de US$ 259 a alrededor de US$ 242 por tonelada, en un movimiento asociado a la toma de ganancias. Sin embargo, la continuidad de los ataques entre Rusia y Ucrania y los daños sobre infraestructura portuaria mantienen latente el riesgo de una menor oferta exportable desde el Mar Negro.

En ese escenario, la consultora Sovecon recortó en 1,9 Mt su estimación para las exportaciones rusas de trigo de la campaña 2026/27, hasta 44,6 Mt, debido al cierre de la vía navegable en el Mar de Azov.

Para Argentina, el escenario combina dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, una producción extraordinaria que garantiza una oferta abundante y permite ganar competitividad internacional. Por otro, precios globales sometidos a la evolución del clima estadounidense, los movimientos de los fondos y una geopolítica capaz de alterar rápidamente las primas de riesgo.

El récord exportador confirma que la agroindustria dispone de capacidad para colocar volúmenes inéditos en el exterior. El desafío siguiente es transformar esa disponibilidad en comercialización efectiva y valor económico, especialmente en un contexto donde la producción creció mucho más rápido que los embarques. La aceleración de las fijaciones observada en julio puede ser la primera señal de que esa brecha comienza a cerrarse.

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La actividad agropecuaria marcó un nuevo récord, creció 10,9% en un año

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La actividad de la cadena agropecuaria argentina volvió a acelerar y alcanzó en junio el nivel más elevado desde que existen registros. El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario, creció 3% mensual en términos desestacionalizados y quedó 10,9% por encima de junio de 2025, en una señal que excede al campo y alcanza a la industria, el comercio exterior y la generación de divisas.

El dato adquiere mayor relevancia porque el indicador superó el máximo que había alcanzado en febrero. De las doce series que componen el índice, nueve mostraron mejoras mensuales, lo que revela una expansión relativamente extendida y no solamente concentrada en una actividad puntual.

El principal motor fue la producción primaria. El IACA-Cultivos avanzó 4,1% mensual y alcanzó también un nuevo máximo histórico, impulsado por la cosecha de soja, maíz y sorgo y por el inicio de la implantación de trigo y cebada. En términos interanuales, este componente creció 14,3%, apoyado en una campaña agrícola 2025/26 que presenta volúmenes excepcionales.

La soja aporta una de las claves para entender esta dinámica. La cosecha alcanzó un avance prácticamente total hacia mediados de año y la producción estimada llegó a 51,5 millones de toneladas, el mayor volumen desde la campaña 2018/19. En maíz, las previsiones apuntan a una cosecha récord de 68 millones de toneladas, mientras que el girasol alcanzó la mayor producción del siglo.

El impacto de ese volumen comienza a trasladarse hacia las etapas posteriores de la cadena. La actividad agroindustrial creció 0,8% mensual en junio y quedó 1,5% por encima del mismo mes de 2025. Aunque el subíndice todavía se ubicó 1,6% por debajo de su máximo histórico de septiembre de 2025, la recuperación muestra que el mayor flujo de materia prima está encontrando capacidad de procesamiento.

La molienda conjunta de cereales y oleaginosas avanzó 1,5% mensual y quedó 6,4% por encima de junio del año pasado. El crushing de soja procesó 4,1 millones de toneladas, el cuarto mayor volumen para un junio desde el inicio de la serie en 1998. La molienda de girasol acumuló además seis meses consecutivos de crecimiento y alcanzó casi 549.000 toneladas en junio.

También la cebada mostró una dinámica particularmente sólida: su procesamiento creció 1,3% mensual y acumuló ocho meses consecutivos de expansión, con un incremento cercano al 30%. En trigo, la molienda aumentó 0,7% frente a mayo.

La recuperación no quedó restringida a los granos. La faena conjunta creció 1% mensual, con avances en bovinos, porcinos y aves. La faena bovina aumentó 0,9%, encadenando su segundo mes positivo luego de casi un año y medio de variaciones negativas. La porcina, en tanto, alcanzó un nuevo récord con alrededor de 821.000 animales procesados durante junio.

El dato tiene además una dimensión social vinculada al consumo. La faena aviar aumentó 1,2% mensual en un contexto de demanda creciente, con el pollo consolidado como una de las proteínas de mayor accesibilidad relativa para los hogares. En paralelo, la producción lechera registró una leve baja mensual de 0,3%, aunque los 943 millones de litros producidos en junio representaron el segundo mejor registro histórico para ese mes.

