El problema para Javier Milei ya no parece concentrarse únicamente en la intensidad del ajuste. La discusión comienza a trasladarse hacia la credibilidad de la promesa que justificó ese sacrificio.
Una encuesta nacional de Giacobbe & Asociados realizada entre el 24 y el 30 de agosto ofrece una fotografía particularmente sensible para el Gobierno: el Presidente conserva un núcleo importante de respaldo, pero queda claramente por debajo del universo que manifiesta una percepción negativa sobre la marcha económica y sobre el propio programa oficial.
El estudio fue realizado sobre 2.500 casos en todo el país, mediante encuestas a dispositivos móviles, con un margen de error declarado de +/-2%. La muestra fue ajustada por cuotas de género, edad, nivel educativo, ingresos y regiones.
Los números permiten observar tres dimensiones que, leídas en conjunto, resultan más significativas que cada indicador por separado: imagen presidencial, percepción económica y confianza en el plan de Milei. Y las tres empiezan a converger.
La imagen de Javier Milei muestra un balance claramente desfavorable. El 55,7% tiene una opinión negativa del Presidente, frente a un 36,1% de imagen positiva y 6,1% regular. Otro 2,1% no responde o no lo conoce.
La diferencia entre valoración positiva y negativa alcanza así los 19,6 puntos porcentuales.
Pero el gráfico histórico que acompaña al informe aporta otra señal. Giacobbe muestra que la imagen positiva de Milei llegó a tocar un máximo de 58,7% durante la serie relevada y termina agosto de 2026 en 36,1%. Es decir, se ubica 22,6 puntos debajo de aquel pico.
Al mismo tiempo, la negativa, que en el inicio de la serie aparecía en 33,4%, alcanza ahora 55,7%.
No se trata solamente de una mala fotografía mensual. La valoración negativa está claramente por encima de la positiva.
Hay, sin embargo, un dato que obliga a evitar una lectura lineal: Milei todavía conserva un piso cercano a un tercio del electorado. Ese 36,1% positivo constituye un capital político considerable después de casi tres años de gestión y de un programa económico basado explícitamente en el ajuste. El problema está en lo que ocurre alrededor de ese núcleo.
La economía aparece como el punto de mayor tensión
La pregunta más reveladora del estudio quizás no sea la de imagen presidencial, sino una mucho más concreta: “¿Cómo sentís que está la economía?”
El 48,9% responde: “Está empeorando y lo estoy sufriendo”.
Otro 9,5% sostiene que está empeorando aunque personalmente no lo está sufriendo.
En conjunto, entonces, 58,4% percibe que la economía empeora.
En el otro extremo, 28,5% considera que la economía está mejorando y ya lo siente, mientras otro 7,3% afirma que mejora aunque todavía no percibe personalmente esa recuperación.
Eso significa que 35,8% observa una economía en mejoría, contra 58,4% que observa deterioro. Un 5,3% considera que está estancada y apenas 0,5% no responde.
La diferencia es de 22,6 puntos entre pesimismo y optimismo económico.
Pero existe una segunda lectura todavía más relevante.
Sólo 28,5% dice que la economía mejora y efectivamente lo está sintiendo en su vida cotidiana. Es decir, hay una brecha de 7,6 puntos entre la imagen positiva del Presidente -36,1%- y quienes ya perciben personalmente una mejora económica.
Ese espacio puede representar uno de los desafíos centrales del oficialismo: hay personas que todavía respaldan políticamente a Milei aunque la recuperación prometida no haya llegado a su bolsillo.
El tercer indicador termina de completar el cuadro. Giacobbe preguntó directamente qué opinión tienen los argentinos sobre el plan de Javier Milei.
El resultado más contundente es que 47,8% considera que “el plan es equivocado” y que “la gente sufre sin sentido”.
Ese número es políticamente más profundo que una evaluación coyuntural de ingresos, precios o consumo. Porque pone en cuestión no solamente los resultados, sino el sentido del sacrificio.
