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Argentina 2027: casi seis de cada diez quieren un cambio de Gobierno, pero Milei sigue primero y el balotaje está abierto

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La Argentina comienza a transitar el camino hacia las elecciones presidenciales de 2027 con una paradoja política que puede definir el futuro del país: una mayoría expresa su deseo de cambiar de Gobierno, pero el presidente Javier Milei conserva el primer lugar en intención de voto y todavía no aparece una alternativa opositora capaz de capitalizar por sí sola ese descontento. La fragmentación del peronismo, la persistencia de un núcleo electoral libertario y el desempeño de Patricia Bullrich configuran un escenario mucho más abierto de lo que sugiere la demanda mayoritaria de cambio.

El último relevamiento nacional de CB Global Data, realizado entre el 21 y el 25 de octubre de 2026, ofrece una primera fotografía de esa disputa. Con 1.151 casos y un margen de error informado de 2,9 puntos porcentuales, el estudio muestra tres fenómenos simultáneos: el desgaste de la continuidad gubernamental, la dispersión de las preferencias opositoras y la existencia de una competencia presidencial que, en una segunda vuelta, podría resolverse por márgenes estrechos.

El dato político más contundente no surge de la intención de voto, sino de una pregunta anterior, que permite observar el clima electoral. Ante la consulta sobre qué prefieren para las próximas elecciones presidenciales, el 57,5% respondió que quiere un cambio, apenas el 33,8% manifestó su deseo de que continúen quienes gobiernan y el 8,7% no supo responder.

La diferencia alcanza los 23,7 puntos porcentuales. Es una brecha considerable que refleja un clima desfavorable para la continuidad, aunque no debe confundirse automáticamente con un voto opositor consolidado. Querer un cambio no equivale necesariamente a elegir a un candidato determinado, del mismo modo que expresar descontento con el oficialismo no supone adherir a las propuestas del peronismo.

Esa distinción es central para comprender el escenario. El Gobierno enfrenta una demanda de cambio mayoritaria, pero la oposición todavía debe demostrar que puede construir una alternativa capaz de reunir a quienes quieren una administración diferente.

Milei lidera con el 27,1%, pero la fragmentación opositora define la primera vuelta

Cuando la encuesta pasa de las preferencias generales a los nombres concretos, el panorama cambia. Javier Milei encabeza la intención de voto presidencial con el 27,1%, seguido por el gobernador bonaerense Axel Kicillof, que alcanza el 16,5%. En tercer lugar aparece un eventual candidato de Cristina Fernández de Kirchner, con el 12,1%, mientras Patricia Bullrich reúne el 8,5%.

Miriam Bregman obtiene el 7,3%; una opción identificada como peronismo federal, vinculada en el cuestionario con Michel, Olmos y Tolosa Paz, suma el 3,5%; y Miguel Ángel Pichetto registra el 0,9%.

El liderazgo de Milei es claro dentro de este escenario fragmentado: aventaja a Kicillof por 10,6 puntos porcentuales. Sin embargo, su 27,1% también revela que una parte importante del electorado todavía no se encuentra alineada con la continuidad presidencial.

El estudio no permite establecer cuánto de ese resultado responde a una pérdida de apoyo respecto de mediciones anteriores, porque no presenta una serie histórica comparable. Sí permite afirmar que el presidente mantiene una primera minoría electoral significativa, pero lejos de reunir por sí solo una mayoría.

La presencia de Bullrich agrega otra dimensión. Su 8,5% constituye un espacio electoral relevante que, en caso de una candidatura separada, podría incidir en la distribución del voto entre sectores que comparten posiciones políticas con el oficialismo. La encuesta, sin embargo, no mide qué ocurriría si Bullrich y Milei integraran una misma oferta electoral.

El problema de la oposición aparece todavía más nítido. Kicillof lidera entre las alternativas peronistas identificadas individualmente, pero la existencia de un candidato vinculado con Cristina Kirchner y de otra opción de peronismo federal distribuye el voto entre diferentes expresiones del mismo universo político.