El tercer eslabón de la cadena también volvió a mostrar señales positivas. El IACA-Agroexportación aumentó 1,2% mensual y logró interrumpir tres meses consecutivos de retrocesos. En la comparación interanual, el componente creció 12,6% y encadenó doce meses consecutivos de expansión.

Durante junio, los nueve complejos agroindustriales considerados por el indicador exportaron 8,9 millones de toneladas, 1,6% más que un año atrás y 7,4% por encima del promedio de los últimos cinco años. En valor, las ventas externas totalizaron US$ 4.011 millones, una magnitud que permite dimensionar el aporte del complejo agropecuario a la generación de divisas.

El complejo girasol fue uno de los grandes protagonistas, con 490.200 toneladas exportadas, un salto interanual del 73,5% y más del doble del promedio de los últimos cinco años. El volumen representó, además, el máximo histórico para un junio. El complejo lácteo también alcanzó un récord para ese mes, con unas 37.500 toneladas despachadas y un crecimiento interanual del 32,6%.

La cebada completó otro de los desempeños destacados, con exportaciones cercanas a 285.000 toneladas, 45,9% más que en junio de 2025. El complejo soja, por su parte, colocó 4,3 millones de toneladas en el exterior, con una mejora interanual del 2,4%.

La fotografía, sin embargo, no es homogénea. El complejo de carne y cueros bovinos redujo 5,2% sus cantidades exportadas, aunque aumentó 28,8% su facturación, lo que evidencia una mejora considerable en los precios medios de exportación. El trigo retrocedió 21,6% en volumen interanual, mientras que el maíz cayó 3,2%, pese al elevado volumen de producción esperado. El complejo avícola también mostró bajas tanto en cantidades como en valor.

El desempeño de junio permite entonces una lectura que va más allá de un nuevo récord estadístico. La producción primaria está generando un mayor flujo de materia prima, la industria procesa una parte creciente de ese volumen y las exportaciones mantienen una trayectoria expansiva. La cadena funciona, en este sentido, como un mecanismo de transmisión entre producción, actividad industrial y entrada de divisas.

Para la economía argentina, el desafío consiste en convertir ese mayor volumen físico en mayor valor agregado y capacidad exportadora sostenible. El dato del IACA-BCR muestra que existe una base productiva robusta para hacerlo: una campaña agrícola de volúmenes históricos, una agroindustria que recupera actividad y un sector exportador que lleva un año completo de crecimiento interanual.

La oportunidad está en que el récord del campo no termine únicamente en una cosecha excepcional. El verdadero impacto económico aparece cuando ese volumen se transforma en procesamiento, empleo, exportaciones, inversión y nuevas cadenas de valor. Junio ofrece, al menos, una señal concreta de que esa transmisión comenzó a tomar velocidad.

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Los números de agosto

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Agosto llega con números que dicen mucho. El Presupuesto 2027, presentado el viernes por el gobernador Hugo Passalacqua, exhibe una radiografía del momento político, trasciende la discusión contable y se convierte en una definición política. En un país donde el Gobierno nacional decidió retirarse de áreas históricamente financiadas por el Estado -desde la obra pública hasta programas de salud, educación y asistencia-, Misiones opta por recorrer el camino inverso. 

La carta enviada por Passalacqua a la Legislatura no deja margen para interpretaciones: enumera los fondos que dejaron de llegar, advierte sobre el impacto de la desregulación y la apertura económica en una provincia de frontera y sostiene que será el Estado provincial el que absorberá esas responsabilidades. Es, en los hechos, un manifiesto sobre el rol del Estado frente al modelo libertario. 

La decisión de destinar el 63% del presupuesto a inversión social y otro 14% al desarrollo económico mediante la reactivación de obras es otra declaración de principios. Mientras la Nación plantea que el mercado debe reemplazar al Estado, Misiones reafirma que hay funciones que no pueden quedar libradas a esa lógica: la educación, la salud, la infraestructura y la contención social. El Presupuesto 2027 no solo proyecta cómo se administrarán 5,2 billones de pesos; fija la posición política de una provincia que elige sostener un modelo propio, aun cuando eso implique financiar con recursos locales obligaciones que antes eran compartidas con la Nación.

No es una posición aislada. Los productores yerbateros expresan hoy la necesidad de un Estado que brinde respaldos y ponga un poco de equilibrio en el mercado tras la desregulación que impuso el presidente Javier Milei. El derrumbe de los precios de la materia prima dejó desguarnecidos a los protagonistas de una de las principales economías de Misiones. Las palabras del obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez expresan con claridad la preocupación: “Todo proyecto económico que no incluya a la gente no nos sirve para nada”.

Fotos gentileza Marcos Otaño.
Foto gentileza Marcos Otaño.

