Programa fiscal: desviarse para no perder el rumbo

El año ingresa en su último trimestre y la realidad se impone: el superávit fiscal se mantiene, pero con una evidente moderación de los objetivos. La hoja de ruta de la consolidación fiscal no se abandona, pero los desvíos que venían apareciendo desde el principio de año ahora son incorporados como parte del plan. Tanto la última revisión del FMI como el Presupuesto 2027 parecen reflejar una preferencia por compromisos factibles.

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Por Isidro Guardarucci / FIEL – A agosto, superávit con menos margen. En los primeros ocho meses de 2026, el Sector Público Nacional no financiero acumuló un superávit primario de $12,3 billones y un resultado financiero positivo de $2,3 billones. La caja sigue cerrando sin déficit, pero con menos holgura que un año atrás. Esa combinación ayuda a entender el programa fiscal: se mantiene el compromiso con el equilibrio, aunque la ejecución y las proyecciones se alejan de algunos de los objetivos que acompañaron el inicio del programa con el FMI.

La comparación de enero-agosto con el mismo período de 2025, a precios constantes, muestra una caída de 4,1% en los ingresos totales y una reducción de 2,4% en el gasto primario. Como los recursos retrocedieron más que las erogaciones, el superávit primario disminuyó 16,1%. Los intereses bajaron 2,7%, sin alcanzar a compensar ese deterioro. El resultado financiero se redujo 47,1% real: pasó de $4,4 billones a $2,3 billones, a precios comparables. Aproximadamente el 81% del saldo primario de 2026 se destinó al pago de intereses.

Cuadro 1

Ejecución acumulada enero-agosto. Millones de pesos, a precios promedio de enero-agosto de 2026

Fuente: elaboración propia a Ministerio de Economía e INDEC

La debilidad de los recursos se concentra en la recaudación tributaria, que cayó 5,0% real. Los Derechos de Exportación disminuyeron 28,6%; el IVA, 6,4%; y los aportes y contribuciones a la seguridad social, 3,4%. Los Derechos de Importación retrocedieron 20,5%. Ganancias, con un aumento de 5,7%, ofreció una compensación parcial, insuficiente para revertir el balance general. En valores constantes, los ingresos totales fueron $4,9 billones inferiores a los de 2025, mientras que la reducción del gasto primario alcanzó $2,5 billones. El esfuerzo sobre las erogaciones continúa, pero ya no compensa plenamente la pérdida de recursos.

El ajuste del gasto tampoco es uniforme. Las transferencias corrientes a provincias se redujeron 29,1% real; el funcionamiento no salarial, 13,3%; el resto de las prestaciones sociales, 10,5%; y las remuneraciones, 6,6%. En sentido contrario, las jubilaciones y pensiones contributivas aumentaron 1,3%, la AUH 3,9%, las transferencias a universidades 10,0% y los subsidios económicos 13,7%. El gasto de capital nacional cayó 2,5%. No se observa, por lo tanto, una expansión generalizada del gasto, sino una composición en la que algunos recortes sostienen partidas que recuperan poder de compra o requieren más recursos. Las transferencias a provincias aquí mencionadas no incluyen la coparticipación.

El FMI: una meta incumplida, una revisión que podría avanzar

Durante la última semana de septiembre, la delegación técnica del FMI encabezada por Joyce Wong visitó la Argentina para una nueva revisión del programa. Si bien la meta de balance primario a junio se ha incumplido, hay optimismo sobre la posibilidad de un “waiver” (dispensa) en la evaluación y una posterior aprobación del directorio de la institución con sede en Washington.

Así, la última revisión, aprobada en mayo, fijó para junio un piso de resultado primario acumulado de $6,861 billones. No obstante, la ejecución de caja de la ONP alcanzó un monto de $6,287 billones. La diferencia ronda los $574.000 millones, un 8,4% por debajo del objetivo.

La diferencia entre el número publicado por la ONP y el utilizado en esta comparación merece explicarse. El resultado primario oficial de enero-junio fue de $7,327 billones, pero incluye $1,040 billones por la venta de acciones de hidroeléctricas. Ese ingreso no computa para el programa, que excluye las ventas de activos financieros. Al descontarlo, se obtiene el saldo de $6,287 billones. Vender un activo aporta caja, pero no equivale a generar un excedente mediante los ingresos y gastos que el programa toma en cuenta.

La aplicación de un “waiver” no implica que el objetivo se haya cumplido ni que deje de importar. Es el mecanismo por el cual el Directorio puede permitir que el programa continúe pese al incumplimiento de un criterio cuantitativo, si considera que conserva viabilidad, (por ejemplo) porque el desvío es temporal o existen medidas correctivas. En este caso, el superávit persistente y la contención real del gasto permiten sostener que el problema no es un regreso indiscriminado al déficit. Dicho de otra forma, reflejaría que la confianza en el pilar fiscal se sostiene.

Presupuesto 2027: una senda algo menos ambiciosa

El proyecto de Presupuesto presentado en septiembre mantiene el signo positivo de las cuentas públicas. El consolidado del Sector Público Nacional prevé un superávit primario de $18,44 billones, equivalente a 1,3% del PIB, y un superávit financiero de $3,30 billones, 0,2% del PIB. Para el año electoral, la orientación sigue siendo gastar menos de lo que ingresa, incluso después de pagar intereses. Las pautas macroeconómicas suponen un crecimiento de 4,0% y una inflación de 18,0% entre diciembre de 2026 y diciembre de 2027.

Este balance positivo de 1,3% es inferior al rango de 1,4% a 1,8% que el FMI proyectaba para 2027 en la última revisión del programa. Pero esa comparación necesita una aclaración: llamativamente, el mismo mensaje presupuestario también presenta un marco de mediano plazo en base caja, con un primario de 1,5% del PIB para 2027.

La señal de una senda menos ambiciosa aparece con mayor claridad al volver al programa original. En abril de 2025, el FMI proyectaba un resultado primario de 2,2% del PIB para 2026 y de 2,5% para 2027. La primera revisión, de julio de ese año, mantuvo esos valores. En mayo de 2026, el escenario para este año ya era de 1,4%, mientras que para 2027 se había desplazado al rango de 1,4% a 1,8%. Si bien son cifras aspiracionales para el largo plazo y no reflejan un compromiso efectivo, parece evidente la presencia de una dosis de moderación a la prudencia fiscal a lo largo del tiempo.

Mantener la credibilidad, no un número

La lectura de conjunto no es que se haya perdido el ancla fiscal. La ejecución conserva el superávit, el gasto primario sigue cayendo en términos reales y el presupuesto vuelve a plantear un saldo positivo después de intereses. El compromiso con el equilibrio permanece. Pero tamizado por la realidad.

Tanto en Hacienda como en el FMI parecen entender que el ajuste ha encontrado su límite y que avanzar más podría ser contraproducente. Si la consolidación no se vuelve sostenible y se revierte, el resultado podría ser mucho peor. El recuerdo de gestiones fiscales que operaban sin restricción presupuestaria, hasta que se imponía como la mismísima ley de gravedad, aún sigue fresco.

Lo que se ha modificado es la intensidad de la consolidación prevista. Ese es el sentido de los desvíos permitidos: reconocer que la senda original no se viene alcanzando sin abandonar la dirección del programa. El desafío hacia el año electoral será que la adaptación haga más creíble el compromiso, no más débil. Mantener el ancla y revisar la trayectoria pueden ser decisiones compatibles, siempre que el equilibrio siga siendo una restricción efectiva y no una promesa que se redefine al llegar cada revisión.

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