Brasil aprueba la semana laboral de cinco días en un triunfo de Lula previo a las elecciones
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El Senado de Brasil aprobó este miércoles la propuesta de reducción de la jornada laboral en el país de 44 a 40 horas semanales, un proyecto impulsado por el jefe de Estado, Luiz Inácio Lula da Silva, a 11 días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
El fin de la llamada jornada “6 por 1”, que añade un día de descanso semanal y reduce el cómputo de 44 a 40 horas semanales sin recorte salarial, es la principal propuesta electoral de Lula, quien se juega la reelección el próximo 25 de octubre frente al opositor Flávio Bolsonaro.
La propuesta, una enmienda a la Constitución, fue aprobada en dos votaciones consecutivas durante la misma sesión legislativa, tras recibir el respaldo de Bolsonaro y la consecuente adhesión del resto de senadores de la oposición, a quienes sus partidos dieron libertad de voto.
Bolsonaro se oponía al proyecto, pero en la víspera anunció un cambio de postura para responder al clamor popular. Aunque no estuvo presente en el hemiciclo, el candidato presidencial por el Partido Liberal emitió su voto de forma telemática mientras participaba en actos de campaña en Porto Alegre. Horas después de anunciar su respaldo al cambio, Bolsonaro dijo a empresarios que el nuevo Congreso -donde su partido podría alcanzar una mayoría simple con otros partidos aliados desde febrero- podría revisar la medida, informó el diario local O Globo.
El cambio de opinión de Bolsonaro suscitó las críticas de los senadores gubernamentales, quienes reprocharon la “volatilidad de convicciones” del candidato y advirtieron sobre la posibilidad de que él reactive sus planes en caso de resultar electo.
“Hay gente que no quiere que esta votación termine hoy. Por eso, debemos mantenernos vigilantes para impedir retrocesos en el futuro”, señaló la portavoz del Gobierno en el Senado, Teresa Leitão.
El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, destacó el impacto positivo de la medida para “millones de personas de diferentes realidades del país”.
Según los sindicatos, unos 22 millones de trabajadores verán reducida su jornada laboral, al atender a una reivindicación histórica de los sectores populares.
Por su parte, el senador Esperidião Amin, perteneciente a la base de apoyo de Bolsonaro, hizo un llamamiento a la unidad con el sector empresarial para “amortiguar los impactos presupuestarios que conllevarán las medidas”.
Sectores productivos y patronales se oponen a la reducción de la jornada, entre ellos la Federación de Comercio de São Paulo, que prevé un incremento de un 22% en el costo de la hora trabajada y advierte de la posible destrucción de hasta 1,2 millones de puestos de trabajo.
Estas y otras proyecciones contrarias a la norma fueron rebatidas por el senador Randolfe Rodrigues, del Partido de los Trabajadores, formación del presidente Lula, quien sostuvo que “Brasil se sitúa así al nivel de los países más desarrollados”, al mencionar ejemplos como Finlandia, Australia, Francia, Alemania, Noruega y Países Bajos.
Otros senadores de la oposición que también dieron su visto bueno a la medida criticaron las “prisas” y el “uso del aparato estatal” en función del calendario electoral.
Se prevé que Lula promulgue la reducción de la jornada laboral la próxima semana, luego de que la cámara alta aprobara la medida en dos rondas de votación con el mismo resultado: 75 a 1 de 81 miembros. El único voto en contra provino del exvicepresidente Hamilton Mourao, quien ejerció ese puesto en el gobierno del presidente Jair Bolsonaro.
“Hoy es un día para celebrar un logro histórico para millones de trabajadores”, declaró Lula en un comunicado. “Esto significa tener más tiempo para vivir, descansar, estar con la familia, ver crecer a sus hijos, cuidarse y disfrutar la vida. Aquellos que trabajan tan duro para construir Brasil también merecen tener tiempo para vivir”.
La enmienda les otorga a las empresas 14 meses para adoptar la jornada laboral más corta, lo que fue un punto de fricción en las negociaciones. Muchos líderes empresariales y legisladores querían que los cambios se hicieran de manera gradual durante 10 años.
Lula ha tomado una serie de medidas en los últimos días para apuntalar el apoyo de los electores antes de la segunda vuelta, entre ellas nuevos recortes de impuestos a los combustibles, la ampliación de subsidios existentes, la promesa de condonar deudas de más de 3,6 millones de pequeñas empresas con el gobierno federal, la decisión de bloquear la señal de teléfonos celulares alrededor de las prisiones y un aumento de los pagos de un programa de asistencia para estudiantes universitarios.
El cambio en el sistema de jornada laboral es considerado el punto culminante de esas iniciativas.