Martínez recibió en el Obispado a los productores y les dio un fuerte respaldo. Durante la reunión surgió la propuesta de conformar una mesa de emergencia que permita articular respuestas entre distintos actores sociales e institucionales. Martínez recordó que la Diócesis cuenta con la Comisión de Justicia y Paz, organismo que ya intervino en otras etapas críticas de la historia argentina, especialmente durante la crisis de 2001, año bisagra también para la yerba mate, ya que fue cuando germinaron los tractorazos después de otra década de desregulación. La crisis yerbatera ya dejó de ser un problema de “los productores”, algunos que vuelven a ser protagonistas 25 años después. La caída del precio de la materia prima se traduce en menos ingresos para los pueblos, menos dinero circulante, jóvenes que no pueden estudiar porque no les alcanza para pagar el alquiler en las ciudades. Un efecto derrame a la inversa. 

Más allá de la coyuntura yerbatera, Martínez amplió el análisis hacia el rumbo económico nacional. Reconoció que la estabilidad macroeconómica constituye un objetivo compartido, pero advirtió que pierde legitimidad cuando no mejora la vida cotidiana de la población.

“Todos queremos estabilidad económica. Pero si esos números cierran sin la gente, si aumenta la pobreza, si cierran comercios, si se pierden fuentes de trabajo y se deteriora la vida social, entonces ese modelo nos daña profundamente”, sostuvo.

Durante la conferencia también fue consultado sobre el debate nacional en torno al proyecto de ley sobre la inviolabilidad de la propiedad privada. El obispo recordó que tanto la Conferencia Episcopal Argentina como la Pastoral Social ya manifestaron su rechazo a la iniciativa.

Explicó que la Doctrina Social de la Iglesia reconoce el valor de la propiedad privada, pero rechaza su concepción absoluta cuando entra en conflicto con el bien común. En esa línea, advirtió sobre la necesidad de proteger los recursos estratégicos del país frente a intereses económicos globales.

«Nos trae mucha preocupación», afirmó, al recordar que el documento «La tierra no es una mercancía» ya fijó la posición de la Iglesia sobre la iniciativa.

“Si se absolutiza la propiedad privada de empresas que pueden comprar tierras y recursos estratégicos, es un tema de extrema gravedad”, advirtió.

En ese contexto, pidió a los tres senadores nacionales por Misiones y a los diputados nacionales que analicen cuidadosamente el proyecto.

“Les decimos que piensen mucho, porque se ponen en juego muchas cosas. Que voten desde su conciencia y no desde estrategias políticas”, expresó.

Al menos dos de los senadores -Sonia Rojas Decut y Carlos Arce- votarán en contra del artículo más polémico, tras el planteo de Passalacqua. En contraste, el PROlibertario Martín Goerling, votará a favor. 

El reordenamiento tras la implosión de la Renovación, marca que Passalacqua hoy tiene el respaldo de la mayoría de los intendentes y de al menos quince diputados provinciales -dos o tres más meditan en silencio-, a los que se sumarían algunos de otros partidos. En Encuentro Misionero, con Carlos Rovira quedan entre cuatro y cinco. 

Hoy las encuestas marcan que el Gobernador disparó su intención de voto, con un potencial de crecimiento, que rompería la lógica de tercios que imaginaba la oposición. 

Uno de los puntos altos en los sondeos es la valoración de Passalacqua como gobernador en tiempos turbulentos. La mención al 2001 que se hizo en la reunión de yerbateros con el Obispo, no parece una exageración. La crisis social de entonces tiene muchos puntos en común con la actualidad. La Argentina atraviesa una tormenta de pérdida de empleos, ingresos de miseria, cierre de empresas y sometimiento a los organismos de crédito internacional, como el Fondo Monetario Internacional, que ahora tiene una silla en las reuniones de gabinete de Javier Milei.

Passalacqua ha decidido tomar distancia de ese escenario y recuperar autonomía en y desde Misiones. El diseño del Presupuesto -el primero de un nuevo tiempo-, expresa esa diferencia. Blinda los recursos de las áreas sociales y busca estimular la economía con incentivos directos

No son decisiones aisladas. Cuando amaneció julio, la eliminación de la llamada “Aduana Paralela” empezó a mostrar el rumbo. Con el fin de las retenciones automáticas sobre billeteras virtuales, transferencias bancarias, cuentas en moneda extranjera y operaciones bursátiles, que comienzan a regir en este agosto, Misiones comenzó a desmontar un esquema que durante años funcionó como un anticipo permanente de Ingresos Brutos. Para los monotributistas de hasta categoría D, el cambio implica recuperar alrededor de $40.000 por cada millón de pesos que circula por sus cuentas: dinero que deja de quedar inmovilizado en el Estado y vuelve a financiar consumo, capital de trabajo e inversión. Es una señal de alivio tributario que, en el contexto actual, tiene un impacto mucho más profundo que el mero ahorro administrativo.

