Sábado 7 de noviembre de 2026 Posadas misiones
Dólar oficial $1.570
Dólar blue $1.555
Riesgo país 939
f X ig ▶

Playadito apuesta a la innovación para ganar competitividad y conquistar nuevos mercados

Playadito apuesta a la mecanización, la renovación de yerbales y nuevos mercados mientras la Cooperativa Liebig se prepara para cumplir 100 años

Compartí esta noticia !

Orlando Stvass, vicepresidente de la Cooperativa Liebig, destacó el avance de la cosecha mecanizada, la renovación de plantaciones y la necesidad de desarrollar nuevos formatos de consumo para posicionar la yerba mate en el mercado internacional. La entidad, que produce Playadito, celebrará el 19 de diciembre sus primeros cien años de historia.

La industria yerbatera enfrenta un proceso de transformación que combina innovación tecnológica, reconversión productiva y búsqueda de nuevos consumidores. En ese escenario, la Cooperativa Agrícola de la Colonia Liebig, productora de la marca Playadito, apuesta a acelerar la mecanización de la cosecha, mejorar la productividad de los yerbales y diversificar las formas de comercialización para ampliar la presencia de la yerba mate en mercados internacionales.

Así lo planteó Orlando Stvass, vicepresidente de la Cooperativa Liebig, vicepresidente de la Federación de Cooperativas de Corrientes e integrante de la conducción nacional de Coninagro, durante una entrevista con Economis realizada en el marco de las Jornadas Tecnológicas de la Fiesta Nacional e Internacional de la Yerba Mate, en Apóstoles.

El dirigente cooperativista consideró que la incorporación de tecnología dejó de ser una alternativa para convertirse en una condición necesaria para sostener la competitividad del sector. La mecanización, la fertilización controlada, el monitoreo mediante drones y las mejoras en los sistemas de cosecha forman parte de una transformación que, según explicó, requiere adaptar los procesos productivos a las características de cada establecimiento.

“Para ser competitivos tenés que tener toda esta tecnología, desarrollarla y adaptarla a los medios. Eso es lo más difícil”, señaló Stvass, al recordar que hace algunos años la cosecha mecanizada de yerba mate parecía una posibilidad lejana y hoy comienza a consolidarse como una herramienta concreta para los productores.

El avance todavía tiene un amplio recorrido. Según los datos que compartió, entre Misiones y Corrientes ya se vendieron más de cien máquinas cosechadoras, aunque estimó que la mecanización alcanza apenas al 5% de la producción total. En el ámbito de la Cooperativa Liebig, en cambio, el proceso muestra un desarrollo más avanzado: alrededor del 20% de la producción vinculada a la entidad ya se encuentra mecanizada.

Para Stvass, la incorporación de maquinaria no debe interpretarse exclusivamente como una reducción de la demanda de trabajadores rurales. Su planteo apunta a una reorganización de las tareas dentro de los establecimientos, con mayor necesidad de operarios capacitados y personal especializado en labores culturales, acondicionamiento de plantas y actividades complementarias.

“Esto no quiere decir que desplace mano de obra. Hoy se necesita mano de obra calificada. Los operarios hacen otra actividad, pero complementaria a las máquinas”, explicó.

También destacó que la mecanización puede aportar mejoras en los tiempos de cosecha, la higiene y la organización del trabajo. La eliminación de determinados procedimientos tradicionales, como la utilización de ponchadas, forma parte de una búsqueda de mayor eficiencia en las condiciones de recolección.

La cooperativa acompaña este proceso mediante servicios propios de maquinaria y un esquema de asistencia a sus asociados. Stvass explicó que la mecanización exige una preparación previa del yerbal, porque las plantas deben adecuarse mediante tareas de rebaje y acondicionamiento antes de que puedan ingresar las cosechadoras.

La entidad cuenta además con un campo demostrativo en el que desarrolla experiencias de cosecha mecanizada y promueve la incorporación de nuevas prácticas entre sus productores. Como ejemplo, mencionó el proceso de reconversión realizado por un asociado que logró adaptar su establecimiento a este sistema, una experiencia que permite mostrar que la tecnología también puede estar al alcance de productores de menor escala.

La productividad comienza con la renovación de los yerbales

La incorporación de maquinaria es apenas una parte de los desafíos estructurales de la actividad. Para el vicepresidente de Liebig, uno de los problemas centrales está relacionado con la antigüedad de las plantaciones y la necesidad de recuperar la capacidad productiva de los yerbales.

Stvass explicó que la cooperativa impulsa desde hace años programas de renovación de plantas, con asistencia a los socios mediante viveros, genética y disponibilidad de maquinaria. El objetivo es reemplazar progresivamente las plantaciones envejecidas, que presentan rendimientos reducidos y limitan la rentabilidad de los establecimientos.

“Estamos buscando que los yerbales sean productivos realmente y aprovechar el suelo, porque no podemos darnos el lujo de tener un yerbal que produzca 3.000 o 4.000 kilos. Hoy es inviable”, afirmó.