Durante buena parte de su construcción política, Milei planteó una ecuación relativamente sencilla: habría un ajuste severo en el presente para corregir desequilibrios acumulados y construir una economía mejor en el futuro.
La encuesta permite medir cuánto sobrevive ese contrato social.
Un 22,4% afirma que “hay que aguantar el ajuste porque en el futuro vamos a estar mejor”, mientras otro 16,8% sostiene que “no hay un ajuste tan grande” y que el país va bien.
Sumados, esos dos segmentos representan 39,2%.
Hay además un 3,6% que considera que el programa tiene sentido, aunque duda de su propia capacidad para soportar la crisis.
Y un 8,7% directamente reconoce que no entiende el plan y no tiene claro que el futuro vaya a ser mejor.
La encuesta permite realizar otro cruce interesante, aunque debe ser entendido como una comparación agregada y no como una identificación individual de los mismos encuestados.
Mientras la imagen positiva de Milei alcanza 36,1%, las dos respuestas más claramente favorables al rumbo económico suman 39,2%.
Esto sugiere que el apoyo conceptual al programa todavía puede ser ligeramente superior a la valoración personal del Presidente.
Pero el reverso resulta más complejo: 47,8% ya considera directamente equivocado el programa y otro 8,7% no sabe si conducirá a una situación mejor.
Entre rechazo explícito e incertidumbre sobre el destino del ajuste aparece así un universo del 56,5%.
La discusión política empieza entonces a desplazarse. El Gobierno ya no enfrenta solamente el desafío de convencer a los argentinos de soportar dificultades presentes. Debe convencerlos de que esas dificultades siguen conduciendo hacia alguna parte.
El estudio mide además la imagen de distintas figuras nacionales y revela otro fenómeno: la negatividad no es patrimonio exclusivo del Presidente.
Milei registra 36,1% de positiva y 55,7% negativa. Mauricio Macri aparece con 21% positiva y 58,7% negativa; Patricia Bullrich, con 36% positiva y 52,5% negativa; Cristina Kirchner, con 27,9% positiva y 55,6% negativa; Axel Kicillof, con 34,8% positiva y 52,2% negativa; Diego Santilli, con 31,2% positiva y 49,2% negativa; y Máximo Kirchner registra 11,3% positiva y 65,8% negativa.
El cuadro permite introducir un matiz importante: el deterioro de Milei no se traduce automáticamente en fortaleza opositora.
La encuesta refleja más bien una sociedad con altos niveles de rechazo hacia buena parte de la dirigencia política.
Ese escenario puede funcionar como una protección para el Gobierno. El descontento económico existe, pero necesita encontrar una alternativa política capaz de capitalizarlo.
La principal conclusión del estudio de Giacobbe surge precisamente de la combinación de sus tres preguntas.
El 58,4% siente que la economía empeora. El 55,7% tiene una imagen negativa de Milei. El 47,8% considera directamente equivocado su plan.
Las magnitudes son diferentes, pero apuntan hacia una misma zona de malestar.
Del otro lado, Milei conserva 36,1% de imagen positiva; 35,8% considera que la economía mejora y 39,2% se identifica con las dos respuestas más favorables al rumbo del ajuste.
Hay, por lo tanto, un núcleo de respaldo que se mueve alrededor de cuatro de cada diez argentinos o algo menos, según la pregunta, frente a una mayoría social que expresa distintas formas de rechazo, sufrimiento o pesimismo.
Eso explica una parte de la paradoja política del Gobierno. Milei puede estar perdiendo adhesión sin haber perdido todavía su base. Puede enfrentar una percepción económica mayoritariamente negativa sin que esa situación produzca automáticamente un desplazamiento hacia sus adversarios. Y puede conservar confianza en una parte importante de la sociedad aun cuando sólo 28,5% afirma que la mejora económica ya llegó efectivamente a su vida.