Sin embargo, en los despachos oficiales admiten que la verdadera reforma todavía está por venir. Fuentes oficiales confirman que se trabaja en un plan integral para sanear los históricos saldos a favor acumulados por miles de contribuyentes, un problema que describen como una auténtica “bomba” fiscal y financiera. 

El desafío es enorme: devolver o compensar esos créditos implica aliviar al sector privado, pero también representa un fuerte costo para las cuentas públicas. Por eso, el proyecto -que está en etapa de diseño junto a especialistas tributarios- busca una salida gradual y sostenible, evitando que el remedio termine desfinanciando al Estado. 

Si prospera, esa sí podría convertirse en la reforma tributaria más trascendente de la gestión Passalacqua: no solo porque corregiría una distorsión histórica, sino porque modificaría de raíz la relación entre el fisco y quienes producen, invierten y generan empleo en Misiones.

Detrás de estas medidas asoma un cambio de filosofía tributaria. El objetivo ya no es maximizar la recaudación sobre los mismos contribuyentes, sino generar las condiciones para ampliar la actividad económica. En esa línea, ya se analizan rebajas de alícuotas de Ingresos Brutos para sectores específicos y una profunda revisión del impuesto automotor, uno de los tributos que más incentiva la radicación de vehículos en otras provincias. La premisa es sencilla: una economía más dinámica puede terminar generando más recursos que un esquema basado exclusivamente en aumentar la presión fiscal sobre quienes permanecen dentro del sistema.

Incluso si ese proceso demanda tiempo, el alcance político sería difícil de ignorar. De concretarse, Misiones podría terminar impulsando una de las reformas tributarias más profundas del país, en contraste con un Gobierno nacional que hizo de la baja de impuestos una de sus principales banderas, pero que hasta ahora no avanzó en una reforma estructural del sistema. 

Por el contrario, la propuesta de rediseño del IVA que circula en la órbita nacional apunta a generalizar la alícuota, eliminando exenciones y tratamientos diferenciales: en los hechos, implicaría que alimentos esenciales como el pan o la leche tributen lo mismo que una gaseosa. La diferencia entre simplificar el sistema y trasladar una mayor carga sobre el consumo esencial no es menor.

Ahora Milei vuelve a la carga con una reforma del Banco Central que, vaya paradoja, en lugar de dinamitarlo como prometía, ahora propone blindarlo. 

La inflación se va a desplomar y el peso se va a fortalecer mucho cuando aprobemos la nueva Carta Orgánica del BCRA”, prometió el diputado nacional Diego Hartfield con una nueva meta a futuro, mientras que el presente marca un derrumbe agobiante de la economía y ocurre mientras el Gobierno agota el tiempo en diatribas, peleas constantes, incluso con su propia tropa, como la nueva embestida contra Victoria Villarruel, ahora de la mano de Diego Santilli, el nuevo ministro del Interior, heredado del macrismo y antes del peronismo. 

El problema para Milei no son los rivales políticos ni su vicepresidenta, sino que la economía no da señales de aliento para los sectores postergados y los millones de argentinos que no llegan a fin de mes. 

Los únicos elogios a la marcha de la economía son del propio ministro de Economía, Luis Caputo, otro heredado del macrismo, y de Kristalina Georgieva, la presidenta del Fondo Monetario Internacional que celebra que el país esté haciendo bien los deberes. 

Kristalina vino a la Argentina a monitorear el plan acordado con el Caputo mileísta para sostener el respaldo del FMI y cumplir con las cuotas del préstamo tomado por el Caputo macrista, aquellos US$57.000 millones. Ese préstamo que la Auditoría General de la Nación sostiene que fue asumido sin seguir el circuito administrativo previsto para este tipo de endeudamiento, sin actos administrativos de aprobación, sin análisis suficientes sobre costos, riesgos y sostenibilidad y con graves falencias de transparencia.

La AGN documenta que ni siquiera quedaron debidamente registrados los fundamentos técnicos que justificaron ampliar el préstamo de US$50.000 a US$57.000 millones. 