El dirigente puso el foco en una cuestión que condiciona las posibilidades de reconversión: la disponibilidad de tierra. En las colonias productivas, donde las superficies suelen estar ocupadas por plantaciones existentes, renovar un yerbal implica planificar la sustitución de plantas sin disponer necesariamente de nuevas hectáreas para expandirse.

Por eso consideró que los programas de reconversión deben contemplar las características biológicas de la yerba mate y los ciclos de vida de las plantaciones. Una planta atraviesa distintas etapas de desarrollo y, una vez superado su período de mayor potencial productivo, requiere ser reemplazada para recuperar los niveles de rendimiento.

La transición tecnológica también está vinculada con el recambio generacional. Stvass observó que los productores jóvenes muestran mayor predisposición para incorporar herramientas digitales, drones, fertilización controlada y sistemas de monitoreo. Esa adaptación resulta determinante para que las inversiones se traduzcan en mejoras concretas de productividad.

Playadito combina producción propia e integración cooperativa

En materia de abastecimiento, la Cooperativa Liebig mantiene un esquema que combina producción propia con acuerdos de integración con otras entidades del sector.

Stvass indicó que aproximadamente el 50% de la materia prima que procesa la cooperativa proviene de producción propia, mientras que el resto se completa mediante convenios con cooperativas de Misiones. Esa articulación permite asegurar volúmenes, calidad de secado y condiciones de entrega acordes con las necesidades industriales y comerciales de la entidad.

El esquema refleja una de las características del entramado yerbatero regional: la integración entre productores, cooperativas e industrias permite complementar capacidades y sostener cadenas de abastecimiento que exceden los límites provinciales.

En cuanto al posicionamiento comercial, el vicepresidente destacó que Playadito logró ubicarse entre las diez marcas de mayor presencia en el mercado, resultado que atribuyó a una estrategia comercial orientada a fortalecer su distribución en los segmentos y regiones donde existe mayor consumo.

Sin embargo, evitó plantear el crecimiento de una marca como un objetivo aislado del desempeño general de la industria. Por el contrario, consideró que el desarrollo de todas las empresas yerbateras es necesario para ampliar la escala del negocio y construir una presencia internacional más sólida.

“Yo quiero que crezcan todas las empresas, todas las marcas, porque tenemos que llevar este noble producto que tenemos al mundo”, sostuvo.

La exposición internacional del mate abre una oportunidad comercial

La creciente presencia de la yerba mate en acontecimientos deportivos, producciones audiovisuales y figuras de reconocimiento internacional representa, para Stvass, una oportunidad que la industria todavía debe capitalizar plenamente.

El dirigente mencionó la visibilidad que alcanzó el consumo de mate a través de futbolistas y otras personalidades que aparecen públicamente con la infusión. Consideró que esa exposición contribuyó a modificar la percepción cultural del producto y a superar barreras que durante mucho tiempo limitaron su difusión fuera de los países tradicionalmente consumidores.

“Antes en ninguna telenovela ni en televisión se podía tomar mate, porque era considerado algo muy humilde. Hoy está en todo el mundo”, recordó.

Para el cooperativista, esa transformación cultural debería convertirse en una estrategia comercial de largo plazo. La yerba mate tiene atributos que pueden resultar atractivos para consumidores internacionales, entre ellos su condición de producto natural y su asociación con una fuente de energía para acompañar las actividades cotidianas.

No obstante, advirtió que la promoción internacional requiere un trabajo coordinado entre las empresas y las instituciones vinculadas con la actividad. La exposición mediática puede generar interés, pero transformar ese reconocimiento en consumo sostenido demanda inversión, desarrollo de productos, estrategias comerciales y continuidad en los mercados de destino.

En ese contexto, Stvass planteó que la competencia entre Argentina, Brasil y Paraguay, los tres países productores, no debería interpretarse como una disputa excluyente. El desafío, a su entender, consiste en ampliar el mercado mundial y conseguir que más consumidores incorporen la yerba mate a sus hábitos.

“Tenemos millones de habitantes en el mundo para convencer de que tomen mate. Ese es el objetivo”, resumió.

China y los nuevos formatos para diversificar el consumo

Uno de los principales desafíos de la expansión internacional es adaptar el producto a consumidores que no necesariamente tienen incorporada la costumbre de preparar y compartir mate mediante el sistema tradicional.

Stvass explicó que la cooperativa trabaja en desarrollos orientados a mercados como China, donde las formas de consumo de infusiones presentan características diferentes a las de Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil.

La estrategia consiste en comprender los hábitos de cada destino y desarrollar alternativas que permitan incorporar la yerba mate sin exigir que el consumidor adopte necesariamente las prácticas culturales del mercado interno argentino.

“Es difícil que vos puedas inculcarle a alguien que consuma lo que vos querés. Entonces hay que adaptarse a los mercados”, explicó.