El peronismo tiene votos dispersos, pero todavía no una candidatura unificada

Uno de los ejercicios más interesantes del relevamiento consiste en observar el peso conjunto de las distintas opciones peronistas.

Kicillof reúne el 16,5%, el candidato de Cristina Kirchner alcanza el 12,1% y el peronismo federal suma el 3,5%. La suma aritmética de esos tres segmentos llega al 32,1%, por encima del 27,1% que obtiene Milei individualmente.

No obstante, ese 32,1% no puede considerarse una intención de voto comprobada para un candidato de unidad. Se trata de preferencias expresadas ante opciones diferentes, cuyos votantes no necesariamente acompañarían a cualquier dirigente que surgiera de un acuerdo.

La distinción es importante. Una candidatura única podría evitar la dispersión inicial, pero también podría perder adhesiones de sectores que hoy prefieren a una figura determinada y rechazan a otras.

El relevamiento tampoco identifica quién sería el candidato de Cristina Kirchner, por lo que no corresponde atribuir ese 12,1% a un dirigente específico.

El desafío del peronismo es doble: ordenar su competencia interna y construir una propuesta que exceda a sus electorados tradicionales. La demanda de cambio registrada por la encuesta representa una oportunidad, pero no constituye una transferencia automática de votos.

Kicillof aparece como el dirigente opositor mejor posicionado individualmente. Su condición de gobernador de Buenos Aires le otorga visibilidad nacional y una plataforma política de peso, pero el estudio también muestra que una candidatura presidencial competitiva necesita resolver la dispersión existente dentro del peronismo.

En paralelo, el 14,4% de los consultados todavía no sabe a quién votar, el 6,2% elige otras opciones y el 3,5% manifiesta su preferencia por el voto en blanco. Es decir, el 24,1% de las respuestas queda fuera de los candidatos expresamente identificados en el cuestionario.

Ese universo introduce un margen considerable de incertidumbre para una elección que todavía se encuentra a un año de distancia.

El presidente obtiene el 43% y Kicillof el 40,6%. La diferencia es de apenas 2,4 puntos porcentuales, inferior al margen de error informado de 2,9 puntos para las estimaciones individuales. Por lo tanto, la encuesta no permite afirmar que exista una ventaja estadísticamente concluyente de Milei sobre Kicillof.

La segunda vuelta aparece abierta.

Hay otro dato decisivo: el 8,6% votaría en blanco o anularía su sufragio y el 7,8% no sabe qué haría. En conjunto, el 16,4% no expresa preferencia por ninguno de los dos candidatos.

Ese porcentaje es casi siete veces la diferencia que separa a Milei de Kicillof. La definición electoral dependería, entre otros factores, de cómo evolucionen esas preferencias, de la participación efectiva y de la capacidad de cada candidato para ampliar su base de apoyo.

La comparación también permite identificar una particularidad del escenario político. Aunque Milei concentra apenas el 27,1% en la primera vuelta simulada, alcanza el 43% cuando se enfrenta directamente con Kicillof. El crecimiento es de 15,9 puntos.

Kicillof, por su parte, pasa del 16,5% al 40,6%, una diferencia de 24,1 puntos.

Estas variaciones no representan transferencias individuales de votos comprobadas por el estudio. Son diferencias entre dos preguntas y escenarios electorales distintos. Pero muestran que ambos dirigentes tienen potencial para reunir apoyos más amplios que sus electorados iniciales.

El resultado más llamativo del relevamiento aparece en el segundo escenario de balotaje, cuando Patricia Bullrich reemplaza a Milei como contrincante de Kicillof.

Bullrich obtiene el 47,3%, frente al 40,1% de Kicillof. La ventaja alcanza los 7,2 puntos porcentuales, considerablemente superior a la registrada por Milei frente al mismo adversario.