La ironía de la historia es difícil de ignorar. Ocho años después, Luis Caputo vuelve a ser el ministro que negocia con el Fondo Monetario Internacional. Ya no frente a Christine Lagarde, sino ante Kristalina Georgieva, recibida con honores en la Argentina, sentada en una reunión de Gabinete y paseada por Vaca Muerta, el activo económico más relevante del país. 

Cuando Georgieva afirmó en Buenos Aires que Bulgaria “sabe” lo que significa atravesar un ajuste, apeló a una experiencia nacional traumática para legitimar el programa argentino. Pero el ejemplo búlgaro admite una lectura bastante menos celebratoria que la presentada por la directora del FMI. El plan de 1997 logró frenar la hiperinflación y estabilizar la moneda, pero lo hizo después de una destrucción masiva de salarios, jubilaciones y ahorros, y mediante privatizaciones aceleradas, cierres de empresas, desempleo y una fuerte retracción del Estado. La estabilidad llegó, aunque acompañada por desigualdad, pobreza persistente y una emigración que vació regiones enteras del país.

El paralelo con la Argentina no reside solamente en la inflación o en el déficit fiscal, sino en la lógica del tratamiento: ante una crisis profunda, el FMI vuelve a presentar la disciplina monetaria, el ajuste del gasto, la apertura y la desregulación como un sacrificio inevitable cuyo beneficio aparecerá más adelante. Georgieva sostuvo que la transformación argentina es “difícil” y recordó que Bulgaria atravesó “tiempos muy duros”, pero aseguró que la perseverancia finalmente dio resultados. El interrogante es quién soporta esos tiempos duros y quién captura los beneficios posteriores. En Bulgaria, el equilibrio macroeconómico no impidió que décadas después el país continuara entre los más desiguales y pobres de la Unión Europea.

Si Bulgaria es el ejemplo que propone Georgieva, conviene mirar la película completa y no sólo el final. Sí, derrotó la hiperinflación y estabilizó su economía. Pero también perdió cerca de una cuarta parte de su población desde 1990, sufrió una emigración masiva de jóvenes y profesionales, desmanteló buena parte de su aparato industrial y aún hoy exhibe los mayores niveles de desigualdad y riesgo de pobreza de toda la Unión Europea. El ajuste ordenó las cuentas; nunca terminó de recomponer el tejido social. La verdadera discusión es qué país queda en pie después de esa estabilización.

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Grupo brasileño invertirá cerca de US$1 millón en Colonia Aurora para procesar y exportar mandioca

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La mandioca, uno de los cultivos más arraigados en las chacras misioneras, comienza a ganar una nueva escala industrial en Colonia Aurora. Allí, a cinco kilómetros del punto donde está proyectado el futuro puerto internacional con Santo Antônio, Brasil, capitales provenientes de Joinville pusieron en marcha una planta destinada a transformar la producción primaria en alimentos congelados, envasados al vacío y productos elaborados con mayor valor agregado.

La inversión inicial de Select Nutri Industrias S.R.L. se aproxima al millón de dólares. El desembolso fue estimado por la compañía en unos 7,5 millones de Reales para esta primera etapa y comprende maquinaria, cámaras de frío, líneas de procesamiento, adecuación de los galpones y desarrollo comercial. La fábrica comenzará a producir formalmente el lunes 3 de agosto, mientras que la inauguración institucional está prevista para septiembre, con la participación del gobernador Hugo Passalacqua.

El proyecto fue impulsado por Franco Reis, CEO del grupo Select, una compañía brasileña con más de dos décadas de trayectoria y una estructura que emplea entre 400 y 500 personas en Joinville, estado de Santa Catarina. La radicación se concretó mediante una sociedad con el empresario local Gilson Berger, quien aportó los inmuebles y el conocimiento territorial necesario para instalar la operación.

Berger explicó que el vínculo comenzó cuando Reis llegó a Misiones para evaluar alternativas de inversión en Colonia Aurora y Campo Grande. Tras una primera recorrida por la zona, el empresario misionero viajó a Joinville y allí terminaron de estructurar la sociedad.

“Yo aporté los galpones y ellos realizaron la inversión en equipamiento y tecnología”, resumió Berger. La planta dispone de un sector administrativo de aproximadamente 400 metros cuadrados y otro edificio industrial de entre 450 y 500 metros cuadrados, preparado para incorporar nuevas líneas de producción.

La elección de Colonia Aurora no fue casual. El municipio se encuentra en una zona con fuerte disponibilidad de tierra, tradición agrícola, tierra fértil y capacidad para ampliar rápidamente la superficie cultivada. A ello se suma una localización logística singular: la fábrica está a sólo cinco kilómetros del futuro cruce internacional sobre el río Uruguay.