Entre las posibilidades mencionó las infusiones, las bebidas gaseosas, los productos solubles y distintas combinaciones con otros alimentos. Se trata de explorar nuevos formatos que aprovechen las propiedades del producto y amplíen sus ocasiones de consumo.

Sin embargo, advirtió que desarrollar mercados internacionales requiere una capacidad financiera y empresarial considerable. No alcanza con disponer de materia prima o contar con un producto reconocido: es necesario invertir en investigación, desarrollo, promoción, calidad y construcción de canales comerciales.

“Tenés que tener mucha espalda para lograr llegar al mundo y desarrollar este producto para que te consuman. El mundo está lleno de productos, pero tenés que trabajar fuertemente y convencer”, señaló.

En esa línea, consideró que la calidad debe ser una condición central de cualquier estrategia de internacionalización. La oportunidad comercial que genera la mayor visibilidad de la yerba mate puede perderse si la industria no logra garantizar estándares consistentes y responder a las exigencias de los distintos mercados.

El clima y la institucionalidad, dos variables para la planificación

Al evaluar el cierre del año y las perspectivas para el próximo ciclo productivo, Stvass reconoció que las condiciones climáticas constituyen una variable que obliga a las cooperativas y productores a desarrollar mayor capacidad de adaptación.

La alternancia entre períodos de sequía y lluvias intensas impacta sobre la planificación de las labores agrícolas, los rendimientos y la organización de la cosecha. Frente a ese escenario, consideró fundamental fortalecer los sistemas de información y anticipación climática.

“Tenemos que acostumbrarnos a convivir con las inclemencias climáticas. Hay que tener gente preparada, como la del INTA y los ministerios, y centros de investigación que realmente nos anticipen qué puede pasar”, sostuvo.

Su planteo apunta a la necesidad de que la información técnica llegue de manera oportuna a los productores y permita tomar decisiones antes de que los fenómenos climáticos afecten los resultados de cada campaña.

También se refirió al debate sobre las funciones del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), particularmente frente a las modificaciones institucionales que se discuten en el sector y la posibilidad de trasladar algunas competencias a otros organismos, como el SENASA.

Stvass reconoció que todavía no cuenta con precisiones suficientes sobre el alcance de los cambios en análisis, por lo que evitó anticipar una posición definitiva. No obstante, consideró que las transformaciones deben discutirse y que existe margen para sostener instancias de diálogo con el Gobierno nacional.

En particular, volvió a poner el acento en la promoción del producto como una de las funciones que considera relevantes para el desarrollo de la actividad. Desde su perspectiva, la yerba mate necesita una estrategia de posicionamiento que permita aprovechar su potencial comercial y acompañar los esfuerzos individuales de las empresas.

Cien años de cooperativismo: una historia que llega a diciembre

La entrevista también tuvo un componente especial: el próximo 19 de diciembre, la Cooperativa Liebig celebrará su centenario, un acontecimiento que representa un hito para una organización nacida de la experiencia de los inmigrantes que llegaron a la colonia durante las primeras décadas del siglo XX.

Stvass recordó que los primeros pobladores arribaron en 1924 a Colonia Liebig, dos años antes de la fundación de la cooperativa, concretada en 1926. La organización del asentamiento y la distribución de parcelas de aproximadamente 50 hectáreas fueron parte del proceso que permitió estructurar una comunidad productiva sobre la base del trabajo familiar.

El dirigente destacó que el cooperativismo estaba presente en la cultura de aquellos inmigrantes incluso antes de establecerse en el territorio. La necesidad de organizarse para enfrentar las dificultades de la llegada y construir condiciones de vida sostenibles fue parte de la identidad que luego se trasladó a la institución.

“Venían con la esencia del cooperativismo. Ya en el barco se preguntaban cómo sobrevivir. Y bueno, con el esfuerzo propio y la ayuda mutua”, recordó.

Para Stvass, esa combinación explica buena parte de la continuidad institucional durante un siglo atravesado por distintos modelos económicos, cambios en las condiciones productivas y sucesivas crisis nacionales.

La cooperativa conserva parte de esa memoria en una sala temática que reúne documentos, testimonios y registros de los primeros inmigrantes. Allí también se recuperan relatos sobre los comienzos de la colonia y las primeras celebraciones familiares, como una forma de transmitir la historia a las nuevas generaciones.

El centenario encuentra a la entidad frente a desafíos diferentes de los que enfrentaron sus fundadores, pero con una pregunta de fondo que conserva vigencia: cómo sostener una organización productiva a través del tiempo sin perder su capacidad de adaptación.

La respuesta que propone su actual conducción combina la identidad cooperativa con la innovación tecnológica, la integración regional y la apertura comercial. Una agenda que busca proyectar los próximos cien años de la Cooperativa Liebig y, al mismo tiempo, contribuir a que la yerba mate argentina consolide su lugar en un mercado internacional que todavía ofrece amplias posibilidades de crecimiento.

Compartí esta noticia !

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Categorías