La comparación entre ambos escenarios arroja un dato políticamente significativo: Bullrich consigue 4,3 puntos más que Milei ante Kicillof, mientras que el gobernador bonaerense mantiene un resultado prácticamente equivalente, con una variación de apenas medio punto.

También disminuye el universo de quienes no eligen a ninguno de los dos candidatos. El voto en blanco o nulo baja del 8,6% al 5,7%, y los indecisos retroceden del 7,8% al 6,9%.

En términos agregados, Bullrich aparece con mayor capacidad de reunir apoyos en una competencia directa contra Kicillof. No obstante, el relevamiento no permite identificar de qué sectores provienen esos votos ni establecer si corresponden a electores de Milei, de otras fuerzas o a personas que modificarían su decisión según los candidatos.

El contraste entre su desempeño inicial y el del balotaje es particularmente marcado. Bullrich parte de apenas el 8,5% en la primera vuelta, pero llega al 47,3% en una confrontación directa.

Esa diferencia revela una competitividad potencial que no se traduce, por ahora, en una candidatura con suficiente intención de voto inicial para disputar la presidencia por sí sola.

El resultado tampoco significa que Bullrich tenga asegurado un triunfo electoral. La encuesta mide una situación hipotética, no una elección efectiva, y la comparación entre escenarios no reemplaza una medición específica de preferencias internas o de posibles candidaturas de unidad.

La contradicción central: una mayoría quiere cambiar, pero el oficialismo conserva capacidad electoral

La lectura conjunta de los resultados permite comprender por qué el escenario presidencial de 2027 permanece abierto.

Por un lado, la demanda de cambio alcanza al 57,5%, un porcentaje que representa una señal política adversa para la continuidad gubernamental. Por otro, Milei conserva el primer lugar entre los candidatos propuestos y llega al 43% en una eventual segunda vuelta.

No existe necesariamente una contradicción estadística entre ambas respuestas. La primera pregunta consulta sobre continuidad o cambio; la segunda obliga a elegir entre candidatos concretos. Una persona puede preferir un cambio de Gobierno y, aun así, inclinarse por el oficialismo frente a una alternativa que no la convence.

La encuesta no incluye cruces individuales entre ambas preguntas, por lo que no puede establecerse cuántos encuestados efectivamente adoptan esa posición. Sin embargo, los resultados agregados ilustran un problema recurrente de la competencia electoral: el rechazo a un gobierno no garantiza que la oposición logre transformarlo en una mayoría propia.

Para el oficialismo, la principal fortaleza que aparece en el estudio es la dispersión de sus adversarios. Para el peronismo, la oportunidad reside en la amplitud de la demanda de cambio, aunque deberá construir una candidatura y una propuesta capaces de reunirla.

El papel de Bullrich también obliga a distinguir entre el respaldo a una figura presidencial y la competitividad de otras dirigentes del mismo espacio político. El estudio muestra que Milei lidera la primera vuelta simulada, pero Bullrich obtiene un resultado superior en el balotaje frente a Kicillof.

Son dos fortalezas distintas, que no necesariamente se complementan de manera automática.

Los indecisos y las terceras fuerzas pueden alterar el resultado

La presencia de un 14,4% de indecisos en primera vuelta constituye otro elemento relevante. En un escenario donde ningún candidato alcanza el 30% de las preferencias iniciales, ese porcentaje representa un espacio de competencia considerable.

También merece atención el 7,3% de Miriam Bregman. Su resultado coloca a la izquierda como una expresión electoral con peso propio dentro del escenario planteado, aunque el estudio no permite anticipar cómo se comportarían sus votantes ante una eventual segunda vuelta.

La categoría de otras candidaturas, que reúne el 6,2%, y el peronismo federal, con el 3,5%, también muestran que la disputa no está limitada exclusivamente a los dos polos principales.

La posibilidad de acuerdos, nuevas candidaturas o reordenamientos partidarios puede modificar la oferta electoral antes de 2027. La encuesta no mide esos escenarios alternativos y, por lo tanto, no corresponde adjudicar anticipadamente sus votos a ninguna fuerza.

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