Esa cercanía podría convertirse en una ventaja decisiva una vez que se concrete la conexión entre Colonia Aurora y Santo Antônio. La planta quedaría prácticamente sobre un nuevo corredor de intercambio con Brasil, con acceso directo al gigante mercado del sur y menores costos para transportar productos congelados o refrigerados.

Para Select Nutri, la ubicación combina tres elementos estratégicos: disponibilidad de materia prima, capacidad productiva de las chacras y cercanía con uno de los mayores mercados consumidores de alimentos de América del Sur.

Una nueva cuenca productiva

El impacto económico de la inversión no se limitará a los puestos de trabajo dentro de la fábrica. El proyecto apunta a conformar una nueva cuenca mandioquera en el Alto Uruguay, organizada alrededor de contratos de abastecimiento con pequeños y medianos productores.

En la etapa inicial, la empresa prevé trabajar con unos 50 agricultores de Colonia Aurora y municipios cercanos. La firma desarrollará un registro digital para que cada productor pueda informar la superficie disponible, los volúmenes estimados y las fechas de cosecha. Posteriormente, se firmarán contratos de provisión para ordenar la entrega de materia prima.

Reis considera que el agricultor será “el corazón del negocio”. La estrategia de la compañía consiste en asegurar un suministro estable y, al mismo tiempo, ofrecer previsibilidad a las familias rurales que decidan incorporar o ampliar el cultivo de mandioca.

La planta necesitará inicialmente alrededor de 20 toneladas de raíces, aunque la demanda aumentará a medida que se incorporen turnos y productos. La primera línea instalada tiene capacidad para procesar hasta 60.000 kilos mensuales trabajando en un turno. Con tres turnos, el potencial teórico asciende a unas 180 toneladas por mes.

Ese volumen equivaldría a más de 2.000 toneladas anuales de materia prima si la planta operara de manera continua y a plena capacidad. Para abastecer esa escala será necesario ampliar la producción regional, mejorar la planificación de las cosechas y coordinar entregas para evitar interrupciones.

La industria puede modificar, además, la lógica comercial del cultivo. La mandioca suele venderse fresca, con escasa diferenciación y una vida útil limitada. El lavado, pelado, corte, congelado y envasado permiten extender su conservación, llegar a mercados más lejanos y capturar una porción mayor del valor final.

De la raíz a los alimentos elaborados

La primera producción comercial estará concentrada en mandioca pelada, cortada y envasada al vacío. La empresa ofrecerá bastones listos para freír, rodajas, cortes tradicionales y porciones preparadas para estofados, destinadas tanto a supermercados como al sector gastronómico.

Los primeros ensayos industriales ya permitieron elaborar cerca de mil kilos. Según los socios, existen compradores aguardando la salida de los primeros lotes para comenzar la distribución.

La segunda etapa incorporará productos de mayor elaboración, entre ellos croquetas de mandioca con queso o carne, chips, bocados congelados y preparaciones similares al “escondidinho” brasileño. La empresa proyecta lanzar una nueva línea aproximadamente cada tres meses.

El modelo apunta a trasladar a Misiones parte de la experiencia brasileña en el procesamiento industrial de mandioca, un alimento de consumo masivo en Brasil que cuenta con una amplia gama de presentaciones listas para cocinar.

Para la economía provincial, el salto resulta relevante. En lugar de exportar o vender solamente raíces frescas, la industria permitirá comercializar alimentos procesados, con marca, empaque, cadena de frío y mayor precio por kilogramo. Es una válvula de escape para una producción que está en crisis por la caída de los precios y la feroz competencia almidonera estimulada por la apertura de importaciones. 

“Queremos que sea un producto premium, no sólo por la presentación, sino por la calidad de la mandioca”, señaló Reis en diálogo con Economis. El empresario destacó que las variedades cultivadas en la zona presentan buena textura y tiempos rápidos de cocción, dos atributos importantes para competir en supermercados y gastronomía.

Empleo en una economía de pequeña escala

La primera fase generará entre 15 y 20 puestos directos. Para una localidad de la escala de Colonia Aurora, ese número representa un impacto significativo, especialmente porque se trata de empleo industrial vinculado a la producción rural.

Cuando la fábrica alcance su funcionamiento pleno y opere con tres turnos, la dotación podría elevarse a entre 60 y 70 trabajadores directos. A eso deberán sumarse transportistas, proveedores, servicios técnicos, productores y trabajadores rurales relacionados con el abastecimiento.

La planta podría convertirse así en una de las principales empleadoras privadas de la zona. Su influencia económica se extenderá más allá de los salarios: generará demanda de mandioca, transporte, embalajes, mantenimiento, energía, frío industrial y servicios logísticos.

El proyecto también introduce una dimensión poco habitual en la producción de mandioca misionera: la planificación de largo plazo. La empresa pretende firmar contratos de suministro, contar con información previa sobre las hectáreas implantadas y organizar la cosecha según las necesidades de la industria.

Esa coordinación será determinante. La mandioca es un cultivo resistente y adaptado a las condiciones de Misiones, pero requiere volumen, regularidad y estándares homogéneos para abastecer una línea industrial.

La conformación de una nueva cuenca podría, además, ofrecer una alternativa de diversificación para familias vinculadas al tabaco, el té y otras producciones sujetas a ciclos de precios o mercados concentrados.

Colonia Aurora será la primera etapa de un proyecto más amplio. Select ya adquirió un terreno en el parque industrial de Campo Grande, donde planea levantar otra unidad productiva. También analiza instalar un centro de distribución en el Parque Industrial y de la Innovación de Posadas.

La estructura proyectada contempla producción primaria e industrial en el interior, una segunda planta en Campo Grande y un nodo logístico en Posadas. En conjunto, las distintas etapas podrían generar entre 60 y 80 empleos directos, aunque esa cifra podría ser mayor si las líneas alcanzan varios turnos.

Posadas funcionaría como plataforma de distribución para el mercado argentino y las exportaciones. Desde allí se organizarían los envíos hacia otras provincias, grandes cadenas comerciales y clientes regionales.

El objetivo declarado es abastecer el mercado interno argentino y, simultáneamente, vender al Mercosur. Reis aseguró que ya existen potenciales clientes brasileños interesados en recibir los productos elaborados en Misiones.

La exportación hacia Brasil presenta una oportunidad, aunque también desafíos. Los productos deberán cumplir requisitos sanitarios, aduaneros y logísticos, además de sostener precios competitivos frente a la propia industria brasileña. La cercanía geográfica y la disponibilidad de materia prima aparecen como las principales ventajas.

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De tanques de aceite de oliva a la élite del vino mundial: la historia de Durigutti Family Winemakers

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Hay historias que explican por qué una botella puede contener mucho más que vino. Puede guardar sacrificios familiares, intuición, paciencia y una forma de entender la tierra. La de Durigutti Family Winemakers es una de ellas.

Hoy, sus etiquetas integran las listas de las mejores bodegas del planeta y su restaurante figura entre los recomendados por la Guía Michelin. Pero el origen de este proyecto está muy lejos del glamour de la alta gastronomía y los grandes concursos internacionales. Comenzó con dos tanques destinados originalmente a almacenar aceite de oliva, un puñado de ahorros y la convicción de dos hermanos de que era posible construir una bodega propia.

A los 21 años, Mateo Durigutti representa la segunda generación de una familia que transformó el trabajo de cosecha en un proyecto vitivinícola de prestigio internacional. Para él, el vino no es simplemente una industria: es el relato de su familia.

“Somos la primera generación haciendo vinos”, resume. No hubo apellidos históricos ligados a la vitivinicultura ni grandes extensiones heredadas. Su abuela Victoria era ama de casa; su abuelo, camionero en Rivadavia, Mendoza. Durante las vendimias de las décadas del 80 y 90, ella trabajaba como cosechadora para complementar los ingresos familiares, acompañada muchas veces por sus hijos, Héctor y Pablo, que crecieron entre viñas.

La muerte temprana del abuelo obligó a Héctor Durigutti a incorporarse a una bodega local con apenas 18 años para sostener económicamente a la familia. Aquella responsabilidad cambió sus planes: dejó atrás el sueño de estudiar Ingeniería Agronómica y optó por cursar Enología en horario nocturno. Poco después, su hermano Pablo siguió exactamente el mismo camino.

El nacimiento de una bodega

Tras años asesorando bodegas de distintas regiones -llegaron a trabajar simultáneamente con 17 establecimientos durante el boom del Malbec-, la crisis argentina de 2001 terminó convirtiéndose en una oportunidad.

Recién regresado de Italia, Héctor tomó una decisión que cambiaría la historia familiar.

“No quiero trabajar para nadie más. Quiero empezar algo propio”.

Con apenas 10.000 euros de ahorro, los hermanos compraron dos tanques de acero inoxidable fabricados para aceite de oliva, los adaptaron para elaborar vino y comenzaron a trabajar en un espacio prestado por un antiguo profesor universitario.

En 2002 nacieron las primeras 3.000 botellas de Durigutti Familia.

La consolidación internacional llegó apenas dos años después gracias a una casualidad.

Un periodista de la prestigiosa revista Wine Spectator coincidió con Héctor Durigutti durante una recorrida por Mendoza. Lo encontró, sorprendentemente, asesorando tres bodegas diferentes en días consecutivos. Intrigado por aquella historia, decidió conocer más sobre ese pequeño proyecto familiar.

El resultado fue una portada que cambiaría para siempre el destino de la bodega.

En noviembre de 2004, Durigutti Family Winemakers fue incluida entre las diez bodegas familiares con mayor proyección de Argentina.

“Ahí empezó nuestro primer happy problem“, recuerda Mateo entre risas. “Los importadores empezaron a buscarnos.”

En 2007 llegó otra decisión poco habitual para una industria acostumbrada a acelerar lanzamientos.

Los Durigutti compraron cinco hectáreas en Las Compuertas, Luján de Cuyo, pero no elaboraron inmediatamente un vino con ese origen. Esperaron y durante una década estudiaron cada rincón del viñedo.

Analizaron la composición del suelo, la disponibilidad hídrica, la influencia del clima y la diversidad geológica formada por miles de años de sedimentos provenientes del deshielo andino. El resultado fue revelador.

En una superficie relativamente pequeña identificaron cinco tipos de suelo completamente diferentes, cada uno con necesidades particulares de riego, manejo y momento de cosecha. Ese descubrimiento redefinió la filosofía de la bodega.

“Antes hacíamos vinos mirando al consumidor. Hoy hacemos vinos mirando a la montaña”, sintetiza Mateo. Así nació Proyecto Las Compuertas, una línea elaborada sin madera, fermentada en huevos de cemento y concebida para expresar con la mayor pureza posible el carácter del terroir. Todos los viñedos cuentan además con certificación orgánica.

Una producción donde la calidad marca el ritmo

Actualmente, Durigutti Family Winemakers produce entre 500.000 y 550.000 litros anuales, equivalentes a unas 600.000 botellas.

De ese volumen, unas 45.000 botellas provienen exclusivamente de sus 45 hectáreas propias en Las Compuertas. El resto se elabora con uvas adquiridas a pequeños productores mendocinos, manteniendo relaciones de largo plazo que fortalecen la producción regional.

El negocio también refleja un equilibrio poco frecuente: aproximadamente la mitad de la producción se destina al mercado argentino y la otra mitad se exporta, con Estados Unidos como principal destino internacional.

El reconocimiento internacional no tardó en reflejarse en los rankings especializados. En los prestigiosos World’s Best Vineyards, Durigutti Family Winemakers mostró una evolución constante: fue 13ª en 2023, alcanzó el 10º lugar en 2024 -la mejor ubicación lograda por una bodega argentina ese año- y se mantuvo entre la élite mundial con el 11º puesto en 2025.

En 2022 la familia inauguró Cinco Suelos Cocina de Finca, un restaurante comandado por la chef Patricia Courtois que rápidamente comenzó a recibir nominaciones consecutivas de la Guía Michelin.

Rodeado por los viñedos y diseñado con una arquitectura completamente vidriada, el espacio propone una cocina de kilómetro cero basada en productos de la huerta orgánica, ingredientes de productores cercanos y recetas inspiradas en la tradición familiar de la abuela Victoria.

La experiencia se completa con dos propuestas de alojamiento rural: Casa Victoria, que homenajea a la matriarca de la familia, y Casa del Viticultor, donde los visitantes pueden vivir el ritmo cotidiano del viñedo.

Aunque el Malbec continúa siendo el gran embajador argentino en el mundo, Mateo Durigutti observa el futuro desde otra perspectiva. Su entusiasmo está puesto en las variedades criollas.

“A mí hoy me entusiasman mucho las criollas. Argentina es conocida por el Malbec, pero el Malbec nació en Francia. Las criollas, en cambio, representan algo verdaderamente nuestro. Ahí veo un diferencial enorme para el futuro”.

No existe un mandato familiar que obligue a continuar el legado. Héctor y Pablo siempre dejaron en claro que cada integrante debía elegir su propio camino.

Sin embargo, Mateo encontró naturalmente el suyo. Ingresó al área comercial de la bodega apenas cumplió los 18 años y hoy imagina una vida ligada al vino, aunque con un sueño adicional: desarrollar algún día un proyecto gastronómico propio. Porque en Durigutti Family Winemakers el vino nunca fue solamente una bebida. Es la forma que encontró una familia para convertir el trabajo, la memoria y el paisaje mendocino en una identidad reconocida en todo el mundo.

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